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De espalda a la historia de los conflictos, Cuba y Estados Unidos trataron de imponer su política mediante la confrontación, para después del naufragio encallar en la mesa de  negociaciones. Optaron por la guerra como continuación de la política para regresar a la política en sustitución de la guerra: los presidentes de ambas naciones han anunciado la disposición de normalizar las relaciones que estuvieron suspendidas desde 1961.

La esperanzadora noticia ha generado una gama de criterios que varía desde los que consideran que se resolvió el problema hasta los que opinan que aquí nada va a cambiar. Unos consideran que los cambios ya están caminando y otros dudan de la intención del gobierno cubano o de los republicanos estadounidenses. Algunos, entre los que me encuentro, pensamos que la reanudación de relaciones será favorable para la democratización de Cuba que, aunque difícil y prolongada será posible; un optimismo fundamentado en seis argumentos.

Primero. El discurso del presidente estadounidense se aparta de la anterior exigencia de primero democratizar a Cuba para luego suspender el Embargo. En su lugar propone un paquete de medidas que coadyuvarían al empoderamiento ciudadano como antesala de una discusión en el Congreso para derogar la Ley. Con ese giro desaparece tanto el “enemigo” como la “plaza sitiada”. Por la parte cubana, la tesis del fidelismo, de que Cuba ya cambió en 1959 y por tanto no hay nada que cambiar, ha dado paso a la visión del raulismo, dispuesto a cambiar algunas cosas.

Segundo. El giro de Estados Unidos responde al fracaso de la política dirigida a promover cambios en Cuba y al autoaislamiento “regional e internacional” ocasionado por esa práctica. El de Cuba, presentado como una victoria, revela el fracaso en la gestión económica, los magros resultados de las reformas, el éxodo, la corrupción generalizada y el creciente descontento, en un momento en que la fragilidad de las subvenciones de Venezuela se han puesto a la orden del día y en que no se divisa un nuevo padrino.

Tercero. El paquete de medidas de la Casa Blanca plantea la ampliación de los permisos generales de viaje a Cuba, capacitación comercial a las empresas privadas cubanas y a los pequeños agricultores, aumento del monto de las remesas de donativos para cubanos y para proyectos humanitarios, la expansión de ventas y exportaciones comerciales de bienes y servicios desde los Estados Unidos incluyendo al sector privado cubano, el incremento del acceso de Cuba a las comunicaciones y la capacidad para comunicarse de manera libre, y la permisibilidad a los proveedores norteamericanos para proporcionar telecomunicaciones comerciales y servicios de internet con precios más bajos. Esas medidas favorecen al naciente sector privado, mejoran las condiciones en materia de derechos humano e influyen en la implementación de reformas democráticas y de medidas dirigidas a remontar la crisis actual. Constituyen, por tanto, una forma de promover la democracia, el resurgimiento de la sociedad civil y las libertades fundamentales.

Cuarto. La disposición expresada, de un lado, por el mandatario cubano desde que asumió la dirección del Estado en 2006 respecto a normalizar las relaciones con Estados Unidos y algunas medidas internas como la reforma de las medidas migratorias. De otro lado las medidas de flexibilización implementadas por el presidente norteamericano desde 2009, trillaron el camino que condujo a la decisión conjunta anunciada el pasado 17 de diciembre.

Quinto. Las medidas de la Casa Blanca apuntan a cambios ordenados y pacíficos. Esa política, constituye una garantía a los que detentan el poder, que son responsables de todo lo bueno y lo malo ocurrido en tan largo período de tiempo. De todas formas pienso que el gobierno de Cuba tratará de lentificar el proceso, pero consciente de que no puede evitarlo, pues ante una salida violenta todos serán perdedores. La  democratización organizada garantiza la estabilidad y el futuro de la nación cubana.

Sexto. Cuba logró movilizar a personalidades, instituciones y gobiernos para derogar el embargo. Varias figuras latinoamericanas intervinieron o sirvieron de mensajeros, Canadá y el Vaticano desempeñaron un destacado papel. Una vez desaparecido el enemigo y la plaza sitiada, el discurso anterior pierde todo sentido. Esas fuerzas comprometidas esperan, en respuesta al discurso de Obama, cambios al interior de Cuba. Negarse implicaría la pérdida del apoyo hasta ahora logrado.

Para evaluar el alcance de las medidas basta analizar el estancamiento y retroceso sufrido durante la confrontación: desaparición de la sociedad civil, ausencia de las libertades fundamentales, subordinación de la economía a la política y pérdida de la condición de ciudadano, entre otros males. Bajo un régimen cuya definición más precisa es la de  fidelismo, una de cuyas características fue la confrontación, el no cambiar nada hasta que el otro no cambie y de preferir, como expresó en una oportunidad, que el país se hunda en el mar.

Como los conflictos externos desmovilizan los conflictos internos, la confrontación fue utilizada para eludir cualquier compromiso con los derechos humanos. De resultar las negociaciones, al paso que las medidas mencionadas comiencen a surtir efecto, la contradicción exterior será desplazada gradualmente por la contradicción entre pueblo y gobierno. Lo que ocurra de ahí en lo adelante será responsabilidad única y exclusivamente de los cubanos.

Las dudas acerca de que la normalización de las relaciones recibirá una patada en la mesa de negociaciones carecen de fundamento en las actuales condiciones. Las evasiones anteriores estuvieron respaldadas por las subvenciones de la Unión Soviética y de Venezuela. La primera desaparecida, la segunda en franca bancarrota. A lo que se unen los pocos resultados en la atracción de capital foráneo y la imposibilidad de que aparezca un nuevo padrino.

Se trata de un hecho sin antecedentes en la historia. Un gobierno que arribó al poder por las armas y a pesar de una ineficiencia sostenida en la gestión económica, después de 55 años, ha encabezado los cambios, sin que ninguna persona, grupo o partido lograra convertirse en fuente alternativa de poder. Bajo una aparente continuidad se trata de la negación del fidelismo en nombre del fidelismo. Una singularidad que requiere de  muchos análisis, debates e investigaciones, que expliquen el por qué un país de matriz occidental, cuya sociedad civil debutó desde la segunda mitad del siglo y a mediados del siglo XX contaba con una de las constituciones más avanzadas para su época, pudo retroceder hasta el deterioro económico y espiritual de la sociedad cubana.
Publicado en http://www.diariodecuba.com/cuba/1421624432_12384.html

La normalización de las relaciones, aunque importante, no pasa de ser un primer paso. La suspensión del embargo ahora depende más del gobierno cubano que de Estados Unidos. Se impone transitar de la disposición expresada a la implantación de medidas que complementen el empoderamiento ciudadano y debiliten la oposición a  la derogación de la Ley en el Congreso. De no hacerlo se favorecerá  a los enemigos de la normalización. Así de sencillo: el levantamiento del embargo está en manos de Cuba, en las medidas internas que se implementen a favor de los cubanos.

Salvado ese difícil escollo, se abrirá un proceso de transformaciones graduales y civilizadas, cuyo resultado dependerán entonces de la disposición de los cubanos; un pueblo que despojado de las libertades y de los espacios que conforman el oxígeno del ciudadano, perdió la noción de responsabilidad cívica, pero que ahora no puede eludirla.

El escenario emergente permitirá ir removiendo las bases que decidieron la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por esa razón, la trascendencia del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos depende, hasta cierto punto, de la conducta de ambos gobiernos, pero ante todo de la voluntad y conducta de los cubanos, algo que no puede ser asumido por ningún gobierno foráneo o nacional.

Publicado en: http://www.diariodecuba.com/deportes/1421020243_12251.html

El pasado 28 de diciembre, durante el Juego de las Estrellas celebrado en la ciudad de Bayamo1, diez glorias de la pelota cubana fueron exaltadas al Salón de la Fama. Previo al Festival de Jonrones resonaron los nombres de Esteban Bellán, Amado Maestri, Orestes Miñoso, Camilo Pascual, Conrado Marrero, Antonio Muñoz, Luis Giraldo Casanova, Orestes Kindelán, Braudilio Vinent y Omar Linares.

Los cinco últimos, conocidos por los sobrenombres del  Gigante del Escambray, el Señor Pelotero, el Tambor Mayor, el Meteoro de la Maya y el Niño, bien conocidos por la afición cubana, estuvieron presentes en el acto. Sin embargo, los nombres de los cinco primeros son prácticamente desconocidos: 1- por qué cerca del 80% de la población actual nació después de 1960 y 2- porque, con excepción de Amado Maestri y Conrado Marrero, los demás brillan por su ausencia en los comentarios deportivos. De igual forma casi nada se conoce del Salón de la Fama debido a la pobre cobertura informativa brindada por la prensa oficial antes, durante y después de la exaltación en el estadio Mártires de Barbados.

Las siguientes líneas van dirigidas a divulgar y llamar la atención a los que consciente o inconscientemente están colaborando al desconocimiento de hechos culturales tan significativos para la pelota, el deporte y la nación cubana.

El Salón de la Fama del béisbol cubano se fundó en 1939. En los 21 años transcurridos desde el momento inaugural hasta 1960 fueron exaltadas 68 estrellas. Ese año, el gobierno cubano erradicó el profesionalismo y eliminó el Salón de la Fama. Transcurrido más de medios siglo, en noviembre de 2014, unos cien entusiastas de la pelota, encabezados por el cineasta Ian Padrón, reunidos en el Primer Coloquio Museo y Salón de la Fama del béisbol cubano, lograron su refundación, definieron el Reglamento para la selección y eligieron democráticamente al Tribunal que designó a los diez antes mencionados. Cuatro miembros de ese valioso grupo: Félix Julio Alfonso, Ismael Sené, Sigfredo Barros y Oscar Fernández, junto al veterano Luis Zayas, tuvieron el honor de recibir las placas de las estrellas desaparecidas o no invitadas:

Esteban Bellán (1850-1932), de la Habana. Junto a su hermano Domingo, fue enviado a estudiar a la Universidad Católica de Fordham, en Nueva York. Durante sus estudios, junto a otros cubanos2, aprendió a jugar béisbol. Entre 1871 y 1873 jugó en las Ligas Mayores con los equipos Troy Haymakers y New York Mutuals de la Asociación Nacional (primer circuito profesional de la historia). Fue el primer latinoamericano que jugó en esas Ligas. A su regreso a Cuba participó en el `primer partido oficial celebrado el 27 de diciembre de 1874 en el Palmar del Junco, donde conectó tres cuadrangulares y fue el segundo mejor anotador del juego. Fue director-jugador de los Leones del Habana en el primer juego de la Liga Cubana, efectuado el 29 de diciembre de 1878. Con ese equipo ganó los títulos en las temporadas 1878-1879, 1879-1880, y 1882-1883. En 1990 fue exaltado al Salón de la Fama de la Universidad de Fordham.

Amado Maestri (1909-1963), de Regla, La Habana. Debutó como árbitro en la Liga Profesional cubana en el año 1936. En junio de 1945 dio una lección de valentía en el Delta Park de Ciudad de México al expulsara del terreno al presidente de la Liga Mexicana por protestar una decisión suya. En el juego celebrado en el estadio del Cerro, el 23 de noviembre de 1952, Maestri protegió al grupo de estudiantes de la Universidad de La Habana, encabezados por José Antonio Echeverría, que se lanzaron  al terreno para protestar contra la dictadura de Batista. Por su conducta esa fecha se designo posteriormente como ´Día del Árbitro. Fue un destacado juez de la pelota cubana que prestigió a ese deporte con su actuación. Maestri fue exaltado al Salón de la Fama del Béisbol Profesional mexicano.

Conrado Marrero (1911-2014), de Sagua la Grande, Villa Clara. Lanzador. En 1938 jugó en Cuba con el equipo Cienfuegos de la Liga Amateur cubana. En 1940, en la tercera Serie Mundial Amateur fue el jugador más valioso en la victoria cubana. En 1946 firmó con el equipo de Oriente de la liga de la Federación Nacional y después pasó al Almendares de la Liga cubana regular. En 1949 representó a Cuba en la primera Serie del Caribe, en la que contribuyó a la victoria. En 1955-56 Marrero dirigió a Almendares y en 1956-57 pasó a los Tigres de Marianao. Aunque en la Liga cubana comenzó a lanzar a los 35 años, sus 69 victorias lo colocan en el décimo lugar de todos los tiempos. Entre 1950 y 1954 jugó en las Ligas Mayores de Estados Unidos con los Senadores de Washington. Fue seleccionado al equipo Todos Estrellas de 1951. Después de 1959 fue uno de los peloteros importantes que permanecieron en Cuba, donde laboró como entrenador y formar talentos en las Series Nacionales.

Orestes Miñoso (1925), de Perico, Matanzas. Vive en Estados Unidos. Bateador destacado, jardinero y tercera base. En Cuba jugó en el Circuito Azucarero, en el Circuito Semiprofesional y en la serie Nacional con los Tigres de Marianao hasta 1960. En Estados Unidos comenzó en 1948 en las Ligas Mayores con los Indios de Cleveland, donde fue elegido Novato del Año. También jugó con los Medias Blancas de  Chicago, los Cardenales de San Luis y los Senadores de Washington. Entre 1965 y 1973participó  jugó en la Liga Mexicana. En múltiples temporadas fue líder en hits, dobles, triples, flights de sacrificio  y bases robadas. En cuatro de ellas bateó más de 300, empujó más de 100 carreras. En siete oportunidades fue seleccionado al Juego de las Estrellas de la Liga Americana. Se le reconoce como el primer jugador negro cubano y latinoamericano en aparecer en un Todos Estrellas. Es el único pelotero cubano al que se le compuso una canción: un cha, cha, cha. Fue  exaltado al Salón de la Fama del béisbol cubano de la ciudad de Miami en 1983.

Camilo Pascual (1934), de La Habana. Vive en Estados Unidos. Lanzador, se inició en la pelota profesional en 1952 con el club Marianao y en 1953 pasó al Cienfuegos. Fue campeón en la temporada 1955-1956 y en los torneos de 1960 y 1961. En ocho años impuso récord de 58 juegos ganados y 32 perdidos, para un promedio de 644 puntos. Permitió 582 hits, propinó 612 ponches, concedió 254 bases, para 2,04 carreras limpias por juego. En las series del Caribe finalizó invicto en sus tres presentaciones gracias a sus lanzamientos rápidos y su curva de arco de barril que caía a gran velocidad. En Estados Unidos jugó en las Ligas Menores  y debutó en las Mayores en 1954, donde jugó con los Senadores de Washington, los Indios de Cleveland, los Mellizos de Minnesota, los Rojos de Cincinati y los Dodgers de los Ángeles. En tres oportunidades fue líder en juegos completos y líder en lechadas en la Liga Americana. Participó en tres Juegos de Estrellas.

Los últimos dos, Miñoso y Camilo Pascual, aunque están vivos, no fueron invitados por las autoridades cubanas al acto de exaltación. Al menos eso se deduce del silencio. De ser así, esa medida privó a la mayor parte de la afición conocerlos en persona y a todos de brindarle el merecido reconocimiento en su tierra natal. Ojalá esa decisión se rectifique antes de su desaparición física y los periodistas deportivos los incluyan, junto al Salón de la Fama, en sus comentarios.

Publicado en: http://www.diariodecuba.com/cuba/1419604921_12020.html

La decisión del presidente de Estados Unidos de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba, cuya interrupción resultó tan negativa para el pueblo cubano, que todo lo ocurrido en los últimos 53 años guarda relación con ese hecho, especialmente con el retroceso sufrido en materia de libertades y derechos, que retrotrajeron al país a una situación similar a la existente en la Isla antes de 1878.

Los antecedentes de la ruptura se remontan a 1959, cuando los revolucionarios sustituyeron la Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado Cubano, el Primer Ministro asumió las facultades de Jefe de Gobierno y el Consejo de Ministros las funciones del Congreso, dando inicio a la concentración del poder político y militar en una persona, la concentración de la propiedad en manos del Estado y el desmontaje de la sociedad civil. El resultado fue un sistema totalitario, que se ajusta a la denominación de fidelismo, caracterizado entre otras cosas por el voluntarismo, la ineficiencia económica y la hostilidad hacia Estados Unidos; sistema que inició su declive a partir del año 2006.

La escalada tuvo su punto de partida en la nacionalización de propiedades norteamericanas y la respuesta estadounidense de ruptura de relaciones diplomáticas e implementación del embargo; una confrontación de más de medio siglo que acarreó desde enormes pérdidas materiales y enfrentamientos bélicos hasta decenas de miles de muertos, dolor y sufrimientos.

El restablecimiento es el resultado de múltiples factores, entre ellos: 1- La inviabilidad del fidelismo, incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del pueblo; 2- El fracaso de Venezuela, multiplicado por la brusca caída de los precios del petróleo y su efecto sobre la subvención de Cuba; 3- La frustración de la política norteamericana dirigida a promover cambios dentro de la Isla; 4- El uso por parte del gobierno cubano de los errores de esa política para afectar la relación de Estados Unidos con el resto de los países de la región; 5- El diferendo, utilizado por el gobierno cubano para justificar los fracasos de su modelo; 6- El giro de la política norteamericana desde el primer mandato de Barack Obama; y 6- Los cambios introducidos desde que Raúl Castro asumió la dirección del Estado.

Como los conflictos externos tienden a desmovilizar los conflictos internos, el Gobierno cubano utilizó el diferendo para impedir el rearme de la sociedad civil, solapar la ineficiencia y eludir cualquier compromiso con los derechos humanos y diecisiete años después de ocupar el poder se institucionalizó el fidelismo. A imagen y semejanza de la Unión Soviética se aprobó una constitución que refrendó al Partido Comunista como fuerza dirigente de la sociedad y del Estado y se creó un parlamento unicameral que confirmó a Fidel Castro como jefe de Estado y de Gobierno.

El derrumbe del socialismo en Europa del Este develó el fracaso. El Gobierno tuvo que introducir un paquete de reformas coyunturales que fueron paralizadas en cuanto comenzó a gestarse una clase media. La ineficiencia resultante se reflejó en la perdida de relación entre salario y costo de la vida, el crecimiento de las actividades al margen de la ley para sobrevivir, el éxodo masivo y el decrecimiento demográfico.

En ese contexto el General Raúl Castro asumió la dirección del Estado e implementó un paquete de medidas que demostraron el agotamiento del fidelismo, pues la eficiencia para conservar el poder resultó intransferible a la economía. El empeoramiento y la desesperanza comenzaron a marchar a un ritmo superior a los cambios, una de cuyas manifestaciones fue el crecimiento del éxodo, que representa un peligro potencial para Estados Unidos.

A lo anterior se une una política exterior desplegada por Cuba hacia América Latina que logró afectar la influencia norteamericana en la región. Como resultado de esos y otros eventos, el diferendo devino perjudicial para ambas partes. El gobierno de Cuba fracasó en el intento de lograr una economía eficiente y el gobierno estadounidense no pudo  rendir al de Cuba: fracasó el fidelismo y fracaso el embargo.

Ese resultado sin victorias condujo a los contactos indirectos que desembocaron en conversaciones directas y secretas, aceleradas por varios factores, de los cuales el más decisivo fue el peligro de muerte del ciudadano norteamericano Alan Gross, debido al empeoramiento de su salud.

Sin desconocer los grandes obstáculos a superar, el restablecimiento evitará una salida que amenazaba con la violencia y con una emigración masiva hacia los Estados Unidos, a la vez que removerá las bases que permitieron al modelo totalitario decidir la suerte del país y de cada uno de sus habitantes. Por eso la decisión es útil a los intereses estadounidenses; útil al gobierno cubano, ya que le proporciona una salida “decorosa”; y sobre todo, útil a los cubanos al crear un escenario favorable para el empoderamiento.

El propósito del gobierno cubano, más que renunciar a la confrontación, consistía en obligar a Estados Unidos a flexibilizar las medidas norteamericanas sin realizar cambios internos que amenazaran su poder. Sin embargo, el discurso del presidente Obama y el Comunicado de la Casa Blanca no responden exactamente a su propósito. Además de que el presidente estadounidense no mencionó al Gobierno sino a Cuba y a su pueblo, junto a las instrucciones para el restablecimiento de las relaciones anunció un paquete de medidas dirigidas a crear condiciones para el empoderamiento ciudadano, en un contexto caracterizado por el fin del fidelismo y el crecimiento del descontento de los cubanos.

El discurso de Obama, si bien no exige directamente al gobierno cubano el restablecimiento de las libertades ciudadanas, lo coloca en una posición incómoda ante su país y ante la comunidad internacional. Con ello en lugar del “enemigo” ocupa el primer plano la conducta del gobierno cubano con su pueblo. Lo demás corresponde a nosotros. Aunque el Gobierno y su prensa traten de hacer creer que lo ocurrido se limita al intercambio de prisioneros y al restablecimiento de las relaciones, en lo adelante la atención se concentrará en la relación Pueblo-Gobierno, por lo que la noticia del pasado 17 de diciembre es el acta de defunción del fidelismo  y el hecho  de mayor trascendencia política en Cuba desde 1959.

Más importante que estar o no de acuerdo con lo sucedido, es aprovechar lo positivo  que brinda el nuevo escenario para luchar por la recuperación de la condición de ciudadano. El éxito de las medidas anunciadas por la Casa Blanca no depende tanto de la voluntad del régimen como del pueblo cubano; algo que no pueden hacer ni Obama ni ninguna fuerza externa, sino nosotros mismos.

Los controles sobre un pueblo desarmado de instituciones cívicas permitirán lentificar los  efectos, pero no podrá evitarlos. Las primeras manifestaciones de resistencia fueron hacer silencio acerca de las medidas planteadas por la Casa Blanca y decir que “con un pueblo como éste podemos llegar al año 570 de la revolución”. Sin embargo, las transformaciones que ocurran en la economía se trasladarán inexorablemente a otros sectores de la sociedad. Y en ese proceso, la velocidad, el ritmo y el rumbo, que fueron definidos por el gobierno cubano antes de la normalización de las relaciones, sufrirán serias alteraciones, entre otras por la emergencia de una clase media, el renacimiento de la civilidad y la recuperación de la condición de ciudadano.

Publicado en: http://www.diariodecuba.com/cuba/1419368067_11988.html

La inasistencia creciente de los cubanos a las asambleas de rendición de cuentas fue sometida a análisis por las comisiones permanentes de trabajo de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), previo al IV Período Ordinario de Sesiones de ese órgano convocado para el 19 de diciembre.

La ausencia de los electores a las rendiciones de cuentas es una de las tantas evidencias del fracaso del modelo político cubano. Dos hechos bastan para demostrarlo: 1- La decisión de celebrar esas reuniones sin tener en cuenta el quórum establecido; es decir no tener en cuenta la cantidad de personas presentes y 2- La información brindada a la prensa por la secretaria de la ANPP, quien dijo: “Con más de 211 500 planteamientos realizados, el IV proceso de rendición de cuentas de los delegados a sus electores en el actual mandato, llega casi a las puertas de su cierre con alrededor de 75 600 reuniones efectuadas, lo que equivale al 98,6% de las que estaban previstas”. Y agregó que “más de 600 asambleas se han llevado a cabo con menos de la mitad de los electores presentes”1. Cifras, semejantes a las de un informe de producción, que ocultan la aguda crisis de esa institución.

La inasistencia, como todo efecto, tiene sus causas. Tanto los delegados del Poder Popular de las circunscripciones (los únicos que son elegidos directamente), como los del resto de la estructura, hasta la Asamblea Nacional, no cuentan con un programa de compromiso con sus electores. Su programa es el del Partido-Gobierno. Por ello se presentan a las elecciones únicamente con su biografía. Además, los seleccionados para ocupar los cargos en las asambleas provinciales y en la nacional, son nominados por las Comisiones de Candidatura (conformadas por los presidentes de las llamadas organizaciones de masas, subordinadas al Partido) y seleccionados por la Comisión Electoral Nacional. Esta última con la potestad de incluir en ellas un 50% del total de los candidatos, aunque no hayan sido electos por el voto secreto y directo en las circunscripciones. Ese modelo, donde los delegados no tienen compromiso con sus electores, explica la apatía cada vez más generalizada de hombres y mujeres inmersos en la lucha por la sobrevivencia, para los cuales las rendiciones de cuentas no influyen en la mejoría de sus vidas.

Detrás de esa causa existe otra más determinante: el pueblo cubano no es soberano. De acuerdo al filósofo y político liberal, Juan Jacobo Rousseau, la soberanía es el ejercicio de la voluntad general. El soberano es el pueblo, quien delega el poder en sus representantes, pero no delega la voluntad. Ese poder delegado, pero dirigido por la voluntad general toma el nombre de soberanía, la que convierte a los contratantes en una persona pública que toma el nombre de República o Cuerpo Político. Por tanto la soberanía reside en el pueblo, quien designa un gobierno para la ejecución de esa voluntad general.

Así se refrendó en nuestra historia constitucional republicana. En la Constitución de 1901 dice: “La soberanía reside en el pueblo de Cuba, y de éste dimanan todos los Poderes Públicos”. En la Constitución de 1940 reza: “La soberanía reside en el pueblo y de éste último dimanan todos los poderes públicos”. Mientras en la constitución se vigente reza: En La República de Cuba la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado” y continúa: “Ese poder es ejercido directamente o por medio de las Asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado que de ellas se derivan”. Lo que ocurre en este caso es que no existen los mecanismos para que esos órganos respondan a los intereses y necesidades del pueblo. En ese estado de cosas lo  que le queda al cubano es ausentarse de unas reuniones donde lo único que pueden escuchar es a un delegado que, sin ningún compromiso, se limita a explicar por qué las necesidades planteadas no han sido resueltas.

En la información brindada por la secretaria de la ANPP se enumera una larga de problemas irresueltos: Las dificultades con el abasto de agua, el alumbrado público, los salideros de agua potable y albañales, la reparación de las redes hidráulicas, calles, carreteras y caminos, la necesidad de ampliación de los servicios telefónicos privados y públicos, así como la inestabilidad en la recogida de desechos sólidos… que representan más del 50% de los planteamientos recogidos. Sin contar problemas aún más graves de los cubanos, como es la insuficiencia de los salarios en relación con el costo de la vida

Si a lo anterior se une la incapacidad del modelo para hacer crecer la economía y satisfacer las necesidades de la población, es lógico que al cabo de casi cuatro décadas tuviera que manifestarse en la indiferencia de los cubanos. El hecho resultante es demostrativo de que el Poder Popular ni tiene poder ni goza de popularidad, lo que  obliga, con o sin voluntad política, a una transformación radical del modelo.

La evidente falta de voluntad política “para cambiar lo que deba ser cambiado” se manifiesta en los análisis sobre el tema que eluden la raíz del problema. Jorge Lezcano Pérez, Vicepresidente de la ANPP entre 1981 y 1986 y actualmente asesor de ese órgano, publicó, el lunes 17 de noviembre, un artículo en el semanario Trabajadores titulado “¿Está en crisis la rendición de cuenta?”, que hace dudar de la objetividad de las estadísticas exhibidas por la secretaria de la ANPP, quien dijo que más de 600 asambleas se celebraron con menos del 50%.
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Según Lezcano “Muchos son los electores que no asisten a las reuniones con el argumento de que no se resuelven los planteamientos que reiteradamente formulan, otros señalan que la inasistencia de los dirigentes administrativos convierten la reunión en una pérdida de tiempo y en falta de respeto a los electores; no son pocos los que responsabilizan injustamente al delegado por ambas situaciones”. Y añade: “Lo cierto es que, sean estas u otras las razones, desde hace tiempo viene disminuyendo en número de personas que asisten a las reuniones de rendición de cuentas y que no son pocas las que se efectúan con baja asistencia, lo que evidentemente provoca su cuestionamiento y pérdida de credibilidad…”

El aporte de Lezcano consiste en que “…la crisis no está en la rendición de cuenta sino en los que por negligencia, apatía, burocratismo o falta de conocimiento no exigen el cumplimiento de la ley”. Por tanto, desde su punto de vista, la solución está en exigir su cumplimiento. Es decir, el problema es sencillísimo, no está en la raíz sino en las ramas.

La irreductible diversidad y el agotamiento del modelo están presionando cada vez más sobre la necesidad de implementar transformaciones estructurales, en las que el pluripartidismo tendrá que estar a la orden del día. De ahí la necesaria restitución del derecho de asociación y de la despenalización de la diferencia política, para que los cubanos puedan desempeñar el papel activo y determinante que les corresponde en los destinos de su vida y de la nación. Cambios que, después del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, no podrán seguir esperando por las calendas griegas.

El inicio del desmontaje del diferendo Cuba-Estados Unidos generará un escenario, en el que la eficacia demostrada por el Gobierno para conservar el poder, será inútil para sacar al país del estancamiento. Por tanto, la conservación del poder, cuyo plazo inexorablemente se reducirá y dependerá, de ahora en adelante,  de la profundización de las reformas iniciadas y de la introducción de otras nuevas. Es decir, reformando las reformas existentes e incorporando otras, que con el argumento de la existencia del enemigo, se han postergado durante demasiado tiempo. Lo imposible, en el nuevo escenario, será conservar el fidelismo tal y como existió durante décadas.

Nota: Este artículo de José R. López fue publicado en la revista digital Consenso No. 5 de 2005. Varias personas me han comunicado que ya no es posible acceder al mismo. Por laprofundidad e importancia que dicho artículo he decidido subirlo a mi blog.
Las propiedades de un sistema resultan determinadas por las propiedades de sus componentes y los vínculos entre ellos. Esos vínculos crean propiedades en el sistema que no existen en sus componentes
La calidad del sistema no puede ser mejor que las de sus componentes ni que su diseño, ya que éstas actúan como limitantes a la calidad del sistema en su conjunto.
El ser humano, para su propia ciencia, es el sistema individualizado más complejo en el planeta Tierra, no tanto por su cuerpo, que no es más que el de un “mono” algo estilizado y debilitado, como por su mente y por ende su conducta. En la actualidad, para el mismo ser humano, su mente es prácticamente inabordable, ya que no disponemos del conocimiento necesario para expresarla, comprenderla, simularla y pronosticar su comportamiento.
El sistema compuesto por los seres humanos,  eso que llamamos sistema social de una nación, es imposible de manejar científicamente.
A lo largo de la historia de la humanidad diversos pensadores han formulado propuestas de sistemas sociales idealizados, en el cual los seres humanos pudieran vivir armoniosamente y el conjunto de las acciones individuales fueran cooperativas más que contradictorias, de modo que la eficiencia global del sistema fuera cercana a la óptima.
La mayoría de estos “elaboradores de sistemas sociales” eran intelectuales que de alguna manera se habían librado o alejado mucho del hombre común y la lucha por la vida cotidiana, por lo que en realidad, conocían poco al ser humano real, la materia prima de su invento y a la vez los que iban a “disfrutarlo”, o más bien “sufrirlo”. Muchos de estos filósofos junto con la invención de su sistema social también inventaron un ser humano que nunca existió.
Las Falanges de Fourier fracasaron, las Comunas de Owen no corrieron mejor suerte, aunque sí quedó su demostración previa de que mejorando las condiciones de trabajo aumenta la productividad y la ganancia..
De todas estas propuestas de sistemas sociales la única que se intentó poner en práctica en grande fue la de Marx y Engels. Sus autores y seguidores alardearon de ser la única concepción científica de la sociedad humana. La ciencia humana actual, infantil aún, no es capaz de conocer al ser humano, cuanto menos a su sociedad.
El pecado original del Comunismo Marxista es que no tuvo en cuenta al individuo para concebir la sociedad, o sea, pretendió diseñar un sistema sin tener en cuenta las propiedades y variabilidades de los componentes, los hombres, tan sólo estableciendo a la fuerza determinados vínculos económicos y coercitivos, esperando ingenuamente que tal cosa diera resultado.
En general, los sistemas vivos, por lo menos en su fase inicial, tienden a desarrollarse exponencialmente, algo así como:
Arquetipos Humanos
Hay un arquetipo socialmente interesante, por lo destructor: El gran líder armado. Coinciden en este arquetipo: Alejandro Magno, Julio César, Atila, Napoleón, Stalin, Hitler, etc. Entre ellos han causado la muerte a más de 100 millones de personas y grandes sufrimientos a más de 1000 millones. Lo peor del caso es la fascinación que producen tales personajes en la gran mayoría de los seres humanos.
Mirando al futuro, para no cometer los mismos errores ya cometidos, y no tener que lamentar sus funestas consecuencias, es conveniente que tengamos en cuenta:
Que el ser humano es imperfecto. Que en este planeta no hay un solo individuo que se aproxime a lo que pudiéramos concebir como un ser humano perfecto o por lo menos casi perfecto. El hombre es aún demasiado egoísta, carnal, sensualista, irreflexivo, ignorante, ambicioso, violento, envidioso, impaciente, mentiroso, inestable, cobarde, “odiador”, perezoso, ladrón, crédulo o incrédulo, bruto, etc., y la sociedad en que viva reflejará y, por tanto, adolecerá de estos mismos defectos.
Ya hace 50 años Sartre (12) describió esto en El Engranaje, un escrito corto que leí, en Octubre de 1958. Para destruir al Imperialismo habría que destruir a la humanidad, porque si se destruyera el imperialismo actual, los triunfadores, seres humanos también, armarían otro de inmediato, probablemente peor que el previo. Recordar la URSS y las matanzas de Stalin.
Vale la pena reproducir aquí una oración que Frolkis [13] atribuye a los Incas, pero que es posible que sea bíblica. Hela aquí: Señor, dame paz espiritual para aceptar lo que no puedo cambiar, dame coraje para cambiar lo que puedo cambiar, y dame sabiduría para distinguir lo uno de lo otro.
Por lo tanto, con seres humanos imperfectos, no puede existir sociedad humana perfecta. Más aún, según el grado de imperfección del conjunto de seres humanos que forman una nación, así de imperfecta tiene que ser su sociedad. Pretender implantar una sociedad más perfecta en una nación de personas menos desarrolladas producirá resultados peores que de haber implantado un sistema social menos perfecto, pero acorde a sus habitantes. En síntesis, el grado de evolución del sistema social óptimo para una determinada nación dependerá del grado de evolución de sus habitantes.
Para el progreso social, por ahora y durante más de un siglo, el “Pragmatismo paciente” es preferible a los intentos de grandes cambios que resuelvan todos los problemas de una vez. Ya esa película la hemos visto varias veces en distintos “remakes” y siempre termina mal, y además, se sufre mucho durante su proyección. Cabe aclarar que “remake” es una nueva versión de una película previa y exitosa.
Una anécdota aleccionadora
Se cuenta que en una sesión del senado cubano, en los años 20, un senador de cierto partido anunció con grande y demagógica convicción: “Si mi partido gana el poder en las próximas elecciones … vamos a convertir a Cuba en la Suiza de América.”.
De inmediato, Orestes Ferrara, un italiano naturalizado cubano que llegó a coronel en nuestra guerra de independencia y a senador después en la República, pidió la palabra diciendo: “Cuestión de orden”. El presidente que conocía bien a Ferrara, trató de esquivar la petición, pero Ferrara que se dio cuenta, y volvió a hablar, esta vez con más fuerza y determinación: “Cuestión de orden, señor presidente”. Así tocado, el presidente se viró hacia Ferrara y le dijo: “Si es una cuestión de orden, le doy la palabra al senador, pero sólo por un minuto”. Ferrara, ya más tranquilo contestó: “Yo sólo quiero hacerle una pregunta al colega”. El presidente asintió: “Haga la pregunta, pero sólo la pregunta, senador”. Ferrara se viró hacia el colega y le dijo así: “Yo solamente quiero preguntarle al colega: En caso de que su partido gane el poder, ¿Si tiene contemplada la importación de suizos?”. También se dice que fue Tomás Estrada Palma, nuestro primer presidente, quien conversando con Ferrara le prometió que haría de Cuba la Suiza de América y que Ferrara sólo le preguntó: Presidente, ¿y cuándo va a traer los suizos?[14]. Obviamente, ya a principios de siglo Ferrara se daba cuenta que con cubanos no se puede armar una Suiza de América.
El sistema democrático occidental de tres poderes, funcionó aceptablemente bien en los Estados Unidos, lugar donde surgió a fines del siglo 18, como adaptación mejorada de la Monarquía Parlamentaria Inglesa. Pero, ya no funciona tan bien, quizás por causa de la desmesurada inmigración latina, mayor crecimiento de la fracción más atrasada de la población norteamericana y, sobre todo cierta degradación de toda la población norteamericana, atrapada en el consumismo, el derroche, las drogas, la competencia excesiva, el hegemonismo, y otras perversiones.
Con personas poco evolucionadas la democracia, en realidad, es imposible. El sistema se hace inestable y va a parar una y otra vez a un situación más estable, casi siempre una dictadura militar. Eso es un hecho, nos guste o no a los que nos creemos demócratas. La democracia no puede imponerse, sino va surgiendo según la gente va avanzando. En este mundo aún no hay una democracia ni medianamente perfecta, aunque en algunos países la propaganda televisiva haya convencido a sus habitantes de que viven en ella.
Dos Pensamientos a Tener en Cuenta
Lao Tsé, un filósofo chino de hace unos 2500 años, creador de la filosofía Taoísta, en su libro Tao-Te King, traducido como El Libro del Sendero y la Línea Recta [16], sobre el tema del gobierno dice: Gobierno imperceptible – pueblo feliz; Gobierno solícito – pueblo desgraciado … La idea básica, en estos dos renglones y en otras partes del libro, es que el gobierno sólo debe ejercer la menor intervención coercitiva posible sobre la vida de los ciudadanos, para que esta ocurra acorde a la idiosincrasia y los intereses de ellos. El gobierno que continuamente está dando órdenes e interviniendo en la vida de sus ciudadanos, aunque se crea activo y constructivo, lo que logra es el retraso del progreso o incluso la involución de su País, y lo más importante, produce a sus ciudadanos molestias, sufrimiento y deseos de huir de ese país.
En nuestros días, otro pensador, nacido en la India, Sathya Sai Baba (15), sobre los sistemas sociales ha dicho: “Tanto los revolucionarios como los reformadores sociales se empeñan en cambiar el mundo actuando desde afuera sobre el defectuoso sistema social existente. Pero, tarde o temprano, el nuevo sistema social “ideal” establecido, zozobra en los mismos roqueríos en que naufragó el anterior: el egoísmo del hombre, sus deseos, sus ambiciones, sus temores y su ignorancia. Baba obra desde el interior, empeñándose en cambiar el corazón del hombre. Cuando este haya cambiado de manera suficiente, los sistemas sociales se cuidarán a sí mismos.” [17] y [18].
El ser humano es muy susceptible al disfrute del poder, y llega a aficionarse tanto a él que por mantenerlo traiciona sus propios ideales más nobles.
El mundo no se puede cambiar para bien organizando guerras y conflictos para eliminar los malos gobiernos o instituciones, pues aún en el caso de que los rebeldes deseen lo mejor para su pueblo y triunfen, como son gente inclinada a la violencia y la hegemonía, organizarán un gobierno totalitario, se creerán en posición de la única verdad y no vacilarán en reprimir a quienes se les opongan, aunque sea sólo verbalmente para aportar ideas. El que es violento, usa la violencia como recurso para lograr sus fines, sea este para alcanzar y disfrutar el poder, o para mantenerlo y seguirlo disfrutando. Cualquier guerra, o incluso conflicto, lo que trae es mal, en forma de sufrimiento, muerte y/o destrucción, y sobre todo, cambia hacia peor a las personas que en él participan directa o indirectamente. Creer que la violencia puede traer el bien es un espejismo más. Los recursos de los constructores son, entre otros muchos: Conocimiento, inteligencia, perseverancia y paciencia. Y cuando se trata de asuntos sociales son imprescindible, además: Tolerancia y flexibilidad.
Los que aspiren a mejorar la sociedad humana o sus respectivas naciones han de prepararse muy bien, para reducir la probabilidad de fracaso, pues lo más probable es que fracasen como la gran mayoría lo ha hecho hasta ahora, aún los que dicen o se creen que han triunfado. Tendrán que superarse a sí mismos mental y físicamente.
Pienso, finalmente, que una tarea prioritaria para aquellos que sientan el deseo de superarse como personas, y de paso mejorar la sociedad humana, es lograr el control del cuerpo y la mente animal. Pretender gobernar a otros, incluso una nación, sin poderse gobernar uno mismo, es garantizar el fracaso.
Nota: artículo publicado en la revista digital Consenso No. 5 de 2005

Publicado en Diario de Cuba:  http://www.diariodecuba.com/deportes/1418291874_11748.html

El sábado 30 de noviembre se extinguió la antorcha que iluminó la XXII edición de los Juegos Centroamericanos. Gracias al método empleado para definir los lugares por países, Cuba se alzó con la victoria, mientras México y Colombia ocuparon el segundo y tercer lugar respectivamente. Lo logrado, expresó Antonio Becali, jefe de la delegación cubana: es la expresión de lo mucho que nuestra revolución ha hecho por el deporte. Transcurridas unas dos semanas de su clausura, calmadas las emociones, la reflexión acerca de lo ocurrido en Veracruz promueve otras lecturas.

Desde la inauguración de los Juegos Centroamericanos1 en (México, 1926), hasta los celebrados en (Puerto Rico, 2010) se efectuaron 21 ediciones. De ellas Cuba participó en diecisiete2, en las que obtuvo 14 primeros lugares, un segundo, un tercero y un cuarto lugar. Si el análisis se limita a los seis juegos en los que la Isla tomó parte antes de 1959, tenemos que se obtuvieron cinco primeros lugares y un segundo lugar. Esos resultados se conquistaron durante las presidencias del general Gerardo Machado, de los coroneles Carlos Mendieta y Federico Laredo Bru y del Dr. Ramón Grau San Martín, quienes no se destacaron por el apoyo al deporte. Es decir, Cuba reinó en los Juegos Centroamericanos antes y después de la revolución de 1959, lo que mueve a la pregunta ¿Cuál es la novedad de Veracruz?

La victoria

Los tres primeros lugares del evento fueron ocupados por: 1- Cuba, que con menos de 12 millones de habitantes llevó 543 atletas; 2- México, con una población aproximada de 120 millones presentó 752 atletas; y 3- Colombia, con casi 50 millones de habitantes fue representada por 417 deportistas. De los 43 medallistas olímpicos que asistieron 23, más de la mitad, eran cubanos. Y en el atletismo, donde Cuba cosechó 23 oros, se benefició de la ausencia de los jamaicanos de primer nivel mundial en distancias cortas, 400 metros y los relevos. A pesar de ello Cuba adelantó a los aztecas en sólo ocho títulos dorados (123 a 115), mientras quedó por debajo en 40  medallas de Plata (106 a 66) y en 46 de Bronce (111 a 65). En total 78 medallas menos que los ocupantes del segundo lugar. Si comparamos esos resultados con las 21 ediciones precedentes queda muy poco margen para el autoelogio.

Una merecida mención le corresponde al fútbol, deporte que desde el torneo preolímpico para la Copa Mundial de 1934, cuando Cuba le ganó a Haití, Jamaica, Colombia y Costa Rica y perdió sólo con México3,  no se habían destacado en la región. Sin embargo, en Veracruz, en un reñidísimo partido de semifinales perdieron con el anfitrión en penales para quedar ubicados en el tercer lugar. Un desempeño que recibió poca atención de la prensa oficial, concentrada en la competencia con México por las medallas de oro.

La “victoria” en Veracruz se produjo después de un largo y sostenido declive del deporte cubano. En los Juegos Olímpicos de (Montreal 1976) Cuba alcanzó 125 medallas; en la edición de (Atenas 2004) la cosecha descendió a 63 medallas, en la edición de (Beijing (2008) se obtuvieron sólo 24 medallas y en la de Londres (2012) descendimos hasta 14 medallas. En la primera versión de los clásicos de pelota (2006), Cuba ocupó el segundo lugar; en la segunda versión (2009), pasó al quinto lugar; en la tercera (2013), a pesar de contar con uno de los mejores equipos, se mantuvo en la quinta posición. Por su parte Dominicana y Puerto Rico con  un juego integral: pitcheo, bateo, defensa y combatividad, dejaron bien lejos a la mayor de las Antillas.

La economía

En la sociedad, como en todo organismo vivo, los elementos que integran su estructura son mutuamente dependientes, aunque algunos tienen mayor incidencia que otros. El desarrollo del deporte depende en gran medida de la base económica que lo sustenta; mucho más cuando la intención es ocupar planos estelares a nivel internacional.

La introducción de los avances científicos y tecnológicos, la cantidad y calidad de los centros de entrenamiento y de los implementos utilizados, la inserción en ligas foráneas y los topes para foguearse internacionalmente, la calidad de la nutrición y la infraestructura para garantizar los relevos, entre otros factores, requieren de elevadas inversiones. Para Cuba, un país subdesarrollado con una economía más frágil que la de México y Colombia, que depende en gran medida de la ayuda de Venezuela, donde las inversiones extranjeras no acaban de cuajar y las necesidades primarias continúan pendiente de solución, la “victoria” en Veracruz sólo sirve para el autoengaño y el solapamiento de los problemas vitales.

El desarrollo del deporte depende pues, del crecimiento económico, de la recuperación del papel del salario y la renuncia a la subordinación del deporte a la ideología. En ausencia de esos requisitos lo único que puede ocurrir es lo que viene ocurriendo: el declive y el éxodo creciente. Parafraseando al rey de Epiro, Pirro II, cuando derrotó a los romanos en Ascoli, con otra victoria como esta estamos perdidos.

De acuerdo al aumento salarial implementado el pasado mes de marzo a atletas y medallistas de juegos olímpicos, mundiales, panamericanos y centroamericanos, aunque altos en relación a los deprimidos salarios del país, resultan ridículos al compararlos con los que perciben sus similares en otros lugares. Esa brecha, unida a la ausencia de libertades para jugar libremente, explica que las delegaciones deportivas nunca o casi nunca regresan completas, como acaba de ocurrir en Veracruz, donde el número de los que decidieron desertar, hasta el 23 de noviembre, se elevaba a nueve.

La ideología

La subordinación del deporte a la ideología, expresada en que el Estado asume todos los gastos del deporte a cambio de que los atletas compitan representándolo, se manifestó en los Juegos Olímpicos de (Berlín 1936), cuando Adolfo Hitler utilizó la Olimpiada para proclamar el poderío de su régimen. Desde esa época los espacios deportivos se fueron configurando como vitrinas para mostrar la “superioridad” de una ideología o de un sistema político, como ocurrió con los Juegos Olímpicos de (Moscú 1980) y los de los (Ángeles 1984), que fueron boicoteados respectivamente por Estados Unidos y por la Unión Soviética.

En Cuba el deporte, asunto exclusivo del Estado, se sigue identificando con la Patria y las conquistas de la Revolución. En el recibimiento al último grupo de atletas, el vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, expresó: muchas veces la historia se nos presenta a través de símbolos, y es muy simbólico, de una manera muy especial, que cuando estamos en la víspera de un nuevo aniversario del desembarco del Granma y de la constitución de nuestras invictas y gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias, ustedes arriben a la patria victoriosos y dignos.

Más útil sería que algunos pasos, como el de la refundación del Salón de la Fama4, se generalizaran hasta devolver la pérdida de autonomía que sufrió el deporte cubano al quedar subordinado al Estado, para que realmente se convierta en asunto de interés de atletas, entrenadores y de todo el pueblo.

1 Los Juegos Centroamericanos surgieron a iniciativa de los representantes de México, Cuba y Guatemala durante los VIII Juegos Olímpicos  celebrados en México en 1924, los cuales se inauguraron en 1926.
2 Cuba no participó en los Juegos de México (1954), Venezuela (1959), El Salvador (2002) y Puerto Rico (2010)
3 En ese partido México hizo tres goles en el primer tiempo, pero en el segundo, el capitán del equipo cubano, el delantero Mario López, anotó dos goles y mantuvo en silencio a 30 mil aficionados mexicanos hasta que sonó el silbato. Cuba perdió 3 x 2.
4 Ver Refundación del Salón de la Fama, un hecho trascendental (http://www.diariodecuba.com/deportes/1416903496_11440.html) y ¡Felicidades Miñoso! (http://www.diariodecuba.com/deportes/1417765314_11634.html)

(Publicado en Diario de Cuba: http://www.diariodecuba.com/deportes/1417765314_11634.html)

A pesar de la discordancia acerca de la fecha de nacimiento de Saturnino Orestes Armas Miñoso Arrieta, conocido popularmente en Cuba por Miñoso y en Estados Unidos por el apodo de “Minnie”, todo indica que el pasado 29 de noviembre el legendario pelotero cubano arribará a sus 89 años de edad.

La fecha es una oportunidad para rendirle un justo y merecido homenaje, para felicitarle por su elección al recién fundado Salón de la Fama del béisbol cubano, por su próxima exaltación en el Juego de las Estrellas que tendrá lugar el 29 de diciembre en la oriental ciudad de Bayamo y para colaborar al rescate de la memoria beisbolera en la cultura popular.

Miñoso, como la casi totalidad de los niños cubanos, comenzó muy temprano a jugar pelota en su barrio hasta que en los años 40 del pasado siglo, cuando la estructura integrada por cuatro circuitos beisboleros generalizó el juego a todo el país, incluyó a todos los estratos sociales y devino fuente de peloteros talentosos: el circuito profesional, que se desarrollaba fundamentalmente en la capital; el semiprofesional, patrocinado por empresas que incluía jugadores de origen humilde, negros o blancos y profesionales veteranos; el de los  centrales azucareros, que abarcaba a todas las provincias y estratos sociales; y el amateur, de clases medias y altas, que se desarrollaba en los clubes sociales sin presencia de negros.

Nuestro homenajeado, nacido en el municipio Perico, Matanzas, comenzó en el equipo del vecino Central España, que formaba parte del circuito azucarero. Posteriormente jugó con equipos del circuito semiprofesional como el Cuban Mining Team de Oriente, el Partagás –en el que curiosamente la primera base la cubría una mujer– y con el Ambrosía. Luego debutó en el circuito profesional con los Tigres de Marianao donde jugó hasta 1960, con excepción de 1947 y 1948 debido al pacto que suscrito entre la Asociación Nacional de Béisbol Profesional de Estados Unidos y la Liga Cubana, por el cual atletas de su talla no pudieron jugar en su propio país.

En 1947 Miñoso jugó con los New York Cubans que ganaron la Serie Mundial de las Ligas Negras en Estados Unidos. En 1948 comenzó en las Ligas Mayores con los Indios de Cleveland, equipo que el año anterior había roto la barrera racial en la Liga Americana y donde fue designado Novato del Año. En 1949 jugó en las Ligas Menores.

En 1951 pasó a los Medias Blancas de  Chicago, donde en las temporadas 1952-53 y 1956-57 recibió la placa de Jugador Más Valioso. De 1958 a 1959 regresó a los Indios de Cleveland. Entre 1960 y 1961 volvió a jugar con los Medias Blancas. Y cada año regresaba a Cuba para jugar con el Marianao1. En 1962 estuvo con los Cardenales de San Luis. En 1963 con los Senadores de Washington. En 1964 retornó a los Medias Blancas. Entre 1965 y 1973 jugó en la Liga Mexicana, donde lo apodaron el “charro negro“. Y en 1976 jugó varios partidos con los Medias Blancas, donde terminó su carrera en el mundo de las bolas y los striks en 1980.

De 5 pies 10 pulgadas de estatura y 175 libras de peso, poseedor de un brazo vigoroso, cubriendo la tercera base o el jardín izquierdo, en 1957 Miñoso fue líder en dobles; en 1960 líder en hits y en flights de sacrificio; en tres oportunidades fue elegido Guante de Oro, líder en triples y en bases robadas (le llamaban el “cometa cubano”); en cuatro temporadas bateó más de 300, empujó más de 100 carreras y anotó más de 100; terminó con un promedio de bateo de 324 en 138 juegos; y en siete oportunidades fue seleccionado al Juego de las Estrellas de la Liga Americana.

En 1976, a la edad de 51 años, se convirtió en el segundo jugador de más edad en lograr un indiscutible en un partido de Ligas Mayores, y el 5 de octubre de 1980, con 55 años, se convirtió en el jugador de más edad en comparecer al plato. Jugó en las Ligas Mayores en las cinco décadas que van del 40 a la del 80. Brilló en la Liga Cubana, en las Ligas Independientes de Color y en las Mayores, se le reconoce como el primer jugador negro cubano y latinoamericano en aparecer en un Todos Estrellas.

Por su trayectoria en 1983 fue exaltado al Salón de la Fama del béisbol cubano de la ciudad de Miami y espera ser incorporado al Salón de la Fama de Cooperstown en la próxima elección.
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La trayectoria de Orestes Miñoso, negro y pobre, nacido en un central azucarero, encierra muchas enseñanzas respecto al profesionalismo y la discriminación racial, dos temas de actualidad en la Cuba de hoy.

La pelota nos llegó de Estados Unidos de la mano de cubanos blancos que vivieron o estudiaron en aquel país. Sin embargo, en Cuba, donde las guerras de independencia fomentaron la unidad entre todos los cubanos, a pesar de la persistencia de la discriminación racial, resultaba contradictorio e inaceptable que negros y blancos no pudieran participan y disfrutar de un entretenimiento que junto al baile y la música conformaban las raíces de la nación cubana.

Por las razones anteriores las luchas cívicas en la República y la conjunción de diferentes intereses terminaron por eliminar las barreras raciales en los campeonatos profesionales y en los circuitos semiprofesionales y de los centrales azucareros, lo que explica el alto número de cubanos, de origen humilde, negros y mulatos, que sobresalieron en el mejor béisbol del mundo.

Aunque la mayor parte de la población cubana es de tez blanca, el arraigo de la pelota en nuestra cultura posibilitó que la mayoría de los peloteros que emergieron desde las primeras décadas de la República fueran negros y mulatos que ascendieron hasta la pelota profesional.

Al abolirse el profesionalismo en 1960, implantarse fuertes restricciones a la emigración y perderse la oportunidad de jugar en los circuitos profesionales, se generó el éxodo. De forma paradójica, después de esas medidas –como apunta Roberto González– hubo más profesionales cubanos en Grandes Ligas que nunca, a pesar de una política dirigida a ignorarlos y calificarlos de traidores a la patria.

Así, la erradicación del profesionalismo o más bien, la sustitución de un tipo de profesionalismo por otro, bajo la égida del Estado, impidió que cientos de peloteros cubanos pudieran brillar como brilló Orestes Miñoso.

La enseñanza de lo ocurrido y la refundación del Salón de la Fama comprometen, no sólo a invitar al “Cometa cubano” a pisar su tierra nuevamente para participar en su merecida exaltación, sino también a rendirle un grandioso homenaje que indique claramente que las exclusiones quedaron atrás, así como a profundizar los cambios iniciados para que nunca más las restricciones a los cubanos procedan de la tierra que los vio nacer.

Publicado en Diario de Cuba:  http://www.diariodecuba.com/deportes/1416903496_11440.html

Unos cien entusiastas de nuestro deporte nacional, bajo el emblema de la utopía a la realidad, participaron en el Primer Coloquio Museo y Salón de la Fama del béisbol cubano los días siete y ocho de noviembre de 2014 en el capitalino Estadio Latinoamericano. En el evento, periodistas, historiadores e investigadores, entre otros,  aprobaron la refundación del Salón de la Fama adjunto a un museo del Béisbol Cubano, definieron el Reglamento para la selección y exaltación de los candidatos, eligieron al Tribunal que tendrá esa función en los primeros dos años y solicitaron al Ministerio de Cultura declarar al béisbol como “patrimonio intangible de la nación cubana”.

Si el Salón de la Fama fue creado en 1939 (tres años después del famoso Hall de la Fama de  Cooperstown, en Estados Unidos) y erradicado en 1960, su refundación además de noticia constituye un acontecimiento de trascendencia para la pelota,  para el deporte y para la nación cubana. Sin embargo, el hecho recibió una pobre cobertura informativa. El periódico Granma, diario oficial del Partido Comunista, del día 10 de noviembre ubicó la noticia como un subtitulo de un artículo destinado al análisis del equipo de pelota que representaría a Cuba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Tal y como si la refundación del Salón fuera un subproducto de la selección que viajaría a Veracruz.

Una mirada retrospectiva basta para develar la trascendencia del hecho. En 1866 ya se jugaba pelota en Cuba; en 1874  se celebró el primer juego de pelota que fue noticiado en el Palmar del Junco; y en 1878, dos años después de Estados Unidos, debutó el profesionalismo en la Isla con la primera Liga Oficial del Beisbol Cubano. La calidad alcanzada fue tal que ya en la primera década del siglo XX los equipos cubanos ganaban y perdían de tú a tú con los equipos de la pelota profesional norteamericana.

Cuba se alzó como primera potencia del béisbol amateur y segunda de la pelota profesional. Por ejemplo, después de la Primera Serie Mundial de Béisbol Amateur celebrada en Londres en 1938, las cinco siguientes se efectuaron en el estadio La Tropical de La Habana, de las cuales Cuba ganó cuatro; mientras que en la Serie del Caribe, de las 12 que tuvieron lugar entre 1949 y 1960, Cuba ganó 7, las últimas cinco de forma consecutiva. Esos y otros resultados se reflejaron en el Salón de la Fama durante los 21 años de existencia (1939-1960), donde fueron exaltados 68 peloteros cubanos por sus méritos deportivos.

En 1960 el gobierno cubano, convencido de que la pelota “esclava” –como le llamaron al béisbol profesional– sería derrotada por la pelota “libre”, decidió suprimir el profesionalismo. Para ese fin el Estado dedicó inmensos recursos y logró la supremacía durante décadas en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales. Satisfecho, el líder de la revolución, el 2 de enero de 1967 exclamó: Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota… Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales. Se proclamó así la gran victoria sobre la pelota “esclava”. Y en octubre de 1975 dijo: si en otros países de América latina no existe la revolución social, no se desarrolla la revolución social; por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte.

Cuando se reiniciaron los choques con los equipos profesionales de otros países la supuesta superioridad comenzó a declinar, mientras cientos de jugadores de alta calidad comenzaron a abandonar el país en busca de lo inalcanzable dentro de las fronteras, entre ellos casi todos los mejores lanzadores de la Isla. El tiro de gracia se produjo a mediados de 2013 durante el tope realizado con una selección de estudiantes universitarios norteamericanos, donde el equipo nacional exhibió el más bajo rendimiento de los últimos torneos internacionales. Los cubanos, que habían derrotado a las selecciones universitarias estadounidenses en ocho de diez oportunidades, a pesar de superar a sus contrarios en experiencia y promedio de edad, fueron barridos en cinco partidos por verdaderos amateurs.

Al tiempo que eso ocurría, en el 2013 el cienfueguero Yasiel Puig, tras su debut con los Dodgers de Los Ángeles, recibió el premio al Mejor Jugador y Novato del Mes de junio; José Iglesias, infilder de los Medias Rojas de Boston fue seleccionado Novato del Mes en la Liga Americana;  José Fernández, lanzador de los Marlins de Miami, fue elegido para el Juego de las Estrellas, junto a Aroldis Chapman, el holguinero cerrador de los Rojos de Cincinnati; y el granmense Yoenis Céspedes, de los Atléticos de Oakland, ganó la competencia de jonrones. En el 2014, además de Céspedes, Puig y Chapman, en el Juego de las Estrellas participaron el pinareño Alexei Ramírez y el cienfueguero José Dariel Abreu, ambos de los Medias Blancas de Chicago; mientras Yasiel Puig revalidaba el título en el Festival de Jonrones. La calidad de estos jugadores se puede medir por las astronómicas cifras de sus contratos: 36 millones de Yoenis Céspedes, 42 de Yasiel Puig, 68 de José Dariel Abreu, 72,5 de  Rusney Castillo y los aproximadamente 100 millones, en discusión, de Yasmany Tomás.

La JORGE EBRO el Nuevo Herald
Revolución, a la vez que llevó la pelota a lugares donde no se jugaba, construyó nuevos estadios, creó escuelas deportivas y añadió nuevas graderías al Gran Stadium del Cerro, también impidió a nuestros peloteros medirse con los mejores del mundo; privó a los cubanos del béisbol profesional, que en vivo o por las cadenas radiales y televisivas se disfrutaba desde cualquier punto del país; e implantó una política informativa dirigida a ocultar los éxitos de los cubanos en otros países. El deporte se subordinó a una ideología y el Estado anuló toda participación e iniciativa ciudadanas. El resultado: el declive de la pelota cubana, las incontrolables y crecientes deserciones y la pérdida de popularidad de la pelota ante deportes como el fútbol.

A pesar de la falta de voluntad política, el régimen cubano está obligado a cambiar. En el caso de la pelota ese cambio pasa por el abandono de la  estrategia trazada en 1960 y el regreso a un camino que no se debió abandonar. En ese contexto se inscribe y se explica que la refundación del Salón de la Fama, aunque no emergiera de una iniciativa estatal haya sido aceptada por las autoridades.

A propuesta de un grupo de entusiastas, encabezados por el cineasta Ian Padrón, 75 años después de la fundación del Salón de la Fama y 54 después de su clausura, elaboró, propuso y logró el apoyo para la refundación de dicho Salón. En el Coloquio, de forma democrática –algo inusual en nuestro contexto– se reconocieron los 68 cubanos exaltados hasta 1960 y se agregaron otros diez seleccionados por el Tribunal elegido en el evento: Del período 1874-1961, el árbitro Amado Maestri y los jugadores Esteban Bellán, Camilo Pascual, Orestes Miñoso y Conrado Marrero. De 1961 a hoy Omar Linares, Orestes Kindelán, Luis Giraldo Casanova, Antonio Muñoz y Braudilio Vinent. Con ellos suman 78 peloteros cubanos exaltados.

La importancia no radica en que aún no estén todos los que deben estar, sino en que la decisión de cerrar el salón de la fama fracasó y por tanto, con su reapertura, cada año otros cubanos serán exaltados, para lo cual existe un Reglamento que impide cualquier intento de exclusión. De ahí emana la trascendencia de la Refundación.

La Habana, 23 de noviembre de 2014

Tomado de Diatrio de Cuba: http://www.diariodecuba.com/cuba/1409641160_10207.html

Rodolfo Jiménez, un funcionario de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), publicó el pasado lunes 25 de agosto un artículo en el semanario Trabajadores titulado Un trabajador como los demás. En el que devela la ausencia de libertad sindical en Cuba. Me limitaré a comentar el primero de  sus párrafos, donde dice que:

La atención a los trabajadores en las distintas formas de gestión no estatal constituye un reto para el sindicalismo cubano, tal como se ratificó en el XX Congreso de la CTC.  En ese sentido, es imprescindible acercarnos más a ellos, identificar sus complejidades y dificultades para con vencerlos de la importancia de la sindicalización.

Jiménez, para no desentonar con el lenguaje oficial, al referirse al trabajo privado emplea el eufemismo de gestión no estatal. Luego, al considerar tal gestión como un fenómeno extraño y accidental, lo califica de reto para el sindicalismo cubano, el cual según su criterio consiste en la atención a dichos trabajadores.

En su condición de funcionario de la CTC, Jiménez debería saber que el sindicalismo no se organiza por decisión externa, sino que surge en el momento y lugar en que los trabajadores deciden asociarse para la defensa de sus intereses. Decisión que no requiere de ningún agente externo que se les acerque para identificar sus complejidades y dificultades y convencerlos de la importancia de la sindicalización.

Cuando Jiménez habla de acercarnos está reconociendo que la CTC está lejos, en lo cual lleva razón. Esa distancia fue adquirida durante el proceso de estatización y pérdida de las libertades fundamentales que ocurrió a partir de 1959, en el que la CTC dejó de ser autónoma para cumplir el encargo del naciente Estado totalitario de atender a los trabajadores devenidos estatales, al punto que el concepto de trabajador privado desapareció del escenario laboral. Tan distante y ajena quedó la CTC de los intereses del trabajador que Jiménez plantea acercarse a ellos.

Ese acercamiento pudiera parecer un aporte de Jiménez a la teoría sindical que podría condensarse en la siguiente tesis: el sindicalismo no surge de necesidades internas de los trabajadores sino de un agente externo lleno de buenas intenciones que se acerca a ellos, identifica sus complejidades y les muestra el camino que deben seguir. Pero como no se trata de ningún aporte, entonces hay que recordarle a Jiménez algunos antecedentes del sindicalismo, donde el acercamiento carece de sentido.

El movimiento sindical, resultado de las contradicciones entre obreros y patronos, nació en los albores del capitalismo. Los bajos salarios y las extensas jornadas de trabajo que afectaban a los trabajadores y sus familias generaron acciones de protestas. Esas acciones comenzaron por destruir las máquinas a las que consideraban culpables de su situación, hasta que  la comprensión de que la causa de su situación estaba en las relaciones de producción. A partir de entonces comenzaron a asociarse  para luchar por aumentos salariales y disminuir la jornada laboral.

Antes y ahora, cuando ese proceso tiene lugar en trabajadores no sindicalizados, lo que ocurría y sigue ocurriendo es que el asociacionismo nace al margen de la Ley o de acuerdo con ella, en dependencia de que el derecho de libre asociación esté o no refrendado en la legislación. Así surgieron los diversos tipos de asociaciones sindicales, en el mundo y también en Cuba y de ellas emergieron las federaciones y confederaciones, como la Asociación Internacional de Trabajadores creada en Londres en 1864 o la Liga General de los Trabajadores Cubanos en 1899.

En Cuba las primeras manifestaciones del sindicalismo ocurrieron a partir de 1865 con las huelgas de la industria del tabaco y la fundación de los primeros periódicos obreros. En 1878, ese movimiento,  surgido ilegalmente, estaba presente en todas las ciudades de importancia hasta su reconocimiento oficial con la Ley General de Asociaciones de 1888. Ese sindicalismo, surgido espontáneamente sin necesidad de ningún factor extra-sindical, sufrió un brusco giro a partir de la subordinación a los partidos políticos; un fenómeno que tomó fuerza en Cuba a partir de la influencia de la Revolución de Octubre de 1917, cuyo líder, Vladimir Ilich Lenin, sostenía la idea los sindicatos eran importantes eslabones y palancas para vincular al Partido con los trabajadores. No resultó casual que  la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y el Partido Comunista se fundaran en el mismo año de 1925.

La CNOC desapareció para dar paso a la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) en 1939, la que su V Congreso celebrado en 1947, sufrió las contradicciones entre auténticos y comunistas por el control del movimiento sindical. Pero el golpe definitivo llegó el 22 de enero de 1959, cuando la CTC fue disuelta y sustituida por la CTC-Revolucionaria, con lo cual se desnaturalizó el sindicalismo. En el X Congreso de noviembre de 1959 se expresó que los trabajadores no habían ido al Congreso a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución1. Luego, durante el XI Congreso de noviembre de 1961 se renunció oficialmente a casi todas las conquistas obtenidas por el movimiento sindical. Así la combativa CTC quedó bajo control del Estado y transformada en su brazo auxiliar.

La desnaturalización fue un Golpe a la historia del sindicalismo cubano; una negación de los principios establecidos desde 1919 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT); del Convenio 87 de esa institución sobre la Libertad Sindical, que  estipula el derecho que tiene toda persona de fundar sindicatos y asociarse en ellos para la defensa de sus intereses, el cual fue firmado y ratificado por Cuba; del artículo 69 de la Constitución de 1940, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, de la cual Cuba es signataria; de los pactos internacionales de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales aprobados por las  Naciones Unidas en 1966, ambos firmados pero no ratificados por el Gobierno de Cuba.

Lo grave del caso cubano es que la desnaturalización está refrendada en la Constitución vigente, que define al Partido Comunista como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. En consecuencia, la reciente Ley 118 Código del Trabajo en su artículo 13 declara que los trabajadores tienen el derecho de asociarse voluntariamente y constituir organizaciones sindicales, de conformidad con los principios unitarios fundacionales, Pero resulta que esta Ley, como las demás, está subordinada a la Constitución que niega ese derecho, por lo que dicho artículo es pura formalidad.

Para demostrar la desnaturalización basta recordar que en septiembre de 2010 la CTC, sin mencionar los graves problemas de los trabajadores como es la insuficiencia del salario, apoyó los despidos laborales con un documento que decía: Nuestro Estado no puede ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía.

El título del artículo de Jiménez Un trabajador como los demás devela la misión encargada a la CTC de impedir que surjan sindicatos independientes en Cuba, para que los trabajadores privados tengan que aceptar la condición a que están sometidos los trabajadores estatales.

1 David Salvador, designado Secretario General

Resumen de la ponencia presentada por Dimas Castellanos en la XXIV Conferencia Anual de la Asociación para el Estudios de la Economía Cubana (ASCE), celebrada en Miami del  31 de julio al 2 de agosto de 2014.

Introducción

Los diversos intentos gubernamentales por sacar a Cuba de la crisis en que se encuentra han fracasado. Entre las múltiples causas del fracaso sobresale la ausencia de las libertades fundamentales de la persona humana. Aunque el proyecto ZEDM constituye un intento similar a los anteriores y ser una nueva fuente de ingresos para el Gobierno, también podría devenir factor dinamizador de la economía y la sociedad.

Las libertades fundamentales

La libertad –propiedad congénita y derecho trascendental de los seres humanos– ha desempeñado un papel vital en la evolución de la humanidad, pero su plena expresión se ha manifestado sólo en los Estados de Derecho donde la misma ha sido refrendada. Los conceptos de libertad, responsabilidad, derechos y deberes conforman un subsistema en el cual la libertad constituye su núcleo y en el que se sustenta la participación social y la dignidad humana.

La persona para ser responsable de sus actos primero tiene que ser libre, de forma similar no se puede exigir deberes a quien está privado de derechos. En Cuba la pérdida de valores, la apatía social y el desarraigo, que han conducido al estado actual de estancamiento tienen su causa primera y esencial en la pérdida de dichas libertades y de su sujeto portador: el ciudadano.

La historia constitucional de los derechos humanos a escala universal avanzó en el pasado siglo hasta los pactos internacionales de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, con carácter vinculante. Ese avance sufrió un giro negativo en Cuba con la Constitución de 1976, que subordinó los derechos fundamentales a un partido político y devino mecanismo de freno social al ser declarada irrevocable en el año 2002.

En Cuba los derechos fundamentales se institucionalizaron básicamente resultado de los acuerdos que condujeron a la Paz del Zanjón en 1878 y de las asambleas constituyentes de 1901 y 1940. Esta última reconoció la formación de organizaciones políticas contrarias al régimen, la resistencia para la protección de los derechos individuales, la propiedad privada en su más amplio concepto de función social y dedicó 27 artículos a los derechos laborales. Con esa Constitución, durante 12 años, los presidentes del país fueron elegidos democráticamente, la economía creció, dos terceras partes de los centrales azucareros pasaron a manos nacionales, la conversión en oro de la moneda depositada en las arcas la situó entre las principales del mundo y Cuba devino uno de los tres países de América Latina con mayor estándar de vida. Sin embargo, las injusticias sociales, la violencia y la corrupción político-administrativa se impusieron hasta que con la interrupción del orden constitucional en 1952 la solución violenta se impuso hasta el triunfo revolucionario de 1959.

La Revolución convertida en fuente de derecho sustituyó la Constitución de 1940 por La Ley Fundamental del Estado Cubano, las facultades de Jefe de Gobierno pasaron al Primer Ministro y el Consejo de Ministros se adjudicó las funciones del Congreso. Se inició así la concentración del poder en manos del líder, la concentración de la propiedad en manos del Estado y la pérdida de las libertades ciudadanas, una trilogía causante de la crisis actual. Ese proceso, ocurrido en el contexto de la Guerra Fría y del diferendo entre el Gobierno cubano y las administraciones estadounidenses, permitió ocultar la ineficiencia del sistema, solapar las contradicciones entre Estado y sociedad, desmontar la sociedad civil, desterrar el concepto de ciudadano y eludir cualquier compromiso internacional respeto a los derechos humanos.

El efecto de la pérdida de las libertades en la economía

A causa de la pérdida de las libertades se impuso el voluntarismo y se ignoraron las leyes que rigen los procesos económicos. Miles de cubanos con experiencia y formación profesional huyeron del país, otros fueron sustituidos por administradores y jefes sin conocimientos ni conciencia de propietarios. Mientras el fortalecimiento de las relaciones con la Unión Soviética y el ingreso de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica permitieron solapar el desastre al  interior del país.

La pérdida de las subvenciones soviéticas y consiguientemente la agudización de la crisis obligó al Gobierno a introducir un paquete de medidas para atenuar los efectos: la circulación del dólar y con ella la dualidad monetaria; las remesas del exterior; los mercados libres campesinos; el turismo; las tiendas recaudadoras de divisas, el trabajo privado y la apertura a la inversión extranjera, incluyendo tres zonas francas. Cuando esas medidas comenzaron a gestar una clase media el Gobierno optó por frenarlas. La contramarcha convirtió al estancamiento económico en retroceso, al punto que 25 años después no se ha podido recuperar el nivel de 1989. Un ejemplo contundente es la pérdida de relación entre salario y costo de la vida, que propició y continúa propiciando, entre otros males, actividades ilícitas para sobrevivir, desesperanza generalizada, éxodo masivo y decrecimiento demográfico, cuatro nefastos resultados que obstaculizan cualquier proyecto de reformas.

En julio de 2007 el General Raúl Castro planteó la necesidad de introducir los cambios estructurales y de conceptos que fuesen necesarios y la disposición a normalizar las relaciones con Estados Unidos en un plano de igualdad. En febrero de 2008 esbozó un plan mínimo de reformas, aprobado en el Sexto Congreso del PCC en 2011 con el rótulo de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Sin embargo, la Primera Conferencia del PCC, celebrada en 2012, demostró la falta de voluntad política para realizar las reformas anunciadas. En ella se revitalizaron las palabras de Fidel Castro en el Congreso de Cultura en 1961, Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho…

Transcurridos seis años la agricultura “fuerte y eficiente” sigue siendo una aspiración; el descenso de la producción azucarera ha continuado hasta la zafra de 2013-2014; las  ilegalidades y otras formas de corrupción se han convertido en normas de conducta; mientras el empeoramiento de la vida, el descontento y la desesperanza marchan a un ritmo superior a los cambios. Entre las causas de ese resultado está la negativa a implementar una reforma estructural que entregue la tierra en propiedad a los que la trabajan, convierta las grandes extensiones en verdaderas cooperativas y se restituyan las libertades fundamentales.

A pesar de las restricciones impuestas las reformas están generando el embrión de una clase media, mientras los factores internos y externos que permitieron conservar el poder sin cambiar se agotaron. El Jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos, en el Consejo de Ministros de mayo de 2013, reconoció  que las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra no han conducido al necesario aumento de la producción. Y en junio de 2014, culpó a los trabajadores agrícolas del no crecimiento del Producto Interno Bruto.

El proyecto de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM)

Ubicada a 50 km al Oeste de La Habana, la ZEDM abarca una superficie de 45 km2 que se expandirán hasta 465,4 km2. El puerto tiene una profundidad de casi 11 metros que se llevará hasta los 18 metros en la bahía y en el canal de acceso, mientras la dársena tiene un  radio de 500 metros que permite virajes a los buques de 360 grados. El muelle será de 2 400 metros y un patio de contenedores que llegará hasta 128 hectáreas.

El proyecto contará con una zona para el almacenamiento de contenedores, una base logística para las empresas extranjeras que realizan prospección petrolera y una zona franca industrial y agrícola para producir bienes de alto valor agregado.

Concluida la obra tendrá capacidad para recibir barcos de 200.000 toneladas y podrá mover alrededor de 822.000 contenedores anuales de 20 pies, lo que duplica la capacidad que tenía el puerto de La Habana. Colateralmente, la liberación del puerto capitalino permitirá su conversión en un polo de atracción turística.

La importancia del proyecto ZEDM radica en que está ubicado en una vía marítima vital para las cadenas de suministros intercontinentales por la que circula alrededor del 60 por ciento del valor del comercio internacional. Ese flujo creciente de mercancías resulta imposible de satisfacer con la capacidad de los actuales buques, lo que será resuelto con la ampliación del Canal panameño para el cruce de los modernos megabuques. Y aunque una parte de ellos conectará directamente los puertos asiáticos y norteamericanos, la magnitud del flujo mercantil requiere de varios megapuertos para  traspasar la carga, reordenar su contenido, agregarle valor a nivel local y reenviarla a su destino, lo que tendrá un impacto en el Caribe con la transformación de algunos puertos en megapuertos.

La ZEDM, por su ubicación geográfica podría tener un impacto similar al que tuvo la ocupación de La Habana por Inglaterra y la ruina de Haití. La primera eliminó los monopolios del tabaco y del comercio internacional y Cuba completó su entrada a la civilización occidental. La segunda convirtió la Isla en la primera productora y exportadora mundial de azúcar y de café. Ambas experiencias demuestran la importancia de aprovechar las oportunidades que la historia ofrece. La diferencia consiste en que en la oligarquía criollo-cubana coincidían la demanda de la época, los intereses y la voluntad política, muy diferente a lo que ocurre con el Gobierno actual.

El proyecto –similar a la de las zonas francas que impulsó el gobierno de China en los años 70– tal y como ha sido concebido pretende convertirse en una nueva fuente de ingresos para conservar el poder. Pero su fracaso, asegurado de antemano, podría derivar en factor dinamizador de la economía y de la sociedad. En China predominó la propiedad estatal hasta que la dinámica del proceso condujo a la transformación de la estructura de la propiedad, una posibilidad que el Gobierno cubano teme debido a las diferencias históricas y culturales entre los dos países.

La conversión de esa posibilidad en realidad no radica esencialmente en la viabilidad del proyecto, ni en la profundidad actual de la bahía, ni en la competencia con otros puertos similares de la región; sino en la introducción de cambios estructurales que contemplen el papel de las libertades fundamentales en el desarrollo social.

Obstáculos que impedirán su realización a corto plazo

1- El embargo norteamericano limita a países, navieras e inversionistas. 2- Las confiscaciones y nacionalizaciones realizadas entre 1959 y 1968, el cierre al capital foráneo hasta el derrumbe del campo socialista, la falta de garantías y los procesos judiciales contra algunos inversionistas que provocaron la retirada de unas 200 empresas mixtas a partir del año 2002. 3- La Ley 118 de Inversiones Extranjeras ofrece mayores atractivos que la precedente, pero prohíbe la participación de cubanos residentes en la Isla, carece de una definición clara respecto a los cubanos residentes en el exterior y prohíbe la contratación libre de los trabajadores, mientras los conflictos jurídicos se dirimen en tribunales carentes de independencia. 4-  La dualidad monetaria, que constituye una de las exigencias de los potenciales inversionistas. 5-. La poca credibilidad del Gobierno cubano para cumplir con los compromisos internacionales en materia financiera. 6- El riesgo ante una economía estancada y subsidiada. 7- La falta de preparación de los “empresarios cubanos”, que constituye una dificultad adicional para realizar los necesarios estudios de factibilidad y mercado de forma ágil y eficiente ante  las solicitudes que los potenciales inversionistas. 8- Los pocos resultados de la campaña de promoción, que comenzó desde noviembre año 2013 con la inauguración de la Oficina Reguladora de la ZEDM, que ha incluido varias giras por el exterior y ha utilizado cuantos eventos internacionales se han realizado en La Habana con ese fin, incluyendo la presencia de los mandatarios de la región en la Segunda Cumbre de la CELAC en enero de 2014.

A pesar de algunas ventajas comparativas como la calificación profesional y el nivel de la industria biotecnológica y farmacéutica, esos ocho obstáculos colocan el proyecto en desventaja respecto a otros puertos del Caribe. Por tanto, en la forma en que ha sido concebida, la ZEDM no logrará su objetivo en el corto plazo. Sin embargo, en el mediano largo plazo los obstáculos disminuirán considerablemente por una sencilla razón: tanto el embargo norteamericano como el gobierno de Cuba son temporales y la ubicación geográfica de Mariel, como fenómeno natural, es permanente, mientras el aumento del transporte marítimo por contendedores a través de esa vía transoceánica, y otras que puedan construirse en un futuro, adquirirá mayor relevancia con el tiempo.

Conclusiones

El estancamiento económico, su profundización y el fracaso de las reformas tienen como denominador común las restricciones impuestas a las libertades fundamentales de la persona humana; lo que a su vez guarda relación con que el sujeto de las reformas es el mismo que generó el fracaso y ha subordinado las necesidades de la nación a las responsabilidades e intereses contraídos en 55 años de poder ininterrumpidos.

El contexto actual impide dar marcha atrás pero aún permite acomodar el ritmo a los intereses del Gobierno. Sin embargo, en contra de su voluntad política, los fracasos obligarán una y otra vez a reformar las reformas.

La ZEDM,  por su ubicación geográfica constituye una gran oportunidad para dinamizar la economía del país, pero  la subordinación de ese objetivo a la conservación del modelo lo impedirá en el corto plazo.

El dilema consiste en salvar el modelo o salvar la nación. Como el modelo es insalvable, el Gobierno actual o el venidero podrían verse obligados a permutar la salvación del modelo por la conservación de algunos de sus intereses. En ese caso la ZDEM serviría de fundamento para un compromiso histórico con el poder a cambio de la democratización de Cuba.

Ese  compromiso histórico, a pesar de tratarse de un paso extremadamente difícil por nuestra cultura política de “intransigencias”, de “todo o nada” y de “machete o revólver por medio”, es el menor de los males. El mismo invertiría la contradicción entre primero suspender el Embargo o democratizar a Cuba y sentaría las bases para la normalización de las relaciones con Estados Unidos, que por su cercanía y por ser la mayor potencia económica del mundo, permitiría aprovechar esa ventaja comparativa e implicaría la ratificación de los pactos de derechos humanos que el Gobierno cubano firmó y que no ha ratificado hasta hoy por temor a su carácter vinculante.

Ese compromiso de democratización, que implica  perdón y reconciliación, crearía los fundamentos para  la conversión del cubano en ciudadano; un reto tan complejo y difícil como ineludible para la salida de la actual crisis estructural. Con él se crearían los fundamentos para lograr la conversión del cubano en ciudadano, en sujeto activo, para que pueda participar efectivamente en todos los asuntos de su interés, incluyendo las definiciones nacionales.

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