
Los cubanos han acogido -de diversas maneras- el resultado del referéndum venezolano. Para aquellos que temen que la isla sea absorbida en una confederación y que pase a ser gobernada desde el Palacio de Miraflores, constituye un alivio la desaprobación de la reforma constitucional. Otros, sin embargo, se sienten alarmados ante la posibilidad de que a largo plazo la economía cubana salga resentida y que el abultado subsidio petrolero se vea afectado con el “No”. Los menos, exhiben la frustración del que ve postergarse el inicio del llamado “Socialismo del siglo XXI”, tantas veces anunciado y nunca definido con precisión.
Aquellos que temen la llegada de una nueva crisis económica, tienen algo de razón. Todavía son visibles en el cuerpo y en la memoria de los cubanos las señales de la caída del campo socialista y sus nefastos efectos en la economía nacional y doméstica. El corte de la ayuda soviética y el cese repentino del abastecimiento de combustible, alimentos y recursos que nos llegaban a través del comercio con los países del CAME, provocó el llamado Período Especial, que pocos se aventuran a dar por terminado. De manera que sin haber concluido todavía esa etapa de carencias y limitaciones parece acercarse otra similar. Así lo vaticinó el propio Fidel Castro cuando, en sus reflexiones tituladas “Un pueblo bajo el fuego”, del 29 de noviembre pasado, afirmó:
“No bastaría el triunfo del Sí el 2 de diciembre. Las semanas y meses posteriores a esa fecha pueden llegar a ser sumamente duros para muchos pueblos, entre ellos el de Cuba (…)”
Tanta fue la alarma generada por estas palabras, que Ricardo Alarcón hizo declaraciones para suavizar las similitudes entre la debacle económica posterior a la caída de la Unión Soviética y los efectos que podría traer la negativa a los cambios constitucionales propuestos por Chávez. El presidente del Parlamento de Cuba aclaró entonces que:
“No me gustaría comparar una altamente hipotética posibilidad, que no creo que pase”Sin embargo los temores no son infundados, pues la dependencia económica ha venido ganando terreno desde la llegada al poder de Hugo Chávez. Venezuela envía a Cuba alrededor de 90.000 barriles diarios de petróleo. El comercio entre ambas naciones creció de 902 millones de dólares en el año 2000 a 2.640 millones en el pasado 2006, y se espera que llegue a 3.000 millones este año. La galopante subida del precio del petróleo, que ronda en estos momentos los cien dólares el barril y la inestabilidad que genera en el mundo la guerra de Irak, el conflicto de Israel y Palestina y los encontronazos entre el gobierno de Estados Unidos e Irán, hacen que el subsidio petrolero llegado desde tierras bolivarianas, sea considerado como indispensable.
Una Cuba sin la ayuda económica proveniente de Venezuela, tendría que enfrascarse en la solución de su ineficacia productiva y buscar –finalmente- un camino sin dependencias.
En estos momentos acaba de comenzar a correr un conteo regresivo que quizás concluya en el 2013 con la salida de Chávez de Miraflores, de manera que la economía cubana cuenta con ese corto tiempo para hacerse solvente y poder dar pasos sin las muletas que ya se han vuelto una constante en su discurrir.
Los necesarios e impostergables cambios que aguarda el pueblo cubano pueden fluir por una senda u otra en dependencia de que el presidente venezolano logre o no continuar en el poder por un tiempo suficientemente largo. Una muestra de esto se hizo ostensible durante la VI Cumbre de PETROCARIBE cuyos acuerdos fueron definidos como “una herramienta importante para garantizar la seguridad energética y, por esa vía, contribuir de forma decisiva a promover el desarrollo económico y social sostenible de los países participantes” pero en cuya Declaración final el primer Reconocimiento expresa “que gracias a la iniciativa estratégica y generosa de Venezuela, PETROCARIBE es ya un proyecto real y efectivo en franco proceso de instrumentación…”
Sin Hugo Chávez en el poder la generosidad puede que ya no sea la misma y si sus oponentes logran dentro de seis años una victoria electoral, similar a la obtenida en el referéndum, habrá que tener del lado de acá resultados irreversibles que no dependan de las alternancias políticas de otras naciones sino de haber alcanzado aquellas metas de eficiencia, productividad y rentabilidad que el inestable modelo de socialismo cubano nunca ha podido exhibir.
La amenaza de volver a perder un dadivoso mecenas inocula el temor a que regresen los años duros de carencias y esto puede incentivar un proceso de cambios en las estructuras productivas.
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Ana López
Periodista
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