Consenso
Numero 9 de 2007 Numero 11 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. ¡Aquí todo se puede!
Entrevista con Lino Tomasén

por Eugenio Leal
02. Un golpe del Sur y otro del Norte
Dimas Castellanos
03. Testigo no presencial
Reinaldo Escobar
04. Otra vez en octubre
Consejo de Redacción
05. Grupos electrógenos y contaminación ambiental
Irene Hernández
06. Mucho ruido y pocas nueces
Argelio M. Guerra Aliaga
07. Los coqueteos del caimán con el dragón
Ana López
08. Por encima de la opinión del pueblo nunca
Félix Sautié Mederos
09. La Masonería en Cuba
Gustavo E. Pardo Valdés
10. El padre Varela
Gerardo Martí
11. Funámbula
José Prats Sariol
12. Humor
Carlitos
Ilustración de portada
Brinwashing de César Leal
Testigo no presencial
Reinaldo Escobar

A finales de octubre circuló en varios sitios de Internet el recordatorio de un hecho muy poco divulgado ocurrido hace 20 años: la reunión de los estudiantes de periodismo con Fidel Castro. Como tuve el privilegio de obtener un testimonio fresco de aquel acontecimiento y la perspicacia de tomar nota para no olvidarlo, aquí les desempolvo esta versión, con mínimos cambios para actualizarla, que tiene el mérito-defecto de haber sido redactada como hubiera intentado publicarla en esa época. Este testimonio no pretende ser el más completo ni el más exacto, pero quizás sirva a los que quieran conocer lo que pasó.

Todo comenzó a gestarse un ocho de septiembre, fecha en que los países socialistas celebraban el Día Internacional del Periodista conmemorando el asesinato de Julius Fucik, escritor y periodista checo, autor de “Reportaje al pie de la horca“. Para evocar la fecha, un grupo de teatro estrenó la obra  “La opinión pública”, en una función especial para los trabajadores de la prensa y los estudiantes de la Facultad de Periodismo. Aparecían reflejados en ella los problemas y relaciones interpersonales que se establecían en un diario, las intrigas, pasiones y mecanismos de censura que incidían en cada noticia. Las críticas elevaban su tono con la caricaturesca descripción de ciertos “personajes” que abundaban en el medio periodístico.

Al concluir la representación, los actores invitaron al público a comentar y debatir la obra. Sentados en las butacas estaban, desde dirigentes de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), reporteros de casi todos los órganos de prensa de la capital y estudiantes de la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana.

Como era de esperar la discusión comenzó por la obra y derivó hacia los problemas de la prensa en el país. Los estudiantes fueron los que hicieron los planteamientos más audaces, especialmente aquellos que estaban en el último año de la especialidad. Muchos coincidieron en tocar la ausencia de noticias sobre ciertos temas en la prensa nacional, el aire triunfalista de los titulares y el exceso de partidismo en las informaciones. Todo eso acompañado por una gran escasez de crítica en los medios de difusión.

El grado de disentimiento del grupo universitario fue tal, que el entonces Presidente de la UPEC, Julio García, se sintió en la obligación de hacer un informe sobre el estado de opinión predominante entre los estudiantes de la Facultad de Periodismo. El informe, dirigido a Carlos Aldana -entonces jefe del DOR- enumeraba los criterios de mayor divergencia con la línea oficial, daba los nombres de los más atrevidos y concluía con la recomendación de sostener un encuentro con esos jóvenes para “aclararles sus confusiones”.

Como era difícil mantener oculto algo así, un grupo de alumnos de periodismo fue prevenido del “encuentro” que se preparaba. La idea de tomar la iniciativa y adelantarse a los acontecimientos se materializó cuando, en una asamblea de la Federación Estudiantil Universitaria, los propios jóvenes solicitaron un encuentro con los dirigentes del Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) del Comité Central, para debatir inquietudes sobre el ejercicio de la profesión. Redactaron una carta breve y serena, y la entregaron a la sede del Comité Central.

El mismo día, casi a la misma hora en que la carta estaba siendo leída por Carlos Aldana, la Decana de la Facultad de Periodismo recibía al mensajero de la valija oficial del Partido, portador de las instrucciones por escrito para organizar un encuentro con el objetivo de “dilucidar dudas y orientar a los estudiantes por el camino correcto”.

Entre las instrucciones recibidas se les indicaba a los alumnos escribir de forma anónima sus preguntas. Luego elegirían una comisión para redactar con ellas un cuestionario definitivo. En total se elaboraron ochenta y dos preguntas, (otros dicen que fueron 96), donde se plasmaban, de forma sucinta, las cuestiones más conflictivas de la vida nacional.

La pregunta número doce cuestionaba por qué la prensa no reflejaba los avances científicos ocurridos en los países capitalistas mientras que nunca exponía las dificultades y tropiezos de los socialistas. La número veintiséis tocaba la ausencia de partes de guerra sobre las Misiones Internacionalistas y la pregunta setenta y ocho mencionaba explícitamente, el espinoso asunto del culto a la personalidad alrededor de la figura de Fidel Castro.

El cuestionario definitivo se hizo público un martes y la reunión se anunció para el jueves de la otra semana, en el Teatro de la Universidad, con la presencia de varios directores de periódicos y revistas, y dirigentes del más alto nivel del DOR. Eso quería decir que asistiría Carlos Aldana en persona.

El lunes notificaron que la reunión ya no sería en el sitio, ni en la fecha anunciada, sino el miércoles a las dos de la tarde, en el Salón de Actos del Comité Central. No estaría permitido llevar cámaras fotográficas ni grabadoras, ni bolsas, ni paquetes.

Cuando se descorrieron los telones del Salón de Actos del Comité Central, parecía como si un árbitro hubiera sonado un silbato para dar comienzo al gran juego final de un discutido campeonato. De un lado los 276 estudiantes de la Facultad de Periodismo con sus ochenta y dos preguntas; frente a ellos, sentados detrás de una larga mesa presidencial, los directores de los periódicos y revistas nacionales, el Presidente del Instituto de Radio y Televisión, el Segundo Secretario de la UJC, la Decana de la Facultad y, en el centro, Carlos Aldana. Sobre la mesa, junto a  él, un abultado portafolio, dos libros y un micrófono.
Como impulsados por un estímulo común, los estudiantes se pusieron de pie y aplaudieron. La presidencia en pleno se irguió y respondió con un aplauso discreto, cortés. Cuando Aldana tocó el micrófono se hizo un silencio total. (continúa...) >>


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