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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cultura/1514393985_36233.html

Hace 139 años, el primero de enero de 1879, el músico Miguel Faílde y Pérez estrenó en el liceo de Matanzas una genuina expresión de creatividad rítmica y sonora que inauguró un nuevo tipo de baile, genuinamente cubano, con el danzón Las Alturas de Simpson.

Los habitantes de la mayor de las Antillas, sin una herencia musical aborigen pero ungidos con la gracia de la transculturación, desarrollaron una elevada capacidad musical expresada en aspectos melódicos, rítmicos, instrumentales y formales, que devenida criolla y después cubana, hizo de la música popular y el baile -conjuntamente con la pelota y las guerras de independencia- uno de los factores socio-culturales definidores de nuestra nacionalidad.

En el siglo XVI Cuba tuvo músicos altamente calificados como el mestizo Miguel de Velázquez. En el XVIII clásicos de primera línea como Esteban Salas; En el XIX Manuel Saumell, considerado padre del nacionalismo musical cubano, quien compuso una obra en la que cantaban indios y negros, e Ignacio Cervantes, un creador considerado el músico más importante del siglo XIX. Contó además, con una manifestación sonora como los sones orientales, tocados y cantados durante más de dos siglos por los conjuntos típicos de Santiago de Cuba. Ejemplos destacados que explican la creatividad de nuestra música, de la cual brotaron los más importantes géneros populares de la época, entre ellos nuestro danzón, nacido de las contradanzas criollas.

A mediados del siglo XIX existía en Cuba un proto-danzón, baile coreográfico formado por varias parejas provistas de arcos y ramos de flores que los negros de Matanzas ejecutaban a viva voz. A esa manifestación bailable Miguel Faílde le adjuntó una música para sustituir el canto vivo de los bailarines que vio la luz en junio de 1877, cuando dio a conocer sus primeros cuatro danzones, uno de los cuales fue Las alturas de Simpson.

El vinculo del danzón con las contradanzas de Manuel Saumell se observa en su introducción de dieciséis compases, en la segunda parte donde el clarinete trabaja casi siempre sobre el cinquillo1, en la parte de violín que hace de adagio2 y en el cierre. Mientras su vínculo con las tradiciones africanas se manifiesta en el uso abundante y deliberado del cinquillo salido de la mano de los negros franceses de Santiago de Cuba de la percusión. La Contradanza que había dominado dominó la escena musical fue superada por el danzón.

Como la composición es el principal acto creativo en música y algo nuevo respecto a lo antes producido, al añadirle una asociación de ritmos de tango a los movimientos coreográficos de la danza, se le considera el padre del danzón cubano, que desde su estreno hasta la segunda década del siglo XX ocupó la preferencia de los bailadores cubanos y traspasó las fronteras geográficas para arraigarse en países como México, Venezuela y Perú, a la vez que se nutrió de todos los elementos musicales existentes sin importar su origen.

El danzón es un baile romántico de parejas, donde hombre y mujer fundidos en una unidad diferenciada se tocaban el cuerpo y movían las caderas de una manera sinuosa. Al chocar y romper con los estereotipos de la época, fue considerado un baile escandaloso e indecente, no obstante se impuso. El danzón enunciado por Saumell -dice Alejo Carpentier- quedó consagrado como nuevo tipo de baile por Faílde. Predominó durante más de 40 años y coadyuvó al proceso de conformación de la nacionalidad y la nación, ya que cubanos de diferentes orígenes étnicos y clases sociales se relacionaron en el baile.

No hubo acontecimiento, durante ese lapso de tiempo que no fuese festejado con el danzón: el advenimiento de la República en 1902; gracias a la radio en 1922 se bailó a 461 kilómetros de la capital, en Ciego de Ávila; se compusieron danzones patrióticos como Martí no debió de morir, sobre la primera guerra mundial o con temas de ópera y de zarzuelas famosas.

Junto a la contradanza y la danza, el danzón constituyó la base del primer prototipo de agrupación instrumental popular: la orquesta típica o de viento. Esa orquesta típica fue sustituida por la charanga y en el siglo XX de la charanga francesa, que introdujo el piano.

A partir de la segunda mitad del siglo XX el auge del son y del Fox Trots de los negros norteamericanos, conjuntamente con la elevada creatividad de los músicos cubanos el danzón perdió terreno. Sin embargo, el danzón, como género musical, llegó para quedarse. En 1910 José Urfé le introdujo nuevos elementos rítmicos del son oriental en el Bombín de Barreto, que junto a la invención de la radio y la grabación eléctrica en el fonógrafo, condujeron a su recuperación, Con la orquesta de Arcaño3 y sus Maravillas surgió el danzón de nuevo ritmo, donde la flauta se inspira a placer con gran virtuosismo, se cambia la rítmica en el timbal y el güiro, se introduce la tumbadora en la charanga, se amplían las cuerdas, la armonía y la melodía devienen más complejas y cesa el predominio del piano como instrumento solista único. Luego, con las interpretaciones de Barbarito Diez4 y la Orquesta típica de Antonio María Romeu. El danzón influyó en el origen de otros bailes cubanos populares como el chachachá, el mambo y la pachanga. Y en 1991 elevó su popularidad mundial con la cinta cinematográfica Danzón, de la directora mexicana María Novaro.

Por convertirse en nuestro baile nacional, por su aporte a la conformación de la cubanía, por su presencia en otros géneros musicales que le sucedieron, por su fuerza interior para renovarse permanentemente, el primero de enero es día de homenaje al danzón y a todas las glorias de nuestra música bailable, desde Saumell hasta los creadores contemporáneos que han mantenido viva esa musicalidad que nos distingue en el mundo.

La Habana, 26 de diciembre de 2017
1 Cinquillo, grupo de valoración especial constituido por cinco notas musicales que pueden equivaler a seis o a cuatro de la misma especie.
2 Adagio, indicación de tempo o movimiento de una pieza musical, más lento que el andante.

3 Antonio Arcaño, monarca del danzón, introdujo la tumbadora para reforzar la sección rítmica en la charanga. Alcanzó el record de 404 contratos en un año. Falleció en 1994 a los 83 años de edad.
4 Bárbaro Diez Junco (Barbarito), cantante de danzones y boleros. Solista en la orquesta de Antonio María Romeu. Conocido como “La Voz de Oro del Danzón”. Después de la muerte de Romeu asumió la dirección de la orquesta y la llamó “Barbarito Diez y su orquesta” hasta los años ochenta. Murió el 6 de mayo de 1995.

 

 

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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1514637570_35650.html

 

El próximo primero de enero, junto al año dieciocho del siglo XXI, los cubanos arribaremos a los 59 años del triunfo de la Revolución.

Una revolución que se proponga liberar a los hombres sin plantearse la necesidad de los espacios públicos que permitan el ejercicio de la libertad, sólo puede llevar a la liberación de los individuos de una dependencia para conducirlos a otra, quizás más férrea que la anterior1. Ese juicio de Hanna Arendt corrobora el resultado del proceso revolucionario cubano de 1959.

En casi seis décadas -un lapso de tiempo mayor que el duró la República nacida en 1902- el modelo político y económico implantado sumergió a Cuba en la más prolongada y profunda crisis de su historia.

La inviabilidad del modelo mancomunado con la falta de voluntad política para modificarlo hizo que las manifestaciones parciales de crisis, agudizadas en el tiempo, abarcaran uno tras otro todos los componentes de la sociedad cubana.

El filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset, alertaba que los mayores peligros que hoy amenazan a la civilización son la estatificación de la vida, el Intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos. Ese pensamiento explica la tesis de Benito Mussolini: Todo por el Estado; nada contra el Estado”2

Tanto las sociedades como los modelos son perfectibles. Al confundirlos como punto de remate del desarrollo comienza la marcha hacia su estancamiento y se utiliza una determinada ideología como mecanismo de freno para legitimar al resultado y al liderazgo que lo encabeza con el fin de detener lo indetenible; una expresión de esa ideología es la absurda y repetida afirmación de que Cuba ya cambió en 1959.

La causas principales de la involución sufrida están en el giro hacia el comunismo de la revolución de 1959, en el contexto de la Guerra Fría y el diferendo con Estados Unidos, que sirvieron de telón de fondo para desmantelar la sociedad civil y estatizar la propiedad.

El desmontaje de asociaciones, instituciones y espacios cívicos en Cuba abarcó desde el reemplazo de la Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado Cubano3 hasta la llamada “Ofensiva Revolucionaria” de 1968 que liquidó los restos de propiedad privada sobrevivientes, pasando por la eliminación y/o sometimiento de las asociaciones existentes y estatizando los medios de producción y comunicación.

El modelo implantado, ajeno a la naturaleza humana, asumió un control absoluto de la sociedad y creó un sistema centralizado de distribución de bienes y servicios primarios -gratuitos o subvencionados- a cambio de las libertades y derechos.

La existencia y funcionamiento de tal modelo requiere de un aparato productivo eficiente, algo imposible en una sociedad sometida a una ideología y enajenada de la participación política y de la gestión económica, de ahí el gran fracaso.

Con el poder concentrado en el líder, la propiedad en el Estado y la institucionalidad desmontada, se generó una ineficiencia que permaneció solapada hasta la desaparición del padrino del modelo: la Unión Soviética. Después, con el Coronel Hugo Chávez apareció el padrino sustituto, pero la ineficiencia económica continuó su curso y se manifestó en la pérdida de relación entre salario y costo de la vida, el desinterés, el crecimiento de actividades al margen de la ley, la desesperanza y el éxodo masivo.

En ese punto crítico, el General Raúl Castro, al asumir la dirección del Estado inició un paquete de reformas, tardías y limitadas con el fin de lograr una agricultura fuerte y eficiente, sustituir importaciones, atraer inversiones extranjeras, detener las ilegalidades y desinflar las plantillas laborales mediante el trabajo por cuenta propia. Sin embargo, cuando una sociedad sufre daños en todos sus componentes, la sanación resulta imposible con cambios parciales.

Las reformas, convertidas en abril de 2011, en los Lineamientos de la Política Económica y Social, se limitaron a cambios en determinados aspectos de la economía, pero sin reconoce el derecho de los cubanos a ser empresarios en su propio país. Luego, como punto de remate, en la Primera Conferencia del Partido Comunista en enero de 2012, se revitalizó la política expuesta por Fidel Castro en 1961: Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho… Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos.

El traslado de poder dentro de la misma fuerza que condujo al fracaso determinó el orden, la profundidad, la dirección y la velocidad de los cambios, lo que inutilizó el proyecto y en su lugar quedó demostrado que la eficacia para conservar el poder era intransferible al desarrollo social. Desde entonces el empeoramiento y la desesperanza marchan a un ritmo superior a los cambios.

Hoy el declive continúa: la producción agropecuaria es insuficiente; los planes de azúcar se incumplen; la disminución de importaciones siendo sigue siendo asignatura pendiente; las inversiones extranjeras no logran la magnitud requerida; la relación entre salario y costo de la vida empeora; la corrupción sigue su inexorable rumbo; las limitaciones impuestas al trabajo por cuenta propia y a las “cooperativas” creadas por el Estado han impedido su despegue y él éxodo resulta indetenible.

Cuba necesita de una reforma estructural, desde la economía hasta la espiritualidad. Pero en una sociedad huérfana de libertades, espacios y cultura de derechos, aunque el punto de partida sea la economía porque su solución es más sencilla, la visión de los cambios tiene incluir el restablecimiento de las libertades ciudadanas y la sustitución de la primacía otorgada a la ideología por la primacía del ser humano. Y como el modelo más eficaz es aquel que propicie un crecimiento sostenido y la elevación del nivel de vida de sus habitantes, se impone la institucionalización de las diversas formas de propiedad y la erradicación de las ataduras políticas e ideológicas que lo impiden.

Para ello, el principal obstáculo es que el sujeto de la reforma ha sido el mismo que implantó el modelo causante de la crisis y en la ausencia del ciudadano y de una sociedad civil autónoma. A las elevadas edades de los dirigentes se añaden los intereses contraídos en las casi seis décadas de poder ininterrumpido, lo que los ha conducido a una contradicción insoluble: la incompatibilidad de los cambios con la conservación del modelo, lo que explica la ausencia de voluntad política para sustituirlo.

Las reformas implementadas, para que sean irreversibles tienen que ser reformadas y de forma profunda. Para ello resulta ineludible la restitución de las libertades ciudadanas, la inserción definitiva de los derechos humanos y su incorporación cultural y ética como base de la participación. Para ello, las libertades de conciencia, información, expresión, reunión, asociación, sufragio y habeas corpus, conocidas como libertades fundamentales, constituyen la base de la comunicación, del intercambio de opiniones, de concertación de conductas y de toma de decisiones,

Si de la primera generación de derechos -los civiles y políticos- emerge la diversidad de asociaciones que conforman la sociedad civil; de la segunda generación -los económicos, sociales y culturales, donde se incluye el derecho a la propiedad- depende el funcionamiento, autonomía, vitalidad y desarrollo social; mientras de la -tercera generación -depende la sobrevivencia del planeta y de la especia humana. Las tres y las siguientes generaciones de derechos, conjuntamente, garantizan el valor de la persona y la dignidad humanas, sirven de contención al ejercicio del poder frente a los ciudadanos y fortalecen la participación ciudadana, incluyendo la política.

El rasgo más característico de la sociedad civil –asociaciones, espacios públicos, medios de comunicación y propiedades- es la independencia respecto al Estado- y tiene, entre sus funciones, participar en la política. Estado y Gobierno son pues, un aspecto de la política pero no el todo, pues esta esfera incluye a los ciudadanos, algo que desde antes de nuestra era, Aristóteles4 condensó en la frase: todos somos por naturaleza entes políticos.

Como la especificidad de la política es ser vehículo para transitar de lo deseado a lo posible y de lo posible a lo real, su función rebasa el ámbito del Estado para incluir a la sociedad civil. Ambos, sociedad civil y Estado son componentes del mismo cuerpo: de la sociedad. Por lo tanto su existencia no puede discutirse, lo discutible son las funciones que le corresponden a cada parte. Por esa razón los derechos humanos tienen que ser refrendados en las leyes, sin lo cual es imposible la participación ciudadana de forma efectiva, como Cuba lo ha demostrado.

Los derechos humanos constituye un valioso referente en la lucha de los pueblos y los individuos por su realización, cuyo valor está recogido en la Declaración adoptada en Viena, en junio de 1993, por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, que los califica como universales, indivisibles e interdependientes. De igual forma el ámbito de la política, entendida como relación entre personas o Estados para la colaboración y solución de problemas, no es coto privado de los políticos profesionales, es una actividad natural del ser humano. En ese sentido el Estado y los gobiernos son aspectos de la política, pero no el todo.

De la irrupción de los pueblos en la política emerge la política ciudadana; una forma diferente, pero legítima de participar en el destino de sus comunidades y/o naciones. Con ella la política se convierte en verdadera actividad pública de personas que deciden dejar de ser sólo electores para devenir ciudadanos. Cuando las personas asumen esa responsabilidad aumenta la sensación de que los cambios son posibles, de que nadie en su lugar va a mejorar las cosas, que ellas son parte del problema y de su solución.

El aferramiento a la estatización, la planificación centralizada y la ausencia de libertades constituyen el primer obstáculo para superar la crisis. Por eso la necesidad de reformas en cuba se puede lentificar, pero no detener, porque constituyen una necesidad estructural y vital del país.

Por todo ello, el Gobierno que asumirá la dirección en febrero de 2008, o el que le suceda, si no quiere seguir empujando a la sociedad cubana al abismo y cargar esa responsabilidad histórica, tendrá que ratificar los pactos internacionales de carácter vinculante, que se firmaron desde el año 2008, que están pendientes de ratificación y ajustar la legislación cubana a los mismos, para que de ahí germine la sociedad civil verdadera y el ciudadano, hoy ausentes en Cuba.

La Habana, 20 de diciembre de 2017
1 Schmitt, Carl y Hannah Arendt. Consenso y conflicto; la definición de lo político. Colombia, Editorial de la Universidad de Antioquia, 2002, p. 147
2 José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. El País. Clásicos del siglo XX. Madrid. 2002, p 166
3 Estatutos, sin consulta popular ,que rigieron desde febrero de 1959 hasta la promulgación de la Constitución de 1976.
4 Aristóteles (384-322 a.C.), filósofo destacado de la antigüedad griega que fue alumno de Platón.
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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1512117833_35652.html

Entre las características de las “elecciones”, celebradas en Cuba el pasado domingo 26 de noviembre para elegir los delegados a las asambleas municipales del poder popular, destacan tres:

La primera:

– El domingo 26 de noviembre, la presidenta de la Comisión Nacional Electoral, Alina Balseiro, informó a la prensa que a las cinco de la tarde, una hora antes del cierre de las urnas, 7 247 590 personas, que representan el 82,05% de los 8 855 213 electores registrados habían ejercido el derecho al voto y calificó a la jornada de éxito del pueblo, de conjunto con las autoridades electorales.”1

– El martes 28 de noviembre, el diario Granma informó que al cerrar los colegios electorales, la cifra de votantes alcanzó los 7 608 404, que representa el 85,94% de los electores empadronados2.

Si en las horas de la mañana acude el mayor flujo de votantes, llama la atención que en la última hora antes del cierre, y con algunos colegios que permanecieron abiertos hasta las siete de la noche, asistieran nada menos que 360 814 cubanos, lo que elevó el por ciento de 82,05 a 85,94.

La segunda:

La no correspondencia de las declaraciones de funcionarios gubernamentales acerca del éxito de los comicios y su calificación de superiores a las elecciones municipales precedentes.

Una ojeada a los datos confirma el carácter del declive sostenido del sistema electoral cubano, como puede verse en la tabla 1:

Año

Total de electores

No votaron

%

En blanco

%

Anula-

das

%

No votaron, en blanco y anuladas

%

21.04.153

8 403 836

850 314

10,12

343 430

4,54

372 351

4,92

1 566 095

18,64

17.11.174

8 855 213

1 246 809

14,06

313 466

4,12

309 662

4,07

1 869 937

21,12

En las elecciones municipales de abril de 2015 la suma de los que no asistieron, los que votaron en blanco y los que anularon las boletas -las tres formas tradicionales de manifestar el descontento en la elecciones cubanas- fue de 1 566 095 cubanos, lo que representa el 18,64 del padrón electoral. Mientras en las elecciones municipales de noviembre de 2017, la suma de esas tres categorías se elevó a 1 869 937 cubanos, para el 21, 2% del padrón electoral.

Si bien es cierto que entre 2015 y 2017 hubo una disminución de 29 964 boletas depositadas en blanco y que las anuladas descendieron en 62 689. La suma de ambas reducciones fue de 92 653 votantes. Sin embargo, los que decidieron no asistir a la cita pasaron de 850 314 en 2015 a 1 246 809 en 2017, una diferencia de 396 495 electores. Ese incremento significa que muchos de los que antes anulaban o depositaban en blanco han pasado a engrosar las filas de los que no asisten, que en las condiciones de Cuba constituye la forma más atrevida de manifestar el descontento.

Lo ocurrido no es nuevo: en las tres elecciones parlamentarias celebradas en los años 2003, 2008 y 2013 la suma de los que no asistieron entregaron en blanco o anularon sus boletas aumentó de 5098 872 (6,13%); a 656 219 (7,72%) y a 1 249 935(14, 42%) respectivamente. Como puede verse en la siguiente tabla, en los catorce años que van de 2003 a 2017 el por ciento se elevó de 6,13 a 21,2.

Año

Total de electores

Total de los que no votaron, en blanco y anuladas

%

20035

8.313.770

509872

6,13

20086

8.495.577

656 219

7,72

20137

8 668 457

1 249 935

14,42

2015

8 403 836

1 566 095

18,64

2017

8 855 213

1 869 937

21,12

El tercero:

Si tenemos en cuenta que las acciones emprendidas contra los opositores que intentaron nominarse como candidatos constituyó una flagrante violación, no sólo de los derechos humanos, sino de la Ley electoral y de la Constitución vigentes, el resultado de las presentes elecciones municipales demuestra fehacientemente que el sistema eleccionario cubano marcha inexorablemente hacia su extinción y que esa marcha no es coyuntural, sino sostenida, progresiva y estructural.

Si esta ha sido la más estrepitosa campaña electoral desarrollada por el gobierno; que toda la prensa radial, escrita y televisiva y los nuevos medios de comunicación dedicaron todos sus espacios a las elecciones, como puede verse en la primera página del diario Granma del viernes 24 de noviembre: Los Comités de Defensa de la revolución han trabajado en la convocatoria a participar en las votaciones; los cederistas han realizado barrio debates, acciones de higienización, engalanamiento y preparación de los colegios electorales: Las mujeres cubanas iremos a las urnas este domingo como respaldo a la continuidad de la Revolución, dijo la Secretaria General de la FMC; Más de 12 000 jóvenes de la federación de Estudiantes de la Enseñanza media y la FEU son colaboradores del proceso electoral; Este 24 de noviembre la juventud cubana convoca a un tuitazo desde las 10:00 a.m. a la 1:00 p.m. bajo las etiquetas #PorCuba y #Cuba en respaldo a las elecciones.

A pesar de que nunca antes se movilizaron todas las asociaciones e instituciones gubernamentales; que se usó hasta el cansancio la imagen de Fidel Castro en el primer aniversario de su muerte para apoyar las elecciones; y que prácticamente todos los dirigentes y funcionarios durante meses han estado llamando a lograr una participación sin precedentes en estas elecciones municipales, el resultado ha sido otro.

Los datos expuestos confirman una vez más lo planteado en Último episodio de este sistema electoral cubano8: estas elecciones, que culminarán el próximo mes de febrero con la elección del nuevo parlamento, serán las últimas con el actual sistema, que agotado, tendrá que dar paso a una nueva ley electoral.

1 Yudy Castro Morales, “Jornada electoral de éxito”. Diario Granma, lunes 27 de enero de 2017, p.4.

2 Yudy Castro Morales, “A segunda vuelta 1 100 circunscripciones” Diario Granma, martes 28 de enero de 2017, p.1.

3 https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_municipales_de_Cuba_de_2015

4 Calculado a partir de los pocos datos de Granma del 28 de noviembre

5 https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Cuba_de_2003

6 https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Cuba_de_2008

7 https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Cuba_de_2013

8 http://www.diariodecuba.com/cuba/1504784989_33794.html

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1510693092_35323.html

 

El pasado 1 de noviembre de 2017 Cuba presentó ante la Asamblea General de la ONU el proyecto titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”.

En su intervención el canciller cubano criticó la política contenida en el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el fortalecimiento de la Política de Estados Unidos hacia Cuba, emitido el 16 de junio de 2017.

La prohibición de transacciones económicas, comerciales y financieras con empresas cubanas vinculadas con las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior; eliminación de los viajes individuales en la categoría de intercambios pueblo a pueblo; prohibición de viajar a Cuba fuera del marco de las 12 categorías autorizadas; oposición a las acciones que promueven el levantamiento del bloqueo; derogación de la Política de Normalización de las relaciones emitidas por el presidente Obama en octubre de 2016 y condicionamiento de suspensión del bloqueo a cambios dentro de Cuba. De igual forma criticó el traslado de la emisión de visas de La Habana para consulados estadounidenses en terceros países; la advertencia ciudadanos norteamericanos para que eviten visitar a Cuba; la expulsión del personal cubano del Consulado General en Washington y la reducción de su personal en su embajada en La Habana.

Finalmente aseguró que “El bloqueo constituye el mayor obstáculo para el desarrollo económico y social de Cuba”.

En 1992 sólo 59 países votaron a favor de la resolución cubana y en 2016 -con excepción de Estados Unidos e Israel que se abstuvieron- todos votaron a favor, sin que eso afectara en nada el embargo estadounidense, porque las resoluciones de ese órgano constituyen recomendaciones y por tanto no son de obligatorio cumplimiento. Por tanto, al obtenerse el resultado máximo posible en la ONU, ese foro quedó agotado. A partir de ese momento, el ambiente de distensión generado por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas recomendaba encaminar la solución mediante las negociaciones bilaterales. Tres hechos a tener en cuenta lo aconsejaban y lo aconsejan:

Las causas internas

Como la reanudación de las relaciones diplomáticas no emergió de la victoria, sino del fracaso de ambos contendientes, cada parte quedaba en la obligación de cambiar para marchar hacia la normalización. Así lo había expresado el general Raúl Castro en conversación sostenida en 1977 con dos senadores norteamericanos: “Nuestras organizaciones son como un puente en tiempo de guerra. No es un puente que se puede construir fácilmente, ni tan rápidamente como fue destruido. Toma tiempo, y si ambos reconstruimos ambas partes del puente, cada cual su propia parte del puente, podremos, darnos la mano, sin ganadores ni perdedores. En esas palabras el mandatario cubano reconoce el carácter bilateral del conflicto y de su solución”1.

Para que esas palabras tomaran cuerpo, la normalización de las relaciones con Estados Unidos tenía y tendrá que acompañarse con el empoderamiento de los cubanos, con la restauración de los derechos y libertades para su participación efectiva en los problemas nacionales. Y esto no es para nada ceder la soberanía a una fuerza exterior, sino darle la participación que le corresponde al pueblo en dicha soberanía.

Se trata de desandar el camino transitado desde que la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba condujo a la ruptura de las relaciones diplomáticas y a la promulgación de la Ley del Embargo. En ese contexto confrontacional, el Gobierno cubano desmontó la institucionalidad existente, desarmó la sociedad civil, solapó la ineficiencia y eludió cualquier compromiso con los derechos humanos.

A partir del año 2008 el general Raúl Castro implementó un paquete de medidas cuyo principal resultado fue develar el agotamiento del modelo y la profundidad de la crisis. Por tanto se trata ahora de abandonar el aferramiento a la estatización, a la planificación centralizada y a la ausencia de libertades, que sin desconocer los efectos negativos del embargo, son las principales causas de la crisis en que Cuba se encuentra.

Las relaciones Cuba-Estados Unidos

La política de la administración de Obama brindó una oportunidad de cambio que fue desaprovechada por la parte cubana para remover los obstáculos al interior del país.

Esa política, al no exigir la democratización de Cuba como premisa para restablecer las relaciones, contenía un peligro para la conservación del poder: la contradicción externa se desplazaría gradualmente hacia las contradicciones internas, lo que explica la insoluble contradicción del gobierno cubano: cambiar y al mismo tiempo conservar el poder.

El presidente Barack Obama dictó seis paquetes de modificaciones: el primero amplió los permisos generales de viaje, ofreció facilidades comerciales a empresas privadas cubanas y a pequeños agricultores, acrecentó el monto de las remesas y donativos, expandió las exportaciones comerciales de bienes y servicios desde Estados Unidos, incrementó el acceso de Cuba a las comunicaciones y proporcionó telecomunicaciones comerciales y servicios de internet con precios más bajos.

Esos paquetes de medidas se reflejaron en el aumento de los viajes autorizados a Cuba, la llegada del primer buque de cruceros a puertos cubanos, el reinicio de los vuelos, el inicio de la transportación directa de correo entre los dos países; el establecimiento de acuerdos de varias empresas estadounidenses de telecomunicaciones, facilitó las negociaciones con otros países y reanimó las expectativas y esperanzas de cambio.

Si esas medidas -incluyendo la Directiva Presidencial de octubre de 2016 dirigida a tratar de hacer irreversible los avances logrados- no arrojaron un mayor resultado es porque faltaron las correspondientes medidas de la parte cubana, la cual se limitó a: permitir a los cubanos hospedarse en hoteles reservados para turistas; comprar computadoras, DVD y líneas de telefonía móvil; vender su casa o su auto; salir del país sin tener que pedir permiso al Estado y permanecer hasta 24 meses en el exterior; y estableció puntos públicos de acceso a wifi. Medidas, que más que avances denotan hasta el punto en que habían retrocedido los derechos en Cuba.

El ejemplo de Vietnam

Como la suspensión del embargo es prerrogativa del Congreso estadounidense y no de la ONU, lo práctico desde la votación en 2016 era introducir cambios internos al estilo de la nación vietnamita.

Sobre ese país Estados Unidos arrojó el triple de bombas que las empleadas durante la Segunda Guerra Mundial; el 15% de la población pereció o resultó herida; el 60% de las aldeas del Sur resultaron destruidas y después de culminar la guerra enfrentó un bloqueo económico y ataques fronterizos. A pesar de ello, después de la victoria la generalización del sistema de economía planificada sumió al país en el hambre y la superinflación hasta que en 1986 se emprendió la “Renovación Vietnamita” bajo el lema de “Reforma económica, estabilidad política”.

En vez de dedicar año tras año a presentar resoluciones en la ONU o a desarrollar campañas ideológicas contra el imperialismo emprendieron un programa sistemático de reformas, basado en la introducción de mecanismos de mercado, autonomía de los productores, derecho de los nacionales a ser empresarios y entrega de tierra a los campesinos que desarrolló la iniciativa, el interés y la responsabilidad de los vietnamitas.

Por sus resultados Estados Unidos suspendió un embargo, en 2008 dedicaron los esfuerzos a salir de la lista de países subdesarrollados, en 2010 se trazaron el objetivo de entrar en el grupo de países de ingreso medio, en 2014 se ubicaron como el 28 exportador más grande del mundo, y en 2016 aprobaron medidas destinadas a convertirse en una nación industrializada.

 

1 Citado por Juana Carrasco en Desbrozando la hiedra paso a paso, Juventud Rebelde, 18 de enero de 2015,

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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1509484104_35020.html

la Ley de Inversión Extranjera, aprobada en abril de 2014, no ha revelado todo el dinamismo que podía esperarse. En el presente año las firmas extranjeras habrán financiado en tal caso unos 510 millones de dólares. Dudas, temores al fantasma del mercado y sordas resistencias internas se adivinan en la dilatación de las negociaciones y en trabas a los empresarios extranjeros para contratar personal y servicios cubanos. Y termina diciendo que : Sin prosperidad, el socialismo será siempre una utopía.

Esa realidad, planteada por Ariel Terrero en el artículo Amenazas de lentitud, publicado en Granma el 27 de octubre de 2017, requiere la inclusión de otros factores no tratados por la prensa oficial.

Según las autoridades cubanas el país necesita de un crecimiento sostenido del Producto Interno Bruto (PIB) entre el 5 y el 7% anual. Para lograrlo se requieren tasas de acumulación e inversión de no menos de un 25%, lo que exige de un flujo anual de inversión de entre 2000 y 2500 millones de dólares1. Sin embargo, las restricciones contenidas en el Decreto-Ley 50 de 1982, -en vigencia cuando los subsidios soviéticos permitían mantener una actitud hostil hacia los inversionistas de otras partes del mundo-, y en la Ley 77 de 1995 que conservó, entre otras, la ausencia de garantías y el mal trato a los inversionistas, provocando que de unas 400 empresas mixtas que llegaron a funcionar en el año 2002, la mitad abandonaron el país.

El efecto de la baja inversión foránea se intentó resolver con el Decreto Ley de septiembre de 2013, mediante el cual, soslayando la necesidad de cambios estructurales, se creó la Zona Especial de Desarrollo Mariel, cuya importancia consiste en que al ampliarse el Canal de Panamá que permite el paso de megabuques con capacidad aproximada de 13 mil 600 contenedores, creó la posibilidad de transformar algunos puertos del Caribe en megapuertos. Entre ellos el de Mariel, que al permitir la participación de Cuba en esa cadena de producción y transporte, se convierte en factor dinamizador de la economía y de atracción a la inversión extranjera.

Algo imposible sin la solución previa del diferendo con Estados Unidos.

Los magros resultados obtenidos se intentaron corregir con una nueva Ley de Inversiones Extranjeras, la Ley 118, cuyo nacimiento se manifestó a lo largo del año 2014:

-El 20 de febrero, en el discurso pronunciado en el XX Congreso de la CTC, Raúl Castro dijo: debemos tener en cuenta la imperiosa necesidad de fomentar y atraer la inversión extranjera en interés de dinamizar el desarrollo económico y social del país, propósito en el que avanzamos con la creación de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel y en la elaboración de un proyecto de Ley sobre la Inversión Extranjera, que se someterá a la Asamblea Nacional en este mes de marzo.

– El 25 de ese mismo mes, Luis Ignacio Lula da Silva, acompañado del mandatario cubano, recorrió la Terminal de Contenedores de Mariel y al día siguiente impartió una conferencia en el Hotel Nacional, titulada: La experiencia brasilera en la atracción de inversiones, el Estado como inductor, asociado y facilitador a la que asistieron ministros y altos funcionarios cubanos.

El 1 de marzo, en una reunión del Consejo de Ministros, se enumeraron varias deficiencias del proceso inversionista: sobreestimación en la planificación anual, insuficiente control, deficiencias en la contratación, uso inadecuado del contrato como herramienta de trabajo, falta de exigencia ante obras mal ejecutadas, incorrecta gestión en las importaciones, indisciplinas tecnológicas, baja productividad y déficit de constructores.

Las deficiencias enumeradas tienen un factor común: la ausencia del interés de los cubanos. Tanto los fracasos ocurridos como los que están por ocurrir mientras no se proceda a una reforma profunda e integral, tienen y tendrán su causa fundamental en que la persona humana no constituye el objetivo fundamental de dichos proyectos, sino que están concebidos como medios para un fin político e ideológico predeterminado por el poder.

Con esos propósitos y antecedentes, ignorando al cubano como sujeto, se preparó la Ley de Inversiones Extranjeras 118, que a pesar de ser más flexible que las legislaciones precedentes conservó, entre otras las siguientes restricciones:

1- Negación del derecho de los cubanos a participar como inversionistas en su país. Se trata de una prohibición que atenta contra los cubanos que viven en la Isla o radican en el exterior; una decisión ideológica contraria a los derechos más elementales que anula el interés de los cubanos por los resultados de la economía y genera sospechas en los inversionistas. Lo peor es que Cuba es el único país de la región donde sus habitantes, a pesar de contar con sobradas iniciativas y formación profesional, carecen de un derecho tan elemental como participar en calidad de sujetos en las actividades económicas.

2- Prohibición a los cubanos de contratarse libremente como fuerza de trabajo. Una negación de la historia laboral cubana; prueba inequívoca de que los trabajadores cubanos son concebidos como un medio y no como un fin en sí mismo, y que los mismos son alquilados por el Estado en condiciones totalmente desventajosas.

3- Ausencia del principio de libertad sindical. Un principio regulado en el Convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo, del cual Cuba es signataria; contenido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual Cuba fue una de sus promotoras en 1948; además contenida en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (firmados por Cuba pero no ratificados) y refrendado en la Constitución cubana de 1940 y por tanto, ajeno a la historia de lucha del movimiento obrero cubano.

En la presentación del Proyecto de Ley, el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca Díaz, dijo que la misma: tiene fuertes implicaciones políticas ya que constituye una actualización profunda del proceso de transformaciones que se desarrolló al inicio de la Revolución para poner los principales medios de producción en manos del Estado Revolucionario. Es decir, según las palabras del ministro, la intención declarada de la Ley es conservar la estatización, una de las causante de la ineficiencia económica.

Detrás de los resultados negativos está la ausencia de las libertades ciudadanas -un factor soslayado por el Gobierno e ignorado por la prensa oficial- sin las cuales será imposible destrabar las fuerzas productivas.

El Ministro de Economía y Planificación Ricardo Cabrisas, en la reunión del parlamento cubano el 27 de diciembre de 2016, planteó que: La inversión extranjera continúa siendo muy baja. Por tanto, para que la inversión extranjera surta el efecto que Cuba necesita hay que ponerla no sólo en correspondencia con las reglas de la economía de mercado, sino en primer lugar, con las libertades y los derechos humanos fundamentales.

Se impone pues, promulgar una nueva Ley o someter la actual a una profunda modificación, en la cual el apellido de “Extranjera” debe desaparecer y convertirse simplemente en Ley de Inversiones. Así, aumentaría el monto de las inversiones, foráneas y nacionales, y las dudas, temores al fantasma del mercado y las sordas resistencias internas que plantea Ariel Terrero en Amenazas de lentitud desaparecerían.

1 Entrevista realizada a Ivonne Vertiz Rolo. Subdirectora general de Inversión Extranjera del MINCEX. Granma, 12 de diciembre de 2014.

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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1507291725_34447.html

 

Ciclones

Los ciclones se clasifican, de acuerdo a la intensidad de los vientos, en depresión tropical, tormenta tropical y huracanes. Los primeros alcanzan hasta 62 Km/h; la tormenta tropical hasta 117 y los huracanes por encima de los 118 Km/h. A estos últimos la escala Saffir-Simpson los clasifica en cinco categorías: Uno, de 119 a 153 Km/h; Dos, de 154 a 177; Tres, de 178 a 208; Cuatro, de 209 a 251; y Cinco, de 252 Km/h en adelante; pero todas, de la uno a la cinco, cuentan con la suficiente potencialidad destructiva para ocasionar cortes de electricidad, daños a las viviendas, incluso a las bien construidas; derribar grandes árboles y destruir industrias y vías de comunicaciones.

El Huracán Irma de categoría cinco, que azotó a Cuba entre el 7 y el 9 de septiembre pasados, provocó 14 657 derrumbes totales y 16 646 parciales, es decir 31 303 viviendas1, sin contar las decenas y decenas de miles que sufrieron otros daños.

Entre los años 2002 y 2004, solamente en la provincia Pinar del Río, los huracanes Isidore, Lili, Charley e Iván, de categorías uno, dos tres y cinco respectivamente, dañaron más de 98 000 inmuebles; en el año 2008 los fenómenos atmosféricos tropicales Fay, Hanna, Gustav e Ike dañaron y derribaron totalmente alrededor de medio millón de viviendas; y en el año 2005, el huracán Dennis, categoría tres, dañó más de 8 000 viviendas en Pilón, Granma; más del 70 por ciento de las viviendas en Casilda, Trinidad; 5 241 viviendas en Santiago de Cuba; más de 25 000 en Granma; unas 400 en Jaruco, Mayabeque; más de 3 200 en Matanzas; 8 200 en Sancti Spiritus y 1 828 viviendas en la capital2.

La magnitud de esos perjuicios es tal, que la suma de las viviendas dañadas sólo por los ciclones mencionados es similar a la cifra del déficit habitacional que la revolución heredó, pues según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el déficit habitacional hasta 1959 era de unas 700 mil viviendas; mientras el ritmo de construcción entre 1946 y 1953, según la tesis de Erich Trefftz3, era de 26 827 como promedio anual, cifra que aumentó entre 1953 y 1958.

En el 1953, el Dr. Fidel Castro planteó que: “Un gobierno revolucionario resolvería el problema de la vivienda rebajando resueltamente el cincuenta por ciento de los alquileres, eximiendo de toda contribución a las casas habitadas por sus propios dueños, triplicando los impuestos sobre las casas alquiladas, demoliendo las infernales cuarterías para levantar en su lugar edificios modernos de muchas plantas y financiando la construcción de viviendas en toda la isla en escala nunca vista bajo el criterio de que si lo ideal en el campo es que cada familia posea su propia parcela, lo ideal en la ciudad es que cada familia viva en su propia casa o apartamento.”4

El 14 de octubre de 1960 mediante la Ley de Reforma Urbana el gobierno revolucionario estableció que: Toda familia tiene derecho a una vivienda decorosa; que El Estado haría efectivo ese derecho en tres etapas, y que en la futura mediata, El Estado con sus propios recursos construirá las viviendas que cederá en usufructo permanente y gratuito a cada familia. En la disposición final de dicha Ley declaró que: En uso del Poder Constituyente que compete al Consejo de Ministros, se declara la presente Ley parte integrante de la Ley fundamental de la República. En consecuencia se otorga a dicha Ley fuerza y jerarquía constitucionales5.

Sin embargo, como promedio anual el primer plan de 1960 a 1970 no pudo rebasar 11 000 viviendas y el segundo plan de 1971 a 1980 a duras penas alcanzó 17 000. De tal forma en los primeros 20 años el ritmo de construcción anual resultó inferior al período 1946-1953, lo que en lugar de aliviar agudizó el déficit habitacional.

Para recuperar el atraso se planteó edificar 100 000 anuales a partir de 1981, pero en la primera década no se pudo superar las 40 000 anuales. Este plan se interrumpió en 1995 con la crisis conocida como “Período Especial”. Entonces, Carlos Lage Dávila, Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, presentó un informe a la Asamblea Nacional de Poder Popular en el año 2005, en el que aseguró que debido al “mejoramiento de las posibilidades financieras del país” se iban a “construir y terminar no menos de 100 mil viviendas nuevas por año a partir del 2006”, es decir, se iniciaría un segundo plan de cien mil viviendas.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas en 2008 se construyeron cerca de 45 000, pero en el año 2013 no se llegó a las 26 000 (cifra inferior al promedio del período 1946-1953, cuando los habitantes de Cuba eran la mitad de los actuales).Es decir, en cinco años la construcción descendió en unas 19 000 viviendas.

Un cálculo conservador de los incumplimientos de los planes y de las viviendas destruidas por los fenómenos atmosféricos arroja un déficit superior a las 700 mil que se calculaban antes de 1959. Cifra que no es mayor gracias a los más de dos millones de cubanos que han abandonado el país desde 1959.

Aceptando que la cifra siga siendo de 700 mil, al ritmo de unas 25 000 anuales se necesitarían 28 años sólo para resolver el déficit. Si a ello se añaden las nuevas necesidades debido al crecimiento demográfico, el envejecimiento del fondo habitacional, la falta de mantenimiento, los crecientes derrumbes, la carestía de los materiales de construcción y el efecto de los fenómenos naturales, entonces se requeriría aproximadamente medio siglo. Estamos pues, ante una tragedia habitacional con sus implicaciones.

La revolución

La Ley de Reforma Urbana de 1960 rezaba que El Estado con sus propios recursos construirá las viviendas que cederá en usufructo permanente y gratuito a cada familia. Luego, la Ley General de la Vivienda de 1984 definió a la Microbrigada como la vía principal para su construcción. Mientras el incumplido plan de Cien Mil descargó la responsabilidad en la familia. Un giro demostrativo de la incapacidad del Estado para afrontar por sí sólo el tema de la vivienda

Un recuento abreviado de los 50 años que nos separan de la Ley de Reforma Urbana de 1960 revela un giro que va de la promesa del Estado de construir y ceder en usufructo permanente y gratuito viviendas decorosas a la construcción de viviendas con tablas de palmas derribadas por los huracanes con techo de tejas de cinc o asbesto cemento, que son candidatas a ser derribadas por los próximos huracanes. Pero revela también la imposibilidad e incapacidad del Estado totalitario para resolver la tragedia habitacional, pues su solución requiere de la acción conjunta de los cubanos dotados de instrumentos básicos como los derechos y las libertades ciudadanas para participar en calidad de sujetos en la solución de un problema tan primario como la vivienda, que es uno de los componentes del desarrollo humano integral.

La Habana, 4 de octubre de 2017.
1 Información del Consejo de Defensa nacional, Granma, viernes 29 de 2017.
2 Semanario Trabajadores, lunes 11 de julio de 2005
3 Erich Trefftz. “Política y propiedad de la vivienda en Cuba, un análisis histórico y comparativo. http://revistainvi.uchile.cl/index.php/INVI/article/view/558/670.
4 Fidel Castro. La historia me absolverá. Edición anotada. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2008.
5 José Bell, Delia Luisa López y Tania Caram. Documentos de la revolución Cubana 1960. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007
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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1504784989_33794.html

El sistema electoral cubano comprende elecciones generales cada cinco años para diputados a la ANPP y delegados a las provinciales, así como elecciones parciales cada dos años y medio para delegados de circunscripción y de las asambleas municipales.

A lo largo de este mes tendrá lugar la nominación de candidatos correspondientes a un nuevo período electoral y el domingo 22 de octubre se realizarán las elecciones municipales; proceso que culminará en febrero de 2018 con la designación de la nueva Asamblea Nacional y la elección del próximo Gobierno revolucionario.

El artículo cinco de la Constitución define al Partido Comunista como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”, por lo tanto, el sistema electoral está diseñado para garantizar la continuidad del Partido Comunista en el poder. Eso explica, que si bien en las circunscripciones el pueblo nomina y elige directamente, al conformar las asambleas municipales, provinciales y la nacional, que es donde se concentra el verdadero poder, las Comisiones de Candidaturas, conformadas por los dirigentes de las organizaciones de masas -subordinadas constitucionalmente al Partido Comunista- tienen la potestad para incluir en dichas candidaturas al 50% de los candidatos, aunque no hayan sido electos por el pueblo.

En un contexto caracterizado por el retroceso económico, el latente peligro de extinción de los subsidios de Venezuela, el desinterés generalizado, la corrupción devenida moral de supervivencia y una creciente desesperanza, los “comicios” anunciados serán, además de los más difíciles, los últimos con el sistema electoral vigente, que agotado, tendrá que dar paso a una nueva ley electoral. Las razones en las que fundamento esta tesis son las siguientes:

En 1959: 1- Los revolucionarios que arribaron al poder en 1959 se legitimaron por las armas; 2- La economía que encontraron les permitió rebajar precios y redistribuir, lo que le permitió y granjearse el apoyo popular; y 3- Sin resultados económicos, en medio de la Guerra Fría, se han sostenido con los subsidios soviético-venezolanos.

La crisis actual del sistema electoral -reflejo de la crisis del modelo- no es ignorada por el Gobierno. El 23 de febrero de 2015, en el X Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, se anunció que se adoptaría una nueva Ley para las elecciones generales de 2018.Sin embargo, los reveses sufridos por la izquierda “bolivariana” en la región, especialmente la pérdida del parlamento por el chavismo en Venezuela y la apretada victoria en segunda vuelta en Ecuador, parecen haber determinado su postergación. A ello se une que, en las elecciones municipales de abril de 2015 la suma de los cubanos que no asistieron a las urnas y que anularon las boletas alcanzó la suma de 1 700 000 cubanos, es decir, el 20% del electorado.

A esa complejidad se añaden: 1- La presentación de decenas candidatos independientes, que a pesar de no representar un peligro inmediato para la conservación del poder, constituye una señal de la necesidad de cambios y 2- La últimas medidas restrictivas contra el trabajo privado. La reciente Resolución No. 22/2017 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social prohíbe el otorgamiento de nuevas licencias para decenas de actividades que van desde el arrendamiento de viviendas hasta los carretilleros vendedores de productos agrícolas; actividades que el Estado ha sido y es incapaz de realizar. Se trata pues, de un retroceso dirigido a impedir el desarrollo de una clase media nacional independiente que tanto Cuba necesita a fin de conservar el poder.

Lo anterior ha generado una gran preocupación en las autoridades cubanas como lo demuestran los tres hechos siguientes:

– El diario Granma del jueves 13 de julio de 2017 reprodujo las siguientes palabras de Carlos Rafael Miranda Martínez, Coordinador Nacional de los CDR, llamando a una gran batalla. Dijo: “En esta ocasión deben estar en la primera línea de combate para asegurar el éxito del proceso electoral cubano; la gran batalla es lograr que se nominen compañeras y compañeros con un prestigio revolucionario probado, con una trayectoria a favor del barrio y de la comunidad”.

– El presidente cubano, en la clausura de la ANPP, el 14 de julio de 2017, expresó: “No es ocioso destacar la trascendente importancia política que reviste este proceso electoral, que debe constituir un acto de reafirmación revolucionaria por parte de nuestro pueblo, lo que exige una ardua labor de todas las organizaciones e instituciones”.

– Los Comités de Defensa de la Revolución iniciaron los “Barrios debates por el deber Patrio y Antimperialista”, en los que se analiza un boletín de esa asociación con las orientaciones para que sus miembros lleguen listos a las asambleas de nominación.

Por los argumentos enumerados la nueva generación de revolucionarios que asumirá la dirección del gobierno en febrero de 2018 no se ha legitimado por las armas ni por las urnas; 2- Encuentran una economía estancada, en franco retroceso, que les impide repartir; 3- En un contexto internacional sin potencia extranjera dispuesta a subsidiarlos por razones ideológicas; y 4- En medio de un desgaste y un descontento generalizado que conducirá inexorablemente, a una nueva ley electoral.

Desde los albores de la humanidad los impactos de la naturaleza generaron actos de respuesta de los pueblos, entre ellos los relacionados con el ciclo de la vida y la muerte.

El carnaval1 es una fiesta de origen pagano relacionada con la vida y la muerte. Su existencia se remonta a la Sumeria y al Egipto antiguos, fue recuperada en la Italia medieval, se generalizó por Europa y llegó a América con la conquista hispana y lusitana. Sus primeras manifestaciones en Cuba tuvieron lugar desde fines del siglo XVI con la introducción en el país de las conmemoraciones católicas y los esclavos de diferentes regiones y etnias africanas.

Resultado del creciente comercio de esclavos, desde su inicio por los flamencos en 1521 hasta los cientos de miles que entraron después de 1789, la población negra en la Isla llegó a mediados del siglo XIX a superar superaba en número a la blanca2. Para evitar la comunicación entre las etnias las autoridades coloniales las mantuvieron separadas. En esas condiciones el esclavo se limitaba a cantar y bailar en las plantaciones y los barracones para mitigar el cansancio y la nostalgia. Sin embargo, a través de los Cabildos de Nación3, pudieron conservar factores culturales como la música y el baile. De esa música, que tenía mayor número de ejecutantes y admiradores que la de los españoles4, nació la música cubana, la más alta expresión de la cultura nacional.

El Reglamento de Esclavos dictado en 1842 autorizó la diversión y recreación los días festivos después de cumplir con las prácticas religiosas5. En esas fiestas la presencia de los santos católicos entre las divinidades africanas dio lugar al sincretismo religioso.

Antes

Desde mediados del siglo XIX, el Día de Reyes -una de las festividades de la liturgia católica- los Cabildos realizaban un recorrido por las calles habaneras que finalizaba en el Palacio de los Capitanes Generales donde felicitaban al Gobernador y recibían aguinaldos6.

Los Miércoles de Ceniza7 -otra celebración de la liturgia católica en la que participaban los cabildos- dio lugar a las Carnestolendas8 que en Cuba se celebraban desde finales del siglo XVI previo a la cuaresma. En esta festividad se utilizaban los mismos elementos profanos que acompañaban la fiesta del Corpus Cristi9 como la comparsería y los muñecones, pero, sobre todo las comparsas de “mamarrachos” que eran su acompañamiento habitual.

A fines del siglo XVIII los cabildos fueron relegados a la zona de extramuros, entonces las procesiones de carnaval penetraban a la Habana amurallada y marchaban a través de las calles Mercaderes, Obispo y O’Reilly hacia el Palacio del Capitán General. A pesar de ello las culturas y actividades festivas de negros y blancos se celebraban por separado, pues por lo menos, hasta 1850, más de las tres cuartas partes de los negros vivían en las plantaciones, donde apenas tenía contacto con los blancos. No fue hasta después de la Guerra de los Diez Años que los negros invadieron las ciudades10.

Junto a los Cabildos se distinguieron otras manifestaciones carnavalescas como la Comparsa11. Mientras en los salones de baile -en el siglo XIX- los negros introdujeron la conga12, lo que llevó a los cubanos a arrollar13 alegremente detrás de los instrumentos de percusión en épocas de Carnaval”14. En ella se mezclaban comparsas de barrio, carros de tarascas15, gigantes o muñecones y comparsas de Mamarrachos generando una interinfluencia que devino uno de los hechos primarios en el proceso de gestación de la nacionalidad cubana.

En 1895, a causa de la Guerra de Independencia, el gobierno colonial suspendió los carnavales, los que fueron restablecidos en el siglo XX al inicio de la República. Al resurgir, los negros al compás de la conga arrastraron a cubanos de todos los colores a arrollar alegremente detrás de la percusión. El carnaval constituyó un ingrediente de la nacionalidad y la nación cubanas, pues coadyuvó a la integración y a perfilar modos y costumbres que pasaron a ser parte de la cubanía.

Durante los primeros años de la República los negros fueron autorizados a ejecutar su música y sus danzas junto a las comparsas de blancos como El Alacrán, los carros tirados por caballos y luego los carros modelo T16 cubiertos de flores y las carrozas. Sin embargo, las autoridades municipales influidas por los prejuicios raciales comenzaron a dar preferencia a los carros ornamentados, las carrozas, las bandas militares y la presentación del Rey y la Reina, en detrimento de las manifestaciones de origen afro-cubano como la comparsa y la Conga.

Entre 1916 y 1937 la supresión de las comparsas fue casi total. Después de ese último año se reautorizaron los paseos de carnaval a lo largo del Paseo del Prado. Esos grupos incluían El Alacrán de la barriada del Cerro, Los Marqueses de Atarés, Las Boyeras de Los Sitios, Los Dandys de Belén, La Sultana de Colón, Las Jardineras de Jesús María, Los Componedores de Batea de Cayo Hueso, El Príncipe del Raj de Marte, las Mexicanas de Dragones, Los Moros Azules de Guanabacoa, El Barracón de Pueblo Nuevo y Los Guaracheros de Regla, entre otras. El carnaval devino la mayor fiesta popular de la Habana en la que participaba la población a través de los barrios.

Por su belleza y calidad los carnavales habaneros se consideraron entre los primeros del mundo, junto a los de Río de Janeiro (Brasil), Nueva Orleans (Estados Unidos), Venecia (Italia) y Niza (Francia), entre otros. Por esas razones el Proyecto Identidad los declaró, junto al Cañonazo de las nueve, el lanzamiento del cubo de agua el 31 de diciembre y otras costumbres , entre las tradiciones habaneras17.

Ahora

Después de 1959 el Carnaval fue subordinado a la política, lo que lo desnaturalizó como festividad representativa de la cultura nacional. La subordinación no fue una excepción, el gobierno revolucionario, devenido fuente derecho, procedió a desmontar toda la institucionalidad existente, incluyendo la sociedad civil, las tradiciones, fechas históricas como el 20 de mayo y el concepto de ciudadano.

La organización, antes en manos de los barrios habaneros, fue asumida por el Estado con el objetivo de erradicar “los falsos conceptos” carnavalescos heredados del capitalismo y estimular la interacción de blancos y negros. Una medida innecesaria pues los carnavales, sin control del Estado, habían existido desde la época colonial y habían gestado un largo proceso de mestizaje e integración entre negros y blancos.

La festividad, que antes de 1959 corría a cargo de la Comisión del Carnaval de La Habana, subordinada al ayuntamiento, con participación activa de los barrios y los aportes de comerciantes e industriales, no generaba gastos sino ingresos para la alcaldía.

La Comisión del Carnaval convocaba a los artistas para hacer carteles. Se realizaban bailes de disfraces en los clubes, y los cabarets hacían anuncios alegóricos a la festividad. Se realizaba un desfile de automóviles descapotados, motocicletas y camiones abiertos, que se intercalaban con los elementos tradicionales y se disfrutaba de las acrobacias de la unidad de ceremonias de la policía motorizada. con las motos Harley-Davidson. Después de esa fecha esas motos fueron desactivadas.
Las comparsas y carrozas recorrían el malecón desde la calle Paseo hasta el Paseo del Prado y de ahí hasta el Capitolio, giraban en la fuente de la India y realizaban el recorrido de regreso por la misma vía. En toda la ciudad se generaba un espíritu de carnaval. En los palcos y graderías se vendían comidas ligeras como bocaditos, rosita de maíz, helados y refrescos. La comida cocinada y la cerveza -a diferencia de lo que ocurre ahora- no eran la razón de la asistencia.

Las empresas industriales y comerciales, además de las donaciones a la Comisión del Carnaval, obsequiaban a la reina. Orbay & Cerrato, la mayor fábrica de muebles de Cuba podía obsequiar un lujoso juego de muebles; la agencia Frigidaire, un refrigerador; o las agencias automovilísticas un automóvil, entre otras.

La primera Reina del carnaval habanero (1908), Ramona García -una joven trabajadora de la fábrica de cigarros Susini-, según sus cálculos, recibió más de 25 mil pesos en regalos, además de una casa en la calle Concepción, en la Vibora18. Mientras los premios en dinero a los primeros lugares les servían para mejorar las comparsas.

Después de 1959 en los certámenes, aunque la candidata deslumbrara por su belleza, se exigía la integración revolucionaria; un requisito sin el cual no se podía aspirar al estrellato, algo que luego se generalizó a otras esferas como fue “La Universidad para los revolucionarios”. Según Rebeca Monzó19 -electa Lucero en el año 1963- para entonces, se había cambiado ya la terminología de Reina por Estrella y de Dama por Lucero, por considerar las anteriores como una expresión de la pequeña burguesía. Ya no bastaba con ser bonita, tener cultura y poseer buenos modales, ahora además, y como elemento muy importante, ser una persona “integrada”.

Durante la República, todas las Reinas y la Damas fueron mujeres de procedencia humilde, pero blancas. Solo tras el triunfo de la Revolución fue posible la presencia de alguna mulata entre las Damas. En 1964 Mabel Sánchez llegó a ser Estrella (Reina) del carnaval. Su piel era tan clara que entre las fuentes consultadas existe controversia sobre si era mulata o no. Su elección generó malestar y críticas, porque era una mujer divorciada con hijos. En el momento era novia del Ministro de Construcción, Levy Farah y posteriormente se casó con él.

Hasta 1965, la Estrella y las Damas eran escoltadas por la unidad de Ceremonias de la Policía Motorizada con las motos Harley-Davidson. Después de esa fecha esas motos fueron desactivadas.
En 1969, no hubo carnavales. Todos los recursos del país fueron puestos en función de la fracasada “Zafra de los Diez Millones”. La fecha se trasladó temporalmente de los meses de febrero-marzo, como era tradicional, para el mes de julio. Una temporalidad que devino permanente para celebrar la fecha del asalto al cuartel Moncada en 1953.

En 1970 entre los meses de mayo y junio, teniendo en cuenta la depresión causada por el estrepitoso fracaso de la zafra, las autoridades decidieron sacudir el abatimiento con unos carnavales sin comparsas. Se designaron recursos suficientes para su organización y se vendieron comidas en abundancia y cerveza por cubos que habían brillado por su ausencia después de la Ofensiva Revolucionaria de 1968, fecha en que se eliminaron los últimos vestigios de propiedad privada. Fue la manifestación insular de Al pueblo pan, vino y circo como en la antigua Roma, donde se distribuían alimentos de manera gratuita como mecanismos de control social.

A mediados de los años 70 tuvo lugar el último concurso para elegir la Estrella entre las jóvenes seleccionadas en las empresas estatales. Según el periodista independiente Camilo Ernesto20, en esa oportunidad le tocó a Consuelito Vidal anunciar el veredicto del jurado, frente a un auditorio adverso. Las cámaras de la televisión nacional captaron el creciente descontento del público. Desde entonces no se ha vuelto a elegir a la reina del carnaval de La Habana.

En 1976 la división político-administrativa cambió los límites de los municipios sin considerar criterios históricos, culturales ni espaciales. En lugar de los barrios se crearon las Circunscripciones, ajenas a las tradiciones festivas de la población.

En la década de los ochenta los carnavales adquirieron un cierto esplendor gracias a las subvenciones soviéticas.

En 1991 nuevamente se suspendieron los carnavales con el argumento de la crisis y la escasez provocada por la caída del campo socialista y luego, los que se celebraron, quedaron limitados al espacio del malecón comprendido entre las calles Infanta y San Lázaro.

Entre 1992 y 1995 se realizaron representaciones aisladas, ligadas a eventos políticos, como la celebración del aniversario de los Comités de Defensa de Revolución.

En 1996 para atraer mayor cantidad de turistas hacia Cuba el gobierno autorizó una modesta celebración de carnaval precediendo a la Cuaresma, pero con unas carrozas empobrecidas, sin iniciativa popular y un diseño de desfiles carente de imaginación.

En el siglo XXI, hasta el 2015 -con excepción de la suspensión del carnaval en agosto de 2006 por razones de salud de Fidel Castro- no hubo cambios significativos. Las dificultades económicas que condujeron a las reformas iniciadas en 2008 no tuvieron ningún efecto en la recuperación de la tradición carnavalesca, que continuó con un descenso sostenido.

En 2016 se politizaron aún más. En la celebración entre el 7 y el 16 de agosto desfilaron 12 carrozas en el espacio comprendido entre La Piragua y la calle Marina, acompañadas por 18 comparsas con elencos invitados de varias provincias del país, como las Parrandas de Remedios o de Bejucal. Celebración que se relacionó con los festejos por el 89 cumpleaños de Fidel Castro. Los que asistieron, por lo general, no fueron a disfrutar de los desfiles y comparsas, sino a buscar servicios gastronómicos en las decenas de kioscos habilitados con diversas ofertas de comida y otras decenas de puntos para la venta de cerveza a granel.

La centralización estatal generó burocratización y corrupción, a la vez que debilitó la capacidad creativa y participativa de los barrios y de sus organizadores. Esas fiestas, una de cuyas características era la permisividad, perdieron su frescura. La dependencia del presupuesto estatal desestimuló la participación de los jóvenes y generó desilusión en los organizadores. Aquellos desfiles, que tradicionalmente se efectuaban a lo largo del Paseo del Prado hasta el Capitolio Nacional fueron desplazados a algunos tramos cortos en el Malecón, con una exagerada cantidad de policías para tratar de controlar los resultados del consumo de bebidas.

El carnaval habanero constituye una de las múltiples manifestaciones de la crisis espiritual y material en que está sumida la sociedad cubana, la cual repercute en los demás fenómenos sociales. El rescate del esplendor que caracterizó a esa manifestación de cubanía, que es el carnaval, se ubica en el listado de la cultura material y espiritual desaparecida a causa de la subordinación a la política y la ideología.

1 El Carnaval , según Virtudes Feliú, suele plasmarse como un mozo gordo, glotón, mujeriego y sensual, capaz de todos los excesos y tropelías. En Cuba recibía el nombre de Rey Momo.
2M. Moreno Fraginals. Cuba/España, España/Cuba, p. 178
3 Cabildos de Nación, sociedades de ayuda mutua donde se permitía a los esclavos y sus descendientes reunirse para cultivar su cultura y religión.
4 W, Carbonell. Cómo surgió la cultura nacional. La Habana, 1961, p.10 y 108
5 H. Pichardo. Documentos para la historia de Cuba. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973, p. 321.
6 Aguinaldo, regalo de Navidad devenido regalo en cualquier ocasión en especie o en dinero.
7 El Miércoles de Ceniza, primer día de la Cuaresma en el rito romano. Tiempo litúrgico que simboliza la actitud penitencial. Se celebra entre el 4 de febrero y el 10 de marzo, cuarenta días antes del Domingo de Ramos que da comienzo a la Semana Santa. Su simbolismo se relaciona con el hecho de ser el residuo frío y pulverulento de la combustión, lo que persiste luego de la extinción del fuego. La ceniza simboliza la muerte, la conciencia de la nada y de la vanidad de las cosas, la nulidad de las criaturas frente a su Creador, el arrepentimiento y la penitencia.
8 Carnestolenda es una denominación castellana que a partir del Renacimiento fue sustituida por la de Carnaval, que a su vez viene del italiano quitar la carne, fiesta devenida del santoral católico que marca el comienzo del ayuno de la Cuaresma, que se iniciaba el Miércoles de Ceniza.
9 El 10 de abril de 1573 se produjo la primera integración del negro a una festividad pública. Ese día el Cabildo habanero ordenó que los negros “horros” se unieran a la procesión del Corpus Christi.
10Carbonell, Walterio. Cómo surgió la cultura nacional. La Habana, 1961, pp.113-115
11 conjunto de personas que en los días de carnaval o regocijos públicos iban vestidos con trajes análogos
12 La Conga es el género musical que interpreta la comparsa. Su nombre proviene de un tambor de origen africano de igual nombre.
13 Abrirse paso entre las personas que bailan juntas haciendo pasos y movimientos propios de la conga.
14V, Feliú Herrera. La Habana, su Carnaval de siglos. La Habana, 2006
15 Tarasca, figura de serpiente monstruosa que se pasea en algunas partes en la procesión del Corpus.
16 El Ford modelo T fue el resultado de la aplicación las teorías de Taylor sobre la perfecta combinación de hombre y máquina a la nueva industria de las cuatro ruedas. El resultado se llamaría el Ford T. El Ford Modelo T, dotado de dos velocidades y marcha atrás. Fue un automóvil de bajo costo producido por la Ford Motor Company de Henry Ford, desde 1908 hasta 1927. Con este auto se popularizó la producción en cadena que al rebajar los precios permitió facilitó su adquisición a la clase media.
17 R J, Rensoli Medina. La Habana ciudad azul, metrópolis cubana. Segunda edición actualizada y notablemente aumentada. La Habana. ediciones extramuros, 2015, p. 385

18 F, Meluza Otero. Ramona García, Primera reina del Carnaval, hace 41 años. Bohemia, Año 41, No. 10, marzo 6 de 1949
19 Conversación con Rebeca Monzó -Lucero del carnaval de 1963- el 17 de julio de 2017
20 C E, Olivera Peidro. Los carnavales y la crisis. www.cubanet.org

Tomado de: http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/cuba-elecciones-reforma-electoral-dimas-castellanos-436232

El proceso “electoral” que tendrá lugar en Cuba entre octubre de 2017 y febrero del 2018 carece de relevancia. La sustitución de Raúl Castro como Presidente no significa que abandone el poder, pues hasta el año 2021 ocupará el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista, que constitucionalmente es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado.

Para que las elecciones influyan en la marcha del proceso social se requiere de una reforma electoral que restablezca la soberanía popular y aunque en febrero de 2015 se anunció una nueva ley electoral, en la convocatoria del pasado 14 de junio no se mencionó el tema.

Según Juan Jacobo Rousseau, de la unión de las personas para defender y proteger sus bienes emana una voluntad general que convierte a los contratantes en un cuerpo colectivo político. Al ejercicio de esa voluntad general se le denomina soberanía y al pueblo que la ejerce, soberano.

En cuba las constituciones republicanas de 1901 y 1940 refrendaron la residencia de la soberanía en el pueblo, del cual dimanan todos los Poderes Públicos. En 1959, al emerger el poder revolucionario se prometió la celebración de elecciones en el “más breve plazo de tiempo posible”. Diecisiete años después se dictó una ley electoral que anuló la soberanía popular. Mientras persista esa situación en Cuba no habrá verdaderas elecciones.

En el año 2003 la suma de los cubanos que no asistieron a las urnas y que anularon las boletas alcanzó el 6,09% de los electores, en el 2008 aumentó al 7,73%, en 2013 llegó al 14,22% y en abril de 2015 superó el 20%, es decir, 1 700 000 cubanos. En un país de corte totalitario, sin derechos cívicos y políticos, esos datos demuestran la necesidad de una ley que satisfaga a ese sector creciente de la población cubana. A ello se suman los cubanos dispuestos a votar por representantes de la oposición -no reconocida legalmente- como ocurrió en las elecciones de 2015, cuando dos opositores se presentaron como candidatos en los municipios habaneros de Arroyo Naranjo y Plaza.

Según la secretaria del parlamento unicameral cubano en el año 2014, durante el IV proceso de rendición de cuentas de los delegados a sus electores, se efectuaron más de 600 asambleas con menos de la mitad de los electores presentes.

La ley actual limita el voto directo de los electores a los Delegados a las Asambleas Municipales del Poder, los cuales no pueden exceder el 50% del total de candidatos. La otra mitad la nominan las Comisiones de Candidatura -integradas por dirigentes de las organizaciones de masas y con potestad para incluir a personas sin ser electas por el voto popular. Luego, las candidaturas para cargos provinciales y nacionales son conformadas directamente por dichas Comisiones. Por tanto, el parlamento y el gobierno cubanos resultan de la decisión de las mencionadas Comisiones de Candidaturas subordinadas al Partido Comunista, lo que anula la soberanía popular.

Se requieren transformaciones en materia de libertades -como el derecho de asociación y el pluripartidismo- para que los cubanos puedan desempeñar un papel activo en los destinos de su vida y de la nación. Hasta que eso no ocurra no se podrá hablar de verdaderas elecciones en Cuba y todo indica que eso no ocurrirá en los comicios anunciados.

La ausencia de la soberanía popular y la inexistencia de la figura del ciudadano han sido y son factores determinantes en la crisis estructural del modelo cubano, lo que se refleja en la ineficiencia productiva, los salarios insuficientes, la corrupción incontrolable, la desesperanza y el éxodo indetenible.

 

Pubicado el miércoles 14 de junio en El Comercio, Lima, Perú

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1496397061_31591.html

El diario Granma del pasado martes 30 de mayo publicó un trabajo que da la impresión que su autora, Lisandra Fariñas Acosta, teniendo en cuenta que los incumplimientos en Cuba no son noticias, en lugar de titularlo “Termina la zafra azucarera y se incumple en 15%”, decidió bautizarlo como “Termina la zafra azucarera y crece un 20%”.

En su reporte la periodista sintetiza las información brindada por el vicepresidente del Grupo Empresarial Azcuba, Noel Castañas Lugo. En la zafra concluida molieron 54 centrales, cuatro más que el año pasado, el plan previsto se incumplió en 15%. pero la producción creció un 20% respecto a 2016. La provincia Villa Clara fue la única que cumplió, la que más creció respecto al año anterior y pasó a ser la mayor productora de azúcar del país.

Las causas

Disminución del estimado de caña a moler; reducción del rendimiento agrícola; afectación en la productividad de los equipos de la cosecha y el transporte; tiempo perdido por la industria afectó debido a debilidades en la preparación del personal y la disciplina tecnológica, lo que incidió en las roturas y la deficiente operación; la organización y dirección de la cosecha y el transporte automotor provocaron paradas por falta de caña; la entrada tardía de los recursos de importación y de producción nacional para las reparaciones; deficiencias en el transporte ferroviario e interrupciones del Sistema Eléctrico Nacional.

La solución

Según el funcionario de Azcuba “se está realizando un proceso de balances en todos los niveles del grupo Azucarero para identificar desde las bases las deficiencias y errores, así como dictar las medidas necesarias para que no se repitan”.

Qué se dijo antes de iniciarse la zafra

Azcuba había pronosticado sobrepasar los 2 millones de toneladas de azúcar, lo que representaría un incremento de 12-15% con relación al plan 2015-2016 y terminar la molienda en el mes de abril. Para ese propósito se contaba con suficiente caña; mejor equipamiento y preparación; un rendimiento industrial superior al planificado; el 96 por ciento de las áreas sería cortado por combinadas, para lo cual ingresaron al país máquinas brasileñas de mayor rendimiento y contarían con el respaldo de más de 880 camiones Kama remoto rizados y otros 472 nuevos con capacidad para transportar al ingenio unas 60 toneladas de caña por viaje, así como tractores provistos de esteras que podían sortear con éxito la cosecha en condiciones de alta humedad en los campos. También se había dicho que la cantidad de macheteros sería menor y estarían limitados a los terrenos en que las combinadas no pueden acceder.

La arrancada

En noviembre comenzaron a moler 27 centrales (la mayor cifra de fábricas produciendo en ese período desde los años noventa), en diciembre se incorporaron otros 18 y en enero los 9 restantes para completar la nómina de 54 centrales.

El 28 de febrero se anunció la producción de más de un millón de toneladas de azúcar crudo (la cifra más alta de las últimas 15 cosechas en similar período). Sin embargo, una nota de la agencia Reuters del 26 de abril dio a conocer que la zafra se quedaría en 1,8 millones de toneladas, 200 mil por debajo de la meta.

La comparación con la primera mitad del siglo XX

En 1904, a pesar de la destrucción causada durante la Guerra de Independencia se sobrepasó el millón de toneladas. En 1907 se llegó 1,3 millones. En 1912 a 1,8 millones. En 1919 a 4,0 millones. En 1948 6,0 millones. Y en 1952 se estableció el record de 7,13 millones.

Los incumplimientos reiterados tienen una historia. El gobierno revolucionario intentó en 1970 producir 10 millones de toneladas, pero a pesar del esfuerzo no pudo sobrepasar los 8,5 millones. A esa cifra se aproximó la zafra de 1990. A partir de este último año comenzó un descenso sostenido que redujo la producción a 3,5 millones en el 2001 ( cifra inferior a la producida en 1919).

En el año 2001 se designó al General de División Ulises Rosales del Toro, ministro del ramo, quien se propuso elevar la producción hasta seis millones de toneladas (la cantidad que se producía en 1948). La zafra 2002-2003 produjo 2.10 millones de toneladas, pero ya la de 2004-2005 descendió hasta 1,3 millones de toneladas (la cifra producida en 1907). Las zafras posteriores hasta el año 2010 no reportaron ningún avance significativo.

En la zafra 2011-2012 se estrenó el grupo empresarial azucarero Azcuba, el cual planificó producir ese año un 1 450 000 toneladas de azúcar, pero se presentaron las mismas deficiencias anteriores. En la de 2012-2013 se planificó producir 1,7 millones de toneladas, pero nuevamente se incumplió el plan en cien mil toneladas.

Después de tomar las medidas correspondientes, Azcuba anunció que la zafra 2013-2014 sería la mejor zafra de la última década. Se planificó la cifra de 1,8 millones de toneladas, (la cifra que se produjo en 1912), pero no lo logró.

La de 2014-2015 Azcuba se propuso alcanzar la meta de 2 millones de toneladas. Aquí lo novedoso consistió en que no hubo que esperar la terminación de la cosecha para anunciar el fracaso. El segundo secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), José Ramón Machado Ventura, dijo el 17 de mayo de 2015: “Vamos a hacer casi 300 .000 toneladas más que el año pasado, pero no cumplimos”.

La cosecha siguiente, la de 2015-2016 sufrió un decrecimiento de 19% respecto al año anterior. Entonces, como de costumbre, se declaró que la zafra de 2016-2017 estaba llamada “desde ya, a dejar en el pretérito los errores de su predecesora”. Ahora, se acaba de informar que la zafra 2016-2017, la sexta bajo la dirección de Azcuba, corrió la misma suerte de las anteriores: Lo novedoso es que en lugar de decir que se incumplió, se edulcora diciendo que creció respecto al año anterior.

A pesar de los fracasos antes y después ni Azcuba ni el Estado cubano no se han detenido en las verdaderas causas del declive: la estructura de la propiedad, los bajos salarios en la industria y la agricultura y la falta de autonomía de los productores.

El III Pleno del Comité Central del PCC

Tres documentos que el PCC considera rectores acaban de ser aprobados en su último pleno celebrado el pasado 19 de mayo: la conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, las bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 y las modificaciones realizadas a los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Los mismos serán sancionados mañana 1 de junio en una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

En su primera versión -diciembre de 2010- los Lineamientos declaraban que el sistema de planificación socialista continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional; que la empresa estatal socialista es la forma principal en la economía; y que en las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales. Definiciones que los convirtieron en una camisa de fuerza.

La negativa a reconocer el papel que le corresponde a la propiedad privada, la función del salario y la autonomía de los productores explican los fracasos. Durante décadas se soslayaron esos aspectos vitales de cualquier economía sana. En el caso de la propiedad, el reconocimiento de su función social implica el derecho de los cubanos a ser propietarios y empresarios en su país. Obstruir ese proceso natural -decía el economista Juan Triana- tuvo resultados fallidos, integrarla funcionalmente a nuestros propósitos y regularla adecuadamente dará mejores frutos.

Es de suponer que los mencionados documentos, según el presidente cubano los más estudiados, discutidos y rediscutidos de la historia de la revolución, hayan sido modificados para convertirlos en motor de la economía. De no ser así, carecerían de toda validez y las casi seis décadas de poder revolucionario se confirmarán como las más inútiles de la historia política de Cuba.