| 01. | ¡Aquí todo se puede! Entrevista con Lino Tomasén por Eugenio Leal |
| 02. | Un golpe del Sur y otro del Norte Dimas Castellanos |
| 03. | Testigo no presencial Reinaldo Escobar |
| 04. | Otra vez en octubre Consejo de Redacción |
| 05. | Grupos electrógenos y contaminación ambiental Irene Hernández |
| 06. | Mucho ruido y pocas nueces Argelio M. Guerra Aliaga |
| 07. | Los coqueteos del caimán con el dragón Ana López |
| 08. | Por encima de la opinión del pueblo nunca Félix Sautié Mederos |
| 09. | La Masonería en Cuba
Gustavo E. Pardo Valdés |
| 10. | El padre Varela
Gerardo Martí |
| 11. | Funámbula José Prats Sariol |
| 12. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Brinwashing de César Leal |
Estaba dispuesto a decirlo todo, porque creía que quienes profesan fe a lo esencial obtienen el derecho a dudar y a quejarse de aquello que no lo es. Pensaba que cuando un proceso histórico pide como condición a sus ejecutantes la disposición a entregar la vida, contrae con ellos la obligación de permitirles dar una opinión sobre su curso, a cuestionar su origen, a redefinir sus métodos, a elegir los derroteros y a vislumbrar su destino. Traducía su fe en el sinónimo “confianza” y reclamaba reciprocidad. Pedía que no se esperara de él que usara el sentido del oído sólo para escuchar órdenes, sino que se le permitiera, se le exigiera, usar la cabeza para pensar y el don de la palabra para expresar lo pensado, y decirlo sin dobleces ni subterfugios, abiertamente, como entre hermanos. Que no se esperara de él que tuviera madurez, pues esa era una habilidad de los cínicos; sino honestidad, que era la virtud de los honrados. Así pensaba, y así le hablaba a Fidel Castro, tratándolo de tú, cuando le decía:
—Tú eres nuestro padre, tú nos has enseñado a ser así -y casi sollozando- y ahora te toca aceptarnos como somos y darnos un espacio.
Fidel Castro no pudo contener una sonrisa cuando, acariciándose la barba, comentó ante el micrófono: “Muy conmovedor todo lo que dices”.
Pero Alexis apenas comenzaba su alocución, y fue entonces cuando hizo lo que, posteriormente, sería divulgado en tres versiones diferentes: En la primera, se contaba que llevándose la mano izquierda al pecho había dicho: “Permítame continuar” y que continuó su discurso, sollozante aún.
En la segunda, no sólo se había llevado la mano izquierda al corazón, sino que, mostrando la palma derecha en señal de alto, dijo: “No he terminado”, se recuperó y concluyó su discurso. En la tercera versión, Alexis mostró las dos palmas de sus manos, y en un tono enérgico dijo: “No me interrumpas”, pero entonces se atascó y el llanto no le permitió seguir hablando.
Lo cierto es que a causa de ese incidente impreciso, la reunión de los estudiantes de la Facultad de Periodismo con el Comandante en Jefe trascendió como una incalificable falta de respeto o como un inesperado gesto de rebeldía.
Después Fidel Castro habló como tres horas y la reunión concluyó más allá de la una de la madrugada.
Tuve la suerte de recibir en mi casa, a unas cuadras del Comité Central, a casi una decena de amigos, estudiantes de periodismo que me contaron todos los detalles que les he trasladado aquí. Recuerdo que cuando ya no les quedaba nada por decir les pedí que me relataran detalladamente los últimos minutos de aquel ya histórico encuentro. Se miraron en silencio como buscando la cara del que haría el cuento. Fue Ana Laura, que todavía sollozaba, la que me dijo: “Terminamos todos de pie, aplaudiendo”. (volver a la primera página...) <<
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