Hemeroteca de 15 junio, 2010

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La Academia de la Blogosfera Alternativa Cubana acaba de efectuar su primera graduación. El pasado jueves 8 de abril, en horas de la tarde, 32 egresados recibieron sus títulos acreditativos en la sede de esa institución, radicada en La Habana.

A diferencia de las graduaciones tradicionales, los diplomas de los ciber-periodistas fueron entregados unos a otros por los propios egresados; un detalle que refleja la horizontalidad en la que se desarrolló el curso, durante los cinco meses comprendidos entre octubre de 2009 y marzo de 2010, período en que profesores y alumnos aprendieron mutuamente en los debates e intercambios de ideas, experiencias e informaciones. Otro dato interesante es que los cinco profesores también eran alumnos de la Academia.

Además de las materias impartidas –Gestión de Proyectos en Word Press, Ética y Derecho aplicado al periodismo, Redacción y Técnica Periodística, Cultura Cubana y Fotografía– a lo largo del curso varios especialitas impartieron conferencias sobre la economía cubana, la ética, la religión y otros temas que completaron la formación del alumnado. El primer resultado, que es además el principal objetivo de La Academia, consiste en que todos los alumnos ya poseen su blog o lo tienen en proceso de creación.

El colectivo de egresados, integrado por 12 mujeres y 20 hombres, con un rango de edad comprendido entre los 16 y los 70 años, unido a las diferencias políticas, religiosas y ocupacionales, refleja un grado de diversidad que, parafraseando a Don Fernando Ortiz, podría calificarse de ciber-ajiaco.

Si la graduación de la Academia se hubiera producido en Suiza o en Haití, el hecho no poseería la menor importancia ni tendría rango de noticia. Sin embargo, el que se haya producido en Cuba, un país carente de las libertades cívicas, para fomentar una institución de esas características, sin el control del Estado, le brinda otra connotación.

Iniciativa de la joven bloguera cubana Yoani Sánchez, la Academia es, entre otras cosas, un resultado de la decisión de participar en los problemas de la nación. Conscientes de que la sociedad civil y el Estado son dos elementos de la misma sociedad, que cada uno tiene sus funciones, y que la eliminación de la espontaneidad social por el Estado significa la anulación de la participación ciudadana. Tanto Yoani como el resto del colectivo decidieron pasar por encima de la absurda decisión de que en Cuba todo tiene que ser iniciativa del Gobierno o patrocinado por éste. El esfuerzo desplegado se convirtió en realidad para coadyuvar a que nuestro país no continúe moviéndose en dirección contraria al progreso social.

Ahora, para que tan vital iniciativa se convierta en fuerza de cambio, tiene que devenir aspiración de otros, pues se trata de una acción cultural que se inicia por el uso de la libertad de expresión, una manifestación de la dignidad humana que constituye una garantía del resto de las libertades. Y eso es precisamente el pequeño aporte hecho por la Academia de la Blogosfera Alternativa.

Los egresados, con los conocimientos adquiridos, están en condiciones de –como dice el diploma de graduación– abrir y mantener un blog atendiendo a sus intereses y tendencia, y además generalizar la experiencia, pues la graduación ocurre en un contexto donde el debate de ideas se está imponiendo. Ese espacio público es tan vital que a pesar de las restricciones, no ha sido posible ignorarlo. Cuando el Partido Comunista convocó en 1990 al IV Congreso con un llamado al debate, más de tres millones de ciudadanos se manifestaron, lo que obligó a dar marcha atrás en el intento. A principios del 2007, la polémica que se inició entre algunos intelectuales generó acaloradas discusiones que demostraron su imperiosa necesidad. Unos meses más tarde, cuando se llamó a debatir el discurso pronunciado del Presidente del Consejo de Estado el 26 de julio de 2007 en Camagüey, del mismo surgió un abultado paquete de reclamos ciudadanos. Esa tendencia se reflejó posteriormente en los planteamientos de los estudiantes de la UCI, en la Escuela Nacional de Arte, en sectores de la intelectualidad, en críticas de los propios simpatizantes del poder, incluyendo a figuras conocidas de la izquierda cubana y, aunque de forma tímida, en la prensa oficial.

Era natural que así fuera, de forma intermitente desde la colonia hasta la República, en tertulias, asociaciones, instituciones y en la prensa, el debate alcanzó una magnitud tal que es imposible explicar ningún acontecimiento de nuestra historia sin tenerlo en cuenta. Baste recordar como a partir del Pacto del Zanjón en 1878, España concedió a Cuba las libertades de prensa, de asociación y de reunión, gracias a lo cual surgieron publicaciones y asociaciones que generaron el debate público acerca de los problemas de la Isla. En ese contexto, Juan Gualberto Gómez inició y ganó un proceso jurídico contra las autoridades coloniales, gracias al cual los cubanos pudieron sostener y discutir públicamente las ideas independentistas con la condición de que no se incitara a la rebelión.

La emergencia del periodismo ciudadano, caracterizado por el empleo de las nuevas tecnologías y la participación social en la producción e intercambio de información, sin tener que someterse al Estado, a las instituciones o a las políticas editoriales, explica por qué lo que comenzó por un destello débil se está convirtiendo en una eclosión de la blogósfera cubana; pues el periodismo alternativo, independiente, ciudadano y participativo, cumple con los requisitos del periodismo tradicional e incorpora otros que son sólo posibles con las nuevas tecnologías, en el contexto de un mundo globalizado.

Romper el monopolio de la información, aportar y diseminar una visión crítico-transformadora y nuevos principios, recuperar las libertades fundamentales, conformar una opinión pública y propiciar la participación ciudadana en calidad de sujeto de los cambios, son algunos de los gigantescos retos de hoy.

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El 10 abril de 1869, seis meses después del inicio de la Guerra de los Diez Años, tuvo lugar el primer acontecimientos jurídico fundacional de la futura República de Cuba: la Constitución de Guáimaro. El levantamiento insurreccional iniciado en la Demajagua, fue seguido por los patriotas camagüeyanos en las Clavellinas. Esos eventos no respondían a un centro único y tenían concepciones diferentes en cuanto a la forma de dirigir la lucha. Según Hortensia Pichardo: Camagüey no quería someterse al mando de Céspedes que consideraba dictatorial. Céspedes entendía que su autoridad debía ser acatada, por haber sido el primero en el pronunciamiento. La necesidad de la unidad condujo a la asamblea efectuada el 10 de abril de 1869, en la que se produjo un arduo debate, del cual emergió el primer texto legislativo que entró en vigor en los territorios ocupados por las fuerzas insurgentes.

Las ideas de libertad, enarboladas por el movimiento revolucionario, tenían como sustento el pensamiento libertario contenido en textos precedentes como la Carta Magna (1215), el Acta de Hábeas Corpus (1674) y la Declaración de Derechos (1689), los tres de Inglaterra; pero esencialmente en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776) y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), de Francia, donde lo imperecedero de los anteriores estaba presente.

Esos textos se reflejaron en el Proyecto de Gobierno Autonómico para Cuba del padre José Agustín Caballero (1811), en el que se argumenta la necesidad de crear una Asamblea de Diputados del Pueblo con poder para dictar leyes y un Poder Ejecutivo formado por un representante del Monarca, acompañado de un Consejo que le daría un carácter colegiado al Gobierno; el Proyecto de Constitución para la Isla de Cuba (1812,) del abogado bayamés Joaquín Infante, sustentado en las ideas de la independencia, un documento que contemplaba la división de poderes y en el que se plantea la observancia de los derechos y deberes sociales dirigidos a la igualdad, a la libertad de opinión, a la propiedad y a la seguridad, y recoge la libertad de opinión; el Proyecto de Instrucción para el Gobierno Autonómico Económico y Político de las Provincias de Ultramar (1823), elaborado por el presbítero Félix Varela, el que además de contemplar la división de poderes, consideraba perjudicial la puesta en vigor de libertades y derechos políticos exclusivamente para los blancos criollos, en consecuencia Varela preparó el primer proyecto para la abolición de la esclavitud en Cuba.

La Constitución de Guáimaro, estructurada en 29 artículos, refrendó la división clásica de poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. El primero, depositado en una Cámara con poderes para nombrar al Presidente y al General en Jefe; el segundo, en el Presidente de la República en Armas; y un Poder Judicial independiente. Según se estableció la Cámara no podía atacar las libertades de culto, imprenta, reunión pacífica, enseñanza y petición, ni derecho alguno inalienable del pueblo.

La comprensión de esta constitución obliga a tener en cuenta la labor de la masonería en Cuba. Vicente Castro de Castro dirigió la creación de la Logia del Gran Oriente por todo el territorio del país, entre ellas Estrella Tropical, en Bayamo; Tínima, en Camaguey; a Logia de Trinidad en Las Villas, también las de Jiguaní, de Manzanillo y de otras localidades. Las directivas de estas logias se convirtieron en los comités revolucionarios que encabezaron los alzamientos antes señalados. Esa red de logias fue precisamente una de las principales vías por las que penetraron en Cuba las ideas acerca del republicanismo y la división de poderes, de la soberanía popular y la libertad de la persona, de las libertades individuales como la de expresión, reunión y asociación, la libertad religiosa, la separación de la Iglesia y el Estado, y la justicia social.

Otro dato importante es la estrecha relación entre lo individual y lo social, entre lo interno y lo público; pues las libertades legisladas son normas exteriores de obligatorio cumplimiento que están interconectadas con la libertad interior, que es su fuente. Esto lo comprendió Ignacio Agramonte, una de las figuras principales en el debate y la conformación de la Constitución de Guáimaro y miembro de la Logia Tínima. En la defensa de su tesis de Licenciado en Derecho expresó: Al derecho de pensar libremente le corresponde la libertad de examen, de duda, de opinión, como fases o direcciones de aquel. Por fortuna, éstas, a diferencia de la libertad de hablar y obrar, no están sometidas a coacción directa y se podrá obligar a uno a callar, a permanecer inmóvil, acaso a decir que es justo lo que es altamente injusto. ¿Pero cómo se le podrá impedir que dude de lo que se le dice? ¿Cómo que examine las acciones de los demás, lo que se trata de inculcar como verdad, todo, en fin, y que sobre ello formule su opinión?

Desde la Constitución de Guáimaro, pasando por la de Jimaguayú (1895), la Yaya (1897), y las constituciones de de 1901 y de 1940, predominaron las ideas democráticas refrendadas en la división de poderes y en las libertades fundamentales. Esas libertades quedaron también refrendadas en las constituciones revolucionarias de 1976, y las modificaciones de 1992 y 2002, pero ahora subordinadas al Partido Comunista. Libertades que se pueden ejercer para un solo fin: la construcción del socialismo y el comunismo, son por tanto, libertades para los comunistas hasta tanto dejen de pensar como tales. Lo peor radica, en negar las libertades al resto de los ciudadanos que piensan diferente y refrendar ese estado antinatural en la Constitución con carácter irrevocable. Es decir, el pueblo, supuesto soberano, no podrá transformar un sistema que los que están por nacer no han elegido.

Qué pena con José Martí, quien eligió como fecha simbólica para fundar el Partido Revolucionario Cubano, el aniversario de la Constitución de Guáimaro en abril de 1892, para así, resaltar la esencia democrática del Partido y de sus fines. Siglo y medio después del gesto emancipador iniciado en La Demajagua, en el 151 aniversario de nuestra primera Carta Magna, Cuba posiblemente sea el único país de Occidente que puede exhibir como “logro” en materia jurídica el haber regresado un poco más allá del punto de partida de su historia constitucional republicana.