Hemeroteca de abril 2009

Dimas Castellanos

En enero de 1939 1500 delegados en representación de 789 asociaciones obreras se reunieron en La Habana para dejar constituida la Central de Trabajadores de Cuba (CTC); 20 años más tarde, en el X Congreso, celebrado en noviembre de 1959, el movimiento obrero independiente recibió el golpe definitivo: la CTC fue disuelta y sustituida por la CTC- Revolucionaria. El entonces secretario general, David Salvador se encargó redemostrar la pérdida de identidad cuando expresó que los trabajadores no habían ido al Congreso a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución . Ante la pregunta de Emilio Máspero, observador del Movimiento Social Cristiano, acerca de cuál era entonces el proyecto de los trabajadores, David respondió: “Lo que diga el Comandante”.

De esa forma culminó una historia que había tenido su inicio a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando, durante el proceso de sustitución de la mano de obra esclava por el trabajo asalariado, se crearon las primeras organizaciones, las cuales en poco tiempo se extendió a todas las ciudades importantes del país, se desarrollaron las primera huelgas, los primeros congresos obreros y se crearon varios periódicos obreros. A principios del siglo XX el sindicalismo escenificó una ola de huelgas exigiendo la disminución de la jornada laboral y el aumento de salarios que paralizaron la vida económica de la capital y se extendieron a otras regiones del país. Gracias a ese movimiento y a la negociación obrero-patronal se aprobaron varias legislaciones obreras como la: definición de los días festivos y de duelo, la jornada de 8 horas para trabajadores del Estado, la prohibición del pago con fichas y vales y el cierre de los establecimientos comerciales y talleres a las seis de la tarde. Posteriormente, la disminución de los salarios generó un auge de las huelgas, ahora bajo la influencia de la tesis marxista de la lucha de clases como motor de la historia. A pesar de ello, los permanentes conflictos obrero-patronales que perjudicaban los embarques de azúcar, condujeron en 1924 a la creación de las Comisiones de Inteligencia Obrera de los Puertos, con poderes legislativos y ejecutivos, las que dejaron una gran experiencia acerca de la validez de la negociación.

La perdida de identidad del movimiento obrero se puso de manifiesto desde1925 con la fundación en el mismo mes de la Central Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y del Partido Comunista. Poco después, cuando la crisis de los años 30 obligó al cierre de varios ingenios, aunque el gobierno prohibió las organizaciones obreras, éstas en 1933 paralizaron decenas de ingenios y colonias de caña, un movimiento que se generalizó en todo el país hasta derrocar a Machado, quien había asegurado que ninguna huelga duraría más de 24 horas. En algunos ingenios ocupados se crearon Soviet de Obreros y Campesinos a imagen y semejanza de la Revolución de Octubre de 1917.

La pujanza del movimiento obrero condujo a la aprobación de una legislación laboral que comprendía: el derecho de huelga; jornada de 8 horas; salario mínimo para los azucareros; estabilidad del empleo; vacaciones, licencias por enfermedad y por maternidad retribuidas, seguida del Decreto 798 de abril de 1938: el más importante en legislación laboral republicana; resultados que se recogieron en 27 artículos de la Constitución de 1940: desde  el salario mínimo hasta las pensiones por causa de muerte. Todo ello hizo de los sindicatos un sector importante de la sociedad civil cubana: El Retiro de Plantas Eléctricas construyó el moderno edificio de Carlos III que arrendó a la Compañía de Electricidad; el Retiro Gastronómico construyó el Habana-Hilton y el de Artes Gráficas procedió a desarrollar el reparto Gráfico, mientras el Palacio de los Trabajadores se construyó con aportes obreros y donativos gubernamentales.

La agudización de la pugna entre los partidos políticos auténtico y comunista por el control de tan importante sector se resolvió a favor de los primeros con la victoria electoral de los auténticos en 1944. Ante el Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, Eusebio Mujal, entonces Secretario de la CTC aceptó una oferta del gobierno de Batista a cambio de conservar los derechos adquiridos por la CTC. De tal forma la subordinación del movimiento obrero a la política le asestó otro fuerte golpe al sindicalismo cubano. La dirección auténtica apoyó al gobierno de Batista en detrimento del sindicalismo.

Con el triunfo insurreccional del 1 de enero el sindicalismo cubano recibió el tiro de gracia. En enero de 1959 la CTC fue disuelta y sustituida por la CTC-R. En el X Congreso, celebrado a fines de 1959 se generó un conflicto por el control de la organización que se decidió por la vía administrativa. El Ministro del Trabajo, investido de facultades realizó pos-congreso lo que fue imposible durante sus sesiones. Despidió dirigentes sindicales e intervino sindicatos y federaciones hasta dejar excluidos a la mayoría de los dirigentes electos para el X Congreso. Ya en el XI Congreso de la CTC-R, celebrado en 1961, no quedaban vestigios del otrora movimiento obrero. Por vez primera se postuló un candidato para cada puesto y los delegados, representando al gobierno, renunciaron a casi todas las conquistas históricas del sindicalismo cubano. El movimiento obrero quedó bajo control del Estado y la CTC se transformó en el brazo auxiliar del Partido Comunista.

Lo ocurrido en Cuba corrobora una indiscutible tesis: sin autonomía es imposible la existencia de un verdadero sindicalismo. Sus funciones, al depender del gobierno, dejaron de emanar de las necesidades e intereses de los trabajadores, lo que condujo a su desnaturalización y desaparición. El resultado es evidente la no correspondencia entre salario y costo de la vida y su reflejo en el desinterés productivo.
La Habana, 20 de enero de 2009