Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1504784989_33794.html

El sistema electoral cubano comprende elecciones generales cada cinco años para diputados a la ANPP y delegados a las provinciales, así como elecciones parciales cada dos años y medio para delegados de circunscripción y de las asambleas municipales.

A lo largo de este mes tendrá lugar la nominación de candidatos correspondientes a un nuevo período electoral y el domingo 22 de octubre se realizarán las elecciones municipales; proceso que culminará en febrero de 2018 con la designación de la nueva Asamblea Nacional y la elección del próximo Gobierno revolucionario.

El artículo cinco de la Constitución define al Partido Comunista como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”, por lo tanto, el sistema electoral está diseñado para garantizar la continuidad del Partido Comunista en el poder. Eso explica, que si bien en las circunscripciones el pueblo nomina y elige directamente, al conformar las asambleas municipales, provinciales y la nacional, que es donde se concentra el verdadero poder, las Comisiones de Candidaturas, conformadas por los dirigentes de las organizaciones de masas -subordinadas constitucionalmente al Partido Comunista- tienen la potestad para incluir en dichas candidaturas al 50% de los candidatos, aunque no hayan sido electos por el pueblo.

En un contexto caracterizado por el retroceso económico, el latente peligro de extinción de los subsidios de Venezuela, el desinterés generalizado, la corrupción devenida moral de supervivencia y una creciente desesperanza, los “comicios” anunciados serán, además de los más difíciles, los últimos con el sistema electoral vigente, que agotado, tendrá que dar paso a una nueva ley electoral. Las razones en las que fundamento esta tesis son las siguientes:

En 1959: 1- Los revolucionarios que arribaron al poder en 1959 se legitimaron por las armas; 2- La economía que encontraron les permitió rebajar precios y redistribuir, lo que le permitió y granjearse el apoyo popular; y 3- Sin resultados económicos, en medio de la Guerra Fría, se han sostenido con los subsidios soviético-venezolanos.

La crisis actual del sistema electoral -reflejo de la crisis del modelo- no es ignorada por el Gobierno. El 23 de febrero de 2015, en el X Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, se anunció que se adoptaría una nueva Ley para las elecciones generales de 2018.Sin embargo, los reveses sufridos por la izquierda “bolivariana” en la región, especialmente la pérdida del parlamento por el chavismo en Venezuela y la apretada victoria en segunda vuelta en Ecuador, parecen haber determinado su postergación. A ello se une que, en las elecciones municipales de abril de 2015 la suma de los cubanos que no asistieron a las urnas y que anularon las boletas alcanzó la suma de 1 700 000 cubanos, es decir, el 20% del electorado.

A esa complejidad se añaden: 1- La presentación de decenas candidatos independientes, que a pesar de no representar un peligro inmediato para la conservación del poder, constituye una señal de la necesidad de cambios y 2- La últimas medidas restrictivas contra el trabajo privado. La reciente Resolución No. 22/2017 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social prohíbe el otorgamiento de nuevas licencias para decenas de actividades que van desde el arrendamiento de viviendas hasta los carretilleros vendedores de productos agrícolas; actividades que el Estado ha sido y es incapaz de realizar. Se trata pues, de un retroceso dirigido a impedir el desarrollo de una clase media nacional independiente que tanto Cuba necesita a fin de conservar el poder.

Lo anterior ha generado una gran preocupación en las autoridades cubanas como lo demuestran los tres hechos siguientes:

– El diario Granma del jueves 13 de julio de 2017 reprodujo las siguientes palabras de Carlos Rafael Miranda Martínez, Coordinador Nacional de los CDR, llamando a una gran batalla. Dijo: “En esta ocasión deben estar en la primera línea de combate para asegurar el éxito del proceso electoral cubano; la gran batalla es lograr que se nominen compañeras y compañeros con un prestigio revolucionario probado, con una trayectoria a favor del barrio y de la comunidad”.

– El presidente cubano, en la clausura de la ANPP, el 14 de julio de 2017, expresó: “No es ocioso destacar la trascendente importancia política que reviste este proceso electoral, que debe constituir un acto de reafirmación revolucionaria por parte de nuestro pueblo, lo que exige una ardua labor de todas las organizaciones e instituciones”.

– Los Comités de Defensa de la Revolución iniciaron los “Barrios debates por el deber Patrio y Antimperialista”, en los que se analiza un boletín de esa asociación con las orientaciones para que sus miembros lleguen listos a las asambleas de nominación.

Por los argumentos enumerados la nueva generación de revolucionarios que asumirá la dirección del gobierno en febrero de 2018 no se ha legitimado por las armas ni por las urnas; 2- Encuentran una economía estancada, en franco retroceso, que les impide repartir; 3- En un contexto internacional sin potencia extranjera dispuesta a subsidiarlos por razones ideológicas; y 4- En medio de un desgaste y un descontento generalizado que conducirá inexorablemente, a una nueva ley electoral.

Desde los albores de la humanidad los impactos de la naturaleza generaron actos de respuesta de los pueblos, entre ellos los relacionados con el ciclo de la vida y la muerte.

El carnaval1 es una fiesta de origen pagano relacionada con la vida y la muerte. Su existencia se remonta a la Sumeria y al Egipto antiguos, fue recuperada en la Italia medieval, se generalizó por Europa y llegó a América con la conquista hispana y lusitana. Sus primeras manifestaciones en Cuba tuvieron lugar desde fines del siglo XVI con la introducción en el país de las conmemoraciones católicas y los esclavos de diferentes regiones y etnias africanas.

Resultado del creciente comercio de esclavos, desde su inicio por los flamencos en 1521 hasta los cientos de miles que entraron después de 1789, la población negra en la Isla llegó a mediados del siglo XIX a superar superaba en número a la blanca2. Para evitar la comunicación entre las etnias las autoridades coloniales las mantuvieron separadas. En esas condiciones el esclavo se limitaba a cantar y bailar en las plantaciones y los barracones para mitigar el cansancio y la nostalgia. Sin embargo, a través de los Cabildos de Nación3, pudieron conservar factores culturales como la música y el baile. De esa música, que tenía mayor número de ejecutantes y admiradores que la de los españoles4, nació la música cubana, la más alta expresión de la cultura nacional.

El Reglamento de Esclavos dictado en 1842 autorizó la diversión y recreación los días festivos después de cumplir con las prácticas religiosas5. En esas fiestas la presencia de los santos católicos entre las divinidades africanas dio lugar al sincretismo religioso.

Antes

Desde mediados del siglo XIX, el Día de Reyes -una de las festividades de la liturgia católica- los Cabildos realizaban un recorrido por las calles habaneras que finalizaba en el Palacio de los Capitanes Generales donde felicitaban al Gobernador y recibían aguinaldos6.

Los Miércoles de Ceniza7 -otra celebración de la liturgia católica en la que participaban los cabildos- dio lugar a las Carnestolendas8 que en Cuba se celebraban desde finales del siglo XVI previo a la cuaresma. En esta festividad se utilizaban los mismos elementos profanos que acompañaban la fiesta del Corpus Cristi9 como la comparsería y los muñecones, pero, sobre todo las comparsas de “mamarrachos” que eran su acompañamiento habitual.

A fines del siglo XVIII los cabildos fueron relegados a la zona de extramuros, entonces las procesiones de carnaval penetraban a la Habana amurallada y marchaban a través de las calles Mercaderes, Obispo y O’Reilly hacia el Palacio del Capitán General. A pesar de ello las culturas y actividades festivas de negros y blancos se celebraban por separado, pues por lo menos, hasta 1850, más de las tres cuartas partes de los negros vivían en las plantaciones, donde apenas tenía contacto con los blancos. No fue hasta después de la Guerra de los Diez Años que los negros invadieron las ciudades10.

Junto a los Cabildos se distinguieron otras manifestaciones carnavalescas como la Comparsa11. Mientras en los salones de baile -en el siglo XIX- los negros introdujeron la conga12, lo que llevó a los cubanos a arrollar13 alegremente detrás de los instrumentos de percusión en épocas de Carnaval”14. En ella se mezclaban comparsas de barrio, carros de tarascas15, gigantes o muñecones y comparsas de Mamarrachos generando una interinfluencia que devino uno de los hechos primarios en el proceso de gestación de la nacionalidad cubana.

En 1895, a causa de la Guerra de Independencia, el gobierno colonial suspendió los carnavales, los que fueron restablecidos en el siglo XX al inicio de la República. Al resurgir, los negros al compás de la conga arrastraron a cubanos de todos los colores a arrollar alegremente detrás de la percusión. El carnaval constituyó un ingrediente de la nacionalidad y la nación cubanas, pues coadyuvó a la integración y a perfilar modos y costumbres que pasaron a ser parte de la cubanía.

Durante los primeros años de la República los negros fueron autorizados a ejecutar su música y sus danzas junto a las comparsas de blancos como El Alacrán, los carros tirados por caballos y luego los carros modelo T16 cubiertos de flores y las carrozas. Sin embargo, las autoridades municipales influidas por los prejuicios raciales comenzaron a dar preferencia a los carros ornamentados, las carrozas, las bandas militares y la presentación del Rey y la Reina, en detrimento de las manifestaciones de origen afro-cubano como la comparsa y la Conga.

Entre 1916 y 1937 la supresión de las comparsas fue casi total. Después de ese último año se reautorizaron los paseos de carnaval a lo largo del Paseo del Prado. Esos grupos incluían El Alacrán de la barriada del Cerro, Los Marqueses de Atarés, Las Boyeras de Los Sitios, Los Dandys de Belén, La Sultana de Colón, Las Jardineras de Jesús María, Los Componedores de Batea de Cayo Hueso, El Príncipe del Raj de Marte, las Mexicanas de Dragones, Los Moros Azules de Guanabacoa, El Barracón de Pueblo Nuevo y Los Guaracheros de Regla, entre otras. El carnaval devino la mayor fiesta popular de la Habana en la que participaba la población a través de los barrios.

Por su belleza y calidad los carnavales habaneros se consideraron entre los primeros del mundo, junto a los de Río de Janeiro (Brasil), Nueva Orleans (Estados Unidos), Venecia (Italia) y Niza (Francia), entre otros. Por esas razones el Proyecto Identidad los declaró, junto al Cañonazo de las nueve, el lanzamiento del cubo de agua el 31 de diciembre y otras costumbres , entre las tradiciones habaneras17.

Ahora

Después de 1959 el Carnaval fue subordinado a la política, lo que lo desnaturalizó como festividad representativa de la cultura nacional. La subordinación no fue una excepción, el gobierno revolucionario, devenido fuente derecho, procedió a desmontar toda la institucionalidad existente, incluyendo la sociedad civil, las tradiciones, fechas históricas como el 20 de mayo y el concepto de ciudadano.

La organización, antes en manos de los barrios habaneros, fue asumida por el Estado con el objetivo de erradicar “los falsos conceptos” carnavalescos heredados del capitalismo y estimular la interacción de blancos y negros. Una medida innecesaria pues los carnavales, sin control del Estado, habían existido desde la época colonial y habían gestado un largo proceso de mestizaje e integración entre negros y blancos.

La festividad, que antes de 1959 corría a cargo de la Comisión del Carnaval de La Habana, subordinada al ayuntamiento, con participación activa de los barrios y los aportes de comerciantes e industriales, no generaba gastos sino ingresos para la alcaldía.

La Comisión del Carnaval convocaba a los artistas para hacer carteles. Se realizaban bailes de disfraces en los clubes, y los cabarets hacían anuncios alegóricos a la festividad. Se realizaba un desfile de automóviles descapotados, motocicletas y camiones abiertos, que se intercalaban con los elementos tradicionales y se disfrutaba de las acrobacias de la unidad de ceremonias de la policía motorizada. con las motos Harley-Davidson. Después de esa fecha esas motos fueron desactivadas.
Las comparsas y carrozas recorrían el malecón desde la calle Paseo hasta el Paseo del Prado y de ahí hasta el Capitolio, giraban en la fuente de la India y realizaban el recorrido de regreso por la misma vía. En toda la ciudad se generaba un espíritu de carnaval. En los palcos y graderías se vendían comidas ligeras como bocaditos, rosita de maíz, helados y refrescos. La comida cocinada y la cerveza -a diferencia de lo que ocurre ahora- no eran la razón de la asistencia.

Las empresas industriales y comerciales, además de las donaciones a la Comisión del Carnaval, obsequiaban a la reina. Orbay & Cerrato, la mayor fábrica de muebles de Cuba podía obsequiar un lujoso juego de muebles; la agencia Frigidaire, un refrigerador; o las agencias automovilísticas un automóvil, entre otras.

La primera Reina del carnaval habanero (1908), Ramona García -una joven trabajadora de la fábrica de cigarros Susini-, según sus cálculos, recibió más de 25 mil pesos en regalos, además de una casa en la calle Concepción, en la Vibora18. Mientras los premios en dinero a los primeros lugares les servían para mejorar las comparsas.

Después de 1959 en los certámenes, aunque la candidata deslumbrara por su belleza, se exigía la integración revolucionaria; un requisito sin el cual no se podía aspirar al estrellato, algo que luego se generalizó a otras esferas como fue “La Universidad para los revolucionarios”. Según Rebeca Monzó19 -electa Lucero en el año 1963- para entonces, se había cambiado ya la terminología de Reina por Estrella y de Dama por Lucero, por considerar las anteriores como una expresión de la pequeña burguesía. Ya no bastaba con ser bonita, tener cultura y poseer buenos modales, ahora además, y como elemento muy importante, ser una persona “integrada”.

Durante la República, todas las Reinas y la Damas fueron mujeres de procedencia humilde, pero blancas. Solo tras el triunfo de la Revolución fue posible la presencia de alguna mulata entre las Damas. En 1964 Mabel Sánchez llegó a ser Estrella (Reina) del carnaval. Su piel era tan clara que entre las fuentes consultadas existe controversia sobre si era mulata o no. Su elección generó malestar y críticas, porque era una mujer divorciada con hijos. En el momento era novia del Ministro de Construcción, Levy Farah y posteriormente se casó con él.

Hasta 1965, la Estrella y las Damas eran escoltadas por la unidad de Ceremonias de la Policía Motorizada con las motos Harley-Davidson. Después de esa fecha esas motos fueron desactivadas.
En 1969, no hubo carnavales. Todos los recursos del país fueron puestos en función de la fracasada “Zafra de los Diez Millones”. La fecha se trasladó temporalmente de los meses de febrero-marzo, como era tradicional, para el mes de julio. Una temporalidad que devino permanente para celebrar la fecha del asalto al cuartel Moncada en 1953.

En 1970 entre los meses de mayo y junio, teniendo en cuenta la depresión causada por el estrepitoso fracaso de la zafra, las autoridades decidieron sacudir el abatimiento con unos carnavales sin comparsas. Se designaron recursos suficientes para su organización y se vendieron comidas en abundancia y cerveza por cubos que habían brillado por su ausencia después de la Ofensiva Revolucionaria de 1968, fecha en que se eliminaron los últimos vestigios de propiedad privada. Fue la manifestación insular de Al pueblo pan, vino y circo como en la antigua Roma, donde se distribuían alimentos de manera gratuita como mecanismos de control social.

A mediados de los años 70 tuvo lugar el último concurso para elegir la Estrella entre las jóvenes seleccionadas en las empresas estatales. Según el periodista independiente Camilo Ernesto20, en esa oportunidad le tocó a Consuelito Vidal anunciar el veredicto del jurado, frente a un auditorio adverso. Las cámaras de la televisión nacional captaron el creciente descontento del público. Desde entonces no se ha vuelto a elegir a la reina del carnaval de La Habana.

En 1976 la división político-administrativa cambió los límites de los municipios sin considerar criterios históricos, culturales ni espaciales. En lugar de los barrios se crearon las Circunscripciones, ajenas a las tradiciones festivas de la población.

En la década de los ochenta los carnavales adquirieron un cierto esplendor gracias a las subvenciones soviéticas.

En 1991 nuevamente se suspendieron los carnavales con el argumento de la crisis y la escasez provocada por la caída del campo socialista y luego, los que se celebraron, quedaron limitados al espacio del malecón comprendido entre las calles Infanta y San Lázaro.

Entre 1992 y 1995 se realizaron representaciones aisladas, ligadas a eventos políticos, como la celebración del aniversario de los Comités de Defensa de Revolución.

En 1996 para atraer mayor cantidad de turistas hacia Cuba el gobierno autorizó una modesta celebración de carnaval precediendo a la Cuaresma, pero con unas carrozas empobrecidas, sin iniciativa popular y un diseño de desfiles carente de imaginación.

En el siglo XXI, hasta el 2015 -con excepción de la suspensión del carnaval en agosto de 2006 por razones de salud de Fidel Castro- no hubo cambios significativos. Las dificultades económicas que condujeron a las reformas iniciadas en 2008 no tuvieron ningún efecto en la recuperación de la tradición carnavalesca, que continuó con un descenso sostenido.

En 2016 se politizaron aún más. En la celebración entre el 7 y el 16 de agosto desfilaron 12 carrozas en el espacio comprendido entre La Piragua y la calle Marina, acompañadas por 18 comparsas con elencos invitados de varias provincias del país, como las Parrandas de Remedios o de Bejucal. Celebración que se relacionó con los festejos por el 89 cumpleaños de Fidel Castro. Los que asistieron, por lo general, no fueron a disfrutar de los desfiles y comparsas, sino a buscar servicios gastronómicos en las decenas de kioscos habilitados con diversas ofertas de comida y otras decenas de puntos para la venta de cerveza a granel.

La centralización estatal generó burocratización y corrupción, a la vez que debilitó la capacidad creativa y participativa de los barrios y de sus organizadores. Esas fiestas, una de cuyas características era la permisividad, perdieron su frescura. La dependencia del presupuesto estatal desestimuló la participación de los jóvenes y generó desilusión en los organizadores. Aquellos desfiles, que tradicionalmente se efectuaban a lo largo del Paseo del Prado hasta el Capitolio Nacional fueron desplazados a algunos tramos cortos en el Malecón, con una exagerada cantidad de policías para tratar de controlar los resultados del consumo de bebidas.

El carnaval habanero constituye una de las múltiples manifestaciones de la crisis espiritual y material en que está sumida la sociedad cubana, la cual repercute en los demás fenómenos sociales. El rescate del esplendor que caracterizó a esa manifestación de cubanía, que es el carnaval, se ubica en el listado de la cultura material y espiritual desaparecida a causa de la subordinación a la política y la ideología.

1 El Carnaval , según Virtudes Feliú, suele plasmarse como un mozo gordo, glotón, mujeriego y sensual, capaz de todos los excesos y tropelías. En Cuba recibía el nombre de Rey Momo.
2M. Moreno Fraginals. Cuba/España, España/Cuba, p. 178
3 Cabildos de Nación, sociedades de ayuda mutua donde se permitía a los esclavos y sus descendientes reunirse para cultivar su cultura y religión.
4 W, Carbonell. Cómo surgió la cultura nacional. La Habana, 1961, p.10 y 108
5 H. Pichardo. Documentos para la historia de Cuba. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973, p. 321.
6 Aguinaldo, regalo de Navidad devenido regalo en cualquier ocasión en especie o en dinero.
7 El Miércoles de Ceniza, primer día de la Cuaresma en el rito romano. Tiempo litúrgico que simboliza la actitud penitencial. Se celebra entre el 4 de febrero y el 10 de marzo, cuarenta días antes del Domingo de Ramos que da comienzo a la Semana Santa. Su simbolismo se relaciona con el hecho de ser el residuo frío y pulverulento de la combustión, lo que persiste luego de la extinción del fuego. La ceniza simboliza la muerte, la conciencia de la nada y de la vanidad de las cosas, la nulidad de las criaturas frente a su Creador, el arrepentimiento y la penitencia.
8 Carnestolenda es una denominación castellana que a partir del Renacimiento fue sustituida por la de Carnaval, que a su vez viene del italiano quitar la carne, fiesta devenida del santoral católico que marca el comienzo del ayuno de la Cuaresma, que se iniciaba el Miércoles de Ceniza.
9 El 10 de abril de 1573 se produjo la primera integración del negro a una festividad pública. Ese día el Cabildo habanero ordenó que los negros “horros” se unieran a la procesión del Corpus Christi.
10Carbonell, Walterio. Cómo surgió la cultura nacional. La Habana, 1961, pp.113-115
11 conjunto de personas que en los días de carnaval o regocijos públicos iban vestidos con trajes análogos
12 La Conga es el género musical que interpreta la comparsa. Su nombre proviene de un tambor de origen africano de igual nombre.
13 Abrirse paso entre las personas que bailan juntas haciendo pasos y movimientos propios de la conga.
14V, Feliú Herrera. La Habana, su Carnaval de siglos. La Habana, 2006
15 Tarasca, figura de serpiente monstruosa que se pasea en algunas partes en la procesión del Corpus.
16 El Ford modelo T fue el resultado de la aplicación las teorías de Taylor sobre la perfecta combinación de hombre y máquina a la nueva industria de las cuatro ruedas. El resultado se llamaría el Ford T. El Ford Modelo T, dotado de dos velocidades y marcha atrás. Fue un automóvil de bajo costo producido por la Ford Motor Company de Henry Ford, desde 1908 hasta 1927. Con este auto se popularizó la producción en cadena que al rebajar los precios permitió facilitó su adquisición a la clase media.
17 R J, Rensoli Medina. La Habana ciudad azul, metrópolis cubana. Segunda edición actualizada y notablemente aumentada. La Habana. ediciones extramuros, 2015, p. 385

18 F, Meluza Otero. Ramona García, Primera reina del Carnaval, hace 41 años. Bohemia, Año 41, No. 10, marzo 6 de 1949
19 Conversación con Rebeca Monzó -Lucero del carnaval de 1963- el 17 de julio de 2017
20 C E, Olivera Peidro. Los carnavales y la crisis. www.cubanet.org

Tomado de: http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/cuba-elecciones-reforma-electoral-dimas-castellanos-436232

El proceso “electoral” que tendrá lugar en Cuba entre octubre de 2017 y febrero del 2018 carece de relevancia. La sustitución de Raúl Castro como Presidente no significa que abandone el poder, pues hasta el año 2021 ocupará el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista, que constitucionalmente es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado.

Para que las elecciones influyan en la marcha del proceso social se requiere de una reforma electoral que restablezca la soberanía popular y aunque en febrero de 2015 se anunció una nueva ley electoral, en la convocatoria del pasado 14 de junio no se mencionó el tema.

Según Juan Jacobo Rousseau, de la unión de las personas para defender y proteger sus bienes emana una voluntad general que convierte a los contratantes en un cuerpo colectivo político. Al ejercicio de esa voluntad general se le denomina soberanía y al pueblo que la ejerce, soberano.

En cuba las constituciones republicanas de 1901 y 1940 refrendaron la residencia de la soberanía en el pueblo, del cual dimanan todos los Poderes Públicos. En 1959, al emerger el poder revolucionario se prometió la celebración de elecciones en el “más breve plazo de tiempo posible”. Diecisiete años después se dictó una ley electoral que anuló la soberanía popular. Mientras persista esa situación en Cuba no habrá verdaderas elecciones.

En el año 2003 la suma de los cubanos que no asistieron a las urnas y que anularon las boletas alcanzó el 6,09% de los electores, en el 2008 aumentó al 7,73%, en 2013 llegó al 14,22% y en abril de 2015 superó el 20%, es decir, 1 700 000 cubanos. En un país de corte totalitario, sin derechos cívicos y políticos, esos datos demuestran la necesidad de una ley que satisfaga a ese sector creciente de la población cubana. A ello se suman los cubanos dispuestos a votar por representantes de la oposición -no reconocida legalmente- como ocurrió en las elecciones de 2015, cuando dos opositores se presentaron como candidatos en los municipios habaneros de Arroyo Naranjo y Plaza.

Según la secretaria del parlamento unicameral cubano en el año 2014, durante el IV proceso de rendición de cuentas de los delegados a sus electores, se efectuaron más de 600 asambleas con menos de la mitad de los electores presentes.

La ley actual limita el voto directo de los electores a los Delegados a las Asambleas Municipales del Poder, los cuales no pueden exceder el 50% del total de candidatos. La otra mitad la nominan las Comisiones de Candidatura -integradas por dirigentes de las organizaciones de masas y con potestad para incluir a personas sin ser electas por el voto popular. Luego, las candidaturas para cargos provinciales y nacionales son conformadas directamente por dichas Comisiones. Por tanto, el parlamento y el gobierno cubanos resultan de la decisión de las mencionadas Comisiones de Candidaturas subordinadas al Partido Comunista, lo que anula la soberanía popular.

Se requieren transformaciones en materia de libertades -como el derecho de asociación y el pluripartidismo- para que los cubanos puedan desempeñar un papel activo en los destinos de su vida y de la nación. Hasta que eso no ocurra no se podrá hablar de verdaderas elecciones en Cuba y todo indica que eso no ocurrirá en los comicios anunciados.

La ausencia de la soberanía popular y la inexistencia de la figura del ciudadano han sido y son factores determinantes en la crisis estructural del modelo cubano, lo que se refleja en la ineficiencia productiva, los salarios insuficientes, la corrupción incontrolable, la desesperanza y el éxodo indetenible.

 

Pubicado el miércoles 14 de junio en El Comercio, Lima, Perú

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1496397061_31591.html

El diario Granma del pasado martes 30 de mayo publicó un trabajo que da la impresión que su autora, Lisandra Fariñas Acosta, teniendo en cuenta que los incumplimientos en Cuba no son noticias, en lugar de titularlo “Termina la zafra azucarera y se incumple en 15%”, decidió bautizarlo como “Termina la zafra azucarera y crece un 20%”.

En su reporte la periodista sintetiza las información brindada por el vicepresidente del Grupo Empresarial Azcuba, Noel Castañas Lugo. En la zafra concluida molieron 54 centrales, cuatro más que el año pasado, el plan previsto se incumplió en 15%. pero la producción creció un 20% respecto a 2016. La provincia Villa Clara fue la única que cumplió, la que más creció respecto al año anterior y pasó a ser la mayor productora de azúcar del país.

Las causas

Disminución del estimado de caña a moler; reducción del rendimiento agrícola; afectación en la productividad de los equipos de la cosecha y el transporte; tiempo perdido por la industria afectó debido a debilidades en la preparación del personal y la disciplina tecnológica, lo que incidió en las roturas y la deficiente operación; la organización y dirección de la cosecha y el transporte automotor provocaron paradas por falta de caña; la entrada tardía de los recursos de importación y de producción nacional para las reparaciones; deficiencias en el transporte ferroviario e interrupciones del Sistema Eléctrico Nacional.

La solución

Según el funcionario de Azcuba “se está realizando un proceso de balances en todos los niveles del grupo Azucarero para identificar desde las bases las deficiencias y errores, así como dictar las medidas necesarias para que no se repitan”.

Qué se dijo antes de iniciarse la zafra

Azcuba había pronosticado sobrepasar los 2 millones de toneladas de azúcar, lo que representaría un incremento de 12-15% con relación al plan 2015-2016 y terminar la molienda en el mes de abril. Para ese propósito se contaba con suficiente caña; mejor equipamiento y preparación; un rendimiento industrial superior al planificado; el 96 por ciento de las áreas sería cortado por combinadas, para lo cual ingresaron al país máquinas brasileñas de mayor rendimiento y contarían con el respaldo de más de 880 camiones Kama remoto rizados y otros 472 nuevos con capacidad para transportar al ingenio unas 60 toneladas de caña por viaje, así como tractores provistos de esteras que podían sortear con éxito la cosecha en condiciones de alta humedad en los campos. También se había dicho que la cantidad de macheteros sería menor y estarían limitados a los terrenos en que las combinadas no pueden acceder.

La arrancada

En noviembre comenzaron a moler 27 centrales (la mayor cifra de fábricas produciendo en ese período desde los años noventa), en diciembre se incorporaron otros 18 y en enero los 9 restantes para completar la nómina de 54 centrales.

El 28 de febrero se anunció la producción de más de un millón de toneladas de azúcar crudo (la cifra más alta de las últimas 15 cosechas en similar período). Sin embargo, una nota de la agencia Reuters del 26 de abril dio a conocer que la zafra se quedaría en 1,8 millones de toneladas, 200 mil por debajo de la meta.

La comparación con la primera mitad del siglo XX

En 1904, a pesar de la destrucción causada durante la Guerra de Independencia se sobrepasó el millón de toneladas. En 1907 se llegó 1,3 millones. En 1912 a 1,8 millones. En 1919 a 4,0 millones. En 1948 6,0 millones. Y en 1952 se estableció el record de 7,13 millones.

Los incumplimientos reiterados tienen una historia. El gobierno revolucionario intentó en 1970 producir 10 millones de toneladas, pero a pesar del esfuerzo no pudo sobrepasar los 8,5 millones. A esa cifra se aproximó la zafra de 1990. A partir de este último año comenzó un descenso sostenido que redujo la producción a 3,5 millones en el 2001 ( cifra inferior a la producida en 1919).

En el año 2001 se designó al General de División Ulises Rosales del Toro, ministro del ramo, quien se propuso elevar la producción hasta seis millones de toneladas (la cantidad que se producía en 1948). La zafra 2002-2003 produjo 2.10 millones de toneladas, pero ya la de 2004-2005 descendió hasta 1,3 millones de toneladas (la cifra producida en 1907). Las zafras posteriores hasta el año 2010 no reportaron ningún avance significativo.

En la zafra 2011-2012 se estrenó el grupo empresarial azucarero Azcuba, el cual planificó producir ese año un 1 450 000 toneladas de azúcar, pero se presentaron las mismas deficiencias anteriores. En la de 2012-2013 se planificó producir 1,7 millones de toneladas, pero nuevamente se incumplió el plan en cien mil toneladas.

Después de tomar las medidas correspondientes, Azcuba anunció que la zafra 2013-2014 sería la mejor zafra de la última década. Se planificó la cifra de 1,8 millones de toneladas, (la cifra que se produjo en 1912), pero no lo logró.

La de 2014-2015 Azcuba se propuso alcanzar la meta de 2 millones de toneladas. Aquí lo novedoso consistió en que no hubo que esperar la terminación de la cosecha para anunciar el fracaso. El segundo secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), José Ramón Machado Ventura, dijo el 17 de mayo de 2015: “Vamos a hacer casi 300 .000 toneladas más que el año pasado, pero no cumplimos”.

La cosecha siguiente, la de 2015-2016 sufrió un decrecimiento de 19% respecto al año anterior. Entonces, como de costumbre, se declaró que la zafra de 2016-2017 estaba llamada “desde ya, a dejar en el pretérito los errores de su predecesora”. Ahora, se acaba de informar que la zafra 2016-2017, la sexta bajo la dirección de Azcuba, corrió la misma suerte de las anteriores: Lo novedoso es que en lugar de decir que se incumplió, se edulcora diciendo que creció respecto al año anterior.

A pesar de los fracasos antes y después ni Azcuba ni el Estado cubano no se han detenido en las verdaderas causas del declive: la estructura de la propiedad, los bajos salarios en la industria y la agricultura y la falta de autonomía de los productores.

El III Pleno del Comité Central del PCC

Tres documentos que el PCC considera rectores acaban de ser aprobados en su último pleno celebrado el pasado 19 de mayo: la conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, las bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 y las modificaciones realizadas a los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Los mismos serán sancionados mañana 1 de junio en una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

En su primera versión -diciembre de 2010- los Lineamientos declaraban que el sistema de planificación socialista continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional; que la empresa estatal socialista es la forma principal en la economía; y que en las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales. Definiciones que los convirtieron en una camisa de fuerza.

La negativa a reconocer el papel que le corresponde a la propiedad privada, la función del salario y la autonomía de los productores explican los fracasos. Durante décadas se soslayaron esos aspectos vitales de cualquier economía sana. En el caso de la propiedad, el reconocimiento de su función social implica el derecho de los cubanos a ser propietarios y empresarios en su país. Obstruir ese proceso natural -decía el economista Juan Triana- tuvo resultados fallidos, integrarla funcionalmente a nuestros propósitos y regularla adecuadamente dará mejores frutos.

Es de suponer que los mencionados documentos, según el presidente cubano los más estudiados, discutidos y rediscutidos de la historia de la revolución, hayan sido modificados para convertirlos en motor de la economía. De no ser así, carecerían de toda validez y las casi seis décadas de poder revolucionario se confirmarán como las más inútiles de la historia política de Cuba.

 

Tomado de:http://www.diariodecuba.com/cuba/1495219045_31254.html

El 20 de mayo de 1902, a pesar de las limitaciones impuestas por la Enmienda Platt, Cuba se incorporó con personalidad propia al concierto de naciones libres e independientes.

Los antecedentes de las limitaciones databan del siglo XIX: a) la notificación de Thomas Jefferson1 a Inglaterra en 1805: en caso de guerra con España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba por necesidades estratégicas; b) la política de la fruta madura, formulada por John Quincy Adams2 en 1823: Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Norteamericana; c) la Doctrina Monroe3: América para los americanos, lo que significaba que Europa no podía invadir ni tener colonias en el continente, en 1823; d) las palabras de Grover Cleveland4 en 1896: Cuando se haya demostrado la imposibilidad por parte de España de dominar la insurrección habrá llegado entonces el momento de considerar si nuestras obligaciones a la soberanía de España, han de ceder el paso a otras obligaciones más altas.

En 1998 se conformó un escenario favorable para las políticas mencionadas. Después de tres años de guerra España no había podido contener la campaña del ejército independentista y el 15 de febrero explotó el acorazado Maine en la bahía habanera.

El 25 de marzo el presidente McKinley5 exigió a España un armisticio con los insurrectos; el 11 abril pidió autorización al Congreso para intervenir en Cuba; el 20 de abril se aprobó la Resolución Conjunta, que autorizaba la intervención pero reconocía que “Cuba era, y de derecho debía ser, libre e independiente; el 25 de abril se declaró la Guerra y el 16 de Julio se rindió la plaza.

El 10 de diciembre España y Estados Unidos firmaron el Tratado de Paris sin hacer mención a la Resolución Conjunta. Y el 1 de enero de 1899 el general John R. Brook tomó posesión de la Isla.

En julio de 1900 se convocaron las elecciones para designar los delegados a la Convención Constituyente que redactaría la Constitución de la República. El 5 de noviembre, en la apertura, el Gobernador militar expresó a los delegados: “Será vuestro deber, en primer término, redactar y adoptar una constitución para Cuba y, una vez terminada ésta, formular cuáles deben ser, a vuestro juicio, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos”6.

El 11 de febrero de 1901 quedó redactado el texto constitucional y al día siguiente se designó la Comisión para formular las relaciones con Estados Unidos, la cual recibió del Secretario de la Guerra las instrucciones a tener en cuenta7. La Comisión las consideró inaceptables porque vulneraban la independencia y la soberanía de Cuba y el 27 de febrero entregó el informe a las autoridades norteamericanas. El 2 de marzo el Gobernador militar emitió una nota rechazando la decisión cubana.

En una nueva ronda de discusiones se aprobaron las instrucciones: 15 votos contra 14, pero con objeciones, cada una de las cuales tenía el valor y la significación de una protesta”8. La decisión se entregó el 5 de junio y también fue rechazada.

De forma paralela a estos hechos el Senado norteamericano aprobó un proyecto de ley presentado por el senador Orville H. Platt, cuyo texto contenía las instrucciones que el Secretario de la Guerra había hecho llegar a la Comisión. Entonces, la Enmienda Platt convertida en ley se entregó a los delegados con una nota que decía: siendo un estatuto acordado por el Poder Legislativo, el presidente de los Estados Unidos está obligado a ejecutarlo y ejecutarlo tal como es como condición para cesar la ocupación militar, que: “No puede cambiarlo ni modificarlo, añadirle o quitarle”9. Entonces, sin debate, se aprobó la Enmienda Platt: 16 votos contra 11, la cual refrendó el derecho de Estados Unidos a intervenir en Cuba, omitió la Isla de Pinos del territorio nacional e impuso la venta o arrendamiento de tierras para bases navales.

Rechazarla, con el país ocupado, el Ejército Libertador desmovilizado, el Partido Revolucionario Cubano disuelto, la Nación sin cristalizar, la economía sumida en la ruina y el pueblo agotado y hambriento, implicaba la ocupación indefinida y en consecuencia el reinicio de la guerra.

Con la Constitución de 1901 la historia constitucional de los derechos civiles y políticos, que debutó con la Carta Magna impuesta por los nobles ingleses a Juan Sin Tierra en 1215, tomó cuerpo en Cuba.

En las primeras elecciones resultó electo por el voto popular Tomás Estrada Palma, quien había sido Presidente de la República en Armas.

El 20 de mayo de 1902 Máximo Gómez con varios generales del Ejército Libertador, Leonardo Wood con su estado mayor y el Presidente electo con su consejo de secretarios se reunieron en el salón de recepciones del Palacio para la ceremonia de traspaso de poder del gobierno interventor al gobierno cubano. En ese momento la República en Armas, que emergió el 10 de abril de 1869 con la Constitución de Guáimaro, desembocó en la República de Cuba con la Constitución de 1901.

En el acto el Gobernador leyó un mensaje del presidente de Estados Unidos, pronunció una breves palabras y ordenó que se izara la bandera cubana en la azotea del Palacio de los Capitanes Generales, devenido palacio presidencial. El generalísimo Máximo Gómez procedió al izaje y ebrio de emoción exclamó: ¡Creo que hemos llegado! Seguidamente el general Emilio Núñez, gobernador de La Habana, junto al vigía del Morro, la izó en esa fortaleza.

Todo el país celebró la fiesta. En La Habana se desarrolló en el Palacio de los Capitanes Generales y en la explanada del Morro. Por la noche veladas culturales y fuegos artificiales. La fecha se incorporó al panteón de efemérides nacionales. El 20 de mayo pasó a ocupar un lugar junto al 10 de octubre, al 24 de febrero, al 28 de enero y al 7 de diciembre.

A pesar de la independencia incompleta y la soberanía limitada se retiraron los ocupantes y se le cerró el paso a la anexión. Se recobró la soberanía sobre Isla de Pinos. En menos de 20 años Cuba salió de la postración económica. Se inició la modernización tecnológica y científica. Se abrogó la Enmienda Platt en 1934. Se dictó en 1937 la legislación laboral más avanzada que Cuba ha tenido hasta hoy. Se redactó y se puso en vigor la avanzada Constitución de 1940, que sirvió al Dr. Fidel Castro para fundamentar su defensa en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada.

Esa fecha dejó de celebrarse a partir de 1963. A la misma se le atribuyeron todos los males de la nación, se despojó de su simbolismo y se intentó borrar de la historia. Por ejemplo, el historiador Rolando Rodríguez, publicó en el diario Granma el 16 de septiembre de 2015 “Jimaguayú a 120 años” donde planteó que el 20 de mayo no podía recordarse como el día de surgimiento de la República porque ella había comenzado en Guáimaro el 10 de abril de 1869…. Es ahí -dijo- donde está el origen de la República cubana.

Guáimaro fue el momento en que se inició el proceso que el 20 de mayo de 1902 devino realidad la República real, no la soñada. Si desde esas condiciones no hemos sido capaces ni antes ni después de 1959 de avanzar gradualmente hacia la República martiana -igualdad de derecho de todo el nacido en Cuba, espacio de libertad para la expresión del pensamiento y economía diversificada en manos de muchos pequeños propietarios- no es responsabilidad del 20 de mayo de 1902 ni de la Convención Constituyente, sino de las generaciones posteriores incluyendo la presente. Reivindiquemos, pues, el 20 de mayo, con los principios de la república martiana.

La Habana, 10 de mayo de 2017

1 Thomas Jefferson. Tercer Presidente de los Estados Unidos. Principal autor de la Declaración de Independencia de 1776.

2 John Quincy Adams. Sexto presidente de los Estados Unidos. Autor de la política de la fruta madura.

3 Doctrina atribuida a James Monroe, quinto Presidente de los Estados Unidos, la cual se sintetiza en la frase “América para los americanos”.

4 Stephen Grover Cleveland. Vigésimo segundo y vigésimo cuarto presidente de Estados Unidos. El único presidente que ocupó dos mandatos no consecutivos.

5 William McKinley. Vigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos. Su pretensión no era anexar a Cuba sino mantener un control comercial sobre ella.

6 H. PICHARDO. Documentos para la historia de Cuba. Tomo II, p.72

7 Eliu Root, Secretario de la Guerra de Estados Unidos

8 E. ROIG DE LEUCHSENRING. Historia de la Enmienda Platt; una interpretación de la realidad cubana, p. 158

9 E. ROIG DE LEUCHSENRING. Historia de la Enmienda Platt; una interpretación de la realidad cubana, p.160

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1495034266_31188.html

La victoria electoral, de la que emergió el chavismo en 1999, representó una inapreciable oportunidad para diversificar la economía y democratizar a Venezuela. Con enormes riquezas, apoyo popular y poder casi absoluto, Hugo Chávez optó por copiar el modelo cubano que condujo a una frustrante alternativa: Maduro o Muerte.

La enorme fuga de capitales, la incapacidad para pagar sus adeudos externos, el descenso de la producción y la productividad junto al crecimiento de la burocracia y el gasto público. La pérdida de valor de la moneda expresada en una gigantesca inflación y el aumento indiscriminado de la circulación monetaria sin respaldo productivo ha hecho que el salario mínimo resulte insuficiente para cubrir el costo de la canasta básica, Ese deterioro en la economía y las finanzas -iniciado durante el mandato de Chávez- se agravó con el gobierno de Nicolás Maduro, quien en el año 2014 tuvo que dictar una ley de “precios justos” e implementar un “sistema” de racionamiento.

Entre las causas del agotamiento están la incapacidad administrativa, la estatización de sectores de la economía, la violencia, la represión, la corrupción galopante, el despilfarro de las riquezas nacionales, la escasez de alimentos y medicamentos y paralelamente el desmantelamiento de la democracia.

La insistencia en culpar a agentes externos e internos de la crisis y de inventar salidas falsas, agudizará la crisis, la más grave en la historia de Venezuela y la principal causa de la derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015.

El diálogo

El diálogo y el proyecto de Asamblea Nacional Constituyente -resultados del camino trazado por Chávez de emplear la vía electoral para arribar al poder y luego girar hacia el totalitarismo- son respuestas dirigidas a conservar el poder.

Desconociendo que el diálogo es una forma de comunicación para conocer la opinión del otro, exponer la propia y explorar las posibles soluciones a un conflicto; que la negociación es un proceso que ofrece la oportunidad de Intercambiar promesas, contraer compromisos y llegar a acuerdos; y que ambos son incompatibles con la violencia, Maduro ha formulado una innovación: el diálogo y la negociación desde la violencia para arribar a la “paz”. “Venezuela necesita paz y diálogo para moverse hacia delante”. escribió Maduro en The New York Times.

El resultado no podía ser otro. El llamado a su “diálogo” no podía prosperar con esas premisas, pues la otra parte reclama elecciones generales, liberación de los presos políticos, canal humanitario para traer medicinas y alimentos, renovación de poderes públicos y desarme de las bandas armadas por el gobierno.

En el año 2014 el presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, pidió a Maduro que liberara al dirigente opositor Leopoldo López si quería entablar un diálogo nacional. Y el secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón Guillermo Aveledo, una vez iniciado el dialogo planteó no continuar porque el mismo estaba en crisis. Y está en crisis -dijo- por la responsabilidad del Gobierno. Hablamos de los temas, se llega a compromisos y no se avanza. Mientras la respuesta de Maduro fue: “Obliguemos a la oposición más temprano que tarde a dialogar. Los vamos a tener que obligar en el mejor sentido de la palabra”.

Después de ese y de otros fracasos, el 10 de abril de 2017 Maduro dijo en La Habana: “[…] Yo he llamado al diálogo… y sigo llamando al diálogo, no hay otra forma de conseguir la paz. La única forma de conseguir la paz es a través de la palabra, del diálogo, del debate sincero, de la búsqueda de razones, de la búsqueda de puntos comunes”.

Ese novísimo concepto de diálogo, acompañado de la violencia y dispuesto a no ceder en nada. explica que el país esté inmerso desde el 12 de febrero pasado en una ola de protestas que ha generado decenas de muertos, cientos de heridos y miles de detenidos.

Convencido de su “razón”, Maduro no quiere aceptar que el rechazo a la pluralidad está conduciendo hacia una guerra civil. Como afirmaba Arendt1, la superioridad de la ideología totalitaria consiste en que la misma cree haber establecido con certeza el fin al que se dirige el movimiento de la Naturaleza o de la Historia. Dicho fin se asocia con la realización de la justicia y la armonía sociales”. Por eso el fin al que tiende el movimiento puede justificar cualquier acción. Y aquí entramos directamente en el principio de Nicolás Maquiavelo2.

La Asamblea Constituyente

La política, como lugar de encuentro de los intereses económicos, está estrechamente relacionada con el poder. La misma, aunque efecto de la economía, ha devenido causa de conflictos a lo largo de la historia.

En el prolongado proceso de elecciones y plebiscitos, además de que los venezolanos aprendieron a usar los mecanismos democráticos, se expresó en la división de los votos entre el 40 y el 60% aproximadamente a lo largo de 17 años. Lo que legitimó tanto al chavismo como a la oposición. Pero la vía electoral tiene sus reglas, contrarias a lo que expresó Maduro en vísperas de las parlamentarias de 2015, cuando adelantó que si perdía: “Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar”, es decir, con la minoría como lo está haciendo ahora.

Maduro, orgulloso de la Constitución Bolivariana de 1999 nunca habló de renovarla, pues el pueblo, según sus palabras, estaba en el poder. Hasta abril de 2017 combatió a la oposición “con la constitución en la mano”, pero ahora, en medio de una profunda crisis y de las protestas que exigen su salida, decidió que el pueblo “tome el poder originario”. “No dejaron más alternativa”, aseguró Maduro.

Así nos enteramos que el poder no estaba en el pueblo. Con ese supuesto propósito convocó el 1 de mayo a una Asamblea Nacional Constituyente para “reformar el Estado y redactar una nueva Constitución”.

Con la esperanza en que mejoren los precios del petróleo y de estar en mejores condiciones para poder enfrentar unas elecciones porque ahora mismo sería derrotado, Maduro aspira a distraer a la población y ganar tiempo, por eso no hizo alusión a las elecciones regionales que no se celebraron a fines de 2016 ni a las municipales de 2017.

La propuesta se basa en el artículo 347 de la actual Carta Magna, pero para su legitimidad tiene que ser ratificada en un referéndum según la actual constitución, que dispone que el presidente, la Asamblea Nacional (con mayoría de 2/3 partes), los cabildos municipales (con mayoría de 2/3 partes) y el 15% de los electores, pueden proponer la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, pero, para confirmarse dicha convocatoria es ineludible la realización de un referéndum.

El propio Maduro, convertido en fuente de derecho, ha determinado que la asamblea estará formada por 500 miembros elegidos por “voto del pueblo”, y que aproximadamente la mitad sería electa por la base de la “clase obrera” y la otra mitad “en un sistema territorial, con carácter municipal, en las comunidades”. De esa forma coloca la creación de la Constitución en manos de los consejos comunales y las grandes misiones que ha impulsado el chavismo, donde goza de cierta popularidad.

Como la burocracia ha pasado de 1,2 a 4.0 millones de funcionarios y existen otros cinco millones de beneficiarios de las misiones chavistas, la apuesta de Maduro es que esos nueve millones apoyarán a su Asamblea Constituyente. De lograrlo podría: 1 Anular la actual Asamblea Nacional en manos de la oposición; 2 anular a la Fiscal General; y 3 permanecer en el poder -sin necesidad de elecciones- al menos durante los años que dure el proceso. De esa forma evitaría enfrentar unos comicios con el 68% del electorado en contra, como ocurriría ahora mismo.

De esa forma la cacareada Constitución de 1999 y la Quinta República de Chávez se irían a bolina, mientras los venezolanos tendrían entonces que escoger entre dos males: Maduro o la muerte.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1493735698_30812.html

En el municipio Centro Habana, donde durante años se producen derrumbes de forma sostenida, lo ocurrido en la esquina de las calles Amistad y San Miguel, en el barrio Colón, no asumió la categoría de noticia por el desplome, sino porque no se registraron víctimas fatales.

En las primeras horas del martes 18 de abril el añejo edificio, próximo a cumplir los cien años de edad, donde residían algo más de cien núcleos familiares, colapsó y será clausurado. La escalera del inmueble se desplomó del tercer piso hacia abajo, mientras los ocupantes del quinto al décimo piso quedaron atrapados, con la agravante de que el tramo de escalera comprendido entre los pisos 5 y 6 quedó separado de la pared y que el elevador llevaba algunos años sin funcionar.

Debido a la suerte que han corrido personas en situaciones similares, varios de los ocupantes inicialmente hicieron resistencia a abandonar el inmueble. Finalmente están siendo desalojados de los pisos superiores a los inferiores y reubicados en locales adaptados y casas ubicadas en otras partes de la ciudad. Hasta el domingo 29, once diez días después del derrumbe, habían sido reubicados los usuarios de los pisos, diez, nueve y estaban desalojando el ocho. La labor continuará en los próximos días hasta completar el desalojo de todos sus ocupantes.

Lo ocurrido en Centro Habana es la manifestación de una tragedia nacional. Desde el pasado siglo el crecimiento poblacional ubicó a la vivienda entre los grandes problemas a resolver. En La Habana, de forma paralela a las edificaciones erigidas en el centro de la ciudad, se construyeron varios conjuntos urbanos en Pogolotti, Boyeros, Luyanó y Guanabacoa, pero ese importante movimiento constructivo resultó insuficiente.

El promedio anual de construcción de viviendas entre 1946 y1953 fue de 26 827. Entre 1945 y 1958 –período de mayor actividad constructiva antes de 1959– las viviendas con niveles buenos o aceptables solo pudieron satisfacer un tercio de la demanda del crecimiento demográfico1. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) el déficit habitacional hasta 1959 era de más de 700 mil viviendas.

Fidel Castro, en el alegato La Historia me Absolverá, en 1953, planteó que “Un gobierno revolucionario resolvería el problema de la vivienda demoliendo las infernales cuarterías para levantar en su lugar edificios modernos de muchas plantas y financiando la construcción de viviendas en toda la isla en escala nunca vista…”2.

Desde esa voluntad estatal el gobierno que asumió el poder en 1959 desarrolló una secuencia de planes, que el argot revolucionario-militar denominó como “batalla por la vivienda”. El primero de 1960 a 1970 intentó construir 32 mil apartamentos anuales, pero no pudo rebasar la cifra de 11 mil. El segundo de 1971 a 1980 elevó la meta a unas 38 mil anuales, pero el resultado no alcanzó las 17 mil. Para recuperar el atraso a partir de 1981 se propuso edificar 100 mil anuales, pero durante 25 años no se sobrepasaron las 40 mil.

Si para satisfacer el crecimiento demográfico se requieren de unas 50 mil viviendas anuales y para disminuir gradualmente el déficit acumulado se necesitan otras 50 mil, habría que edificar cien mil por año. Ese parece que fue el cálculo utilizado por Carlos Lage Dávila3 cuando planteó un segundo plan de cien mil. Según sus palabras debido al mejoramiento de las posibilidades financieras del país se iban a “construir y terminar no menos de 100 mil viviendas nuevas por año a partir del 2006”.

Sin embargo, el descenso por año fue significativo. En el año 2008 se anunció que en lugar de 100 mil sólo se construirían 52 mil viviendas, pero, según la Oficina Nacional de Estadísticas ese año se construyeron cerca de 45 mil; en 2009 unas 34 mil; en 2012 algo más de 32 mil; y en el año 2013 no se llegó a 26 000 viviendas.

Luego, el 15 de julio del año 2015, en el V Periodo Ordinario de Sesiones de la ANPP, se informó que el PIB había crecido en 4,7% en el primer semestre del año. No obstante, solo se edificarían unas 30 mil viviendas durante todo el año.

Un cálculo conservador arroja hoy un déficit superior al millón de viviendas , el cual no es mayor gracias a los más de dos millones de cubanos que han abandonado el país desde 1959. Casi seis décadas de iniciada la “batalla por la vivienda”, su situación empeora y continúa entre las asignaturas pendiente: decenas de miles en mal estado y/o reaparecidas en lugares sin condiciones; decenas de miles de familias reubicadas “temporalmente”; y otro tanto habitando edificaciones en peligro de derrumbe, como el que acaba de ocurrir en Centro Habana.

Hace algunos meses en la sección “Papelitos Hablan” del programa Hola Habana, José Alejandro Rodríguez presentó un vídeo en el que la Directora de Albergues de Ciudad Habana brindó los siguientes datos: Hay 35 mil núcleos familiares con 116 mil personas (cifra similar a los habitantes de la ciudad de Matanzas) viviendo en 120 albergues y otros 34 mil núcleos de edificaciones en mal estado necesitan albergues. De los 35 mil núcleos albergados 5292 ocupan 585 locales adaptados. El promedio de estancia en los albergues es de 20 años.

Por esa situación el Gobierno determinó no construir más albergues y en su lugar se emprendió un plan de reacondicionamiento de locales y construcción de viviendas de “bajo costo”, es decir de muy baja calidad. Pero para resolver la situación acumulada en un plazo de 40 años -dijo la Directora- se necesitan construir unas 2 mil viviendas anuales, de las cuales hasta ese momento se estaban terminando solo unas 160 al año.

De tal forma el crecimiento de la población, el envejecimiento del fondo habitacional, el deterioro por falta de mantenimiento, los nueve huracanes intensos que azotaron el país entre los años 2001 y 2016, los continuos derrumbes, el bajo ritmo de construcciones, la desmovilización ciudadana y las irresponsabilidades de muchos cubanos, conforman un cuadro que se agudiza en el tiempo, se generaliza en el espacio, cierra toda posibilidad a los jóvenes que arriban a la edad matrimonial y engrosa las filas de los que deciden abandonar el país.

Entre los dieciséis años que van del 5 de diciembre de 2001, cuando se derrumbó el edificio situado en la calle Águila 558, hasta al 18 de abril de 2017 en que colapsó el edificio de San Miguel y Amistad, ambos en Centro Habana, el saldo ha sido de decenas y decenas de muertos y heridos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos y miles de familias que han permanecido en albergues sin condiciones durante una buena parte de sus vidas.

El Estado debe y tiene que participar en la solución pero de forma paralela a los necesitados, que carecen de autonomía para la creación de pequeñas y medianas empresas de producción y venta de materiales de construcción, de reparaciones, de transporte y de financiamiento alternativo. Carencias que constituyen un insalvable obstáculo en el propósito de resolver o aliviar la crisis habitacional. Se requiere además de estudios multidisciplinarios sobre los factores psicológicos, sociológicos y demográficos; la creación de un nuevo organismo rector con rango de ministerio; y la creación e implantación de las instituciones y políticas correspondientes.

Una nueva política habitacional cuyo eje central debe ser la combinación armónica entre justicia social, intereses individuales y sociales, libertad y posibilidad de participación; en fin, Estado y Sociedad conjuntamente.

La disyuntiva es clara: O el Estado promueve y respeta la autonomía y las libertades para la participación civil de forma paralela y subsidiaria, o el Estado se ocupa de todo y con ello paraliza la potencialidad ciudadana hasta devenir tragedia nacional, como ha sucedido.
1 Erich Trefftz. Política y propiedad de la vivienda en Cuba, un análisis histórico y comparativo. En: http://revistainvi.uchile.cl/index.php/INVI/article/view/558/670
2 Fidel Castro. La historia me absolverá. Edición anotada. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2008, p.52
3 Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros desde 1980, Miembro del Buró Político del Partido Comunista y vicepresidente del Consejo de Estado hasta marzo de 2009, fecha en que fue separado de sus funciones.
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Tomado de : http://www.diariodecuba.com/cuba/1493645191_30782.html

El 1 de mayo de 1890, cuando en el mundo se celebró por primera vez el Día Internacional de los Trabajadores, el incipiente sindicalismo cubano realizó un desfile por las calles habaneras en homenaje a los sindicalistas ejecutados en Chicago. Congregados en la esquina de Consulado y Virtudes una veintena de oradores reivindicaron la jornada de ocho horas y los aumentos salariales.

El Día Internacional de los Trabajadores había surgido del reclamo por la disminución de la jornada legal de trabajo. En octubre de 1884 el cuarto congreso de la Federación Estadounidense del Trabajo acordó que la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas. Con ese objetivo se inició una huelga el 2 de mayo de 1886 que desembocó en la famosa Revuelta de la plaza Haymarket, en Chicago, donde una bomba de dinamita lanzada contra los policías, causó la muerte de un agente e hirió a otros. La fuerza pública abrió fuego contra la multitud provocando la muerte de varios obreros y cientos de detenidos.

En el proceso judicial contra los acusados por el lanzamiento del artefacto explosivo cinco sindicalistas fueron condenados a morir en la horca: un carpintero, un tipógrafo y tres periodistas. José Martí, quien en esa época era el corresponsal en Chicago del periódico argentino La Nación, en una brillante y exhaustiva crónica narró así el grito de uno de los condenados a muerte: Y resuena la voz la voz de Spies, mientras están cubriendo las cabezas de sus compañeros, con un acento que a los que lo oyen les entra en las carnes: La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora1. En honor a esos mártires la Segunda Internacional Socialista decretó al 1 de mayo día festivo en todo el mundo.

A 127 años de aquel acontecimiento, en una entrevista publicada por el semanario Trabajadores el pasado lunes 24 de abril, Ulises Guilarte de Nacimiento, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), se refirió al irresuelto tema del salario con las siguientes palabras: “Si bien es cierto que hemos avanzado en la búsqueda de formas y sistemas de pago que aseguren mejorar los ingresos de los trabajadores en el sector empresarial… todavía hoy estos no son suficientes, y solo benefician al 49% de la totalidad de los trabajadores” El otro 51% -expresó- no tiene posibilidad de mejorar sus ingresos.

Veamos. En Cuba las luchas sindicales desde fines del siglo por el salario, la duración de la jornada laboral y las condiciones de vida de los obreros fueron evolucionando de la huelga a las negociaciones colectivas, como ocurrió en 1924, cuando para canalizar los conflictos obrero-patronales por los embarques de azúcar se crearon las Comisiones de Inteligencia obrera en los puertos con poderes legislativos y ejecutivos, integradas por patronos y obreros, y presididas por el juez de primera instancia del lugar, cuyas decisiones eran de inmediato cumplimiento.

Esos avances se concretaron en una secuencia de legislaciones obreras que tuvieron su punto más elevado en el Decreto 798 de abril de 1938, el Código de Trabajo cubano más avanzado hasta hoy. A su vez se refrendaron en 27 artículos de la Carta Magna de 1940 que recogían desde el salario regulado por comisiones obrero-patronales hasta el derecho de huelga; derechos ausentes en la actual Constitución. La fuerza de aquel sindicalismo explica que por ejemplo, al concluir la II Guerra Mundial, el sindicato azucarero lograra imponer una cláusula de garantía, gracias a la cual los trabajadores del sector obtuvieron un salario extra del 13,42%, conocido como diferencial azucarero, y que en 1945, con medio millón de afiliados, la CTC era la segunda central sindical más grande de la región.

Ese pujante movimiento sindical sufrió un giro radical el 22 de enero de 1959. Ese día la CTC fue sustituida por la CTC-Revolucionaria. En el X Congreso, noviembre de 1959, el Secretario General, David Salvador Manso, expresó que los trabajadores no habían ido al evento a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución. Y en el XI Congreso, noviembre de 1961, los delegados renunciaron a casi todas las conquistas históricas del movimiento obrero: los 9 días de licencia por enfermedad, el bono suplementario de navidad, la jornada semanal de 44 x 48 horas, el derecho de huelga y al incremento del 9.09%, entre otros muchos.

En febrero de 2008, el general Raúl Castro esbozó un programa de cambios que comprendía la recuperación de la función del salario. El resultado es que hoy, con el salario promedio -aproximadamente 500 pesos (unos 20 CUC)- es imposible cubrir las necesidades básicas, para lo cual se requiere de cuatro a cinco veces esa suma. Ello obliga a los cubanos a buscar fuentes alternativas para subsistir -por la izquierda se dice popularmente- y se refleja en el desinterés productivo, en la mala calidad y el mal trato en los servicios. Una insuficiencia que tiene su raíz en la inviabilidad del modelo totalitario.

Seis décadas después, en el documento Pronunciación de la Central de Trabajadores de Cuba2, sin hacer mención a la insuficiencia salarial la CTC planteó: Nuestro Estado no pude ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía. Un planteamiento que no deja lugar a dudas acerca de la inexistencia de sindicatos que representen los intereses de los trabajadores.

Luego, en la clausura del XX del Congreso de la CTC, celebrado en febrero de 2014, el presidente Raúl Castro reconoció que el sistema salarial cubano no garantiza que el trabajador reciba según su aporte a la sociedad, las pensiones son reducidas e insuficientes para enfrentar el costo de la canasta de bienes y servicios. Y lo resumió así: el salario no satisface todas las necesidades del trabajador y su familia, genera desmotivación y apatía hacia el trabajo, influye negativamente en la disciplina e incentiva el éxodo de personal calificado hacia actividades mejor remuneradas, desestimula la promoción de los más capaces y abnegados hacia cargos superiores.

Sin embargo, la Ley de Inversiones Extranjeras estipula que los cubanos son contratados por una entidad empleadora estatal, en un país donde la única organización sindical permitida representa los intereses del Estado.

Sin voluntad política para implementar las reformas dirigidas a resolver un problema tan perjudicial, la CTC llama a desfilar el primero de mayo de 2017 bajo la consigna de la “unidad” en lugar de enarbolar los aumentos salariales, la independencia sindical y el derecho de libre sindicalización.

La Habana, 27 de abril de 2017
1 José martí. Obras completas, tomo 11, pp.354-355.
2 Diario Granma, lunes 13 de septiembre de 2010.

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/internacional/1492986214_30593.html

A diferencia del fidelismo, que arribó al poder por la vía de las armas y luego puso rumbo hacia el totalitarismo, el chavismo lo hizo mediante las urnas. En Venezuela el cuadro conformado por las necesidades irresueltas y las injusticias acumuladas generaron un descontento que, acrecentado por las dictaduras, la violencia y la corrupción administrativa, explica el por qué amplios sectores populares fueron captados por el populismo revolucionario.

El teniente coronel Hugo Chávez fundó a principios de los años 80 el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 y en 1992 intento tomar el poder mediante un fallido Golpe de Estado. Al salir de la cárcel viajó a Cuba, conoció a Fidel Castro y fundó el Movimiento Quinta República. Con un discurso populista y nacionalista ganó las elecciones presidenciales de 1998 que pudieron ser la oportunidad para enfrentar los males acumulados.

Desde el poder Chávez anunció una revolución “pacífica y democrática” y convocó un referendo a partir del cual reformó la Carta Magna. Fundió el parlamento bicameral en una sola cámara; aumentó el período presidencial de cinco a seis años; reorganizó los poderes públicos; estableció la reelección inmediata por un período; aprobó el derecho al voto de los militares activos; y cambió el nombre del país por el de República Bolivariana de Venezuela.

Al ganar las elecciones en 2002, solicitó al parlamento poderes especiales para legislar por decreto. Utilizó el triunfo en las elecciones regionales y municipales de 2004 para volver a reformar la Constitución y centralizar más el poder. La ausencia de la oposición a los comicios parlamentarios en el año 2005 le permitió concentrar todos los poderes en sus manos. En 2006 repitió la victoria en las elecciones presidenciales con casi el 63% de los votos. En 2007 anunció la construcción del “Socialismo del siglo XXI”, lanzó la consigna Patria, Socialismo o Muerte y convocó un nuevo referendo para, mediante otra reforma constitucional, legitimar la reelección presidencial ilimitada, en la cual sufrió la primera derrota.

Con el apoyo de la mayoría y los altos precios del crudo, el chavismo gozó de una oportunidad excepcional para materializar su discurso populista-nacionalista-socialista, pero se concentró en la distribución de las riquezas a través de programas sociales: la Misión Robinson, la Misión Ribas y la Misión Sucre, en el campo de la enseñanza; la Misión Barrio Adentro en la salud pública; y otras hasta sumar más de veinte que mejoraron las condiciones de vida, especialmente de los sectores populares.

Los programas sociales -que reparten pescado pero no enseñan a pescar- les sirvieron para ganar elecciones y plebiscitos, pero no para crear riquezas ni para diversificar una economía totalmente dependiente de la renta petrolera. El propio Nicolás Maduro sin explicar por qué en casi dos décadas de chavismo no se cambió, dijo: “Nosotros estuvimos 100 años dependiendo de un chorro petrolero, ¡shhhhh!, casi no había que hacer nada, meter un cubo, ¡chucuchucuchu!, ¡rum! y salta el petróleo, y después poner la mano así para que cayeran los dólares, ¡Cien años! Eso se acabó, se acabó… estábamos acosados por el imperialismo y el petróleo se cayó a 20…”1.

Con la mayor reserva de crudo del planeta y con precios que entre 1998 y 2013 ascendieron de unos diez a más de cien dólares por barril, Venezuela recibió más divisas que en toda su historia precedente. A pesar de ello el chavismo no fue capaz de diversificar la economía y en su lugar la producción descendió en más de un millón de barriles diarios y la economía venezolana sigue dependiendo en un 94% del petróleo. Por esa razón Heinz Dieterich2 expresó: “Este es uno de los gobiernos más ineptos que ha habido en la historia de América Latina, porque ha tenido todas las condiciones objetivas para construir algo, pero no ha podido hacer nada”.

En los comicios regionales y municipales de 2008, aunque preservó la mayoría, el chavismo no pudo impedir que la oposición se impusiera en varios estados y alcaldías. Y en las elecciones legislativas de 2010 perdió la mayoría absoluta de un parlamento que le había permitido gobernar por decretos. En octubre de 2012, aunque Chávez se impuso en las cuartas elecciones presidenciales, la oposición aumentó el número de votos. Sin embargo, imbuidos en cubanizar a Venezuela y bolivarianizar al resto de la región, las señales de descontento emitidas en estos comicios fueron ignoradas.

En diciembre de 2012, cuando Chávez convalecía en Cuba, el opositor Henrique Capriles se consolidó en el Estado de Miranda. Y en las elecciones presidenciales adelantadas en 2013 el retroceso fue evidente: Nicolás Maduro obtuvo 7 587 532 contra 7 363 264 de Henrique Capriles. La debilidad del chavismo se hizo evidente.

A partir de noviembre de 2013 Nicolás Maduro gobernó mediante leyes habilitantes en dos oportunidades; detuvo a varios oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana; creó una “brigada especial” para actuar contra los “generadores de violencia”; sin , respaldo productivo incrementó los salarios durante 2016 en un 454%, en un contexto inflacionario que se tragó el salario promedio de la población.

Esos y otros actos desacertados -antes y después de Chávez- que deterioraron el poder adquisitivo y empeoraron las condiciones de vida constituyen la `principal fuente del clima de confrontación que el país está viviendo. No fue casualidad que aliados suyos como el presidente de Uruguay José Mujica en una entrevista a la CNN en español en mayo de 2014, expresara: “Nadie va a poder gobernar con ese clima de confrontación que tiene Venezuela” y declaró al diario El Universal: “El mejor camino de Venezuela es respetar la Constitución a rajatabla”. Mientras el presidente de Ecuador Rafael Correa, en mayo de 2015 dijo a Radio Cooperativa de Chile: “Se han cometido, con mucho respeto, desde mi punto de vista, errores económicos (…) y eso exacerba las contradicciones políticas”.

Finalmente, en diciembre de 2015 el chavismo, al perder las elecciones parlamentarias, puso la brújula en dirección a la dictadura, lo que explica el frustrado intento de eliminar a un parlamento elegido por la mayoría de los venezolanos, obstaculizar las elecciones y cualquier otra consulta popular.

El intento de repetir la revolución cubana mediante las urnas le jugó una mala pasada. Al negar los mecanismos democráticos que les dieron el poder, el chavismo se situó fuera de la Ley, lo que explica el amplio rechazo de los países e instituciones de la región.

Ante tal encrucijada se presentan dos únicas salidas: regresar a las urnas para intentar legitimarse o asumir la violencia. Ambas opciones le conducirían a la pérdida del poder. La diferencia radica en que la segunda opción provocará un baño de sangre, cuyos efectos rebasarían las fronteras del país y marcarían el fin del populismo revolucionario en la región. Algo que esbozó el propio Nicolás Maduro en la víspera de las elecciones parlamentarias de 2015, cuando dijo que, en caso de que perdiera: Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar. Es decir, se mantendría por la fuerza con la minoría, que es exactamente lo que está ocurriendo en estos momentos y lo que le ha quitado la legitimidad alcanzada en las urnas.

Atrapado en el fracaso, pero decidido a no abandonar el poder, Nicolás Maduro, en lugar de aceptar su responsabilidad y enfrentar la realidad, a la vez que sataniza y ofende a la oposición, llama al “diálogo”. Según sus palabras para devolver la “normalidad y la paz a Venezuela”. “[…] Yo he llamado al diálogo, y sigo llamando al diálogo… La única forma de conseguir la paz es a través de la palabra, del diálogo, del debate sincero, de la búsqueda de razones, de la búsqueda de puntos comunes”3.

Enseñanzas del fracaso chavista:

– La base de su derrota es el desastre económico, algo que el chavismo ya no puede resolver.

– El poder emergido de las urnas tiene que revalidarse una y otra vez en las urnas.

– La distribución de riquezas sin capacidad para crearlas, conduce al agotamiento.

– Afirmar que lo que ocurre en Venezuela es resultado de la ofensiva imperialista y de una conspiración mundial es desconocer la incapacidad del chavismo y por tanto, empeorar la crisis.

– Resultado de las múltiples consultas electorales y de las manifestaciones masivas nadie puede hablar a nombre del pueblo de Venezuela, sino de la parte que le apoya.

– El fracaso del chavismo, después de casi 20 años en el poder, repercutirá en Venezuela, en Cuba y en toda la región y devendrá en el modelo de lo que no debe ser.

 

Tomado de; http://www.diariodecuba.com/deportes/1491589439_30228.html

El retroceso de la pelota cubana y la conformación de un equipo unificado con atletas de la Isla y de las Grandes Ligas han encabezado los debates después del fracaso en el IV Clásico Mundial de Béisbol. Esos temas -de difícil comprensión sin acudir a la memoria histórica- en lugar de agotarse asumen mayor actualidad. La razón es sencilla: a pesar del retroceso sufrido la pelota sigue siendo nuestro deporte nacional y por tanto nos atañe a todos.

1- El retroceso

El béisbol profesional debutó en Cuba en la última década del siglo XIX. Desde 1907 equipos de las Ligas Negras de Estados Unidos venían a topar con Cuba y al año siguiente los Rojos del Cincinati jugaron con equipos cubanos. En 1908 el cubano Luis Padrón jugó con los Medias Blancas de Chicago en la pretemporada y desde 1911 los cubanos Armando Marsans y Rafael Almeida jugaron en las Grandes Ligas. Desde 1931 equipos norteamericanos sostenían encuentros en Cuba, que se extendieron hasta la serie de práctica de los Dodgers de los Ángeles y los Rojos del Cincinati en 1959. Tal proceso de intercambios se reflejó en una creciente calidad del béisbol cubano.

En 1939, tres meses después de inaugurado el famoso Hall de la Fama de Cooperstown, abrió sus puertas el Salón de la Fama de Cuba. De las cinco series mundiales amateurs que se celebraron en La Habana entre 1939 y 1943, los cubanos ganaron cuatro. También en los años 40 el Gran Stadium del Cerro pasó a ser la sede de la pelota cubana y se fundó la Liga Cubana con los equipos Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao. En 1949 la Serie del Caribe se inauguró en La Habana y de las 12 temporadas que participó ganó siete, las últimas cinco de forma consecutiva. Desde 1954 los Cubans Sugar Kings1 jugaban la mitad del tiempo en el estadio del Cerro y la otra mitad en el exterior. En 1960 ya la Isla tenía 98 jugadores en Grandes Ligas y 68 habían sido elegidos para el Salón de la Fama. La Liga Cubana era el circuito principal en América Latina y su calidad era la segunda del mundo. Ese ascenso, dimensionado por la radio y la televisión, convirtieron la pelota en pasión de los cubanos.

2- La ausencia de un equipo unificado

Para este punto me apoyo en Quién esconde los bates, un artículo publicado en el diario Juventud Rebelde del domingo 26 de marzo de 2017. Según su autor, Norland Rosendo, “Antes que centrar el debate en por qué Cuba no asiste al Clásico con una selección unificada, habría que preguntarse por qué los cubanos no pueden jugar en las Grandes Ligas sin verse obligado a abandonar su país”. Acto seguido asegura que: “Si no fuera por el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a nuestro país, los atletas cubanos, de cualquier deporte, pudieran tomar parte en los circuitos competitivos de aquella nación sin someterse a regulaciones especiales”.

El articulista reduce el problema y una vez reducido, arriba a la conclusión de que el bloqueo es el culpable, es decir, el que esconde los bates.

Dos hechos no pueden obviarse en este análisis: 1- Que las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos comenzaron a deteriorarse desde 1959 y que se tensaron con la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba y la ruptura de las relaciones diplomáticas; 2- Que la pelota profesional era dirigida por empresas privadas, independientes del Estado.

La Dirección General de Deportes, que había sido creada en la década del 40 no determinaba lo que era competencia de empresarios y franquicias. Esa institución pasó a ser dirigida en 1959 por el capitán del Ejército Rebelde, Felipe Guerra Matos.
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El 25 de julio de julio de 1959 -víspera del aniversario del asalto al cuartel Moncada- el juego de la Liga Internacional, disputado en el Estadio del Cerro entre los Cubans Sugar Kings y los Red Wings, fue interrumpido a la media noche para celebrar el aniversario. Se apagaron las luces, se desplegó una bandera cubana en el jardín central y se tocó el himno nacional. Al encenderse nuevamente de una multitud invadió el lugar salieron disparos para festejar. Las balas perdidas golpearon a Frank Verdi, coach de tercera base y a Leo Cárdenas, de los Sugar Kings. El juego fue suspendido, mientras el manager y el gerente general de los Red Wings trasladaron sus jugadores al Hotel Nacional.

Los funcionarios cubanos negaron que la situación hubiera estado fuera de control, pidieron disculpas por el incidente y ofrecieron garantías para los juegos. La dirección del equipo estadounidense no aceptó reanudar el juego ni continuar al día siguiente. El hecho -como narra Peter C. Bjarkman en Fidel Castro y el Béisbol- fue el principio del fin de la Liga Internacional en la isla. Al año siguiente (1960), la expropiación de las propiedades estadounidenses en la Isla determinó que se rompiera definitivamente la conexión cuando la Isla estaba a un paso de obtener su propia franquicia para jugar en Grandes Ligas. La Liga Internacional le concedió a Frank J. Shaughnessy, su presidente, la potestad de trasladar las franquicias y alterar el calendario de juego. El 8 de julio de ese año los Cubans Sugar Kings fueron reubicados en la ciudad de Jersey, lo que precipitó los acontecimientos posteriores.

Con esa decisión de los empresarios deportivos los peloteros cubanos contratados no podían continuar jugando en los equipos de Cuba, tal como había ocurrido en los años cuarenta, cuando el pacto establecido entre la Liga Cubana y las Grandes Ligas implicaba la pérdida de control sobre los jugadores que quedaban sujetos a las normas del Béisbol Profesional, como ocurrió con Orestes Miñoso, que al firmar con el Cleveland no podía seguir jugando en Cuba. Sin embargo, en esa oportunidad se impuso la negociación. El reclamo de la parte cubana obligó a introducir modificaciones en el acuerdo, tras lo cual las estrellas cubanas volvieron cada año a la Liga Cubana.

El 23 de febrero de 1961, después que Almendares y Cienfuegos disputaron el juego final de esa temporada, el gobierno creó el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER), bajo la dirección de José Llanusa Gobel. Un mes después el INDER emitió el Decreto Nacional Número 936, mediante el cual se prohibió el deporte profesional. Comenzó así una batalla entre la llamada “pelota libre” contra la “pelota esclava”, se suspendieron las trasmisiones del béisbol profesional norteamericana, se calificó de traidor a todo el que intentará participar en esa pelota, se dejaron de mencionar a los cubanos destacados en la pelota “esclava”, y se condenó la historia de la pelota profesional al ostracismo.

Tales medidas constituyeron un boomerang. La única perjudicada fue Cuba. Los cubanos reiniciaron el camino a las Grandes Ligas: el santiaguero Bárbaro Garbey, que escapó por el puerto de Mariel y el habanero René Arocha encabezaron un desfile que cada vez es más nutrido. Decenas y decenas de talentos jóvenes participan en las Ligas Mayores y Menores, quienes están impedidos de integrar un equipo unificado con los cubanos que juegan en la Isla.

La ausencia de un enfoque objetivo, de un problema negociable sigue atado a la política. A fines del marzo de 2017, el director nacional de béisbol de Cuba, Yosvani Aragón, declaró que “no habrá equipo unificado hasta que Estados Unidos elimine las reglas del embargo que afectan a los peloteros”, tal y como si fuera Estados Unidos el perjudicado. Y en sintonía con la abominable calificación de traidores, dijo que “No habrá concesiones que impliquen abrir las puertas a quienes negaron a su país o abandonaron delegaciones que contaban con sus esfuerzos”.

Lo anterior indica que entre los obstáculos para recuperar la calidad de la pelota cubana y la conformación de un equipo unificado pasa por erradicar la subordinación de la pelota a la política e implementar las libertades para rescatar el interés de los deportistas. Después tendremos que recuperar la calidad de un deporte que había ascendido durante las siete décadas que precedieron a 1959, lo que no se logrará en el corto plazo.

1En 1946 el empresario George P. Foster montó en Cuba una franquicia con el nombre de Habana Cubans que jugó en la Liga Internacional de La Florida. En 1954 Bobby Maduro compó esa franquicia y le cambió el nombre por el de Cuban Sugar Kings o Havana Sugar Kings para participar en la Liga Internacional de nivel triple A, afiliada a los Rojos del Cincinati. En 1959 los Cuban Sugar Kings ganaron la Liga Internacional contra los Minneapolis Millers en el Estadio del Cerro y después se coronaron campeones en la Pequeña Serie Mundial.