
L a entrevista dada por Pedro Monreal a Edmundo García del programa “La noche se mueve", llama a reflexionar sobre las limitaciones del actual orden de cosas en la economía cubana. La falta de productividad, las limitaciones a la innovación, el centralismo excesivo y la dualidad monetaria, son algunos de los temas abordados –con mesura y honestidad- por este economista cubano. La evidente urgencia con que deben producirse los cambios estructurales que hagan producir la tierra, parecen ser la base de los cambios económicos, que inevitablemente traerán consigo reajustes políticos.
Dentro de los temas tratados por Monreal aparece el de la convivencia monetaria del peso convertible y el peso cubano. Según opina:
(…) la coexistencia de dos monedas es un desastre económico, es uno de los peores disparates que pueden existir. En Cuba se hizo por un problema de presiones que no podían, aparentemente, resolverse de otra manera, pero eso tenía que haberse resuelto hace rato ya, existe desde hace mucho tiempo una identificación por parte del gobierno cubano de que eso había que resolverlo, que es insostenible y que tenía que ser resuelto. ¿Cuál es el elemento que impide esa corrección que todo el mundo entiende que es necesaria?, el elemento que lo impide es la falta de productividad de la economía estatal cubana si la economía estatal que es la que respalda esa moneda es improductiva, jamás podrá resolverse el problema de unificar la moneda hacia el sentido de divisa de la moneda cubana.
Con palabras menos académicas y sin los conceptos económicos que respaldan los criterios de Monreal, los cubanos comprueban en el día a día los inconvenientes de la dualidad monetaria. Su eliminación es una de las exigencias más planteadas en los actuales debates que se desarrollan en los centros trabajos y los barrios.
¿Llegó la dualidad monetaria para quedarse? ¿Tiene el gobierno la capacidad económica de eliminar dicha dualidad? ¿Puede revertirse el costo social de haber convivido casi quince años con dos monedas? Son algunas de las preguntas que, sobre ese tema, se escuchan. Sin embargo, tienen la entonación de las interrogantes retóricas. Están cargadas del escepticismo de los que saben que el maridaje entre la moneda convertible y el devaluado peso cubano, es sólo la superficie más visible de una economía que se tambalea y es incapaz de avanzar sin apoyo.
La actual dualidad monetaria comenzó en 1993, cuando el 13 de agosto –fecha que coincidió con el cumpleaños de Fidel Castro- se promulgó una regulación que despenalizó la tenencia de divisas para personas naturales. En esos momentos la economía cubana había tocado fondo y la parcial dolarización de la economía, el permiso a ejercer trabajos por cuenta propia, la autorización de mercados agropecuarios y la apertura a inversiones extranjeras, fueron las válvulas de escape a una situación económica y social a punto de estallar. La dolarización se extendió rápidamente por todo el país tanto en el sector privado como empresarial.
En lo social, las diferencias se dispararon, fundamentalmente entre el poder adquisitivo de quienes tenían acceso a la moneda convertible, ya fuese a través de las remesas familiares, el contacto con el turismo o el mercado informal. Mientras que en el sector empresarial surgieron –o se transformaron- empresas que comenzaron a operar directamente en dólares norteamericanos, en contraste con otras que siguieron haciéndolo en pesos cubanos, que por lo general se encontraban vinculadas al sector presupuestado de la economía y dependientes de asignaciones o decisiones centralizadas.
¿Cuáles fueron las causas principales que propiciaron la instauración de la dualidad monetaria?
Evolución de la relación del peso convertible y el dólar
Durante diez años el dólar, conocido popularmente como “fula”, compartió junto al peso cubano el escenario monetario cubano. Así hasta que en el 2003 comenzó una política de reemplazo de la moneda norteamericana por el peso convertible. En la actualidad la casi totalidad de las transacciones monetarias internas se realizan en pesos cubanos y pesos convertibles. En julio de 2003 pasaron a operar, sólo en pesos convertibles, las cuentas bancarias de las empresas e instituciones que hasta ese momento habían hecho sus transacciones en dólares. Un año después, en octubre de 2004 esto se extendió a las tiendas minoristas, que convirtieron sus precios a pesos convertibles. Se especula que entre 600 y 800 millones de dólares pudieron haber sido cambiados en pesos convertibles o pesos cubanos a finales del año 2004, cuando se eliminó el dólar de la circulación.
El Banco Central de Cuba determinó que el peso convertible, aparecido en el año 1994, tuviera una tasa de cambio con relación al dólar estadounidense de 1 x 1, la que se mantuvo durante 11 años. En marzo de 2005 se revaluó el precio del peso convertible cubano en relación al dólar norteamericano en un 8%. Esta reevaluación se unió al gravamen del 10% que se le impuso a esa moneda en las cajas de cambio, lo que trajo como consecuencia una notable disminución del monto total de las remesas que llegaban a las manos de los cubanos.
Por ejemplo, una familia que cada mes recibía 100.00 dólares de un pariente en Miami, después de la reevaluación del USD pasó a tener la cantidad de 80.00 pesos convertibles. Los precios de los productos en el mercado minorista no experimentaron una reducción, sino todo lo contrario, algunos aumentaron cerca de un 20 % lo que comprimió el poder adquisitivo de esa misma familia.
También hay que añadir que la actual cotización del dólar frente al peso convertible y de otras monedas como el euro, la libra esterlina y el dólar canadiense en relación con el CUC, han funcionado como motivo desestimulador del turismo hacia Cuba, que encuentra en otros destinos opciones más económicas y canjes más favorables para su moneda.
Evolución de la relación del peso cubano y el peso convertible
La relación de estas dos monedas estuvo durante muchos años marcada por la tasa de cambio existente entre el dólar y el peso cubano, al ser el peso convertible un sucedáneo o moneda fantasma que copiaba al dólar en su valor y poder de cambio. En el argot popular los pesos convertibles son denominados “chavitos” y a veces incluso se le llama “dólar de mentirita”, lo cual evidencia la poca personalidad monetaria que lo caracterizó mientras el USD circuló dentro de la isla. Justo en esos años de la convivencia del peso convertible y el dólar era común que las personas rechazaran recibir el vuelto de su pago en CUC, exigiendo que se les devolviera en la misma “moneda fuerte” con la que habían pagado.
Desde el 2001 la cotización entre la moneda convertible –llámese peso convertible o dólar- y el peso cubano era de 26 pesos por dólar o por cuc. Relación esta que cambió en el 2005 cuando se instauró el actual precio de venta de 1 cuc por 24 pesos moneda nacional, y de compra de 1 cuc por 25 pesos moneda nacional.
El costo social y político de la dualidad monetaria
El modelo económico, apoyado en la dualidad monetaria ha provocado divisiones económicas a nivel social y empresarial. Ha sido precisamente en la sociedad donde se han expresado de manera más dolorosa y con un costo político más elevado. Con la crisis que trajo el derrumbe del campo socialista, los cubanos vieron desarticularse una buena parte de los servicios subsidiados a la par que emergió un grupo de “nuevos ricos” apoyados por su cercanía con la moneda convertible.El discurso oficial de una sociedad diseñada para los trabajadores y basada en el mérito laboral y político como fuente de acceso a ciertas comodidades y privilegios, dejó de funcionar. La gente comprobó que el bienestar no llegaba después de una jornada laboral productiva, sino con el restablecimiento de los vínculos familiares con los emigrados o con la realización de actividades productivas o de servicios, relacionadas con el turismo.
Actualmente resultan muy marcadas las diferencias entre quienes tienen acceso a remesas u otras fuentes de moneda convertible, y aquellos que deben ingeniárselas fundamentalmente con el peso cubano. El ejemplo que emanan estos “hombres de éxito” representados por gerentes, intelectuales que viajan frecuentemente, personal que trabaja directamente vinculado al turismo, e incluso, los actores del “mercado informal”, resulta políticamente muy negativo. Son ellos un modelo de desarrollo pequeño burgués que la mayoría trata de imitar a medida que se alejan más de los patrones de “buena conducta” ideológica que la propaganda oficial difunde.
¿La eliminación de la dualidad monetaria pondría fin a las desigualdades sociales?
Algunos economistas plantean que el origen de las actuales diferencias sociales que marcan a la población cubana no está dado por la moneda sino por el origen de los ingresos, sea cual sea la moneda en la que se materialicen. Esta tesis es apoyada por el hecho de que incluso después de haber sido desplazado el dólar y en su lugar mantenerse el peso convertible, las diferencias sociales continúan. Incluso trabajadores cuentapropistas que reciben todas sus entradas en pesos cubanos, ostentan un nivel de vida más alto que familias que reciben pequeñas remesas del extranjero. Por tanto es muy probable que las desigualdades se mantengan cuando se intente sustituir al peso convertible por el peso cubano o viceversa.
En el año 2000 en entrevista concedida por el ministro de economía José Luís Rodríguez al “Economista online” afirmaba:
“Tenemos una dualidad monetaria que se irá modificando gradualmente mediante ajustes también en la tasa de cambio. Para dar ese paso, hay que tener determinadas condiciones, incluso culturales y, por supuesto, económicas, contar con un determinado fondo de reserva, y otras que permitan ir teniendo recursos para compensar ese proceso de ajuste que tiene un determinado costo. No es un proceso al que uno se puede lanzar sin las mínimas condiciones para luego ver qué pasa. Todos reconocen que es necesario pero cuándo asumirlo, en qué condiciones y con qué variantes, depende de que estén esas condiciones creadas.”
Pasados siete años de ese planteamiento la dualidad monetaria sigue siendo un dolor de cabeza para los economistas cubanos. Aún se necesita transitar por la operación de cambiar parte de los salarios y con los pesos convertibles resultantes comprar muchos de los productos básicos (jabón, aceite, detergente, etcétera). A pesar de que las CADECAS abundan y normalmente el servicio es rápido y eficiente, el trámite del cambio ralentiza la fluidez monetaria y crea la sensación de que la moneda recibida a través de los salarios es más bien “dinero de juguete” que sólo logra obtener valor cuando se canjea por el peso convertible.
¿Pueden en estos momentos las autoridades cubanas unificar la moneda?
Si el método de unificación monetaria se hiciera con la mera transformación de los actuales precios en pesos convertibles a su equivalente en pesos cubanos, por el simple cálculo de multiplicar la actual tasa de cambio (1 cuc igual a 24 pesos cubanos), aparecerían aberraciones demasiado notables en el sistema de precios. Por ejemplo un litro de aceite, que cuesta en la actualidad 1,90 cuc ostentaría el precio de 45,60 pesos cubanos, resultando más evidente entonces el poco alcance real del salario mínimo, valorado en 250 pesos cubanos.
No está en manos de las autoridades monetarias del país manejar la tasa de cambio del peso convertible y el peso cubano que actualmente exhiben CADECA, no se trata en este caso de algo que dependa de una decisión política, sino que está determinado por factores económicos que se expresan en la competitividad de la economía cubana, su capacidad para sustituir importaciones y los ingresos resultantes de las exportaciones.
El otro camino posible para acercar a la economía cubana a la unificación monetaria sería el incremento paulatino de los salarios y aumentar el poder adquisitivo de las familias que dependen –casi de forma exclusiva- de las entradas provenientes de pensiones y salarios, en contraposición a los que reciben su sustento de las remesas, mercado informal (o mercado negro) y negocios cuentapropistas. Eso fue lo que se intentó con el último aumento salarial que se quedó muy limitado cuando coincidió con una crecida de los precios de la electricidad, el transporte interprovincial y el paulatino aumento de los precios en el mercado en pesos convertibles y en el agropecuario.
Lamentablemente no se pueden esperar soluciones inmediatas a este problema. Al menos no con la velocidad que la población necesita. La dualidad monetaria, que una vez se constituyó en apoyo para salir de la crisis económica, resulta ahora un “mal necesario” que no puede extirparse sin el correspondiente trauma social. La no eliminación de esa dualidad monetaria muestra, mejor que cualquier inflada cifra de crecimiento económico, el verdadero estado de las finanzas nacionales y el real alcance de las exportaciones y de la productividad cubana.