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| Generación Y por Yoani Sánchez ![]() |
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| Desde aquí por el periodista Reinaldo Escobar ![]() |
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| Osvaldo Castillo Pintor ![]() |
| 01. | Lissette Bustamante: un compromiso con la verdad por Reinaldo Escobar |
| 02. | Alegato por el debate Dimas Castellanos |
| 03. | Polémica (I): Tener, mantener y desarrollar la confianza en el pueblo Félix Sautié Mederos |
| 04. | Polémica (II): Obedecer al pueblo Reinaldo Escobar |
| 05. | Debates en Cuba: elementos para un diagnóstico Miriam Celaya |
| 06. | La insoportable levedad del peso Ana López |
| 07. | Cuba, perturbaciones en el horizonte Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | Razones éticas o razones teológicas
Argelio M. Guerra Aliaga |
| 09. | Textos imborrables: El caso Mella |
| 10. | Figuras y hechos cardinales Tomás Romay Chacón Gerardo Martí |
| 11. | El mito, la primera metáfora de la poesía Luís Eligio Pérez M. Cafria |
| 12. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Graffiti de Omni-Zona Franca |
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La discusión pública del discurso pronunciado por Raúl Castro el pasado 26 de julio en Camagüey, está ocurriendo en todo el país con una mezcla de escepticismo, indiferencia y entusiasmo.
Este debió haber sido el tercer gran debate nacional, considerando como primero al realizado en la segunda mitad del año 1970, tras el fracaso de la zafra de los 10 millones y como segundo al que se llevó a cabo en 1991, en vísperas del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba. En los dos primeros casos la discusiones estuvieron precedidas de una amplia campaña apoyada por todos los medios de difusión y fueron interpretadas por la mayoría de la población como auténticas oportunidades para encontrar soluciones a los problemas más apremiantes.
En todos los núcleos del Partido, en las secciones sindicales de todos los centros de trabajo y en todos los Comités de Defensa de la Revolución se anunció que sería analizado el discurso de Raúl, pero, a diferencia de los debates anteriores, no se ha dado a la discusión la debida trascendencia. Cuando ya se habían realizado más de la mitad de las reuniones, Raúl Castro invitó a los ciudadanos a hablar “con valentía” en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de la forma correcta. Advirtió que no había que esperar que todo se fuera a solucionar de inmediato pues, dijo “no somos magos”, pero esto no lo declaró en una comparecencia especial, ni en una mesa redonda de la televisión, sino en una improvisada y no anunciada entrevista concedida a la prensa durante la despedida del presidente de Angola, que visitaba la isla.
El Granma, que es el órgano oficial del Partido, no le ha dedicado un Editorial al tema, ni siquiera la opinión de uno de sus columnistas; a los corresponsales extranjeros, acreditados oficialmente en Cuba, se les ha negado acceso a este evento; Fidel Castro publicó varias reflexiones durante los días en que se desarrollaba el proceso y en ellas ha ignorado el asunto, como si no tuviera importancia. En la clausura del acto por el 47 aniversario de los CDR, el dirigente designado para pronunciar el discurso apenas dedicó un par de líneas para mencionar que estaba sucediendo la discusión, pero sin resaltar su importancia y sin alentar la participación.
En medio de tanto desgano es natural que los más o menos escépticos no acudan al debate o que opten por el silencio y que justifiquen su conducta con expresiones tales como: “Total, para qué” “Esto es más de lo mismo” “No me voy a quemar por gusto” y otras frases por el estilo. Muchos, sin que les falte razón en ello, recuerdan que casi nada de lo que se planteó en las asambleas convocadas antes del IV Congreso tuvo después una repercusión concreta, con excepción de la aceptación de religiosos como militantes del partido, que parecía ser, además, una propuesta venida desde arriba.
No obstante todo lo anterior, el nivel de las reclamaciones aparecidas en las actuales discusiones parece estar más elevado que en ninguna otra ocasión. Más allá de la calidad del pan y de la inexactitud de las balanzas en los mercados de productos agrícolas, la gente ha planteado problemas medulares que en muchos casos llegan a ser auténticas discrepancias con la actual política del gobierno.
En el terreno económico, los planteamientos más comunes se refieren a la evidente incapacidad del salario para satisfacer las necesidades mínimas, mientras que otros demandan la ampliación del trabajo por cuenta propia, la aprobación de la pequeña empresa privada, una nueva Reforma Agraria que confisque la tierra improductiva al estado latifundista y se le entregue a campesinos particulares o a cooperativas, la terminación de la dualidad monetaria y una revalorización de la extensión de la propiedad estatal que favorezca la entrega a los trabajadores, en forma de cooperativa, de pequeñas y medianas empresas productivas y de servicios.
En el campo de los derechos se ha insistido mucho en abolir las medidas discriminatorias que impiden a los cubanos acceder a bienes y servicios que hoy son de uso exclusivo de extranjeros, así como la erradicación de las actuales restricciones migratorias que implican la existencia del humillante “permiso de salida” y el concepto mismo de “salida definitiva” con su secuela de confiscaciones.
Ha habido quejas sobre los sistemas de educación y de salud pública, que son pilares de enorme repercusión propagandística, cuestionándose la calidad de la enseñanza, en manos de maestros inexpertos y mal remunerados y la notable disminución de la proporción de médicos por habitantes, debida al masivo envío de profesionales de la salud a otros países.
No han estado ausentes los temas de carácter ético, especialmente los que se refieren a la doble moral, la corrupción, la indiferencia cívica y el escapismo.
Dos preguntas pueden ser planteadas sobre este proceso, la primera: ¿Por qué ha sido necesario hacer un llamado a ser valientes para que el pueblo exprese libremente sus opiniones? La segunda: ¿cuánto tiempo habrá que esperar para que las demandas populares sean, si no satisfechas, al menos atendidas en una instancia con capacidad para tomar decisiones?
Quizás sería bueno que opinar diferente dejara de ser peligroso, pero no por una ocasión especial, sino para siempre, así no sería necesario volver a movilizar la valentía ciudadana para que los gobernantes se enteren de los problemas. También sería recomendable que las quejas y peticiones recogidas en las actas de estas reuniones, fueran resumidas y publicadas de forma que a los oídos del pueblo llegue, en todas partes, lo que la voz del pueblo dijo en cada lugar. Además sería aconsejable que el Parlamento o un nuevo Congreso del Partido les diera pública respuesta a las demandas presentadas.