Revista Digital Consenso
Número 11 de 2007


Los derechos de algunos humanos
Miriam Celaya

La prensa oficial en Cuba puede resultar a veces verdaderamente confusa a los ojos de cualquier ciudadano cubano huérfano de información, es decir, para la gran mayoría. Es justamente esa desinformación crónica del cubano la que permite que en el principal periódico de la Isla se publiquen a la vez dos informaciones que, por su propia esencia, se niegan mutuamente.

El martes 11 de diciembre de 2007, la primera plana del Granma tenía como noticia principal un artículo de Deisy Francis Mexidor (Suscribirá Cuba importantes acuerdos en materia de Derechos Humanos), en el cual se resumen las palabras del canciller cubano, quien -en rueda de prensa  en la sede del Ministerio de relaciones Exteriores- anunció la próxima firma del Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Quizás por las dudas, el alto funcionario se sintió obligado a aclarar que los derechos enarbolados en ambos pactos son instrumentos internacionales que se encuentran “ampliamente protegidos por el ordenamiento jurídico cubano”; aunque no faltó la advertencia que, de politizarse nuevamente el tema de los derechos humanos “y enrarecerse el ambiente, nuestro país se verá obligado a volver a plantar batalla”, frase esta que condiciona y pone en tela de juicio lo que se califica como “una expresión de la voluntad de la nación antillana de mantener una estrecha cooperación con los mecanismos de la ONU”

Si se lee semejante información con ojos ingenuos, podría afirmarse que es muy positiva, que finalmente en Cuba se comenzarán a reconocer (ahora sí) los derechos civiles , políticos y económicos de todos los cubanos. Y me refiero en particular a estos derechos porque solo se requiere pasar la página del propio periódico para asistir perplejos a un malintencionado cintillo: Nuevas provocaciones del gobierno de EE.UU. contra la dignidad del pueblo cubano. Y un subtítulo que no requiere comentarios: Manipula y agasaja la Sección de Intereses de Washington en La Habana a mercenarios proanexionistas. En este artículo, que suscribe Pedro de la Hoz,  se menciona, que el pasado domingo 9 de diciembre, en el paseo de la Quinta Avenida, frente a la iglesia de Santa Rita de Casia, “un grupúsculo de mujeres conocidas por sus estrechos vínculos de dependencia con las autoridades norteamericanas y la Sección de Intereses de EE.UU en La Habana se manifestó de manera desafiante el domingo, con el apoyo de personas llegadas expresamente del extranjero aprovechándose de las bondades del visado turístico que Cuba otorga”.

Los enterados sabemos que ese llamado “grupúsculo de mujeres” son las Damas de Blanco, esposas y otras familiares de los prisioneros de la Primavera Negra. Ellas no son un grupo político, sino una organización de mujeres que ejercen sus derechos civiles al reclamar la libertad de sus esposos. Las Damas de Blanco han concitado las simpatías de muchos ciudadanos cubanos que las ven desfilar cada domingo a la iglesia de Santa Rita a pedir por sus familiares, muchos de ellos enfermos y en pésimas condiciones de reclusión. Nunca estas mujeres se han pronunciado contra el gobierno, aunque sí han denunciado las injustas condenas y las condiciones de encarcelamiento de sus esposos presos. Si han logrado despertar el respeto de muchos cubanos de la Isla y han movido la solidaridad internacional ha sido por la justicia de su causa, substancialmente humana y no política.

Ellas representan también el derecho de la familia a defender a los suyos, y han sido víctimas de la represión de brigadas organizadas con toda la fuerza del poder contra un pequeño grupo de mujeres indefensas. Es esa represión la que ensalza el periodista de la Hoz (¿no será también del Martillo?) cuando refiere que “trabajadores, estudiantes, vecinos, gente de pueblo, dieron una contundente respuesta verbal a estos elementos, sobre la base de los principios humanistas y éticos que fundamentan la unidad de la familia revolucionaria”. Una vez más, se legitima la exclusión desde las páginas de la prensa oficial: solo se pueden expresar los principios de la familia revolucionaria; y también una vez más se miente: la población no reprime espontáneamente a las Damas de Blanco. Se les ha visto pasar numerosas veces por las céntricas y populosas calles de Centro Habana. La gente se detiene a verlas pasar, muchos callan (quizás por vergüenza, quizás por respeto), otros les dicen alguna frase de aliento, pero nunca he escuchado que alguien espontáneamente las injurie o les lance algún insulto por “contrarrevolucionarias”.

Resulta en verdad impresionante asistir a la resistencia pacífica de estas mujeres durante cuatro duros años, enfrentando todo el aplastante poder del Estado y de los medios de prensa a su servicio, soportando la separación familiar, la violación de sus derechos a comunicarse regularmente con sus esposos, el acoso constante de los cuerpos represivos; y contrastar todo esto con la gigantesca campaña nacional e internacional organizada por ese propio Estado en apoyo a las esposas y familiares de otros cinco cubanos, prisioneros en cárceles estadounidenses. Estas últimas han contado con todos los recursos económicos, materiales, jurídicos y psicológicos. El gobierno se ha encargado de organizar la cruzada por ellas. El contraste se produce sin disimulos, estridente, impúdico: el periódico Granma del miércoles 12 de diciembre, solo veinticuatro horas después de publicado el desafortunado artículo de Pedro de la Hoz, cedía nuevamente su lugar principal de la primera plana a Deisy Francis Medidor, esta vez para defender el derecho de visita de las esposas de los Cinco, apoyadas éstas por una Comisión Internacional de “más de 100 personalidades de 27 países…”.

Ante todo esto, resulta dudoso que la firma de nuevos acuerdos en materia de derechos humanos pueda representar realmente el libre ejercicio de esos derechos. No mientras los hechos desmientan el discurso. No mientras la prensa oficial arroje arena sobre los ojos de sus lectores, tergiversando la realidad. No mientras se legitime el derecho de unos cubanos en detrimento del de otros. No mientras algún grupo de mujeres dependa de la gracia de aceptación de una ideología en el poder para aspirar a la justicia y a la reunificación de sus familias.



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Miriam Celaya González
La Habana, 1959
Licenciada en Historia del Arte
Miembro del Consejo de redacción de la Revista Digital Consenso



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