| 01. | Empujar los límites. Entrevista con Omni-Zona Franca Yoani Sánchez |
| 02. | La agricultura cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado Dimas Castellanos |
| 03. | Orden del día Reinaldo Escobar |
| 04. | ¿“Temas” en transición? Miriam Celaya |
| 05. | Cuba, opciones para un futuro digno Oscar Espinosa Chepe |
| 06. | Un abrazo fraternal Eugenio Leal |
| 07. | Eventos de agosto
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| 08. | Figuras y hechos cardinales José Agustín Caballero: reforma o ruptura Gerardo Martí |
| 09. | Sarría o el rey de las papas Orlando Hernández |
| 10. | Carta de un lector Un cubano igualmente preocupado |
| 11. | Una nueva polémica |
| 12. | Los Boys Scouts en Cuba Leopoldo E. Vázquez Gutiérrez |
| 13. | Cocina permacultural Miriam Cabrera |
| 14. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Bernardo Sarría |
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El discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro el pasado 26 de julio en Camaguey, cerró con una cita de las palabras de Fidel el primero de mayo del 2000:
“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratados y tratar a los demás como seres humanos...”.Hermosas palabras sobre los valores éticos, la dignidad humana y el reconocimiento -al menos verbal- de la necesidad del cambio, palabras que, según Raúl, siempre debemos tener presente para aplicarlas diaria y creadoramente en nuestro trabajo.
Cada proceso biológico o social tiene su propio tiempo; el de iniciar los cambios en la agricultura está en su límite. En su discurso el Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros reconoció deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes y afirmó que el Partido y el Gobierno vienen estudiando con profundidad estos y otros complejos y difíciles problemas, que requieren de un enfoque integral y a la vez diferenciado en cada lugar concreto. Si las palabras anteriores se acompañan con la voluntad política y las medidas correspondientes, entonces estaremos realmente iniciando las transformaciones que nuestra agricultura reclama a gritos.

En su discurso, Raúl afirmó que la decisión, fundamentalmente de los Estados Unidos, de transformar en combustible el maíz, la soya y otros alimentos, ha disparado sus precios y los de productos que dependen directamente de ellos, como los cárnicos y la leche. De ahí la importancia de producir estos últimos en Cuba donde sobra tierra y las lluvias de los dos últimos años han sido generosas. Sin embargo, reconoció que los campos están infectados de marabú.1 La decisión de producir más para reducir importaciones de productos cultivables en Cuba obliga a hacer más eficiente el uso de la tierra. Para ello, aseguró, habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios, aunque no especificó si los mismos incluirán la estructura de la propiedad agraria.
Como casi todas las tierras son de propiedad estatal, se supone que el aumento de la producción agrícola se realice fundamentalmente en esas tierras, pero las mismas, como expresara al diario Granma2 el delegado de la Agricultura en Villa Clara: “del área dedicada a ganadería en la provincia el 65% está infectada de marabú-aroma, y de ellas no pocas están improductivas”, cuadro que se repite en casi todas las tierras estatales del país. Sin embargo, resulta curioso que en las tierras que poseen los campesinos privados el marabú está ausente. De esa realidad surge la interrogante ¿Por qué el marabú se manifiesta de forma diferente en una u otra forma de propiedad?
Las palabras de Raúl Castro –que parecen anunciar la prioridad de su plan para la agricultura– constituyen un reconocimiento de los profundos males en ese sector. Sin embargo, aún no se han planteado, al menos públicamente, las causas que han engendrado el estado actual de la agricultura cubana. En ese sentido y aceptando la definición de que “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas”, expongo como cubano libre, mis criterios acerca de lo que no puede dejarse sin cambiar.
Los intentos de solución de cualquier crisis comienzan por reconocer sus causas. Si a la economía se le priva de su necesaria autonomía, subordinada a la política, basada en el voluntarismo y el subjetivismo y ajena a las leyes que la rigen, está condenada al estancamiento y la involución. Ese ha sido y es el caso de Cuba. En ese orden de cosas, la primera gran carencia de la agricultura cubana, reconocida ya por casi todos, es la falta de la autonomía que demanda su naturaleza. Se impone pues, emprender transformaciones estructurales dirigidas a la democratización de las relaciones económicas, con independencia de cualquier interés partidista o ideológico; transformaciones que deben comenzar por la promulgación de leyes, la creación de espacios y la institucionalización de derechos y libertades para que, paralelos al Estado, los empresarios emergentes y trabajadores del campo puedan participar como sujetos activos e interesados en los resultados de la gestión económica. Sin esas medidas básicas es posible que se pueda resistir 50 años más, pero será imposible salir de la crisis en que está sumida nuestra maltrecha economía.
Tanto la milenaria experiencia práctica como la ciencia económica han demostrado el insustituible papel del interés de los trabajadores en el aumento de la producción y la productividad del trabajo, ámbito en el cual la propiedad desempeña un estimable papel. La propensión a la posesión de propiedad es un instinto primario que emana del derecho3 que cada persona tiene de sí mismo por el simple hecho de ser miembro de la especie humana; instinto que se extiende a los productos del trabajo, porque en el acto de creación se materializan las fuerzas físicas y espirituales del autor, generando en él una fuerte tendencia a la posesión de lo producido. A ese “instinto” de apropiación se suma el de ocupación. “Lo que no es de nadie es apropiable”; un instinto que genera la sensación de pertenencia sobre el objeto ocupado. (continúa...) >>
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