| 01. | Empujar los límites. Entrevista con Omni-Zona Franca Yoani Sánchez |
| 02. | La agricultura cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado Dimas Castellanos |
| 03. | Orden del día Reinaldo Escobar |
| 04. | ¿“Temas” en transición? Miriam Celaya |
| 05. | Cuba, opciones para un futuro digno Oscar Espinosa Chepe |
| 06. | Un abrazo fraternal Eugenio Leal |
| 07. | Eventos de agosto
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| 08. | Figuras y hechos cardinales José Agustín Caballero: reforma o ruptura Gerardo Martí |
| 09. | Sarría o el rey de las papas Orlando Hernández |
| 10. | Carta de un lector Un cubano igualmente preocupado |
| 11. | Una nueva polémica |
| 12. | Los Boys Scouts en Cuba Leopoldo E. Vázquez Gutiérrez |
| 13. | Cocina permacultural Miriam Cabrera |
| 14. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Bernardo Sarría |
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La pintura de Bernard --que es así, "a la francesa", como firma sus cuadros-- no pertenece por suerte a ese infamante tipo de arte con el que a menudo muchos artistas intentan ilustrar la "identidad", "las raíces", la "nacionalidad", y otros eslóganes populistas mediante imágenes de fácil y atractiva lectura, y donde las religiones afrocubanas son siempre el plato fuerte. Tampoco constituye un intento consciente por transgredir ninguno de los cánones artísticos de la contemporaneidad, aunque no los desconoce del todo, e incluso los disfruta y pudiera acaso contestarlos. En realidad Sarría no trata de circular en ninguna corriente o contracorriente de las muchas a las que podría adscribirse, y su obra corre más bien por cuenta propia, alimentándose de sus propios hallazgos y merodeando sencilla y desprejuiciadamente algunos rincones más o menos tópicos del viejo surrealismo, del expresionismo y de la abstracción geométrica, probablemente rescatados de reproducciones de libros y revistas. Sin descontar fuentes menos "elevadas" como el tatuaje, el humorismo gráfico, la decoración de vidrieras y sets televisivos, el diseño de productos industriales y todos los etcéteras -con más o menos prestigio-- que rodean y acosan a cualquier ser vidente normal. Sólo en muy pocas ocasiones su pintura frecuenta la más conocida y aceptada vertiente "ingenua" de la "pintura popular", (Bernard posee unas hermosas vistas del puerto con ensoñadoras casitas de caramelo dentro de ese "estilo" casi siempre efectivo pero a la larga demasiado blando que muchos denominan naïf, y que al mismo Ezequiel S.G., tan raro en sus gustos, le provocó un brillito de admiración en los ojos la primera vez que las vio, aunque fue realmente el ingenioso ventilador de Sarría --digno de la colección Ordo Amoris-- y las obras que enseguida comento, las que lograron ponerlo en éxtasis.)

La zona más interesante y personal de la obra de Bernardo, aquélla que no es tributaria de casi nada, o de muy poco, o donde las invenciones predominan sobre cualquier posible referencia, parece provenir de ese substrato recóndito de la mente que algunos llaman el subconsciente (caos informe donde sucede lo mejor y lo peor de nuestra existencia) y a cuyos abismos acude con frecuencia Bernardo en busca de motivos de inspiración. En la actualidad esta zona de su obra sólo se halla formada por un reducido grupo de cartulinas y telas donde tiene lugar la más extraña mezcla de ingredientes. Son verdaderos cuadros-engendros, de un hibridismo monstruoso, que en ocasiones lindan con lo escatológico, con lo soez, con lo vulgar, y que el pintor resuelve mediante la constante fusión e interpenetración de formas animales, vegetales y humanas que se agitan en una masa confusa de carácter onírico-erótico-religioso o algo así. Combinaciones que llegan a formar a veces una cabeza, o un cuerpo, y hacen pensar en un nuevo y atrevido Arcimboldo. (En una visita a mi casa, Bernardo me hace un breve bosquejo de uno de sus cuadros futuros: una figura con pies de hígados, brazos de intestinos, tórax de páncreas, cabeza de ojo..., cuya truculencia parece ser prometedora a juzgar por otras de sus obras en ese estilo).
De elementos como esos se halla formada la mejor pintura de Bernardo Sarría: lenguas, nalgas, falos, pelos, dientes afilados y ojos, siempre ojos, ojos de distintos colores, que te miran desde distintos ángulos, y que no siempre pertenecen a un rostro: ojos del Más Allá, el Ojo que Todo lo Ve, el ojo del Te Estoy Velando, y que Bernard tiene también pintado en la fachada de su casa para rechazar el vistazo maligno o indiscreto de los mirones. Todo esto lo hace alternar con cruces, cuchillos, garabatos, velas, objetos del culto santero (Bernardo está iniciado en Ocha y es hijo de Changó), flores, frutas, pájaros, soles, lunas, estrellas, y un sin fin de áreas y líneas fantasiosas de carácter ornamental, con las que crea un espacio muy fragmentado y de un colorido abigarrado y brillante, de un sensualismo agresivo y de altísima temperatura.

En dos palabras: estamos frente a un lenguaje misterioso y relativamente hermético; un pensamiento plástico cuyo simbolismo está lleno de las sutilezas y procacidades del hombre de la calle, con sus curiosas especulaciones éticas y filosóficas y su fuerte y original religiosidad, todo ello proveniente de una personalidad artística de "bajo consumo", sub-informada, solitaria, casi marginal, que ha necesitado muy poco del arsenal de la cultura artística profesional y que quizás por eso ha logrado salvarse de las contaminaciones y los mimetismos que aquejan a buena parte del arte de este tiempo. Un lenguaje de una belleza a ratos delicada, dulzona, pero casi siempre cruda, hiriente, visceral, sin autocensuras ortográficas, ni estilísticas, ni morales, ni estéticas: el "idioma Bernard", cuyo alfabeto estamos comenzando a deletrear en esta primera muestra pública.
Quizás un día, --y Dios me oiga-- lo que hoy sólo podemos ver como "rareza" debido a nuestra compartimentada y clasista sensibilidad, podrá ser disfrutada en el futuro con entera normalidad como uno de los tantos discursos del arte cubano contemporáneo, o mejor aún, del arte a secas. Muchos ya han empezado a hacerlo. Porque Bernardo está intentando hacer con su pintura ni más ni menos que lo que intentan todos los artistas: una jerga privada que le permita (y luego nos permita) olvidar la cháchara aburrida y trivial de todos los días, y una manera nueva y desconcertante de dar respuesta a las mismas preguntas de siempre ("Bernardo, ¿ya llegó la papa"? ). (volver a la primera página...) <<
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