Tomdo de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1523226571_38594.html

En Vietnam y Cuba, ejemplos de lo que puede lograr el socialismo, publicado el día que arribó a La Habana Nguyen Phu Trong, Secretario General del Partido Comunista de Vietnam, el periodista Yramsy Peraza escribió que ambos países son ejemplos de los éxitos que puede alcanzar el socialismo; una afirmación huérfana de sustento.

En Vietnam

En el siglo III a.C., Vietnam enfrentó la conquista de China, que se extendió hasta el siglo XI d.C. En el siglo XIII resistió la invasión de Mongolia. En el siglo XX combatió contra los franceses, derrotó a Japón, declaró la independencia, derrotó a los franceses en Dien Bien Phu y venció a las tropas estadounidenses.

En esta última guerra, culminada en 1975, sobre Vietnam cayeron 14 millones de toneladas de bombas; pereció o resultó herida el 15% de su población; fueron esterilizadas cinco millones de hectáreas de tierras cultivables; se destruyeron cerca de 9 mil aldeas; la red nacional de ferrocarriles y las obras de irrigación y drenaje quedaron destruidas y murieron 900 mil búfalos. Culminada la guerra los fenómenos naturales, el bloqueo económico durante años y los ataques fronterizos dejaron un saldo de 50 millones de seres humanos reducidos a la miseria.

En 1976 la generalización del sistema de economía planificada aumentó la miseria y generó una abultada superinflación. En 1986 la tendencia reformista del Partido respaldada por los cuadros jóvenes proclamó el Doi Moi, una reforma económica basada en mecanismos de mercado, autonomía y derecho de los nacionales a ser empresarios, y entrega de tierra a los campesinos. La reforma no arrojó resultados positivos hasta que, el despido masivo de los cuadros conservadores del Partido y el derrumbe del campo socialista, obligó y permitió profundizar las reformas. El mercado –decía el Secretario General del Partido Comunista de ese país en 1996– se convierte en el campo de batalla, por eso estamos practicando la renovación económica.

Con la `profundización Vietnam produjo alimentos para sus 76 millones de habitantes, devino primer exportador mundial de pimienta, segundo exportador de arroz y de café (el general Raúl Castro reconoció que los cubanos enseñamos a los vietnamitas a cultivar el aromático grano y ahora tenemos que comprárselo), exportador de petróleo, zapatos y productos electrónicos. La inversión extranjera sobrepasó los 60 000 millones de dólares y logró establecer relaciones comerciales con 165 países.

El resultado: disminuyó la pobreza de la población de 60% a 5% y el ingreso per cápita, que en 1986 estaba entre 15 y 20 dólares al mes ahora está alrededor de 700 dólares. Desde 1993, Estados Unidos dejó de oponerse a la concesión de créditos, en 1994 suspendió el embargo y en 1995 estableció relaciones diplomáticas.

Un ejemplo ilustrativo es el de la provincia de Binh Duong, antes eminentemente agrícola ahora predomina la industria. Cuenta con más de 2 700 proyectos de inversión extranjera. Desde el 2010 el PIB crece al 14% anual; tiene 28 parques industriales con fábricas construidas por empresas de más de 30 países; y de 1996 para acá ha generado más de 90 mil puestos de trabajo.

En 2008 dedicaron los esfuerzos a salir de la lista de países subdesarrollados, en 2010 se trazaron el objetivo de entrar en el grupo de países de ingreso medio, en 2014 se ubicaron como el 28 exportador más grande del mundo, y en 2016 aprobaron medidas destinadas a convertirse en una nación industrializada.

La Organización Mundial del Comercio dio la bienvenida a Vietnam en 2007 lo que facilitó la firma de numerosos acuerdos de cooperación para el libre comercio entre 2015-16, incluyendo el acuerdo con la Unión Europea, el Acuerdo de libre comercio con Corea, y la participación de Vietnam en la Unión Económica Euroasiática para el Libre Comercio.

En Cuba

Cuba no sufrió nada parecido a los daños que las guerras causaron a Vietnam y a cambio obtuvo del campo socialista más ayuda que toda la recibida por América Latina. A pesar de eso, Vietnam acaba de condonarle la deuda que Cuba no ha podido pagarle.

En 1986, cuando Vietnam aplicó el Doi Moi, Cuba optó por la Rectificación de Errores y Tendencias Negativas para impedir la influencia de la Perestroika soviética. En 1993, cuando Vietnam aceleró el Doi Moi, Cuba implementó un pequeño grupo de medidas coyunturales que fueron paralizadas por la contrarreforma iniciada en 1996. En 2008, cuando Vietnam se propuso dedicar los esfuerzos para salir de la lista de países subdesarrollados, Cuba, sumida en una profunda crisis por el modelo estatizado, emprendió reformas, carentes de la voluntad política necesaria y colocó en primer plano las acusaciones anuales en las Naciones Unidas para condenar el embargo.

Ello explica el retroceso económico sufrido mientras que Vietnam, con independencia de lo mucho que le resta por recorrer en materia de libertades ciudadanas, ha obtenido resultados económicos indiscutibles con la economía de mercado. Por tanto, la solución radica en la modificación de la actual estructura de la propiedad, la generación del correspondiente marco legal y la creación y fortalecimiento de las instituciones crediticio-financieras y de comercio mayorista, y permitir que los cubanos inviertan y fomenten pequeñas y medianas empresas -como ocurre en todas partes del mundo y como ocurrió en Cuba antes de 1959- para aprovechar el caudal de conocimientos, iniciativas y capital en manos de los cubanos que viven dentro y fuera del país.

La demora en las reformas le otorgó un carácter estructural a la crisis, lo que imposibilita hoy -como lo hizo Vietnam en 1986- limitar las transformaciones a algunos aspectos aislados de la economía. Ello explica la atracción-rechazo del modelo vietnamita. A la vez que la prensa oficial destaca los avances de Vietnam, se declara que el modelo económico seguirá basado en la hegemonía de la propiedad estatal y la planificación centralizada. Esa contradicción parece explicar, que a pesar del afectuoso trato mostrado al visitante, la prensa no publicara el texto de la conferencia que brindó en el aula magna de la Universidad de La Habana al recibir el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Políticas, donde explicó el papel de la economía de mercado.

El camino de Vietnam parece ser para las autoridades cubanas el ejemplo a seguir, pues es lo más cercano a la intención de conservar el poder político. La dificultad para ese propósito consiste en que, ese cambio fuera de tiempo y en una cultura diferente, puede arrojar resultados distintos a los deseados, lo que explica el temor a un paso que debió darse cuando desapareció la Unión Soviética. Esas razones demuestran la falacia del artículo de Granma al afirmar que ambos países son ejemplos de los éxitos que puede alcanzar el socialismo.

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1522605054_38434.html

El término “Libreta de abastecimiento” es uno de los eufemismos empleados en Cuba para disfrazar la realidad. La misma designa el racionamiento controlado por el Estado: un procedimiento utilizado en diferentes épocas y países en momentos de guerras, desastres naturales o de ineficiencia de economías centralizadas. En Cuba se inauguró en 1963 con la entrega a cada núcleo familiar de una cartilla de racionamiento para alimentos y otra para productos industriales.

Mediante la Libreta se distribuía de forma normada desde la grasa para cocinar hasta las prendas interiores de vestir o calzar, incluyendo los zippers y botones para coser y los juguetes para los infantes el Día de Reyes.

Hubo racionamiento en Rusia después de la revolución de 1917; en la Unión Soviética durante décadas; en España durante la Guerra Civil y en la postguerra; en Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón durante la Segunda Guerra Mundial; en Vietnam primero a causa de las guerras y después por la economía centralizada; en China existió desde la hambruna que provocó el “Gran Salto Adelante” hasta las reformas implementadas por Deng Xiaoping; en Polonia durante los años 80; mientras en Corea del Norte el racionamiento es endémico. El caso más reciente es el de Venezuela, que data del año 2016.

En Cuba antes de instaurarse la Libreta se implementó una reforma agraria, que debido al voluntarismo, la estatización, la falta de libertades de los productores y la emigración del campesinado a las ciudades, en lugar de generar crecimiento creó la escasez que, agudizada por el embargo de Estados Unidos, condujo como en Rusia, China o Vietnam al racionamiento subvencionado.

La insostenibilidad económica de la Libreta subvencionada obligó a disminuir gradualmente el número y la cantidad de productos racionados: artículos de vestir, cigarros y tabacos, de aseo personal, puré de tomate, chícharos, la cantidad de huevos y las papas, entre otros. No se eliminó por ineficiencia productiva del modelo económico y porque constituye un instrumento de control sobre las personas dependientes del Estado, algo sobre lo que José Martí había prevenido en su análisis acerca del tratado de Spencer. Y como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio1.

Los intentos por aumentar la producción sin reformar el modelo económico causante de la escasez fracasaron. El más reciente comenzó en el año 2008 -cuando la Libreta celebraba su 45 aniversario- con el paquete mínimo de medidas implementado por el general Raúl Castro. Conclusión: la cartilla cubana de racionamiento, símbolo de miseria, devino vitalicia.

Cincuenta y cinco años después de haber sido implantada, además de su insostenibilidad económica, de no garantizar la equidad distributiva que se propuso y de ser un freno a la iniciativa del pueblo, la Libreta constituye un gran obstáculo para resolver el ordenamiento monetario del país -declarado como prioridad número uno por el gobierno. A ello se añade un daño colateral: el pueblo, al habituarse a esperar todo del Estado perdió el concepto de compra, que conlleva el de elegir. Su lugar ha sido ocupado por términos como: llegó, vino, están dando, repartieron, me toca… un vocabulario generalizado que refleja el deterioro antropológico causado por el racionamiento que ha marcado a cuatro generaciones de cubanos.

Actualmente en la capital del país -no así en todas partes- mensualmente se sigue distribuyendo 3,2 Kg2 de arroz; 287 gramos de frijoles; 1,84 Kg de azúcar; 226 gramos de aceite; 198 gramos de café molido; 14 huevos; 226 gramos de picadillo condimentado o en su lugar de mortadella; 805 gramos de pollo; 1,0 kg. de sal cada tres meses; 400 gramos de espaguetis sin periodicidad: 4,6 Kg de papa durante una parte del año; 1Kg. de leche en polvo para niños de 0 a 7 años; un pomito de compota diario durante el primer año de vida; 80 gramos diarios de pan y una caja de fósforos. A lo que en el caso de enfermos o mujeres embarazadas se añade adicionalmente una dieta compuesta de 2,8 Kg. de pescado con cabeza y cola, y algún que otro ingrediente, sin hablar de la calidad de los artículos.

El argumento esgrimido para conservar una distribución subvencionada, que al Estado le cuesta más de mil millones de dólares cada año, ha sido el de garantizar una equidad alimentaria. Como dicha equidad dependía de la subvención externa, al desaparecer la Unión Soviética brotaron las desigualdades latentes. A pesar de ello, aunque cada vez más disminuido se decidió mantener el racionamiento subvencionado.

Como la sociedad es un sistema compuesto de múltiples elementos interrelacionados, ante una crisis estructural resulta imposible que ningún elemento aislado pueda funcionar bien. La Libreta, los precios, los salarios y pensiones insuficientes, y otros muchos factores requieren ser corregidos, pero eso será imposible hasta tanto no se realice la reforma estructural profunda que las autoridades cubanas han soslayado hasta hoy.

El hecho concreto es que una gran parte de la población depende de la Libreta. Con ella, aunque no se garantiza un nivel nutricional adecuado, se pueden cubrir unos 10 días del mes. Para sobrevivir los otros 20 días hay que acudir al mercado negro o a las llamadas shopping, algo imposible con los actuales salarios, lo que explica la dependencia del racionamiento de un sector de la población. Por esa razón la Libreta funciona como un factor de control y estabilidad social. Eliminarla, sin antes eliminar las trabas que mantiene frenada a la economía y a la iniciativa ciudadana para que los cubanos participen como inversionistas en su propio país.

Ante esa realidad el gobierno enfrenta el reto de tener que eliminar la Libreta en medio de la incapacidad productiva, algo que fue planteado desde el año 2011 en los Lineamientos aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista: implementar la eliminación ordenada de la libreta de abastecimiento, como forma de distribución normada, igualitaria y a precios subsidiados, que favorece tanto al ciudadano necesitado como al no necesitado, induce a las personas a prácticas de trueque y reventa, y propicia un mercado subterráneo.

El plan del presupuesto nacional del año 2017 incluyó gastos en subsidios por 3 mil 740 millones de pesos para cubrir la diferencia del precio subvencionado y el costo real de los alimentos racionados. Esto equivale a un promedio de 970,6 pesos anuales por cada uno de los 3,853,236 hogares existentes3. Se trata pues de aumentar los salarios y jubilaciones a las familias necesitadas para que adquieran los productos racionados a precios de mercado, lo que a su vez implica introducir una reforma estructural que abarque hasta las libertades ciudadanas. No hay otra salida.

La Habana, 31 de marzo de 2018

1 Herbert Spencer (1820-1903). Naturalista, filósofo, psicólogo, antropólogo y sociólogo inglés, fundador de la filosofía evolucionista.

2 1 kilogramo = 2,17 libras. 1 libra = 16 onzas = 460 gramos;

3 Pedro Monreal. ¿Es viable la supresión de “la libreta” de abastecimiento en Cuba?: el punto de partida. El blog de Pedro Monreal sobre Cuba.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1521365226_38072.html

En recordación del 135 aniversario de la muerte del fundador del marxismo, ocurrida el 14 de marzo de 1883, el diario Granma publicó el artículo “Marx vive más allá de su tiempo”, en el que Alejandra García, después de reportar el homenaje efectuado en la Escuela Superior del Partido “Ñico López”, citó dos fragmentos de José Martí acerca del pensador alemán.

Por el significado de los fragmentos citados, añado -en negrita y cursiva- otros dos, tomados de los mismos párrafos empleados por la periodista, cuya omisión impiden al lector formarse un juicio equilibrado sobre Carlos Marx e incorporo un tercero que considero clave. A la vez agrego seis citas del análisis de José Martí acerca del tratado escrito por el filósofo inglés Herbert Spencer, referidas al socialismo de Estado.

Sobre la muerte de Carlos Marx

1- (…)Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño.1

2- (…) Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto a la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa. 2

3- Al final del primer párrafo de la siguiente página Martí revela su pensamiento acerca del empleo de la violencia: Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz.3

Sobre el tratado de Spencer4

Al siguiente año José Martí analizó en un artículo titulado “Herbert Spencer”, el tratado de este autor acerca del socialismo de Estado, del cual cito varios párrafos5.

1- “Por esta cerrada lógica -comienza diciendo Martí-, por su espaciosa construcción, por su lenguaje nítido, por su brillantez, trascendencia y peso, sobresale entre esos varios tratados aquel en que Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico!”.

2- “(…) Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesaran a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia, a menos que no se los allane proporcionándoles labores el Estado. Ya se auxilia a los pobres en mil formas. Ahora se quiere que el gobierno les construya edificios. Se pide que así como el gobierno posee el telégrafo y el correo, posea los ferrocarriles… ”

3- “Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del Estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir -a lo cual jamás podrán llegar,- se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen…”.

4- “(…) Henry George anda predicando la justicia de que la tierra pase a ser propiedad de la nación; y la Federación Democrática anhela la formación de “ejércitos industriales y agrícolas conducidos por el Estado”. Gravando con más cargas, para atender a las nuevas demandas, las tierras de poco rendimiento, vendrá a ser nulo el de éstas, y a tener menos frutos la nación, a quien en definitiva todo viene de la tierra, y a necesitarse que el Estado organice el cultivo forzoso. Semejantes empresas aumentarían de terrible manera la cantidad de empleados públicos, ya excesiva. Con cada nueva función, vendría una casta nueva de funcionarios…”

5- “(…) Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio”.

6- “(…) El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, irá a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”.

Si se tiene en cuenta el resultado de las revoluciones que condujeron a esa forma de socialismo, desde Rusia hasta Cuba, pasando por Cambodia y Corea del Norte, las palabras de José Martí no requieren comentario. Las mismas permiten y mueven a cada lector, a formarse su propia opinión del impacto negativo del socialismo de Estado y del empleo de la violencia para imponerlo.

1 J. Martí: Obras completas. Tomo 9, p. 388. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1981,

2 Idem. p.388

3 Idem, p.389

4 Herbert Spencer (1820-1903). Naturalista, filósofo, psicólogo, antropólogo y sociólogo inglés, fundador de la filosofía evolucionista.

5 J. Martí: Obras completas. Tomo 15, pp. 387-392. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1981,

Las elecciones y el relevo en Cuba

Dimas Castellanos

La presidenta de la Comisión Nacional Electoral de Cuba, Alina Balseiro, informó en conferencia de prensa, que a las elecciones para Delegados provinciales y Diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, efectuadas el pasado 11 de marzo, de 8 926 575 electores registrados acudieron a las urnas 7 399 891 (82,90%); depositaron las boletas en blanco 335 215 (4,53%) y las anularon 93 238 (1,26%)1. La suma de esas tres categorías arroja que 1 939 597 cubanos, el 21,72% de los electores expresaron su descontento con el sistema electoral.

Tres peculiaridades del sistema electoral cubano

– A las “elecciones” se presenta el número exacto de los que integrarán las asambleas. La opción del pueblo se limita a ratificarlos. La elección corre a cargo de las Comisiones de Candidatura, integradas por las figuras centrales de las llamadas organizaciones de masas, las que, constitucionalmente, están subordinadas al Partido Comunista.

– La Asamblea Nacional del Poder Popular se conformará con los 605 candidatos previamente elegidos, de los cuales menos de la mitad fueron electos por el pueblo; lo mismo ocurrirá con los 1265 delegados a las asambleas provinciales del Poder Popular.

– Como existe un solo partido político, las elecciones no son inspeccionadas por ningún organismo internacional ni por figuras políticas del exterior como ocurre en otros países, pues sin competencia la observación foránea carece de sentido.

Volviendo a las cifras

Aunque la casi totalidad de los que asisten a las urnas lo hacen en las horas tempranas, según la información brindada, una hora antes del cierre habían asistido 6 963 028 cubanos. Sin embargo, en la última hora y en 41 municipios que extendieron el horario, asistieron otros 476 863, casi medio millón de cubanos.

De todas formas lo significativo no radica tanto en los datos como la tendencia.

En las elecciones municipales del domingo 26 de noviembre de 2017, de 8 548 608 electores, votaron 7 610 183 (89,02%) y de ellos 313 958 (4,12%) las depositó en blanco, mientras 310 348 (4,07%) las anuló2. Es decir, en los cuatro meses que separan ambos comicios, la cifra de los que asumieron esa conducta pasó de 1 562 731 a 1 939 597: un aumento de 376 866 electores.

En ese mismo período -de noviembre de 2017 a marzo de 2018- los que no asistieron, que es la forma más definida de rechazo al actual sistema electoral, aumentó de 1 246 809 a 1 526 684, es decir, se incorporaron 279 875 a esa opción.

Más evidente se manifiesta la tendencia al comparar las últimas cuatro elecciones parlamentarias, celebradas en los años 2003, 2008, 2013 y 2018. En ellas, la suma de los que no asistieron, entregaron en blanco o anularon las boletas fue de 509 872; 656 219; 1 249 935 y 1 939 597 respectivamente; una cifra que bordea los 2 millones de cubanos, como puede verse en la siguiente tabla.

Año

Total de electores

No votaron, anularon y depositaron en blanco

%

20033

8.313.770

509 872

6,13

20084

8.495.577

656 219

7,72

20135

8 668 457

1 249 935

14,42

2018

8 926 575

1 939 597

21,72%

Fuera de contexto, las cifras citadas pudieran parecer insuficientes para hablar de fracaso y agotamiento, pero las condiciones y el momento en que tienen lugar demuestran que las mismas son altamente significativas.

Las condiciones

En el presente año 2018, seis décadas después de la toma del poder por los revolucionarios, por vez primera la figura principal del Estado cubano no forma parte de la generación que arribó y sostuvo las riendas del poder por tan largo período de tiempo.

La relación de ese hecho con las elecciones que se acaban de efectuar consiste en que los comicios representan, incluso para países totalitarios, un mecanismo para la legitimación.

Los revolucionarios que asumieron el poder en 1959 al legitimarse por las armas, por la distribución populista de la producción creada hasta entonces y por las subvenciones extranjeras, pudieron primero obviar la consulta popular: ¿Elecciones para qué?

El, o los relevos, que no asumirán el poder mediante la insurrección, están obligados y lo han intentado, legitimarse por las urnas, pero el sistema electoral vigente carece de instrumentos democráticos para que el pueblo pueda elegir realmente a sus gobernantes. La transferencia de poder se va a producir, pues, en un momento en que el mecanismo electoral, carente de visos democráticos, está totalmente agotado, lo que se expresa en que, a pesar de la existencia de un solo partido político, casi dos millones de cubanos han demostrado una inconformidad manifiesta, pues los elegidos, o mejor, designados, resultan de una selección previa realizada por las Comisiones de Candidaturas y que se presentan al pueblo para su confirmación.

El momento

Desaprovechadas las oportunidades para introducir los cambios estructurales que el modelo político y económico exigían y exigen, como fueron el fracaso de la zafra de los 10 millones, la desaparición del campo socialista o el giro de la política estadounidense hacia Cuba durante los dos mandatos del presidente Barack Obama, el cambio tendrá lugar ante los escasos resultados del programa mínimo de reformas iniciado en 2008, un Producto Interno Bruto que linda con el decrecimiento, sin las necesarias fuentes de financiamiento para reanimar una economía colapsada, con un pueblo desinteresado en el aumento de la producción y de la eficiencia, con infinidad de trabas impuestas al sector privado emergente. Todo ello agudizado por los fenómenos naturales que golpearon al país el pasado año 2017.

Esos y otros factores explican que, a pesar de la abrumadora campaña de la radio, la televisión y la prensa escrita, desarrollada desde el viernes 5 de enero de 2018 cuando el Consejo de Estado dispuso la celebración de las elecciones para el 11 de marzo, el resultado no sirve para sustentar la legitimidad que se quería brindar al nuevo gobierno, por lo que emergerá sin la legitimidad que en un momento dieron las armas y que ahora no logró por las urnas.

1 Datos tomados del diario Granma, viernes 1 de diciembre de 2017, p.3

2 Datos tomados del diario Granma, martes 13 de marzo de 2018, p1

3 https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Cuba_de_2003

4 https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Cuba_de_2008

5 https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_parlamentarias_de_Cuba_de_2013

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1521710736_38159.html

A pesar de los beneficios millonarios que aportaron las relaciones comerciales con el CAME y los abundantes créditos y proyectos de cooperación que Japón, España, Francia, Suecia, Argentina y otros países facilitaron en la década del 70, la ineficiencia del modelo cubano obligó al gobierno a renegociar el pago de su deuda externa en 1982.

Agudizada por la pérdida de la subvenciones soviéticas y la Ley Torricelly, la ineficiencia devino crisis. Sin embargo, en lugar de emprender reformas se optó por medidas paliativas y coyunturales, de modo que en su esencia las bases del modelo totalitario no cambió. Entre las medidas paliativas, en 1993, se despenalizó el dólar para asumir algunas funciones del peso cubano, originando con ello la segunda dualidad monetaria en nuestra historia1.

Diez años después, entre otras razones para borrar la imagen negativa del billete del “enemigo”, el gobierno creó el peso convertible (CUC); le asignó un valor similar al dólar; las tiendas minoristas, que comercializaban en dólares, empezaron a hacerlo en CUC; se le impuso un gravamen de 10% al dólar y se revaluó la tasa de cambio del CUC en relación al dólar en 8%. Aunque más tarde se retomó el valor inicial de uno por uno, se conservó el impuesto del 10%. Y en marzo de 2005 se fijó la tasa de cambio en 24 pesos cubanos (CUP) por cada peso convertible o dólar para la compra y 25 pesos cubanos para la venta.

La dualidad monetaria permitió evadir provisionalmente los cambios estructurales, pero aumentó las diferencias sociales. La inflación en los precios disminuyó el salario real y las pensiones; el mercado no existe o existe de forma marginal; mientras los precios topados y los subsidios a empresas ineficientes impactan negativamente en la producción. Ante ese cuadro la unificación monetaria se alzó como una necesidad.

En el año 2011 formó parte de Lineamientos aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista. En el 2013 se anunció un cronograma para su implementación. En el 2016 se reconoció que su eliminación era impostergable. Y en diciembre de 2017 se aprobaron 100 políticas reducidas a ocho prioridades. La primera de ellas fue: acabar de resolver el ordenamiento monetario del país. Se dijo que más de 200 especialistas estaban trabajando en el tema; mientras el presidente Raúl Castro reconoció que “este asunto nos ha tomado demasiado tiempo y no puede dilatarse más su solución2. En fin, que las reformas iniciadas en 2008, por su carácter tardío y subordinado a intereses políticos, no arrojaron los resultados esperados.

La unificación monetaria no resolverá la crisis, pero es una premisa de su solución, porque la dualidad impide a las empresas cambiar los CUP por otras monedas debido a la sobrevaloración de la tasa de cambio oficial, lo que distorsiona todas las mediciones económicas; a las empresas no les interesa desarrollar actividades en CUP, pues prefieren comercializar sus producciones en CUC; afecta a los exportadores porque se contabiliza 1 CUP por cada dólar de exportación ingresado; se desestimula la sustitución de importaciones, porque por cada dólar ahorrado la empresa recibe 1 CUP; las ramas de más baja productividad y los salarios se mantienen en CUP, mientras que los segmentos dolarizados han creado una diferencia entre los trabajadores estatales con bajos salarios y los que acceden a otros ingresos como las remesas y contratos en el exterior de artistas, deportistas, trabajadores de la salud y otros. En fin, que la dualidad monetaria constituye un freno para el crecimiento, para la eficiencia de la economía y para la equidad distributiva.

A la dualidad se une la diversidad de tasas de cambio. Para la compraventa de alimentos entre los campesinos y los hoteles 1 CUC = 11 CUP; para el pago a los trabajadores de la zona del Mariel 1 USD = 10 CUP; para los trabajadores contratados por empresas extranjeras 1 dólar=2 CUP y así sucesivamente. La tasa de cambio que emplean las empresas estatales, al decir de Pedro Monreal, es “la peor de todas”.

Entre otros muchos requisitos, para que el CUP sea convertible, primero hay que unificar la diversidad de tasas de cambio existentes respecto al CUC en el sector empresarial. Aunque al cambio de 24 CUP por un CUC, que es la tasa de CADECA, tampoco es real, tiene mayor fundamento que cualquiera de las otras empleadas. Entonces, una vez que el CUP se rija por una misma tasa de cambio para las empresas y la población se podrá sustituir al CUP.

El actual régimen monetario impide el perfeccionamiento empresarial por muchas razones. Dos de ellas son: la inestabilidad de la fuerza de trabajo que “emigra” en busca de mejoras salariales, como está ocurriendo ahora mismo con los maestros del sistema de enseñanza y los choferes de ómnibus, y las dificultades que genera para la medición del gasto de trabajo.

La devaluación tendrá impactos en el sector empresarial. De un lado, una parte considerable de los subsidios designados a las empresas ineficientes no tendrían lugar y el presupuesto captaría ingresos derivados de la rentabilidad de las empresas. De otro lado se incrementaría el valor en CUP del componente importado de las inversiones presupuestadas y elevaría el monto de los subsidios a productos alimenticios importados que el Estado vende a la población.

Ocurre, con la tasa de cambio, lo mismo que sucede con casi todo lo que se hace de forma revolucionaria. Bastó una decisión gubernamental para implantar la dolarización y otra para sustituir dólar por el CUC; pero para reconstruir lo que se destruyó, no basta una decisión administrativa. Destruir es simple, construir es complejo. Ahora se requiere corregir todo lo que se tergiversó. Para ello el gobierno carece de capacidad para resolver ese proceso, mucho menos en el estado de deterioro de la economía, con grandes restricciones del financiamiento externo y de los desequilibrios monetarios existentes.

Por último, la sociedad es un organismo complejo, un sistema. Cualquier alteración en uno de sus componentes obliga a tener en cuenta el impacto a tener en el resto de los elementos del sistema. Lo que se hizo con un Decreto-Ley (introducir la dualidad monetaria), no se puede restituir con otro. La unificación de las monedas y de las tasas cambiarias tienen y tendrán un efecto global en la sociedad cubana: los subsidios, la libreta de abastecimiento, los precios, los salarios, las pensiones, las libertades económicas y muchos factores más forman parte de la solución y ello implica una reforma estructural.

 

1 La primera dualidad monetaria tuvo lugar durante el gobierno de José Miguel Gómez, en 1914, que creó el peso cubano, que circuló paralelo al dólar y con el mismo valor hasta 1959.

2 Discurso de Raúl Castro en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Granma, viernes 22 de diciembre de 2017, pp.3-4.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1517440482_37056.html

La periodista Marta Rojas en su artículo Lector de tabaquería: un patrimonio cultural de la nación1, ofrece datos interesantes de una actividad obrero-intelectual de gran significado para el pasado y presente de la historia sindical y cultural de Cuba.

Después de considerar “demostrado” que los antecedentes del lector de tabaquería están en el behique2 que ejecutaba sus ritos animistas, la periodista supone lo lejos que estaban entonces nuestros aborígenes de que aquello podía convertirse, por caminos impensables, en una realidad cultural, en un modo de trasmitir conocimientos. Y añade que ahora, 500 años después, esa labor de difusión creada en las tabaquerías cubanas ha adquirido el rango de Patrimonio Cultural de la Nación y aspira a ser también Patrimonio de la Humanidad.

La motivación por el tema -que me atrapó inmediatamente- me viene muy de cerca. No sólo por ser hijo de tabaquero, sino porque mi infancia y adolescencia la pasé entre torcedores de tabaco. Mi casa paterna, además de hogar era un pequeño taller donde laboraba un puñado de obreros intelectuales, en el que presencié durante años los debates -cada tabaquería era una universidad obrera-, donde adquirí la vocación por la historia y la política que hoy me acompañan. Por esa razón de pertenencia decidí abordar brevemente tres aspectos:

– El primero es una aclaración. El debate que generaba la lectura de tabaquería no se limitaba a los grandes talleres, como he podido leer en varios trabajos acerca del tema. El impacto cultural de esa actividad devino tradición de los torcedores, con independencia de la magnitud del taller donde laboraran. En el pequeño taller que funcionaba en mi hogar, como en otros que regularmente visitaba con mi padre, en el pueblo de Jiguaní y en la ciudad de Bayamo, carecían de un lector permanente, pero no del debate. En el taller de Bayamo, una o dos veces por semana, se contrataba a Alberto Mola, un lector profesional, el resto de los días lo hacían sin el lector.

Durante las horas de labor los temas más variados: noticias, novelas, economía, ciencia y política eran objeto de discusiones entre aquellos obreros, que sin poseer una escolaridad elevada, gozaban de una cultura general muy por encima de los obreros de cualquier otro oficio.

Gaspar Jorge García Galló, en su condición de tabaquero, escribió en 1936: “El tabaquero es un contumaz polemista. Ama las discusiones y esto se explica por su modo de trabajo y por la lectura polifacética a medias. Las discusiones son diarias dentro y fuera del taller y a veces llegan a tomar tal vuelo que participa en ella la galera entera. Cuando una discusión llega a tal extremo, los participantes acuden a diccionarios, obras científicas, redacciones de periódicos y revistas y personas de prestigio entendidas en la materia (…)”3

El segundo, es una precisión. La cultura es un hecho humano y humanizador. La lectura de tabaquería no se limitaba a trasmitir conocimientos. La trasmisión supone un sujeto trasmisor y un objeto receptor de lo que se trasmite. Ni el lector de tabaquería era el sujeto de la trasmisión, sino más bien un facilitador de la misma, ni los tabaqueros eran objetos pasivos, sino actores, que además de pagarle al lector para esa función y elegir los temas y obras de lectura, emitían sus criterios a viva voz y aprobaban o rechazaban con el repiquetear de sus chavetas, lo leído. Era, pues un verdadero hecho cultural que trascendía la trasmisión de conocimientos.

Enseñar, dice Paulo Freire, “no es transferir conocimiento, sino crear posibilidades para su propia producción o construcción”4. Lo contrario es adoctrinamiento, donde hay un sujeto adoctrinador y una “masa” adoctrinada.

Cada tema debatido -con o sin lector- constituía una clase viva, una enseñanza problemica5 e indagadora, donde los tabaqueros como entes activos aprendían a la vez que enseñaba: devenían creadores. Esa actividad diaria los inducía a la lectura de la prensa, de obras literarias y a escuchar la radio, todo lo cual los elevaba como ser humano. Esa característica le brindó a la lectura de tabaquería la categoría de realidad cultural, porque le permitía al obrero cultivarse, crear cultura y colocarse a la altura del tiempo, lo que explica su papel preponderante en las luchas sindicales, políticas y la entrañable acogida que José Martí encontró en los tabaqueros cubanos en Tampa y Cayo Hueso. Todo lo cual encaja en la definición de Jorge Mañach, de la cultura como el cultivo de lo humano en el hombre y en la de José Ortega y Gasset, de vivir a la altura de los tiempos y muy especialmente a la altura de las ideas del tiempo.

El tercero es una opinión. La afirmación de que la lectura de tabaquería ha adquirido el rango de Patrimonio Cultural de la Nación y aspira a ser también Patrimonio de la Humanidad, requiere de algunas precisiones:

Ese alto rango adquirido en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX no es definitivo ni vitalicio. Para sostenerse, tiene que preservar las características que le permitieron escalar tal altura. En un país donde por Ley se admite un solo partido político y tanto el lector como lo que se lee responde a la ideología de ese partido, la libertad de expresión que permitió a los tabaqueros participar a la altura de su tiempo, no tiene lugar. Estamos por tanto ante una manifestación que conserva la forma pero pierde el contenido.

En el Congreso de Nacional de Educación y Cultura, en abril de 1971, el líder de la revolución, entre otras cosas expresó: “Por cuestión de principio, hay algunos libros de los cuales no se debe publicar ni un ejemplar, ni un capítulo, ni una página, ¡ni una letra! y añadió: Tendrán cabida ahora aquí, y sin contemplación de ninguna clase, ni vacilaciones, ni medias tintas, ni paños calientes, tendrán cabida únicamente los revolucionarios.

La “ideología” al subordinar a la cultura estigmatizó cualquier manifestación que diferían con sus principios y al negarlo asume una conducta anticultural. Por eso, la actual lectura de tabaquería, al convertirse en trasmisión de contenidos ideologizados, aunque se conserve el lector de tabaquería, está impedida de ser Patrimonio Cultural, mucho menos el aspirar a convertirla en Patrimonio de la Humanidad sin antes devolverle la autonomía a los taqueros para que decidan lo que se les lee.

Lo anterior me remite al cantautor Pedro Luis Ferrer, quien en su canción titulada “Vamos a mejorar nuestra forma de ser”, dice: Quién se iba a imaginar un paraíso perfecto, con una sola verdad y un único pensamiento.

1 Artículo publicado en el diario Granma, el sábado 27 de enero de 2017, en la página seis.

2 Behique, especie de sacerdote taíno que actuaba como intermediario entre los hombres y sus cemíes (divinidades) y como curandero. Mediante el ritual de la cohoba -inhalación por la nariz de polvos alucinógenos (tabaco) que provocaban el estado de éxtasis- el behique establecía la comunicación con las divinidades acerca de eventos relevantes para la comunidad.

3 Jean Stubbs.: Tabaco en la periferia. El complejo agro-industrial cubano y su movimiento obrero 1860-1959.La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1989, p. 103

4 Paulo Freire.: Pedagogía de la autonomía y otros textos. La Habana, Editorial Caminos, 2010, p.40

5 Forma de enseñanza dirigida a estimular la actividad cognoscitiva y el pensamiento creador.

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1517079629_36948.html

El 28 de enero de 1939, después de un largo proceso de luchas, mil quinientos delegados de 789 asociaciones obreras, reunidas en La Habana, dejaron constituida la Confederación de Obreros de Cuba.

Con la introducción del salario como forma de pago emergió el sindicalismo en la Cuba colonial, se fortaleció con las libertades contenidas en el Pacto del Zanjón1, tomó fuerza con la Ley General de Asociaciones de 1888 y asumió mayoría de edad con las libertades y derechos refrendados en la Constitución de 19012.

Su avance resulta inexplicable sin las libertades que sirvieron de base a su quehacer. En 1889 se realizó un congreso obrero, el 1 de mayo de 1890 -primer aniversario del Día Internacional de los Trabajadores, sindicatos de La Habana desfilaron por las calles en homenaje a los obreros ejecutados en Chicago y en 1899 se fundó la Liga General de los Trabajadores Cubanos.

Sobre esa legalidad, mediante un amplio movimiento huelguístico entre 1902 y 1914, conquistaron la definición de los días festivos y de duelo, la jornada de 8 horas para trabajadores del Estado, la Ley Arteaga que prohibió el pago en fichas y vales, el cierre de establecimientos comerciales y talleres a las seis de la tarde, y que el presidente de Cuba, Mario García Menocal, creara la “Asociación Cubana para la Protección Legal del Trabajo”, una de cuyas recomendaciones fue la convocatoria del congreso nacional obrero celebrado en agosto de 1914.

Entre 1917 y 1925 las huelgas en reclamo de la disminución de la jornada laboral y el aumento de salarios, desembocó en la fundación de la Central Obrera de La Habana y la celebración de su primer congreso, en la creación de las “Comisiones de Inteligencia Obrera” en los puertos para canalizar los conflictos obrero-patronales, integradas por patronos y obreros con poderes legislativos y ejecutivos, y en la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) en 1925: la primera central sindical cubana de carácter nacional.

Entre 1930 y 1933 el aumento del desempleo, la rebaja de salarios y la demora en los pagos generó otra ola de huelgas que obligó al gobierno a decretar el Estado de Emergencia. Los sindicatos, conjuntamente con el Directorio Estudiantil y otras organizaciones respondieron con la huelga general que derrocó a Gerardo Machado en 1933. Le siguieron la huelga de los empleados de la Secretaría de Comunicaciones en 1934 y la huelga general de 1935, con características de levantamiento popular.

La fuerza del sindicalismo hizo que los gobiernos de Grau San Martín3 y de Federico Laredo Brú4 dictaran legislaciones avanzadas: el Decreto 276 de enero de 1934, acorde con lo estipulado por la OIT5 y el Decreto 798 de abril de 1938, hasta hoy la legislación laboral cubana más avanzada.

De esa historia genuina surgió la Confederación de Trabajadores de Cuba en 1939, la segunda central sindical más grande de la región y la incorporación de las victorias obreras en los 27 artículos del Título VI de la Constitución de 1940. Entre ellas:

La regulación de los sueldos mínimos por medio de comisiones de obreros y patronos; la jornada máxima de ocho horas y la semanal de 44 horas de trabajo por 48 de salario; el derecho de sindicación; el derecho de los trabajadores a la huelga y de los patrones al paro; la preponderancia del cubano por nacimiento en el importe total de los sueldos y salarios; y el sometimiento de los conflictos laborales a comisiones de conciliación, integradas por representaciones paritarias de patronos y obreros.

Después de 1940 el sindicato azucarero impuso una cláusula de garantía -conocida como diferencial azucarero- mediante la cual los trabajadores del sector obtuvieron un salario extra del 13,42%; cada Primero de Mayo una manifestación obrera presentaba al Presidente de la República una lista de demandas; los retiros de Plantas Eléctricas, Gastronómico y Artes Gráficas construyeron el edificio de Carlos III que arrendó a la Compañía de Electricidad, el Habana-Hilton y el reparto Gráfico respectivamente, mientras el Palacio de los Trabajadores fue construido con aportes obreros y donativos gubernamentales.

En medio de esos avances, la pugna entre auténticos y comunistas primero y entre auténticos después, afectaron al sindicalismo.

En el V Congreso de la CTC de 1947, que realmente fueron dos: uno auténtico y otro comunista, el segundo fue declarado ilegítimo por el gobierno de Grau San Martín. Mientras las discrepancias entre las dos centrales obreras auténticas terminaron en la sustitución de Ángel Cofiño, Secretario General, por Eusebio Mujal.

Ante el Golpe de Estado de 1952 Mujal, después de convocar a una huelga general, aceptó la oferta del Gobierno, retiró la orden a cambio de conservar los derechos adquiridos por los trabajadores y mantener el status quo de la CTC. Al aumentar las huelgas, Mujal quedó atrapado en el dilema de apoyarlas o no y optó por lo segundo. Batista, a cambio, otorgó algunos beneficios a los trabajadores y ante el llamado a la huelga de abril de 1958 decretó un aumento salarial para disuadir a los trabajadores: el salario mínimo se elevó en la capital a 85 pesos, en otras ciudades a 80 y fuera del perímetro de la ciudad a 75, cuando un peso equivalía a un dólar.

El gobierno revolucionario requería el apoyo del sindicalismo. Aunque el apoyo popular a la huelga del 1 al 5 de enero de 1959 -motivado por las ansias del pueblo de finalizar el derramamiento de sangre- fue usado para tejer una leyenda sobre un supuesto protagonismo obrero. Sin embargo, 17 días después la genuina CTC fue disuelta y sustituida por la Central de Trabajadores de Cuba-Revolucionaria (CTC-R), con una directiva provisional encabezada por David Salvador y Conrado Bécquer, procedentes del Frente Obrero Nacional que se había creado en la Sierra Maestra. En respuesta, se creó el Frente Obrero Humanista (FOH), que aglutinó a 25 de las 33 federaciones de industrias, bajo el lema ¡Ni Washington ni Moscú!.

El conflicto se decidió en el X Congreso de noviembre de 1960, donde David Salvador expresó que: los trabajadores no habían ido a plantear demandas económicas sino a apoyar a la revolución6. Ante esa afirmación, Emilio Máspero, observador del Movimiento Social Cristiano, preguntó: ¿cuál era entonces el proyecto de los trabajadores?, a lo que David respondió: “Lo que diga el Comandante”.

El 22 de noviembre, Fidel propuso un voto de confianza a la candidatura de David Salvador y se procedió a la elección de la directiva en su presencia: un hecho violatorio de la independencia sindical. En la candidatura quedaron fuera a los comunistas y anticomunistas más destacados.

Inmediatamente después el Ministro del Trabajo -investido de facultades- procedió a despedir dirigentes e intervenir sindicatos y federaciones hasta que la mayoría de los dirigentes electos para el X Congreso quedaron excluidos.

En el XI Congreso de la CTC-R, en 1961, se postuló un candidato para cada puesto y la directiva electa fue esencialmente del Partido Socialista Popular, encabezada por Lázaro Peña. Los delegados renunciaron a casi todas las conquistas históricas del sindicalismo cubano. Para el XII Congreso, en 1966, el Partido Comunista eligió la fecha y designó la Comisión Organizadora encabezada por un cuadro de la UJC que sustituyó a Lázaro Peña.

El movimiento obrero quedó bajo control del Partido -refrendado constitucionalmente como “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado ” y la CTC como su brazo auxiliar. Al desaparecer su autonomía, que es lo mismo que el oxígeno a los seres vivos, el sindicalismo quedó desnaturalizado. Tres hechos son suficientes para demostrarlo:

1- Septiembre de 2010, la CTC apoyó los despidos laborales con un documento que decía: Nuestro Estado no puede ni debe continuar manteniendo empresas, entidades productivas, de servicios y presupuestadas con plantillas infladas, y pérdidas que lastran la economía.

2- Mayo de 2013, el Pleno 93 del Consejo Nacional de la CTC designó a Ulises Guilarte, primer secretario del PCC en la provincia Artemisa, para presidir la Comisión Organizadora, en consecuencia fue el próximo Secretario General de la CTC.

3- Febrero de 2014, durante los preparativos del XX Congreso, el miembro del Buró Político, Salvador Valdés Mesa, planteó que la plataforma económica, política y social de la Revolución quedó definida en los Lineamientos aprobados en el último Congreso del Partido y que al movimiento sindical le corresponde movilizar a los trabajadores para materializar esos acuerdos.

En ninguno de los tres casos hubo mención a la insuficiencia de los salarios, a la libertad sindical, al derecho a la huelga, ni a ninguna de las razones que sustentan la existencia de los sindicatos.
La Habana, 24 de enero de 2018
1 Pacto que puso fin a la Guerra independentista iniciada en 1868, mediante el cual se implementaron en Cuba las libertades de imprenta, reunión y asociación.
2 Libertades de expresión, reunión, movimiento y derecho de dirigir peticiones a las autoridades, entre otras.
3 De septiembre de 1933 a enero de 1934.
4 Federico Laredo Brú, presidente de Cuba de diciembre de 1936 a octubre de 1940.
5 Organización Internacional del Trabajo, agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas.
6 E. CÓRDOVA. Clase trabajadora y movimiento sindical en Cuba. Vol. II. p.69
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Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cuba/1515969505_36609.html

Las reformas implementadas en Cuba a partir del año 2008 no resultaron: el voluntarismo, el estatismo, la planificación centralizada y la subordinación a la política y la ideología lo impidieron. La coexistencia de dos monedas lo confirma.

En el año 2011 la unificación monetaria formó parte de Lineamientos aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista. En el 2013 se anunció un cronograma para implementarla y se habló de su pronta solución. En el 2016 se dijo que su eliminación era impostergable. En el 2017 se autorizó comprar con pesos cubanos en establecimientos recaudadores de divisas y se pusieron en circulación billetes de 200, 500 y 1000 pesos para facilitar las transacciones. Y en diciembre el Presidente Raúl Castro planteó: “la eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria constituye el proceso más determinante para avanzar en la actualización del modelo económico. Sin resolver eso es difícil avanzar correctamente. Y terminó diciendo: Debo reconocer que este asunto nos ha tomado demasiado tiempo y no puede dilatarse más su solución”1.

En este artículo me limito a los antecedentes históricos de la dualidad monetaria, es decir, al antes y al ahora.

Antes

En el período comprendido entre 1878 y 1895 se produjeron dos hechos a tener en cuenta: Uno.- La concentración de la industria azucarera y la exportación de más del 90% del azúcar a Estados Unidos2. Eso permitió al gobierno de ese país imponerle a España el Bill Mc Kinley, un tratado de reciprocidad comercial que permitía la entrada libre de materias primas cubanas al mercado norteamericano, entre ellas el azúcar, de la cual provenían 94 de cada 100 pesos que ingresaban a la Isla. Dos.- La alta presencia de inversiones estadounidenses en la estructura de la propiedad agraria, los centrales azucareros y la minería. Ambos hechos, al cesar la dominación española, facilitaron la introducción del dólar en Cuba como patrón monetario.

Hasta el año 1914 en Cuba continuaron circulando el centén español y el luís francés, pero los pagos oficiales se hacían según el tipo de cambio establecido por el dólar. Para disminuir la dependencia respecto al mismo, en octubre de ese año, el gobierno del general Mario García Menocal, creó el Sistema Monetario Nacional, cuya primera expresión fue la “Ley de Defensa Económica” que dio nacimiento a la moneda nacional sustentada en el patrón oro, con el mismo peso y ley que el dólar estadounidense.

Aunque surgió subordinado al dólar que poseía fuerza liberatoria, con la Ley de Defensa Económica el peso comenzó a imponerse.

En 1924 todavía el 86 por ciento de la moneda circulante eran dólares. En 1934 una aguda depreciación obligó a devaluar el peso, que continuó haciendo la función de medida de valor, pero la de medio de circulación fue asumida por los “pesos de plata” y los “certificados de plata”, con fuerza liberatoria ilimitada a partir de 19353. En 1939 se fundó el Fondo de Estabilización de la Moneda y en 1948 se creó el Banco Nacional de Cuba, que sustituyó el peso plata por los billetes del Banco Nacional con curso legal, forzoso y fuerza liberatoria ilimitada.

En La unificación monetaria de 19144, Elías Amor resume lo resultados con pocas palabras: La introducción del Sistema Monetario Nacional creó un sistema solvente, moderno y bien construido, que permitió a la moneda nacional devenir reserva de valor, sobre cuya base se desplegaron las transacciones y las operaciones comerciales y financieras que permitieron un notable dinamismo y crecimiento de la economía en la República.

Ahora

Los revolucionarios que arribaron al poder en 1959, imbuidos de una alta dosis de subjetivismo y ajenos a las leyes que rigen los fenómenos económicos y las finanzas, se plantearon erradicar las relaciones mercantiles y el dinero. Nacionalizaron la banca nacional y extranjera, y depositaron esa responsabilidad en manos de personas “fieles”. Un ejemplo fue el caso del economista Felipe Pazos Roque -fundador y primer presidente del Banco Nacional de Cuba en 1948- quien opuesto al Golpe de Estado de 1952 renunció a esa responsabilidad. Pazos, quien participó en la lucha cívica contra el gobierno de Fulgencio Batista, en 1959 fue designado nuevamente en esa responsabilidad, pero sus ideas no calificaban como “fieles”. Unos meses más tarde fue sustituido por el comandante Ernesto Guevara.

Ochenta años después del nacimiento del peso cubano, con una economía deficiente pero solapada por las subvenciones soviéticas basadas en razones ideológicas y geopolíticas, al derrumbarse el socialismo en Europa Oriental, Cuba quedó sumergida en una profunda crisis bautizada con el eufemismo de “Período Especial en Tiempos de Paz”, que entre 1990 y 1994 contrajo el Producto Interno Bruto (PIB) en 34,8%.

El Gobierno se limitó a implementar medidas para subsistir sin cambiar. Después de 35 años de revolución y de confrontación con Estados Unidos decidió introducir, por segunda vez en la historia de Cuba, la moneda del “enemigo”.

Para borrar la imagen negativa del billete verde se creó el CUC, un peso convertible al que se le otorgó un valor similar al dólar, pero sin el correspondiente respaldo. Se le impuso un impuesto al dólar del 10%, se revaluó el CUC con relación al mismo en un 8% y finalmente se retomó el valor de uno por uno, pero se mantuvo el impuesto del 10% al dólar. En resumen, Cuba cuenta con la peculiaridad de tener dos monedas sin base en el oro ni en el PIB para ser realmente convertibles.

La dualidad monetaria amplió las diferencias sociales y aumentó la pérdida del poco valor que ya tenía el peso cubano. Su efecto se manifestó en la inflación de los precios en el mercado negro, en menguados salarios y pensiones, desestimuló a la producción, menguó la productividad. y perdió o disminuyó sus funciones como medida de valor, instrumento de adquisición de bienes, medio de atesoramiento, instrumento de liberación de deudas y medio de pago.

La unificación monetaria se alza junto a la restitución de las libertades ciudadanas como una necesidad ineludible e inaplazable en condiciones complejas, especialmente porque el sujeto de la unificación, el Gobierno, es el mismo que introdujo la dualidad y hasta ahora no ha demostrado la voluntad política para efectuar un autoanálisis crítico y emprender el único camino posible. El hecho es que sesenta años de poder lo hacen responsable de lo bueno y de lo malo.

El peso cubano carece de respaldo en los bienes y servicios creados para recuperar sus funciones y equipararse a otras monedas en las finanzas internacionales. La unificación monetaria por sí sola no resolverá la crisis. La solución requiere eficiencia y aumento de la producción, lo que a su vez es imposible sin grandes inversiones. La extranjera porque la dualidad es un obstáculo; la nacional porque el poder la niega.

Se impone un proyecto, encabezado por el gobierno actual o por el que lo sustituya, que incorpore la descentralización de la economía, restituya los derechos y libertades ciudadanas, permita la formación de una clase media y destrabe los obstáculos que frenan la producción y la productividad; nada de lo cual es posible desde la estatización y la economía planificada subordinada a los intereses del poder.

 

1 Discurso de Raúl Castro en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Granma, viernes 22 de diciembre de 2017, pp.3-4.
2 Ya en 1896 Cuba exportaba a Estados Unidos el 96,86% de la producción de azúcar y sólo el 2,38% a España. Tomado de: Eduardo Torres-Cuevas y Oscar Loyola Vega. Historia de Cuba 1492-1898. La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 2001, p. 298.
3 Antonio Ruiz Cruz y Diana J, Molina Tarasiouk: “Evolución histórica del sistema monetario cubano” en Observatorio de la Economía Latinoamericana, Nº 117, 2009. Texto completo en http//www.eumed.net/cursecon/ecolat/cu/2009/rcmt2.htm
4 Elías Amor Bravo. La unificación monetaria de 1914, otros tiempos, sin duda mejores, junio de 2013.

Tomado de: https://www.google.cz/search?q=Revista+Convivencia+no.+60&client=firefox-b&dcr=0&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ved=0ahUKEwiA7972zM3YAhWCDewKHfNXD7AQsAQINA&biw=1366&bih=656

 

El impacto de las libertades fundamentales en el desarrollo de la sociedad es de tal magnitud y trascendencia que resulta imposible comprender el avance, estancamiento o retroceso de un pueblo sin tenerlo en cuenta.

Aprovechando el 10 aniversario de Convivencia, el presente trabajo se ocupa de un tema central en el perfil de nuestra revista: la relación causal entre la pérdida de las libertades fundamentales y la crisis en que Cuba está inmersa.

Introducción

La libertad -inherente a la persona humana- emana de la conciencia interior. Ese origen le permite al hombre ser libre en la medida que se empeñe en serlo, pues ella, la libertad, otorga un poder extraordinario cuyo ejercicio deviene factor de crecimiento humano y condición del desarrollo personal y social.

Desde que los hombres lograron establecer la relación existente entre conciencia y libertad, ésta ha venido desempeñando un papel creciente en la evolución de la humanidad. Gracias a esa relación, aunque la persona sea sometida a limitaciones o prohibiciones por fuerzas exteriores, el sustrato interno de la libertad le permite pensar y ser libre en tales condiciones.

Ignacio Agramonte (1841-1873), en la defensa de su tesis de Licenciatura en Derecho en 1866, titulada Sobre las libertades individuales, sintetizó magistralmente esa relación en las siguientes palabras: Al derecho de pensar libremente le corresponde la libertad de examen, de duda, de opinión, como fases o direcciones de aquel. Por fortuna, éstas, a diferencia de la libertad de hablar y obrar, no están sometidas a coacción directa y se podrá obligar a uno a callar, a permanecer inmóvil, acaso a decir que es justo lo que es altamente injusto. ¿Pero cómo se le podrá impedir que dude de lo que se le dice? ¿Cómo que examine las acciones de los demás, lo que se trata de inculcar como verdad, todo, en fin, y que sobre ello formule su opinión?

Ese juicio contiene el fundamento del por qué la libertad constituye un derecho trascendental e inherente a la persona; una condición tal, que todo intento de suprimirla o limitarla, además de constituir un atentado contra la humanidad, ha estado, está y estará condenada al fracaso.

“Renunciar a su libertad -decía Rousseau- es renunciar a su condición de hombre, a los derechos de la humanidad y aun a sus deberes… Semejante renuncia es incompatible con la naturaleza del hombre: despojarse de la libertad es despojarse de moralidad”.

Las libertades fundamentales, es decir, las de conciencia, información, expresión, reunión, asociación, sufragio y habeas corpus, constituyen la base de la comunicación, del intercambio de opiniones, de concertación de conductas y de toma de decisiones.

La experiencia histórica demuestra que la máxima expresión de la libertad es posible sólo allí, donde las libertades fundamentales se institucionalizan en un Estado de Derecho.

La historia constitucional de los derechos fundamentales, cuyo punto de partida se sitúa en la Carta Magna que los nobles ingleses impusieron a Juan Sin Tierra (1215), tuvo momentos cumbres en la Declaración de Independencia de las trece colonias de Norteamérica (1776) y en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa (1789). Tomó cuerpo en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) e irrumpió en el Derecho Internacional con los pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales aprobados por la Organización de las Naciones Unidas (1976).

En Cuba la historia constitucional de las libertades tuvo su germen en el Proyecto de Gobierno Autonómico del padre José Agustín Caballero (1811); asumió cuerpo en las constituciones mambisas del siglo XIX y en las constituciones republicanas de la primera mitad del siglo XX, cuya más alta expresión fue la Carta Magna de 1940.

En esa trayectoria, en cumplimiento del Pacto del Zanjón (1878), con el que finalizó la Guerra de los Diez Años, se implantaron en Cuba las leyes de imprenta, reunión y asociación, refrendadas en el artículo 13 de la Constitución Española, bajo las cuales nació la sociedad civil cubana: un abanico de asociaciones, espacios y medios que reflejan la pluralidad y la diferencia.

La sociedad civil, escuela permanente de civilidad y ética, constituye un sólido eslabón de vínculo de los ciudadanos con la nación, la cultura, la historia y el desarrollo, cuya existencia y funcionamiento requiere de la institucionalización de los derechos humanos.

Tanto la sociedad civil como el Estado son órganos del cuerpo social. La existencia de ambos no es indiscutible, lo discutible son sus funciones y áreas de competencia,

En Cuba la sociedad civil alcanzó su mayor desarrollo a mediados del siglo XX, como la describió Fidel Castro al referirse a la situación de Cuba antes del Golpe de Estado de 1952: “Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo… Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos…”.

La pregunta lógica que emana de la historia de las libertades en Cuba es: ¿cómo resultó posible que después del avance descrito en materia de derechos y libertades, Cuba retrocediera a una situación inferior a la que alcanzó después de la Paz del Zanjón?

El sistema totalitario cubano

Si su causa más inmediata está en la revolución de 1959, su génesis, está en determinadas características de nuestro devenir como pueblo que coadyuvaron a la instauración de un modelo ajeno a nuestra historia y a la naturaleza humana. Entre esas características sobresale la interrelación entre las cuatro siguientes:

La idiosincrasia, resultado de la mezcla de diversas etnias y culturas que arribaron a Cuba con los europeas y africanos. Unos que vinieron a enriquecerse para regresar, otros que fueron traídos como esclavos. Ni unos ni otros con la intención de arraigarse en la Isla. A ello, explicaba Fernando Ortiz, se debe la debilidad psicológica del carácter cubano, la impulsividad, característica de esa índole psicológica, que nos lleva con frecuencia a actuaciones intensas, pero rápidas, precipitadas, impremeditadas y violentas… Hombres, economías, culturas y anhelos, todo aquí se sintió foráneo, provisional, cambiado, “aves de paso” sobre el país, a su costa, a su contra y a su malgrado.

La violencia, que arribó a nuestras costas con los guerreros peninsulares, tomó sus primeras víctimas entre los aborígenes, asumió formas horribles en las plantaciones azucareras de donde brotó la fuga, el cimarronaje, el palenque y las rebeliones. Estuvo presente en los ataques de corsarios, en el bandolerismo que azotó nuestros campos, en las conspiraciones y guerras independentistas. Se manifestó en golpes de Estado, sublevaciones, pandillas gansteriles, asaltos armados y actos de terrorismo antes y después de 1959. Hechos que convirtieron la violencia en cultura política.

La ética utilitaria, conducta de raíces coloniales y esclavistas –variante criolla de la filosofía del utilitarismo del siglo XVIII- que encontró en Cuba un terreno tan fértil como nuestros suelos para la caña de azúcar. Esa ética sustentó al individualismo egoísta y la vida fácil, tomó cuerpo en la corrupción, el juego, la vagancia y la violación de todo lo establecido hasta devenir conducta generalizada. La concepción del hombre como medio y no como fin, como objeto y no como sujeto, la prioridad que la oligarquía criollo-cubana atribuyó a las cajas de azúcar y de café, el uso del poder para beneficio personal o de grupo, las reelecciones presidenciales, los golpes de Estado y el empleo generalizado de la violencia física y verbal, son manifestaciones de la ética utilitaria que marcó nuestra matriz de pueblo,

La exclusión, que atraviesa la historia de Cuba de principio a fin: Félix de Arrate y Acosta (1701-1764) reclamaba la equiparación de derechos para los de su clase respecto a los peninsulares, a la vez que excluía a los negros y a blancos que no habían logrado amasar fortuna; Francisco de Arango y Parreño (1765-1837), defendía las libertades y derechos para su clase y la esclavitud para la mitad de la población de la Isla. Y José Antonio Saco y López (1797-1879), quien en su concepto de pueblo no incluía a los oriundos de África ni a sus descendientes.

Ante la ruptura constitucional provocada por el Golpe de Estado de 1952 surgieron dos respuestas: una armada y la otra cívica. La primera se hizo pública el 26 de julio de 1953 con el asalto al cuartel Moncada, encabezada por Fidel Castro. La segunda tomó cuerpo en enero de 1954 con el Movimiento de Resistencia Cívica, encabezado por José Miró Cardona. Después de las elecciones fraudulentas de 1954, Fulgencio Batista restableció la Constitución de 1940 y otorgó amnistía a los prisioneros políticos, entre ellos a los asaltantes del Moncada, quienes en junio de 1955 fundaron el Movimiento del 26 de Julio (M-26-7) para continuar la lucha por la vía armada.

La oposición de Fulgencio Batista a una salida negociada hizo fracasar los esfuerzos civilistas. Se impuso la violencia: movimientos armados, atentados, conspiraciones militares, asaltos a cuarteles y al palacio presidencial; acontecimientos en los que se destacó el movimiento encabezado por Fidel Castro, quien desembarcó en Cuba en diciembre de 1956 y después de dos años de guerra de guerrillas y sabotajes, alcanzó el triunfo sobre el Ejército profesional el 31 de diciembre de 1958.

En 1959, la revolución triunfante, devenida fuente de derechos, sin consulta popular, sustituyó la Constitución de 1940 por la Ley Fundamental del Estado Cubano; unos estatutos que rigieron hasta la promulgación de la Constitución de 1976 que refrendó la existencia de un solo partido político: el Comunista, como fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado.

Un sistema ajeno a la naturaleza humana

Una revolución que se proponga liberar a los hombres sin plantear, paralelamente, la necesidad de generar un espacio público que permita el ejercicio de la libertad, sólo puede llevar a la liberación de los individuos de una dependencia para conducirlos a otra, quizás más férrea que la anterior. Esas palabras de Hanna Arendt se corroboraron con el proceso revolucionario cubano de 1959. Se trata de una tesis de un valor tan universal que asume carácter de generalidad filosófica. La misma, tan sencilla como compleja, consiste en que todo proyecto social que conciba a la persona humana como medio y no como fin, además del daño antropológico que produce está condenado al fracaso.

En enero de 1959 el Presidente Provisional, Manuel Urrutia Lleó hizo pública la designación de Fidel Castro como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. En el Consejo de Ministros, integrado conjuntamente por figuras procedentes de las luchas armada y cívica, José Miró Cardona ocupó el cargo de Primer Ministro. En febrero, al sustituirse la Constitución de 1940 por la ley Fundamental del Estado Cubano, al Primer Ministro se le confirieron las facultades de Jefe de Gobierno y al recién creado Consejo de Ministros las funciones del Congreso. Unos días después Fidel Castro sustituyó a José Miró Cardona, con lo cual los cargos de Primer Ministro y Comandante en Jefe quedaron depositados en la misma persona.

La Revolución a la vez que implementó un conjunto de medidas de beneficio popular, desechó la cultura institucional, política y económica existente y procedió a “resolver” de forma inmediata los problemas heredados por un camino inviable: la concentración del poder y de la propiedad, y el secuestro de las libertades ciudadanas.

El filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset, alertaba que los mayores peligros que hoy amenazan a la civilización son la estatificación de la vida, el Intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos, lo que se resume en la tesis de Benito Mussolini: Todo por el Estado; nada contra el Estado”

Ese proceso -en el que la sociedad civil fue barrida y su lugar ocupado por las asociaciones creadas como auxiliares del poder- no se puede comprender al margen del diferendo entre el Gobierno cubano y las administraciones norteamericanas. El diferendo fue utilizado en nombre de la soberanía popular para solapar las contradicciones entre Estado y sociedad y disimular la inviabilidad de un modelo ineficiente, pero ante todo para secuestrar las libertades ciudadanas. Decía Rousseau que: “Aun admitiendo que el hombre pudiera enajenar su libertad, no puede enajenar la de sus hijos, nacidos hombres y libres. Su libertad les pertenece, sin que nadie tenga derecho a disponer de ella”

La duración de ese modelo ha sido tan prolongada que la gran mayoría de los cubanos vivos no conocieron otra opción que el socialismo totalitario, donde la política, la economía, la cultura y la sociedad quedaron monopolizadas por el Estado, el Estado por un Partido y el Partido por una élite bajo el mando de un Comandante en Jefe: Un modelo que si ayer satisfizo a una buena parte de nuestros abuelos, hoy no satisface a sus hijos, mucho menos a los nietos y biznietos.

Una posible salida

A pesar de contar con tan rica fuente de pensamiento, los acontecimientos posteriores a 1952 condujeron al pasado; un retroceso inexplicable si se ignora la importancia de la formación ética y cívica de los cubanos, para lo cual, de entre muchos pensadores que se preocuparon y ocuparon de esa deficiencias, cito a los seis siguientes:

Félix Varela y Morales (1778-1853), el primer cubano que comprendió la necesidad de cambios en la forma de pensar, al asumir la dirección de la Cátedra de Constitución en el seminario San Carlos introdujo la ética en los estudios sociales y políticos como portadora del principio de la igualdad de todos los seres humanos y fundamento de los derechos sobre los cuales se erigen la dignidad y la participación ciudadana.

José de la Luz y Caballero (1800-1862), quien entendió la política como proceso y se pronunció contra la inmediatez. Desde esa visión estableció una relación entre educación, política e independencia y concibió el arte de la educación como premisa de los cambios sociales. Su mayor énfasis recaía en la convicción de que la libertad era el alma del cuerpo social, sin más freno que la razón y la virtud.

José Julián Martí Pérez (1853-1995), el más alto pensador político del siglo XIX cubano, se trazó la misión de conducir el inconcluso proceso independentista. Para ello estableció una relación eslabonada entre partido, guerra y república, donde esta última era forma y estación de destino; a diferencia de la guerra y del partido concebidos como eslabones mediadores para arribar a ella. En su visionario artículo, La futura esclavitud, dijo más o menos lo siguiente: si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, dejarán de hacer esfuerzo por su subsistencia y que como las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, los funcionarios adquirirían una influencia enorme y de “ser esclavo de los capitalistas iría a ser esclavo de los funcionarios.. Pensamientos que remató con aquel ideal tan lejano aún: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

Enrique José Varona (1849-1933) En Mis consejos, escrito en 1930, se quejaba de que la República había entrado en crisis, porque gran número de ciudadanos han creído que podían desentenderse de los asuntos públicos. Este egoísmo –decía– cuesta muy caro. Tan caro, que hemos podido perderlo todo. Convencido de esas deficiencias comprendió que había que aprender de otro modo y a ello se dedicó, a la enseñanza para formar ciudadanos.

Fernando Ortiz Fernández (1881-1969) en La crisis política cubana: sus causas y sus remedios (1919), destacó nuestras limitaciones: la falta de preparación histórica del pueblo cubano para el ejercicio de los derechos políticos; la incultura en los dirigidos que les impide apreciar en su justo valor a los hombres públicos; la cultura deficiente en las clases directoras, que impide refrenar sus egoísmos y hacerlos compaginables con los máximos intereses de la nación; la desintegración de los diversos elementos sociales en razas y nacionalidades, de intereses no fundidos en un ideal supremo nacional.

Y Jorge Mañach Robato (1898-1961), al referirse a las desavenencias permanentes entre cubanos, dijo: Cada persona tiene su pequeña aspiración, su pequeño ideal, su pequeño programa; pero falta la aspiración, el ideal, el programa de todos; aquella suprema fraternidad de espíritus que es la característica de las civilizaciones más cultas. Y añadió, el individualismo inhíbito en nuestra raza hace a cada uno quijote de su propia aventura. Los esfuerzos de cooperación generosa se malogran invariablemente. Los leaders desinteresados no surgen. En los claustros, en los gremios intelectuales, en las academias, en los grupos, la rencilla cunde como la yerba mala por los trigales de donde esperamos el pan del espíritu. Todo es un quítate tú para ponerme yo.

Del análisis realizado resulta un conjunto de enseñanzas útiles para cualquier proyecto dirigido a superar la situación en que la sociedad cubana está sumida. Me refiero al camino para transitar hacia a una sociedad menos imperfecta que la actual.

El análisis realizado devela un conjunto de enseñanzas útiles para cualquier proyecto dirigido a superar la situación en que la sociedad cubana está sumida. Me refiero al camino para transitar hacia a una sociedad menos imperfecta que la actual. Y demuestra que la primera y más importante labor radica en la formación del ciudadano, de virtudes cívicas, aquella tarea que el padre Félix Varela inició hace casi dos siglos, que siempre fue conducta de minorías y que aún hoy es asignatura pendiente. Se impone su formación para aprender a vivir en libertad y una educación en la responsabilidad social.

Lo más importante de las enseñanzas anteriores es que la participación pública responsable en los destinos del país requiere la existencia del ciudadano, un concepto inexistente en el mapa político cubano actual.

Las libertades fundamentales tienen que ser reincorporadas. Su implementación, aunque se inicie de forma gradual, su carácter indivisible se impondrá por una sencilla razón: si los derechos civiles y políticos constituyen la base para participar en la vida pública, los derechos económicos, sociales y culturales son determinantes para el funcionamiento de la sociedad y los derechos colectivos de toda la humanidad son necesarios para conservar la vida y el planeta. Cada una de esas generaciones de derechos garantiza un aspecto particular y las tres en su conjunto constituyen el sostén del reconocimiento, respeto y observancia de las garantías jurídicas para su ejercicio.

Si aceptamos que el grado de evolución de un sistema social depende del grado de evolución de sus habitantes, tenemos que aceptar, nos guste o no, que los cubanos, como personas, hemos cambiado muy poco y en algunos aspectos hemos retrocedido. Se impone, pues, cambios en la persona. Por todo ello, parafraseando el concepto de acción afirmativa, en Cuba se impone una acción educativa, en cuya ausencia habrá cambios, como los hubo siempre, pero no los cambios que la sociedad requiere.

Por tanto, esa posible y necesaria salida de la crisis actual pasa porque cada cubano ocupe y haga uso de la cuota política que le corresponde. Para ello, el restablecimiento gradual de los derechos fundamentales de la persona humana debe acompañarse de un programa de formación ciudadana que sirva de fundamento a los cambios al interior de la persona, sin los cual las reformas en la economía y la política tendrán muy poco valor, como lo han tenido los que se implementaron tanto durante la República hasta 1958 y los que se implementaron después de la revolución de 1959.

 

Tomado de: http://www.diariodecuba.com/cultura/1514393985_36233.html

Hace 139 años, el primero de enero de 1879, el músico Miguel Faílde y Pérez estrenó en el liceo de Matanzas una genuina expresión de creatividad rítmica y sonora que inauguró un nuevo tipo de baile, genuinamente cubano, con el danzón Las Alturas de Simpson.

Los habitantes de la mayor de las Antillas, sin una herencia musical aborigen pero ungidos con la gracia de la transculturación, desarrollaron una elevada capacidad musical expresada en aspectos melódicos, rítmicos, instrumentales y formales, que devenida criolla y después cubana, hizo de la música popular y el baile -conjuntamente con la pelota y las guerras de independencia- uno de los factores socio-culturales definidores de nuestra nacionalidad.

En el siglo XVI Cuba tuvo músicos altamente calificados como el mestizo Miguel de Velázquez. En el XVIII clásicos de primera línea como Esteban Salas; En el XIX Manuel Saumell, considerado padre del nacionalismo musical cubano, quien compuso una obra en la que cantaban indios y negros, e Ignacio Cervantes, un creador considerado el músico más importante del siglo XIX. Contó además, con una manifestación sonora como los sones orientales, tocados y cantados durante más de dos siglos por los conjuntos típicos de Santiago de Cuba. Ejemplos destacados que explican la creatividad de nuestra música, de la cual brotaron los más importantes géneros populares de la época, entre ellos nuestro danzón, nacido de las contradanzas criollas.

A mediados del siglo XIX existía en Cuba un proto-danzón, baile coreográfico formado por varias parejas provistas de arcos y ramos de flores que los negros de Matanzas ejecutaban a viva voz. A esa manifestación bailable Miguel Faílde le adjuntó una música para sustituir el canto vivo de los bailarines que vio la luz en junio de 1877, cuando dio a conocer sus primeros cuatro danzones, uno de los cuales fue Las alturas de Simpson.

El vinculo del danzón con las contradanzas de Manuel Saumell se observa en su introducción de dieciséis compases, en la segunda parte donde el clarinete trabaja casi siempre sobre el cinquillo1, en la parte de violín que hace de adagio2 y en el cierre. Mientras su vínculo con las tradiciones africanas se manifiesta en el uso abundante y deliberado del cinquillo salido de la mano de los negros franceses de Santiago de Cuba de la percusión. La Contradanza que había dominado dominó la escena musical fue superada por el danzón.

Como la composición es el principal acto creativo en música y algo nuevo respecto a lo antes producido, al añadirle una asociación de ritmos de tango a los movimientos coreográficos de la danza, se le considera el padre del danzón cubano, que desde su estreno hasta la segunda década del siglo XX ocupó la preferencia de los bailadores cubanos y traspasó las fronteras geográficas para arraigarse en países como México, Venezuela y Perú, a la vez que se nutrió de todos los elementos musicales existentes sin importar su origen.

El danzón es un baile romántico de parejas, donde hombre y mujer fundidos en una unidad diferenciada se tocaban el cuerpo y movían las caderas de una manera sinuosa. Al chocar y romper con los estereotipos de la época, fue considerado un baile escandaloso e indecente, no obstante se impuso. El danzón enunciado por Saumell -dice Alejo Carpentier- quedó consagrado como nuevo tipo de baile por Faílde. Predominó durante más de 40 años y coadyuvó al proceso de conformación de la nacionalidad y la nación, ya que cubanos de diferentes orígenes étnicos y clases sociales se relacionaron en el baile.

No hubo acontecimiento, durante ese lapso de tiempo que no fuese festejado con el danzón: el advenimiento de la República en 1902; gracias a la radio en 1922 se bailó a 461 kilómetros de la capital, en Ciego de Ávila; se compusieron danzones patrióticos como Martí no debió de morir, sobre la primera guerra mundial o con temas de ópera y de zarzuelas famosas.

Junto a la contradanza y la danza, el danzón constituyó la base del primer prototipo de agrupación instrumental popular: la orquesta típica o de viento. Esa orquesta típica fue sustituida por la charanga y en el siglo XX de la charanga francesa, que introdujo el piano.

A partir de la segunda mitad del siglo XX el auge del son y del Fox Trots de los negros norteamericanos, conjuntamente con la elevada creatividad de los músicos cubanos el danzón perdió terreno. Sin embargo, el danzón, como género musical, llegó para quedarse. En 1910 José Urfé le introdujo nuevos elementos rítmicos del son oriental en el Bombín de Barreto, que junto a la invención de la radio y la grabación eléctrica en el fonógrafo, condujeron a su recuperación, Con la orquesta de Arcaño3 y sus Maravillas surgió el danzón de nuevo ritmo, donde la flauta se inspira a placer con gran virtuosismo, se cambia la rítmica en el timbal y el güiro, se introduce la tumbadora en la charanga, se amplían las cuerdas, la armonía y la melodía devienen más complejas y cesa el predominio del piano como instrumento solista único. Luego, con las interpretaciones de Barbarito Diez4 y la Orquesta típica de Antonio María Romeu. El danzón influyó en el origen de otros bailes cubanos populares como el chachachá, el mambo y la pachanga. Y en 1991 elevó su popularidad mundial con la cinta cinematográfica Danzón, de la directora mexicana María Novaro.

Por convertirse en nuestro baile nacional, por su aporte a la conformación de la cubanía, por su presencia en otros géneros musicales que le sucedieron, por su fuerza interior para renovarse permanentemente, el primero de enero es día de homenaje al danzón y a todas las glorias de nuestra música bailable, desde Saumell hasta los creadores contemporáneos que han mantenido viva esa musicalidad que nos distingue en el mundo.

La Habana, 26 de diciembre de 2017
1 Cinquillo, grupo de valoración especial constituido por cinco notas musicales que pueden equivaler a seis o a cuatro de la misma especie.
2 Adagio, indicación de tempo o movimiento de una pieza musical, más lento que el andante.

3 Antonio Arcaño, monarca del danzón, introdujo la tumbadora para reforzar la sección rítmica en la charanga. Alcanzó el record de 404 contratos en un año. Falleció en 1994 a los 83 años de edad.
4 Bárbaro Diez Junco (Barbarito), cantante de danzones y boleros. Solista en la orquesta de Antonio María Romeu. Conocido como “La Voz de Oro del Danzón”. Después de la muerte de Romeu asumió la dirección de la orquesta y la llamó “Barbarito Diez y su orquesta” hasta los años ochenta. Murió el 6 de mayo de 1995.

 

 

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