| 01. | ¡Aquí todo se puede! Entrevista con Lino Tomasén por Eugenio Leal |
| 02. | Un golpe del Sur y otro del Norte Dimas Castellanos |
| 03. | Testigo no presencial Reinaldo Escobar |
| 04. | Otra vez en octubre Consejo de Redacción |
| 05. | Grupos electrógenos y contaminación ambiental Irene Hernández |
| 06. | Mucho ruido y pocas nueces Argelio M. Guerra Aliaga |
| 07. | Los coqueteos del caimán con el dragón Ana López |
| 08. | Por encima de la opinión del pueblo nunca Félix Sautié Mederos |
| 09. | La Masonería en Cuba
Gustavo E. Pardo Valdés |
| 10. | El padre Varela
Gerardo Martí |
| 11. | Funámbula José Prats Sariol |
| 12. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Brinwashing de César Leal |
L
a rareza de los hombres extraordinarios –aquellos capaces de interpretar las necesidades sociales de su época, actuar desde una ética consagrada al bien de los demás, convertirse en protagonista de los cambios y ser precursores– es tal que, de forma similar a las carreras de relevos, algunas veces el nacimiento de uno no ocurre hasta la muerte de otro; y es que la entrega y la dignidad necesarias para ser realmente un hombre de esa índole entorpece su coexistencia. El año 1853 en que nació José Martí fue el mismo en que murió Félix Varela, cuyo protagonismo tuvo lugar en el período de auge de la plantación azucarera, del horroroso sistema esclavista y de la independencia de las colonias españolas de América; un período de nuestra historia donde los reclamos de participación política de los criollos se aproximaban a un punto crítico. Ese contexto condicionó los temas centrales a los que Varela se consagró y a los que se limita el presente trabajo.
Su formación
Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales nació en La Habana el 20 de noviembre de 1788. Tres años después, a causa del traslado de su padre y de su abuelo materno a San Agustín de la Florida , permaneció una década en territorio norteño, donde su educación, a cargo del padre Michael O' Reilly 1, tuvo una fuerte influencia en la formación de su personalidad, sus virtudes y su pensamiento.
A su regreso a La Habana , en el año 1801, Varela matriculó en el Seminario San Carlos y San Ambrosio y desde 1804, de forma simultánea, realizó estudios en la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo; centros en los cuales obtuvo el título de bachiller, luego el de licenciatura en Artes y el de bachiller en Teología. En 1810 fue ordenado diácono 2 y en 1811 sacerdote. En el Seminario conoció a José Agustín Caballero 3, quien ejerció una influencia significativa en relación a la escolástica, a la autonomía y al tratamiento humano de los esclavos. Allí, en el Seminario, obtuvo la cátedra de Latinidad en 1811, la de Filosofía en 1812 y la de Constitución en 1821. De sus relaciones con el obispo Espada 4, se alimentó con la ética humanista forjada bajo su influjo. El obispo sustentaba la tesis de que el enriquecimiento de las personas y de la sociedad debía basarse, ante todo, en los bienes espirituales. Apoyado en ese principio Varela optó así por la ética del ser, aquella que sitúa a la persona humana como fin y no como medio. La influencia del padre O' Reilly, Caballero y Espada explica los puntos de contacto y los de ruptura con ellos.
Baste recordar, a forma de merecido homenaje, que el padre Varela fue el primero que habló en Cuba de patria con el concepto abarcador de todo el territorio nacional, de pertenencia, de arraigo y de intereses; el que evolucionó desde la autonomía hasta ser el primero que fundamentara la necesidad de la independencia de España; el que se desplazó desde el buen trato a los esclavos hasta la eliminación de la trata negrera y la abolición de la esclavitud; el que eligió la educación como camino de la liberación, le trazó un rumbo propio al pensamiento cubano y se empeñó en enseñarnos a pensar; y el que introdujo la ética en los estudios científicos, sociales y políticos. Por todo ello José de la Luz y Caballero lo definió como “nuestro verdadero civilizador” y José Martí lo llamó “patriota entero”.
El derecho y la ética, fundamento y punto de partida
Resultado de la instauración en España de la Constitución liberal de 1812 y de su restitución en 1820 –considerada por Marx y Engels como “genuino y original florecimiento de la vida intelectual española”– se decidió establecer la cátedra de Constitución en el seminario San Carlos para enseñar virtudes cívicas . Con ella, l a historia constitucional de los derechos humanos, iniciada con la Carta Magna que los nobles ingleses impusieron a Juan Sin Tierra en 1215 y que había recibido un fuerte impulso en Europa y en América, tocó tierra cubana. Respondiendo a la solicitud y consejo del obispo Espada, la nueva institución fue ocupada por el padre Varela, quien en el discurso inaugural expresó: “ Yo llamaría a esta Cátedra, la cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales, de la regeneración de la ilustre España, la fuente de virtudes cívicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad, la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las leyes con la filosofía... la que contiene al fanático y déspota...”. Sin su labor en esa institución, no se puede entender el contenido y lo avanzado de los derechos recogidos, tanto en las constituciones mambisas como en las republicanas de 1901 y 1940, como tampoco se puede entender el retroceso sufrido en materia de derechos con las constituciones revolucionarias de 1976 y 1992. (continúa...) >>
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