Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1488844247_29453.html

El diario Granma del pasado sábado  4 de marzo, publicó un artículo titulado “Martí, continuo, inmenso”, en el que su autor, Jesús Jank Curbelo, reprodujo algunas palabras del primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, en la Asamblea de Balance del Programa Nacional de Estudio y Promoción del Ideario Martiano. Dos de los párrafos citados que comentaré son los siguientes:

Uno. Martí es un movimiento natural, que está en los jóvenes y en los adultos que lo sienten y asumen como un principio.

Dos. Hasta que no logremos que el mundo, y particularmente las cubanas y cubanos, actuemos de manera martiana, habrá insatisfacción en nuestra Isla; y que en pos de ello habrá que trabajar.

Veamos:

Lo primero que salta a la vista es una contradicción entre ambos párrafos. Si Martí es un movimiento natural que está en los jóvenes y en los adultos que lo sienten y asumen como un principio ¿Cuál es la función y la necesidad de un Programa Nacional de Estudio y Promoción del Ideario Martiano?

Lo segundo es que si Martí está asumido como un principio, resulta incomprensible plantear que: hasta que no logremos que el mundo, y particularmente las cubanas y cubanos, actuemos de manera martiana, habrá insatisfacción en nuestra Isla. Sería más coherente, aunque no menos falso, decir que los cubanos tenemos asumido a Martí y lo que nos resta -tal como si fuera un designio celestial- es lograr que el resto del mundo lo asuma como nosotros.

Lo tercero, de ser ese el propósito, salta otra contradicción. Según sus palabras Martí se asume como principio pero no actuamos de manera martiana. Es decir, hay un divorcio entre pensamiento y conducta. De ser así, lo que Cuba necesitaría es un Programa Nacional dirigido a lograr la correspondencia entre esos dos elementos desconectados.

Lo cuarto, es un resultado de lo anterior. Sería más lógico concentrarse primero en el Programa Nacional para la correspondencia entre pensamiento y conducta y en una segunda etapa proponerse que el mundo lo asuma y actúe de manera martiana. Lo único que este segundo paso tendría que pasar por una consulta al resto del mundo para saber si ellos tienen interés de que los cubanos les enseñemos a actuar de manera martiana. De lograr tal propósito estaríamos ante un gran aporte a la teoría y la práctica social: “Sin ser capaces para nosotros somos capaces para el resto del mundo”.

Regresando al mundo terrenal, sería más práctico reconocer que la insatisfacción no es un problema de futuro, sino del presente. No habrá insatisfacción en nuestra Isla, sino que hay insatisfacción.

Desde esta visión todos o casi todos estamos de acuerdo en la necesidad de actuar de manera martiana. El primer problema, entonces, sería dejar de enseñar a un Martí despojado de lo esencial. El segundo problema es que para ese propósito habría que restituir el entramado cívico que emergió en el último cuarto del siglo XIX, que se desarrolló en la República y que fue desmantelado después de 1959. Intentar asumir y actuar de forma martiana es un absurdo en ausencia de las libertades cívicas, políticas y económicas de los cubanos.

Atrapados en un escenario en el que Cuba se debate ante las inaplazables transformaciones, el pensamiento de José Martí continúa tan vigente como lo estuvo en el siglo XIX. Por ello, lo que se impone es divulgar su pensamiento integro y poner especial atención en aspectos sencillos, pero profundos y esenciales, sin los cuales no será posible eliminar la insatisfacción mencionada.

Diez citas, tomadas al azar, constituyen una prueba de ideas martianas tan necesarias como vigentes, pero ausentes en los textos que se divulgan sobre el Apóstol.

– En 1884 escribió al Generalísimo Máximo Gómez: “[…]. Pero hay algo que está por encima de toda la simpatía personal que usted pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente: y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta…”1.

– “Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea[…]. Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia”2.

“[…]. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba: no una persona”3.

– “[…] cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos”4.

– El 5 de diciembre de 1891 escribió a José Dolores Poyo: “Es mi sueño que cada cubano sea hombre político enteramente libre…”5.

– El 10 de abril de ese mismo año, en el acto de fundación del PRC, reiteró que el partido se crea: “de modo que en la conquista de la independencia de hoy vayan los gérmenes de la independencia definitiva de mañana”6

– La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie, y las cosas públicas en que un grupo o partido de cubanos ponga las manos con el mismo derecho indiscutible con que nosotros las ponemos, no son suyas sólo, y de privilegiada propiedad, por virtud sutil y contraria a la naturaleza, sino tan nuestras como suyas…”7.

“La grandeza es esa del Partido Revolucionario: que para fundar una república, ha empezado con la república. Su fuerza es esa: que en la obra de todos, da derecho a todos. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba: no una persona…”8

– En su discurso Con todos y para el bien de todos, en 1891 expresó: “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, –o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una gota de sangre de nuestros bravos:”9

– Su rechazo al socialismo de Estado, del cual dejó constancia en La futura esclavitud, donde planteó “los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesaran a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia […], como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio […]. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”10

Es imposible poner en correspondencia el pensamiento y la conducta de los cubanos para que actúen como Martí desde los propósitos de la autoridad institucionalizada, cuyo propósito declarado consiste más en perpetuarse que enseñar la verdad.

1 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TI, p.459
2 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.359
3 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.192
4 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. Tomo III, pp.9-10
5 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. Tomo III, pp.24-25
6 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.99
7 MARTÍ, JOSÉ.  Obras Escogidas en tres tomos. TII, p. 367
8 MARTÍ, JOSÉ.  Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 192
9 MARTÍ, JOSÉ.  Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 9
10 MARTÍ, JOSÉ. Obras Completas. T 15, pp.388-392.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/search/node/Inversi%C3%B3n%20extranjera

En el año 2007, después de 48 años de poder  revolucionario, la ineficiencia productiva había convertido a las tierras estatales en campos infectados de marabú, mientras en el mercado internacional crecían los  precios de los alimentos. Ante ese cuadro, el General Raúl Castro planteó cambiar todo lo que deba ser cambiado. Cinco años después, en mayo de 2013, el vicepresidente del Consejo de Estado Marino Murillo Jorge reconoció que las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no han conducido al necesario aumento de la producción.

La ineficiencia se reflejó en el Producto Interno Bruto (PIB), que disminuyó de forma sostenida durante años hasta llegar al 1% en el primer semestre de 2016 y caer otro 0,9% al finalizar el año. Es decir, Cuba entra al 2017 en recesión o en crecimiento negativo. El resultado coloca en el orden del día la necesidad de la inversión extranjera, de la que ninguna nación puede sustraerse, mucho menos un país subdesarrollado en estado de crisis.

En 1982 se dictó en Cuba el Decreto-Ley No. 50 para la inversión extranjera, en un momento en que los subsidios soviéticos permitían mantener una actitud hostil hacia los inversionistas de otras partes del mundo. Fue necesario el golpe recibido con la desaparición de la Unión Soviética para que el gobierno dictara la Ley No. 77 de 1995, una legislación cargada de restricciones, ausencias de garantías y mal trato a los inversionistas. Por esas razones de unas 400 empresas mixtas que llegaron a funcionar en el año 2002, la mitad abandonaron el país. A pesar del resultado negativo hubo que esperar al desinterés de los inversionistas por la Zona Especial de Desarrollo Mariel para su derogación.

La Ley 118, promulgada en marzo de 2014, aunque más flexible que la precedente también ha resultado insuficiente. Según las propias autoridades cubanas el país necesita de un crecimiento sostenido del PIB entre el 5 y el 7%. Para lograrlo se requieren  tasas de acumulación e inversión de no menos de un 25%, lo que demanda un flujo anual de inversión de entre 2000 y 2500 millones de dólares (de esta cifra el pasado año la inversión extranjera no sobrepasó el 6,5%). La única posibilidad de acercarse a ese objetivo en las actuales condiciones sería implementar entre otras medidas, las siguientes:

1- Permitir a los cubanos, tanto los que viven en la Isla como a los que radican en el exterior, la participación como inversionistas.

2- Reconocer la función social de la propiedad y la propiedad privada. Erradicar el concepto de no permitir su concentración en personas jurídicas o naturales, cuyo único objetivo es mantener evitar que el cubano sea sujeto de los procesos económicos.

3- Permitir a los cubanos ejercer cualquier actividad privada productiva o de servicios y dotarlos de personalidad jurídica.

4- Brindar garantías legales a los inversionistas para dirimir cualquier diferencia con la parte cubana ante un órgano de justicia que no esté subordinado al Partido y al Estado, lo que convierte al Gobierno en juez y parte.

5- Permitir la libre contratación de la fuerza de trabajo.

6- Eliminar la dualidad monetaria y las disímiles tasas de cambio, lo que a su vez es premisa para la existencia de un mercado interno que estimule las inversiones.

7- Reconocer la libertad sindical para afiliarse y fundar sindicatos -un principio consagrado en el Convenio 87 de la Organización Internacional del Trabajo, del cual Cuba es signatario; en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual Cuba fue una de sus promotoras en 1948; y en los pactos internacionales de Derechos  Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales también firmados por Cuba, pero no ratificados.

En esas trabas, en la historia antagonista con los inversionistas y en las deudas con los acreedores, radica la principal causa de la pobre inversión extranjera y no en el embargo, flexibilizado con las medidas del presidente Barack Obama. En fin, que el estado para la inversión en Cuba es atípico para empresas que operan con economías de mercado y por tanto sin cambiar, no habrá resultados.

El Ministro de Economía y Planificación Ricardo Cabrisas, en la reunión del parlamento cubano el pasado 27 de diciembre, planteó que: La inversión extranjera continúa siendo muy baja. No se logra que desempeñe un papel fundamental en el desarrollo económico. Mientras el Presidente del Consejo de Estado, Raúl Castro, explicó que: Es de gran importancia dinamizar la inversión extranjera en Cuba… Es preciso superar de una vez y por siempre la mentalidad obsoleta llena de prejuicios contra la inversión foránea. Debemos despojarnos de falsos temores hacia el capital externo.

Entonces, si la salida del estancamiento económico es imposible sin una fuerte   inyección de capital y el concepto de cambiar todo lo que deba ser cambiado va más allá de la retórica, se impone promulgar una nueva Ley o someter la actual a una profunda modificación, en la cual el apellido de “Extranjera” debe desaparecer y convertirse simplemente en Ley de Inversiones.

Cuba es el único país de la región donde sus habitantes carecen de un derecho tan elemental como participar en calidad de sujetos en las actividades económicas, a pesar de contar con sobradas iniciativas y formación profesional. Si eso no se corrige, además de ser una negación de nuestra historia económica, de las luchas sociales y del concepto martiano de República: estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; de muchos pequeños propietarios.

Esa prohibición, además de dañina a la nación, es violatoria de la Constitución vigente, la que en su artículo 14 reza: la economía se basa en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción. Es decir, el pueblo, supuesto propietario, está excluido del derecho de participar en el proceso inversionista, algo ajeno al derecho, a la cultura occidental de la cual somos parte, a nuestra historia económica y contrario a la dignidad humana.

Una nueva Ley de Inversiones sin apellido, podría ser una señal importante, necesaria y esperada de cambios. Una prueba de que realmente, aunque con bastante demora, el gobierno está dispuesto a cambiar todo lo que deba ser cambiado.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1481381183_27318.html

Fidel Castro Ruz imprimió su sello personal a Cuba durante décadas. Con un poder absoluto e imbuido de una elevada dosis de mesianismo, populismo y voluntarismo decidió el destino de varias generaciones. Emprendió importantes obras sociales, pero estancó la economía e hizo retroceder las libertades ciudadanas. El gobierno bajo su dirección ancló al país en el pasado y desaprovechó las oportunidades de cambio que ofrecieron los diversos y continuados fracasos. Su muerte, en el momento y las condiciones en que se produjo, no puede dejar de tener un fuerte impacto en la sociedad cubana.

Las reformas implementadas desde el año 2008 bajo la dirección del  Raúl Castro no arrojaron resultados positivos por sus limitaciones, la lentitud de su ritmo y las contradicciones que se expresaron en una  especie de dualidad de poderes. La caída del PIB al 1% en el primer semestre de 2016, la eminente recesión para el 2017 y el aumento del éxodo masivo de cubanos,confirman su fracaso.

A pesar de ello, esas tímidas y limitadas reformas generaron el embriónde un sector privado del cual hoy el gobierno no puede prescindir; las relaciones con Estados Unidos, aunque se tensaran con la próxima administración de Donald Trump generado intereses que impiden dar marcha atrás; la posibilidad de encontrar un nuevo padrino en la arena internacional dispuesto a sustituir a Venezuela no existe; y los paquetes de medidas dictados por la administración de Obama, que oxigenaron las relaciones con Occidente,reactivaron el turismo y crearon expectativas no continuarán sin cambios al interior de Cuba.

En ese escenario el actual gobierno sólo tiene dos caminos: frenar, que es lo mismo que conducir al país a la ruina total o en su lugar avanzar. La decisión más probable es la segunda, pues en la primera todos seríamos perdedores, incluyendo a los que detentan el poder. De ser así,aunque se carezca de la voluntad política, en corto tiempo se producirán cambios y se sabrá si las actuales autoridades son capaces en tan compleja situación de sacar al país del estancamiento y hacerlo avanzar. De todas formas cualquier camino que se elija, tarde o temprano, inexorablemente conducirá a la democratización del país.

Por la magnitud del reto, aunque sea una necesidad, lo más importante e inmediato no es juzgar lo ocurrido, cuyo resultado es evidente y de lo cual se encargará ese juez implacable que es el tiempo; sino definir el camino y echar a andar. Un camino que, en ausencia de fuerzas alternativas con capacidad para imponer el ritmo y la dirección, tendrá como sujeto inicial al gobierno cubano, el cual en ausencia del líder máximo y desaparecida la dualidad de poderes, cuenta con los principales resortes para iniciar las transformaciones.

En la economía, con excepción del incipiente sector privado, la poca que funciona, vinculada a sectores como el turismo, proyectos como la Zona Especial de Desarrollo Mariel y  algunas producciones, está concentrada en el Grupo de Administración Empresarial S.A, (GAESA), bajo la dirección del General de División Luis Alberto Rodríguez López-Callejas.

En cuanto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias(FAR), la Constitución establece que el Presidente del Consejo de Estado desempeña la jefatura suprema. Las figuras principales de esa jefatura, los generales de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías, Álvaro López Miera,Ramón Espinosa Martín, Joaquín Quinta Solas. Los  generales de Brigada Lucio Morales Abad, Raúl Rodríguez Lobaina y Onelio Aguilera Bermúdez, se  formaron o estuvieron bajo el mando de Raúl Castro como ministro de esa institución y todos son miembros del Buró Político del Partido Comunista o de su Comité Central.

A lo anterior se une el Consejo de Defensa Nacional, un órgano que puede ser convocado a voluntad del presidente del Consejo de Estado y en circunstancias especiales convertirse en el máximo órgano de poder estatal y político, al que en esas condiciones se subordinan hasta los secretarios del Partido en las provincias y municipios.

Por tanto, el actual Presidente cuenta con todos los hilos del poder para tomar el camino que Cuba necesita con muy poca o sin ninguna oposición.

Como la inviabilidad del modelo constituye la causa fundamental del desinterés y desesperanza, del éxodo masivo y de la ineficiencia productiva, cualquier reforma que se implemente tiene que atacar esa causa fundamental. La posibilidad de medidas dirigidas a cambiar para no cambiar, como ocurrió antes, hoy sería totalmente inútil.

El tiempo se agotó definitivamente. El gobierno, aunque tiene en sus manos todos los hilos del poder no los puede usar para otra cosa que para emprender transformaciones profundas, que son tan  necesarias  para salir de la crisis como imposibles para cambios cosméticos e intentar conservar el poder a mediano-largo plazo.

Por el tiempo perdido, el nuevo escenario aunque más complejo que los anteriores, ofrece una última oportunidad para profundizar los cambios ordenadamente desde el poder. El totalitarismo se agotó totalmente. Por ello, con independencia de la voluntad del gobierno, el cambio resulta inevitable para el propio gobierno. Esa es la peculiaridad del nuevo escenario en que ha desembocado aquel proceso inaugurado en 1959.

Entre el cúmulo de dificultades están:la necesidad de grandes inversiones y por tanto de una gran entrada de capital internacional, lo que obliga a reformar nuevamente la Ley de Inversiones; la implementación de cambios constitucionales para garantizar la legalidad inmediata de los sucesores, quienes carecen de la legitimidad que dio el triunfo de 1959 y de una economía capaz de tranquilizar a una sociedad insatisfecha; los cambios en la estructura de la propiedad que permitan a los productores ser verdaderos propietarios. Esas transformaciones para que resulten beneficiosas tienen que acompañarse con transformaciones en materia de derechos y libertades.

Una de las posibilidades más factibles para el gobierno es tomar el camino vietnamita. La complejidad de ese camino está en que las reformas de Vietnam excluyeron las libertades cívicas y políticas, algo que en Cuba por su historia política y su cultura, una vez en marcha las reformas económicas, será imposible de obviar.

Lo que ocurra de ahora en adelante, pero en un plazo breve, será decisivo para Cuba, su sociedad y también para el actual gobierno. Un reto difícil pero ineludible en un escenario sin padrinos, sin Fidel, con una economía en franco retroceso y un pueblo desesperanzado.

Tomado de: http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/donald-trump-y-raul-castro-dimas-castellanos-noticia-1949793

La victoria electoral de Donald Trump sorprendió a la gran mayoría de los cubanos. Las encuestas foráneas y la prensa oficial cubana, al considerar a Hilary Clinton como favorita crearon una falsa expectativa. Una vez conocidos los resultados los criterios son diversos. Algunos piensan que Trump es un hombre peligroso y será dañino, otros que será más exigente con La Habana y se alegran de ello, muchos están preocupados por un retroceso en las relaciones y se lamentan de su triunfo, mientras una mayoría está desencantada por la campaña de la prensa oficial contra la política del presidente Barack Obama.  En lo que casi todos coinciden es en lo mal que está Cuba y en la necesidad de emigrar.

Anular lo avanzado en las relaciones restablecidas será extremadamente difícil. ¿Por qué?, por la división de los poderes públicos, por la existencia de sectores con intereses diversos y por la institucionalidad existente en Estados Unidos. El Presidente podría limitar o eliminar algunas cosas, pero no anularlo todo, porque ello implicaría afectaciones a intereses norteamericanos. Sencillamente una cosa es el populismo electoral y otra es presidir un país institucionalizado.

Suponiendo que realmente Trump pudiera ser un peligro para las relaciones que la administración  de Barack Obama logró adelantar con Cuba -desde mi opinión el hecho de mayor trascendencia política en el último medio siglo cubano- el mayor peligro de retroceso hasta ahora ha estado y está en la parte cubana.

La estatización, la planificación centralizada y la ausencia de  libertades están entre las principales causas del estado de crisis permanente en que Cuba se encuentra. La política de la administración de Obama brindó una oportunidad de cambio que ha sido desaprovechada por la parte cubana. Por tanto, cualquier peligro que pueda representar la administración de Trump resultaría menor que la negativa del gobierno de Cuba, atrapado ante una insoluble contradicción: cambiar y conservar el poder.

La tesis de Fidel Castro, de que “Cuba ya cambió en 1959” dio paso a la visión más pragmática del general Raúl Castro, de “cambiar algunas cosas para conservar el poder”. Sin embargo, las medidas implementadas con ese objetivo, debido a una especie de dualidad de poderes, no dieron el resultado esperado y en su lugar develaron la inviabilidad del modelo y la profundidad de la crisis.

Los paquetes de medidas dictados por la Casa Blanca se reflejaron en el aumento del turismo y de las remesas familiares, arribo del primer crucero, reinicio de los vuelos, acuerdos con empresas estadounidenses de telecomunicaciones, negociaciones con otros países y renegociación de la deuda externa, entre otras. Mientras la Directiva Presidencial del pasado mes de noviembre se propuso hacer irreversible los avances logrados. Si esas medidas no han arrojado mayor resultado es porque las trabas a las fuerzas productivas y la ausencia de libertades al interior de Cuba lo ha impedido. Por eso, más que de Trump, los cambios dependen de las autoridades cubanas. De acometer esos cambios ahora, aunque sea fuera de tiempo, cualquier intención de retroceso por parte de Trump quedaría sin argumentos.

Teniendo en cuenta que la suspensión del embargo es prerrogativa del Congreso estadounidense, lo indicado, después de la desaparición física de Fidel Castro, sería acometer una reforma estructural e integral, al menos como hicieron los vietnamitas, que al abandonar la planificación centralizada y asumir la economía de mercado, se han ubicado en el lugar 28 entre los mayores países exportadores del mundo.

En el contexto generado por la ruptura de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, el gobierno revolucionario estatizó la economía, desmanteló la sociedad civil, restringió las libertades fundamentales y despareció el concepto de ciudadano.

La ineficiencia del modelo implantado -una de cuyas manifestaciones fue el fracaso de la zafra de los 10 millones de toneladas en 1970- se solapó durante décadas con las subvenciones basadas en la afinidad ideológica, mientras el desmontaje de la institucionalidad se justifico con el enfrentamiento al “enemigo”.

El derrumbe de la Unión Soviética develó el fracaso. Sin embargo, el gobierno cubano en lugar de  someter el modelo a una reforma estructural se circunscribió a cambios coyunturales para subsistir. A pesar de su carácter limitado, ante las primeras señales de surgimiento de un embrión de clase media, los cambios fueron detenidos. Unos años después, con las subvenciones procedentes de Venezuela, la reforma se pospuso para las calendas griegas, mientras la ineficiencia del modelo continuaba su camino.

A partir del año 2008, cuando el general Raúl Castro asumió la dirección del Estado, implementó un paquete de medidas cuyo principal ha sido develar el agotamiento del modelo y la profundidad de la crisis.

Ante la disyuntiva de profundizar o restringir las reformas, la Primera Conferencia del Partido Comunista en 2012 optó por lo segundo. Se revitalizó la política expuesta por Fidel Castro en 1961, cuando en el Congreso de Cultura preguntó: ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Y se respondió así mismo: Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho… Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos.

La inviabilidad del fidelismo, incapaz de satisfacer las necesidades más elementales del pueblo cubano; el fracaso de Venezuela, multiplicado por la brusca caída de los precios del petróleo; el fracaso de la política norteamericana, dirigida a promover cambios dentro de Cuba y el hábil manejo de los errores de esa política por la parte cubana, facilitaron el inicio de las conversaciones secretas entre los dos gobiernos hasta desembocar en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el anuncio de una nueva política norteamericana: una decisión útil a los intereses estadounidenses para recuperar la influencia perdida en la región; útil al gobierno cubano al proporcionar una salida “decorosa”; y sobre todo, útil a los cubanos, al crear un escenario favorable para la recuperación de los derechos y libertades perdidos.

La nueva política norteamericana, al no exigir la democratización de Cuba como premisa para restablecer las relaciones, desplazará gradualmente la contradicción externa por la contradicción interna Pueblo-Gobierno, lo que explica la insoluble contradicción del gobierno cubano: cambiar y conservar el poder.

Teniendo en cuenta los límites impuestos por el embargo, el presidente Barack Obama dictó seis paquetes de modificaciones. El primero amplió los permisos generales de viaje, ofreció facilidades comerciales a empresas privadas cubanas y a pequeños agricultores, acrecentó el monto de las remesas y donativos, expandió las exportaciones comerciales de bienes y servicios desde Estados Unidos, incrementó el acceso de Cuba a las comunicaciones y proporcionó telecomunicaciones comerciales y servicios de internet con precios más bajos.

Ese y los subsiguientes paquetes se reflejaron en el aumento de los viajes autorizados a Cuba, la llegada del primer buque de cruceros a puertos cubanos, el reinicio de los vuelos, el inicio de la transportación directa de correo entre los dos países; varias empresas estadounidenses de telecomunicaciones establecieron acuerdos para servicios de voz directa e itinerancia de señales con Cuba, facilitó las negociaciones con otros países y reanimó las expectativas y esperanzas de cambio.

La reciente Directiva Presidencial -dirigida a hacer irreversible la nueva política- se propone avanzar en los siguientes seis objetivos a mediano plazo:

Continuar los intercambios de alto nivel y técnicos en áreas de interés mutuo;  2- Continuar” los vínculo persona a persona a través de intercambios patrocinados por el gobierno o el sector privado y establecer un grupo de trabajo bilateral para ampliar la conectividad a Internet”; 3- Identificar maneras de ampliar las oportunidades para que las empresas estadounidenses trabajen con Cuba y “aplicar políticas que permitan la interacción del sector privado de Estados Unidos con el sector privado emergente de Cuba y con las empresas estatales que proporcionan bienes y servicios a la población cubana”; 4- Utilizar la cooperación ampliada para apoyar mayores reformas económicas por parte del gobierno cubano; 5- Dejar claro que Estados Unidos no puede imponer un modelo diferente en Cuba, porque el futuro de Cuba depende del pueblo cubano, a la vez que buscará institucionalizar un diálogo regular sobre los derechos humanos para impulsar el avance en esa materia; y 6- Ampliar el diálogo con Cuba en las organizaciones en las que ya es miembro, como la Organización Mundial de Comercio y la Organización Mundial de Aduanas.

Por su parte el gobierno de la Isla permitió  a los cubanos hospedarse en hoteles reservados para turistas; comprar computadoras, DVD y líneas de telefonía móvil; vender su casa o su auto; salir del país sin tener que pedir permiso a papa Estado y permanecer hasta 24 meses en el exterior; y estableció más de 100 puntos públicos de acceso a wifi. Medidas, que más que avances denotan hasta el punto en que habían retrocedido los derechos en Cuba.

Otras medidas que pudieron ser el comienzo de cambios profundos: la entrega en usufructo de tierras que el Estado fue incapaz de hacer producir y el trabajo privado, limitado a unas 200 actividades esencialmente de servicios y sin personalidad jurídica;  la creación bajo control estatal de “cooperativas no  agropecuarias”; y una nueva Ley de Inversión Extranjera. Medidas subordinadas a la conservación del poder que prohíben a los cubanos ser empresarios en su propio país, contratarse directamente con empresarios extranjeros y crear sindicatos independientes para la defensa de sus intereses.

Teniendo en cuenta que la suspensión del embargo es prerrogativa del Congreso y que las medidas de la administración Obama lo han flexibilizado, lo indicado sería aprovechar las relaciones diplomáticas y los paquetes de medidas del gobierno estadounidense para implementar la reforma -estructural e integral- que no se emprendió después del fracaso de la zafra de 1970, ni después de la desaparición de la Unión Soviética en 1989, ni a partir de los cambios mínimos iniciados en 2008. Una reforma  que beneficiaría enormemente beneficiosa para Cuba y para los cubanos.

Por tanto, la inviabilidad del modelo y el límite a las reformas constituye, la causa fundamental del desinterés y desesperanza de los cubanos, del éxodo masivo y de la ineficiencia productiva que ha impedido eliminar la dualidad monetaria, liberarse de las subvenciones extranjeras, sustituir la importación de alimentos y obtener las divisas necesarias. Con ese resultado -responsabilidad del gobierno cubano- si mañana el Congreso norteamericano levanta el Embargo, no se podrían aprovechar plenamente las relaciones económicas con la mayor potencia económica del mundo, ubicada geográficamente a unas pocas millas de Cuba.

Respecto a la solución de las diferencias pendientes en la marcha hacia la plena normalización de las relaciones, la Directiva declara que “no tiene la intención de modificar el tratado de arrendamiento vigente y otras disposiciones relacionadas con la Base Naval de Guantánamo”. Ese y otros aspectos: las trasmisiones radiales y televisivas, las compensaciones mutuas, el programa de parole para médicos cubanos, la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados” y cualquier otra diferencia, deben negociarse a través de los canales diplomáticos restablecidos y desterrar el discurso populista, las estridentes movilizaciones y las condenas en Naciones Unidas, que en décadas no han arrojado ninguna solución. Pero sobre todo deben emprenderse las reformas para que los cubanos no tengan que salir  a buscar en el extranjero lo que con libertades pueden resolver en su país.

El ministro de relaciones exteriores de Cuba, al presentar  el último proyecto contra el embargo en la Asamblea General de la ONU el pasado 26 mes de octubre, calificó las medidas adoptadas por el gobierno de Estados Unidos de “pasos positivos, pero de muy limitado efecto y alcance”. Y en consecuencia planteó que “el bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo económico y social de nuestro pueblo”, y parafraseando a Fidel dijo que “ya decidimos nuestro camino al futuro”. Dos afirmaciones falsas. Ni el “bloqueo” es el principal obstáculo, ni los cubanos cuentan con los mecanismos, espacios e instituciones para decidir ningún camino, que no sea el del éxodo.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1480373673_27043.html

La mayoría de los analistas al referirse al giro que podrían sufrir las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, después de las elecciones del pasado ocho de noviembre, se han ocupado unilateralmente de la política que seguirá el nuevo inquilino de la Casa Blanca respecto a Cuba ignorando el carácter bilateral de dichas relaciones.

Los vaticinios emitidos conforman un abanico que se despliega desde los que plantean el cumplimiento de la promesa electoral de retrotraer la política empleada por Barack Obama, hasta un posible mayor entendimiento con las autoridades cubanas. En casi todos el acento recae en lo que hará el nuevo mandatario, tal como si la parte cubana fuera ajena a lo que pueda ocurrir a partir del próximo 20 de enero.

Un análisis retrospectivo de las relaciones entre ambas administraciones indica otra cosa. Teniendo en cuenta que el pueblo cubano carece de derechos civiles y políticos para influir en ese proceso y la debilidad de la sociedad civil emergente le impide desempeñar el papel de contraparte, el  análisis tiene que ceñirse a las relaciones intergubernamentales.

Una cosa es apelar al populismo electoral y otra muy diferente es presidir la mayor potencia del mundo. Anular lo avanzado en las relaciones restablecidas durante la presidencia de Barack Obama será extremadamente difícil. La institucionalización de los poderes públicos, la existencia de diversos sectores con intereses en nuestra isla y los intereses en la región frente a la penetración de otras potencias, lo impiden. En esas condiciones el Presidente electo podría limitar o eliminar algunas cosas, pero no podría anularlo todo, porque afectaría los propios intereses de su país.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos -el hecho de mayor trascendencia política después de la revolución de 1959- responde a los  intereses de ambas naciones. La suposición de que Trump constituya un peligro para las relaciones que la administración  de Barack Obama logró adelantar es una cara de la moneda, en la otra cara está el freno demostrado por el gobierno cubano para que dichas relaciones  avancen.

El aferramiento a la estatización, la planificación centralizada y la ausencia de  libertades de los cubanos, están entre las principales causas de la crisis en que Cuba se encuentra. La política de la administración de Obama brindó una oportunidad de cambio que fue desaprovechada por la parte cubana para remover los obstáculos al interior del país. Por tanto, junto al peligro potencial que pudiera representar la administración de Trump está la negativa real del gobierno cubano, carente de la voluntad política necesaria para enfrentar el presente. Una contradicción insoluble que consiste en cambiar y al mismo tiempo conservar el poder.

La tesis de Fidel Castro, de que “Cuba ya cambió en 1959” dio paso a la visión más pragmática del general Raúl Castro, de “cambiar algunas cosas para conservar el poder”. Las medidas implementadas con ese objetivo en ocho años no arrojaron el resultado esperado. En su lugar develaron la inviabilidad del modelo y la profundidad de la crisis, ante lo cual la única salida radica en la implementación de una reforma profunda.

Si los paquetes de medidas dictados por la Casa Blanca -incluyendo la Directiva Presidencial del pasado mes de octubre dirigida a hacer irreversible los avances logrados- no han arrojado un mayor resultado es porque no se acompañaron con las medidas necesarias de la parte cubana para liberar las fuerzas productivas y restituir las libertades ciudadanas. Por esa razón, más que lo que pudiera ocurrir durante la administración de Trump, la solución de Cuba recae en sus autoridades. De acometerse esos cambios ahora, aunque se implementen con gran atraso, neutralizarían cualquier intención de retroceso por parte del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Teniendo en cuenta que la suspensión del embargo es prerrogativa del Congreso estadounidense, lo indicado ahora, después de la desaparición física de Fidel Castro, es acometer una reforma estructural e integral que debió de haberse iniciado mucho antes, al menos, en su comienzo como la hizo Vietnam, limitada a la economía, en un país que sobre su territorio, en diez años de guerra, se arrojaron tres veces más bombas que las empleadas durante la Segunda Guerra Mundial, donde el 15% de la población pereció o resultó herida en la contienda, en el Sur el 60% de las aldeas resultaron destruidas y después de culminar la guerra  enfrentó el bloqueo económico y los ataques fronterizos, pero en lugar de campañas ideológicas emprendieron las reformas.

El diario Granma del pasado 4 de noviembre, en un reporte titulado El Vietnam del futuro, dice que la provincia de Binh Duong, antes eminentemente agrícola, ahora predomina la actividad industrial. Esta provincia cuenta con más de 2 700 proyectos de inversión extranjera; el PIB desde el 2010 crece al 14% anual; cuenta con 28 parques industriales con fábricas construidas por empresas de más de 30 países; en los últimos dos años se han incorporado casi 370 nuevos proyectos de inversión y de 1996 para acá  han generado más de 90 mil puestos de trabajo.

El mismo diario, el 11 de noviembre, publicó El milagro de la economía vietnamita, donde plantea que el Banco Mundial ha colocado a Vietnam entre los países más exitosos, que en 30 años han triplicado la renta per cápita, entre 2003 y la actualidad redujeron la pobreza de un 59 a cerca del 12%, y en menos de 20 años sacaron de la miseria más de 25 millones de personas. Agrega que en 1986 el ingreso promedio de los vietnamitas estaba entre 15 y 20 dólares al mes y ahora oscila  entre los 200 y los 300, que en 1986 eliminaron el mecanismo centralizado e implementaron una economía de mercado con orientación socialista. Por sus resultados Estados Unidos le suspendió un embargo que duró 30 años, en 2008 dedicaron los esfuerzos a salir de la lista de países subdesarrollados, en 2010 se trazaron el objetivo de entrar en el grupo de países de ingreso medio, en 2014 se ubicaron como el 28 exportador más grande del mundo, y en 2016 aprobaron medidas destinadas a convertirse en una nación industrializada.

En ese mismo lapso de tiempo, Cuba se ancló en el pasado con la política conocida como “Rectificación de errores y tendencias negativas” y logró  que durante 25 años las Naciones Unidas condenaran el embargo. Hoy tenemos que erogar millones de dólares para adquirir en el exterior alimentos que se pueden producir en Cuba y después de enseñar a los vietnamitas a cosechar café, tenemos que comprarle ese grano.

La Habana, 28 de noviembre de 2016

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1477963680_26395.html

El mal de la corrupción ?acción y efecto de corromper? acompaña a la especie humana desde su surgimiento. Ha estado presente en todas las sociedades y en todas las épocas. Sus diversas causas van desde las conductas personales hasta el sistema político-económico de cada país. En Cuba hizo acto de presencia en la época colonial, se mantuvo en la República y se generalizó hasta devenir conducta predominante en la sociedad.

La comprensión de la involución sufrida nos remite a la conformación de nuestra moral, esencialmente durante el cruce de las culturas hispánicas y africanas y al giro hacia el totalitarismo después de 1959, como puede verse en las siguientes líneas.

La conversión de la Isla en la primera potencia azucarera y cafetalera a escala mundial generó múltiples contradicciones entre esclavos y esclavistas, negros y blancos, productores y comerciantes, peninsulares y criollos, y entre todos ellos y la metrópoli. De esas contradicciones brotaron tres vertientes morales: la utilitaria, la cívica y la de sobrevivencia.

La moral utilitaria

El padre del utilitarismo, Jeremías Bentham (1748-1832), decía que la utilidad se mide por las consecuencias que las acciones tienden a producir y arribó a la conclusión de que toda acción es socialmente buena cuando trata de procurar el mayor grado posible de felicidad al mayor número de personas y que cada persona tiene derecho a ser tenido en cuenta en el ejercicio del poder. Esa tesis de Bentham devino eslógan popular sintetizado en la frase: “La mayor felicidad para el mayor número”. Tal concepto cristalizó en Cuba como variante criolla de un utilitarismo que tomó cuerpo en explotación, contrabando, corrupción, bandolerismo y criminalidad, los cuales convirtieron a la violación de todo lo dispuesto en norma de conducta admitida en la sociedad.

El obsequio de un ingenio por los hacendados azucareros al gobernador Don Luis de las Casas; el desvío de los fondos para la construcción de Fortaleza de la Real Fuerza de la Cabaña, que hizo de ella la fortaleza más cara del mundo; el garito y la valla de gallos que tenía el gobernador Francisco Dionisio Vives para su esparcimiento en el Castillo de la Real Fuerza, a cuyo gobierno se le conocía por “las tres b”: baile, baraja y botella, por lo que, al término de su mandato, apareció un pasquín que decía: “¡Si vives como Vives, vivirás!”; los curros del Manglar; bandidos como Caniquí, el negro de Trinidad y Juan Fernández, el rubio de Puerto Príncipe… son algunos ejemplos.

El utilitarismo reapareció en el escenario republicano como discurso de una elite política, económica y militar carente de cultura democrática, hinchada de personalismo, caudillismo, corrupción, violencia y desconocimiento del diferente. Un retrato magistral de esa moral lo dibujó Carlos Loveira en su novela Generales y doctores, vertiente que resurgió en la segunda mitad del siglo XX.

Así emergió la República, erigida sobre la simbiosis de hacendados y políticos vinculados a intereses extranjeros, con una sociedad civil débil y con problemas raigales irresueltos, como eran la concentración de la propiedad agraria y la exclusión del negro. La coexistencia de conductas morales diferentes en el mismo medio social condujo a la simbiosis de sus rasgos. El utilitarismo se entrecruzó con virtudes y altruismos, preocupaciones y ocupaciones sobre asuntos más trascendentes que las cajas de azúcar y los sacos de café.

A lo largo del siglo XX, esos y otros factores estuvieron presentes en la Protesta de los 13, en la Revolución del 30, en la abrogación de la Enmienda Platt, en la Constituyente de 1939 y en la Constitución de 1940. También en la corrupción que imperó durante los gobiernos auténticos y en los esfuerzos de adecentamiento realizados por la disidencia ortodoxa y la Sociedad de Amigos de la República. Asimismo, en el golpe de Estado de 1952 y en el intento de contragolpe del Moncada, en la lucha cívica y armada que triunfó en 1959 y en los que desde entonces y hasta hoy luchan por el restablecimiento de los derechos humanos.

La moral cívica

La moral cívica, cuna de los valores éticos, fue una manifestación de minorías, fraguada por figuras que van desde el obispo Espada, pasando por José Agustín Caballero hasta las enseñanzas del padre Félix Varela y la república “con todos y para el bien de todos” de José Martí. Esta vertiente cívica devino fundamento de la nación y fuente de cubanía. Incluyó la preocupación por los destinos de la patria local, del país y de la nación. Se forjó en instituciones como el Seminario de San Carlos, el Colegio El Salvador, en Nuestra Señora de los Desamparados y favoreció el fomento de las gestas independentistas de la segunda mitad de siglo XIX, así como a los proyectos de nación y de república.

El padre Félix Varela comprendió que la formación cívica constituía una premisa para alcanzar la independencia y, en consecuencia, eligió la educación como camino para la liberación. En 1821, al inaugurar la Cátedra de Constitución en el Seminario de San Carlos, la calificó como “cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales… fuente de virtudes cívicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad, la que por primera vez a conciliado entre nosotros las leyes con la filosofía”. José de la Luz y Caballero arribó a la conclusión de que “antes de la revolución y la independencia, estaba la educación”. Hombres, más que académicos ?decía?, es la necesidad de la época. Y José Martí comenzó por un estudio crítico de los errores de la Guerra de 1868 que develó factores negativos como la inmediatez, el caudillismo y el egoísmo, estrechamente relacionados con la débil formación cívica.

Esa obra fue continuada por varias generaciones de educadores y pensadores cubanos hasta la primera mitad del siglo XX. A pesar de esos esfuerzos, no se logró que la conducta cívica se generalizara. Prueba de esta afirmación la podemos encontrar en textos como el Diario del soldado de Fermín Valdés Domínguez y la Vida Pública de Martín Morúa Delgado, de Rufino Pérez Landa.

Durante la República, la vertiente cívica fue retomada por minorías. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX sus supuestos herederos, una vez en el poder, se deslizaron hacia el totalitarismo, reduciendo la base occidental de nuestras instituciones a la mínima expresión, y con ello el discurso y la práctica de respeto a los derechos humanos.

La moral de sobrevivencia

La moral de sobrevivencia emergió de las continuadas frustraciones, exclusiones y del alto precio pagado en busca de libertad, oportunidades y participación. En la Colonia tuvo sus manifestaciones en el cimarronaje y en las sublevaciones de esclavos y campesinos pobres. Durante la segunda mitad del siglo XX tomó cuerpo en la falta de interés por el trabajo, una de cuyas expresiones es la popular frase: “Aquí lo que no hay es que morirse”.

Se manifestó en la simulación de labores que en realidad no se realizaban, así como en la búsqueda de formas alternativas para sobrevivir. El cubano de hoy, reducido a la sobrevivencia, no responde con heroísmo sino con acciones concretas e inmediatas para sobrevivir. Y esto se manifiesta a lo largo y ancho del territorio nacional, en los cargos de dirección y en todas las actividades productivas o de servicios.

Está presente en la venta clandestina de medicinas, en la pérdida de paquetes enviados por correo, en la aprobación de alumnos a cambio de dinero, en la falsificación de documentos, en la desatención a enfermos (como ocurrió con los enfermos mentales fallecidos en el Hospital Psiquiátrico de La Habana por hipotermia en enero de 2010, donde fallecieron 26 personas según datos oficiales), en los establecimientos donde se expenden mercancías, en los talleres que brindan servicios a la población, en la venta de combustible “por la izquierda” y en el desvío de los recursos destinados a cualquier objetivo.

La fuente principal de abastecimiento de los materiales empleados es el desvío, el hurto y el robo. Mientras los verbos “escapar”, “luchar” y “resolver” designan las acciones dirigidas a adquirir lo necesario para sobrevivir. Al poco valor del trabajo el sobreviviente respondió con las actividades alternativas. A la imposibilidad de tener empresas, con la vía estaticular (entre estatal y particular, actividades que realizan los trabajadores para beneficio propio en centros estatales y con materiales del Estado). A la ausencia de sociedad civil, con la vida sumergida. Al desabastecimiento, con el robo al Estado. Al cierre de todas las posibilidades, con el escape hacia cualquier otra parte del mundo.

Inmersos en esa situación, los cambios que se están implementando en Cuba, bajo el rótulo de Lineamientos de la Política Económica y Social del PCC, tropiezan con la peor situación respecto a la conducta moral. En ello, a diferencia de épocas anteriores, participan desde altos dirigentes hasta simples trabajadores. Un fenómeno de tal dimensión que, a pesar de su hermetismo, ha tenido que ser abordado por la propia prensa oficial como puede apreciarse en los siguientes ejemplos de toda una década:

* El diario Juventud Rebelde, del 22 de mayo del 2001, publicó un artículo titulado “Soluciones contra engaños”, donde se plantea que Eduardo, uno de los miles de inspectores declara que cuando pone en evidencia un delito, los infractores llegan a decirle: “Hay que vivir, hay que luchar”. Según Eduardo, tampoco puede explicarse “la torcedura de los que se molestan cuando se les va a reivindicar sus derechos y en cambio defienden a su propio victimario”. Resulta que el victimario declara que está luchando y las víctimas lo defienden. El abnegado inspector, al pensar que cuando demuestra la violación ya tiene ganada “la batalla” se equivoca. Las acciones represivas, sin atacar las causas, están condenadas al fracaso.

* Ese mismo diario publicó “La vieja gran estafa”, dando a conocer que de 222.656 inspecciones realizadas entre enero y agosto de 2005 se detectaron violaciones de precios y alteraciones en las normas de los productos en el 52% de los centros examinados y en el caso de los mercados agropecuarios en el 68%.

* Por su parte, el diario Granma, del 28 de noviembre de 2003, en “Violaciones de precios y la batalla de nunca acabar” informó que en los primeros ocho meses del año en el 36% de los establecimientos inspeccionados encontraron irregularidades; que en los mercados, ferias, placitas y puntos de venta agropecuarios el índice estuvo por encima del 47%, y en gastronomía el 50%.
* El 16 de febrero de 2007, bajo el título “Caníbales en las torres”, el órgano oficial del Partido Comunista abordó el robo de los angulares que sostienen las redes de transmisión eléctrica de alta tensión y se reconoció que las “medidas técnicas, administrativas y legales aplicadas hasta el momento no han frenado el bandidaje”.

* Asimismo, el 26 de octubre de 2010, en “El precio de la indolencia”, informó que en el municipio de Corralillo, en Villa Clara, se edificaron más de 300 viviendas con materiales y recursos sustraídos, para lo cual se desarticularon 25 kilómetros de líneas férreas y se emplearon 59 angulares de las mencionadas torres de alta tensión.

Si los diarios oficiales Granma y Juventud Rebelde hubieran planteado la estrecha relación entre la corrupción con la propiedad estatal casi absoluta, con que nadie puede vivir del salario, con que los ciudadanos están impedidos de ser empresarios y con que se carece de los derechos cívicos más elementales, entonces hubieran comprendido que la represión por sí sola es inútil, que los vigilantes, policías e inspectores son cubanos con las mismas necesidades que el resto de la población.

Para cambiar el rumbo de los acontecimientos es necesario extender los cambios en la economía al resto de las esferas sociales, lo que implica volver la mirada hacia las libertades ciudadanas perdidas, sin las cuales resultará imposible la conformación y el predominio de la conducta ciudadana que requiere el presente y futuro de Cuba.

Ética, política y libertades

En Cuba, el estado de la ética ?sistema integrado por principios, preceptos, patrones de conducta, valores e ideales que caracterizan a un colectivo humano? es deprimente; mientras la política ?vehículo para transitar de lo deseado a lo posible y de lo posible a lo real? está monopolizada por el Estado. La situación deprimente de una y el monopolio de la otra, guardan una estrecha relación con el tema de la corrupción. Por tanto, su solución resultará imposible sin acometer profundas transformaciones estructurales.

El gran reto de la Cuba de hoy y del mañana está en la transformación de los cubanos en ciudadanos, en actores políticos. Una transformación que tiene su punto de partida en las libertades, comenzando por la implementación de los derechos civiles y políticos. Como la causa más inmediata de la corrupción ?no la única? está en el desmontaje de la sociedad civil y en la estatización de la propiedad que tuvieron lugar en Cuba en los primeros años de poder revolucionario, se impone actuar sobre esa causa desde diferentes direcciones.

La ola de expropiaciones que comenzó por las empresas extranjeras, continuó por las nacionales y no se detuvo hasta convertir al último puesto de fritas en “propiedad de todo el pueblo”, unida al desmontaje de la sociedad civil y a la monopolización de la política, trajo por consecuencia el desinterés por los resultados del trabajo, la baja productividad y el brusco deterioro sufrido con la disminución de los salarios y pensiones. A esos hechos se sumaron otros como la sustitución de decenas de miles de propietarios por jefes y administradores sin conocimientos del abc de la administración ni de las leyes que rigen los procesos económicos.

El resultado no podía ser otro: el trabajo dejó de ser la fuente principal de ingresos de los cubanos. Para transformar esa deplorable situación se requiere de una acción cultural, que, al decir de Paulo Freire, es siempre una forma sistematizada y deliberada de acción que incide sobre la estructura social, en el sentido de mantenerla tal como está, de verificar en ella pequeños cambios o transformarla.

Parafraseando el concepto de acción afirmativa, esa acción cultural es equivalente a las que se efectúan para la inserción y desenvolvimiento de sectores sociales relegados. Su concreción incluye dos procesos simultáneos e interrelacionados: uno, el empoderamiento ciudadano, que incluye la implementación de derechos y libertades; y dos, los cambios al interior de la persona, que a diferencia de los primeros son irrealizables en el corto plazo, pero sin los cuales el resto de los cambios serían de poca utilidad. La transformación de los cubanos en ciudadanos públicos, en actores políticos, es un reto tan complejo como ineludible.

La experiencia, avalada por las ciencias sociales, enseña que el interés es un motor insustituible para el logro de objetivos. En el caso de la economía, la propiedad sobre los medios de producción y el monto de los salarios influyen de manera decisiva en el interés de los productores. El salario real tiene que ser, al menos, suficiente para la subsistencia de los trabajadores y sus familias. El salario mínimo permite la subsistencia, mientras los ingresos por debajo de ese límite marcan la línea de pobreza. Desde 1989, cuando un peso cubano equivalía a casi nueve de los actuales, la tasa de crecimiento del salario comenzó a ser inferior al aumento de los precios, lo que explica que la capacidad de compra haya disminuido al punto que resulta insuficiente subsistir.

Un análisis realizado en dos núcleos familiares compuestos de dos y tres personas respectivamente, en el año 2014, arrojó que el primero ingresa 800 pesos mensuales y gasta 2.391, casi tres veces más que el ingreso. El otro ingresa 1.976 pesos y gasta 4.198, más del doble de lo que ingresa. El primero sobrevive por la remesa que recibe de un hijo radicado en EEUU; el segundo se abstuvo de declarar cómo adquiría la diferencia.

La concurrencia del fracaso del modelo totalitario, el envejecimiento de sus gobernantes, el cambio de actitud que se está produciendo en los cubanos y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con EEUU, ofrece mejores condiciones que décadas atrás para enfrentar el reto. La solución no está en llamados ideológicos, sino en el reconocimiento de la incapacidad del Estado y en descentralizar la economía, permitir la formación de una clase media, destrabar todo lo que frene el aumento de la producción hasta hacer posible una reforma que restituya la función del salario. Eso será el mejor antídoto contra el leviatán de la corrupción y premisa indispensable para salir del estancamiento y de la corrupción en que está sumergida la sociedad cubana.

Dimas Castellanos / Pablo Díaz Espí

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1478502494_26533.html

La violencia constituye una enfermedad letal para la sociedad. Su erradicación exige de una alta dosis de voluntad política para definir y enfrentar sus causas. Colombia, con una larga y cruenta historia de violencia, está inmersa en un proceso de paz que, al democratizarse mediante plebiscito o ser refrendado por el Congreso, podría resultar decisivo.

Los antecedentes

El motín de Aranjuez, que destronó al rey Carlos IV en España y que aprovechó Napoleón para imponer a su hermano como rey, reactivó en las colonias las contradicciones entre los criollos y la metrópoli. La formación de las juntas provinciales para resistir a los galos fue utilizada en América para la independencia. Comenzó así un sangriento período de luchas entre realistas y libertadores.

La idea de Simón Bolívar de conformar una nación centralizada comenzó a tomar cuerpo en el Congreso de Angostura (febrero de 1819), donde se acordó crear la Gran Colombia. La victoria sobre el ejército español en Boyacá (agosto de 1819) parecía despejar el camino para su realización. En 1821 se redactó su Constitución en el Congreso de Cúcuta. Sin embargo, la oposición de los líderes federalistas, agudizada con la rebelión del general José Antonio Páez, resultó un obstáculo insuperable. La Convención de Ocaña (1828) —centralistas y federalistas encabezados por Bolívar y Francisco de Paula Santander respectivamente— así lo demostró. Bolívar promulgó la Ley Fundamental mediante la cual se declaró dictador bajo el nombre de “Libertador-Presidente”.

Fracasado el proyecto bolivariano, la guerra de independencia devino guerra interpartidista. En 1848 se creó el Partido Conservador con Bolívar como símbolo, y en 1849 los seguidores de Santander fundaron el Partido Liberal. Este partido predominó hasta 1886, año en que Rafael Núñez, un liberal independiente, asumió la presidencia y creó el Partido Nacional con el apoyo de un sector del conservadurismo. Basado en un régimen agrario y el control de los terratenientes sobre los campesinos, los conservadores prevalecieron.

En 1930 un candidato liberal ganó las elecciones, dando paso a la República Liberal —de 16 años de duración— en la que se implementó un proceso de industrialización y de limitación de derechos de los terratenientes. Así, durante más de un siglo liberales y conservadores escenificaron una reñida lucha, cuya victoria requería de apoyo popular.

Los liberales alentaron la participación del pueblo, pero el temor los paralizó. El líder del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, fortaleció esos vínculos. Sin embargo, la división dentro de su partido facilitó que los conservadores retomaran el poder en 1946 y desataran una violencia desenfrenada contra los liberales, en la que Gaitán —un político populista con la promesa de colocar al Estado del lado de los pobres— fue asesinado. La violencia del bogotazo desbordó la guerra bipartidista para devenir guerra generalizada en el campo y la ciudad, que ocasionó cientos de miles de muertos y de campesinos desplazados.

La ingobernabilidad desembocó en la dictadura del general Rojas Pinilla, en 1953. Sin derramar sangre y con una política de paz, el dictador logró desmovilizar a unos 5.000 combatientes, pero su intento de mantenerse en el poder alarmó a los políticos que se unieron en el Frente Nacional. En 1957 la dictadura fue sustituida por una Junta Militar que dio pasó nuevamente a los partidos políticos y a la paz entre ellos.

El presidente Alberto Lleras Camargo, quien comprendió que la contradicción entre crecimiento económico y distribución de la riqueza necesitaba una solución, implementó una reforma agraria. La disputa entre el intervencionismo liberal y el proteccionismo conservador impidió su efectividad. Las élites se aliaron para evitar que sus latifundios fueran intervenidos, lo que unido a la violencia en los campos, fomento el resurgimiento de las guerrillas.

Las guerrillas

Como la violencia genera violencia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) —autodefensas armadas surgidas al calor del bogotazo e inspiradas en el apoyo y las promesas populistas de la revolución cubana— se crearon en 1964. En 1965 surgió el Ejército de Liberación Nacional (ELN), en 1967 el Ejército Popular de Liberación (EPL), en abril de 1970 el M-19 y en 1984 el Movimiento Indigenista Quintín Lame (MIQL).

En su lucha, las FARC emplearon los peores métodos: implantación de minas antipersonas, asesinatos, secuestros, atentados con bombas y armas no convencionales, desplazamientos forzados de civiles, reclutamiento de menores, destrucción de infraestructuras, ataques a estaciones de policía y casas de civiles aledañas. Para financiarse acudieron al narcotráfico, inicialmente al gramaje (impuesto por cada gramo producido a productores y narcotraficantes), al cobro de rescates por secuestros y al robo de ganado. Estuvieron presentes en 24 departamentos, sobre todo al sur y oriente del país, con campamentos incluso en países como Venezuela y Ecuador. Después de sufrir grandes pérdidas, el Centro de Estudios para el Análisis de Conflictos calculaba que en 2014 las FARC tenían entre 6.500 y 6.700 hombres armados.

Por su parte, el Gobierno legalizó a grupos de autodefensas paramilitares, financiados fundamentalmente por hacendados, multinacionales extranjeras y narcotraficantes.

Los amagos de paz

En mayo de 1982 las FARC reafirmaron la combinación entre la lucha política y la armada y comenzaron a llamarse FARC-Ejército del Pueblo (FARC-EP). En marzo de 1984 firmaron los Acuerdos de Cese al Fuego, Tregua y Paz con el gobierno de Belisario Betancourt y conformaron la Unión Patriótica (UP) para liderar el movimiento político. Durante ese proceso muchos militantes de la UP resultaron asesinados, por lo que el proceso de paz se rompió.

En septiembre de 1987, durante la presidencia de Virgilio Barco, diversos grupos guerrilleros se constituyeron en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, para coordinar las acciones armadas y las negociaciones de paz. En ese proceso el M-19 fue el primer movimiento que firmó la paz, luego el EPL, y en 1991 se desmovilizó el MIQL.

En 1998, con el presidente Andrés Pastrana, se creó una Zona de Distensión para iniciar un proceso de paz. El incremento de la participación de las FARC en el negocio de las drogas, la compra ilegal de armamento y la presión sobre las autoridades locales malogró el proceso, que duró hasta 2002.

Algunas de las acciones de las FARC y el ejército colombiano a partir de 2002

En 2002, las FARC-EP secuestraron a la candidata presidencial Ingrid Betancourt. En 2003, en un atentado en el Club El Nogal, mataron a 36 personas e hirieron a 200. En 2003 asesinaron al gobernador de Antioquia y a su asesor de paz. En 2007 asesinaron a 11 diputados que mantenían secuestrados. En 2009 asesinaron al Gobernador de Caquetá. En 2011 asesinaron a tres policías y a un militar que también mantenían en cautiverio. En 2012, mediante varios atentados, causaron unos 19 muertos y un centenar de heridos, y en Arauca provocaron la muerte de 11 militares. En 2013, cuatro militares cayeron en un combate y otros 21 corrieron igual suerte en Arauca y Caquetá. En abril de 2015, después del alto al fuego acordado en 2014, mataron en un ataque a 11 militares, mientras herían a 15.

Entre las acciones más espectaculares y censurables de las FARC, se cuentan además la toma de Mitú (Vaupés), donde 40 miembros de las fuerzas oficiales perdieron la vida; la incursión en Puerto Saldaña (Tolima) en 2000, donde murieron 27 personas, incluidos niños; la toma y destrucción del pueblo de Granada (Antioquia) ese mismo año, con 19 muertos; y la matanza de Bojayá (Chocó) en 2002, cuando perdieron la vida 119 civiles mediante el lanzamiento de cilindros-bomba.

Por su parte, el ejército, con el presidente Álvaro Uribe, inició el Plan Patriota. En 2008, durante un bombardeo a un campamento ubicado en Ecuador, murió Raúl Reyes, uno de los comandantes de las FARC. Ese mismo año, Iván Ríos, miembro del Secretariado de dicha guerrilla, fue asesinado por su guardia personal, y también pereció su fundador, Manuel Marulanda, alias “Tirofijo”. En 2008 el ejército rescató a un grupo de secuestrados en las selvas del Guaviare. En 2010 mató al entonces jefe militar de las FARC, Víctor Julio Suárez, alias “Mono Jojoi”. En 2011 detuvo al guerrillero Víctor Ramón Vargas Salazar cuando buscaba apoyo de la banda terrorista española ETA. En 2011 fue abatido Alfonso Cano, sucesor de Marulanda. En 2012 murieron 33 guerrilleros, y durante la operación Armagedón otros 36 resultaron muertos y tres capturados. Con esas operaciones se neutralizaron varios cabecillas de frentes y las FARC pasaron a la defensiva.

Finalmente la paz

En 2012 comenzaron las negociaciones. En 2016, el 23 de junio, se declaró el cese temporal pero indefinido de las acciones militares y se firmó el último de los seis puntos de la agenda de negociaciones. El 24 de agosto se firmó el acuerdo y se ordenó el cese al fuego definitivo. El 23 de septiembre los frentes y bloques de guerra aceptaron acatar los acuerdos. El 26 de septiembre se firmó el Acuerdo de Paz. Sin embargo, el 2 de octubre, el plebiscito convocado para refrendar los acuerdos dio la victoria a quienes discrepaban de los términos negociados. Tras prolongar los diálogos e incluir en los mismos más de 400 propuestas de los patidarios del No, finalmente, el pasado sábado 12 de octubre, un nuevo acuerdo ha sido anunciado.

Cinco conclusiones

Los conflictos en Colombia pasaron de los enfrentamientos realistas-libertadores a liberales-conservadores, ejército-guerrilla, pero siempre mediante la violencia.

Detrás está la pérdida de cientos de miles de vidas, el dolor de miles de familias, cientos de miles de colombianos que abandonaron el país o emigraron a otras regiones, un sector poblacional que continúa sumido en la pobreza y la violencia en la vida cotidiana.

Para impedir la continuación de la violencia, es insoslayable enfrentar sus causas, con transformaciones estructurales y una mayor democratización.

La decisión del presidente Juan Manuel Santos de someter el acuerdo inicial a un plebiscito constituyó un hecho inédito que ha repercutido en las negociaciones pendientes y en toda la región. La misma, al rebasar el derecho al sufragio, ha colocado al pueblo como protagonista en un asunto vital de cara al presente y el futuro de la nación.

El abandono de la guerra para retomar la política inclusiva es una prueba de y un aporte a la democratización como asunto pendiente global.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1477897309_26371.html

El coronel Hugo Rafael Hugo Chávez Frías fundó en los años 80 el Movimiento Bolivariano Revolucionario. En 1992 encabezó un frustrado golpe de Estado. En 1994 conoció a Fidel Castro. En 1997 fundó el Movimiento Quinta República y en 2007, junto a otros partidos, creó el Partido Socialista Unido de Venezuela.

Con un discurso populista y nacionalista capitalizó el descontento generado por las injusticias sociales y se impuso en las elecciones presidenciales de 1998.  Una vez en el poder, en lugar de emprender transformaciones dirigidas a convertir a los venezolanos en sujetos económicos, se empeñó en exportar el populismo bolivariano a la región y repetir la revolución cubana, lo que alguien calificó como cubanizar a Venezuela.

Durante el chavismo, debido a los altos precios del petróleo (De unos 10 dólares por barril en 1998 a más de 100 dólares en 2013), Venezuela recibió más divisas que en toda su historia precedente. Sin embargo, la incapacidad administrativa hizo disminuir la producción en más de un millón de barriles diarios; mientras la estatización de empresas rentables y la intervención de cientos de fincas obligó a importar casi el 80% de lo que se consume. Como expresara Heinz Dieterich1: “Este es uno de los gobiernos más ineptos que ha habido en la historia de América Latina, porque ha tenido todas las condiciones objetivas para construir algo, pero no ha podido hacer nada”.

Otras causas no tan evidentes como las mencionadas

Después de las elecciones de 1998, el chavismo repitió la victoria en 2002, 2006, 2012 y en 2013 con Nicolás Maduro. Los triunfos le han permitido hasta hoy la posesión del poder durante 18 años consecutivos, acompañado de un control casi total de los poderes Legislativo y Judicial.

En 1998 Hugo Chávez anunció una “revolución pacífica y democrática”. Para legitimarla promovió un referendo y reformó la Carta Magna. La asamblea bicameral se fundió en una sola cámara; el período presidencial se aumentó de cinco a seis años; los poderes públicos se reorganizaron; se estableció la reelección inmediata por un período; se aprobó el derecho al voto de los militares activos y cambió el nombre del país por el de  República Bolivariana de Venezuela. Y en 2002 solicitó a la Asamblea bajo su control poderes especiales para legislar por decreto.

En las elecciones regionales y municipales de 2004, al imponerse en 22 de los 24 estados y dominar más del 80 por ciento de las alcaldías, Hugo Chávez utilizó la victoria para reformar la Constitución de 1999 y concentrar el poder de forma similar a la dictadura del general Juan Vicente Gómez (1908-1935). En diciembre de 2005 la ausencia de la oposición en los comicios parlamentarios permitió que la Asamblea Nacional quedara totalmente en manos del chavismo. En diciembre de 2006 Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales con casi el 63% de los votos. Y en enero de 2007 anunció la construcción del “Socialismo del siglo XXI”, y convocó otro referendo para reformar la Constitución y establecer la reelección presidencial ilimitada.

El agotamiento

En noviembre de 2008, en los Comicios regionales y municipales, aunque conquistó la mayoría, no pudo impedir que la oposición se impusiera en varios estados y alcaldías importantes. En un nuevo referendo convocado por el chavismo para eliminar los límites a la reelección de cargos, obtuvo cerca del 55 por ciento de los votos. Sin embargo en las elecciones parlamentarias de septiembre de 2010 perdió la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional, que le permitía gobernar por decreto.

En octubre de 2012, ganó las cuartas elecciones presidenciales con el 55.07 % de los votos, pero la oposición acumuló 6,5 millones de votos. Y en diciembre de 2012, cuando Hugo Chávez convalecía en Cuba, Nicolás Maduro ganó la mayoría de las gobernaciones, pero el opositor Henrique Capriles se consolidó en el importante Estado de Miranda. En 2013, en las elecciones adelantadas por la muerte de Hugo Chávez el agotamiento se hizo evidente: Nicolás Maduro ganó con el 50,61% de los votos, cinco puntos menos de los obtenidos en octubre de 2012. Y en diciembre de 2015 el chavismo perdió abrumadoramente las elecciones parlamentarias.

En 2016, después de haber hecho uso y abuso de los procesos electorales y plebiscitarios, el chavismo, en franca minoría, niega el uso de esos mismos mecanismos. La razón está clara, con el revocatorio perdería el poder. Si no fuera así lo usaría, como lo usó Hugo Chávez en agosto de 2004. Esos intentos de eliminar la Asamblea Nacional elegida por mayoría e impedir el referendo revocatorio, colocan al chavismo en su fase terminal: en la dictadura.

Sencillamente, los intentos de repetir la revolución cubana mediante la guerra de guerrillas fracasó. El intento de lograrlo mediante las urnas en Chile demostró que ese camino era imposible sin desmontar la institucionalidad existente. El chavismo intentó el desmontaje mediante las reformas constitucionales, pero éstas le jugaron una mala pasada. Una vez en minoría, al oponerse el referendo revocatorio, que forma parte del andamiaje constitucional montado por el propio chavismo, le ha obligado a quitarse la careta populista.

Lo que demostró el chavismo

– La imposibilidad de emplear el poder adquirido en las urnas para transitar hacia la dictadura. Al emerger de las urnas y revalidarse en ellas, el chavismo quedó atado a los mecanismos democráticos.

– La imposibilidad de distribuir riquezas desde el poder sin capacidad de crearlas. La distribución sirvió para ganar elecciones, pero no para transformar las causas de las injusticias sociales. El reciente aumento del salario mínimo en 40%,  unos días antes de que cientos de miles de opositores inundaron las calles de Venezuela chavismo -como los aumentos salariales anteriores- son acciones para la manipulación política.

– En una veintena de citas electorales, durante 17 años, los venezolanos legitimaron tanto al chavismo como a la oposición, lo que impide a cualquiera de las partes hablar en nombre del pueblo. Sin embargo, en  2015, en la víspera de las elecciones parlamentarias, Nicolás Maduro expresó que,  en caso de que perdiera: Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar. Es decir, con la minoría, lo que demuestra que el chavismo ha entrado en fase terminal.

– Afirmar que lo ocurrido en Venezuela es resultado de la ofensiva imperialista es soslayar la incapacidad demostrada por el chavismo y su vocación dictatorial de desconocer la propia legislación del país. Dos figuras de la izquierda: José Mujica, siendo aún presidente de Uruguay expresó: “Nadie va a poder gobernar con ese clima de confrontación que tiene Venezuela”. “El mejor camino de Venezuela es respetar la Constitución a rajatabla”. Mientras Rafael Correa ha dicho que en  Venezuela: “se han cometido, con mucho respeto, desde mi punto de vista, errores económicos (…) y eso exacerba las contradicciones políticas”.

– La incapacidad y la naturaleza antidemocrática del chavismo ha colocado al país al borde de una guerra civil. La inminencia de tan doloroso desastre obligará a la gran mayoría de los países y de las instituciones regionales e internacionales a ejercer presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro para obligarle a respetar la constitución vigente.

– El resultado de 18 años de poder chavista ha sido la evolución del bolivarismo al socialismo del siglo XXI, para terminar encallado en la dictadura. Una experiencia que repercutirá en Venezuela y en toda la región.

1 Heinz Dieterich -sociólogo, teórico del socialismo del siglo XXI, ex asesor de Hugo Hugo Chávez- en el programa de radio del periodista Nelson Bocaranda.
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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1476798209_26091.html

Un trabajo acerca de la escasez de medicamentos en Cuba, de la periodista Lisandra Fariñas, titulado “Informan BioCubaFarma y Salud Pública sobre inestabilidad de medicamentos”, fue publicada en el diario Granma el viernes 14 de octubre. En dicho trabajo, basado en una conversación, tres funcionarias plantearon lo siguiente:

Teresita Rodríguez Cabrera, vicepresidenta de BioCubaFarma, aseguró en diciembre de 2015 que habían elaborado “las demandas de medicamentos para los próximos meses”. La elaboración del plan incluía el plan de necesidades desde los materiales de repuesto hasta piezas para la industria. Ahora, en octubre de 2016, Teresita explica que en la primera mitad de este año comenzaron a agotarse muchos recursos porque “oportunamente no se contó con el financiamiento necesario para pagar las deudas contraídas y así lograr la estabilidad del suministro, a pesar de tener todas las materias primas, recursos y materiales de envase contratados”. Por esa razón, según la vicepresidenta, “los proveedores comenzaran a declinar, demorando las entregas, modificando las formas de pago, elevando los precios, y en otros casos llegando a no ofertar las materias primas y materiales de envases necesarios”.

-Rita María García Almaguer, directora operativa de BioCubaFarma, explicó que “el Grupo de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica constituye una organización empresarial que produce medicamentos, equipos y servicios de alta tecnología, con destino al mejoramiento de la salud humana, la generación de bienes y servicios exportables y la producción de alimentos con tecnología de avanzada” y por ello constituye una industria estratégica, con elevados estándares de sus productos y servicios y un sólido posicionamiento internacional.Añadió que: “si bien en otros momentos como el 2015 ocurrieron dificultades de contratación, hoy lo que pasa es que no contamos con el financiamiento de manera oportuna para poder pagar la deudas, y que el proveedor pueda seguir entregando”. Dijo también que “todas nuestras materias primas y materiales de acondicionamiento se importan… porque para estar posesionado en el mercado el estándar de los materiales que usted va a utilizar también tienen que tener esa alta tecnología”. Por tanto, dijo: “Si no se paga oportunamente toda esta cadena se retrasa”.

-Cristina Lara Balanzuri, jefa de Planificación y Análisis de Medicamentos del Minsap dijo “que hoy es una prioridad también la lucha contra las ilegalidades en el sistema de salud, y no hay impunidad ante el desvío y las ventas ilícitas de medicamentos u otros recursos que se detecte”.

Los planteamientos de las funcionarias sugieren preguntas que estuvieron ausentes en la conversación con Granma, como son las cinco siguientes:

1- Si desde la fabricación de medicamentos hasta la producción azucarera los planes elaborados no se cumplen ¿para qué sirve el sistema de planificación? ¿Cómo es posible que con tal inutilidad el sistema de planificación socialista se continúe considerando la vía principal para la dirección de la economía nacional?

2- ¿Cómo una industria de alta tecnología puede funcionar eficientemente si la materia prima y los embalajes para la producción del 63% de los fármacos que conforman el cuadro básico de medicamentos hay que adquirirlos en el mercado internacional y el país carece de una economía eficiente que permita la solvencia mínima para pagar a los proveedores?

3- Si en 2015, cuando la situación financiera era más favorable, hubo dificultades de contratación y ahora no se cuenta con el financiamiento oportuno para pagar a los proveedores. ¿Se trata de una situación coyuntural o una situación endémica de la economía cubana?

4- ¿Cómo es posible calificar a BioCubaFarma de industria estratégica y de poseer un sólido posicionamiento internacional, si por falta de solvencia resulta incapaz de garantizar los medicamentos más elementales para la población de su país, incluso los llamados controlados como son los productos para las crisis de asma, la hipertensión arterial y la diabetes, o como puede apreciarse con las colas en las farmacias el día en que entran los medicamentos?

5- Si hoy es una prioridad la lucha contra las ilegalidades en el sistema de salud y no hay impunidad ante el desvío y las ventas ilícitas de medicamentos, ¿Cómo se puede explicar el tráfico de fármacos en el país?

Esas preguntas nos retrotraen a lo siguiente:

En marzo de 2012, Marino Murillo Jorge, dijo que el Ministerio de la Agricultura presenta un estado económico-financiero desfavorable por varios años, el cual influye negativamente en la gestión empresarial y demostró que han sido insuficientes las acciones y medidas adoptadas hasta la fecha para revertirlo. Y en mayo de 2013 expresó: las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no han conducido al necesario aumento de la producción.

La más reciente evidencia de esa crisis tuvo lugar en en el primer semestre de 2016 cuando el PIB cayó al 1%. Por ese hecho, el pasado 8 de julio, el presidente Raúl Castro expresó: Es preciso reducir gastos de todo tipo que no sean imprescindibles, fomentar una cultura del ahorro y de aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles… A lo que el entonces Ministro de Economía añadió: Si el problema que tenemos es de capacidad de liquidez, lo primero que hay que hacer es restringir los pagos en divisas del país… Con la divisa que tenemos lo que hay que respaldar es la materia prima para la actividad principal, o el gasto que lleva la actividad principal en cada lugar…

Esas palabras dejan claro que la disminución de importaciones para no generar nuevas deudas tenía que reflejarse en nuevas disminuciones de la producción, que es lo que está ocurriendo con los medicamentos. El problema, por tanto, no radica en las “inestabilidades en la entrega de medicamentos al sistema de salud nacional”. No se trata tampoco de problemas externos o coyunturales, sino internos y permanentes, de una crisis crónica del modelo económico cubano.