| 01. | Lissette Bustamante: un compromiso con la verdad por Reinaldo Escobar |
| 02. | Alegato por el debate Dimas Castellanos |
| 03. | Polémica (I): Tener, mantener y desarrollar la confianza en el pueblo Félix Sautié Mederos |
| 04. | Polémica (II): Obedecer al pueblo Reinaldo Escobar |
| 05. | Debates en Cuba: elementos para un diagnóstico Miriam Celaya |
| 06. | La insoportable levedad del peso Ana López |
| 07. | Cuba, perturbaciones en el horizonte Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | Razones éticas o razones teológicas
Argelio M. Guerra Aliaga |
| 09. | Textos imborrables: El caso Mella |
| 10. | Figuras y hechos cardinales Tomás Romay Chacón Gerardo Martí |
| 11. | El mito, la primera metáfora de la poesía Luís Eligio Pérez M. Cafria |
| 12. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Graffiti de Omni-Zona Franca |
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Introducción
El debate público de ideas, institución cívica desaparecida del escenario cubano, ha resurgido en medio de una crisis estructural. Resultado de su prolongada ausencia, Cuba se encuentra en estado de estancamiento, mientras su reciente reaparición constituye una tenue esperanza y una irrefutable prueba del efecto negativo que ha tenido el intento de eliminar el debate de ideas de nuestro entorno.
El creciente volumen de ideas, que desde su surgimiento los seres humanos fueron adquiriendo de sí mismos y del medio natural, se desarrolló en contradicción con su forma de almacenamiento y diseminación. Efecto de las contradicciones entre el dinamismo del contenido y el conservadurismo de la forma, la socialización de las ideas transitó desde diversas manifestaciones prelingüísticas hasta el lenguaje articulado y la invención de la escritura, los cuales repercutieron en avances que van desde la invención de la rueda hasta el surgimiento de los rudimentos de las ciencias hasta que, junto a la imprenta y al libro impreso confluyeron en el nacimiento de la ciencia moderna. Posteriormente, la irrupción de la Revolución Científico-Técnica, unida al telégrafo, el teléfono, la prensa escrita, el cine, la radio y la televisión, le dieron un carácter democrático y masivo al empleo de las ideas, devenidas información, al convertirlas en necesidad insoslayable para la actividad de millones de seres humanos.
Resultado del proceso de convergencia entre el desarrollo tecnológico y científico de un lado y la democratización de las comunicaciones de otro, emergió en los países más desarrollados la sociedad de la información, una etapa del desarrollo social caracterizada por la conversión de la información en materia prima obligada de toda actividad humana.
El cambio
El movimiento, propiedad de todo organismo, vivo es indetenible. Milenios de desarrollo humano demuestran que todos los modelos y sistemas establecidos en los más disímiles lugares del planeta han cambiado. La intervención de los seres humanos, por muy geniales que hayan sido, aceleró o retrasó los cambios, los inclinó en una u otra dirección, pero nunca pudo detenerlos. Ello demuestra que el movimiento de la historia es absoluto y su comprensión es una útil herramienta para los que, en cualquier parte y época, luchan por las transformaciones sociales. Al respecto, Dagoberto Valdés en un editorial de la revista Vitral expresaba: “Intentar detener la historia y momificar la sociedad es, además de una ingenuidad, un peligroso juego con la vida personal y social”1
En Cuba, la necesidad de cambios es urgente. Las décadas de parálisis social han acumulado una montaña de problemas que reclaman solución. Entre los cubanos, aunque han enmascarado sus intereses, creencias y opiniones para sobrevivir, las manifestaciones de insatisfacción han estado presentes: El éxodo de cubanos hacia el exilio, que ha convertido a Cuba de país de inmigrantes a país de emigrantes, ha sido una constante desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy. La Operación Peter Pan y Camarioca, en la década de los 60; Mariel, en los 80 y la Base Naval de Guantánamo, en los 90, son sólo cuatro momentos picos de un prolongado proceso que tiene sus causas esenciales en factores internos. La corrupción generalizada, cuya fuente principal es la falta de correspondencia entre salario y jubilaciones de un lado y el costo de la vida del otro; así como las manifestaciones de violencia callejera, escenificadas en el verano del 2005, son ejemplos que demuestran lo apremiante de los cambios.
A diferencia de la naturaleza, donde los cambios pueden ocurrir o no espontáneamente, en la sociedad se realizan mediados por el intercambio de ideas, donde el asociacionismo se levanta como una condición para ese propósito. La sociedad civil, ese espacio de interrelación y convivencia de la diversidad de intereses, que por su autonomía e independencia respecto al Estado constituye uno de los instrumentos más valiosos de la modernidad para la participación ciudadana, al ser desactivada con el argumento de la “amenaza exterior” devino factor de inmovilismo y estancamiento social
Cambiar es transitar, es desplazarse de un lugar a otro, de un estado de cosas a otro. En ese sentido la afirmación en nuestro contexto de cambiar todo lo que deba ser cambiado, no puede entenderse de otra forma que no sea salir del estado de inmovilismo gubernamental y de estancamiento social en que nos encontramos. Y eso, queramos o no, es transición; un proceso inseparable de la dignidad humana, de la ética y de la libertad, en el cual todos los cubanos, intelectuales o no, revolucionarios o no; tienen que tener la oportunidad de pensar, expresar y difundir libremente sus ideas, es decir, de participar como sujetos activos. (continúa...) >>
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