tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1397471255_8130.html

El artículo Ley dentro de mi casa, publicado el miércoles 2 de abril en el diario Granma, reconoce que el desarrollo de la economía cubana requiere de un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que ha sido imposible lograr con las reformas implementadas. De ese fracaso el articulista deduce la necesidad de inyectar capital foráneo. Sin embargo, las múltiples limitaciones contenidas en la recién aprobada Ley de Inversiones Extranjeras, entre ellas la referida a la libre sindicalización, anulan  dicho propósito.

El proceso recorrido por la libertad sindical en Cuba comenzó en la colonia con la Ley General de Asociaciones de 1888 y continuó en la República con la promulgación de varias legislaciones obreras. Entre ellas destaca la Ley de las Comisiones de Inteligencia Obrera de 1924 para canalizar los conflictos obrero-patronales relacionados con los embarques de azúcar. Pero su máxima expresión fue el Decreto Ley 798 de abril de 1938 cuyo contenido se recogió en la Carta Magna de 1940: el derecho de sindicación a los patronos, empleados privados y obreros, el derecho de los trabajadores a la huelga y el de los patronos al paro, el sistema de contratos colectivos de trabajo y estipuló que los problemas derivados de las relaciones entre el capital y el trabajo serían sometidos a comisiones de conciliación integradas por representaciones de patronos y obreros. Con ella los logros legislativos asumieron rango constitucional.

El principio de libertad sindical –unión de los derechos de libertad y de asociación– consiste en el derecho que tienen trabajadores y patronos para fundar sindicatos sin autorización previa. Ese principio se consagró en la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y se reguló en el Convenio 87 de esa institución. Por su relevancia y naturaleza jurídica, la libertad sindical está incorporada en la Declaración Universal de los Derechos Humano, en el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en la Convención Americana sobre Derechos Humanos y en la  Convención Europea de Derechos Humanos. En el caso particular de Cuba alcanzó rango constitucional desde 1940.

Las diferentes legislaciones laborales emitidas en Cuba después de 1959 se resumieron en la Ley 49 de Código de Trabajo de 1984, cuyo artículo 3, inciso e) declara que  todo trabajador, acorde con la legislación vigente, tiene derecho a asociarse voluntariamente y constituir sindicatos. Mientras el Artículo 13 reconoce a todos los trabajadores, tanto manuales como intelectuales, tienen el derecho, sin necesidad de autorización previa, de asociarse voluntariamente y constituir organizaciones sindicales. Sin embargo, esos preceptos, en correspondencia con los principios de la OIT y con la historia del derecho laboral cubano, son pura declaración. Los mismos nacieron supeditados al artículo 7 de la Constitución vigente, el cual dispone que el Estado socialista cubano reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, surgidas en el proceso histórico de las luchas de nuestro pueblo y por tanto anula el derecho a asociarse voluntariamente y constituir sindicatos como estipula el Código de Trabajo de 1984.

Con el objetivo de actualizar el Código de 1984, entre el 20 de julio y 15 de octubre del 2013 se sometió a consulta un nuevo Anteproyecto que incluye a los trabajadores por cuenta propia pero no autoriza la libertad sindical; no recoge el derecho a huelga como se reconoce en los instrumentos jurídicos de la OIT y se refrendó en la Constitución de 1940; no reconoce el derecho de los trabajadores para negociar directamente el salario con los empleadores extranjeros, lo que implica una doble explotación por la agencia empleadora y por la empresa extranjera. Respecto al salario mínimo lo aprueba el Consejo de  Ministros, en vez de establecerse entre trabajadores, empleadores y gobierno. Por ejemplo la Constitución de 1940, en el artículo 61, planteaba que: La Ley establecerá la manera de regular periódicamente los salarios o sueldos mínimos por medio de comisiones paritarias para cada rama del trabajo; de acuerdo con el nivel de vida y con las peculiaridades de cada región y de cada actividad industrial, comercial o agrícola.

El Anteproyecto mencionado fue discutido en 69 mil 56 asambleas con la participación de 2 millones 802 mil 459 trabajadores. Dos meses después, fue aprobado por los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular y convertido en Ley. Finalmente se creó una comisión de estilo para la redacción final y su publicación en la Gaceta Oficial. Desde ese momento dicho Código constituye un misterio. Lo más sintomático es que en ningún momento del debate de la nueva Ley de Inversiones Extranjeras se mencionó nada relativo a dicho Código ni la CTC ha realizado ninguna reclamación al respecto. Sencillamente se esfumó.

Por tanto el Anteproyecto de Código de Trabajo en materia de derechos sindicales se sitúa de espaldas a lo estipulado por la OIT, de la cual Cuba fue miembro fundador en 1919 y es firmante de 76 de los convenios laborales de esa institución, incluyendo el Convenio 87 sobre la libertad sindical.

En ese estado de indefensión se aprobó la nueva Ley de inversiones, en la que los cubanos no solo están excluidos de participar como inversionistas, sino que como trabajadores carecen del derecho de crear sindicatos independientes y por tanto entran a una relación laboral en total desventaja al no poder contratarse libremente. Una violación tan abusiva que, si existieran verdaderos sindicatos, podría llevarse ante el Comité de Libertad Sindical, creado por la OIT en 1951 para examinar los alegatos sobre violaciones a los derechos de organización de trabajadores y empleadores.

Por lo anterior, tanto el Código de Trabajo de 1984 como su sustituto, el aprobado y esfumado en 2013, representan un retroceso en materia laboral respecto a lo que el movimiento obrero había logrado en sus luchas desde la colonia hasta la primera mitad del siglo pasado.

En esas condiciones, cuando está demostrado el papel que desempeñan los derechos y libertades en la economía y en el desarrollo social en general, la ausencia de libertades tan elementales como la libre sindicalización y la contratación libre de la fuerza de trabajo son obstáculos suficientes para augurar el fracaso en el propósito de atraer miles de millones de dólares para sacar la economía cubana del estancamiento en que se encuentra.

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/search/node/Dimas%20Castellanos?page=1

Durante el partido de pelota entre los equipos Matanzas y Villaclara, el pasado 18 de febrero, el pitcher villaclareño Freddy Asiel Álvarez propinó dos pelotazos al matancero Yasiel Santoya y después que le conectaron un jonrón golpeó con otro lanzamiento a Víctor V. Mesa, entonces el escenario quedó listo para el desenlace. El matancero Demis Valdés se dirigió hacia el pitcher y en el forcejeo asestó un batazo al rostro del jugador de Villa Clara Ramón Lunar. Dos días después la Dirección Nacional de Béisbol informó la suspensión de Freddy Asiel de la actual Serie Nacional, a Demis Valdés por un año de todo evento oficial, al árbitro Osvaldo de Paula definitivamente del actual torneo, y amonestó al resto de los árbitros, supervisores y comisarios técnicos.

Aunque los hechos de violencia no son noticia en Cuba, al tratarse del fenómeno cultural de mayor alcance y arraigo, lo sucedido provocó un debate generalizado en las calles y los medios de difusión. Por sus implicaciones me referiré a tres aspectos sobre la violencia que considero deben tenerse en cuenta.

1- su naturaleza

La violencia es un acto agresivo ejercido por individuos, grupos o instituciones contra otros o contra sí mismos. Por su forma puede ser verbal, psíquica o física; por el escenario puede ser doméstica o pública, nacional o internacional; por su magnitud abarca desde las formas más simples hasta el más tenebroso acto de terrorismo masivo, pasando por un pelotazo intencional y el correspondiente batazo de respuesta.

Como cada ser humano es portador potencial de violencia, la misma constituye un peligro vital para las relaciones sociales. Ello obliga a fomentar su antídoto: el amor y las virtudes cívicas. Según el escritor ruso León Tolstoi “la vida histórica de la humanidad es una lenta evolución, que eleva al hombre de la manera personal y animal de comprender la vida al modo social de vivirla”. Pero en la sociedad todos los componentes estructurales guardan una estrecha relación y algunos de ellos actúan como freno. El patriota y filósofo indio Mahatma Gandhi decía “la violencia del Estado es mucho más peligrosa que la privada, porque se presenta con el ropaje de acción protectora”, a lo que hay que añadir que en el caso de los estados totalitarios, cuya naturaleza de por sí constituye una fuente de violencia, el amor y las virtudes cívicas asumen mayor importancia.

2- sus antecedentes

Cuba cuenta con una larga tradición de violencia: conquista, luchas abolicionistas, independentistas y anexionistas, el bandolerismo que azotó nuestros campos, ocupaciones extranjeras, guerritas entre cubanos durante la República, incluyendo guerras raciales, golpes de estado, gangsterismo y terrorismo, revolución y contrarrevolución, invasión por Girón, instalación de misiles balísticos y bloqueo naval a la Isla, participación en actividades bélicas en otras regiones del mundo, actos de repudio, uso y abuso de la violencia física y verbal contra los que piensan diferente, extensión de vocablos militares a todas las esferas: batalla por la Alfabetización, por la universalización de la enseñanza, por la salud, por los 10 millones de toneladas de azúcar, hasta desembocar en la batalla de ideas. A lo que se une la intransigencia: el todo o nada con machete o revólver por medio y las disyuntivas libertad o muerte, patria o muerte y socialismo o muerte, con su correspondiente panteón de héroes y mártires.

Esa cultura de violencia, heredada de la historia, enseñada en las escuelas y reforzada por los medios de comunicación, ha impregnado la conducta de niños y adultos desde el hogar y el barrio hasta los lugares públicos, por lo cual lo ocurrido en el estadio Victoria de Girón, de Matanzas, ante 15 mil espectadores y decenas o cientos de miles de televidentes, no es sino una manifestación de un fenómeno general, cuyas causas sobrepasan la responsabilidad de jugadores, árbitros, policías y otras autoridades para incluir la naturaleza del estado totalitario, pues los que propugnan esa cultura, aunque desde el prisma de la ideología intenten separarla en violencia buena y violencia mala, la incapacidad del cerebro humano para deslindarla, hace, que una vez que la misma se asume como cultura, ambas, la “buena” y la “mala”, devengan generadoras de más violencia.

3- su negación del deporte

En el deporte, como en ninguna otra manifestación puede existir violencia buena. El fundador de los Juegos Olímpicos Modernos, el barón Pierre de Coubertin, planteaba que “El deporte puede movilizar las pasiones más nobles como las más viles: puede desarrollar tanto el altruismo y el sentimiento del honor como el afán de lucro; puede llegar a ser casi caballeresco o corrupto, viril o brutal. Ahora bien, los sentimientos nobles, el altruismo y el honor, el espíritu caballeresco, la energía viril y la paz son requisitos primordiales de las democracias modernas”. En esos principios descansa el gran valor del deporte y del olimpismo: estar por encima y al margen de todas las divisiones construidas socialmente. Sin embargo, por razones extradeportivas en Cuba viene sucediendo lo contrario como lo demuestran algunos antecedentes del hecho ocurrido.

El mismo Ramón Lunar, que esta vez resultó víctima del batazo, en la presente temporada recibió un pelotazo de pitcher avileño Vladimir García, por lo que el árbitro expulsó del juego. Sin embargo, por esa decisión el árbitro fue separado durante la serie. En una segunda oportunidad el mismo lanzador lo volvió a golpear y éste, bate en mano, avanzó hacia él, por lo que fue expulsado del juego sin que se decretara ninguna medida con Vladimir (todavía estaba fresca la sanción anterior contra el árbitro).

En un juego entre los Orioles de Baltimore y el equipo Cuba, en Estados Unidos, Diego Tintorero, un cubano residente en ese país, salto al terreno para llamar la atención acerca de los derechos humanos en Cuba, por lo que el árbitro Cesar Valdés le propinó una golpiza. Posteriormente, en Edmonton, Canadá, Tintorero volvió a salir al terreno con las mismas intenciones y recibió una paliza a manos de varios jugadores del equipo Cuba, mientras Héctor Rodríguez, desde la locución incitaba a la violencia.

Otros ejemplos son: El campeón olímpico de taekwondo en Sidney 2000 Ángel Valodia Matos, en las Olimpiadas de Beijing 2008, golpeó en la cara al árbitro principal y agredió al juez asistente, por lo que fue expulsado de por vida. Sin embargo, la prensa oficial justificó su conducta: estaba “predispuesto e indignado” por la decisión del árbitro y porque a su entrenador supuestamente “lo habían tratado de comprar”, por lo que “No pudo contenerse”. Una de las consignas de la selección cubana en la II versión del Clásico de Pelota (marzo de 2009), era regresar con el escudo o sobre el escudo. En la Isla de la Juventud, el jugador Michel Enriquez, enfadado con una decisión del árbitro, lo localizo después del juego y bate en mano se hizo justicia por cuenta propia; la agresión le costó una corta suspensión y luego pudo representar a Cuba. En el año 2010 en un juego entre Industriales y Sancti Spiritus, el receptor de Industriales salió bate en mano a golpear al pitcher espirituano, dando lugar a un altercado donde, según se mostró en el video filmado por un aficionado, la policía local agredió a peloteros de industriales. En la temporada 2012-2013, Víctor Mesa lanzó tierra a los ojos de un árbitro, lo sancionaron levemente y el agresor fue designado manager de la selección cubana. Y al final de la Mesa Redonda en que se debatía lo ocurrido en el Victoria de Girón, el legendario Antonio Muñoz, quien esta vez llamó a la cordura, si no mal recuerdo, en los Panamericanos de Caracas corrió bate en mano a un lanzador de República Dominicana.

Podemos preguntar ¿Por qué una vez sí y otras no la decisión arbitral es castigada con sanciones? ¿Esas conductas no desautorizan y generan inseguridad a la hora de tomar una decisión? ¿Por qué actos agresivos clasificados en el Código Penal vigente, no son castigados simultáneamente por los tribunales correspondientes? Entre las razones se encuentra el carácter totalitario del modelo y la inexistencia de un Estado de Derecho. Por eso los análisis y debates tienen que incluir no sólo los efectos, sino también las causas más profundas de la violencia en el deporte y en la sociedad cubana en general.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1396391083_7931.html

Con el tiempo en contra, a los múltiples fracasos en los intentos por recuperar la economía nacional se han unido la inminente pérdida de las subvenciones de Venezuela y la escasa disposición del capital extranjero para invertir en la Isla. La conjunción de esos hechos ha obligado al gobierno cubano a introducir nuevos cambios y a sustituir –sin declararlo– el contraproducente slogan “sin prisa pero sin pausa” por el contrario: “con prisa y sin pausa”.

Como el marco legal para la inversión en Cuba es atípico para empresas que operan con economías de mercado, ante el nulo efecto que tuvo el Decreto Ley de septiembre de 2013, mediante el cual se aprobó la Zona Especial de desarrollo Mariel, con el objetivo de atraer la inversión foránea, la necesidad de hacer evidente la disposición al cambio ha conducido, con evidente prisa, a la sustitución de la Ley 77 de Inversiones Extranjeras de 1995 por otra más moderna, flexible y transparente; una decisión que estaba pendiente desde el año 2012 y que por tanto debió tomarse antes de iniciarse la obra del puerto de Mariel y no ahora.

A partir de mediados del presente mes de marzo se efectuaron cinco reuniones regionales en las que participaron diputados de todas las provincias, especialistas, funcionarios de los gobiernos municipales y provinciales, representantes de las consultorías jurídicas internacionales y asesores de empresas. En una carrera maratónica entre el sábado 15 y el miércoles 19 del citado mes, en cada una de esas reuniones el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, explicó la política aprobada por el Consejo de Ministros para la redacción del Anteproyecto; mientras la prensa oficial dedicó grandes espacios a los reportes, comentarios y entrevistas relacionadas con el tema.

La nueva legislación, orientada a la diversificación y ampliación de los mercados de exportación, la sustitución de importaciones, la modernización, la creación de infraestructuras y al cambio de patrones tecnológicos, reforzará las garantías a los inversionistas, permitirá el carácter prioritario de la inversión extranjera en casi todos los sectores de la economía, la creación de una carpeta de inversiones, la bonificaciones impositivas, excepciones totales en determinadas circunstancias y mayor flexibilidad en materia aduanal, sin que el país renuncie a su soberanía ni al socialismo, es decir, sin “concesiones ni retrocesos”.

A pesar de los aspectos positivos, todo indica que las autoridades cubanas, atadas a la mentalidad que predominó durante el último medio siglo, han determinado que el Anteproyecto en “discusión” emerja preñado de limitaciones y contradicciones.

Entre muchas de las limitaciones, uno de los problemas consiste en definir si se brinda o no participación a los cubanos residentes en el exterior; un derecho que nunca se debió prohibir y que por tanto no se trata de algo nuevo, sino de una justa reivindicación. Una segunda parte de este problema consiste en si ese derecho se hará extensible a los cubanos residentes en el país; pues si injusto e injustificado resulta la exclusión de los cubanos, como ha ocurrido hasta ahora, más absurdo y contradictorio resulta que se acepte a los que residen fuera de la Isla y se mantenga la exclusión a los de adentro. Muchos indicios conducen a pensar que ocurrirá lo segundo. Es decir, que la Ley conservará el excluyente apellido de “Extranjera”, con la inclusión de los cubanos residentes en el exterior. De ser así, su título pudiera ser Ley de Inversiones para todos, menos para los cubanos que no optaron por no irse del país.

De ser así, lo anterior convertiría a la nueva Ley en una inaceptable violación de la Constitución vigente, la que en su artículo 14 reza: la economía se basa en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción. Es decir, ese pueblo, supuesto propietario, queda excluido por razones de ubicación geográfica del derecho de participar en el proceso inversionista de su país, algo ajeno al derecho, a la cultura occidental de la cual somos parte y contrario a la dignidad humana. Además, se trata de una decisión sin previa consulta al supuesto dueño, al soberano, para conocer si está dispuesto a renunciar a ese derecho constitucional y limitarse a servir como mano de obra.

Según el enciclopedista francés Juan Jacobo Rousseau, la soberanía es el ejercicio de la voluntad general, un poder que se ejerce en nombre del pueblo, pero en Cuba, a ese soberano, previamente limitados a realizar por cuenta propia un listado de actividades, casi todas de servicio, como carpintero, forrador de botones, desmochador de cocos, carretilleros o vendedores de dulces, cuyo número ronda los 460 mil, se les impida participar como empresarios en pequeñas y medianas empresas.

Como se puede ver, la nueva ley, corrige algunos de los absurdos que han espantado a los inversionistas del suelo cubano, pero a la vez, presenta nuevas contradicciones que lastrarán sus posibles resultados. Si se aprueba en la forma reseñada, la misma será, una vez más, la negación del concepto martiano que falsamente enarbola el gobierno, pues para Martí el concepto de República, era estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios.

En la realidad, Cuba es el único país de la región donde sus habitantes carecen de un derecho tan elemental como el de participar, en calidad de sujeto en las actividades económicas de su país, a pesar de contar con sobradas iniciativas y formación profesional. Ojalá que, sin pausa, pero con suficiente prisa, se rectifique una arbitrariedad que conducirá a nuevos fracasos, cuando el tiempo para los cambios está agotado y el contexto nacional e internacional les son adversos.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1393316098_7318.html

En el alegato La historia me absolverá, en 1953, Fidel Castro abordó uno de los aspectos raigales pendientes de solución en el país: el tema de la propiedad agraria. En esa oportunidad anunció como prioridad de su programa la entrega de tierra en propiedad a todos los que ocupasen parcelas de cinco o menos caballerías1; un proyecto de corte nacionalista y democrático que tuvo un primer episodio en octubre de 1958, cuando en plena etapa insurreccional se dictó una Ley desde la Sierra Maestra. Una vez tomado el poder, en mayo de 1959 y octubre de 1963 se promulgaron dos leyes mediante las cuales se entregaron títulos de propiedad a unos cien mil campesinos, pero el Estado concentró en sus manos el 70% de las tierras cultivables del país.

El nuevo monopolio de la tierra y la eliminación de las instituciones de la sociedad civil relacionadas con la actividad agropecuaria generaron un decrecimiento progresivo de la eficiencia agrícola, mientras alrededor del 40% de las tierra productivas del país devinieron ociosas; una involución que estuvo solapada hasta que Cuba perdió los subsidios procedentes de la Unión Soviética. A partir de entonces el país ha tenido que erogar, de forma creciente millones y millones de dólares para adquirir en el mercado exterior alimentos producibles en Cuba.

Ante la manifiesta deficiencia de la producción agrícola, cinco meses después de ocupar la presidencia del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, el General Raúl Castro, consciente del deplorable estado de la economía agrícola, expresó enfáticamente: ¡Hay que virarse para la tierra! ¡Hay que hacerla producir! Y agregó, que muy pronto se dictarían las disposiciones legales para iniciar la entrega en usufructo de tierras ociosas a quienes estén en condiciones de ponerlas a producir de inmediato.

Una semana después de su discurso, la Gaceta Oficial de Cuba publicaba el Decreto Ley 259 con ese objetivo. La medida, que por su contenido no podía resolver un problema tan grave, podría haber sido válida si se le hubiera concebido como un primer paso de un largo camino a recorrer, para lo cual se requería de una fuerte voluntad política para encarar el histórico problema de la propiedad agraria en Cuba, agudizado durante el gobierno revolucionario por el fomento del latifundio estatal.

Por su contenido, el Decreto Ley 259 de julio de 2008, dictado desde la óptica totalitaria, evadió la raíz del problema. El mismo se limitó a entregar en usufructo pequeñas parcelas de 1 hasta 3 caballerías de tierra infectadas de marabú, y acompañadas de múltiples prohibiciones como la imposibilidad construir viviendas, almacenes y otras instalaciones y de contratar fuerza de trabajo. Lo absurdo fue que el Decreto-Ley, emitido para atacar una ineficiencia cuya primera causa radica en la incapacidad del Estado para hacer producir la tierra, se limitó a entregar parcelas en calidad de usufructo, es decir, de disfrute de un bien ajeno, mientras el Estado ineficiente se reservó el derecho a conservar la propiedad. Los resultados obtenidos en esas condiciones no se hicieron esperar.

Sin embargo, aunque dicho Decreto-Ley carecía de vitalidad para producir el vuelco que reclamaba el deprimente estado de la economía agrícola, su promulgación contenía de forma implícita, el reconocimiento de la necesidad de cambios. Su falta consistió en ignorar la tenencia de la propiedad en manos de los productores y mantener supeditada las decisiones económicas a la política. Por sus irrisorios resultados, en un zigzagueante proceso sin la voluntad política requerida, en diciembre de 2012 fue derogado y sustituido por el Decreto-Ley 300.

La nueva medida avanzó en algunos aspectos como la permisibilidad para la construcción de viviendas, almacenes y otras instalaciones; brindó determinadas facilidades para la contratación de fuerza de trabajo familiar, trabajadores eventuales y permanentes; y extendió la entrega hasta 5 caballerías, aunque limitada a aquellos que ya poseían en tierras y estuvieran vinculados a entidades con personalidad jurídica: Granja Estatal, Unidades Básicas de Producción Cooperativa y Cooperativa de Producción Agropecuaria.

El Decreto-Ley 300 arrastró la decisión de mantener el control monopólico del Estado sobre la propiedad y la supeditación de los productores. En su artículo 11 reza que los usufructuarios pueden integrarse como trabajadores a una Granja Estatal con personalidad jurídica, o como cooperativista a una Unidad Básica de Producción Cooperativa o a una Cooperativa de Producción Agropecuaria, para lo cual “el usufructuario le cede el derecho de usufructo sobre las tierras y las bienhechurías a la entidad a la cual se integra, la que evalúa la conveniencia o no de que aquel continúe trabajando esas tierras”. Además, el Decreto-Ley 300 conservó otras limitaciones como el acceso a insumos y servicios a los no vinculados a las entidades mencionadas, con una desventaja manifiesta para las personas naturales en cuanto al término de duración del contrato. Tales limitaciones pusieron nuevamente de manifiesto la ausencia de voluntad política y la insalvable contradicción entre hacer producir la tierra y evitar la formación de un empresariado nacional.

Ante el nuevo fracaso, pero atemperados al slogan de “sin prisa pero sin pausa”, en enero de 2014 se hizo público el Decreto-Ley 311, que modifica al 300, para hacer extensivo la entrega de hasta 5 caballerías al sector más productivo del campesinado,  a las personas naturales vinculadas a las Cooperativas de Créditos y Servicio, los cuales fueron excluidos en la anterior legislación. Sin embargo, la entrega depende de que en el municipio solo existan cooperativas de créditos y servicios; y b) las granjas estatales con personalidad jurídica, unidades básicas de producción cooperativa y cooperativas de producción agropecuarias existentes en el municipio estén ubicadas a una distancia superior a cinco (5) kilómetros del área solicitada.

La causa no explícita en la información publicada, consiste en que después de  entregadas 1 millón 500 mil hectáreas de tierras ociosas desde que se dicto el Decreto Ley 259 en el año 2008, además de no haberse reportado un aumento significativo en la producción, aún existe alrededor de 1 millón de hectáreas ociosas de los 6, 3 millones de hectáreas con que cuenta el país. El resultado nos recuerda aquella afirmación martiana: Cuba tiene un potencial enorme y puede ser rica, pero ello es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.

1 1 caballería equivales a 13,4 hectáreas
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(Publicado en idioma alemán en la revista suiza TRIGON No.64, con el título “Alles in zucker: Hintergrund zum spiefilms Melaza)

La premier del joven realizador Carlos Lechuga penetra el nocivo efecto del cierre de los ingenios azucareros2 en la conducta social. A través de los habitantes de Melaza –un pueblo imaginario que puede ser cualquier batey3 de los que surgieron alrededor de esas fábricas– la cinta devela la más reciente consecuencia de la monoproducción azucarera. Por la importancia del tema, a la fecunda crítica cinematográfica añado algunos datos de utilidad para los interesados en el filme y en los fenómenos sociales como fuente de la cinematografía.

Desde su introducción en Cuba la caña de azúcar fue sustituyendo a otros cultivos hasta  emerger como el mayor complejo azucarero del mundo; su expansión geográfica fundió los diversos núcleos sociales dispersos en una unidad insular; de ella emergió el latifundio moderno, que centralizó en unos 180 ingenios la quinta parte del territorio nacional y provocó la división entre el agro y la industria que originó la figura del colono4. Desde entonces, Cuba quedó definida por su producción y comercio, lo que significó, según Moreno Fraginals5, un gran sacrificio nacional en aras del azúcar.

Durante la República (1902-1952) no hubo suceso de envergadura ajeno al resultado de las zafras azucareras. Durante la Primera Guerra Mundial Cuba se benefició de los altos precios en el mercado internacional, los cuales generaron un flujo de riquezas conocido como las Vacas Gordas, una vez concluida la guerra, la recuperación de la industria azucarera mundial abarrotó los mercados y generó una brusca caída de los precios que desembocó en la crisis financiera de 1921; un período caracterizado por la miseria, el desempleo y los conflictos políticos y sociales. Luego, entre 1929 y 1933, con la crisis mundial originada en la bolsa de Nueva York,  el descenso de los precios del azúcar se reflejó en la violencia, la inestabilidad política y las huelgas que derrocaron a la dictadura de Gerardo Machado.

Durante la II Guerra Mundial, en la que Cuba devino aliada en la lucha contra Alemania y Japón, el precio del azúcar se disparó. Estados Unidos eliminó las restricciones a la importación y Cuba vendió sus cosechas a precios elevados, que estimularon el aumento de la producción de 2,7 millones de toneladas en 1940 a 4,2 millones en 1944. Al concluir la guerra, junto a la disminución de la demanda del dulce Estados Unidos rebajó la cuota que compraba a Cuba y el gobierno cubano congeló por dos años el precio del azúcar vendido a ese país por debajo del establecido en el mercado internacional. En respuesta el sindicato azucarero logró imponer una cláusula de garantía, según la cual el precio de azúcar exportada aumentaba en la misma proporción que el precio de los productos importados. Gracias a esa cláusula los trabajadores obtuvieron un salario extra del 13,42%, que se conoció como diferencial azucarero.

El daño causado por el latifundio y la monoproducción obligó a los gobiernos republicanos a iniciar un  proceso de diversificación que se reflejó en el desarrollo de la minería, la industria ligera, el turismo, en algunos servicios y en los derivados del azúcar, pero que resultó insuficiente. En 1950 se fundaron el Banco Nacional de Cuba y el Banco de Fomento Agrícola e Industrial para reorganizar el sistema financiero y contar con un mecanismo de crédito dedicado a la diversificación, lo que se potenció con las negociaciones en el seno del GATT6, que aumentó la tarifa arancelaria cubana sobre la importación de tejidos industriales y la firma de nuevos acuerdos para la venta de azúcar a Japón, Canadá y a varios países europeos.

La zafra de 1952 ascendió a 7,2 millones de toneladas, un volumen que no pudo venderse, por lo que el gobierno introdujo un programa de zafras restringidas y un paquete de medidas para estimular otras producciones agrícolas, industriales y obras públicas. En 1954 se fundó el Banco Cubano de Comercio Exterior, que ayudó a colocar los nuevos productos en el mercado internacional. En este mismo año la Unión Soviética, inmersa en la extensión de su influencia en medio de la Guerra Fría, compró a Cuba 400 mil toneladas de azúcar, todo lo cual compensó el declive de este producto.

A fines de 1955 la negativa de Fulgencio Batista a dialogar con la oposición para restablecer el orden constitucional interrumpido por el Golpe de Estado de 1952, coincidió con la decisión de los dueños de ingenios de no pagar el diferencial, por lo que una huelga de los azucareros detuvo la industria y amenazó con paralizar la nación, obligando a Batista aceptar la invitación de la oposición y disponer el pago parcial del diferencial.

La revolución de 1959 proclamó la solución definitiva de la monoproducción azucarera. Liquidó el latifundio con las leyes de reforma agraria de 1959 y 1963, pero en vez de diversificar la propiedad concentró el 70% de la tierra cultivable del país en manos del Estado: un volumen superior a la que poseían los latifundios confiscados. Entonces,  en el contexto de la Guerra Fría y de la hostilidad con las administraciones norteamericanas, Cuba pasó a depender del comercio y las subvenciones soviéticas, una decisión que enquistó el mal del monocultivo.

En 1970, después de un colosal esfuerzo que dislocó el país, se produjeron 8,5 millones de toneladas de azúcar; volumen que al desaparecer la Unión Soviética fue descendiendo hasta 3,5 millones de toneladas en el año 2001, lo que coincidió con la rebaja de los precios del azúcar en el mercado mundial. En ese momento, en vez de atacar las verdaderas causas, el Gobierno puso en práctica  la Reestructuración de la industria azucarera y la Tarea Álvaro Reynoso, dos proyectos dirigidos a mejorar la eficiencia agrícola e industrial.

Con ese fin se cerraron unos 100 ingenios para conservar sólo los “más eficientes”7 y se redistribuyeron las tierras liberadas a otros fines. El argumento del jefe de la revolución consistió en que, no era posible tener dos millones de hectáreas y 450 mil personas dedicadas a un empleo que genera pérdidas en divisas. Sin embargo, no se cuestionaron las causas de la ineficiencia ni el por qué otros países aumentaron la producción en ese período. El resultado de los proyectos mencionados fue un mayor descenso: la zafra del año 2005 fue sólo de 1,3 millones de toneladas, una cifra similar a la producida en 1907.

La estatización casi absoluta de la economía, su subordinación al voluntarismo y a una  ideología, la perdida de la función de los sindicatos, la desaparición de asociaciones como la de colonos y la de hacendados de Cuba; junto al desmontaje de la sociedad civil, la supresión de los derechos civiles y políticos y los salarios insuficientes, condujeron a los cubanos –impedidos de ser propietarios y/o de recibir en dependencia de sus aportes– a subsistir mediante “ilegalidades”.

El impacto negativo, resumido en el batey Melaza, convierte al filme de Carlos Lechuga en un concepto que trasciende a los ingenios desmantelados para designar la vida de la sociedad cubana en general. El tema, abordado mediante la pareja conformada por Aldo y Mónica (Yuliet Cruz y Armando Miguel Gómez), víctimas de la crisis habitacional, la insuficiencia del salario, el desempleo, la distribución racionada de la escasez y el deterioro educacional, se ven obligados a participar en el comercio negro en violación de la “legalidad socialista” y a asumir la moral del sobreviviente.

La cinta, aunque no ofrece soluciones porque no las puede ofrecer, sí promueve la reflexión acerca de un tema tan definitorio en la vida de la nación cubana que obliga al análisis político y nos trae a colación aquella repetida frase desde la época republicana que versaba: Sin azúcar no hay país.

1 Lema de los agricultores cubanos, en contraste con los empresarios que esgrimían que “sin industria no hay país”. Se atribuye a José Manuel Casanova, presidente de la Asociación de Hacendados de Cuba entre 1934 y 1949, quien escribió un folleto titulado “sin azúcar no hay país”.
2 Ingenio, término que designa la capacidad inventiva, se extiende a los mecanismos que realizan una función práctica de forma eficaz y sencilla, como las fábricas de azúcar. Es sinónimo de Central.
3 Batey, poblado rural alrededor de los ingenios que constituye la base económica, cultural, social y familiar de sus habitantes.
4 Cultivador de caña que impedido de competir con las fábricas modernas  entregaba su caña al ingenio  vecino a cambio de una parte del azúcar obtenido. Los colonos garantizaron hasta 1959 el abasto suficiente de caña.
5 Manuel Moreno Fraginals (1920-2001), historiador, ensayista, escritor, y profesor. Famoso por su obra  El Ingenio, un extenso y detallado estudio de la producción azucarera en Cuba y el Caribe.
6 GATT, siglas del General Agreementt on Tariffs, mecanismo, con reuniones periódicas de los estados miembros, para negociar la reducción de aranceles.
7 En la última zafra, concluida en 2012, se produjo 1,5 millones de toneladas, un volumen inferior al alcanzado en 1957 por sólo tres ingenios: Morón, Delicias y Manatí, los que aportaron 1,6 millones de toneladas, cifra que hoy constituye una aspiración casi inalcanzable.

Publicado en idioma alemán en el magazin nro. 60 de TRIGON con el título “Fliegen oder bleiben?;hintergründe zum film Una noche.

“¿La noche?, esa es la película que mejor refleja el por qué los jóvenes se van de Cuba”. Así, lacónicamente, respondió a mi pregunta una amiga amante del séptimo arte después de asistir a la exhibición de la cinta durante el 34 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano,  celebrado en la Habana entre el 4 y el 14 de diciembre de 2012.

Por la temática social que aborda, por la magnífica fotografía de Trevor Forrest y Shlomo Godder, por la calidad del sonido de Roland Vajs y Alla Zaleski y por el guión de su directora Lucy Mulloy, la coproducción británico-cubana-norteamericana La noche conforma una importante pieza cinematográfica que  por la veracidad de lo que narra, roza el cine documental; y por la aproximación a la autenticidad de la gente y de los acontecimientos sociales que enfoca, se acerca al naturalismo. Filmada en La Habana, con actores de la Isla, sobre un tema nacional, la cinta pudiera considerarse parte de la filmografía de la Isla.

Rodada entre los años 2007 y 2011, el filme de 89 minutos de duración cobró resonancia internacional con la noticia de que sus tres principales protagonistas, Javier Núñez, Anailín de la Rúa y Daniel Arrechada desertaron  de la delegación artística que se dirigía hacia el XI Festival de Cine de Tribeca, en Nueva York, en el mes de abril de 2012. Los dos primeros lo hicieron al pisar tierra norteamericana en Miami, el tercero, después de recibir el premio en Tribeca. El hecho, algo cotidiano para los cubanos, llamó la atención internacional sobre la cinta y le sirvió de confirmación al relato fílmico.

La noche obtuvo tres de los premios otorgados en el Festival de Cine de Tribeca. Javier Núñez Florián, conjuntamente con Dariel Arrechada –ninguno con experiencia actoral antes de que Lucy Mulloy los seleccionara en un casting– fueron galardonados con la categoría de Mejor Actor, además se agenció los galardones de Mejor Dirección y Mejor Fotografía, reconocimientos que la convirtieron en la máxima triunfadora del festival neoyorquino. Luego, en la 43 edición del Festival Internacional de Cine de la India, la opera prima de Mulloy recibió el premio especial del jurado, el Pavo Real de Plata, dotado de unos 27.500 dólares. En el I Festival Internacional de Cine de Brasilia se alzó con el premio de Mejor Guión. Su próxima participación en el Deauville Film Festival, Francia; en el Vancouver International Film Festival, Canadá; en The Trinidad and Tobago Film Festival; y en el Festival do Río, le auguran nuevos galardones.

En Cuba el filme fue presentado en el mes de septiembre durante una feria de salud sexual, organizada por el Centro Nacional de Educación Sexual, en el cine La Rampa y más reciente en el 34 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, incluida en la sección “Hecho en Cuba”, en la cual participan producciones audiovisuales realizadas en la Isla sin derecho a competir por los premios Coral. En ambas oportunidades se exhibió una sola vez, por lo que apenas unos cuantos cubanos han tenido la oportunidad de conocer la multipremiada cinta que aborda un aspecto tan significativo de sus vidas.

El largometraje enfoca el fenómeno social de la emigración ilegal, especialmente la integrada por jóvenes hacia Estados Unidos, que constituye una de las peores tragedias de Cuba por el elevado número de víctimas fatales, por las numerosas rupturas familiares que ha provocado, por la descapitalización de profesionales la población cubana (aspectos sobre los que volveré más adelante).

La causa principal del fenómeno migratorio cubano radica en la falta de derechos ciudadanos como el de entrar y salir libremente de su país, lo que ha convertido a la huida en vía recurrida para la realización de aspiraciones humanas, que aunque sean elementales, son imposibles de alcanzar dentro de las fronteras. Se trata de un flujo permanente y generalizado que La Noche presenta de forma particular mediante la historia de tres jóvenes que escapan en una frágil embarcación, construida con neumáticos de automóviles.

A pesar de que su directora pasó varios años en La Habana recopilando la información para su largometraje, resulta sorprendente que sin ser cubana, lograra penetrar con tanta profundidad en las conductas de una parte de la sociedad y exponer en imágenes y sonidos el comportamiento de un sector de la Cuba actual, sus penurias y frustraciones.

Lila, una de las protagonistas del filme, narra como la gente se va de Cuba por cualquier vía, pero nunca imaginó que Elio, su hermano gemelo, la pudiera abandonar. La trama se inicia cuando Elio comenzó a trabajar en la cocina del Hotel Nacional y allí conoció a Raúl. A partir de ese momento la preocupación de Lila porque su hermano pudiera abandonarla le producía horribles pesadillas que le impedían conciliar el sueño. Seguidamente el filme se dirige a los escenarios sociales hurgando en las posibles causas de la huida.

En otra escena Lila comenta en La Habana puedes conseguir lo que quieras. Las tiendas están vacías, pero si conoces a la persona indicada todo está a la venta; una afirmación acerca de la vida cotidiana de la capital, que se demuestra durante las peripecias de Raúl y Elio en busca de las cosas necesarias para atravesar el peligroso  Estrecho de La Florida: neumáticos, brújula, madera, un motor, alimentos y glucosa. En cada gestión se destaca el maltrato en los establecimientos estatales, el ambiente y lenguaje marginal, el comercio clandestino, las relaciones sexuales sin amor, la violencia familiar, el deterioro moral en el seno de la familia, la destrucción y falta de higiene en La Habana,  los robos, así como la  represión y abusos policiales. Un clima asfixiante que se ilustra y acentúa con las composiciones musicales del rap y el reguetón.

De igual forma la cámara, que ve más allá del ojo humano y el micrófono, que registra sonidos imposibles para el hombre, incursionan en los hogares de los protagonistas. En la casa de los gemelos, las relaciones machistas, las desavenencias entre los padres y la miseria material en que viven; en el apartamento de Raúl, la suciedad, la destrucción física y moral, donde su madre de avanzada edad, enferma de SIDA, tiene que prostituirse y la ausencia del padre, que se fue de Cuba y no mantiene comunicación con ellos.

A lo anterior se unen las escenas de irresponsabilidad de grupos de jóvenes y adolescentes que se bañan en las aguas contaminadas del malecón habanero o que arriesgan sus vidas con sus peripecias ciclistas en medio del tráfico automovilístico; el anciano cantando enajenado en la calle, cuya hija se casó con un italiano y nunca más la volvió a ver; la santera, que completa el cuadro con falsas predicciones a cambio de dinero.

El clímax, que concluye y resume lo ocurrido durante los acontecimientos narrados, expresa la clave de la historia. En la balsa afloran los conflictos dramáticos, la superficialidad y la falta de previsión. Elio, enamorado de Raúl y éste último enamorado de su hermana; discusiones acerca de la prostitución y  de la superficialidad de Elio y Raúl sobre su futuro en Miami; la caída de Lila al agua; el ataque de los tiburones y el hundimiento de la embarcación que provoca la muerte de Elio, mientras Lila y Raúl desesperados naufragan aferrados a un pedazo de poliespuma, hasta ser rescatados por una moto acuática en una playa de la Florida. El filme cierra con la detención de Raúl en La Habana, donde se cruzan y confunden sueño y realidad.

El tratamiento de los fenómenos sociales en la pantalla no es una novedad. Data del descubrimiento de uno de los pioneros del séptimo arte, el director de teatro y actor France, realizador de Viaje a la luna, George Méliès (1861-1938), acerca del cine como forma de ver, interpretar y formar la realidad; y del director cinematográfico norteamericano, David Wark Griffith (1875-1948), director de El nacimiento de una nación y de Intolerancia, considerada esta última como la culminación artística del cine mudo, quien se dirigió a la historia como fuente de experiencias cinematográficas. En ese sentido La noche, al adentrarse en el análisis social de la inmigración cubana, está llamada a ocupar un lugar en la historia de la crítica social en nuestro país encaminada a esa forma de observar la realidad al margen de la  apologética oficial.

Esa corriente, que estuvo presente en Cuba desde la época del cine silente, repuntó después de la Revolución con el documental PM –un corto sobre las maneras de divertirse de un grupo de habaneros, realizado en 1961 por Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante–, que introdujo una mirada moderna a la realidad revolucionaria y devino, por ello, en el filme más problemático de la historia audiovisual cubana, cuando el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica tenía como prioridad la propaganda sobre la lucha de clases y contra las amenazas del imperialismo. PM fue censurado y su exhibición prohibida, medida que generó una polémica entre los artistas e intelectuales que condujo al discurso del Jefe de la Revolución el 30 de junio de 1961, conocido como Palabras a los intelectuales, en el que introdujo el concepto excluyente: Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada, momento a partir del cual la cultura, que antecede y trasciende a la política, quedó prisionera de ella hasta el día de hoy.

En 1971, en el largometraje de ficción, Una pelea cubana contra los demonios, su director, Tomás Gutiérrez Alea, planteó: en cualquier época o lugar resulta quimérico desarrollar la existencia humana de manera auténtica, si se le impone límites a su devenir, si se le fija al comportamiento social parámetros de grupo, si a partir de una interpretación moral de la sociedad (lleve esa moral el apellido burgués o socialista, religioso o liberal)  se le impide al individuo discutir con entera libertad sus propias visiones del mundo… El intelectual –decía– es el especialista que está más dotado para poner en claro las incoherencias semánticas que pueden tener lugar dentro de la Revolución. En los años 90 del pasado siglo, entre los más de 60 filmes de ficción producidos emergieron importantes piezas de crítica social.

A partir del siglo XXI, entre los múltiples directores de cine que han incursionado en los fenómenos sociales quiero destacar al laureado creador Fernando Pérez, quien ha puesto en evidencia las potencialidades de la crítica cinematográfica para promover la reflexión entre cubanos. En La Vida es Silbar (1998), Fernando abordó la búsqueda de la felicidad mediante la liberación interior, la verdad y la comunicación social y en Suite Habana (2003), se propuso convertir nuestra contradictoria realidad –esa misma que se muestra en La noche– en fuente inagotable de inspiración desde el amor y desde la libertad interior: un amor al prójimo y a una ciudad, que a pesar de su estado de abandono y destrucción nos la muestra cargada de belleza y posibilidades. En ese enfoque se diferencia radicalmente Una noche de Suite Habana. La primera se concentra en demostrar la crudeza de la destrucción física y moral, la segunda parte de esa misma destrucción para mostrar la belleza oculta y las potencialidades para superarla. Entre ambas se brinda una aproximación más integral a la realidad habanera y cubana en general.

En ese mismo sentido, el cineasta Alfredo Guevara, Presidente del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en la 33 edición de ese evento celebrado en el año 2011, dijo: La revolución cubana que en 1959 pudo…; esa, aquella, esta Revolución se impone ahora desestatizar la Sociedad Cubana, liberada del espíritu burocrático-estatal que todo lo corrompe. La edición del 2011 presentó un conjunto de cintas cuyo eje común fue la crítica social: Casa vieja de Lester Hamlet,  una película que habla de quiénes somos y de cómo entiendo la vida de los cubanos desde el comprometimiento afectivo. Larga distancia, de Esteban Insausti, donde se muestra las frustraciones provocadas por la emigración en nuestra sociedad. Boleto al paraíso, de Eduardo Chijona, que inspirada en hechos reales, aborda la degradación de la juventud al punto de auto contagiarse con el virus del Sida para poder vivir mejor en un sanatorio. Afinidades, de Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, donde la corrupción conduce al vacío, a refugiarse en los instintos, al sexo a modo de descarga eléctrica, a la manipulación del prójimo como vía para reafirmar la personalidad lacerada. Martí, el ojo del canario, de Fernando Pérez, una muestra magistral del cine como indagación histórica.

Como Lucy Mulloy esboza algunas de las causas de la emigración, su filme brinda la oportunidad, que utilizo, para exponer a forma de complemento algunas consideraciones acerca del problema migratorio en Cuba,  que pudiera ser de utilidad a aquellos, que una vez visto la película, se sientan motivados para conocer un poco más de la Cuba contemporánea.

La ineficiencia económica, la pérdida de los derechos cívicos y políticos, la  insuficiencia de los salarios respecto al costo de la vida, entre otros factores, han tenido efectos altamente negativos: la corrupción, un fenómeno presente en la esfera político administrativa en la república prerrevolucionaria, se generalizó a todos los sectores sociales; mientras la inmigración que caracterizó al país desde tiempos remotos se convirtió después de 1959 en diáspora, es decir, en dispersión por el mundo, como lo reflejan los datos estadísticos.

El 9 de enero de 1959, el gobierno dictó la Ley No. 2 para restringir el derecho de salida libre del país a los que decidían marcharse. Esa disposición fue enmendada por la Ley No. 18, la cual estipulaba que todo cubano poseedor de pasaporte válido expedido por el Ministerio de Estado, que se proponga viajar al exterior, deberá obtener “una autorización al efecto, que le será concedida por el señor Jefe de la Policía Nacional”. En 1961 el Ministerio del Interior implantó el famoso “permiso de salida” y reguló los tiempos de estancia que los cubanos podían permanecer en el extranjero. En 1976 se dictó la Ley 1312, mediante la cual se confirmó el permiso de salida.

A pesar de esas medidas, los cubanos en Estados Unidos que en 1959 eran unos 124 000, aumentaron de forma sostenida desde esa fecha. Primero con personas vinculadas al régimen derrocado o que perdieron sus propiedades, con los miles de niños  que salieron con la Operación Peter Pan (1960-1962), luego con la primera salida masiva por el puerto de Camarioca y el puente aéreo desde Varadero, por donde salieron de la Isla 260 000 cubanos entre 1965 y 1973.

En abril de 1980, después que un ómnibus penetrara violentamente en la sede de la embajada del Perú, en La Habana, y sus ocupantes solicitaran refugio, miles de cubanos irrumpieron con el mismo fin en esa sede diplomática. El resultado fue que otros 125 000 cubanos abandonaron la Isla.

Entre mayo y agosto de 1994, grupos de cubanos invadieron las residencias del embajador de Bélgica, de Alemania y el consulado chileno, a la vez que se produjeron varios secuestros de lanchas. El 5 de agosto del propio año, Fidel acusó a Estados Unidos de fomentar la inmigración ilegal, y dijo: o se toman medidas o no obstaculizaremos a aquellos que vienen a buscar a sus familiares. Como resultado, durante el verano de 1994 aproximadamente 33 000 cubanos escaparon de la Isla, de los cuales cerca de 31,000 quedaron provisionalmente detenidos en la Base Naval de Guantánamo.

Durante esas tres oleadas masivas –Camarioca, Mariel y Guantánamo– ocurrió un número indeterminado de tragedias. Cálculos conservadores sugieren que al menos un 25% de los balseros no sobrevivieron al viaje realizado en los más disímiles objetos flotantes.

Sin embargo, como la causa principal de la emigración está en el deterioro económico y la falta de libertades, ninguna de esas leyes logró impedir las salidas individuales, en grupos o de forma masiva. La diáspora cubana constituye un proceso sostenido en el tiempo por cuantas vías ha concebido la imaginación y desesperación de los cubanos, lo que se reflejó en el Censo de Estados Unidos del año 2010, el que arrojó un total de 1,800 000 cubanos, que sumados a otros disperso por el globo terráqueo, sobrepasan los 2 000 000, es decir, que el 18 % de los cubanos están dispersos por el mundo.

Familiares separados durante años o de por vida; matrimonios que han envejecido con el dolor de no poder volver a sus hijos; hijos radicados en otros países que nunca más pudieron ver sus padres. Sufrimientos que han causado un daño antropológico en muchos hogares cubanos, donde la familia dejó de ser escuela de amor, educación y seguridad para devenir lugar de desavenencias ideológicas, rencores y trastornos mentales, precisamente lo que se destaca en La noche de Lucy Mulloy.

La diáspora, efecto de la falta de libertades y de la ineficiencia económica, ha devenido causa de otros males. El ritmo de crecimiento demográfico se afectó entre los años 2001-2010 por un saldo migratorio negativo de 342 199 personas, a un ritmo promedio de 34 000 por año; un proceso que está convirtiendo a Cuba en el único país de América con una población decreciente. De igual forma ha incidido en la descapitalización de profesionales, pues Cuba, que había logrado alcanzar una altísima proporción de graduados en la educación superior, se ha convertido en uno de los países que más profesionales y técnicos pierde debido a la emigración. En los últimos 30 años han emigrado varias decenas de miles de médicos, ingenieros, licenciados en distintas especialidades, así como técnicos medios y obreros calificados, lo que significa un daño actual y un peligro potencial para el futuro del país. El hecho es que las salidas ilegales existen antes y después de la Ley de Ajuste,  y antes y después de los acuerdos migratorios señalados, lo que demuestra su relación directa con la crisis interna cubana.

La producción de La noche, una cinta demostrativa del papel del cine en la forma de ver, interpretar y formar la realidad;  coincide precisamente con el momento en que el gobierno cubano decidió modificar la ley de migración vigente, aunque el cambio no devuelve a los cubanos todos los derechos que le fueron conculcados con las legislaciones descritas. El permiso de salida desaparece, pero determinadas categorías de cubanos, bien por las responsabilidades que ocupan, o bien por los estudios realizados, siguen sometidos a las mismas limitaciones anteriores, lo que será fuente de nuevas huidas de abandono de los estudios por parte de los jóvenes para no quedar atados a la nueva Ley. En este sentido La nochedeviene en precursora de nuevos cambios migratorios hasta que el  cubanos como cualquier otro ciudadano del mundo, recupereintegralmente el derecho a salir y entrar libremente de su país.

Tomado de:http://www.diariodecuba.com/cuba/1392709164_7194.html

El jueves 20 de febrero seremos testigos de un acontecimiento, que por repetitivo no deja de ser insólito. Ese día se iniciará en La Habana un congreso obrero sin sindicatos.

Surgidos para defender los intereses de los obreros frente a los patronos, con métodos que van desde las huelgas hasta las negociaciones colectivas, los sindicatos constituyen una expresión de la modernidad. Sus primeras manifestaciones en Cuba tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX en los conflictos en la industria tabacalera, la fundación de los primeros periódicos obreros y la creación de las primeras asociaciones.

Aunque ya en 1887 se celebró un congreso obrero, fue a partir de la Ley General de Asociaciones de 1888 que se generalizó. En 1892 tuvo lugar el primer congreso con delegaciones de casi todas las provincias y en 1899 se fundó la Liga General de Trabajadores Cubanos (LGTC), la cual desempeñó un destacado papel en la lucha por la disminución de la jornada laboral y el aumento salarial.

En la República, con los derechos-libertades refrendados en la Constitución de 1901 los paros laborales se extendieron por toda la Isla. Desde la Huelga de los Aprendices en 1902, iniciada contra la exclusión de los aprendices cubanos en las tabaquerías, pasando por la Huelga de la Moneda en 1907, para reclamar el pago en moneda norteamericana, hasta la de los centrales azucareros de la zona de Niquero en 1912. Resultado de esas luchas, en 1903 se declararon los días feriados; en 1909 la jornada de ocho horas para los mecánicos, operarios y jornaleros empleados del Estado; y en 1910 se promulgó la Ley Arteaga que prohibió el pago de salarios en los vales o fichas que obligaban a comprar en determinados establecimientos.

En las siguientes décadas, con el fortalecimiento y la generalización del sindicalismo cubano aumentaron las huelgas y surgieron nuevas formas de lucha. Por ejemplo en 1924, para canalizar los conflictos obrero-patronales por los embarques de azúcar, se dictó la Ley que creó las Comisiones de Inteligencia Obrera en todos los puertos del país –con poderes legislativos y ejecutivos– integradas por patronos y obreros y presididas por el Juez de primera instancia del lugar, cuyas decisiones eran de inmediato cumplimiento.

Cinco ejemplos ilustran la fortaleza adquirida por el sindicalismo: La creación en 1925 de la Confederación Obrera de Cuba (CNOC), primera institución de ese tipo con carácter nacional; El decisivo papel desempeñado en el derrocamiento del gobierno de Gerardo Machado en 1933; La huelga de los empleados de la Secretaría de Comunicaciones en 1934, que fue respaldada por otros sectores y terminó con el triunfo; La creación de la Secretaría del Trabajo en 1934; Y la huelga de marzo de 1935, que comenzó por una protesta de maestros y estudiantes y terminó con características de levantamiento popular.

Esos y otros muchos episodios se concretaron en las legislaciones obreras que comenzaron con el Decreto 276 de enero de 1934 y culminaron con el Decreto 798 de abril de 1938, el Código de Trabajo cubano más avanzado hasta hoy. Esos logros se complementaron con la fundación de la Confederación de Trabajadores de Cuba en enero de 1939 y la promulgación de la Constitución de 1940, la cual refrendó en 27 artículos los derechos individuales y colectivos del trabajo obtenidos en las luchas, desde el salario mínimo hasta el derecho de huelga, pasando por el descanso retribuido de 1 mes por 11 de trabajo, la jornada máxima de 8 horas y las semanas de 44 horas de trabajo con pago de 48.

En 1945, con medio millón de afiliados, la CTC era la segunda central sindical más grande de la región y muchas de sus demandas se convertían en leyes, adquirieron locales propios como el edificio de Carlos III construido por el Retiro de Plantas Eléctricas y arrendado a la Compañía de Electricidad, El Habana-Hilton construido por el Retiro Gastronómico, el sindicato de Artes Gráficas que emprendió la edificación de un reparto para trabajadores y se inició la construcción del Palacio de los Trabajadores con aportes de los afiliados.

El Golpe de Estado de 1952 propinó un fuerte golpe al sindicalismo. Su Secretario General, Eusebio Mujal, ordenó una huelga contra el Golpe, pero después de una entrevista con el Ministro de Trabajo retiró la orden a cambio de conservar los derechos adquiridos por los trabajadores, respetar en sus cargos a los dirigentes sindicales y mantener el status quo de la CTC. El miedo a la fuerza de los sindicatos hizo que Fulgencio Batista dictara algunas medidas de beneficio para los trabajadores, como fueron la prohibición de la mecanización del torcido del tabaco y el aumento del salario mínimo en 1958, para disuadir a los trabajadores de participar en la huelga convocada por el Movimiento 26 de Julio, medida con la cual el salario de los trabajadores urbanos de la capital se elevó a 85 pesos, en otras ciudades 80 y fuera del perímetro de la ciudad 75, cuando un peso equivalía a 1 dólar.

Aunque en diciembre de 1958, bajo la dirección del Movimiento 26 de Julio se celebró la Conferencia Nacional de Trabajadores Azucareros, mediante un Decreto emitido por el recién instalado gobierno revolucionario, el 22 de enero de 1959 la CTC fue disuelta y sustituida por la CTC-Revolucionaria, que constituyó el primer paso en el proceso de desnaturalización del sindicalismo.

En el X Congreso de la CTC-R (noviembre de 1959) el candidato para Secretario General, David Salvador, expresó que los trabajadores no habían ido al evento a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución, y en franca violación del  convenio 87 de la OIT1 se procedió a la elección de la directiva en presencia del jefe del Gobierno, mientras el Ministro del Trabajo fue investido de las facultades para despedir dirigentes sindicales e intervenir sindicatos y federaciones. En el XI Congreso (noviembre de 1961) por vez primera se postuló un solo candidato para cada puesto y se renunció oficialmente a casi todos los logros alcanzados. Para el XII Congreso (agosto de 1966), la propuesta de su celebración fue sometida al Buró Político del Partido Comunista. En este congreso Lázaro Peña fue sustituido, pero por la decadencia del sindicalismo fue devuelto al cargo en el XIII Congreso (1973) y bautizado como Capitán de la clase obrera, como si la CTC fuera una unidad militar. Finalmente la pérdida de autonomía asumió carácter legal en la Constitución de 1976, en la que  se declara que todo el poder pertenece al pueblo trabajador, pero ignorando los logros reconocidos en la Carta Magna de 1940.

Tres hechos son suficientes para demostrar la ausencia de sindicatos en Cuba. 1- En  septiembre de 2010 la CTC apoyó los despidos laborales con un documento que decía: Nuestro Estado no puede ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía, sin mencionar nada respecto a los verdaderos problemas de los trabajadores; 2- Durante los preparativos del XX Congreso, el miembro del Buró Político y vicepresidente del Consejo de Estado, Salvador Valdés Mesa, ha reiterado: que entre los principales retos del evento estará definir la real participación de los trabajadores en la gestión económica; que la plataforma económica, política y social de la Revolución quedó definida en los Lineamientos aprobados en el último Congreso del Partido; y que al movimiento sindical le corresponde movilizar a los trabajadores para materializar esos acuerdos; finalmente, en el Pleno 93 del Consejo Nacional de la CTC de mayo de 2013, presidido por el Segundo Secretario del PCC, se designó a Ulises Guilarte, primer secretario del PCC en la provincia Artemisa, para presidir la Comisión Organizadora y en consecuencia ser el próximo Secretario General de la CTC.

La autonomía al sindicalismo es lo que el oxígeno a los seres vivos. Para que un evento obrero en Cuba se pueda denominar como congreso obrero, hay que comenzar por restituir los derechos y libertades para su existir, funcionar y representar a los trabajadores y no los proyectos de ningún gobierno o partido político.

La Habana, 14 de febrero de 2014
1 La OIT, Organización Internacional del Trabajo, agencia especializada de la ONU, cuyos principales objetivos son mejorar las condiciones de trabajo, promover empleos productivos y el necesario desarrollo social, y mejorar el nivel de vida de los trabajadores. La OIT fue fundada en 1920 como una sección autónoma de la Sociedad de Naciones y en 1946 se convirtió en el primer organismo especializado de la ONU. Su sede radica en Ginebra.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1392370455_7143.html

En una declaración publicada el martes 11 de febrero, Rogelio Sierra Díaz, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, informó que el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE) autorizó a la Comisión Europea y a la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, a iniciar negociaciones sobre la disposición de un Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación con la República de Cuba y agregó que “Cuba considerará la invitación formulada por la parte europea, de manera respetuosa, constructiva y apegada a su soberanía e intereses nacionales”.

Se trata del posible inicio de negociaciones para un diálogo político bilateral y un Acuerdo de Cooperación en dependencia de que las autoridades cubanas acepten la invitación. Al respecto, Catherine Ashton expresó: “Espero que Cuba apruebe esta propuesta y podamos pronto trabajar en pos de una relación más firme”, pero dijo que “la decisión no constituye un “cambio político respecto al pasado”; lo que puede interpretarse como un cambio de forma, no de contenido. Por su parte el embajador de la UE en Cuba dijo que “la política es la misma pero hay una “nueva dinámica” y calificó la decisión como un “gran paso adelante”, pues el posible acuerdo “formalizaría la cooperación a todos los niveles sobre una base jurídica y política más firme”.

Las transiciones hacia la democracia dependen tanto de los factores internos como de los externos. En dependencia de la mayor o menor fuerza de los primeros, los segundos asumen un mayor o menor protagonismo, que es precisamente el caso de Cuba como se puede apreciar si miramos por el retrovisor.

La revolución que tomó el poder en 1959, convertida en fuente de derecho, se enrumbó hacia el totalitarismo. La Constitución de 1940 fue sustituida de facto por La Ley Fundamental del Estado Cubano, con la cual el Primer Ministro designado asumió las facultades de Jefe de Gobierno y el recién creado Consejo de Ministros se adjudicó las funciones del Congreso. A partir de entonces se procedió a: concentrar el poder en manos del líder, a la propiedad en manos del Estado, a desmontar la sociedad civil y a restringir las libertades ciudadanas y los derechos humanos, por lo que los cubanos desarmados de instrumentos y espacios cívicos perdieron la condición de ciudadanos.

En ese contexto los países de la entonces Comunidad Europea, que mantenían relaciones bilaterales con Cuba, establecieron en 1996 la Posición Común con el objetivo de “alentar un proceso de transición a una democracia pluralista y al respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, así como una recuperación sostenible y la mejora de las condiciones de vida del pueblo cubano”. Esa decisión, que de hecho constituyó un apoyo moral a la oposición dentro de la Isla, agudizó las contradicciones entre la UE y el gobierno cubano. Posteriormente, en el año 2002, cuando se instaló la delegación de la Comisión Europea en La Habana y se recibió con beneplácito la solicitud de Cuba para incorporarse al Acuerdo de Cotonú1, se abrió una nueva etapa en las relaciones bilaterales. Sin embargo, en el año 2003 el encarcelamiento de 75 opositores pacíficos y el fusilamiento de tres jóvenes que intentaron capturar una lancha para escapar del país, llevó al Consejo de la UE2 a reafirmar la vigencia y validez de la Posición Común.

En el año 2008, cuando los huracanes que azotaron el país profundizaron la crisis interna, el Gobierno firmó el restablecimiento de las relaciones con la UE y se acordó reiniciar el diálogo político. El Comisario Europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba firmaron una declaración dando a conocer la decisión, mientras el gobierno de España se empleaba a fondo para que la Posición Común fuera derogada. Sin embargo, en el 2010, precisamente cuando España ocupaba la presidencia de la UE, dos sucesos echaron por tierra ese propósito: Cuba prohibió la entrada al eurodiputado español Luis Yáñez y al mes siguiente murió en una prolongada huelga de hambre el prisionero político Orlando Zapata Tamayo.

Si ahora el gobierno cubano aceptara la invitación de la UE, tendría que aceptar el diálogo sobre el tema de los derechos humanos y proceder al restablecimiento de lo que nunca debió ser barrido. Lo interesante es que no estamos en las mismas condiciones de aquel año, cuando el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, al referirse a la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, declaró: “Si la UE se apartara de la votación estéril que genera enfrentamiento, Cuba estaría dispuesta a sentarse con la UE a acordar un programa”. Y Que Cuba “se sentiría en la deuda moral de acompañar la decisión europea. Firmaría el pacto de derechos económicos, sociales y culturales al día siguiente, diciendo que hemos empezado una nueva etapa en nuestras relaciones”.

De producirse la negociación, a juzgar por las palabras de Catherine Ashton, los países de la UE tendrían que poner sobre la mesa la siguiente exigencia:

Acoplar las leyes cubanas con la Carta de las Naciones Unidas y con todos los instrumentos de derecho internacional, como la Carta Universal de Derechos Humanos, que en su artículo 30 reza: “Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”. Un enunciado que para Cuba tiene un significado especial, pues fue una de las naciones promotoras y firmantes de tan importante documento. Y también ratificar los pactos de derechos humanos, firmados desde el año 2008, que constituyen la base de la dignidad de la persona y garantía de que los cambios proyectados tengan un efecto positivo para la sociedad cubana.

Sobre esa primera exigencia, el Gobierno de Cuba tendría que suspender las represiones y el encarcelamiento por motivos políticos; los países de la UE podrían fomentar los intercambios con la sociedad civil para que los cubanos emerjan gradualmente de la marginalidad política y recuperen la condición de ciudadanos, todo lo cual coadyuvaría al fomento de la soberanía popular para que los cubanos puedan ser protagonistas de su historia y su destino.

A lo anterior se uniría el reclamo para que el Código de Trabajo –que será promulgado próximamente– recoja el derecho a la libre sindicalización y a la contratación libre de la mano de obra, dos aspectos contenidos en la Legislación Laboral de 1938 y en la Constitución de 1940; así como para que la nueva Ley de Inversiones incluya a los nacionales, pues los proyectos para los que se está invitando a los inversionistas extranjeros serán de utilidad sólo en la medida en que los cubanos se conviertan en sujetos de los cambios con derechos reconocidos. El caso particular del proyecto Zona Especial de Desarrollo Mariel podría ser de enorme utilidad para economía cubana a condición de la democratización del país. Lo demás sería, de facto, fortalecer el actual modelo y condenar a los cubanos a permanecer en la marginalidad cívica, política y económica.

 

1 Relaciones de cooperación entre la UE y los países de África, Caribe y Pacífico, de carácter vinculante. El inciso 2 del artículo 9 reza: Las partes se comprometen a promover y proteger todas las libertades fundamentales y todos los derechos humanos, ya se trate de derechos civiles y políticos o económicos.
2 Nombre que recibe la cumbre de jefes de Estado o de gobierno de los países miembros de la Comunidad Europea, la cual se reúne regularmente por lo menos cada seis meses.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/deportes/1391848087_7053.html

La pelota cubana: declive lento pero sin pausa

Como si lo ocurrido en los tres primeros días de competencia en Isla Margarita fuera una excepción y no una manifestación del estancamiento sufrido en todas las esferas de la sociedad cubana, un comentarista deportivo dijo en la televisiva Revista de la Mañana, que “El equipo de Villa Clara no cumplió con las expectativas”.

En la pelota, que es el caso que ahora nos ocupa, lo ocurrido no podía ser sorpresa. La superioridad declarada de la pelota “libre” sobre la pelota “esclava” no se confirmó en la práctica. El reto lanzado contra el profesionalismo desde 1960 no resistió la prueba del tiempo. Sin embargo, la aceptación del hecho por las autoridades cubanas –aunque sin reconocimiento público y demasiado tarde –no deja de ser una buena noticia, pues esa decisión obliga a desterrar el slogan ideológico y retomar la senda que nunca se debió abandonar.

Fue en 1948, en la reunión de la Confederación de Béisbol del Caribe celebrada en Miami, donde los representantes de las Ligas profesionales de Cuba, Puerto Rico, Panamá y Venezuela conformaron la Serie del Caribe. Desde la primera, que se inauguró en febrero de 1949, el equipo Almendares se alzó con la victoria en La Habana en calidad de invicto y cerró su participación en 1960 con el triunfo de Cienfuegos en Panamá, para sumar siete victorias en doce campeonatos: una irrebatible prueba de la calidad de la pelota “esclava” en aquellos años.

Después de 1959 el deporte, separado de la sociedad civil, fue monopolizado por el Estado y subordinado a la política y la ideología. A un costo impagable para un país del Tercer Mundo se implantó una supremacía en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales durante décadas, lo que se calificó como la victoria de la pelota libre sobre la pelota esclava.

En medio de aquella infundada euforia, en enero de 1967 el líder de la revolución expresó: Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota… Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales. Y en octubre de 1975 sentenció: si en otros países de América latina no existe la revolución social, no se desarrolla la revolución social; por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte.

El declive fue lento pero sin pausa. Las derrotas en los Clásicos Mundiales, pero sobre todo la sufrida el pasado año en el último tope con la selección universitaria de Estados Unidos, integrada por jóvenes cuyas edades oscilaban entre 19 y 23 años,  los que a pesar de su débil ofensiva, barrieron en cinco partidos a los supuestos “amateurs” de la mayor de las Antillas.

Ahora, a 54 años de aquella decisión, después del retroceso sufrido y de la pérdida de muchos de los talentos que abandonaron la pelota “libre” en busca de contratos en las Grandes Ligas, Cuba regresó a la Serie del Caribe con el equipo vencedor de la 52 Serie Nacional, en un momento en que el resto de los participantes exhiben un nivel superior al de nuestra pelota.

Villa Clara, reforzada con varios de los mejores peloteros cubanos de mayor experiencia –doce de los cuales han integrado el equipo Cuba– enfrentó a los campeones de las ligas invernales de México, Venezuela República Dominicana y Puerto Rico. Tres días fueron suficientes para ver la distancia entre aquellos y los nuestros. El primer día perdimos 9 a 4 ante los Naranjeros de Hermosillo (México), el segundo día con los Navegantes del Magallanes (Venezuela) 8 a 5 y el tercer día los Tigres de Licey (República Dominicana) nos derrotaron 9 a 2, para establecer un record: la peor actuación de equipos cubanos en Series del Caribe.

El 4 de febrero se salvó la honrilla frente a los Indios de Mayagüez (Puerto Rico), pero ya la inclusión era pura imaginación y deseo. Como escribiera Oscar Sánchez Serra en el diario Granma de 4 de febrero: Si los Naranjas le  ganan hoy a Puerto Rico, éste cae mañana ante Venezuela y la República Dominicana alcanza un triunfo más; el jueves, el primer lugar de la fase clasificatoria jugaría frente al monarca de la 52 Serie nacional.

Regresamos a la pelota “esclava” en evidente desventaja. Equipos como Navegantes de Magallanes, de un país miembro del ALBA, igual que Cuba, que además de contar con muchos jugadores activos en las Ligas Mayores del béisbol estadounidense, tiene en sus filas a algunos cubanos que abandonaron la Isla, lo que ilustra el retraso de Cuba incluso, en comparación con los similares.

Cuba tiene condiciones y perspectivas. La permisibilidad, aunque todavía bajo control del Estado, de que algunos jugadores participen en ligas foráneas; el incremento del salario a los jugadores, aunque todavía insuficientemente; que los cubanos vuelvan a disfrutar de juegos de Grandes Ligas por la televisión local, aunque todavía con limitaciones; que se hayan instrumentado nuevos programas que permiten, como disfruté hace un par de días, de una entrevista realizada al legendario Camilo Pascual. Todo ello indica que estamos en el camino, pero los resultados de esta primera participación y de algunas de las próximas, no estarán a la altura de lo que Cuba puede  potencialmente, pues una cosa es la decisión de cambiar y otra recomponer lo destruido.

Después de toda noche, por larga que parezca, le sigue un amanecer. Aunque todavía escuchemos a peloteros de la talla de Yulieski Gurriel, decir que aspira a tener permiso de las autoridades cubanas para jugar en el exterior, o que las autoridades cubanas todavía no han dado permiso, indica la presencia de obstáculos que hay que derribar hasta alcanzar la libertad que ha faltado a nuestros deportistas y ha determinado el declive que estamos pagando con las derrotas.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1390857183_6873.html

Las efemérides, además de recuerdos, constituyen una fuente viva de experiencias. Si las mismas están referidas a figuras cuyas ideas fundacionales no se han concretado, entonces asumen un significado mayor. Ese es el caso de José Martí y Pérez al arribar al 161 aniversario de su natalicio.

El pensamiento martiano no tiene valor para todas las épocas, pero el retroceso sufrido por la sociedad cubana la sitúa en condiciones muy similares a las de la época en que él vivió. Su programa, fruto del análisis de un momento de la historia no tuco como propósito servir de guía a al presente. Las respuestas a los problemas de hoy hay que deducirlas de la actual situación, por tanto, no están y no pueden estar en la obra martiana. Sin embargo, debido al estancamiento social sufrido, el núcleo esencial de sus ideas conforma una asignatura pendiente; una peculiaridad que le otorga vigencia a su pensamiento.

Autor de una obra universal y prolífica, José Martí fue y sigue siendo usado para justificar desde la más noble hasta la peor de las causas, incluyendo la autoría de acciones posteriores a su desaparición física, los intentos de emparentarlo con ideologías ajenas a él como es el caso de la doctrina comunista y de cercenar su pensamiento para solapar deficiencias y ocultar la falta de voluntad política para asumir su conducta.

Entre las cualidades que lo distinguen como político, crítico, historiador, literato, periodista, predicador y maestro, sobresale la ética, expresada en su dimensión humana y universal, en su correspondencia entre pensamiento y acción y en su conducta privada y pública; una de las asignaturas pendientes de antes y de ahora.

Su amor al prójimo abarcó toda su obra práctica e intelectual. Lo prueba el hecho que, a pesar del inhumano trato recibido en el presidio político nunca odio a España ni a los españoles, como tampoco, a pesar de su fuerte oposición a la idea de una Roma americana, odió a Estados Unidos; una conducta diametralmente opuesta a los que infunden odio y culpan al otro de males que emanan de su propio egoísmo, irresponsabilidad y limitaciones. Esa conducta de amor al prójimo es asignatura pendiente.

Enemigo declarado del empleo de la violencia. En mayo de 1883 en el artículo Karl Marx ha muerto, a la vez que reconoce los méritos del fundador del marxismo, señala lo que considera sus limitaciones: Kart Marx estudio los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto a la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa… Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz” Y en 1892 expresó: Y no es el caso preguntarse si la guerra es apetecible o no, puesto que ninguna alma piadosa la puede apetecer, sino ordenarla de modo que con ella venga la paz republicana, y después de ella no sean justificables ni necesarios los trastornos a que han tenido que acudir. Esa tendencia a la violencia, viejo mal de nuestra historia, es asignatura pendiente.

Las interrogantes contenidas en su estudio crítico de 1880 acerca de los errores de la Guerra de los Diez Años, referidas según sus palabras a una guerra que no la había ganado España, sino que la perdieron los cubanos, tenía como objetivo descubrir las claves del fracaso. Precisamente de ese análisis emergieron los cimientos de la teoría de la revolución. En su discurso Con todos y para el bien de todos, pronunciado en 1891, explicó que la república –que en su ideario era forma y estación de destino– se diferenciaba de la guerra y del partido, concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella. Así, la república, que tuvo su primera manifestación en Guáimaro, asumió su más alta definición como alma democrática de la nación. Y en el Manifiesto de Montecristi, repitió: La guerra no es el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria o el sepulcro. Si no, como expresó en el acto de fundación del Partido Revolucionario Cubano, ello se hace de modo que en la conquista de la independencia de hoy vayan los gérmenes de la independencia definitiva de mañana. Es decir, el partido en Martí –como unidad de todas las fuerzas– era necesidad táctica acotada en el tiempo, algo que es hoy asignatura pendiente.

En las Resoluciones de noviembre de 1891, consideradas como el prólogo a las Bases del PRC, planteó: la organización revolucionaria ha de tener en cuenta las necesidades prácticas derivadas de la constitución e historia del país y no ha de trabajar por el predominio, actual o venidero, de clase alguna; sino por la agrupación, conforme métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en el extranjero; y por la creación de una república justa y abierta…para el bien de todos. Otra asignatura pendiente.

Su desprecio a todo tipo de despotismo, lo llevó a rechazar su participación en el Plan Gómez-Maceo, cuando le escribió al generalísimo Máximo Gómez, Un pueblo no se funda General, como se manda un campamento. Y en 1894, recordaba que un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea… Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia; una conducta que se repite una y otra vez en la actualidad y por tanto es asignatura pendiente.

Para Martí, el concepto de patria, que José Antonio Saco había elevado hasta el de patria-nación, era comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, dulcísimo y consoladora de amores y esperanzas; mientras el de república, era estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios; de justicia social, que implicaba el amor y el perdón mutuo de una y otra raza, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano sea hombre político enteramente libre. Definiciones que remata con un ideal devenido puro formalismo: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

José Martí, que además de historia es presente, nuevamente nos invita en el aniversario de su natalicio no a que lo calquemos, pues estamos en tiempos distintos de los suyos, pero si a que tengamos en cuenta las claves y esencias de un ideario que conserva su vigencia, razón por la cual tiene un lugar reservado en los cambios que reclama la sociedad cubana.

Por todo ello y por mucho más, la mejor manera de honrarlo es asumir las asignaturas pendientes con una conducta consecuente. Su pensamiento, síntesis de amor, virtud y civismo debe y tiene que estar en las bases de la nueva sociedad, de la nación por concluir y de una república inspirada en la dignidad plena del hombre, todo lo cual es asignatura pendiente.