Hemeroteca de julio 2009

Tal parece que la violencia estaba predestinada para enraizarse en Cuba. Arribó con los conquistadores, tomó sus primeras víctimas entre los aborígenes, asumió  las formas más descarnadas en el maltrato a los esclavos y en las sublevaciones de respuesta, estuvo presente en los asoladores ataques de corsarios y piratas a nuestras costas, en el bandolerismo que azotó nuestros campos, en las múltiples conspiraciones y durante las guerras independentistas del siglo XIX.
 
Inaugurada la República, aunque tutelada, pero con gobierno y constitución propios, podía pensarse que aquellas manifestaciones, mezclas de incultura y crueldad  de crueldad eran cosa del pasado. Sin embargo, en agosto de 1906, apenas terminado el primer mandato presidencial, los cubanos en el poder negados a reciclarse y los cubanos por acceder al poder reclamando el reciclaje, armados todos con lo peor de la ética utilitaria del siglo XIX e incapaces de dirimir los asuntos nacionales mediante fórmulas civilizadas, escenificaron una de las páginas más ridículas y dolorosas de nuestra historia.

Don Tomás Estrada Palma, a pesar su honestidad en el manejo de la hacienda pública, resolvió junto a sus más cercanos seguidores reelegirse para un segundo período. La respuesta de los que esperaban su turno para circular por el poder, fue la insurrección bautizada con el diminutivo de Guerrita de Agosto. Un alzamiento que al tomar fuerza en Pinar del Río, La Habana y Las Villas, provocó la contra-respuesta gubernamental: solicitar la intervención de los Estados Unidos.

La diferencia de esta segunda intervención norteamericana radica en que esta vez se produjo a solicitud de los cubanos. Fue el propio Don Tomás quien pidió al gobierno norteamericano que enviara dos barcos de guerra, uno a La Habana, otro a Cienfuegos y dos mil o tres mil hombres. ¡Yo o nadie!, algo que podría traducirse como Yo primero, la República después; una terca disyuntiva asumida en nuestra historia antes y después de los hechos narrados. El primer resultado fue la pérdida innecesaria de vidas humanas, entre ellas la del veterano de las tres guerras de independencia, General Quintín Banderas, quien fue asesinado vilmente por otros cubanos, lo que no pudieron lograr sus enemigos durante 30 años de contiendas bélicas.

La negativa de Estrada Palma a dialogar y a negociar el conflicto con sus adversarios es una prueba de la incapacidad de nuestros gobernantes para situar los problemas nacionales por encima de los intereses personales o de partidos. Incapacidad manifiesta antes de tomar el poder, pero sobre todo una vez tomado el poder; una costumbre devenida cultura: “resolver” las diferencias machete por medio y considerar al diálogo y la negociación como cosas de débiles y mariquitas.

El peor daño de esos acontecimientos ha sido la pérdida de autoestima de parte de los cubanos: un resultado fatal para nuestro devenir. Ante la supuesta incapacidad para dirimir y poner en orden nuestros asuntos internos, se optó por colocar esas decisiones en manos de los vecinos del Norte. Precisamente con motivo de la guerrita de Agosto, en un folleto titulado Los dos protectorados de D. T. Lainé y José de Armas y Cárdenas, se recoge el expresivo lema de tan manifiesta incapacidad: “Cuba debe ser para los cubanos bajo la garantía y protección de los Estados Unidos”. Si es necesario, incluso, se abandona el país y se regresa cuando nos lo pongan nuevamente en orden. La estampida de la burguesía cubana después de 1959 es la mejor ilustración de esa disminuida autoestima. Es interesante la respuesta que en 1906 Enrique José Varona dio a esas conductas. En su artículo Un camino extraviado, respondió “que el remedio debe buscarse en el cambio de nuestra organización política interna”.

La violencia y el odio en el siglo XX no se limitó a la Guerrita de Agosto, estuvo presente en el asesinato de miles de cubanos negros en 1912 –la mayor y más horrible de las matanzas ocurridas en Cuba y ejecutadas por cubanos– en los crímenes y actos vandálicos de los años 30, en las pandillas gangsteriles de los años 40-50 y en los actos de repudio escenificados contra cubanos desde los años 80, y está generalizada en nuestra sociedad como lo evidencia el reciente asesinato del padre Mariano Arroyo. Manifestaciones todas que indican el estado de deterioro social y la distancia que nos separa de las formas civilizadas de dirimir nuestros asuntos.

Ahora mismo Cuba está envuelta en un nuevo y peligroso conflicto. En el presente contexto, caracterizado por el reclamo social de cambios, por la apertura de los gobiernos de la región, por la suspensión de las sanciones de la Unión Europea y por un cambio de política de los Estados Unidos hacia nuestro país, el Estado totalitario, a pesar del record impuesto en su permanencia en el poder, sin haber cumplido las promesas de pan y libertad enarboladas en 1959 y sin ningún proyecto viable para salir de la crisis, insiste en un discurso agotado y gastado.

Con el expediente acumulativo de violencia, ante la amenaza de un conflicto en el cual todos seremos perdedores, se impone el diálogo, la negociación y el consenso, un camino que históricamente nos hemos negado a transitar responsablemente; pero el único mediante el cual se puede salvar la sociedad cubana. Antes de que sea demasiado tarde, los cubanos debemos optar por esa única vía posible para una solución sin sangre y sin perdedores. La violencia, entronizada en nuestra cultura debe ser desterrada definitivamente. Un paso equivocado puede ser irreversible. Esa es la gran responsabilidad de todos –especialmente de los que detentan el poder– ante aquellos que dieron su vida por constituir un país y una nación para el bien de todos.

Casa de Arrate, en la calle Murala no. 101 esquina a Mercaderes

Casa de Arrate, en la calle Murala no. 101 esquina a Mercaderes

Aproximadamente entre 1510 y 1550 la economía de la isla de Cuba se basó en la minería y el trabajo obligatorio de los aborígenes. Desde esa fecha y hasta fines del siglo XVII predominaron la ganadería y la marinería militar; un período en que el desarrollo de la ciudad de La Habana se basó en los servicios marítimos y constructivos. En ese contexto emergió la figura de José Martín Félix de Arrate y Acosta (1701-1764) primer ideólogo de la oligarquía habanera.

Ese sector de la sociedad, integrado por familias con orígenes semejantes e intereses comunes, conformó un sentido de identidad y destino que necesitaba una voz que lo representara. De esa necesidad emergió Félix de Arrate, autor de la Llave del Nuevo Mundo. Antemural de las Indias Occidentales. En ella narra la historia de La Habana, donde la condición de ciudadano le permitía una cierta participación política que a su vez excluía a los negros, mulatos y también a los blancos que laboraban manualmente. En ella revela la exigencia de ampliar el espacio de poder de su clase social.

Incripcion en la casa de Arrate

Incripcion en la casa de Arrate

La Llave del Nuevo Mundo recoge la historia de La Habana a partir de los eventos fundamentales que la fueron conformando. Se trata de una memoria cívica en la que el sector social que representa aparece como agente de lo que se rememora. Con ella quedó definida la identidad del habanero como hombre de historia ciudadana y contiene un discurso que, enunciado desde la colonia, no podía ser sino subversivo. Terminada poco antes de la toma de La Habana por los ingleses, la obra de Arrate clausura una época donde los valores históricos de la hidalguía comienzan a ser sustituidos por los de una burguesía que, desde la economía de plantación cifra su ascenso en el proceso productor de mercancías para el mercado internacional.

La historia –dice Moreno Fraginals– no está allí por casualidad, sino para sustentar la historia de la patria, es decir, de La Habana, con el fin de dejar plasmada la constancia de la grandeza de los nacidos en ella: los criollos habaneros. Una historia que destaca y alaba las virtudes de los españoles criollos respecto a los peninsulares. Con la palabra Patria evoca el amor a la ciudad, al trozo de tierra en que se nace, resalta las características del clima, de la geografía y del entorno vegetal, la superioridad de las maderas habaneras –empleadas en las puertas, ventanas y artesonados de El Escorial– ante las de cualquier otra parte del mundo, las frutas de delicados sabores y rotundos perfumes, a la vez que asocia el término patria a la familia, a la sociedad, a la libertad y a la felicidad. Un enaltecimiento en el cual introduce la idea conclusiva de que el criollo sólo se distingue del castellano por el lugar donde nació. En ese elogio del medio natural y del español nacido en Cuba están los fundamentos de la equiparación de derechos entre peninsulares y criollos.

Al exaltar al habanero Arrate exaltó también a todos los naturales, incluido indios y negros, generando un discurso subversivo. Sin embargo, como miembro de la oligarquía habanera blanca, insertada en la cultura metropolitana, su sentido de equiparación no implicaba ruptura No se impugnaba –y no era el momento para hacerlo– el orden político-social establecido y su escala de valores; lo que se impugna era el lugar que la oligarquía criolla ocupaba dentro de esa escala jerárquica. El español criollo estaba al servicio del imperio y sus méritos dimanaban, precisamente, de esos servicios. Se trataba de una impugnación-reclamo. Por eso, decía Moreno Fraginals, sólo hay queja y reclamo, porque, ante la igualación de los méritos, emerge la igualdad de posiciones.

Los conceptos de Arrate revelan el doble carácter de las contradicciones de la oligarquía habanera. En primer lugar la oposición criollo/peninsular en la cima de la sociedad; en segundo lugar, el antagonismo blanco/negro y rico/pobre en la base. Los valores de la hidalguía se nutren de ambas negaciones. Se proclaman iguales a los españoles peninsulares y por eso tienen derecho a ocupar los más altos cargos oficiales; mientras por ser hombres de sangre limpia, tienen derecho a someter a indios, negros y blancos pobres. Son estas las contradicciones que en el siglo siguiente buscaron solución en las guerras de independencia.

Su elogio y alabanza de la Habana y de lo que en ella nace: Indios, negros, frutas, árboles, cerdos genera un criollismo, que aunque limitado en lo social contenía valores que fueron asumidos en la cubanía naciente y concientizados por las propias clases dominadas. Las virtudes de la tierra que elogia en su obra la encontramos posteriormente en la poesía criolla: en la Oda a la Piña, de Manuel de Zequeiera y Arango (1764-1846); en la Silva Cubana, de Manuel Justo de Rubalcava (1769-1805); en La Flor de la Caña y la Flor del Café, de Plácido (1808-1844); y en Rufina. Invitación Segunda, del Cucalambé (1829-1862); por solo citar algunos ejemplos de la afinidad temática entre el criollismo de Arrate y el canto a la naturaleza en la poesía cubana.

La validez de la obra de Arrate se puso en evidencia desde la década de 1760, cuando la oligarquía habanera se proyectaba hacia un nuevo objetivo: hacer de Cuba la primera productora mundial de azúcar y café. En ese momento, la Sociedad Económica Amigos del País, dominada por la nueva intelectualidad criolla, fundó una comisión de historia, editó su obra y retomó todo lo útil de su legado. Su obra constituyó el primer gran alegato político del criollismo cubano como único podría ser en aquella época y aquellas condiciones: aristocrático, colonialista, esclavista y racista. Fue un intento de equiparación para su clase combinado con la exclusión del resto de la sociedad que constituye el primer eslabón de la historia política cubana, una historia que encierra importantes claves para la interpretación del presente.

Síntesis de la tesis defendida por Dimas Castellanos, el 21 de junio de 2006 en opción al título de Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos.

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Introducción

El impacto de la evangelización de los esclavos la historia y la conformación de la nación cubana explica la diversidad de autores, momentos y perspectivas desde las cuales el tema ha sido abordado. Sin embargo, esos acercamientos no lo agotan y el tema continúa siendo un problema de investigación. En ese sentido el presente estudio constituye un nuevo acercamiento al problema desde la siguiente interrogante: ¿Era posible lograr los fines de la evangelización en condiciones de esclavitud de plantación y subordinación de la Iglesia de la Isla al gobierno colonial?

El objetivo –limitado a las plantaciones azucareras de fines del siglo XVIII y principios del XIX– consiste en demostrar que la evangelización en condiciones de esclavitud y la iglesia subordinada al Estado fueron las principales causas del resultado negativo de ese intento. La hipótesis elaborada como guía del trabajo investigativo y a la vez como respuesta anticipada al problema se formuló así: “La subordinación de la Iglesia al Estado y la esclavitud en las plantaciones azucareras impidieron lograr los fines de la evangelización”. Con ese fin se emplearon los métodos teóricos de investigación: analítico-sintético, histórico-lógico, hipotético-deductivo y el hermenéutico para las fuentes bíblicas.

La importancia radica en que al ubicar la contradicción entre esclavitud y Evangelio y la subordinación de la Iglesia al Estado como causas principales se obtiene una comprensión más cabal, una reinterpretación del lugar que ocuparon otros factores y permite profundizar el estudio de la conformación de la nación cubana. Con ese fin la investigación quedó estructurada en tres capítulos que resumo a continuación: 1- La Subordinación de la Iglesia al Estado; 2- La Esclavitud y 3- El evangelio y la evangelización en la plantación azucarera.

La subordinación

La subordinación de la Iglesia al Estado tiene sus antecedentes en el fracaso de la represión contra los cristianos entre el siglo I y el IV d.C., proceso en el que ésta conquistó la libertad de culto, adquirió legalidad y asumió dimensión universal a cambio de perder la independencia. El Concilio de Nicea, inaugurado y clausurado en mayo del año 325 por el emperador Constantino el Grande, constituyó el primer eslabón de una perjudicial cadena que lastró la esencia libertaria y de dignificación humana del cristianismo. Esa subordinación se reflejó en:
1- La entrega realizada por los papas Calixto III y Alejandro VI de los territorios de América a los reyes católicos. 2- En instituciones como El Patronato Real de Indias y el Pase Regio mediante los cuales el Estado español se encargó de propagar la fe católica en los territorios descubiertos y de la promoción institucional de la Iglesia en América. 3- En el cobro de los diezmos que constituyó una fuente de conflictos entre eclesiásticos, poder civil y hacendados, lo que disminuyó aún más la autonomía y la moral de la Iglesia para oponerse a la esclavitud. 4- En la Primera Instrucción para la entrada de negros al Nuevo Mundo emitida en 1501 por los Reyes Católicos, reveladora de las razones terrenales de la colonización. 5- En el Requerimiento emitido en 1513 que constituyó una justificación teológica de la conquista, la colonización y los crímenes con los aborígenes del Nuevo Mundo. Y 6- En la Contrarreforma, respuesta al protestantismo nacida del Concilio de Trento que marcó el renacimiento de la catolicidad bajo la cual se desarrolló la evangelización en América.
Estos factores resultaron determinantes en la evangelización de los negros esclavos en las plantaciones azucareras.

La esclavitud

Desde el punto de vista bíblico la libertad es una necesidad de origen divino otorgada por el Creador al hombre. En Génesis 1: 26-27 el hombre es situado en un orden superior al resto de las especies pero que no incluye a sus semejantes. Por tanto, cualquier acción humana encaminada a dañar o someter a la esclavitud a miembros de su misma especie es ajena a la voluntad del Creador y carece de fundamento bíblico. Desde la óptica cristiana, la dignidad se fundamenta en la identidad de los seres humanos, por lo que en cualquier proyecto encaminado al mejoramiento humano la persona tiene que ser sujeto, principio y fin; mientras la esclavitud, como sumisión o exclusión de la libertad, es opuesta a esa esencia divina y natural y por tanto opuesta a la dignidad sobre la que se fundamenta la libertad.

La esclavitud –resultado del comercio, las guerras y las legislaciones– presente en el Antiguo Testamento desde la época de los patriarcas, es opuesta a la definición del Génesis. Aunque Moisés al dar forma legal a la esclavitud definió su temporalidad, ese acto constituyó una desviación respecto al plan divino. Tan arraigada era esa institución entre los hebreos que estos marcharon y regresaron del exilio babilónico con ideas diferentes, pero siempre con sus esclavos. De todas formas el carácter de “blandura” que distinguió la esclavitud entre los hebreos desapareció posteriormente con el empleo masivo de la fuerza de trabajo esclava en la producción de bienes para el comercio.

En su obra Resolución sobre la libertad de los negros y sus originarios, en estado de paganos y después ya cristianos el capuchino Francisco José de Jaca, partiendo de la autonomía del orden natural y del derecho como intérprete de ese orden, desmontó los argumentos justificativos de la esclavitud: el cristiano, antes de ser tal, es hombre y por tanto libre y si los negros, antes de ser cristianos eran libres, menos pueden serlo después. Apoyado en el principio ético y cristiano: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti, Jaca demuestra que la guerra siempre es injusta con todo lo que de ella se sigue. Incluso aunque se fragüen en las propias familias de los negros. Apoyado en la doctrina paulina Jaca resume la esencia de su pensamiento en que la libertad que ofrece el Evangelio es incompatible con cualquier forma de servidumbre.

España fue la primera nación europea que trajo esclavos al Nuevo Mundo, primero desde su territorio y luego desde África. En la minería, en la ganadería y la marinería militar, en el tabaco, el café y el azúcar, la esclavitud estuvo presente en campos y ciudades en sus más disímiles formas. Una de ellas, la esclavitud patriarcal, predominó hasta mediados del siglo XVIII para luego ser desplazada por la explotación intensiva en la plantación azucarera.
La plantocracia cubana carente de asalariados optó por la esclavitud como única solución posible a la expansión azucarera. Logró en 1788 la libertad de la trata por dos años prorrogables. En los 30-40 años posteriores a 1789 entraron unos 400 mil esclavos a Cuba, lo que hizo de la trata un negocio más rentable que la producción del dulce. Las ideas de esta clase se resumen en: la libertad de su clase antes que la libertad del esclavo; los españoles antes que los africanos; los ciudadanos antes que las gentes de color. Ideas que constituyeron el fundamento de la Cuba de plantación, colonial, esclavista y burguesa que obstaculizó la evangelización basada en el principio cristiano del amor a Dios y al prójimo.

Aunque el artículo 52 de las Ordenanzas de Cáceres de 1574 establecía el derecho de los amos a castigar físicamente a sus esclavos, fue en la plantación donde los negros sufrieron los peores tratos. Conformada esencialmente por varones en edad productiva, el concepto de familia desapareció. No fue hasta bien avanzada la gran plantación que se incluyeron las féminas con fines reproductivos a imagen y semejanza de la cría animal, generando efectos tan horribles como las madres infanticidas, que en un acto de “amor” optaban por eliminar a sus descendientes para evitarles los horrores de la esclavitud. Para dominar la desobediencia se empleó un abanico de castigos públicos que incluían el azote, el boca abajo, el novenario, la escalera, el bayona, a dos manos, una variante del boca abajo, incluso para negras embarazadas.

De esas infernales condiciones brotaron el cimarrón, el palenque y las conspiraciones. A la violencia respondieron con violencia y a cambio recibieron una mayor violencia que generó una espiral de dolor y muerte durante siglos. En ese proceso se destacan la insurrección liderada por el negro libre José Antonio Aponte en 1812, primer cubano que estructuró una conspiración de carácter nacional para abolir la esclavitud y derrocar al gobierno colonial y la Conspiración de la Escalera, desarrollada en Matanzas donde convivían unos cien mil esclavos que, favorecidos por la solidaridad e identidad cultural entre negros y mulatos libres, cuando representaban el 58% de los habitantes de la Isla, comenzó un proceso insurreccional que culminó con miles de seres humanos entre muertos, encarcelados, desterrados y reprimidos. En esas sublevaciones, donde el negro escribió un trozo de nuestra historia estuvo ausente la respuesta enérgica de la Iglesia de Cristo.

Cuando el proceso insurreccional era indetenible, siglos después de la presencia de la esclavitud en la Isla, se inició la regulación legal de las condiciones de vida de los esclavos con el Código Negro hispano-cubano de 1842. Un código que además de ser violado, a menos de dos años de estar en vigor varios de sus artículos fueron derogados y restablecido el prudente arbitrio de los amos como único criterio exigible en el tratamiento de los esclavos.
Esa breve descripción de la esclavitud y su concreción en las infernales condiciones de vida de la plantación demuestra la imposibilidad de evangelizar en condiciones de esclavitud.

El evangelio

La fe y el reconocimiento de las faltas son la base para la aproximación a la imagen y semejanza con Dios. Con ese fin Jesús entró como modelo en la historia anunciando la Buena Nueva con énfasis en el cambio interno, pues el Reino requiere la participación consciente del sujeto en la comunidad. Un cambio que se concreta en no juzgar a los demás, ayudar al prójimo, ser el primero en el servicio, ser humildes, actuar con el otro como si fuera para sí mismo; un compromiso que se contrae en el momento del bautismo al ser incorporado al cuerpo de Cristo. Desde ahí comienza una misión que se concentra en la edificación de un reino que no es de este mundo pero que “no tiene otro lugar teológico, ni histórico, donde comenzar y desarrollarse que aquí”: un proceso de liberación total que incluye y conlleva las liberaciones intrahistóricas en el ámbito económico, político y cultural y por tanto, contrario a cualquier relación de sometimiento.

cristo1 En ese proceso la libertad y el amor son elementos básicos. La conexión entre ambos conceptos se manifiesta en que para expresar amor en las relaciones con el prójimo se necesita de libertad para optar por el bien. Un amor que abarca a “todos los prójimos”, que parafraseando a San Pablo, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, que se presenta como la forma más elevada en que se realiza el libre albedrío; mientras la libertad, es la infraestructura del amor, el medio para su realización. Por eso, cualquier acción encaminada a limitar la libertad de los seres humanos es inadmisible, y si dicha acción se ejerce en nombre de Dios, es falsa, contraria a la esencia del mandamiento cristiano y por ello condenable.

Las cartas paulinas, contrario a los que algunos autores afirman, no admiten ni justifican la esclavitud. La solicitud de obedecer a los amos y considerarlos como hermanos responde al menos, a dos factores: 1- Un llamado a eliminar la esclavitud en las condiciones en que nace la iglesia, integrada por amos y esclavos. Cualquier llamado más radical hubiera sido un detonador de la naciente Iglesia. 2- la naturaleza y arraigo de la esclavitud requerían de cambios en la forma de pensar y de vivir. Condiciones que imposibilitaban su erradicación inmediata. La visión de Pablo al respecto está contenida en Corintios 7: 20-24: si tienes la oportunidad de hacerte libre aprovéchala; o en Filemón 12: Te lo envío de nuevo. Tú, pues, recíbelo como a mí mismo, donde Pablo respeta la situación jurídica de Onésimo pero lo devuelve como hermano, introduciendo el concepto de fraternidad que significaba un golpe contra el orden imperante al fomentar una nueva comunión: un proyecto estratégico y total de liberación que comienza por fomentar la fraternidad entre amos y esclavos. Si la esclavitud surgió de la conducta pecadora, egoísta y antihumana, su erradicación pasa por los cambios internos en los hombres y en las comunidades. Un camino más largo pero más efectivo. La otra salida era el uso de la violencia revolucionaria y el método de liberación de Jesús era y es el amor. Sin embargo, el NO a la violencia no significa pasividad, sino un camino diferente para la liberación sin dañar la dignidad de los otros, que también eran seres humanos.

El mensaje de Dios a través de Cristo enfatiza en los más pobres, pero engloba todas las formas de exclusión. Convertir a los marginados en sujetos activos no significa un modelo de sociedad que desaloje a los que hoy están fuera de la categoría de excluidos. El hecho de que la praxis de liberación nace del encuentro de Dios con los pobres y que la Teología de la Liberación se pensó como teología bíblica y profética, hace imposible un nuevo modelo de sociedad sin los que hoy están fuera de la categoría de excluidos.
Si las condiciones de vida de los esclavos en las ciudades y en zonas rurales antes del boom azucarero, pudieron favorecer la labor evangelizadora, una vez entronizada la cárcel-plantación y el adoctrinamiento masivo, esa posibilidad desapareció. El presbítero Antonio Nicolás Duque de Estrada elaboró la Explicación de la doctrina cristiana acomodada a la capacidad de los bozales, una obra de carácter didáctico dirigida a los capellanes de ingenios con indicaciones de qué, cómo y cuándo predicar a los esclavos. En ella se recomienda a los capellanes no oponerse al castigo de los esclavos, aunque le parezca injusto, sino es con el ruego y aun esto no conviene hacerlo antes que el mayoral haya desahogado algo el enojo. Y les pide, cuando se quejen del mayoral, no darles la razón y disculparlo, aunque conozca que la queja es justa.

Según Duque el que gobierna el ingenio se llama Mayoral; el Papa, que gobierna la Iglesia se llama Vicario de Jesucristo. Cuando el Mayoral manda una cosa, su amo la manda, y cuando el Papa manda una cosa, Jesucristo la manda. Y como el que no hace lo que manda el Mayoral… merece castigo, asimismo el que no hace lo que manda el Papa… merece que lo castigue Dios. Es decir, el mayoral es el pequeño dios de la plantación; lo que Moreno Fraginals calificó como Jesucristo-Mayoral. Los negros esclavos, que carecían de derechos, pero no de inteligencia, arribaron a la conclusión de que, ante tal similitud había que liberarse de ambos. La respuesta fueron la cimarronería, las rebeliones y el rechazo simulado al cristianismo.

El único modo posible –para interiorizar una nueva cultura en seres humanos portadores de cosmovisiones religiosas diferentes– había sido expuesto desde el siglo XVI por el Padre Las Casas. Su tesis central consiste en exponer y demostrar que: el único modo de llevar a todos los pueblos a la verdadera religión es la evangelización pacífica delicada, dulce y suave; persuasiva del entendimiento y atractiva de la voluntad. Ese modo brilló por su ausencia en la plantación.

Los esclavos llegaron desposeídos de todo, menos de lo que traían en su mente y en su corazón. El intento de desarraigar sus creencias religiosas en medio de la institucionalización de los cantos y los bailes, de la formación de cabildos y cofradías en las ciudades y facilitado por las funciones y atributos externos de las divinidades de ambas cosmovisiones, permitió a los esclavos identificarlas en un proceso de transculturación que les permitió ocultar sus deidades detrás de los santos cristianos: la Virgen de la Caridad con Oshun; San Francisco de Asís con el Orula, señor y dueño del poder de la adivinación. Santa Bárbara con Shangó; la Virgen de Regla con Yemayá, Babalú Ayé con San Lázaro y así sucesivamente. Todo lo contrario a lo que ocurrió en los Estados Unidos, donde la prohibición de los toques de tambor, de la formación de cabildos y de cofradías, en ausencia de las imágenes de santos en el protestantismo dio un resultado diferente.

Conclusiones
1- La pérdida de independencia de la Iglesia frente al poder temporal, desde los papas hasta el capellán del ingenio, fue causa suficiente para el fracaso de la evangelización en las plantaciones azucareras. 2- La esencia antihumana de la esclavitud concretada en las infernales condiciones de la plantación y la respuesta violenta marcaron la conformación de la cultura y de la nación cubanas, una causa por sí misma suficiente para el fracaso de la evangelización. 3- El sometimiento a la esclavitud de seres que eran libres antes del bautismo fue una acción contraria al mensaje divino; mientras los incomprensibles catecismos, la combinación del cuero y del Padre Nuestro, y la angelización de los amos, fueron acciones anticristianas que conformaron una visión detestable en los esclavos y por ello causa también del fracaso de la evangelización.

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Entrevista realizada por Dimas Castellanos

Nacido el 29 de noviembre de 1940 en Cienfuegos, Oscar Espinosa Chepe se vinculó con el movimiento revolucionario en el Instituto de Segunda Enseñanza de esa ciudad. Después de 1959 tuvo diferentes responsabilidades políticas en la Juventud Socialista (JS) y en la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR). Ocupó responsabilidades en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), en la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), en la Oficina del Primer Ministro Fidel Castro. Fue Castigado a recolectar guano de murciélago en cuevas y en la agricultura. Estuvo de Jefe de Departamento a cargo de las relaciones económicas y científico-técnicas con Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia en el Comité Estatal de Colaboración Económica, fue Consejero Económico en la Embajada de Cuba en Belgrado, Especialista en el Banco Nacional de Cuba. Desde 1992, después de ser expulsado del Banco Nacional, se desempeña como economista y periodista independiente. En marzo de 2003 fue condenado a 20 años de prisión y en noviembre de 2004 recibió licencia extrapenal por enfermedad.

Por el interés que suscita una figura revolucionaria que ha dedicado toda su vida a la defensa de las ideas socialistas y a la vez a sufrido el rigor del sistema que emergió de esas propias ideas, Contodos decidió solicitar una entrevista a la que ha accedió amablemente.

– Se habla de Chepe como economista o periodista independiente, pero se conoce poco de otros aspectos de su vida ¿Cómo fueron tus primeros años, tu entorno familiar…?

–Nací en Cienfuegos, mis padres de orígenes humildes llegaron a ser comerciantes del giro de farmacias. Mi madre también tenía negocios de inmuebles y junto a mi padre llegó a poseer una droguería en sociedad con otras personas. Tuve una niñez feliz, pero siempre me interesé por la historia, la política y la justicia social, lo que estimuló mi padre, quien fue miembro del antiguo Partido Comunista y participó en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado, sufrió prisión por esa causa. Durante los estudios de Bachillerato establecí contactos con miembros de la Juventud Socialista (JS) y otros estudiantes, con los cuales participé en actividades de protesta contra la dictadura de Batista, como la huelga azucarera de 1955 cuando los estudiantes íbamos a las asambleas de los trabajadores a alentarlos para que se unieran al paro. En esas actividades conocí a dirigentes sindicales que pertenecían al Partido Socialista Popular (PSP).

– ¿Sufriste alguna consecuencia por esas actividades?

–En 1957 fui acusado de hacer un sabotaje en Cienfuegos, en el cual yo no había participado, pero me encarcelaron y juzgaron en el Tribunal de Urgencia de Santa Clara. En ese juicio me defendió quien después fuera Presidente de la República de Cuba, el Dr. Osvaldo Dorticos Torrado. Salí absuelto, pero bajo la amenaza del Jefe de la Policía de Cienfuegos de que tenía que irme de la ciudad. Vine para La Habana y comencé a estudiar en un colegio metodista que se llamaba Candler College, donde proseguí mi actividad política, por lo que a principios de 1958 me expulsaron de ese centro escolar.

– ¿En qué organización política militabas en esa época? 

–Estuve en el movimiento estudiantil vinculado al Directorio Revolucionario 13 de Marzo hasta el triunfó de la revolución. Entonces, cuando se reorganizó la JS, que era la organización juvenil del PSP, empecé de nuevo mis vínculos con esa organización. Fui su Presidente en Cienfuegos y miembro del Comité Provincial en la antigua provincia de Las Villas hasta que se produjo la integración de las organizaciones juveniles en la AJR, en la que llegué a ocupar el frente de propaganda en el Comité Provincial en Las Villas, e integré el Comité Nacional. En esta organización participé en la creación de los comités de base en Cienfuegos, incluso en zonas rurales donde habían alzados contra el gobierno. Recuerdo que un dirigente campesino, con quien participábamos en esas tareas, Juan González, más tarde perdió la vida en una emboscada. Mucho después cuando ya estaba en el Comité Provincial, uno de nuestros choferes murió también en otra emboscada, se llamaba Héctor Martínez, un joven humilde de origen campesino y como todos nosotros lleno de ilusiones. Fue una etapa muy triste en la que los cubanos nos enfrentamos en una guerra que no tenía sentido porque era entre hermanos. Después el gobierno de forma cruel desalojó de las montañas a muchas familias por la fuerza, con la pérdida de sus tierras y pertenencias, bajo el pretexto que cooperaban con los alzados en armas. Con esas familias se crearon Guetos -pueblos fantasmas- en Pinar del Río y en otras provincias. Fue una etapa sangrienta, cuando se impuso el odio. Duró varios años y sólo salió victorioso el totalitarismo, al implantar el miedo en la sociedad. Los cubanos en su conjunto, comprendidos los que ingenuamente arriesgaron sus vidas por un ideal que creían justo, salimos derrotados.

– ¿En esa etapa hubo algún hecho significativo que te dejara marcado?

–Hubo muchos. En Cienfuegos recuerdo las primeras milicias que fueron a combatir al Escambray. Yo estaba en un Batallón que mandaron para Cayo Loco, donde se encontraba el remanente de la Marina de Batista que estaba bajo sospecha. También recuerdo el entusiasmo, porque en aquella época la revolución tenía un apoyo abrumador. Otro hecho muy emocionante fue la Declaración de la Revolución como socialista. Yo estaba hablando en una asamblea de la AJR en Sancti Spiritus y en ese momento venía un montón de gente por la calle con banderas rojas gritando ¡Viva la Revolución Socialista!, y era que Fidel Castro había proclamado el carácter socialista aquí en La Habana, en las vísperas de Girón. Al otro día, cuando muy temprano, se conoció el desembarco por Girón me subieron a un Jeep sin saber para donde iba y era para proteger con ametralladoras calibre 30 el aeropuerto de Santa Clara, yo iba como una especie de Comisario, con milicianos que no tenían mucha experiencia, pero una disposición total al sacrificio. La misión era proteger ese lugar estratégico, poco distante de la Ciénaga de Zapata, de los ataques de la aviación. Por suerte no pasó nada. Esos momentos nos marcaron, cuando creíamos que íbamos a convertir a Cuba en un paraíso y abrumadoramente el pueblo estaba lleno de esperanzas. Había una confianza total en el futuro, en los líderes, en especial en Fidel, en el Che, en Raúl; para muchos de los que procedíamos de la JS la referencia mayor era Raúl Castro; sabíamos que él había estado en la JS. Eran tiempos de un enorme entusiasmo e ingenuidad, sentimientos transformados posteriormente en una colosal frustración. 

–Después de esa primera experiencia en el movimiento juvenil ¿militaste en alguna otra organización política?

–Sí, en las Organizaciones Revolucionaria Integradas (ORI) llegué a ser Secretario de núcleo en el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) donde yo era Jefe de Departamento, cuando se estaba formando el Partido en el seno de las ORI. Allí estaba Antero Regalado, un viejo líder campesino y otros dirigentes que eran altos funcionarios del INRA.

– ¿El INRA era en aquel momento algo como un gobierno paralelo? 
          
–Sí, sí, era un gobierno, incluso las Zonas de Desarrollo Agrario eran casi repúblicas y los jefes de esas zonas eran los que confiscaban la tierra, eran jerarcas con un poder tremendo. En la Dirección de Planificación de los Abastecimientos, donde trabajaba, al principio pusieron un latinoamericano como responsable, pero el hombre resultó un desastre y, como no había más nadie, me pusieron a mí de Jefe. Yo tenía unos 21 o 22 años y mis conocimientos se limitaban al bachillerato. En aquella época recuerdo que al poco tiempo quitaron del INRA al Ing. Santos Ríos. El Presidente era Fidel Castro, pero ese señor era el que en la práctica dirigía el organismo. Entonces nombraron a Carlos Rafael Rodríguez, como presidente del INRA y me pusieron en ese cargo que yo no quería, porque sabía que no tenía conocimientos; mi objetivo entonces era estudiar economía en la Universidad de la Habana. Además, había unos planes especiales de Fidel Castro que sólo él controlaba, y a las tres semanas de terminarse el Plan del año se aparecían los enviados de los proyectos de Fidel con otros planes y entonces se desbarataba toda la planificación al desviarse los recursos… aquello era una locura.

– ¿Después de eso ocupaste algún otro cargo dentro del gobierno?

–Sí, después yo pasé a la JUCEPLAN. Allí hicieron cambios de funcionarios y le pidieron personal a Carlos Rafael. Entre los que mandaron estaba yo. Fui a trabajar en el sectorial de la agricultura como Jefe del Departamento del Plan de Abastecimientos para la Agricultura y la Pesca. Trabajaba por el día y estudiaba economía por la noche en la Universidad de La Habana hasta que se crearon los Equipos de Investigación Económica. Entonces me escogieron para trabajar en el equipo de Ganadería. Unos meses después de haberse creado esos equipos parece que Fidel Castro decidió que algunos pasaran a trabajar directamente con él, siendo ubicados en la calle 11, cerca de donde vivía Celia Sánchez. Allí hacía lo que me mandaban, me pusieron en lo de la inseminación artificial, que fue una locura, porque un plan de inseminación se supone que se haga para un lote de vacas escogidas, con determinadas características y aquello era inseminar a cuantas vacas aparecieran. Al mismo tiempo fui al campo y me di cuenta del desastre que había. Los propios guajiros y los dirigentes del INRA en el Escambray me enseñaban que aquello no iba bien. En ese tiempo tuve la oportunidad de comenzar a leer a algunos economistas del campo socialista. De los soviéticos recuerdo a Liberman, y a los polacos Oskar Lange, W. Brus y M. Kalecki que planteaban críticas dentro del marco del socialismo. Yo empecé a darme cuenta de muchas cosas y trabajando con Fidel Castro, comprendí que algunas cosas carecían de racionalidad, como la liquidación del estímulo material que ya el Che había propugnado, la destrucción sistemática de la contabilidad y los controles económicos y en particular la confiscación masiva de la propiedad privada. Fui espectador de la polémica entre el Che Guevara que defendía el Sistema Presupuestario de Financiamiento, que era una monopolización de toda la economía y Carlos Rafael Rodríguez, que mantenía posiciones de autogestión, más lógicas y flexibles, aunque, como descubrí después, también impracticables en un sistema disfuncional.  Teóricamente Carlos era brillante, pero además astuto y no sostenía la polémica directamente con el Che, sino a través de terceras personas. El Che era un hombre que con su teoría económica estaba totalmente equivocado, la historia se encargó de demostrar su error, y hoy en Cuba ni se menciona el Sistema Presupuestario. Ante esa situación, yo expuse mi criterio en el Equipo, lo defendí y por eso me llevaron a una reunión para convencerme de mis “concepciones erradas”. No me convencieron y entonces me llevaron a una discusión con José Llanusa Gobel, en aquel momento Ministro de Educación y persona muy cercana a Fidel Castro.
– ¿Qué ocurrió en esa reunión?                                   

–Tuvimos una discusión fuerte, él queriéndome convencer y yo cada vez más fortalecido con mis ideas por las propias cosas que él me decía, como eso de construir el comunismo y hasta suprimir el dinero. Yo le preguntaba -¿sobre qué base económica y qué conciencia? Yo le aceptaba que tenía que haber estímulos morales, pero al mismo tiempo que había que pagarle más a la gente, en concordancia con la cantidad y calidad del trabajo realizado; que es lo que últimamente ha estado diciendo Raúl Castro. Me dijo que yo estaba muy mal. Al poco tiempo compraron un toro en Canadá que parecía un elefante y nos mandaron un recado para que fuéramos a verlo. Allí estaba Fidel, impresionado, dándole vueltas al toro. Después se comprobó que lo habían dañado, parece que le sacaron mucho semen antes de venderlo, tanto que lo perjudicaron. Estando allí llegó Llanusa y se puso a hablar con Fidel; nosotros nos fuimos, pero al otro día por la tarde llegó Fidel con la escolta a nuestra oficina y empezó a decirme cosas ofensivas: – nosotros sabemos con quien tú andas y con quien te reúnes. Yo le dije, mire Comandante, a Usted le han informado mal, yo no me reúno con nadie ni ando con nadie, yo le estoy diciéndole a Usted lo que me enseñaron en la Universidad de la Habana. El tomó aquello como una falta de respeto y se puso violento. Yo sólo le dije la verdad, mis puntos de vista se fundamentaban en lo estudiado en la Universidad, donde nos impartían clases muchos profesores soviéticos e hispanos- soviéticos, y el Capital de Carlos Marx era nuestro texto básico. En modo alguno, en aquel momento, yo deseada oponerme a su proyecto, pero no podía callarme ante tantos dislates y políticas disparatadas, que entre otras cosas estaban en flagrante contradicción hasta con las concepciones marxistas.

– ¿Pero eso tuvo alguna otra repercusión?

–A los dos o tres días me llamó la jefa del Equipo y me dijo que tenía que irme de allí. Eso fue en Julio de 1967, me sacaron y hasta enero de 1968 estuvieron enviando el salario a mi casa. En ese tiempo se produjo el juicio a la Microfracción. Entonces el secretario del Partido en La Habana, de apellido Betancourt, me citó para preguntarme lo que yo creía del juicio a la Microfracción, porque los planteamientos de los acusados casualmente coincidían con algunos de los que yo había hecho. Después me preguntó si seguía pensando igual. Le dije “sí, si yo le digo a Usted que yo cambié, lo estoy engañando. ¿Usted quiere que yo lo engañe?” Me dijo “entonces te vamos a mandar a hacer una acción heroica para que te reformes, porque lo que pasa es que tú nunca has trabajado duro.” Me mandaron a sacar guano de murciélago en varias cuevas como La Jaula, en el camino que va para la Escalera de Jaruco, en Quivicán y en Pinar del Río, donde me enfermé, por eso me sacaron de allí y me mandaron a trabajar en el Cordón de La Habana, con brigadas de personas sancionadas por haber cometido delitos comunes. Aquello era humillante para mí, porque yo me consideraba revolucionario. Fue una etapa muy dura, pero yo seguía en la revolución, seguía pensando que eran errores que se cometían y que había que soportarlos hasta que se corrigieran, pero el tiempo pasaba y no se resolvía nada.

– ¿Cómo fue posible que después de eso trabajaras en el servicio exterior?

–Pasados casi dos años de castigo le escribí a Carlos Rafael Rodríguez y también a Osvaldo Dorticos que me conocía de Cienfuegos. Entonces un buen día Llanusa me llamó y se disculpó conmigo; me dijo que se había cometido un error enorme y que él nunca mandó a hacer lo que hicieron, que si quería que trabajara con él. Le dije no, que con él no trabajaba. Me preguntó ¿dónde quieres trabajar? Le respondí que en Ministerio del Azúcar con Miguel Ángel Figueras, un licenciado en economía que había sido profesor mío y que era viceministro de ese ramo. Cogió el teléfono y lo llamó e inmediatamente comencé a trabajar en ese Ministerio, pero realmente yo estaba muy decepcionado. Un día fui al Centro de Asistencia Técnica (CAT) que coordinaba Humberto Knight.
Él, un poco receloso, me preguntó si quería ir para allá. Le dije que sí, porque siempre admiré a Carlos Rafael que era quien dirigía esa dependencia. Carlos Rafael era un hombre muy inteligente y educado; provenía del antiguo partido comunista. Empecé a trabajar como un simple auxiliar, pero confeccioné una metodología para evaluar el trabajo de los especialistas extranjeros y fui felicitado por los organismos superiores, entonces Carlos Rafael me llamó para que se la explicara. Cuando comenzamos a hablar yo le digo: “Doctor, Usted fue Comisionado en Cienfuegos al final de la revolución del 33”, y él me pregunta: ¿Cómo tú lo sabes? Se quedó mirándome y exclamó: “Ah, ¿tú no eres hijo de Oscar Espinosa?” Mi papá me había narrado que una vez participó en la creación de un Soviet, lo cogieron preso y lo mandaron para La Habana. Entonces Carlos Rafael, que estaba dentro del gobierno de los Cien Días, lo ve y le dice: “Ven acá cómo tú vas a estar preso en la revolución.” Y mi papá le respondió: “Esto no es revolución, esto es una mierda.” Lo ofendió, en ocasiones mi padre era algo agresivo, y el PCC en aquellos tiempos fue extremadamente arrogante y sectario. Carlos Rafael me hizo ese mismo relato durante la conversación y me decía: ¡Tu papá era del carajo! ¿Tú no serás igual que él? En resumidas cuentas, me quedé a trabajar con él, a unos metros de su oficina en el Palacio de la Revolución, en la atención a las relaciones con Checoslovaquia y a Hungría. Después, también comencé a ocuparme de los vínculos económicos y científico-técnicos con Yugoslavia. Debo reconocer que en las oportunidades que pude estar al lado del Dr. Rodríguez, como lo llamaban respetuosamente en el exterior, aprendí mucho, sobre todo en lo concerniente a sus opiniones anti-dogmáticas y abiertas al diálogo; opiniones reservadas a círculos estrechos de personas por la posición que él ostentaba. Esto sin poner en duda nunca su posición de convencido marxista. 

– ¿Qué hacías allí?

–Atendía las Comisiones Intergubernamentales y ocupaba las secretarías en esas comisiones. Además, discutía con la parte extranjera el establecimiento de Acuerdos, Condiciones Generales de Cooperación y Convenios Estatales de Crédito, algunos con poderes especiales de gobierno, algo raro pues nunca pertenecí al PCC, una condición casi básica para participar en este tipo de negociaciones. Después nos mudamos para Primera y B, en el Vedado y estando ahí empecé a viajar. El primer viaje fue a Hungría en 1973, lo hice con Carlos Rafael. Por cierto aquello fue tremendo, había una cantidad enorme de documentos a suscribir y cuando fui a revisar la mitad de los documentos no se habían firmado, los tenían que firmar Carlos Rafael y Miklos Ajtai, vicepresidente del gobierno húngaro. Pensé que aquello iba a ser del carajo, sin embargo, hablé con Carlo Rafael abiertamente y le dije lo que había pasado. Me dijo “no hay problemas, ven para acá”, y se pusieron los dos a firmar después que había pasado el acto de las firmas y la televisión. También estuve muchos años de secretario de Checoslovaquia y participé en muchas sesiones con vicepresidentes del gobierno cubano. Por ejemplo con José Ramón Fernández, con Ricardo Cabrisas y otros altos dirigentes. Mi departamento atendía también la parte comercial de las empresas del Comité Estatal de Colaboración Económica. Tenía una relación laboral buena, pero pienso que no se me aprobaba como Jefe de Departamento por el problema que había tenido con Fidel Castro.

– ¿Qué es lo que no se aprobaba?

–No estaba nombrado, era un cargo del Comité Central, yo lo ejercía pero no estaba nombrado. Estuve así como diez años, viajando, negociando millones de rublos y después iban los ministros y vicepresidentes a firmar. Se hacían diferentes negocios, por ejemplo los jóvenes que se mandaron a Checoslovaquia, a Hungría a trabajar. Me refiero a los cooperantes. Todos esos documentos yo los negocié, incluso en el caso de Checoslovaquia los discutí con un viceministro checo. Pero eso no                                                                     funcionaba bien. Lo que ocurría era que aquí le decían a los muchachos que no podían traer esto y lo otro, que sólo podían recibir una cantidad de coronas y el resto se las tenían que dar al gobierno. Así y todo, los muchachos estaban locos por irse para allá. Además, los checos y los húngaros manifestaban que aunque nuestros jóvenes eran muy enamorados y se fajaban mucho, a la hora de trabajar eran superiores a los de otros países.

– ¿Hasta cuando estuviste en ese tipo de trabajo?

–Atendiendo Hungría y Checoslovaquia hasta 1984, entonces me designaron Consejero Económico en Belgrado, Yugoslavia. Tenía una oficina y una gran autonomía. Esas cosas siempre crean fricción con el embajador, pero laboralmente no tenía problemas. Comenzó la Perestroika y yo expresé que estaba de acuerdo con Gorbachov. Entonces un yugoeslavo me hizo un acercamiento que yo, aunque lo informé al centro de la seguridad que había allí, no lo puse en conocimiento inmediatamente del embajador, me demoré algunas horas. Ellos aprovecharon esa situación y la tomaron como pretexto porque me querían sacar, ya Fidel había estado allí en una visita que hizo a Belgrado y me había visto y por la cara que puso fue evidente que no le gustó mi presencia. Entonces cuando yo vengo de vacaciones, en abril de 1987, me dijeron que no podía regresar. Me manifestaron querer preservarme, que el enemigo me quería hacer daño. No me dejaron regresar ni a recoger las cosas. A mi esposa, Miriam, que también era diplomática a cargo de los asuntos de cultura, prensa y deportes, sí la dejaron regresar a recoger nuestras pertenencias y siguió en el MINREX, pero a mi me sacaron del sector y enviaron a trabajar al Banco Nacional. Allí, en calidad de especialista, atendí empresas del Poder Popular y del Ministerio de Comercio Interior y empecé a hacer planteamientos acerca de la necesidad de hacer reformas. En marzo de 1992 me citaron a una reunión en la que sacaron hasta el problema con Fidel. Me dijeron que cómo iba a estar planteando cosas que se habían discutido en el último Congreso del Partido. Yo les expresé que yo no tenía por qué aceptar lo acordado en el Congreso, que yo no era militante del Partido y empecé a discutir con cifras tomadas de la misma institución. Entonces me sacaron del Banco y remitieron para un banquito que está cerca de mi casa a llevar papeles sin importancia, donde tú y yo nos conocimos. Bueno, poco a poco empecé a hacer artículos a máquina y a repartirlos por todas partes, a los amigos. Ahí tú tuviste el contacto conmigo. También compañeros de Paya comenzaron a tener vínculos conmigo. Los papeles que hacía a máquina, tú me ayudabas mas tarde a reproducirlos en computadora. Entonces se fue ampliando el círculo de conocidos y empecé a tener un programa por Radio Martí que se llamaba “Hablando con Chepe”, hasta que caí preso en 2003, fui a prisión y me condenaron a 20 años.

– ¿Qué efecto tuvo esa condena en una persona como tú que había dedicado toda su vida a la revolución y al socialismo?

–Fue muy duro, incluso hubo un momento muy delicado para mi, fue cuando me trasportaron para Guantánamo a cumplir la sanción. Hasta el gobierno de Batista hubiera sido más limpio en la forma en que me juzgaron, las acusaciones eran mentiras. Fueron tan burdos que me las dieron por escrito: que si yo era agente de los norteamericanos, cuando todo el mundo sabe que nunca he estado de acuerdo con la política de Estados Unidos hacia Cuba; que si tuve reuniones con varios congresistas norteamericanos, cuando ellos sabían que lo que yo le había planteado a esos congresistas era que quitaran el Embargo. Eso fue una cosa realmente terrible. He llegado a la conclusión de que yo he seguido la línea revolucionaria y que es el gobierno el que ha estado en contra de esa línea, que se ha convertido en inmovilista, conservador y contrarrevolucionario, que no es ni nacionalista, porque en práctica ha dañado la identidad nacional, ha empujado a irse del país a millones de cubanos, y una parte considerable de la población que queda en la Isla anhela también marcharse.

– ¿Sientes odio hacia alguna de esas personas que te hicieron daño?

 

 

 

–No, yo trato de evitar el odio, porque te bloquea la inteligencia. Hay que buscar un punto reflexivo para tratar de entender, pues hay algunas cosas que no son fáciles de comprender. Yo he llegado a la conclusión de que en Cuba no puede haber una salida a la crisis sin la reconciliación. Esa es la única vía que tenemos los cubanos, como pasó en España, como pasó en Chile. Por supuesto puede haber justicia,- justicia para todo el mundo-, pero Cuba no tiene ninguna posibilidad de resolver sus problemas, si no es sobre la base de un compromiso nacional y de la reconciliación. Hay que buscar un compromiso. Mi idea es que podemos iniciar un proceso de diálogo que pueda terminar, como pasó en los años 30 con una nueva constitución que se parezca en su espíritu lo más posible a la de 1940. Ahora, la situación es tan grave que hay que tomar una serie de medidas como son el acceso de los campesinos a la tierra, ampliar el rango del trabajo por cuenta propia, permitir la pequeña y mediana empresa y después una Constituyente que siente las bases como se hizo en el 40 donde participaron conservadores, cristianos, comunistas, liberales, todo el mundo. Esa es mi propuesta.

– Si lo has desechado es porque antes sentiste odio ¿Eso significa que has evolucionado?

–Si, hubo una etapa… Tengo que reconocer que yo provengo de las filas comunistas donde se hablaba de la lucha de clases y que de cierta forma se pregonaba el odio, pero yo he superado todo eso, me he dado cuenta de que eso no lleva a ninguna parte, que no te permite analizar, porque partes de una serie de prejuicios y llegas a un análisis parcializado. Por supuesto soy un ser humano y tengo sentimientos, me han perseguido bastante y puede ser que en algún momento, en algún análisis que haya hecho, me haya dejado ganar por ese tipo de sentimiento. Trato de evitarlo, incluso en mis trabajos, y no me acomplejo por eso, he juzgado a algunos dirigentes cubanos en términos positivos cuando han expresado cosas que considero acertadas. Por ejemplo, el discurso de Raúl Castro el 26 de julio de 2007 lo sigo considerando un discurso realista y lo he dicho, incluso mucha gente me ha atacado por eso y por muchas más cosas que se he manifestado sobre personas que no son precisamente amigos míos. Creo que debo seguir por esa línea, para que el odio y los prejuicios no me cieguen al hacer los análisis. Hay una norma que yo trato de seguir, no sé si lo logro siempre, y es tener el corazón muy caliente y la mente fría.

– ¿Ocurre que cuando las revoluciones llegan al poder y se convierten en fuente de derecho, los propios revolucionarios terminan siendo víctimas?

–Yo estoy consciente de eso, pero eso no es revolución. Aquí lo que ha habido es un asalto al poder por una gente que quiere el poder sobre todo, pero eso no lo califico de revolución. El hecho de que alguna revolución haya tenido violencia, no quiere decir que toda revolución tenga que usar la violencia. Ha habido muchas revoluciones en distintas esferas de la vida de los seres humanos que han sido de avance, de desarrollo, de progreso. Yo no asocio la revolución necesariamente con la violencia.

– ¿Lo ocurrido te ha llevado a alguna rectificación en tus ideas?

–A la conclusión que he llegado es que las distintas doctrinas no dan la verdad absoluta. Creo, por ejemplo, que las concepciones que defienden bien la propiedad privada o bien la propiedad social, no son contradictorias y pueden coexistir. Hay muchos países en el mundo donde existe la propiedad pública real –no como en Cuba donde eso es una ficción– y al mismo tiempo existe la propiedad privada, hay mercados, hay competencia; o sea, que se pueden compatibilizar las dos cosas. Las sociedades más exitosas en el mundo son las que han empleado este modelo, de una forma u otra. Por ejemplo en el índice de desarrollo humano del PNUD en niveles de vida, en riqueza por habitante, en transparencia, en índices muy bajos de corrupción, están esas naciones como Holanda, Noruega, Suecia, Finlandia, Canadá, Dinamarca, cada una con sus peculiaridades, porque eso no se puede calcar. Ese es el camino. Ahora mismo, primero con la caída del Muro de Berlín y después con esta crisis económica mundial se ha demostrado que ni el individualismo ni el estatismo extremo tienen soluciones. Hay que ir en busca de una sociedad donde esté la propiedad privada, porque el deseo de reconocimiento social y de tener éxitos materiales, dentro de determinadas regulaciones y controles,  puede ser altamente beneficioso; pero al mismo tiempo es útil la propiedad pública, porque en muchos sectores los niveles de ganancia no son  muy atractivos para la iniciativa privada y ahí el Estado tiene que jugar un papel más importante. Actividades que, aunque no den réditos altos, hay que hacerlas, como la educación, la salud pública, y otras ramas donde el Estado tiene que estar presente por la razón apuntada o por motivos estratégicos. Me refiero, por supuesto, a un estado democrático.

– ¿Te defines como marxista?

No, yo diría francamente que no. Porque incluso a Marx, cuando se le preguntó si era marxista dijo que no. Marx es un hombre que hay que estudiarlo en su tiempo. Los problemas del siglo XIX no son los de hoy. 5-oscarPedirle a Marx soluciones para los que tenemos actualmente es un error. Incluso algunos de sus planteamientos no se cumplieron. Rosa Luxemburgo, su seguidora, en su análisis de la teoría marxista reconoce que la Teoría del Empobrecimiento Absoluto de la clase obrera no funcionó; la proyección de que el socialismo iba a triunfar primero en Europa Occidental donde había una clase obrera más numerosa y desarrollada tampoco funcionó. No creo que Marx quisiera convertirse en un pitoniso. Hay un solo texto donde habla de futuro que es en la Crítica al Programa de Ghota, por eso yo no soy un marxista, me parece un absurdo. Yo creo que el mundo necesita una serie de soluciones que no se pueden buscar ni en el siglo XIX ni en el XX, hay que desarrollarlas ahora, incluso instituciones que fueron tan valiosas en el siglo XX como el Fondo Monetario o el Banco Mundial, tendrán que adaptarse a las nuevas circunstancias. Varias concepciones, válidas en el pasado, hoy con el avance indetenible de la globalización, la ciencia y la tecnología, son obsoletas. Necesariamente se impondrán novedosas formas de pensar e interactuar en el mundo. Creo que la cooperación internacional asumirá un rol mucho más importante que hasta el momento. A su vez habrá mejores posibilidades para combatir la ignorancia, el hambre y la miseria a escala planetaria, así como los retos para la vida humana de carácter medio ambiental. Estoy seguro que este proceso llevará al fortalecimiento de la Organización de la Naciones Unidas, dándosele a esta institución muchas más facultades. 

– Fuiste excarcelado bajo Licencia Extrapenal ¿Qué es eso?

–La Licencia Extrapenal por enfermedad significa que puedo volver a prisión cuando se considere que me he curado; cosa que es absurda porque mis enfermedades son crónicas. Ellos me citaron al Tribunal Provincial del Municipio Playa, dos años después de salir de prisión, para recordarme eso, para decirme que no puedo salir de La Habana sin permiso, que tienen una Comisión en el barrio que me está supervisando y en función de lo que diga, yo puedo regresar a la cárcel. Aquí arriba de mi apartamento, en el 8, hay una oficina de la Seguridad del Estado, que pienso está monitorearme. Incluso no me dejan salir al exterior; han aplicado políticas diferentes con las distintas personas, a algunos de los liberados si les han dejado salir. Yo pedí ir para Estados Unidos, pero me lo negaron. Incluso, he sido invitado a eventos en Polonia, Puerto Rico y otros lugares y, aunque he efectuado todos los trámites establecidos, nunca he recibido la autorización para salir: la famosa Tarjeta Blanca.

– ¿Cuál es tu decisión, quedarte en Cuba o marchar al exterior?

Yo quiero quedarme en Cuba. Cuando salí de la cárcel estuve bajo una presión muy fuerte de mi familia para que me fuera. Tanto mi mamá, ya fallecida, como Miriam querían que me fuera, pero yo no quería irme. Si cedí en algunos momentos en eso, ya no quiero ceder más. Es muy triste estar en un país extranjero donde ya no es lo mismo que estar aquí. Además, creo que este es un momento muy interesante. Yo sigo con muchas dudas de que vayan a producirse cambios, pero creo que hay posibilidades de que los haya. Ahora mismo se ha producido un cambio grande de gobierno en Cuba, Raúl Castro se ha fortalecido y quizás esa sea una oportunidad para que él cumpla con la promesa que hizo de hacer cambios estructurales. Si Raúl Castro cumple con sus promesas de cambios –lo que muchos empiezan a dudar, dada la excesiva demora en comenzarlos– yo no voy a ser quien le vaya a poner zancadillas. Incluso si hay cosas positivas las voy a apoyar, eso lo he dicho y lo sigo diciendo. La única forma que veo en estas circunstancias es que el propio gobierno emprenda un cambio que pudiera comenzar por la economía, creándose las condiciones para posteriores transformaciones políticas hacia una plena democracia y el respeto de los derechos humanos, en un marco de reconciliación nacional.

– ¿Cómo estableciste esa relación entre economía y política?

-No se pueden separar. En eso Marx sí pudiera tener algunos elementos positivos, él decía que las relaciones de producción son la base de una sociedad y yo sigo creyendo que es así, sin negar que haya una interacción entre la base y la superestructura. Yo creo que si hay más libertad económica, va a haber más libertad política. En eso Fidel Castro está claro, él se niega a que haya alguna apertura económica porque sabe que una cosa lleva a la otra, eso sería inevitable. Los norteamericanos tienen enormes restricciones en el comercio con Cuba, no dan créditos, hay que pagarle antes de que lleguen las mercancías, no compran nada, hay que utilizar barcos extranjeros. Sin embargo, con todos esos obstáculos, ya Estados Unidos está por lo menos en la cuarta posición en el comercio con Cuba, por lo tanto eso va a tener influencia. Si existiera más libertad, nos sentiríamos más dueños de nuestro futuro, eso le daría un impulso a las luchas por las libertades políticas, a la creación de un propicio tejido económico. La Ley de la Entrega de la Tierra en Usufructo está llena de cortapisas y eso no es por gusto; está bien pensada para que la gente no se sienta propietaria, por lo tanto yo sí creo que hay un nexo muy grande entre política y economía. Cuba es un país con un entorno geográfico y tradiciones socio-políticas mejores que China, pero aún en China, con las transformaciones económicas, la gente empieza a luchar; ahora mismo con esta crisis y el cierre de empresas las protestas allí son enormes, ni que decir de Rusia. La libertad es también un elemento de producción. Yo defiendo esa tesis, en la medida que la competencia juega un papel más importante hay más libertad de movimiento, de pensamiento, para poder escoger la mejor variante en un mundo cada vez con mayores opciones, donde el diálogo y el debate responsable y civilizado son indispensables para lograr un desarrollo sólido y sustentable.

– ¿Desde tu punto de vista cuáles serían los obstáculos principales para un cambio en Cuba?

–La primera es la voluntad política de ir avanzando de forma gradual. Yo empezaría por la agricultura, dándole la tierra a la gente, dándole facilidades para que puedan pagarla, donde la gente pueda asociarse sobre la base de la voluntariedad. El Estado puede mantenerse en determinadas áreas, en eso no hay una contradicción. Y bueno… cuánto va a ser el área privada y cuanto el área pública, eso lo dirán los resultados y las condiciones concretas. Yo creo que la actividad pública puede ser eficiente en la educación, la salud pública y otros sectores. Antes de la revolución en Cienfuegos los estudiantes venían de la escuela privada a la pública en la enseñanza secundaria y no lo hacían por que era gratis, sino porque tenía más calidad. Pero al mismo tiempo se puede permitir la enseñanza privada con determinadas regulaciones, como lo era antes de 1959. Cuando tuve que venir para La Habana fue para una escuela privada; de todas formas el Estado hacia exámenes de comprobación. No se puede caer en extremos. El extremo estatal cayó con el Muro de Berlín y el extremo neoliberal ha caído con la crisis actual. Ahora Obama quiere garantizar el seguro de salud a más de 40 millones de norteamericanos y mejorar la educación pública, por eso lo están calificando de socialista, eso es una tontería. Hay que promover las iniciativas privadas, son un decisivo factor de avance social y desarrollo económico, pero con determinadas regulaciones para evitar las ambiciones desmedidas, el enriquecimiento indebido.

– ¿Le das algún peso a la política norteamericana en los problemas de Cuba?

–Yo sí creo que la política norteamericana tiene una responsabilidad en todo esto, y grande. Yo siempre he expresado que el gobierno cubano ha tenido dos grandes aliados: la Unión Soviética dio un apoyo económico inmenso al régimen, pero desde el lado político han sido los Estados Unidos, con su proceder equivocado quienes han beneficiado al totalitarismo. La política de aislamiento y embargo ha sido oxígeno para los sectores más conservadores dentro del partido y gobierno. Por suerte, con la administración Obama esto empieza a cambiar, con métodos inteligentes y racionales, sin facilitar la coartada del “enemigo externo”. Sin embargo, los sectores duros -de aquí y… de allá- no renuncian a la hostilidad y están provocando. Lo que pasa es que la nueva administración es mucho más inteligente, e ignora esas provocaciones.

– ¿Piensas que la nueva política de Obama pudiera incidir en los cambios en Cuba?-

–Creo que la nueva política indudablemente va a crear un entorno mucho más favorable y ya eso es una ayuda importante. La personalidad de Obama es muy atractiva en Cuba. Lo realizado en sus primeros 100 días de gobierno empiezan a confirmar que estamos- para suerte de Estados Unidos y del mundo- frente a un estadista de condiciones excepcionales; quizás un nuevo Franklin D. Roosevelt con su propio New Deal. Ha surgido en condiciones históricas extremadamente complejas, con muchas similitudes a las enfrentadas desde un inicio por su ilustre predecesor. Considero que si él cumple con lo que prometió, y creo que va a cumplir y está cumpliendo, esa política va a incidir con fuerza en Cuba. Pero el pueblo cubano tiene que salir del estado actual de miedo y apatía, porque en definitiva los que tenemos que hacer los cambios somos nosotros.

– En el 2003 se publicó tu libro Crónicas de un Desastre y en el 2007 se publicó ¿Revolución o Involución? ¿Existe una relación directa entre ellos?

–Si existe una relación directa, son recopilaciones de artículos que mantienen mis puntos de vista acerca de la génesis del drama cubano, las concepciones de cómo salir de la crisis y propuestas para la reconstrucción nacional, en un marco de reconciliación que deje a un lado los odios que por tanto tiempo han envenado a los cubanos. Se diferencian en épocas, Crónicas de un Desastre comprende una época y ¿Revolución o Involución? comprende otra. Yo diría que contienen una maduración del pensamiento, logrado por la meditación, el diálogo con otras personas, incluidas algunas con las que no coincido en variadas cuestiones, y los largos años de enfrentamiento al totalitarismo. Por ejemplo en el último libro hay una serie de artículos que hice sobre las Metas del Milenio, adoptadas por la ONU. Ello me llevó a realizar una significativa recopilación de datos, de estudios de la historia de la teoría económica cubana que demuestran que la Cuba de antes no era un desastre, como señala la propaganda oficial. Investigando he llegado a la conclusión de que efectivamente había serios problemas que lastraban el progreso nacional,  pero Cuba había avanzado de 1902 a 1958 a pesar de los gobiernos y no por la voluntad de los gobiernos. La sociedad civil cubana avanzó en la educación y la salud pública. En esta última tenía en aspectos importantes una situación superior a países europeos, con indicadores como el número de médicos por habitantes, la esperanza de vida, la mortalidad infantil. Tanto en educación como en la salud había avances comparables con Europa, no con América Latina, donde los únicos países que se podían comparar con Cuba eran Chile, Argentina, Uruguay, quizás Costa Rica. Cuba no empezó en 1959, independientemente que después se hicieron grandes esfuerzos y que en la medicina y educación se llegó a favorecer a sectores que estaban marginados antes de 1959, sobre todo en zonas rurales. Lamentablemente, hasta esos avances, logrados por los esfuerzos del pueblo, están inmersos actualmente en un proceso de involución al carecerse de la indispensable sustentación económica.

– En el prólogo a “Cuba, ¿Revolución o Involución?”, Carmelo Mesa Lago dice: los documentados trabajos de Oscar Espinosa han inspirado e influenciado la obra de muchos economistas cubanos en el exterior ¿Qué significa para ti esa afirmación y cómo ha sido tu formación para alcanzar ese nivel de profesionalidad?

–Bueno a mi me enorgullece que una persona que admiro tanto y que pienso que es el mejor economista cubano vivo, que trabaja para organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo, haya realizado esta evaluación sobre mi trabajo, eso para mi es algo muy alentador. Lo que yo he hecho es buscar datos, información, resumir, investigar sobre las propias cifras oficiales, buscando sus falsedades. Utilizar datos de CEPAL, de Naciones Unidas, de revistas extranjeras, de la prensa. Si vas a mi casa, vas a encontrarte miles de recortes de periódicos y revistas como El País o ABC, El Mundo, El Nuevo Herald, The Economist e incluso de factura oficial como Granma y Juventud Rebelde que se dedican a hacer análisis de economía y también de hechos sociales, históricos. Me gusta mucho la historia, lo que más me gusta es la historia, soy un fanático de ella, siempre tengo un libro a mano. Muchas veces veo paralelos en la historia de Cuba, muchas cosas parecen repetirse, por ejemplo la obcecación de España por no hacer reformas, por mantener una posición inmovilista, esa posición de no hacer nada en aquella época se convirtió en una de las causas fundamentales de las guerras de independencia. Y ahora aquí está sucediendo una cosa parecida, la obcecación del gobierno cubano hace que se cierren todas las puertas. Hasta ahora no hay peligro de estallidos, pero nadie sabe si esta situación se mantendrá.

– Tus trabajos contienen recomendaciones de importancia, pero el gobierno, que es quien puede implementarlos no los tiene en cuenta ¿qué importancia tiene tu labor?

–-Bueno yo me conformo con leer mis artículos por la radio extranjera, que alguien los escuche. Me conformo con saber que algunas personas los reciben por Internet, o los leen en periódicos editados en el exterior. Que algunas entrevistas que doy para la televisión de otros países llegan aquí, gente que te dicen, ¡te vi en la televisión! Estoy conforme con las copias que generosamente reproducen los amigos. Es el comienzo, estoy seguro que todo cambiará para mejorar. Un tiempo atrás no teníamos Internet, ahora con muchas dificultades la tenemos, quien sabe si el día de mañana también la pueda tener en mi casa.

– ¿Consideras que esa semillita en un momento determinado pueda germinar?

–La idea es esa, hay que sembrar para el futuro, quizás yo lo vea o no lo vea, pero modestamente estoy tratando de colaborar de forma independiente, porque tú sabes que yo no pertenezco a ninguna organización. Algunas veces me piden una colaboración y la doy, al que no la quiera no se la doy, y participo así dando mis ideas. Hago lo que puedo, incluso pienso, como tú dijiste, que mi trabajo puede ser útil al propio gobierno y sirva para conducir a Cuba hacia la democracia, yo no tengo inconveniente en eso, ojalá, y sin aspiración personal alguna.

– ¿En estos momentos tienes algún nuevo proyecto?

Estoy trabajando sobre el tema de la crisis mundial, ya hice el primer artículo y ofrecí una entrevista y quiero seguir desarrollado ese tema. Tengo muchos proyectos, no sólo para criticar sino para exponer como pudiéramos salir de nuestra crisis. Yo tengo una línea general que discutimos con las personas que participamos en el proyecto del Diálogo Nacional, pero hay que seguir profundizando.

– ¿Qué es el Diálogo Nacional?

–El Diálogo Nacional es un movimiento proyectado por Osvaldo Payá, consiste en un diálogo que proponemos realizar con todos los cubanos sin exclusión de ningún tipo. Entre los cubanos que viven aquí y los que viven en el exterior, personas que apoyan el gobierno o no, con los militantes del Partido, de la Juventud, los militares, los civiles, creyentes, no creyentes. Como primer paso se ha hecho un documento en que se ofrece una serie de propuestas y opciones para salir de la crisis.  Las propuestas no tienen porque ser aceptadas, las personas pueden dar su criterio con el propósito de hacer una Plataforma Programática. La idea es que ese Diálogo termine en una Asamblea Constituyente que redacte una nueva Constitución que siente las bases legales de una futura Cuba. Hay que asegurarle a la población que los cambios no significan quitarle la casa a la gente, que los problemas se van a resolver en un marco de reconciliación nacional, sin odios ni revanchas, pues este proyecto no va dirigido contra nadie. Para eso tiene que haber ciertas posibilidades para que la gente pueda expresarse, pero paralelamente hay que tomar una serie de medidas dada la situación de crisis en la economía. Deben garantizarse libertades sindicales, para que los trabajadores puedan defenderse. Ahora mismo, hace unas semanas salió en el semanario Trabajadores un artículo donde se reconoce que muchos obreros agrícolas están trabajando descalzos en los campos y eso es una consecuencia de que aquí no hay reales sindicatos que reclamen, que defiendan a los trabajadores. Asimismo sobre la base de los Pactos Internacionales de Derechos Políticos y Civiles, y Económicos, Sociales y Culturales suscritos por el gobierno hace más de un año, aunque todavía sin ratificar por la Asamblea Nacional, deberá gradualmente encaminarse el país. En primer término resulta prioritaria la liberación inmediata e incondicional de los prisioneros de conciencia y los presos políticos pacíficos. Que se haga realidad el derecho a la tierra, para acabar con esta situación absurda que Cuba al mismo tiempo que importa el 84% de los alimentos –fundamentalmente de Estados Unidos– la mayoría del área agrícola está ociosa. Hay que permitir y alentar el trabajo por cuenta propia y la creación por los cubanos de empresas pequeñas y medianas, iniciativas que con tanto éxito han sido realizadas en China, Viet Nam y otros países. Esa es la idea general a desarrollar en una primera etapa, pero en la actualidad todo permanece inmóvil, mientras peligrosamente problemas de toda índole continúan acumulándose. 

– ¿Eres miembro de alguna organización profesional o académica dentro o fuera de Cuba?

–En Cuba de la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling, que la prohibieron, muchos miembros están presos o están fuera, pero sigue existiendo y me considero parte de ella. Es una organización gremial de periodistas, no política. Colaboro en el exterior con una extensa lista de publicaciones digitales, así como algunas que con muchas dificultades se editan en Cuba. Del exterior algunos compatriotas me llaman para que les brinde mis criterios, son organizaciones serias, aunque necesariamente no coincidamos en todo. También colaboro estrechamente con la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana, hoy presidida por mi amigo y antiguo compañero de la universidad, el Dr. Jorge Sanguinetti. En los eventos que organiza esta importante organización académica- con sede en Estados Unidos- siempre soy invitado y participo con mis ponencias enviadas desde La Habana. Tengo la percepción de que el nivel de entendimiento de la situación política en la isla por parte de los compatriotas en el exterior evoluciona positivamente, al igual que madura la conciencia de la población residente aquí. Un proceso que va a beneficiarse con las medidas tomadas recientemente por la Administración Obama, al permitir un mayor acercamiento entre los cubanos.  

– ¿Para ti cuál es la Cuba deseable y cuál la Cuba posible?

–Para mi la Cuba deseable es la que trazó en líneas generales la Constitución de 1940, me parece que esa Cuba responde al deseo expresado por José Martí de una República con todos y para el bien de todos. Ese es mi ideal de Cuba, donde sean compatibles las aspiraciones individuales, incluyendo la propiedad privada, la existencia del mercado como herramienta importante de distribución de los recursos, la competencia, las posibilidades de superación; con una participación pública importante que complemente la iniciativa privada, siempre sobre la base de un control democrático; que existan debates, partidos políticos, pero que no haya que esperar las elecciones para la toma de decisiones. Esas características las considero posibles. No creo que sea un sueño, es algo que otros han logrado y me pregunto por qué nosotros no podemos también obtenerlo con tesón, con inversiones fuertes en la educación, en la cultura, que preparen el terreno para avanzar hacia ese destino. Yo creo que en la historia, el pueblo cubano ha mostrado tener motivaciones, aspiraciones y puede llegar a eso.

– ¿Hay acontecimientos en tus 68 años de vida que han dejado una huella profunda en tu persona?
 
–Algunas cosas han dejado huellas profundas de forma positiva o de forma negativa en mi persona. La victoria del Primero de Enero de 1959 me hizo soñar con muchas cosas, para terminar en una enorme frustración nacional. Fue un día que nunca podré olvidar. Mi trabajo en el movimiento juvenil, luego como diplomático tratando de obtener ventajas para mi país. En estos momentos, aunque atraviese una situación difícil, estoy haciendo algo positivo y lo disfruto. Son acontecimientos que me han dejado huellas. Aunque en cualquier momento mi ciclo vital termine, he cumplido siempre con mi deber, con mi conciencia. Quizás con equivocaciones, pero siempre con la mejor voluntad de hacer algo útil para Cuba. En cuanto a aspectos negativos también hay hechos que me han marcado. En 1967 me expulsaron de los Equipos de Investigación Económica y enviaron a recoger estiércol en las cuevas y a trabajar con delincuentes; en 1987 me sacaron del sector de las relaciones exteriores; en 1992 fui expulsado del Banco Nacional; botaron a Miriam, mi esposa, de su  trabajo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, precisamente por continuar conmigo. Otro golpe de una potencia terrible fue cuando me detuvieron en 2003 y condenaron a 20 años de cárcel, en condiciones infrahumanas. Todo eso fue muy duro, pero bueno, gracias a la vida, a Dios, no sé a qué, siempre he podido levantarme, aunque no haya sido fácil.

– Cuando falleció tu madre ¿estabas en la cárcel?

–Mi mamá falleció unas semanas después que yo salí de la prisión. Pude estar con ella las últimas semanas, ya estaba muy mal, una parte del tiempo estaba inconsciente, sufriendo mucho. Ella fue un ejemplo de trabajo, de tesón, de lucha y además muy tolerante. Nunca fue comunista, siempre rechazó esos conceptos. Ella era creyente, pero era tolerante. Jamás, aún en la etapa en que yo milité en los grupos marxistas, ella se opuso, respetó mi decisión como la respetó cuando decidí oponerme al totalitarismo.

– ¿Te sientes realizado?

–Yo me siento realizado, siento que estoy haciendo algo por mi país, que en determinado momento me ha sido difícil porque he recibido la incomprensión de muchos compatriotas, pero bueno ya en estos momentos estamos recibiendo la cosecha. El pueblo toma conciencia y muchos compatriotas se incorporan al movimiento de oposición; muchos intelectuales, gente valiosa que empiezan a coincidir con uno y eso realmente alienta mi trabajo, y como además no guardo odios, creo que el objetivo de la sociedad que quiero, de reconciliación nacional, ese concepto que lleva tantos años conmigo, está triunfando y eso realmente es reconfortante.

– Dentro de tu vorágine de trabajo ¿te queda tiempo libre y a qué lo dedicas?

–Para mí la actividad que realizo es una distracción. Me cuesta trabajo decirlo porque quizás alguien no lo entienda, pero me roba las 24 horas del día, incluso por las madrugadas estoy oyendo la radio extranjera, los noticieros, recogiendo información, leyendo periódicos, mirando la televisión, hasta en los programas que no tienen que ver con la política trato de ver algunas respuestas políticas, sociales, porque la política y los problemas sociales siempre están presentes en muchas cosas aunque ese no sea el objetivo. Siempre estoy buscando. En determinado momento fui filatélico, ya no tengo tiempo para eso. Dedico bastante tiempo a la lectura, fundamentalmente buscando información que me permita escribir. Esa es mi vida. Quizás lo que hago no es saludable, porque hay que buscar otras actividades y distracciones. Lo que pasa es que yo siempre he sido así, obsesivo compulsivo. Así soy, para mí nunca hubo sábados, domingos ni días festivos cuando he tenido un objetivo, una meta en la vida. Y ahora lo mismo. Me complace escribir y poder modestamente ayudar a mi país en tiempos tan difíciles y complejos. Disfruto mucho cuando una persona me dice que leyó un trabajo mío, que le gustó tal intervención, realmente eso para mí es una satisfacción.

– ¿Tienes amigos y/o enemigos?

–Yo no considero a nadie mi enemigo, aunque algunos si me consideran un enemigo. Yo no odio a nadie, yo he desechado el odio, porque el odio no te deja pensar. Como ser humano puede ser que en determinado momento me enfurezca y la ira me gane, pero siempre trato de desechar eso. Tengo muchos amigos, personas que yo realmente estimo, incluidas algunas con las cuales tengo puntos de vista distintos. Mira tu mismo eres una de esas personas, que llevamos años, que algunas veces hemos discutido, que confrontamos nuestras ideas pero seguimos amigos y así tengo muchas personas que admiro. Hay personas en el exterior con las que nunca he hablado personalmente pero que llevo años hablando por teléfono: economistas, especialistas, periodistas. Así tengo muchas personas que me ayudan, que quieren apoyarme en mi lucha.

– Tu madre era católica ¿sus creencias tuvieron alguna influencia en ti?

–Si, mi madre fue católica, muy creyente, pero jamás quiso imponerme sus creencias. Mi padre fue comunista pero terminó siendo un creyente católico. Después él se fue de Cuba y murió en Nueva York. En sus últimos años rechazó totalmente este sistema y murió como creyente, católico, muy, muy creyente. Era un hombre inteligente, incluso cuando era comunista él me puso a estudiar en una escuela primaria metodista, la Eliza Bowman, dirigida por misioneras norteamericanas, de las cuales conservo excelentes recuerdos. Cuando no era creyente él me aconsejaba estudiar la Biblia, porque la consideraba muy valiosa. Después conocí a otros comunistas que pensaban igual. Por ejemplo a Carlos Rafael Rodríguez, que conocía la Biblia muy bien, él la citaba bastante. Está la historia de Juan Marinello, en una oportunidad le preguntaron que si se quemaba su biblioteca qué libros iba a rescatar y respondió: la Biblia.

– Haciendo una valoración de tu vida ¿consideras que debes de cambiar algo o estás conforme con el Chepe actual?

–Estoy conforme con todo lo que he hecho en mi vida. Me siento muy orgullo porque hice en cada momento lo que mi conciencia me dictó. Cuando trabajé con Fidel Castro pude hacer lo que hacía todo el mundo y no hubiera tenido ningún problema, pude mantener una posición oportunista y aceptar todo lo que se decía allí. También cuando me sacaron del trabajo de relaciones exteriores pude haberme adaptado, tenía hasta una posición laboral muy buena, incluso firmé muchos documentos a nombre del Gobierno de Cuba, aunque no era militante del Partido. Se me envió a diferentes países como asesor, a Granada donde estuve con Maurice Bishop, a Corea del Norte, donde estuve Kim Il Sun. No tenía necesidad de buscarme ningún problema, pero mi conciencia me dictaba otra cosa y ellos me tomaron como si fuera enemigo y me llevaron a esta posición. Después de todo tengo que agradecerles, con las persecuciones y el acoso me llevaron a comprender que la situación cubana es imposible de resolver con tibias reformas, sino que se necesita un cambio radical de todo el disfuncional sistema que ha conducido la nación al desastre. Yo soy hijo de la burguesía, porque mi familia tenía dinero, mi madre tenía una compañía farmacéutica, propiedades en Cienfuegos, y en La Habana; todo eso yo lo dejé de lado y me uní a la revolución sin ningún interés material. No me uní a la revolución por un interés ni de clase ni de nada, sino por la justicia social y amor sincero a mi país. He llegado a la conclusión de que la democracia es fundamental, es un arma política, un arma social, un arma económica. La democracia y la libertad son componentes indispensables para el desarrollo de una nación en todos los campos; el respeto a la soberanía individual, en un marco legal democrático es uno de los factores determinantes para el avance de los pueblos. Yo pienso que una de las grandes ventajas de la sociedad norteamericana y de otras sociedades es que han sabido mantener un equilibrio y un poder de autocrítica por generaciones. Ahora mismo lo estamos mirando en Estados Unidos con Obama, que está superando todo el legado negativo que le dejó la anterior administración.

– ¿Qué figuras de nuestra historia han tenido influencia en tu formación?

Hay personalidades de nuestra historia en las cuales encuentro referencias insustituibles. En primer lugar Félix Varela, cuando uno lo lee se pregunta, pero ¿cómo este hombre en esa época podía decir tales cosas? Porque no es lo que dijo, sino cuando y con que visión lo dijo. Otra figura es Martí, personaje cimero en la historia de Cuba, sin soslayar a genios militares y políticos como Antonio Maceo y Máximo Gómez. No se puede olvidar al tercer descubridor de Cuba, a Don Fernando Ortiz, que es una piedra angular de la cultura cubana, un hombre que en oportunidades rechazó tentadoras ofertas políticas porque quería mantenerse al margen de los partidos, y poder realizar sus análisis sin ningún compromiso. Juan Gualberto Gómez, un hombre que de esclavo llegó a ser una personalidad extraordinaria. Enrique José Varona…, hay incluso algunas figuras que habrá que rescatar en la historia de Cuba, con independencia de que hayan cometido errores, como es el caso de algunos autonomistas que jugaron un papel importante en la formación de la conciencia nacional cubana, porque muchos de ellos, de forma astuta, utilizaron las limitadas libertades que dio el gobierno español para crear las condiciones que después permitieron a los luchadores por la independencia  demostrar que ya no había otra alternativa que la separación total de España. Está Jorge Mañach y también Ramiro Guerra, uno de los textos más importantes que se han editado en Cuba es su libro Azúcar y Población en las Antillas. La lista de hombres extraordinarios que ha producido nuestra pequeña Isla es enorme. 

– ¿Deseas agregar algo?
 
–Creo que es lo fundamental, es eso lo que puedo decir.

– Muchas gracias Oscar

La Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), reunida el 13 de junio en San Pedro Sula, Honduras, resolvió dejar sin efecto la Resolución adoptada hace 47 años, que excluía al Gobierno de Cuba del Sistema Interamericano. En su lugar, decidió que en lo adelante su posible participación será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud de las autoridades de la Isla y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de dicha organización.

La OEA fue fundada por 21 países de la región el 2 de mayo de 1948 en la Conferencia Internacional Americana de Bogotá. La exclusión de Cuba se produjo en el contexto de la Guerra Fría y de la lucha ideológica entre las dos grandes potencias de la época, cuando el gobierno revolucionario dictó un conjunto de medidas, entre ellas la Primera Ley de Reforma Agraria, la expropiación de las empresas norteamericanas, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y la declaración del carácter socialista de la revolución, lo que unido al intento de expandir la revolución al resto de la región, agudizó las contradicciones con los vecinos, especialmente con Estados Unidos. Esto condujo al intento de ahogar lo que consideraban una amenaza.

El conflicto regional fue tratado en la V Reunión de Consulta (Santiago de Chile, 1959); en la VII Reunión de Consulta (San José, 1960), donde se declaró que el sistema interamericano era incompatible con toda forma de totalitarismo, y finalmente en la VIII Reunión de Consulta, en Punta del Este, Uruguay, donde el 31 de enero de 1962 se aprobó la exclusión de Cuba por 13 votos a favor y 6 abstenciones.

Treinta y nueve años después los 34 países miembros de la OEA aprobaron de forma unánime la Carta Democrática Interamericana de 2001, la cual define, entre otras cosas que, los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla; que, la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas; que, el ejercicio efectivo de la democracia representativa es la base del estado de derecho y los regímenes constitucionales de los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos; que, la democracia representativa se refuerza y profundiza con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía en un marco de legalidad conforme al respectivo orden constitucional. La Carta considera entre los elementos esenciales de la democracia representativa el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales como condiciones de obligatorio cumplimiento para todos sus miembros.

La nueva política del actual gobierno norteamericano –continuación de las declaraciones de Barack Obama durante su campaña presidencial y después de asumir el poder– se manifestó partidaria del regreso de Cuba a la OEA como un paso hacia la normalización de las relaciones con La Habana. Esa política, unida al surgimiento de gobiernos elegidos democráticamente en toda la región, hizo posible la discusión acerca de la participación de Cuba en la OEA. Ahora, al quedar sin efecto la exclusión de Cuba, se pone a la orden del día su posible reingreso a la OEA, el cual, según reza en la reciente Resolución, pasa por la solicitud de ingreso de la parte cubana y por el cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana de 2001. En ese sentido, cualquier análisis al respecto debe tener en cuenta elementos como los siguientes:

1- Las reglas por la que se rige la OEA hoy no son exactamente las mismas que existían cuando Cuba fue excluida. En aquella oportunidad se consideró que la adhesión de Cuba al marxismo-leninismo era incompatible con los principios y propósitos del Sistema Interamericano y que el alineamiento con el bloque comunista quebrantaba la unidad y la solidaridad del Hemisferio. Ahora la adhesión al marxismo no es un obstáculo y el bloque comunista es asunto del pasado, lo que si queda en pie es el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.
2- La OEA es una organización de Estados, no de gobiernos, por lo tanto los gobiernos actuales nada tienen que ver con los que determinaron la exclusión de Cuba. Es decir, la OEA del 2009 es y no es la OEA de 1962. En aquella oportunidad, con excepción de México, todos los países de la región rompieron sus relaciones con Cuba, mientras hoy todos han restablecido esas relaciones.

3- Ante la nueva situación el gobierno cubano tiene dos caminos: aferrarse al pasado o iniciar un proceso de diálogo de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de dicha organización. Lamentablemente, parece que la decisión se encamina a lo peor. Por las palabras del Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, pronunciadas el 25 de mayo en Caracas, la aspiración es desmantelar la OEA y fundar una nueva organización de países latinoamericanos y caribeños sin Estados Unidos; pues según expresó: Cuba se siente muy orgullosa de estar fuera de la Organización de Estados Americano, nuestro camino, el camino de Cuba, es el de la integración latinoamericana y caribeña, sin presencia extracontinental. Más reciente, el lunes 8 de junio, una Declaración del gobierno cubano, publicada en Granma, “ratifica una vez más que no regresará a la OEA”.

4- Si Cuba decide optar por algo así como una Organización de Estados Bolivarianos (OEB) enfrentará un obstáculo insalvable. Lo primero que debería tenerse en cuenta es que ni cuando Cuba fue excluida, ni cuando Estados Unidos brindó apoyo a regímenes dictatoriales, ni cuando los marines hicieron acto de presencia en algunos de esos países, ni ahora que algunos gobiernos de izquierda fracasaron en el intento de reincorporar a Cuba de forma incondicional; ninguno de los miembros de esa organización abandonó la OEA en solidaridad con el gobierno cubano, lo que indica claramente que incluso países allegados a Cuba como Venezuela, Bolivia o Nicaragua, dieron el consenso a la resolución que excluye la reincorporación sin condiciones.

5- Por último, si el gobierno cubano decide reincorporarse a la OEA o si opta por fundar una OEB, en cualquier caso, será imposible lograrlo si antes no decide marchar por el único camino posible: el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, una deuda pendiente con el pueblo cubano, cuyo primer paso sería la ratificación de los pactos de Derechos Humanos que fueron firmados en febrero de 2008 y dictar las disposiciones legislativas internas para hacer efectivos los derechos y libertades ciudadanas.

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