| 01. | Lissette Bustamante: un compromiso con la verdad por Reinaldo Escobar |
| 02. | Alegato por el debate Dimas Castellanos |
| 03. | Polémica (I): Tener, mantener y desarrollar la confianza en el pueblo Félix Sautié Mederos |
| 04. | Polémica (II): Obedecer al pueblo Reinaldo Escobar |
| 05. | Debates en Cuba: elementos para un diagnóstico Miriam Celaya |
| 06. | La insoportable levedad del peso Ana López |
| 07. | Cuba, perturbaciones en el horizonte Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | Razones éticas o razones teológicas
Argelio M. Guerra Aliaga |
| 09. | Textos imborrables: El caso Mella |
| 10. | Figuras y hechos cardinales Tomás Romay Chacón Gerardo Martí |
| 11. | El mito, la primera metáfora de la poesía Luís Eligio Pérez M. Cafria |
| 12. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Graffiti de Omni-Zona Franca |
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¿Cuándo, cómo, por qué y para qué te hiciste periodista?
El periodismo ha sido para mí un estilo de vida, una forma de vivir una realidad muy compleja que incluye Cuba, España y otros lugares a los que he llegado por el ejercicio de esta fascinante profesión, una profesión comprometida si se intenta buscar en la realidad integral humana; si se respeta el derecho a la información, un derecho que en Cuba se ha violado constantemente. Es importante sentir la valentía, el ingenio, el compromiso, un gran sentido de la ética y tener libertad personal y profesional.
Cada periodista, por más objetivo que quiera ser, interpreta los acontecimientos a partir de la realidad, es decir de sus propios puntos de vista, sin que nadie pueda vanagloriarse de informar acerca de acontecimientos neutros y sin ideología. La forma que una tiene de trabajar como periodista guarda relación directa con la forma de ver la vida y su sistema de valores. También influye la línea editorial de cada medio, la cual el periodista debe respetar.
En este punto entiendo por ideología el conjunto de valores humanos que pone en juego el transmisor de la compleja realidad que transmite a través de los más diversos géneros. Ya sea narrador, periodista, cuentista, historiador, novelista o director de cine, los instrumentos que utiliza para su labor son humanos y como tales tienen una carga de ideología y de opción personal, ya sea en la narración de acontecimientos periodísticos que ocurrieron ayer o con respecto a hechos que discurrieron hace décadas o cientos de años.
A los 18 años comencé a trabajar para dos revistas militares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Primero como correctora de estilo y luego como periodista. En 1983 trabajaba en los servicios informativos de la televisión cubana y estudiaba en la Universidad de La Habana. Con mucho esfuerzo logré graduarme ese mismo año. En ese entonces creía en el proceso revolucionario, había abrazado la posibilidad de contribuir a la creación de una sociedad justa. Deseaba que el periodismo cubano uniera a la calle con el tiempo; lo inmediato con la capacidad para captarlo; el hecho noticioso y la necesidad de describirlo casi antes de que sucediera.
En mis labios una pregunta muy sencilla repito con frecuencia, ¿por qué?, una interrogante que ha provocado malestar en algunas de las tantas y tantas personas que he entrevistado, sobre todo entre políticos, militares y hombres de negocios.
Ha llovido mucho desde entonces y ya acumulo 50 años y cuando miro hacia atrás siento satisfacción y también dolor, mucho dolor. Cada día me aferro a aquella frase de Oriana Falacci: “La desobediencia hacia los prepotentes siempre la he considerado como el mejor modo de usar el milagro de haber nacido”.
No creo en que haya verdades absolutas. Cada cual tiene una manera de hacer periodismo y, lamentablemente, también en el periodismo hay mercenarios: gente que se lucra para tener réditos económicos. Y están los farsantes, de eso los cubanos saben bastante.
También hay periodistas comprometidos. El comprometerse va directamente ligado al periodismo en todo el sentido de la palabra; periodismo como una función social, con responsabilidad y con honestidad. Decir que los periodistas podemos hacer una aportación a la paz parece una postura utópica o ingenua. Yo no trabajo en un organismo de ayuda humanitaria. Cuando me refiero a la aportación a la paz, quiero decir que se debe enfrentar a los seres humanos a través del miedo y el desconocimiento. Cuando desconocen algo, lo temen y, a veces, incluso lo combaten.
¿Cómo confrontaste tus ilusiones de lo que debía ser tu profesión con la práctica directa en los medios cubanos?
¿Mis ilusiones? ¡Muchas! Era una veinteañera, que había crecido en un ambiente favorable al proceso revolucionario, una joven que pensaba que con esfuerzo y enfrentando los problemas se mejorarían las condiciones de vida y los errores en las estructuras del poder cubano que se evidenciaron durante la década de los años 80, sobre todo después de un II Congreso del PC cubano que no hizo más que reaprobar lo que se analizó en el primero. Más de lo mismo. En esa década, que comenzó con la crisis de las embajadas y la salida de 125.000 cubanos por el puerto del Mariel, ya los gritos de cambio se escuchaban en los ambientes intelectuales. Sin embargo, los oídos de Fidel Castro padecen de una sordera crónica para las críticas, aunque se sustenten en aquellas palabras que casi como una orden advierten: todo dentro de la revolución, nada fuera de ella. Fuimos muchos, incluso yo misma, quienes pensamos que las ventanas se abrirían poco a poco… algo así como sin prisas pero sin pausas… porque la falta de información alimenta el rumor y el desconcierto. Como mismo ocurre en estos momentos, hay situaciones, personas y sentimientos que están en la calle, que se miran, se palpan, sin embargo el periodista sigue siendo un trabajador ideológico, lo cual frena que sea un periodista de raza, convencido de su función social. Y el sentir que no cumplía plenamente con ese principio me atormentaba, pero con nadie me atrevía a hablarlo, aunque quien supo leer mis ojos, se enfrentaba al desencanto que me invadía de la misma forma en que fui teniendo más acceso a los altos niveles del poder cubano. (continúa...) >>
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