Hemeroteca de 3 mayo, 2009

Dimas Castellanos

El diferendo entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, un proceso conflictivo que comenzó desde 1959, comenzó su conteo regresivo con las primeras medidas del gobierno de Barack Obama.

El gobierno revolucionario cubano al arribar al poder en 1959 emprendió un proceso de nacionalización de la propiedad, que al amenazar los intereses de Estados Unidos condujo al deterioro de las relaciones hasta que el conflicto pasó a ocupar el centro de la política entre los dos gobiernos. La ruptura de relaciones diplomáticas y el desembarco por Bahía de Cochinos en 1961, el embargo comercial y el bloqueo naval en 1962, las leyes Torricelli y Helms-Burton en los años noventa, la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre y la creación de un Fondo para la Libertad en la presente década, fueron algunos de esos momentos. Para los cubanos el daño principal de esa política foránea radica en que solapó las contradicciones entre Estado y sociedad, facilitó el desmontaje de la sociedad civil y condicionó el estancamiento que nos ha conducido a la actual crisis.

En los años 60 del siglo XIX, bajo la presidencia de Abraham Lincoln, se proclamó la emancipación de los esclavos y se aprobaron constitucionalmente los derechos cívicos básicos de los afro-norteamericanos, quienes armados con esos instrumentos legales iniciaron una cruenta lucha hacia la plena igualdad con los ciudadanos blancos. A pesar de infinidad de obstáculos, la convivencia con la población blanca fue forjando en los negros una conciencia creciente de pertenencia a la nación y de igualdad de sus derechos que desembocó, a mediados del siglo XX, en el poderoso movimiento cívico que obligó al Congreso a reconocer la inconstitucionales de las leyes sobre la segregación, la enseñanza, el transporte, el voto, el alquiler de viviendas y el trabajo.

Gracias a esas legislaciones los negros se registraron para el voto, se elevó su número en la Cámara de Representantes, en las legislaturas de los Estados del Sur y en los gobiernos locales. En 1966 fue electo el primer negro como Senador federal, en 1984  el reverendo Jesse Jackson como eventual candidato presidencial, en 2001 el General Colin Powell como Secretario de Defensa, entre otros, hasta desembocar en enero de 2009 en la elección de Barack Obama como presidente de la nación.

Con la Ley aprobada el pasado 11 de marzo, los cubanos residentes en Estados Unidos con un parentesco de hasta tres generaciones podrán viajar anualmente a la isla, gastar hasta 179 dólares diarios y solicitar un permiso adicional, por emergencia familiar. Además se  autorizó la venta de alimentos y medicinas al gobierno de Cuba sin necesidad de pagar por adelantado. La eliminación de esas restricciones pone sobre el tapete la posibilidad de pasos subsiguientes, algo que depende ahora de las medidas que Cuba disponga. La tesis de no cambiar nada hasta que el otro cambie está contra la pared.

El tiempo es una propiedad del movimiento del universo y como tal un factor objetivo del desarrollo. La universalidad del mimo y su correcta interpretación constituyen un problema práctico, por lo que estamos obligados a tenerlo en cuenta en los procesos sociales. La mejor prueba de ello es que en Cuba, ese tiempo se agotó. Se requiere ahora de una voluntad política superior, pues los cambios encontrarán un pueblo desesperanzado, apático, descreído e inmerso en una negativa moral de sobrevivencia. Con independencia de cualquier razón para haber demorado las transformaciones, el resultado ha sido que los problemas irresueltos se han multiplicado. Sin embargo, en medio de esa desventaja habrá que proceder a las transformaciones, pues las condiciones internas y externas obligan a marchar hacia ellas o hacia una situación donde todos seremos perdedores.

Desaparecido el socialismo de Europa del Este, el triunfó de Hugo Chávez en los comicios venezolanos de 1998 celebrados con casi el 57% de los votos emitidos, permitió al gobierno cubano posponer una vez más el inicio de reformas. Sin embargo, recientemente en el referéndum constitucional de febrero de 2009, de 11 517 632 venezolanos que asistieron a las urnas, los votos a favor y en contra se dividieron aproximadamente en un 55 y 45 por ciento, mientras casi cinco millones se abstuvieron. Los 11 años de Chávez en el gobierno han demostrado que: los intentos de alcanzar el poder por las urnas para derivar hacia el totalitarismo carece de perspectivas; que los vencedores tienen que revalidarse una y otra vez  por las urnas, donde la decisión ciudadana y la sociedad civil llevan la voz cantante; que los esfuerzos coyunturales dirigidos sólo a distribuir, si no se acompañan con cambios estructurales terminan en el fracaso; que esos resultados ponen al gobierno de Cuba en posición incómoda al apoyar procedimientos democráticos  al exterior y a la vez negarlos al interior. A esos cambios en la región se agrega la nueva política de Estados Unidos, lo que constituye un fuerte golpe contra el inmovilismo cubano y brinda una excelente oportunidad para pasar la página de la confrontación y entrar al capítulo de las negociaciones.

Es el momento de demostrar la voluntad de normalizar las relaciones en un plano de igualdad, expuesta por el actual Presidente de Cuba y de la necesidad de introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios que anunciara en julio de 2007. Más que una respuesta a las medidas unilaterales tomada por el gobierno norteamericano serían pasos a favor de los propios cubanos, que víctimas del conflicto entre los dos países han retrocedido en materia de derechos a la época colonial. Con el tiempo agotado y el espacio cerrado, Cuba tiene una sola opción: cambiar, una responsabilidad que recae totalmente en los que detentan el poder en estos momentos.
La Habana, 13 de marzo de 2009