La más reciente entrega de la revista Temas, el No. 50-51 correspondiente al período abril-septiembre de 2007, ha incluido en la sección Enfoque un tema que en los últimos tiempos ha estado cobrando creciente interés en amplios sectores de investigadores de las ciencias sociales y de otras disciplinas afines, tanto en Cuba como en otras regiones. Bajo el título genérico de Transiciones y postransiciones, se presenta un grupo de ensayos de reconocidos sociólogos, politólogos, economistas e historiadores, en los que se aborda desde diversos ángulos y puntos de vista el análisis de diferentes procesos de transición que se han estado produciendo desde las décadas finales del pasado siglo en Europa (España, Europa del Este), América (Chile, Argentina, Centroamérica) y Asia (China). No podían faltar, por supuesto, las propuestas relacionadas con Venezuela y Cuba en torno a la transición hacia un proyecto socialista del siglo XXI.
Al cierre de la propia sección se publican las opiniones que expusieran conocidos especialistas y funcionarios, representantes de varias instituciones oficiales de Cuba, en un simposio (
Sobre la transición socialista en Cuba) que, o bien tuvo un carácter eminentemente virtual, o no se le dio cobertura suficiente en los medios, toda vez que transcurrió sin siquiera haberse dado a conocer públicamente una convocatoria.
Más allá del carácter restringido que en nuestro país supone tanto la participación en el mencionado simposio como la posibilidad de publicar en una revista oficial tan elitista como la que nos ocupa, no deja de resultar interesante la circulación de un tema que poco tiempo atrás se debatía exclusivamente entre los círculos de opositores y de disidentes, vinculados o no a grupos organizados bajo algún partido político. La palabra
transición encerraba, cuando menos, un sospechoso olorcillo a conspiración o –en el mejor de los casos- a blandenguería por parte de algunos
confundidos a los que era necesario hacer entender que
transitar formaba parte de una peligrosa familia de palabras –en el sentido no gramatical sino semántico del término- que incluía vocablos tan subversivos como
diálogo, cambios, consenso, también exclusivamente utilizados por los “enemigos de la revolución cubana”. Es así que Temas, a tenor de los recientes debates electrónicos que se han suscitado este año –dígase la Polémica Intelectual, o más recientemente la propuesta de debate de la periodista Soledad Cruz dirigida a salvar la revolución- evidencia que, aunque en la práctica en Cuba no se han producido cambios reales, visibles o significativos; en teoría se ha iniciado al menos un reconocimiento de la necesidad de éstos, a despecho de que todavía se trate de foros excluyentes y –en consecuencia- parcializados.
Un ensayo en particular, de los doce que se publican, atrae la atención por el análisis que realiza acerca de las causas del fracaso del socialismo soviético y por las innegables similitudes de muchos elementos de aquel con la experiencia socialista cubana. Su autor, Ariel Díaz Dacal, historiador del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr., obtuvo el premio 2006 de la revista por este trabajo, y en él expone también interesantes tesis acerca de las transiciones, que él separa en dos grupos: las que se producen dentro de un sistema capitalista cuando se promueven modificaciones de regímenes dictatoriales a democráticos y aquellas que denomina
tránsito del capitalismo al socialismo, grupo éste en el cual se inserta el socialismo soviético y donde también se podría fijar –aunque esto no lo propone él- el socialismo cubano.
Es curioso que desde este propio inicio, García Dacal utilice la calificación de
regímenes dictatoriales solo en el marco de los sistemas capitalistas, cuando más adelante critica duramente la dictadura totalitaria impuesta por Stalin en la antigua Unión Soviética, que –pese a todo- constituía de jure y de facto un sistema socialista. Moderación o precaución, el autor deja así sutilmente sentada su intención de cuestionarse la realidad, pero dentro de ciertos límites permisibles.
La calidad de su trabajo, no obstante, es inobjetable. Sin dudas, García Dacal es un acucioso investigador del proceso soviético que él llama indistintamente “ensayo” o “proyecto históricamente concluso”, condición ésta última que –a su juicio- hace que resulte más factible inquirir acerca de él, toda vez que, como plantea más adelante, “los noventa años que nos separan de octubre de 1917 son el camino más sólido andado por y para el socialismo”. La lectura de este trabajo, en mi opinión, nos coloca de frente a los enunciados de un observador agudo y nada ingenuo, que devela hábilmente los entresijos del proceso soviético y nos coloca, aunque no fuera éste su propósito, ante los conflictos y limitaciones del propio proceso socialista cubano.
No parece casual el cuestionamiento de la burocracia, que define “la clase imprevista” contra la cual alertaba insistentemente Lenin y que, bajo el impulso de Stalin se expandió por toda la sociedad y “tuvo un papel definitorio” como una de las causas del fracaso. Entre los males inherentes a la burocracia soviética, García Dacal menciona el exceso de funcionarios; la presencia de militares ocupando responsabilidades políticas y administrativas y trasladando así a estas funciones su formación de “ordeno y mando”; la carencia de creatividad de la clase burocrática y su dependencia de consultas a instancias superiores (que se convierte en norma), lo que elimina cualquier posibilidad de que los funcionarios tomen iniciativas; el crecimiento numérico de miembros del Partido sin que exista una calidad equivalente en sus cuadros; elecciones “a dedo” por parte de Stalin, quien determinaba el movimiento de cuadros y mantenía bajo su estricto control los puestos y figuras claves… Cualquier semejanza con el caso cubano, ¿es mera coincidencia?
(continúa...) >>
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