Consenso
Numero 7 de 2007 Numero 9 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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indice

01. Empujar los límites. Entrevista con Omni-Zona Franca
Yoani Sánchez
02. La agricultura cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado
Dimas Castellanos
03. Orden del día
Reinaldo Escobar
04. ¿“Temas” en transición?
Miriam Celaya
05. Cuba, opciones para un futuro digno
Oscar Espinosa Chepe
06. Un abrazo fraternal
Eugenio Leal
07. Eventos de agosto
08. Figuras y hechos cardinales
José Agustín Caballero: reforma o ruptura

Gerardo Martí
09. Sarría o el rey de las papas
Orlando Hernández
10. Carta de un lector
Un cubano igualmente preocupado
11. Una nueva polémica
12. Los Boys Scouts en Cuba
Leopoldo E. Vázquez Gutiérrez
13. Cocina permacultural
Miriam Cabrera
14. Humor
Carlitos
Ilustración de portada
Bernardo Sarría
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Revista Digital Consenso
Número 8 de 2007
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Revista Digital Consenso
Número 8 de 2007
José Agustín Caballero: reforma o ruptura
Gerardo Martí


Pensar que los hombres de siglos pasados nada tienen que ver con el presente, es un craso error. El ayer y el hoy guardan una estrecha relación, pues la memoria histórica de los pueblos, además de recuerdo, constituye una valiosísima herramienta para la interpretación y actuación en el presente. Su ignorancia o menosprecio representa un insalvable obstáculo para enfrentar la actualidad sin correr el riesgo de repetir errores y desaprovechar aciertos. Esta tesis induce, sin calcarlos, a indagar en hechos y figuras del pasado que contienen claves de gran utilidad para las posibles salidas de la profunda crisis en que estamos inmersos. En ese sentido la vida y obra de José Agustín Caballero, salvando las lógicas diferencias entre épocas y condiciones, contiene un manantial de experiencias aprovechables para tal propósito.

El padre José Agustín Caballero y de la Barrera, filósofo y teólogo, el menor de 8 hermanos, nació en La Habana el 28 de agosto de 1762 en medio de la ocupación inglesa, y falleció con 73 años de edad, el 6 de abril de 1835. Educado en el Seminario San Carlos y San Ambrosio y en la Universidad de La Habana, obtuvo el grado de bachiller y de doctor en Teología; encabezó la cátedra de Filosofía en el Seminario; y desde 1804 hasta el final de su vida, ocupó en esa institución la cátedra de Sagrada Escritura y Teología Moral. La confluencia en su figura de conocimientos enciclopédicos, fina sensibilidad, conducta ética e ideas ilustradas, le permitieron, desde el catolicismo, enfrentar los prejuicios escolásticos que, enraizados en la mente de los hombres, servían de freno para el avance de la ciencia y la cultura. Por su obra se le considera, si no la primera, una de las principales piedras fundacionales de nuestra nacionalidad.

Caballero fue una de las ilustres figuras de nuestra historia y cultura que le tocó vivir y ser protagonista de la transición entre la factoría y la plantación azucarera, un tránsito que impulsado por diversas causas internas y externas, enfrentaba disímiles obstáculos. Con el apoyo del gobernador Don Luis de las Casas, a quien el propio Caballero llamaba “Pedro el Grande”, primero definió que la primera causa para salir del estado de estancamiento cultural de la colonia radicaba en las obsoletas formas de pensamiento, y una vez definida, enrumbó su actividad teórico-práctica en esa dirección, hasta devenir exponente de un pensamiento filosófico innovador que dio inicio a la reforma de la añeja filosofía medieval, proceso en el cual escribió en 1797 su Philosofia Electiva, que constituye la primera obra filosófica, el primer intento de adecuarse al pensamiento moderno y uno de los primeros esfuerzos por sistematizar los conocimientos filosóficos en la Isla.

En ausencia de un verdadero pensamiento independiente, Caballero comprendió la necesidad de un método de estudio encaminado a su instauración, pues el obstáculo principal para la creación y difusión de ese nuevo pensamiento, así como el avance de la ciencia, radicaba en los prejuicios escolásticos enraizados en la mente de los hombres. Por y para eso estructuró desde la lógica, la metafísica, la física y la ética su Philosofia Electiva, donde la lógica, como instrumento de conocimiento en todas las ciencias, ocupó el primer lugar.

La misión de Caballero de fundar una nueva corriente de pensamiento respondía a las necesidades reales de la sociedad de su época; por ello el apellido electivo que lleva su filosofía significaba la no aceptación de verdades absolutas ni sometimiento a autoridades en materia filosófica o científica. Sin embargo, aclara Torres-Cuevas, esa elección realizada sobre la búsqueda de la verdad no significaba la pluralidad de opiniones sino la búsqueda de un “método para hallar la verdad universal y, necesariamente, las verdades particulares y singulares de sus mundos americano y cubano”1. Al denominar electiva a su filosofía, la identificaba con el método mediante el cual el sujeto del conocimiento, pensando por sí mismo, se remonta a los principios generales, los examina, discute y extrae sus propias conclusiones, método en el cual la escolástica, al convertir el silogismo aristotélico2 en el único método de conocimiento, quedaba inutilizada.

Su propuesta consistía en crear lo nuevo necesario a partir de la realidad inmediata, con independencia de cualquier sistema. “De aquí –nos dice Torres-Cuevas– que la sutileza de nuestro primer filósofo de bautizar su filosofía como electiva, constituya la primera muestra de independencia del pensamiento cubano en su expresión filosófica“3. Su propósito no era sino abrir el pensamiento cubano a las ideas científicas y teóricas de su tiempo.

Al referirse a esos aportes, su sobrino materno, José de la Luz y Caballero, escribió: “... fue el primero que hizo resonar en nuestras aulas las doctrinas de los Locke y de los Condillac, de los Verulamios4 y los Newtones. Fue el primero que habló a sus alumnos sobre experimentos y física experimental”. Un esfuerzo tenaz para poner los conocimientos de la Isla a la altura de los tiempos.

“Pese a todos estos avances que se observan en el pensamiento de José Agustín Caballero, –según Torres-Cuevas– su solución a los problemas no provoca ruptura sino conciliación entre el viejo sistema de ideas y el nuevo. Su pretensión es desarrollar la crítica de la escolástica, eliminando todo lo que obstaculiza el desarrollo de las ciencias, pero sin romper los pilares fundamentales del sistema”5. En ese sentido Ternevoi, en su obra “La Filosofía en Cuba, 1790-1878” plantea que: “ni en la lógica ni en toda su filosofía Caballero fue consecuente hasta el final, pues evitó los problemas escabrosos y orilló el materialismo y el ateismo”. (continúa...) >>



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