Revista Digital Consenso
Número 9 de 2007


Razones éticas o razones teológicas
Argelio M. Guerra Aliaga

Una aclaración necesaria.

En el marco de la presentación en el mes de junio, de la Tesis de Grado “Razones éticas para una teología cubana de liberación”, se abocaba la disyuntiva que da título al presente trabajo.

Dado que el objetivo trazado en la investigación era el de reflexionar sobre el quehacer teológico protestante desde la perspectiva ética, y replantear dicha propuesta teológica en clave de liberación, partiendo de la determinación y del rescate de los fundamentos éticos presentes en las bases históricas de los cimientos de nuestra nación, es que había concebido el título de la investigación como el más ajustado al objetivo propuesto.

Una segunda razón, no menos importante, se refería a la estrecha relación biunívoca entre ética y teología, esto es, responder a cuestiones como las siguientes pueden resultar esclarecedoras en este sentido ¿será legítimo escribir una teología seria desde posiciones de poder y conductas hipócritas y relativistas? o ¿qué debe sustentar una auténtica teología, sino una conducta ética adecuada? Si la reflexión teológica la asumimos como la actualización del mensaje de liberación ofrecido por Jesucristo para todo tiempo histórico, también para el nuestro, transmitido a través de una ética de vida de quien es Hijo y Palabra de Dios, entonces ética y teología son razones que se identifican y convergen de manera armónica en el mismo Camino de Aquel que es Verdad y Vida (Jn 14,6). El amor es el rostro de la iglesia y la ética el vehículo para mostrarlo, o deja de ser iglesia. Toda teología que pretenda construirse fuera del alcance de una coherente ética de vida sólo será puro fariseísmo y mera charlatanería religiosa.    

1. Encuentros y desencuentros de la teología cubana.

Para hablar de teología, a lo cubano, o más apropiadamente de un quehacer teológico en Cuba, tomado como la reflexión que desde la fe y el seguimiento de Jesús, rinde frutos de acción liberadora en la intrahistoria de un proceso determinado, tenemos que admitir la existencia de referentes de pensamiento teológico en diferentes momentos del desarrollo histórico de nuestra nación.

Período colonial (1511-1902)

Es hacia los finales del siglo XVIII y comienzos del XIX que se van a revelar las primicias de un pensamiento que desde la fe se proyecta sobre la realidad de la época. La cuna de este pensamiento será el Seminario de San Carlos y San Ambrosio de la entonces villa de San Cristóbal de La Habana. De entre sus predios el nombre de un estudiante va a descollar como la voz profética más destacada de su tiempo, la del presbítero Félix Varela y Morales, cuyas ideas, aunque de carácter patriótico y liberal, contienen un sólido basamento ético y teológico, pues se asientan en la centralidad de la persona humana, donde el "núcleo central de esa ética lo compone el fundamento de un real y auténtico cristianismo…" 1 . La preocupación en Varela parte de la indignación ante la degradación humana en el medio en que el hombre actúa, nace de la misma problemática social. Motivado en sus aspiraciones por crear una sociedad de hombres libres, la que identificará con aquella "en que los derechos individuales son respetados"2 , Varela se enfrasca en promover la abolición de la esclavitud, la incorporación de la mujer al estudio de las ciencias, la reforma al interior de la incipiente iglesia católica norteamericana, hechos que lo destacan, con razón para su tiempo, como un "precursor de la teología de la liberación"3 .    

La vida de Félix Varela nos revela un paradigma de discipulado cristiano, pues la forma en que va a asumir su fe constituye "una verdadera demostración de compromiso auténtico del cristiano con los destinos de su pueblo"4 .

Cabe destacar también en las postrimerías de este período la presencia de cubanos, quienes desde la vivencia de su fe y de una teología de compromiso con la independencia de Cuba se incorporaron a las gestas de liberación, tales son los casos del médico bautista Alberto J. Díaz, el episcopal Pedro Duarte, los metodistas Enrique Someillán, Manuel Deulofeu y el presbiteriano Evaristo Collazo.

Al calor del déspota colonialismo español se levantaba en nuestra tierra, con la prédica y práctica varelianas, la aurora de libertad que iluminaría los corazones de aquellos hombres que soñaron con una patria propia, desde el padre Carlos Manuel de Céspedes hasta el radiante nombre de José Martí.

Período republicano (1902-1958)

El andar teológico de esta etapa estuvo marcado, a tenor con la visión hegemónica y de carácter proselitista respecto a la misión evangélica de las llamadas "iglesias madres" de los Estados Unidos., por un divorcio de la práctica eclesial y la experiencia de la fe con referencia al contexto social de la época. La formación y la preparación de pastores se realizaban en seminarios norteamericanos, trasplantándose casi al papel carbón los ministerios con los patrones y presupuestos de la tradición anglosajona ajenos a nuestra realidad. En un estudio realizado durante estos años se reconocía que "…la educación teológica carece de cursos que preparen al candidato para los problemas y las necesidades del ambiente en el cual vive la población de Cuba (…) la iglesia evangélica todavía no se ha ajustado en programas, sostenimiento y dirección a las condiciones económicas y sociales de Cuba.5

Con idéntica visión se pronunciaban los representantes de las iglesias evangélicas en la consulta del año 1984, sobre el trabajo de las "iglesias madres" y el balance de su legado misionero. Se concluía en esa ocasión que "la falta de una identidad cultural con nuestro contexto hace del movimiento protestante trasplantado un fenómeno distante y alejado de la realidad del pueblo.6

No obstante lo anterior, frente al servilismo de los gobiernos de turno a las exigencias y la intromisión del gobierno de los Estados Unidos en diversos sectores de la vida de la isla, no faltaron hombres de fe que supieron oponerse a todo lastre de injusticia social y dejar una huella indeleble en la historia. Nombres como los de Frank País, José Antonio Echeverría, Oscar Lucero constituyen un ejemplo de ello.

Período revolucionario (1959-     )

Con la llegada de la década del 60 del pasado siglo, se enfrentaba la iglesia cubana al mayor reto de su historia. Primeramente la tradición pietista y literalista heredadas del movimiento misionero le impedían hacer frente a los cambios radicales en la vida social del país, que generaban y promovían de manera vertiginosa los líderes revolucionarios. Por otro lado, tener que convivir en un ambiente de agresión y hostilidad hacia lo religioso, dado por la abierta declaración del carácter ateo y materialista del proceso revolucionario, constituían verdaderas pruebas de fuego para la iglesia nacional.

En la medida que avanzaba la obra revolucionaria, comienza a articularse un tipo de reflexión teológica por parte de un grupo de pastores y líderes que habían rechazado la opción del exilio y continuar al lado del pueblo. Dicha propuesta básicamente consistía en "adecuar la conducta cristiana a una situación revolucionaria7, y replantear "la misión de la iglesia en una sociedad socialista"8, dado que la motivación inicial del proceso revolucionario se encaminaba en la dirección de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. No obstante a sostener el respaldo a tan elevados fines, se exhortaba a mantener el testimonio profético de la iglesia aún cuando corriere el riesgo de ser "confundida, menospreciada, atacada y perseguida"9 .

Durante todos estos años, con marcado énfasis a partir de la década de los 90 cuando la desaparición del bloque de países socialistas de centro y este de Europa puso al desnudo la vulnerabilidad del sistema económico cubano, la producción teológica revela la presencia de dos realidades fundamentales: la vivencia en las comunidades cristianas de una fe desmarcada de la realidad social y política del país, con introversión hacia el interior de los templos y al auxilio de echarle mano a la gracia divina sólo como garantía de salvación personal ante los aires de muerte del momento. La segunda realidad refleja la necesidad de nutrir con ingredientes éticos dicha reflexión teológica. Ambas realidades son las consecuencias, a nuestro modo de ver, de la ausencia de un dinámico y saludable testimonio profético, distinción propia del discípulo de Cristo para cualquier tiempo y lugar, también para esta hora de Cuba, en su co-misión de anunciador y constructor del Reino de Dios en nuestra tierra. La apagada voz profética de la iglesia y el silencio ante las ansias del pueblo, la falta de propuestas referidas a la orientación ética con la finalidad de promover la reconciliación y la concertación del diálogo entre los diferentes sectores de la sociedad y la paulatina asimilación acrítica del proceso revolucionario sin propuestas alternativas con vistas, no a su desaparición, sino a su mejoramiento y perfección, son signos que acompañan nuestra realidad, a la vez que se presentan como pesadas cargas que gravitan sobre la espalda de la teología cubana actual y que se hace necesario oxigenar con los aires de libertad con que sopla el Espíritu de Dios, si se pretende mostrar al pueblo y a la iglesia que vive en Cuba un mensaje actualizado y coherente con la Palabra de su Señor.

2. Aportes de la teología latinoamericana de la liberación.

En fecha tan temprana como 1971, el quehacer teológico se orientaba rumbo "hacia una teología de la liberación"10 , asumiéndose el contenido ideológico del proceso revolucionario como el elemento mediante el cual se alcanzaba el verdadero momento de redención y liberación, para ello, todo lo que había que hacer era adecuar teológicamente dicho proceso como el camino para conseguir el Reino de Dios en nuestra tierra. Con el decursar del tiempo se va haciendo más marcada la necesidad de liberar a la teología de prejuicios, dogmatismos y verdades subjetivas, para lo cual se propone "partir de una teología de la liberación en un contexto de revolución"11 , esta vez con un mayor enfoque en el contenido del mensaje de redención del evangelio, observando la realidad con los ojos críticos de la fe y verificar lo que ella tiene que ver con el Reino de Dios. Debemos cuestionarnos si la manera de comprender el Reino de Dios no es espiritualista y desencarnada de la realidad, o sacralizando la política como si este Reino pudiera ser agotado en la construcción de la sociedad socialista.

En este sentido cobra relieve la dinámica liberadora de la teología latinoamericana. Con una base mística en el encuentro con el Dios vivo, el padre de nuestro Señor Jesucristo, y que pasa por el encuentro con nuestra/o hermana/o que reclaman un espacio para ser escuchados y para que sean tomadas en cuenta sus inquietudes, y con una esperanza, que es la liberación integral del pecado y de las estructuras sociopolíticas que cobran hoy un nuevo rostro de dominación, la teología latinoamericana de la liberación se presenta como paradigma de otras teologías contextuales del continente, también de la cubana.

A la teología latinoamericana le tomamos prestado la mística espiritual de liberación, esto es, contemplación-confrontación con la realidad-acción, pues nosotros tenemos nuestras propias motivaciones. El criterio metodológico de nuestro análisis no parte de los presupuestos de las ciencias sociales, sino de la apoyatura ética como imperativo absoluto sobre la cual descansa la dignidad de la persona humana. Sólo la/el hermana/o vinculada/o a la vida de la iglesia que se enfrenta a los avatares de las condiciones de vida diaria en Cuba podrá comprender la pertinencia de una teología cubana de liberación.

3. Aportes éticos para una teología cubana de liberación.

En 1999, en el marco del Tercer encuentro sobre la Misión, cuyo tema central se enmarcaría en la necesidad y el desarrollo de una ética misionera para el siglo XXI, se destacaba entre las recomendaciones para el nuevo esquema de la misión de la iglesia, el de propiciar “proyectos liberadores de efecto multiplicador”, y en esta perspectiva se subrayaba que “en esta inmensa armonía de liberación tienen que cantar todas las voces”12 .

Como parte de este gran coro de voces y con la motivación de contribuir en alguna medida al rearme ético del actual quehacer teológico, considero menester incorporar a dicha reflexión, los presupuestos para una ética de justicia, de compromiso y de solidaridad, los cuales constituyen desafíos en esta hora a la responsabilidad y la vida de los que de alguna manera estamos encargados de ser "luz de este mundo y sal de esta tierra" (Mt 5,13-14).

La ética de justicia. Asegurar que todos y todas quepamos a la mesa.

La opción ética para impartir la justicia, tomada como el arte de procurar el bien de todos y todas en el ejercicio de sus derechos, tiene sus raíces en la misma naturaleza humana, en tanto imagen y semejanza de Dios, dado que es la justicia la virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece.

Desde la perspectiva bíblica, el Dr. Rafael Cepeda ha planteado que "la práctica de la justicia, en la Biblia, implica el ejercicio de derechos"13 . (Salmo 89,14; Prob 16,8). La ética de justicia se inspira en una correcta relación entre todos y todas, y cuyo efecto más tangible es la paz (Isaías 32,17). Esta disposición ética se funda en buscar primero el Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33), lo que implica desear el encuentro con Jesucristo y movido por el amor dar a cada uno lo suyo.

La ética de justicia adecuada para Cuba hoy será aquella que contenga en sí la promoción y respeto de los derechos de la persona como condición para su liberación integral.

La ética del compromiso. Asegurar nuestras conquistas y conciencia nacional.

Una primera visión ha de orientarse al compromiso de retener el pensamiento y las raíces patrióticas de nuestros próceres. Concebir a Cuba fue el gran ideal por el que se derramó sangre en esta tierra. En esta hora de acechos y peligros para Cuba no estaría de más recordar que fue el amor el vínculo altruista que brotó del pecho de aquellos hombres, desde Varela hasta Martí, para fundar una tierra propia y que debieran ser objetos de veneración y respeto por todos los cubanos y cubanas.

La segunda visión ética debería centrarse en el compromiso de enseñar al pueblo a hacer teología. En este sentido desempeña un papel fundamental la educación teológica. Dadas las especiales características de nuestro sistema educacional, la enseñanza bíblica y teológica se encuentra limitada a muy pocos espacios. Uno de ellos es el Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos "Rafael Cepeda Clemente", más conocido por el ISEBIT. Concebido en 1995 con el objetivo, entre otros, de "formar conciencia de las grandes necesidades espirituales y materiales de la sociedad y proveer recursos teológicos que respondan a estos desafíos"14, el ISEBIT no ha podido trazar las coordenadas para cumplimentar dicho propósito inicial, pues después de 10 años de vida se reconoce la necesidad de "enseñar al pueblo a hacer teología. Que esta deje de ser una función de clérigos para que se convierta también en una teología para y del laicado"15 .

Pienso que el ISEBIT es una magnífica propuesta cultural que aspira a ser un espacio ecuménico para el ejercicio de la ética. Considero que entre las claves para comenzar a andar el camino del compromiso ético de enseñar al pueblo a hacer teología, podrían proponerse: concebir un particular y propio código de ética del ISEBIT, profundizar en el estudio de los textos bíblicos y su relación hermenéutica desde nuestro contexto y proveer el instrumental metodológico ético y cívico para responder a los desafíos del tiempo presente y futuro de la realidad cubana. Con un excelente claustro de profesores de elevado nivel académico, el ISEBIT tiene mucho que aportar.

La ética de solidaridad. Asegurar la unidad en la diferencia.

La ética solidaria se asienta en la creencia de un Dios encarnado que se humaniza y entra en contacto con la alegría de unos y con el dolor de otros, y en la disposición humana que tiende al bien personal y comunitario donde salimos de nosotros mismos y vamos al encuentro con el otro, dando un rostro más humano a nuestras vidas.

La reflexión teológica debe promover una práctica solidaria que reemplace al individualismo y la solidaridad grupal expresada en aquellas actitudes “solidarias” sólo con los que piensan y actúan de la misma manera. Es cierto que somos un pueblo instruido y hospitalario, pero también tendemos a ser “solidarios” sólo con aquellos que creen y piensan en lo que nosotros creemos y en lo que nosotros pensamos, socavándose la confianza y obstaculizándose relaciones transparentes y auténticas entre los cubanos y las cubanas, todo lo cual pone al desnudo un analfabetismo ético en muchas de nuestras prácticas solidarias.

La solidaridad practicada desde la dimensión ética nos lleva a mirar a la persona en cuanto Ser  y no a los elementos contingentes que la rodean; es apostar, como el buen samaritano, a tender la mano al que de ella necesita, incluso al que se nos presenta como posible enemigo. En esta dirección el apoyo solidario será levadura para fomentar relaciones de comprensión y convivencia en armonía, garantía de paz y unidad nacional en el respeto y reconocimiento a las diferencias como expresión de la realización del sueño “imposible” del Reino.

La otra área del compromiso solidario debe proyectarse al interior de la iglesia desde la cosmovisión ecuménica como puente para cultivar relaciones fraternas en el camino hacia el encuentro con “el origen común, con el Padre Único”16 , debemos buscar el marco cada vez más amplio para el acercamiento y la colaboración entre las distintas confesiones cristianas y no cristianas.

Ante la actual imagen de una “disminución del movimiento ecuménico a nivel institucional” (16), se impone un examen de conciencia eclesial que revele cuan apartados podemos estar de los  propósito de nuestro Señor.

4. A modo de conclusiones.

1. Es destacable el compromiso y la motivación de los hombres de la cuna primigenia del Seminario de San Carlos y San Ambrosio por crear una sociedad con un alto trasfondo ético, tradición que será heredada por las luminarias posteriores gestoras de las guerras de independencia.

2. En la primera mitad del siglo XX estará ausente en la mayoría de los predios eclesiales y teológicos protestantes la promoción de un marco de referencia ético con incursión en la vida social de la época.

3. La reflexión del período revolucionario se ha orientado hacia la interpretación teológica de dicho proceso, haciéndose eco de los beneficios del proyecto social cubano, no obstante es ineficaz en el tratamiento profético y sistemático de la vida de la iglesia y de la sociedad.

4. Se hace necesario recuperar las bases históricas de la tradición del pensamiento ético como claves de liberación para la reflexión teológica actual.

Si como hace 30 años se pensó en una teología de la liberación, hoy también es posible, con el concurso de otros hermanos y hermanas, dar cuerpo autónomo a la teología desde Cuba que piensa la liberación a partir de la ruptura epistemológica que establezca un nuevo discurso, un discurso libre. Creo que es la primera liberación a encarar por nuestra teología cubana. Confío que a partir de bases epistemológicas propias podremos ser más coherentes y entrar en diálogo maduro con nuestro particular contexto.

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* El presente artículo es una síntesis de la Tesis de Grado del autor titulada “Razones éticas para una teología cubana de liberación” presentada en el Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos “Rafael Cepeda Clemente”, en el mes de junio de 2007.
1 Torres Cuevas, Eduardo en "Félix Varela. Obras". Tomo I. Edit. Cultura Popular. La Habana 1977. Introducción. Pág. XXXV.
2   Ibidem. Pág. 18.
3 Ibarra Cuesta, Jorge. Varela, el precursor. Un estudio de época. Edit. C. Sociales. La Habana 2004. Pág. 50.
4 Torres Cuevas, Eduardo. O. Cit. Pág. XLIII.
5 Davis Merle J. "La iglesia cubana en una economía azucarera. Un estudio de la base económica y social de la iglesia evangélica en Cuba". 1941. Págs. 15-17.
6 Cepeda, Rafael. "La herencia misionera en Cuba". Edit. DEI. Costa Rica 1986.
7 Tema presentado al Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC) por el Dr. Rafael Cepeda en 1965.
8 Tema presentado al Concilio de Iglesias Evangélicas por el Dr. Sergio Arce en 1965.
9 Cepeda, Rafael. "Vivir el Evangelio. Reflexiones y Experiencias"¨. Edit. Caminos. La Habana 2003. Pág. 22.
10 Arce, Sergio. "Un pensamiento teológico revolucionario". Edit. CECIC. Pág. 45.
11 Conde, José. "Kairós para una educación teológica alternativa en Cuba" en Revista Caminos No.4, 1996. Pág. 14.
12 Cepeda, Rafael. O. Cit. Pág. 153.
13 Cepeda, Rafael. "José Marti. Perspectivas éticas de la fe cristiana". Edit. DEI. Costa Rica 1991. Pág. 182.
14 Revista INDEX. Mayo 2006. Pág. 13.
15 Revista Espacio Laical. Año 3. No.1. 2007. Pág. 5.
16 Ibidem. Pág. 45.


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Argelio M. Guerra Aliaga
Ingeniero Eléctrico y Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos


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