Consenso
Numero 7 de 2007 Numero 9 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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indice

01. Empujar los límites. Entrevista con Omni-Zona Franca
Yoani Sánchez
02. La agricultura cubana: cambiar todo lo que debe ser cambiado
Dimas Castellanos
03. Orden del día
Reinaldo Escobar
04. ¿“Temas” en transición?
Miriam Celaya
05. Cuba, opciones para un futuro digno
Oscar Espinosa Chepe
06. Un abrazo fraternal
Eugenio Leal
07. Eventos de agosto
08. Figuras y hechos cardinales
José Agustín Caballero: reforma o ruptura

Gerardo Martí
09. Sarría o el rey de las papas
Orlando Hernández
10. Carta de un lector
Un cubano igualmente preocupado
11. Una nueva polémica
12. Los Boys Scouts en Cuba
Leopoldo E. Vázquez Gutiérrez
13. Cocina permacultural
Miriam Cabrera
14. Humor
Carlitos
Ilustración de portada
Bernardo Sarría
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Revista Digital Consenso
Número 8 de 2007
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Revista Digital Consenso
Número 8 de 2007
Nueva polémica
Aparecida en Kaos en la red


A continuación un extracto de los textos publicados en esta nueva polémica aparecida en Kaos en la red.

El revolucionario riesgo de la verdad
No se sirve a la Revolución cubana ocultando sus taras, defectos y problemas


Soledad Cruz

Mejor sirve a la patria quien le dice la verdad. Esa es una de las máximas martianas a las que me aferro, aunque me ha costado caro en mi larga militancia. No digo que tenga la verdad absoluta, que no existe, ni sea poseedora total de la verdad dialéctica que suele ser escurridiza, me refiero a la vocación de decir lo que veo, los hechos, que como dijo Lenin, son testarudos, a mi pequeña verdad individual nutrida de las otras verdades que día a día me trasmiten mis compatriotas. Pero sucede que en el periódico, al que estoy vinculada desde el año 70 no puedo hacerla pública porque entre las taras estalinistas de las cuales no ha podido librarse el socialismo cubano está el mantenimiento de un periodismo al margen de la dinámica de la vida, de los conflictos naturales de la convivencia social, de ese entramado complejo que es pretender una sociedad más justa, siendo un país pobre, bloqueado, frente a un mundo que después de finalizada la guerra fría involuciona, salvo en algunas zonas como América Latina, donde ha vuelto a levantarse la bandera de la esperanza, entre otras razones por la ejemplar resistencia de la Revolución Cubana.

Pero esta paradigmática revolución, a la que le debo lo mejor de mi misma, está amenazada y puede ser reversible, como ya alertó Fidel en su discurso de la Universidad de La Habana en el 2005, no sólo por la agresividad cierta del enemigo sino por los problemas internos que aunque él mismo los habló con el mejor espíritu revolucionario, no se debatieron en aquel momento, siguen gravitando en la vida nacional mientras el estudio de sus causas se prolonga y los métodos emergentes que se emplean para solucionarlos no demuestran una comprensión cabal de en que fase está la sociedad, ni del cambio de mentalidad imprescindible para que el proyecto se mantenga a largo plazo.

La lectura de un artículo firmado por Katerinjuk en Rebelión sobre la situación en las antiguas repúblicas socialistas del este y la propia Rusia me ha desatado los demonios de la angustia y la responsabilidad moral. Primero, porque visité algunos de esos países y desde los años 70 ya los niveles de inconformidad con el sistema eran tales que era previsible lo que sucedió después o al menos que, así, como era en aquellos lugares no podía ser el socialismo. Pero se guardaba silencio sin tener en cuenta que silenciar los problemas reales es la mejor forma de hacerlos mayores. Segundo, porque a pesar de las peculiaridades cubanas, encuentro, percibo, en nuestra sociedad disgustos similares y no únicamente por las carencias materiales que podrían ser comprendidas en el contexto internacional, sino por apelar a fórmulas simples para enfrentar mecanismos complejos de la sociedad y los individuos.

En Cuba la mayoría de la población quiere salvar la Revolución a toda costa. La mayoría inteligente sabe que no puede esperar nada mejor del capitalismo y mucho menos de los Estados Unidos o de los atorrantes de Miami. Agradecen y respetan el liderazgo de Fidel y toleran no pocas decisiones desacertadas por gratitud y sabiduría, pero como reza un dicho popular, hay que vivir y si para hacerlo no te alcanza el salario tienes que inventar lo que sea y de ese aspecto salen muchos de los males de la sociedad, pero también de que el estado benefactor insiste en resolverlo todo de una manera centralizada y no permite, ni propicia mecanismos alternativos para, según la iniciativa personal y la creatividad de cada cual la gente se gane su vida. Parece una derrota ante el capitalismo recurrir a esos métodos, olvidando que hay fenómenos de la economía que no son ideológicos, sólo que el capitalismo se ha apropiado de ellos que ha sabido usarlos para su expansión perpetua y para transformar a gran velocidad sus fuerzas productivas.

Elementalmente nadie puede negar que hay que producir, hacerlo con eficiencia y tener ganancias que sólo en el socialismo pueden tener una distribución social más justa para intentar igualar a las personas en el bienestar y no en la pobreza. Pero incluso, en los países socialistas que lograron cierto nivel de vida había una ansiedad por posibilidades que inexplicablemente no ofrece el socialismo y están más relacionadas con el campo espiritual y con lo individual que se sacrifica en nombre de la masa sin tener en cuenta que esa masa está formada por individuos.

En el plano social las personas necesitan sentir que participan realmente en las decisiones que se toman en como conducir la sociedad, que son escuchadas y tenidas en cuenta; en el plano individual las personas necesitan sentir que son dueñas de sus vidas y estas no son propiedad del estado aun cuando apoyen a ese estado. Los que dirigen, elegidos por esas personas, aunque tengan las mejores intenciones, no pueden olvidar que su razón de ser es lo que sienten, piensan y necesitan sus electores. Pero como el socialismo se ha dado en una lucha enconada con un sistema enemigo que quiere desaparecerlo, esos principios primarios de la existencia humana quedan en un segundo plano y la participación de las personas se reduce a cumplir, apoyar lo que se decide arriba y eso, además, les quita verdadero sentido de responsabilidad con lo que ocurre en la sociedad.

Muchos de los ciudadanos de las ex repúblicas socialistas que encontré en París, en mis tiempos de Embajadora ante la UNESCO reconocían los problemas duros de sus sociedades, pero alegaban que estaban en París, había sido su decisión personal, aunque trabajaran de meseras o de albañiles en la construcción, otros que estaban sólo de visita decían que ni soñar con ir a Paris en el socialismo. Hay miles de terrícolas en el capitalismo que no pueden ni soñar con ir a Paris, pero no les está prohibido y ese es un matiz que los políticos que quieren inclinar el mundo hacia el socialismo tienen que tener en cuenta. Y en realidad esas medidas tienen más que ver con un tipo de mentalidad simplificadora que con problemas que afecten a la sociedad socialista, que tiene que ser de libre elección y no obligatoria, porque cuando se trata de obligatoriedad a la larga sucede lo ocurrido en todo el este europeo.

Por supuesto que Cuba tiene un enemigo tan poderoso como para tener una ley que acoge a todos los cubanos que lleguen a territorio de Estados Unidos y brindarle todas las facilidades para establecerse, lo cual no hace con el resto de los emigrantes, pero la manera de sortear ese ataque no puede ser que los cubanos, como si fueran párvulos, tenga que pedir un permiso de salida de su país, amigos o familiares tengan que comprar una carta de invitación para que puedan viajar al extranjero, tengan que pagar un impuesto todos los meses para poder permanecer hasta once y obligatoriamente regresar o son declarados emigrantes y nunca más, salvo casos humanitarios, pueden volver a vivir en su país. Eso estaba justificado con los burgueses que se fueron, con los contrarrevolucionarios que atentaron abiertamente contra la Revolución, pero no con las nuevas generaciones de cubanos, nacidos y criados en el proceso revolucionario que reconocen y- el estado también- que se trata de emigrantes por causas económicas y no políticas, que quieren buscar algún dinero y venir a gastarlo con su familia en Cuba, o emplearlo en mejorar su casa. Pero incluso 5 años después del retiro hay que pedir permiso al antiguo centro de trabajo para tramitar cualquier viaje personal.

De ningún país del mundo se puede salir al exterior si se tiene deudas, causas pendientes con la justicia o cuando se manejan informaciones que afecten la seguridad nacional, pero convertir un viaje en una verdadera mortificación, en un suceso humillante que niega el derecho a pagar un pasaje, ir y volver, me parece un problema evitable cuando en el país circulan divisas, buena parte de los cubanos tienen familiares o amigos en el extranjero que pueden proporcionárselas, algunos incluso las ganan dentro del país, o pueden convertir el peso cubano en divisa de manera legal. Se evitaría una molestia a los ciudadanos si los trámites fueran los comunes en cualquier lugar y quienes negaran las visas fueran los otros países, aunque para ello haya que tener un dispositivo especial para evitar infiltraciones del enemigo, que estaría mucho más justificado que ese aparato burocrático que se presta a sobornos y que incomoda a cualquiera con la sospecha de las razones de viaje y el temor a que la gente se quede. En caso de que alguien se quede entonces comienza el vía crucis para los que se quedaron, porque los que se quedaron tienen que volver a pagar la casa, o la parte de la casa que su padre o su madre compraron al estado socialista en precios muy bajos, pero fueron los precios establecidos y sufren una multa, un impuesto como si fueran responsables de la decisión del que se quedó. Es kafkiano, como lo es también que si los padres mueren, los hijos tienen que volver a pagar la casa para permanecer en ella y que la casa o el auto no se pueden vender aunque se pudran de falta de mantenimiento porque las personas no tienen recursos para mantenerlos y necesitan vender para poder continuar su vida más reducidos o menos cómodos.

Entonces surge el problema de la propiedad y no hablo de la explotadora privada, sino de la personal, adquirida con el trabajo. Nada es verdaderamente tuyo, tú no puedes decidir por ti mismo si viajas, si cambias de casa, si vendes el auto y todo eso es para evitar que los sectores enriquecidos ilegalmente se apropien de lo mejor del patrimonio o puedan adquirir cosas que en tiempos mejores el estado facilitó por méritos laborales, pero a quien se está lacerando es a esos ciudadanos, que dadas las circunstancias, intentan buscar solución a los problemas económicos que el estado no puede resolver, aunque se esfuerce y tenga la voluntad de hacerlo. Es otra camisa de fuerza y una vez más se acude a la simplificación. Porque el estado, como en cualquier parte del mundo, puede beneficiarse si cobra impuestos por cualquier transacción de esas, incluso se los puede poner al comprador para defender al de menos posibilidades, porque lamentablemente los de mayores posibilidades económicas no son los científicos que hacen vacunas, ni los campeones olímpicos, ni los héroes del trabajo, sino los que a pesar de todas los decretos y regulaciones se han enriquecido ilícitamente o tienen entradas del exterior muy grandes.

Si los burócratas que deciden esas medidas, que carecen de base socialista, porque vulneran derechos elementales reconocidos desde el famoso manifiesto comunista, se platearan soluciones de fondo a los muy complejos problemas de la sociedad cubana, diseñarían fórmulas más apegadas a la situación actual que no es la de los años 80, por tanto realistas y como realistas revolucionarias, y digo burócratas porque estoy convencida que si Fidel y Raúl conocieran esas medidas y como se aplican, estoy segura que no podrían dar su apoyo y por eso la gente que cree lo mismo, dicen deja que ellos se enteren, pero el socialismo no puede depender de dos, tres personas, cuatro o diez que tengan la lucidez de entender que muchas medidas de esas son interpretadas como modos de molestar y fastidiar todavía más el difícil cotidiano.

Y no lo digo por cobardía para eximir a Fidel y Raúl de responsabilidades sino porque como ciudadana de este país he escuchado a Fidel decir que el socialismo es una agrupación de voluntarios cuando el éxodo de Mariel y a Raúl que los frijoles son tan importantes como los cañones en plena crisis de los 90, para citar sólo dos ejemplos de realismo político. Por eso no puedo imaginar que comulguen con esa lista de medidas vejatorias que incluyen las regulaciones en las relaciones con los extranjeros.

Nunca he leído en el periódico Granma que no se puede llevar en el auto a extranjeros, ni se pueden hospedar a los amigos que nacieron en otros lares en la casa. Pero si llevas a extranjeros en tu carro puedes tener una multa de 1 500 pesos y si se quedan en tu casa por el estilo, salvo que pidas una autorización que no siempre es concedida. Es una forma de evitar el tráfico de drogas, las prostitución, de hacer que la divisa llegue directa a manos del estado que la emplea en garantizar la salud y la educación, una cuota mínima de alimentos subvencionada y miles de ventajas más, nadie lo duda, pero ni todos los ciudadanos son iguales, ni todos hacen negocios turbios y es muy lamentable que quien te brinda hospitalidad en su país no pueda ser reciprocado. Ninguna de esa medida es gratuita, todas intentan controlar situaciones que se han creado a causa de las circunstancias, pero no pueden ser facilistas, igualatorias, sin tener en cuanta que no se puede tratar a las personas decentes como a los delincuentes.

La lucha contra la prostitución está llevando a frustrar las relaciones verdaderas entre nacionales y extranjeros. Como en cualquier parte del mundo aquí se enamoran las gentes de cualquier parte y se hacen amigos también. Pero ninguna mujer, ni hombre puede hospedarse en un hotel con su pareja si no es del país, aunque sean mayores de edad y absolutos responsables de sus actuaciones. Se alega que es para evitar la desigualdad de los que pueden y los que no pueden. Pero las desigualdades siempre han existido y ahora se han hecho más evidentes y lo peor es que al final acceden a esos presuntos privilegios gentes que logran sobornar o simplemente se van a casas particulares que ni siquiera pagan impuestos. Porque no se puede pretender controlar la existencia de las personas minuto a minuto y la mayoría de esas medidas contribuyen más a delinquir que a lograr los propósitos con las que se imponen. Esas presiones, que tienen un fondo de torpeza, que ya probaron su ineficacia en todo el antiguo campo socialista, ocasionan grandes disgustos en la población, aunque por gratitud o temor no se cuestionen a escala masiva, y van creando un caldo de cultivo nada favorable. Igual sucede con el empecinamiento en mantener la propiedad estatal como única variante en aspectos que otras alternativas han mostrado mejores resultados, tales como la gastronomía y la agricultura y no se trata de incentivar la propiedad privada, sino la colectiva posible en estos tiempos, ensayada tímidamente y que a la larga es la verdadera fórmula socialista como ya han señalado otros. Incluso, hay un aspecto de la propiedad cooperativa que puede ser salvadora ante cualquier jugarreta futura de los enemigos y que podría evitar que ante cualquier circunstancia adversa que funcionarios inescrupulosos de hoy se apropien de los bienes que legítimamente pertenecen al pueblo, como ocurrió cuando la caída del socialismo en Europa del Este. Y está descripta en el Estado y la revolución de Lenin, refiriéndose a la democracia socialista que nunca llegó.

Si legalmente cada pedazo de tierra del país pertenece a un consejo cooperativo, cada fábrica, cada instalación deportiva, cada teatro, nadie podrá venir un día a apropiarse de ellos porque sus dueños colectivos tendrán los medios para defenderla, y eso es propiedad socialista al duro, que se puede tocar con las manos frente a una propiedad estatal que nunca los ciudadanos han sentido suya verdaderamente, entre otras cosas porque las ancestrales costumbres no se cambian por decreto, ni las tendencias naturales de la especie a que pertenecemos.

Después de las amargas experiencias del socialismo en Europa del Este, los comunistas deberíamos entender aquella máxima de Ghandi: si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo, para no pedirle a nadie que haga lo que no seamos capaces de hacer y también que sí, es cierto, como han dicho algunos ideólogos enemigos la lógica del capitalismo está más cerca del atavismo biológico de los seres humanos. Cuesta menos esfuerzos mentales sumarse a la ley del más fuerte, como hace la manada de los monos, y el capitalismo ha sabido convertir las miserias humanas en categorías para el funcionamiento económico. Ser socialista, pensar como socialista, sentir como socialista requiere de un esfuerzo espiritual e intelectual mayor porque implica pensar también en los otros y dominar al animal que somos. Para conseguir dejar atrás la prehistoria, si queremos que haya socialismo del siglo XXI, tendremos que evitar los mismos errores que ya demostraron en el siglo XX su fracaso.

La paradigmática Cuba tiene que despojarse de todas las fórmulas y métodos tomados a préstamo de quienes se suponían de mayor experiencia y desaparecieron por su aferramiento. También tiene que impedir que su agenda interna la ponga Estados Unidos con sus provocaciones y mucho menos los desnaturalizados de Miami. Y en eso Fidel y Raúl si tienen gran responsabilidad como garantes de los cambios socialistas que deben producirse antes de que desaparezcan como líderes vivos. A pesar de la corrupción y otros males, existen millones de revolucionarios cubanos dispuestos a participar en las transformaciones necesarias, sabedores de que no hay nada que dañe más a las mejores ideas que el estancamiento y esas medidas y métodos a los que me he referido muy discretamente, que sofocan y agobian a las personas no pueden generar el espíritu indispensable para que el empeño socialista se sienta como tal.




Otra vuelta a la rueca

Soledad Cruz

Dos sucesos marcan los albores del siglo XXI cubano: las palabras de Fidel en la Universidad de La Habana en el otoño del 2005 y las de Raúl en este caluroso verano, el 26 de julio del 2007.

Las primeras preguntaron sobre lo impensable: la posible reversibilidad de la revolución y señalaron los males que podían ocasionarla. Las segundas, retomando el aviso de aquellas, no solo profundizaron en los problemas sino en la capacidad de soluciones. Ningún comentario, análisis u opinión superan esas dos intervenciones.

Si los capitanes de ese gran equipo que somos las revolucionarias y revolucionarios exponen con toda claridad los problemas que tiene la sociedad cubana, no veo ninguna causa de escándalo en que los miembros del team, los que estamos dispuestos a dar la vida en la jugada digamos nuestras opiniones, valoraciones o sugerencias, por disparatadas que parezcan, aunque corran el riesgo de ser incomprendidos por fanáticos, mal intencionados y aquellos temerosos de cualquier pronunciamiento que no venga de arriba.

Es justo y necesario reconocer lo logrado en los últimos años, pero con clara conciencia de nuestros problemas, deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes, ha dicho Raúl Castro y por ahí comienza sin dudas la labor de salvaguardar la revolución para el futuro. No es la primera vez que Cuba intenta sacudirse de las trabas endógenas para encaminar un socialismo que se desmarque de los errores y deficiencias que desmantelaron el sistema en la Unión Soviética y Europa del Este.

La década del 80, inaugurada con el éxodo masivo por el Mariel estuvo signada por lo que se dio en llamar proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, detenido por la crisis de los 90 que llevó a Cuba a concentrase en la sobrevivencia.

Juventud Rebelde, que felizmente ahora vuelve a incursionar en los problemas de la sociedad mucho más asiduamente que hace un año atrás y que fue vanguardia del proceso de autocrítica nacional en los 80, publicó un texto mío en la sección Comentarios, bajo el título Sí hay arreglo, el 4 de septiembre de 1988, provocador de una gran polémica, del que citaré tres párrafos para hacer saber a los desinformados, que hace tiempo arrastramos problemas que fueron ampliamente reconocidos en ese gran diálogo nacional que fue la discusión de las tesis del IV Congreso del Partido, lastrado por la crisis de los 90. Cito textualmente:

No siempre hay una diferenciación exacta entre las causales objetivas que algunos toman muchas veces como pretexto de la indolencia y la parte que corresponde alas negligencias en los problemas que enfrentamos. Eso origina innumerables confusiones, las gentes se desorientan y los irresponsables se escudan y los que estamos dispuestos a dar la batalla no siempre contamos con todos los argumentos.

De ahí también parte esa especie de inconformidad de brazos cruzados, aunque tiene su origen en las numerosas ocasiones en que individuos y grupos plantearon desacuerdos ante propuestas de sus direcciones o incomprensión con determinadas políticas del país y fueron estigmatizados como conflictivos. Hay más de una historia doloroso por ahí, como ocurre en cualquier proceso de transformaciones profundas bajo las presiones que hemos hecho el nuestro.

Pero no se puede vivir de cara al pasado, ni para soltar las riendas del hipercriticismo, ni para obviar errores que de no ser comprendidos desde sus orígenes, pueden prolongarse con otra faz en la actualidad. Es hora de que hablemos con franqueza y sin temor, allí donde se nos debe oír y donde pueden hallarse en colectivo las soluciones.
Han pasado casi veinte años desde que publiqué ese texto y como se podrá comprender esos tres párrafos citados reafirman su vigencia en las siguientes palabras de Raúl: “Hay quienes usan las dificultades como escudo frente a la crítica por no actuar con celeridad y efectividad necesarias, o por carecer de sensibilidad y valentía políticas requeridas para explicar por qué algo no puede solucionarse de inmediato”.

No establezco la comparación para vanagloriarme sino hacer entender que las inconformidades de los revolucionarios son de larga data y el interés de perfeccionamiento nunca ha estado ausente en los que hemos apostado por el socialismo y seguimos aspirando a que en este siglo se mantenga dejando atrás los métodos y fórmulas que lo hicieron desaparecer a finales del XX allí donde había nacido.

Aquel proceso rectificador de los 80, del cual hay suficientes muestra en la prensa de entonces, interrumpido por la crisis de los 90, ha encontrado en esos dos discursos, el de Fidel en la Universidad, el de Raúl en Camagüey el acicate para continuarlo, profundizarlo y hacer que Cuba haga su aporte al socialismo que necesitamos en el siglo XXI.




La pelea cubana contra los demonios

Soledad Cruz

Cualquier declaración sobre Cuba suele levantar una polvareda cósmica. Pocos temas apasionan a favor o en contra como esta isla grande del Caribe, que más que un lagarto se asemeja a un escorpión en su capacidad de resistencia. Los amigos pretenden defenderla como el paraíso que no es y los enemigos como el infierno que tampoco es. Y ese agudo contrapunto ha impedido las reflexiones serenas dentro y fuera, ha condicionado una falta de delimitación entre las críticas a los procederes inadecuados y el apoyo a los ideales revolucionarios y ha impedido una cultura del diálogo, de la utilidad de las discrepancias, del cuestionamiento a lo que se hace, sin que ello merme la solidez de la unidad imprescindible cuando hay que enfrentar un enemigo tan poderoso como el que tiene la revolución cubana desde su triunfo.

Concebir la unidad como unanimidad puede ser una de las causales de los impedimentos y obstáculos que siempre encuentra cualquier actitud cuestionadora, pero también la comodidad de la autocomplacencia y la impunidad que supone el no rendir cuenta verdaderamente de las gestiones que se realizan o hacerlo acudiendo a todo tipo de justificaciones que sitúan los problemas en causas externas o acudiendo a esa suerte de chantaje emocional que es esgrimir que en el capitalismo ocurren cosas peores, y enumerar las ventajas indudables de los cubanos respecto a las tres cuartas partes del mundo que a pesar de no haber incursionado en el socialismo tienen problemas sociales mayores que los que son causas de quejas o insatisfacciones de los habitantes de la isla.

Existe una mentalidad burocrática, muchas veces escudada en un presunto discurso de barricadas, que acude a todo género de argumentos justificativos para no enfrentar las responsabilidades y a la cual no le conviene para nada que sus ineficiencias se ventilen públicamente. Tan tempranamente se manifestó esa tendencia que ya en los años sesenta hubo una gran campaña contra el burocratismo que entonces parecía una mala herencia de la administración prerrevolucionaria, porque quien estudie la historia de la revolución cubana encontrará una voluntad constante de rectificar los males que iban surgiendo en el difícil camino de proponerse edificar una sociedad más justa con los mismos seres humanos formados en otras circunstancias y que estaban obligados a cambiar su mentalidad al mismo tiempo que se empeñaban en transformar la vida del país.

La primera alarma sobre los efectos nefastos del burocratismo y su pariente el dogmatismo, pero esta vez de presunto signo socialista, se dio también en los años 60 cuando se produjo el enfrentamiento al sectarismo que en su discurso de descaracterización Fidel definió en los siguiente términos: “El sectarismo de creer que los únicos revolucionarios, que los únicos compañeros que podían ser de confianza, que los únicos que podían ir a un cargo en una granja, en una cooperativa, en el Estado, en donde quiera, tenía que ser un viejo militante marxista” . Y definía Fidel en ese discurso del 26 de marzo de 1962: “Esta revolución se estaba saliendo de su vía principal y estaba marchando por una rama. Fabricando una camisa de fuerza, un yugo compañeros; nosotros no estábamos promoviendo una asociación libre de revolucionarios, sino un ejército de revolucionarios domesticados y amaestrados.”

A pesar de esa alerta sobre las contradicciones que podían aparecer en el propósito socialista, manifiestas también en conflictos entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio 13 de Marzo y de estos dos con conceptos y métodos del viejo Partido Socialista Popular, sea porque la agresión enemiga era demasiado fuerte y la alianza con la Unión Soviética condicionaba algunas tendencias o porque es más fácil ser dogmático que dialéctico, es más fácil ser totalitario que diverso, es más fácil ser conservador que revolucionador, el espíritu burocrático ha estado socavando durante mucho tiempo esa asociación libre de revolucionarios que hizo la revolución con las armas y luego la ha mantenido por estos casi 50 años.

El espíritu burocrático apela al dogma y a métodos totalitarios, sin tener plena conciencia de ellos, enmascara su temor a los cambios necesarios enarbolando los peligros, considera que el respeto a la autoridad es acatamiento y la fidelidad servidumbre y con esos recursos va estrangulando silenciosamente a los agentes transformadores revolucionarios al establecer como ley no escrita que lo que viene de arriba es lo correcto, que los que ostentan cargos tienen las verdades porque saben más y están mejores informados, que los inconformes suelen ser unos majaderos mal agradecidos que no comprenden la complejidad de lo que está sucediendo en el mundo y así, con esos presupuestos, se fomentan males como la doble moral que consiste en aceptar lo que no se entiende o con lo que no se está de acuerdo para evitarse problemas y lo peor de todos los males, se lastra la iniciativa, la creatividad, la responsabilidad, el sentido de pertenencia y esos caminos conducen a la apatía, la ineficacia, la improductividad.

El espíritu burocrático, el dogmatismo y las fórmulas totalitarias constituyen una respuesta simplificadora ante los desafíos de la complejidad de la existencia humana y social y no son características del socialismo como señalan algunos, sino mecanismos que conscientes o inconscientemente emplean personas, grupos, ideólogos, religiones en cualquier sistema de ideas, creencias o formas de organización pero cuando se ponen de manifiesto en el objetivo socialista causan particular daño porque van contra la esencia del propio sistema y retardan su desarrollo o lo llevan al traste como ocurrió en el otrora campo socialista.

Para aquellos, mayoritariamente jóvenes, que tomaron el poder en 1959, sin experiencia de gobierno, sin cultura política en su mayoría, sin referentes culturales sólidos, asqueados de los mecanismos de la democracia representativa burguesa que durante 58 años no había resuelto los problemas del país, fundar la nación que previó Martí, con todos y para el bien de todos, encontró el primer gran impedimento en la enemistad voluntaria y declarada de Estados Unidos que se apresuró a boicotear todas las medidas del gobierno revolucionario que mejoraban la vida de las gentes, así que, efectivamente por manida que resulte la frase el primer gran culpable de los problemas de Cuba es el imperialismo por aplicar contra Cuba una política fundamentalista, burocrática, dogmática, totalitarista, porque una sociedad bloqueada, agredida, espiada en todos sus movimientos está condicionada a un sentimiento de autodefensa muy fuerte que va desde los gastos imprescindibles, justificados y enormes para la defensa militar hasta la aparición de síndromes como el misterio, la sospecha y la intolerancia con todo aquel que no aplauda el esfuerzo enorme que representa sobrevivir en esas circunstancias.

A ese primer gran impedimento, la política estadounidense, se agregó después la puesta en práctica de un sistema económico social tutorado por la Unión Soviética, que sin dudas fue fundamental por su ayuda, pero cuyos problemas, discutidos en el XX Congreso del PCUS, no habían encontrado verdadera solución como el pasar del tiempo demostró y que influyó en concepciones y métodos para regir la economía y otros aspectos de la organización social cubanas.

Son aspectos de nuestra historia que requieren de análisis especializados y urge además de realizarlos, hacerlos públicos sobre todo para que la juventud tenga referentes desde la óptica revolucionaria de las causas de muchos contratiempos y para que pueda valorar con mejores elementos la importancia de esa generación que llamamos histórica, los desafíos que tuvo que enfrentar y las razones por las cuales fue seguida mayoritariamente en sus aciertos y desaciertos por los que éramos niños en 1959 y hoy constituimos un núcleo fuerte de defensa de la revolución porque conocimos el capitalismo cubano y hemos vivido los buenos y los malos tiempos del socialismo. Es significativo que fuera el Che quien primero hablara de las fórmulas congeladas del socialismo en el memorable ensayo El socialismo y el hombre en Cuba. El también tenía por Meca a Moscú hasta que conoció las interioridades del funcionamiento de la sociedad allí. Pero ese llamado de atención no impidió que se cerrara Pensamiento crítico, una revista de filosofía con mirada crítica sobre como se estaba haciendo el socialismo, ni evitó las depuraciones en la Universidad, ni de ser acusado de pequeño burgués por gustar de la belleza, ni de condenar al ostracismo a una parte de la intelectualidad, ni de tener una prensa que oponía al amarillismo capitalista la grisura del Pravda, ni evitó los mítines de repudio que pararon en golpizas injustificadas cuando el éxodo masivo del año 80.

Fueron hechos que ocurrieron en el fragor de la contienda y no se pueden negar y vistos desde el prisma de la complejidad y no de la simplificación tienen explicaciones, incluso muy sinceras y honestas de quienes se involucraron en ellos convencidos de que salvaban la revolución de debilidades no contempladas en el esquema estudio, trabajo, fusil, tres ejes a los que se intentó reducir la diversidad de expresiones de la vida, muy apegados al machismo leninismo, porque hasta la sentimentalidad, no digo ya la buena educación, parecía fragilidad burguesa. Fueron errores sobre los que no se ha reflexionado suficientemente y han ocasionado heridas en los más nobles y un amargo resentimiento en aquellos que no pudieron sobrepasar la experiencia y hoy azuzan el odio desde el exterior o se alían a Estados Unidos para poder perpetrar su venganza sin importarles que en ello esté en juego la nación.

Sin embargo, se han producido rectificaciones muy honrosas respecto a temas como las creencias religiosas, el respeto por las inclinaciones sexuales y muchos intelectuales maltratados en otros tiempos hoy son figuras fundamentales de la vida cultural e intelectual, lo cual es un síntoma de que la mentalidad burocrática, dogmática y totalitaria puede ser trascendida, sólo que no se pueden esperar otros veinte años para subsanar lo que ya se demostró por la vida inoperante y preciso es recordar esa máxima a la que mi madre Zoila Guerra acudía cuando se tensaban los conflictos familiares: errar es humano, rectificar es de sabios, perdonar es divino. ¿Por qué hablar de todo eso en momentos tan difíciles? ( Nunca este país ha conseguido nada fácilmente). Porque de las crisis sólo se puede salir creciendo o desapareciendo y Cuba, una vez más, está obligada a crecer y no puede esperar para ello que aparezca petróleo en suficientes cantidades e incluso si mañana existieran los recursos económicos para solucionar rápidamente sus tres problemas fundamentales, la alimentación, la vivienda y el transporte, las lesiones en la vida espiritual no se regeneran con la misma celeridad. De hecho, entre el 2005 y el 2007 se produjeron mejorías notables en sectores tan importantes como la energía, la educación y la salud. Se terminaron los apagones prolongados, se reconstruyeron escuelas, se inauguraron nuevos servicios de salud, se flexibilizaron ciertas draconianas regulaciones aduanales. Es fabuloso lo que se genera ante la amenaza de un ciclón, como el Dean, los recursos que se ponen en acción para cuidar a los ciudadanos, las virtudes que entran en movimiento, pero ciertas polémicas en la red ciberespacial no hechas públicas en los medios masivos, demostraron los lastres, las secuelas de una mentalidad que ya he descrito, tanto en los involucrados, porque hacían evidentes las dificultades para un diálogo a fondo, como por parte de las autoridades que una vez más daban el silencio como respuesta.

Se estaba produciendo un cuestionamiento de la política cultural durante años. Hubiera sido un buen momento para fomentar un diálogo a gran escala, pero se optó por no informar sobre el suceso y de manera casi clandestina, propiciar encuentros que se siguen efectuando, que resultan muy valiosos y que serían de utilidad pública. De la misma manera se actúa con muchas medidas que se están poniendo en práctica para el mejoramiento de diversos sectores, se alega que es por recato, para no crear falsas expectativas, pero tanto en un sentido como en otro la gente tiene que saber lo que ocurre en su país por las vías establecidas, no por rumores o por lo que digan publicaciones extranjeras.

Ahora es el momento de analizar todo lo que nos daña, de hacer desde las posiciones revolucionarias los análisis que otros se apresuran a exponer con las más perversas intenciones, de exorcizar los demonios propios y ajenos para que no entorpezcan la batalla que sigue, porque la victoria, como la felicidad, no es una estación a donde se llega sino un modo de andar por la vida.



Agosto del 2007





Firmo desde dentro todo lo que dijo Soledad

Félix Sautié

Yo firmo desde adentro lo que dijo Soledad. Nací en 1938 en La Habana y no me he ido de Cuba. Soy comunista ya va a hacer unos 50 años de militancia ininterrumpida y veo desde adentro esos problemas que dice Soledad y algunos más. Vivo en Centro Habana y sería bueno que los que la insultan sin argumentos y la atacan como "pequeño burguesa", se dieran una vueltecita por aquí y hablaran con el pueblo sin meterle miedo con sus veladas amenazas que veo detrás de los seudónimos y anonimatos con que las escriben. Los verdaderos revolucionarios hablamos de frente y claro, sin escondernos detrás de ninguna máscara. Todo lo que afirma Soledad es rigurosamente cierto y debería debatirse con serenidad para buscarle soluciones y evitar el derrumbe del socialismo que no queremos. Si no lo hacemos a fondo y a tiempo las consecuencias podrían ser muy malas para todos. Esa es mi opinión.



21 de julio, 2007





La historia y la realidad son lo que son y no lo que queramos que sean

Félix Sautié Mederos
Estimados lectores de POR ESTO!:

Tras la publicación en la sección cultural Unicornio, del domingo 5 de agosto del 2007,(http://www.poresto.net/content/blogcategory/38/56/) de mi Carta Abierta a Desiderio Navarro, la cual ha circulado además por la vía de la red del Ministerio de Cultura que intercomunica a buena parte de los artistas e intelectuales cubanos, he recibido múltiples correos electrónicos solicitando un mayor abundamiento con relación a la memoria histórica que mucho tiene que ver con el trabajo cultural e informativo de las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado, en los que he sido participante y testigo de excepción. Otros me propusieron la idea de publicar de nuevo una recopilación de varios de los artículos que menciono en mi carta, así como de algunos de mis libros que en ella aludo. En suma se trata de planteamientos y exigencias lógicas derivadas del contenido de la Carta Abierta que les comento. La información, en efecto, debería ser siempre lo más completa posible en sus elementos esenciales, a partir de una relación directamente proporcional con el interés público que motivan y con la índole específica de su contenido. En definitiva, buscar los contenidos y las formas adecuadas que permitan el esclarecimiento de la verdad histórica. Me siento por ello en el deber, ante todo con ustedes y con mi fraternal colega Mario Menéndez que acogió ese texto, de ofrecerles elementos de juicio, antecedentes y consideraciones complementarias sobre la razón de ser de mi carta, animada por el propósito de impulsar el análisis reposado, profundo y respetuoso surgido de un diálogo de todos con todos, propiciador del reencuentro, la reconciliación así como el necesario perdón de agravios, empeño al que todos sin excepción deberíamos concertarnos sin que esto quiera decir que se eludan las responsabilidades que cada cual ha ido teniendo ni que, llegado el caso, se entorpezca la acción de la justicia necesaria. Es algo que considero muy importante esclarecer, para que quede bien sentado sin tergiversaciones ni manipulaciones.

No hay nada como el paso de un día tras otro y si tomamos en consideración aquello que se plantea en Mateo 10,26: "No le tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse", nos afirmaríamos en la certeza de que la verdad que realmente ha sido, a la larga siempre se abre y se abrirá paso. Precisamente éste resulta ser el fundamento esencial en el que se basan los planteamientos de de mi Carta Abierta, la que dirijo a un medio lleno de angustias y de preocupaciones, con el propósito de aportar la verdad que conozco porque la he vivido desde adentro y muy comprometido con el proceso social cubano. En un momento tan importante como el que se ha presentado no podría mantener el silencio en torno a muchos acontecimientos históricos de un período que va a cumplir 50 años, porque la omisión constituye un pecado y casi nunca entraña neutralidad. En este orden de pensamiento, creo que el respeto a la verdad histórica debería ser un culto ineludible, porque ninguno de los que hemos sido participantes y mucho menos de los que no han estado presentes en algo, tenemos derecho de eludir, negar o incluso manipular la verdad que ha sido y que es. En estas circunstancias, siempre deberíamos tener muy en cuenta que la historia y la realidad son lo que son y no lo queremos que sean, en razón de intereses personales, miedos y tergiversaciones para ganar autoridad o escalar pasando por arriba de las cabezas de los demás.

Hay un principio básico para las buenas relaciones humanas, que es el de aprender a escuchar a los demás. Bien pudiéramos decir también aprender a leer a los demás, a los efectos de comprender, del modo más exacto posible, lo que los otros nos quieren decir, ya resulte algo que nos disguste, que no nos convenga o simplemente con lo cual no estemos de acuerdo. Sobre la base de este principio, después de haber escuchado y comprendido, la ética del debate nos insta a no tergiversar, ni mucho menos poner en boca de los demás cosas que no se han dicho, pues eso denota malas intenciones y falta de limpieza en las relaciones interpersonales. Otra cosa es no entender y pedir mayores aclaraciones, nuevas precisiones, o que se sea más explícito en lo que se plantea, demandas desde luego muy lícitas, encaminadas a lograr la mejor comprensión de los asuntos que se intercambian. Por otra parte el odio, los temores y el rencor son factores en extremo dañinos para todos estos procesos porque además de entorpecer las relaciones intersubjetivas pueden generar nuevos conflictos aún más complicados y perjudiciales que aquellos que los originan.

Es en medio de estas motivaciones, circunstancias y coyunturas, que de manera excepcional se han producido dos intensos períodos de debate en Cuba, por la vía de los medios alternativos que las redes de Internet y de los correos electrónicos nos facilitan, siempre pasando por encima de las grandes limitaciones de acceso a la comunicación electrónica que tiene la población cubana en general. Es aquí donde la red de la cultura ha sido el soporte básico principal de la intercomunicación, así como algunos portales informativos externos de muy amplio reconocimiento internacional. Esto constituye, en mi opinión, una posibilidad muy interesante que aún cuando resulta precaria por las limitaciones de acceso, ello forma parte de nuestra realidad y debemos aprovechar todas las vías legítimas a nuestro alcance en la búsqueda de soluciones factibles a nuestros problemas.

El primer debate comenzó a mediados de diciembre del 2006 y principios del 2007 y el segundo ha sido muy reciente, con motivo de un artículo escrito por la conocida periodista cubana Soledad Cruz, quien además del ejercicio del periodismo tiene en su currículo el hecho de haber sido Embajadora de Cuba ante la sede de la UNESCO en París y con la cual de nuevo quiero dejar bien sentado que nunca he estado en relación directa de trabajo y ni siquiera ha formado parte de mi círculo de amistades, por la no coincidencia en tiempos ni etapas de este proceso, dada su edad y la mía pues yo nací en 1938 y ella es mucho más joven que yo y comenzó en el periodismo activo en época que ya yo no tenía funciones de ningún tipo en la prensa cubana. Este artículo fue publicado en el portal Kaos en la Red con el título "El revolucionario riesgo de la verdad. No se sirve a la Revolución Cubana ocultando sus taras, defectos y problemas" (http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=38676).

En su contenido Soledad plantea un conjunto de problemas, errores y deficiencias que subsisten en el proceso cubano y que crean un estado de malestar e inconformidades que hoy se mantienen vigentes dentro del pueblo y que, de persistir, pueden dar al traste con el proceso social cubano desde adentro. En este sentido debo decirles que es un artículo valiente y descarnado. Ese trabajo se comenzó a debatir con una muy nutrida participación y en el momento en que les escribo el portal reporta 3,566 lecturas y 304 comentarios, los que resultan ser números bastante significativos. En ese debate he participado también y escribí la siguiente opinión que les transcribo textualmente:

"Yo firmo desde adentro lo que dijo Soledad. Nací en 1938 en La Habana y no me ido de Cuba. Soy comunista ya va a hacer unos 50 años de militancia ininterrumpida y veo desde adentro esos problemas que dice Soledad y algunos más. Vivo en Centro Habana y sería bueno que los que la insultan sin argumentos y la atacan como "pequeño burguesa", se dieran vueltecita por aquí y hablaran con el pueblo sin meterle miedo con sus veladas amenazas que veo detrás de los seudónimos y anonimatos con que las escriben. Los verdaderos revolucionarios hablamos de frente y claro, sin escondernos detrás de ninguna máscara. Todo lo que afirma Soledad es rigurosamente cierto y debería debatirse con serenidad para buscarle soluciones y evitar el derrumbe del socialismo que no queremos. Si no lo hacemos a fondo y a tiempo las consecuencias podrían ser muy malas para todos. Esa es mi opinión. Félix Sautié Mederos".
Desiderio Navarro intervino entonces en el debate en estos términos:

"Toca su turno a Desiderio: ¿Y en sus décadas de periodista estrella de Juventud Rebelde, de estrechos vínculos de trabajo con el Secretario Ideológico del Buró Político, y de Embajadora ante la UNESCO, no veía absolutamente nada de todo eso que ahora de repente ve con absoluta claridad y que su periódico, ahora con taras "estalinistas", no le permite publicar? Y si lo veía y no le permitían revelarlo, ¿cuántos textos como éste publicó en canales extraoficiales cubanos o extranjeros en todos esos años, criticando esos fenómenos y su censura? ¿O es que hasta ahora pensaba que sí se sirve, que sólo se sirve a la Revolución Cubana "ocultando sus taras, defectos, problemas"? Estos más o menos destacados trabajadores ideológicos de la línea dura, que, en típicas transiciones de Período Especial, han pasado de la vicepresidencia del CNC en el Quinquenio Gris y otros sucesivos cargos directivos a la ética teológica -como Sautié-, del dogma al elogio de la herejía -como Luis Sexto-, y del periodismo contestatario al contestatario -como Soledad-, si desean tener cierta credibilidad y contribuir a la eficacia social de sus ideas críticas actuales, deberían proporcionar a la sociedad un utilísimo trabajo testimonial que sólo ellos y sus homólogos pueden realizar: no un mea culpa, ni siquiera una autocrítica, sino un análisis, basado en su rica experiencia biográfica, de las motivaciones y mecanismos ideológicos, psicológicos, políticos, económicos, etc. que siguen llevando hoy a muchas personas a desarrollar y mantener las mismas posiciones y conductas que ellos mantuvieron hasta hace poco".
Objetivamente se trata, tal y como escribo al inicio de mi carta, de una descalificación moral de mi persona expuesta "de forma hiriente, insultante e injusta, demostrando además poco conocimiento real de mi trayectoria dentro de la Revolución". La necesidad de replicar la ofensa, sin embargo, me trascendía. Los cubanos estamos ante un importante momento de inflexión en el que como nunca antes todo, absolutamente todo, está en juego y me encuentro agrupado entre los que opinan que el diálogo fecundo es el camino para que entre todos juntos (y valgan las redundancias de los todos), los de adentro y los de afuera sin excepción de ningún tipo y en igualdad de condiciones, nos sentemos en la mesa de conversación a los efectos de decirnos las cosas civilizadamente y en un clima de respeto y distensión que nos permita encontrar las soluciones y los caminos factibles para legar a nuestros hijos y nietos un clima de paz, de encuentro, de oportunidades para todos, de equidad distributiva y de justicia social que nos permita edificar dentro del país un proceso sociopolítico con todos y para el bien de todos. A tales efectos, pienso que para que realmente sea efectivo este reencuentro y esta reconciliación, es preciso garantizar lo que planteó Rosa de Luxemburgo y que dadas las actuales circunstancias de Cuba hoy no me canso de repetir lo cual parafraseo a continuación: la libertad habrá de ser para todos o no será.

En consecuencia, considero que el debate habrá de ser sobre el contenido de lo que todos decimos y no oportunidad para atacar a las personas y hurgar en su vida personal, lo que generaría una interminable cadena de pases de cuentas de unos contra otros, mientras que toda la estructura social en cambio se iría derrumbando y liquidando. Para eso hay que plantearse una ética y una cultura del diálogo, sobre lo cual varios especialistas cubanos recientemente han escrito al respecto. Les menciono algunos nombres que me vienen a la cabeza, tales como Roberto Cobas, Ovidio D'Angelo Hernández y Pedro C. Campos. De este último les cito un párrafo que considero muy importante extraído de un artículo publicado con el título "La cohesión revolucionaria, la cultura del debate y su ética", en el que textualmente plantea algo que considero de vital importancia y cito:

"La crítica constructiva sobre deficiencias y políticas equivocadas, para hacer avanzar el socialismo es bienvenida. La pretensión de debilitar los argumentos de quienes difieren, con diatribas personales sobre actitudes negativas supuestas o reales, son métodos ajenos a la esencia humanista del socialismo y nada tienen que ver con su ética y la cultura del debate revolucionario".
Ese es, precisamente, el problema al que estamos asomados, estimados lectores de POR ESTO! De no disponer todos, sin excepción, de la mejor voluntad que nos sea posible, podríamos perder una oportunidad única, en coyunturas en que el tiempo se nos está acabando y creo que todos deberíamos dejar a un lado los rencores y rencillas que carcomen a nuestras vidas para unirnos en el análisis y en la lucha contra nuestros propios errores, sin considerarnos los únicos limpios, de forma que todos quepan en este diálogo y que sólo se excluyan los que no tengan nada que decir o los que se queden sin argumentos.

Hay cosas muy interesantes en esta historia que ni se han dicho y que apenas he apuntado en mi Carta Abierta, sobre las cuales pretendo escribirles para desvelar la verdad que ha sido y que es, con vistas incluso al cambio, a las rectificaciones y las reformas que sean necesarias para abrirnos al futuro que todos debemos forjar, para hacerlo "por sobre las ruinas de nuestros propios errores para rectificarlos, sin mirar hacia atrás a los efectos de no quedarnos convertidos en estatuas de sal", como dije en un artículo que publiqué con el título "Algo sobre la ética del debate". Creo que a los lectores de POR ESTO! les van a interesar estos testimonios y estas vivencias extraídos de la vida misma, de mi experiencia y de la de otros compañeros que también me han acompañado, situados más arriba o más abajo en los niveles sociales de responsabilidad y comprometimiento. Vamos, pues, al encuentro del reclamo a compartir nuestra rica experiencia biográfica, sólo que ella, como ustedes podrán constatar, está a años luz de las tergiversaciones, falsedades y manipulaciones que en tan breve espacio destiló Desiderio Navarro.



Martes, 7 de agosto de 2007




Dialogar, la única alternativa civilizada y patriótica

Félix Sautié Mederos

Desde hace ya algunos años, tantos que a veces pierdo la cuenta, me he estado manifestando a favor de un diálogo entre cubanos, amplio e inclusivo, como alternativa de las sin razones que se pueden esconder detrás de los dogmatismos a ultranza, de los revanchismos rencorosos que claman por la venganza y de los que tocan los tambores de la guerra sin poner en juego su pellejo y algunas veces desde lugares lejanos en la geografía a donde no los podrían nunca alcanzar las esquirlas escapadas de los enfrentamientos y las guerras fratricidas.

Teorizar cómo podría establecerse ese diálogo sin exponerse a cualquier consecuencia por fomentarlo, resulta un ejercicio tan fácil como estéril. Cuando más, piedras lanzadas al aire y al tejado de unos y otros desde caza matas cubiertas a donde nunca podría llegar el fuego de las conflagraciones, que el diálogo en cambio pudiera evitar mediante la búsqueda de salidas dignas y honorables que no pongan en juego los principios básicos por los cuales hemos luchado los cubanos desde antes de 1868 a la fecha.

Quienes descalifican o juzgan con desdén, formas hirientes y a veces insultantes a los que con la mejor voluntad del mundo nos atrevemos a plantearlo, conscientes de que no estamos exentos de errores y equivocaciones, porque la infalibilidad en el juicio personal no pasa de ser buenas intenciones y deseos positivos de acertar en nuestros juicios que desde el punto de vista humano no podrían ir más allá de un deseo positivo o la sinceridad de una proposición concreta, contribuyen, sin saberlo ni desearlo, a ilustrar la complejidad y los riesgos de adentrarse en las propuestas de definiciones de su composición, reglas y principios éticos que pudieran regirlo.

Soy un firme convencido de que, en el orden moral, adquiere pleno derecho a ser escuchado con respeto todo aquel dispuesto a dialogar en contraposición a los enfrentamientos de violencia y desgastes interminables. Desde luego, un preámbulo insoslayable sería plantear nuestras concepciones básicas y fundacionales, así como sobre la composición, reglas y normativas de ética y de funcionamiento, con vistas a perfilar las fórmulas más adecuadas que puedan conducirlo a que sea fructífero en la búsqueda de alternativas de consenso sobre cuestiones puntuales cuya premisa a mi juicio sería el legado martiano: la independencia absoluta de Cuba.

Se interponen hasta hacer impensable ni siquiera razonar sobre la conveniencia y posibilidades de ese diálogo los que a la descalificación y el insulto personal hacia cualquier persona que responsablemente se atreva a hablar sobre el asunto y plantear sus criterios, añaden rebuscadas comparaciones que sólo conducen a la confusión de los escenarios. Los entornos, para ser legítimos y posibilitar un primer paso, deben corresponderse con la identidad específica de los interlocutores y el contenido concreto, propio, ajeno a las circunstancias de otras latitudes y realidades, de manera que constituyan marcos de referencias adecuados que delimiten el ámbito más propicio para facilitar un intercambio verdaderamente fecundo.

Por identidad de los interlocutores entiendo, ante todo, la conciencia de que todo en la vida terrenal tiene para cada ser pensante sus límites o rayas rojas, las convicciones y principios que definen su identidad intelectual y moral, por encima de los cuales nadie está obligado a pasar. Creo por ello, muy sano y productivo que unos y otros de los que nos atrevemos a comenzar a hablar de estas posibilidades, dentro de los cauces fraternales y de respeto mutuo, nos vayamos señalando las prevenciones y límites de los que parte cada uno de los implicados en los inicios de la concepción básica del asunto. En el afán de ser totalmente explícito debo puntualizar que no abogo por un escenario único y totalizador, para el que sería necesario comenzar por el escabroso trámite de los mandatos que corresponde a instancias oficiales o, cuando menos, institucionales, sino por múltiples y diversas estructuras de intercambio en ninguna de las cuales tendrían espacio los desenfrenos, la negación nihilista o las batallas campales -ni siquiera verbales- sino por un espacio de encuentro y de concertaciones en bien del pueblo así como del futuro de paz, justicia y desarrollo cuyas bases deberíamos legar a nuestros hijos y nietos. ¿Es concebible un diálogo semejante entre los que postulamos un socialismo democrático y los que sostienen otras opciones? Sí, lo es, no albergo la menor duda siempre y cuando unos y otros actuemos obedeciendo, únicamente, a nuestra inteligencia y convicciones personales.

Se hace entonces necesario definir desde el principio de qué diálogo estamos hablando y quiénes concebimos que deben dialogar en vez de enfrentarse por la fuerza unos a otros. Personalmente, por lo menos, debo decir que el diálogo primario que en mi criterio resulta esencial y que es del cual he estado escribiendo, es el diálogo de los cubanos con los cubanos, sin que se mezclen para nada los que en otras partes del mundo están guerreando de formas imperiales contra los pueblos, como bien pudiera ser Irak, por ejemplo. Puedo afirmar a toda responsabilidad que en ninguno de mis escritos publicados al respecto, que ya son unos cuantos, he confundido las cosas, porque siempre he hablado de un diálogo inclusivo de los cubanos, de todos con todos sobre la base del respeto y de la igualdad y sin que algunos de los participantes quieran o pujen en pro de las revanchas, los odios y las destrucciones totales. Además siempre lo he planteado como propuestas iniciales, en las que todos los que nos interesen y tengamos algo que decir deberíamos opinar en el espíritu de completar y perfeccionar la idea que muchos estamos planteando.

Considero que es parte esencial del espíritu del diálogo, recibir de buena gana e incluso aceptar las razones y prevenciones que los demás plantean en el caso que sean justas y evidentes desde el punto de vista de la razón lógica. Es por eso, además de otras razones que considero muy importantes, que me he decidido adentrarme en la idea de plantear la posibilidad de un diálogo fecundo, positivo e inclusivo y doy por bienvenidas las opiniones y criterios que coadyuven a definirlo adecuadamente y a prevenir los peligros que el hecho en sí mismo pudiera entrañar.

Si es que hemos comenzado a perfilar de conjunto los límites y prevenciones que esta idea debe tener, manos a la obra pues. No faltará mi concurso, mi buena voluntad, mi capacidad de escuchar a los demás y mi espíritu autocrítico de aceptar las correcciones justas y necesarias que otros planteen al objeto de que todo sea positivo y exitoso, siempre con el respeto a la dignidad y la honra de las personas que tenemos delante.



domingo, 12 de agosto de 2007





Carta abierta de Félix Sautié Mederos a Desiderio Navarro

Desiderio:

Me veo obligado a responder a tu exabrupto a propósito del artículo publicado por Soledad Cruz con el título "El revolucionario riesgo de la verdad", en el que evalúas mi persona de forma hiriente, insultante e injusta, demostrando además poco conocimiento real de mi trayectoria dentro de la Revolución.

Era de suponer que tu participación en este debate obedeciera al principio del respeto mutuo de las partes que plantean sus criterios y aportes, porque si ante cada opinión se genera un conjunto de insultos e incursiones en la vida personal de la persona opinante, los objetivos del análisis se desviarán entonces hacia las descalificaciones, las ofensas, las amenazas y los pases de cuenta. Así, lo único que se logra es enrarecer toda la discusión, dañándose los efectos positivos que pudieran derivarse del análisis y de la búsqueda de soluciones. Pero más lesivo y repudiable resulta el caso, cuando lo que se dice sobre la persona opinante es falso, tergiversado y contaminado por prejuicios. Entonces el papel de quien de tal modo se proyecta es muy triste y lamentable.

Ante todo, Desiderio, tal vez pudieras esclarecer a todos los que han tenido acceso a tu brulote ¿quién es el que se ha abrogado la facultad moral de decidir los autorizados para opinar sobre los asuntos que tienen que ver con el pasado, el presente y el futuro del proceso social cubano? ¿Quién ha elaborado la lista de los autorizados, en la cual, obviamente, te consideras incluido?

No por socorrido resulta menos oportuno en este momento recordarte al tejado de vidrio que a todos nos cobija en este peregrinaje por la vida. Por fortuna, las hemerotecas y las bibliotecas son testigos imparciales que atesoran y guardan lo que todos hemos publicados durante estos años, Soledad, Luis Sexto, tú y yo, así como los demás y tendríamos que ver entonces a como tocamos cada cual.

En tus afirmaciones percibo un antes y un después, así como una manipulada valoración sobre quienes estábamos o no en el bando correcto, lo que a la larga origina una grave fractura de una sociedad la que, gracias a este proceso social, ha trabajado intensamente para labrarse su destino en el planeta. En el contexto de aciertos, desaciertos, aportes, dilemas, errores, logros y anquilosamientos hemos padecido problemas que en las primeras décadas de los años 60 eran distintos a los que afrontamos en la década del 70 y son esencialmente diferentes también a los que hemos venido encarando después del derrumbe del Campo Socialista. Para mí se descalifica a sí mismo quien asuma una pose de fiscal y a partir de ella abandona un comportamiento dictado por el sentido común y la necesidad de la superación, el cambio, las reformas y las rectificaciones encaminadas a la solución positiva del proceso en que todos estamos inmersos. En este sentido considero que todos sin excepción, estamos llamados a mirar en primer lugar para la viga que tenemos en nuestros ojos antes de ponernos a evaluar la pequeña brizna de los otros. Podría desencadenar un verdadero desastre social, autodestructivo, si todos nos dedicáramos al pase de cuentas unos contra otros.

Soledad Cruz y yo no coincidimos en Juventud Rebelde pues fui director de este periódico en el año 1967 y parte de 1968, mientras que ella comenzó allí cuando ya me encontraba en otros frentes de trabajo, tal y como precisaré más adelante con fechas y datos concretos. Para mí Soledad es una profesional cuyo desempeño merece respeto y consideración; lo mismo pienso sobre Luis Sexto y la gran mayoría de los colegas que actualmente ejercemos el periodismo en Cuba. Por lo pronto quiero decirte que nunca me he dedicado a hurgar en la vida personal de los demás, cosa que me parece deleznable, máxime cuando mediante sutilezas y ambigüedades se aluden vínculos como si mencionarlos equivalga a una descalificación moral automática, inmediata. Demonizar constituye un procedimiento que nos aleja del diálogo franco y fecundo que tanto necesitamos en Cuba, sobre la base del respeto mutuo, normas civilizadas, militancia ética y sentido de lo justo.

Cuando, además, se han forjado auténticos sentimientos de amistad, se crean las condiciones más idóneas y deseables para ese intercambio del que pueden formar parte, sin ofensas ni manipulaciones, discrepancias y puntos de vista diferentes. El recto sentido de la amistad parte del derecho que tenemos todos de manifestarla y de no andar manipulándola ni negándola cada vez que las conveniencias no sean favorables para su sano desenvolvimiento. Nunca he negado ni niego, valga el ejemplo concreto y real, mi amistad con Carlos Aldana, ni ahora ni antes cuando estaba en los trajines del poder y algunos decían seguirlo como parte de un mismo proyecto mientras que ahora cuando ya no tiene poder ninguno lo niegan y se agrupan entre los más acervos críticos. Formo parte de la misma generación, que por cierto nos desarrollamos al ritmo del esfuerzo y el trabajo en muchas tareas concretas de los primeros años de la Revolución. En consecuencia, no lo niego porque estuvimos juntos mucho tiempo en la UJC y en la Columna Juvenil del Centenario y después nuestros caminos se bifurcaron; siempre mantuve la amistad, la distancia y el intercambio fraterno y receptivo del que formaron parte planteamientos claros, de frente, por mi parte de lo que consideraba sus aciertos y sus errores. Esta incidental vale sobre todo porque de las etapas mías a la que aludes en Juventud Rebelde, era Armando Hart el Secretario Ideológico y no Aldana, posteriormente en mi paso por el Consejo Nacional de Cultura era Antonio Pérez Herrero y no Aldana, porque cuando Aldana fue Secretario Ideológico del Partido yo no estaba ni en Juventud Rebelde ni en el Consejo de Cultura, por lo tanto las asociaciones que intentas insinuar en tu escrito no son reales ni posibles ni por estructura ni por tiempo.

Dado que has planteado dentro de tus opiniones sobre mi persona alusiones que no son ciertas ni coinciden con los tiempos y las circunstancias, ni con los hechos, pensando en terceras personas que pueden ser llamadas a engaño, paso a exponer algunas percepciones.

1.- Sin detenerme en lo bajo que resultan tu insinuaciones en relación con mi fe cristiana, católica, te proporciono a continuación algunos elementos de juicio para que calibres tu desinformación y otros lectores se persuadan de tu falta de rigor factual y de seriedad intelectual. En 1956 yo formaba parte de la Dirección Nacional de la Juventud Estudiantil Católica en Cuba JEC y fue por esos años que convoqué una huelga estudiantil en los colegios católicos de la Habana y como consecuencia entré en un agudo conflicto con las jerarquías del momento y su actitud. Integrándome posteriormente al 26 de julio para después de forma ininterrumpida con mi trabajo y mis esfuerzos personales, pasar a las ORI, al PURSC y al PCC del cual soy fundador y fue el Partido el que me envió a trabajar en la Juventud Comunista.

Todos los que me conocen saben que nunca negué mis orígenes ni mis ideas cristianas y tengo testimonios y publicaciones al respecto. Todos los que han estado cerca de mi trabajo en este tiempo lo conocen y los que han sido mis jefes directos en la UJC y el Partido en esa época también lo conocen, que serían en definitiva quienes tendrían que saberlo. Después de que el IV Congreso del Partido planteó otro concepto al respecto, puedo manifestarlo libremente sin restricciones estatuarias de ningún tipo. Ahora, como me hice Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos y soy Teólogo Laico académico en activo, miembro correspondiente de la Asociación de Teólogos Laicos (católicos) de España , hablo con toda autoridad de conocimientos y de vida, sobre estos asuntos que forman parte de mi libre opción de conciencia a partir una historia personal que viene desde mi niñez a la fecha y que deberías respetar tal y como respeto tus ideas, antes de andarte con insinuaciones y sutilezas que para nada vienen al caso.

Es lamentable que ignores o soslayes el testimonio que de modo constante vengo dando de mi fe cristiana, católica unida con mi militancia revolucionaria activa, en obras como Sin tiempo para morir, publicada por la editorial Nueva Utopía de Madrid, 1999 (novela testimonio de vida, franca y descarnada con impacto en la prensa española de la época); desconoces o silencias otro título, Evangelio y Revolución junto con Pedro Casaldáliga y Benjamín Forcano, aquí mi parte se denomina "Testimonio de un Cristiano Marxista Cubano" publicada por la Editorial Nueva Utopía en España Madrid año 2000. Está en impresión otro libro de testimonio, empastado con 500 páginas que se titula Mi testimonio muy personal previsto para lanzarlo a finales de año. Esto es entre otras publicaciones tales como Cuba problemas y retos, Palabras de Esperanza y casi 1,000 artículos periodísticos publicados de 1996 a la fecha.

2. - Durante mi tiempo de Juventud Rebelde, 1967, 1968 se inició una etapa de crítica a todo lo mal hecho en la Revolución que dirigí personalmente, de la que recuerdo por ejemplo la crítica por la pérdida de 400 toneladas métricas de mantequilla; también "El Sable Encajonao" sobre mercancías con años sin recoger en los almacenes en el Puerto de La Habana, en donde increpamos a todos los ministerios del país. De esa época además a manera de ejemplo puedo citarte algunos artículos y trabajos míos tales como la elaboración y publicación de El Caimán Barbudo (II época No. 20, mayo de 1968) con los plásticos (Matta, Saura, Posada, Peroga) nada convencional o reaccionario. Pudieras buscar también en Juventud Rebelde mi artículo en esas semanas sobre el Surrealismo y mi concepción pública en relación con el Realismo Socialista, denominado "Bienvenido el Surrealismo a Juventud Rebelde" o mi artículo "Militante o Artista" del 3 de junio de 1967 del cual si quieres te podría enviar una copia que aún conservo en mi poder, para que apreciaras la posición pública firmada con nombre y dos apellidos por un miembro del Buró Nacional de la UJC en la cual me opuse tal y como me volvería a oponer hoy, a la tendencia de algunos cuadros dirigentes de pedirles a los jóvenes la disposición de dejar de ser artistas para ser militantes. Otros más como "Respuesta a quienes nos increpan" de fecha 15 de agosto de 1967 en la que hablo de los burócratas, "En el Bando de los Inconformes" de 26 de agosto de 1967, ¿Por qué la Chicharra" un suplemento de críticas 5 de marzo de 1968 (Cómo verás de algunos cuyas copias conservo te doy las fechas para que no pases trabajo en buscarlos, pero te reto a buscar muchos más aún en una biblioteca o hemeroteca con todos los periódicos en la mano, para ver si después puedes seguir afirmando lo que superficialmente has planteado en público sin tener pruebas concretas. Mis compañeros de la época aún vivos podrían darte más información al respecto.

3.- Terminé mi etapa de Director de Juventud Rebelde castigado por la publicación del suplemento crítico La Chicharra, en la Granja Juventud Heroica de Ciego de Ávila, durante prácticamente un año, recogiendo bejucos de boniato como parte de la Columnas Juveniles Agropecuarias y no precisamente de Jefe. Después me pasé tres años más en la Columna Juvenil del Centenario durante las zafras 1969, 1970 y 1971.

4.- Fui enviado al Consejo Nacional de Cultura en el año 1972 como Director de La Escuela Nacional de Arte y Director Nacional de Escuelas de Arte y quizás podrías averiguar sobre mi trabajo allí no precisamente dogmático. De esa fecha tengo publicado un artículo con el título ¿Por qué instructores de arte? en El Caimán Barbudo No 57 de junio de 1972 reproducido por cierto de nuevo en la Edición 333 de marzo abril del 2006. Ahí están mis ideas y conceptos del momento que en esta dirección son los mismos de hoy.

En el breve tiempo que estuve como Vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura, mi actuación concreta fue precisamente iniciar la rectificación de la famosa Resolución No. 3 para lo cual me reuní uno a uno con los teatristas y principales músicos afectados, con cuyos resultados elaboré un Informe sobre la Situación del Teatro en Cuba que fue un importante detonante para la solución positiva de aquel problema entonces escandaloso. Mi postura en aquellos momentos no fue fácil porque tuve que afrontar muy solo problemas e incomprensiones, para lograrlo dentro de la Dirección de Cultura de aquel tiempo. Tengo en mi poder copias de ese informe así como de la documentación de ese proceso que puede avalar todo lo que digo al respecto, así que antes de ser tan ligero en las inclusiones y exclusiones en lo que se ha dado en llamar el quinquenio gris, deberías ser más riguroso con los hechos y con la verdad.

5.- Tu ignorancia o el desdén por los hechos que no concuerden con los prejuicios que transparentas pueden explicar que desconozcas que por mi cuenta y riesgo propuse a la Dirección del País ―después de haber recorrido los principales estados socialistas con que teníamos relaciones culturales y de haber participado como delegado de Cuba en las reuniones de Ministros de Cultura de los países socialistas― la creación del Ministerio de Cultura y de que Armando Hart fuese su titular dado el hecho del planteamiento por mi parte de que el Consejo Nacional de Cultura no cumplía su cometido. Tengo copias de la documentación que avala esto.

6.- Por petición mía expresa a Armando Hart, pues en esos días estaba muy triste aquí en La Habana por motivo de la muerte de un hijo mío muy pequeño que el cáncer lo consumió, salí del CNC para Director de Cultura en la Isla de la Juventud. Hay algunos trabajos periodísticos publicados respecto a mi gestión en la Isla aunque mejor sería que fueras hasta allá para constatarlo como investigador de cultura que eres. Ahora mismo, sin tener que desplazarte mucho, podrías comenzar esta investigación cultural con Angelito Norniella y Amelia, quienes tienen el taller Terracota en La Habana Vieja, ellos podrían darte una evaluación de mi trabajo y de mi actitud con lo nuevo y con los jóvenes, ellos podrían darte también muchos más nombres como por ejemplo el de los poetas Chely Lima, Serret, Paco Mir y otros más. Quizás también podría averiguar quien fue el que organizó en la Isla el Grupo de Teatro de los Pinos Nuevos y el de teatro para niños La Toronjita Dorada. Podrías preguntarle además a Ignacio Leyva el padre de Kcho quien fue el que apoyó a Marta Machado y promovió su taller de sueños en aquellos hermosos momentos. Kcho entonces era un niño de primaria pero su padre si fue testigo de esa época, pues trabajaba en mi época, de en la Dirección de Cultura en la Isla de la Juventud. ¿Por qué no le preguntas?, antes de hablar sobre mi etapa en cultura.

De todo lo que aquí he dicho tengo pruebas y documentación suficiente para avalarlo. También hay muchas personas vivas y presentes en el país que dado el caso que hiciera falta pudieran testimoniarlo, muchas de las cuales recibirán copias de esta carta pública que hoy te dirijo.

Finalmente, Desiderio, creo sano reiterarte la necesidad de que todos dejemos los ataques y contingencias personales a un lado, para dedicarnos al diálogo fecundo que construye y promueve las soluciones que tanto requiere el país para que nuestros hijos y nietos puedan vivir en un mundo mejor. En esta línea de pensamiento, quiero citar lo que al respecto de esto asuntos, planteo en mi artículo publicado en la República Digital de España con el título "Algo sobre la ética en el debate Revolucionario" con fecha 31 de julio del 2007: "Yo pienso que la agresividad en la palabra contra las personas que no comparten nuestros criterios, no es sano ni constructivo. Esto tradicionalmente, ha hecho mucho daño al Socialismo y ha afectado su prestigio entre las masas. El uso de vocablos agresivos no es útil ni siquiera para criticar las peores manifestaciones del comportamiento humano o social. Poca comprensión se logra de alguien, ofendiéndole con desautorizaciones pontificiales y calificativos peyorativos e insultantes" (http://www.larepublica.es/spip.php?article6360)



Félix Sautié Mederos
E-Mail: fsautie@yahoo.com




Llega a mi correo electrónico, aclaro que por las vías oblicuas que ya se han vuelto costumbre en estos casos, el siguiente comentario de Amaury Pérez Vidal al artículo de Soledad Cruz en Kaos en la Red:

Gracias por reenviarme estos correos (Soledad y Laó). El de La Doña me ha provocado risas que más tarde se convirtieron en arcadas. Todo lo que dice es cierto, pero... ¿ella?, ¿la extremista temida de JR, la fiscal e inquisidora ideológica, la defensora y amiga irrestricta de Aldana y Tony Pérez, la vocera del Partido y sus más retrógradas disposiciones, la que te invitaba a la polémica y después, como hizo con una célebre disputa con Cuenca, el gran artista plástico cubano, y con un servidor, editarte tus argumentos a su gusto para preparar luego la siniestra respuesta, la que se gastaba más tarde el dinero de Cuba comprándose en París (cuando era la embajadora de Cuba ante la UNESCO) un ostentoso y caro abrigo de piel por el que los ecologistas debieron odiarla y en medio del período especial, la que atacó con todo al cine cubano y detonó "El caso Guantanamera" poniendo en crisis a Fidel versus los cineastas cubanos? Yo no sé si como dice Laó, en las "altas" esferas cayó mal su artículo, pero, en las "bajas", es mi caso, me sentí estimulado porque jamás creí en ella y ahora este articulito me lo corrobora. A Soledad no le importa nada de lo que escribe (hay que saber como ha sido su vida) ¿Ahora pretende ser Juana de Arco o lo hace para garantizarse un espacio en el cielo de los oportunistas y salir del anonimato?

El país también tenía problemas en los ochenta y en los setenta y la señora se calló y no sólo se calló sino que apoyó, con su disfraz de niña terrible, los desmanes de esos años, que los había. Ya la veremos escribiendo para El Nuevo Herald, "vivir para ver".

Ya te digo, lo que Soledad dice es cierto, muy cierto (hay algún que otro disparate y la redacción parece la de una estudiante de primer año de periodismo) pero viniendo de semejante engendro hay que estar alerta. Yo no me dejo confundir ni en tiempos confusos.



Amaury

P.D. En cuanto a la referencia de Laó a mis aretes debo apuntar que Soledad no solo se detuvo en ellos sino que intentó a partir de eso desmontarme políticamente. Al fin y al cabo, si a la luna le faltaban los aretes ¿que más daba que los tuviera yo?




Desiderio Navarro sobre Soledad Cruz

Toca el turno de Desiderio Navarro:

¿Y en sus décadas de periodista estrella de Juventud Rebelde, de estrechos vínculos de trabajo con el Secretario Ideológico del Buró Político, y de Embajadora ante la UNESCO, no veía absolutamente nada de todo eso que ahora de repente ve con absoluta claridad y que su periódico, ahora con taras "estalinistas", no le permite publicar? Y si lo veía y no le permitían revelarlo, ¿cuántos textos como éste publicó en canales extraoficiales cubanos o extranjeros en todos esos años, criticando esos fenómenos y su censura? ¿O es que hasta ahora pensaba que sí se sirve, que sólo se sirve a la Revolución Cubana "ocultando sus taras, defectos y problemas"?

Estos más o menos destacados trabajadores ideológicos de la Línea Dura, que, en típicas transiciones de Período Especial, han pasado de la vicepresidencia del CNC en el Quinquenio Gris y otros sucesivos cargos directivos a la ética teológica -como Sautié-, del dogma al elogio de la herejía -como Luis Sexto-, y del periodismo contentatario al contestatario -como Soledad-, si desean tener cierta credibilidad y contribuir a la eficacia social de sus ideas críticas actuales, deberían proporcionar a la sociedad un utilísimo trabajo testimonial que sólo ellos y sus homólogos pueden realizar: no un mea culpa, ni siquiera una autocrítica, sino un análisis, basado en su rica experiencia biográfica, de las motivaciones y mecanismos ideológicos, psicológicos, políticos, económicos, etc. que siguen llevando hoy a muchas personas a desarrollar y mantener las mismas posiciones y conductas que ellos mantuvieron hasta hace poco.



Desiderio Navarro




La mejor respuesta al “revolucionario riesgo de la verdad”: subirle la parada

Paloma Pardo, Madrid
[Paloma Pardo (nac. 1942, La Habana). Cardióloga en retiro. Reside actualmente en Guadalix de la Sierra, Comunidad de Madrid, España.]

Soledad Cruz se nos ha vuelto reformista. Y yo, que he visto tantas cosas en mi vida, no salgo del asombro. Abandonó su ostracismo de embajadora en paro y se nos aparece con un polémico artículo de corte aparentemente contestatario en una publicación fuera de Cuba. Nada menos que en Kaos en la Red, un sitio web plagado de estalinistas (en sentido literal), donde los lectores suelen rematar sus comentarios dándole vivas al padrecito genocida. Cosas veredes, Abicú, que te dejarán cenizo.

El artículo de Soledad Cruz, "El revolucionario riesgo de la verdad", visto al trasluz y contraluz, sólo puede responder a una de dos: o Soledad tenía luz verde de los jerarcas del Partido para atreverse a tanto (aunque desde aquí nos pueda parecer tan poco), o la señora Cruz se llevó la roja actuando por su cuenta y riesgo y poniéndose la nomenklatura por montera. Aunque yo me inclino por lo primero, tampoco me lo juego a cara o cruz, porque al final resulta indiferente la motivación real que haya sentido nuestra reformadora de las postrimerías, de repente tan preocupada por los destinos del país.

Bien puede tratarse de una tarea oficial asignada como balón de ensayo, o quizás le haya dado un súbito ataque de honestidad. Ya lo sabremos. Pero en cualquiera de los dos casos, la intención del artículo de Soledad sería la misma: llevar de rebote a Cuba su propuesta y provocar el debate entre cuadros, funcionarios, profesionales, periodistas e intelectuales con acceso a la intranet. Es decir, crear un estado de opinión propicio a la posible implantación gradual de una economía de mercado según el modelo chino, pero limitada y dejando intacto todo el aparato represivo de la dictadura.

Las reacciones adversas no se hicieron esperar, pero significativamente no de parte del establishment. Saltó indignado Desiderio Navarro y le echó en cara a la “periodista estrella de Juventud Rebelde” su ceguera total en el pasado, tan distinta a su actual visión 20/20. Desiderio et al., atrapados en su burbuja gris quinquenal, están muy convencidos de que la lucha es más heroica cuando se combate a los fantasmones del “Quinquenio gris”. O del “decenio negro”, según quiénes y con cuál eufemismo rotulen aquellos años setenta y parte de los ochenta (de miseria romántica, realismo socialista y croquetas sputnik), en que la konsomola en ascenso llegó a ser la voz más alta de la prensa oficialista. Muy comprensiblemente, no le perdonan a la ex protege del ex poderoso Carlos Aldana que mientras ella vacilaba el socialismo, la mayoría de los artistas y escritores viviera siempre con su pecado original a cuestas, siempre bajo sospecha y siempre percibidos como culpables a priori.

Es verdad que la mayor parte de los intelectuales sufrió indecibles vejaciones durante ese período, o incluso antes y después. Pero igual o peor la pasaron los demás sectores de la sociedad cubana, muy especialmente en los medios universitarios, por no hablar de los que purgaron largas penas de prisión sólo por expresar abiertamente su oposición o simplemente su descontento. Eso que se llama pueblo, francamente, no parece importarles demasiado a nuestros laureados escritores y artistas, que nunca dejaron de lamer la misma bota con que los pateaban.

Eso sí, hoy prefieren desquitarse con Luis Pavón o con Papito Serguera, dos sargentones de la cultura que simplemente ejecutaban instrucciones de sus superiores y, llegado el caso, podrían alegar en su descargo razones plausibles de obediencia debida. Ahora también le piden la cabeza a Soledad, que es apenas la anécdota y la mano frívola y visible, pretendiendo ignorar que la esencia de todos los males de Cuba sigue teniendo dos nombres pero un solo apellido. Acorralan a la que antes no daba puntada sin hilo en su temible sección “Por el ojo de una aguja” y la conminan a escribir una semblanza autocrítica detallando sus vilezas de hace dos décadas. Sólo que para ser mínimamente coherentes, debieran ser igual de exigentes con quienes ostentan el poder real y aplastante. Si Raúl Castro se dispusiera mañana a adoptar un paquete de medidas similares a las adelantadas por Soledad, ¿se atreverían a pedirle cuentas de su negro pasado estalinista y exigirle un currículum minucioso de todas sus fechorías al jefe del jefe del jefe de la gacetillera devenida embajadora?

No parecen enterarse de que el llamado Período Especial, que ha abarcado el lapso de una generación, ha sido lo más oscuro de todo este casi medio siglo tenebroso. Tuvo entonces que ser un joven de 25 años, Jesús Laó, el que se diera cuenta de que las palabras de la señora Cruz esta vez encerraban algo nuevo y digno de tomarse en cuenta. Laó se informó con su padre acerca de la controvertida periodista y se fue a revisar periódicos viejos en la hemeroteca, para constatar entre otras cosas que en sus buenos tiempos Soledad le había dado un histórico halón de arete a Amaury Pérez Vidal. El joven se habrá divertido de lo lindo descubriendo que una velada acusación de mariquita había logrado desestabilizar políticamente al conocido cantautor, hijo de mamá y papá, que aparece hoy en todas las tribunas revolucionarias.

A Amaury, por su parte, no se le olvida lo del arete, aunque ha optado por echar al olvido las cosas peores que rajaba de él Silvio Rodríguez, el diputado de la Nueva Trova. Para el nene de Consue, una vieja enemiga sigue siéndolo aunque intente demostrar lo contrario. Desbarra de ella y su buena vida parisina, le quita el visón de un manotazo, la encuera y se la echa depedazada a la jauría ecologista. Ya de paso la emprende contra su ex protector Aldana, que en todos estos años ha estado en pijama, fuera del potaje político nacional. Naturalmente, es menos riesgoso hacer leña de un árbol caído que caerle a hachazos al viejo Caguairán, ese mítico quiebrahacha abatido por la historia y por la biología.

Hay que tener fe, que todo llega a tiempo para la venganza. Y hay que ser corto de vista y de honestidad para atribuirle el exabrupto mayestático contra la película Guantanamera a un pitazo de Soledad, y no a la manía de Fidel Castro de meterse en todo. En último caso, hasta cabría admitir como lógica la alarma sobre el divertido filme, dado que ni a Soledad ni a ninguno de los talibanes les faltaban sus buenas razones para sospechar una caricaturización irreverente del Máximo. Cuando en la pantalla aparece un charlatán enloquecido y autoritario, todo el mundo inmediatamente piensa que al personaje lo único que le faltó fue la barba. ¿No lo sabe Amaury, que se empeña en culpar de la represión a una figura menos que secundaria, en lugar de los dos máximos culpables?

A diferencia de Amaury y Desiderio, Laó no mató a la mensajera como hacían los reyezuelos ensoberbecidos con los emisarios portadores de malas noticias. En vez de darle una patada a Fidel en el trasero de Soledad, el joven captó rápido el mensaje y lo procesó, sin preocuparse mucho de su redacción y estilo deshilvanado. Mas, viendo que la ex embajadora se centraba demasiado en aquellos que tienen automóvil y casa pero no pueden disponer libremente de esas propiedades, lo adaptó a sus coordenadas vitales, a su yo y sus miserables circunstancias, y a las de sus pares generacionales.

Pues ni él ni sus amigos tienen casa ni carro, ni ninguno de los problemas de ese mundo clase media en que se mueve Soledad. Por no tener, ni siquiera tienen esperanzas de un futuro mejor. Intuyen por eso que, de seguir por ese rumbo, les espera la misma vida de perro que han llevado sus mayores todos estos años. Padres e hijos quieren que las cosas cambien. Y de darse la coyuntura, no pocos estarían dispuestos a hacerlas cambiar.

De ahí la importancia de ver el mensaje de Soledad como el borrador embrionario para un pliego de peticiones de mayor alcance. Su queja sobre el estalinismo en la prensa cubana no es menos verdad porque lo diga ella. Y sus propuestas son en general inobjetables, si se despojan del lastre de la retórica fidelista. Libertad para viajar al exterior, gestión privada en la agricultura y la gastronomía, propiedad real sobre viviendas y automóviles, libre trato con extranjeros, etc., son aspiraciones de muy larga data en Cuba, probablemente compartidas en silencio por un buen número de altos funcionarios del régimen.

¿Que por qué Soledad no dijo esas cosas antes?, se preguntan los Desis y los Derios, como si no supieran que por menos que eso acusaban a cualquiera de agente de la CIA y lo mandaban a unas largas vacaciones en Villa Marista, la tenebrosa Lubianka habanera. ¿O es que se les ha olvidado la suerte que corrieron hace más de quince años los firmantes de la Carta de los 10, cuyas reivindicaciones no eran mucho más radicales que las de Soledad? ¿Tampoco recuerdan que la mayoría de los miembros de la UNEAC contribuyó con su firma a machacarlos y a sellar su destino de parias políticos? No ya Soledad, ni el mismo Raúl Castro se hubiera atrevido a decirlo antes si realmente lo hubiera pensado.

En vez de atacar a Soledad por oportunista, hay que arrancarle a la loba un pelo y celebrar que haya elegido una buena oportunidad dentro de la actual situación creada por el interregno. De lo que se trata, más bien, es de completar lo que a ella le faltó. En Cuba, por poner dos ejemplos, las elecciones son una farsa ridícula de candidatos a dedo y las cárceles están llenas de inocentes condenados por opinar libremente igual que ahora lo hace ella. No estaría mal que nuestros intelectuales pidieran elecciones libres, o amnistía para todos los presos políticos, así como para un elevado número de presos comunes que sólo han cometido delitos económicos menores.

Sería una buena idea, pero eso los colocaría de hecho dentro de la disidencia. Y no se les está pidiendo tanta testosterona. Sí podrían, en cambio, exigir libre acceso a Internet para todos. O que la Asamblea Nacional deje de ser un órgano decorativo y se ocupe de los acuciantes problemas nacionales, dándole contenido real a esas sesiones coreográficas pro forma que siempre terminan en unanimidades triunfalistas.

Lo que importa, finalmente, es hacer valer el derecho de petición. Algo sobre lo cual la “rebelión de los emails” de hace unos meses sentó un importante precedente. Sin sobredimensionar su impacto y significación, fue sin duda un hecho novedoso en ese país de ciegos y sordomudos políticos. En cuestión de pocos días se puso en marcha una corriente de protestas mediante correos electrónicos que debió de poner nerviosos a los “insomnes centinelas” del Aparato. Al final, sabemos que todo se diluyó en un debate nostálgico sobre los excesos del “Quinquenio Gris”, pero hubo quienes aprovecharon la ocasión para presentar una agenda más exigente. Le subieron la parada.

De eso exactamente se trata otra vez: de subirle la parada, y por lo menos doblarla como en los juegos de envite. La mejor respuesta al artículo de Soledad Cruz es acogerlo, corregirlo y enriquecerlo. No hay que quedarse mudo y cruzado de brazos por el solo hecho de no simpatizar con Soledad. Más que nunca, conviene aprovechar de forma proactiva todo resquicio institucional para arrancarle concesiones al régimen y avanzar hacia la democratización, sin descartar por supuesto otras formas de oposición más frontal, como la campaña del “yo no coopero” o las protestas silenciosas y dignas de las Damas de Blanco.

La lucha de la emergente sociedad civil debe librarse en todos los frentes. Teniendo en cuenta la excesiva capacidad de aguante de “nuestro pueblo” en todos estos años de “Período Especial”, no parece probable un estallido popular a corto plazo. Menos aún si mejoran los abastecimientos. De ahí que no sea mala táctica jugar a la vez dentro y fuera de la cancha, según las reglas y contra las reglas, a fin de sacudir la inercia y salir del inmovilismo.

Más nos agradaría un levantamiento o una huelga general que paralizara al país, pero eso dependerá de los que están dentro de la Isla y del rumbo que tomen los acontecimientos. Desde el exilio no tenemos más alternativa de intervención que apoyar a la oposición y advertir sobre el peligro del “pragmatismo” raulista. El raulismo no es una fatalidad posible, es una realidad. Los cambios que se perfilan serán sobre todo de carácter económico, quizás con la inclusión de algunos aspectos sociales como los esbozados en el artículo de marras, pero sin hacer mayores concesiones políticas. El plan parece consistir en ofrecerle al pueblo más alimentos, pero no más libertades. De la disyuntiva “los frijoles o los tanques” pasarán a la fórmula de pan con terror. Aparentemente han ganado esta partida. Pero no hay que dar el juego por perdido, aunque la sucesión dinástica sea un hecho más que consumado.

Después de los festejos por el 26 de Julio, son pocos los que dudan respecto a quién realmente lleva el timón de la nave. En su discurso conmemorativo Raúl Castro formuló vagas promesas de reestructuración gradual y ofreció a estas alturas “leche para todos” como la gran conquista revolucionaria de un futuro que nunca llegará. Too little, too late, o “a esta hora y con ese recado”, dirán los más escépticos. Pero otros no se percatarán de que los cambios no vendrán porque Raúl tenga un corazoncito más sensible, sino porque ya no se pueden postergar más las reformas en el devastado país que le toca en herencia.

Ahora corresponde elevar peticiones más audaces y no esperar que les “bajen” migajas con medidas lentas y calibradas. Éste es el momento de recordarle a la élite enquistada en el poder que el pueblo no desea cambios por goteo. Los quiere y los exige ya. Ésta es la hora de los conflictivos, los problemáticos, los subversivos y los incitadores al caos renovador. La hora exacta para los que no tienen nada que perder, excepto el miedo.



************************************ Posdata:
Terminadas estas líneas, me informan ‘de buena tinta’ que Soledad Cruz disponía del aval de Mariela Castro para publicar su artículo fuera del país a modo de globo sonda. Un rumor, desde luego. Pero la “rumorología”, aunque es indudablemente una ciencia muy inexacta, resulta imprescindible para el analista de los asuntos cubanos.
La suposición de que Soledad escribió su artículo por encargo suena aún más verosímil tras las declaraciones de Mariela a la prensa internacional sobre posibles “transformaciones necesarias” en Cuba, aunque “sin caer en el caos”. Además del apoyo a Soledad por parte de cuadros castristas de línea dura como Félix Sautié y Luis Sexto, la idea del ‘globo sonda’ cobra más sentido en vista de los intensos rumores sobre la resurrección política del tronado Carlos Aldana, ex ideólogo del Partido y ex protector de Soledad. Se asegura que Aldana ha vuelto discretamente como colaborador de Raúl Castro, e incluso se especula que fue el autor del discurso leído por éste el pasado 26 de julio. Cosas veredes, Abicú, que te pondrán muy cenizo.
por Jorge A. Pomar at 18:17 5 Comentarios
Wednesday, 8 August 2007





La soledad de Soledad Cruz

Iliana Curra

Apenas la recordaba, pero acabo de leer su columna, “El revolucionario riesgo de la verdad”, donde reconoce: “sucede que en el periódico, al que estoy vinculada desde el año 70 no puedo hacerla pública porque entre las taras estalinistas de las cuales no ha podido librarse el socialismo cubano está el mantenimiento de un periodismo al margen de la dinámica de la vida”. Y aquí resume la total carencia de libertad de expresión en un sistema que siempre ha defendido por ser una acérrima comunista pero que, al parecer, está entendiendo que será imposible mantener a fuerza de la misma represión de siempre.

Soledad Cruz ya no es embajadora ante la UNESCO, tampoco es la estrella que pudo ser en un tiempo donde, por cierto, todo estaba igual… o parecido, y no exigió cambios. Quizás alguna que otra pequeña polémica para llamar la atención, pero firme en sus posiciones castro-comunistas de siempre, incluyendo sus íntimas relaciones con ciertos personajes siniestros del régimen que la ayudaron a elevarse por encima de la media. Ahora Soledad está sola. Se hunde en su propio nombre. O quizás está tendiendo una de sus trampas castristas para aparentar una dinámica típica de los que razonan. Pudiera ser también que se ha dado cuenta que el sistema no da más y el barco llamado revolución naufraga en profundas aguas. No sé, únicamente ella lo sabe.

Soledad Cruz habla de “problemas internos”, de “niveles de inconformidad” y que “la mayoría de la población quiere salvar la revolución”. Hace un análisis a lo comunista, sin salirse de la raya que pudiera llevarla al paredón moral de los que se atreven a opinar libremente. Y para eso se escuda diciendo que “la mayoría inteligente sabe que no puede esperar nada mejor del capitalismo y mucho menos de los Estados Unidos”, y para reafirmar su fundamentalismo dice “o de los atorrantes de Miami”, sin tener en cuenta, incluso, que algunos de esos atorrantes la han tomado como alguien digna y capaz de pedir cambios en un sistema que los hace iguales, aunque ellos estén de este lado, pues desde aquí utilizan la libertad de este país para defender la tiranía y realizar sutiles campañas de descrédito contra la nación que le abrió las puertas. Son lobos de la misma camada.

También ahora Soledad habla de permisos de salida, compras de cartas de invitación para viajar al extranjero y del regreso obligado a los once meses, como métodos de presión a los cubanos, mientras justifica esos mismos métodos contra los “burgueses” y los “contrarrevolucionarios” para entrar en el tema que algunos voceros del régimen castrista han tomado como bandera para exigir en los Estados Unidos lo que en Cuba no fueron capaces. Y es cuando llega al tema de “las nuevas generaciones” y de los “emigrantes económicos”, quienes salen a “buscar algún dinero” y luego regresan a Cuba “a gastarlo con su familia”, negocio redondo para una tiranía que no permite la libre empresa a los cubanos, pero sí que vengan al “imperio” a buscar el dinero “maldito” llamado dólar.

¿Acaso a Soledad no le han permitido viajar últimamente por alguna vaga sospecha de sus camaradas? ¿Quizás todo esto sea por resentimientos personales?

Pero Soledad sigue hablando de leyes irracionales en Cuba, de propiedades compradas que tienen que volver a pagarse si los dueños se quedaron, que así mismo pasa con los autos, de que nada es verdaderamente tuyo, y de todo el caos que se llama comunismo, pero que ella solamente ve la parte que le interesa y que puede darse el lujo de escribir en un panfleto de manera casi clandestina, obviando los verdaderos horrores de ese sistema, como fueron los fusilamientos masivos, los encarcelamientos a cientos de miles de cubanos, los crímenes en alta mar, el adoctrinamiento en las escuelas, y el apartheid contra los nativos que existe en la isla. Pero claro, el asunto es que Soledad es parte de ese aparato demoledor que ella llama “socialismo”, pero que su nombre exacto es: tiranía.

El aparente resentimiento contra el no poder “llevar en el auto a extranjeros”, así como recibir “una multa de 1,500 pesos” por hacerlo, ni que “se pueden hospedar a los amigos que nacieron en otros lares en la casa”, me da la impresión de que sus amiguitos extranjeros, los cuales conoció en su etapa de embajadora en Europa, ahora son víctimas del mismo sistema que siempre ha defendido, y para eso recalca: “no todos los ciudadanos son iguales, ni todos hacen negocios turbios y es muy lamentable que quien te brinda hospitalidad en su país no pueda ser reciprocado”. Está claro que le pisaron el callo. No hay mucho que comentar al respecto.

Y pasa a un punto crítico cuando dice que: “la lucha contra la prostitución está llevando a frustrar las relaciones verdaderas entre nacionales y extranjeros”. Como en cualquier parte del mundo, aquí se enamoran las gentes de cualquier parte y se hacen amigos también”. Pero no reconoce la galopante prostitución, ahora conocida como “jineterismo”, en un sistema que se implantó para acabarla supuestamente, para barrer con los barrios de prostitutas, mientras que ahora están dispersas por toda la isla, muchas de ellas tratando de escapar del paraíso que tanto ha defendido esta periodista. En fin, Soledad toca varios puntos neurálgicos de la destruida sociedad cubana, pero sin llegar al fondo del por qué, siempre dejando muy clara su posición “revolucionaria” para que no le cueste un viajecito a Villa Marista y luego otro a una prisión conocida como “Manto Negro”, donde pudiera ver desde cerca la realidad de una Cuba que ella desconoce, porque siempre ha vivido en las alturas de la tiranía y al margen de la verdad.

Sus comparaciones con los antiguos países socialistas de Europa del Este y sus economías caducas, así como su eterna culpa a Estados Unidos y “los desnaturalizados de Miami” la llevan siempre al callejón sin salida de aquellos que dicen criticar, pero no critican. Pasa un paño húmedo a un suelo enfangado y sucio intentando limpiarlo, pero ese suelo habría que levantarlo para poner losas nuevas.

Hoy Soledad parece que está sola, o intenta engañar a una opinión pública que lee con curiosidad un escrito lleno de doble moral y sutilezas porque, a estas alturas de la vida, a nadie engaña. Debiera ensayar de nuevo y, pedirle a los voceros de su régimen en Miami que, por favor, no la ayuden utilizándola como alguien capaz de entender que hay que hacer cambios, siempre dentro del sistema, pero cambios al fin. Eso la daña mucho y alerta a quienes pudieran engañarse creyendo que dice la verdad.

Es preferible que siga siendo parte de ese estalinismo al que siempre ha pertenecido y no se haga la revolucionaria que busca cambios para evitar el derrumbe. A fin de cuentas, la caída está en camino y ya no tiene tiempo para nada.







La Soledad del corredor de fondo

Jesús Laó

El artículo “El revolucionario riesgo de la verdad”, de Soledad Cruz, publicado recientemente en la website “kaosenlared” y circulado ampliamente entre nosotros vía email, como todo escrito polémico y sanamente provocador, máxime si ve la luz en tiempos tan difíciles como los que vive Cuba ahora mismo (justamente los que generan ese tipo de periodismo, imposible de ejercer en la prensa oficial cubana), ha traído reacciones tan diversas como contradictorias, pero no ha dejado indiferente a nadie.

Como sólo tengo 25 años, enseguida pregunté a mi padre (también vinculado al mundo de la comunicación social) sobre la autora, y lo que me informó fue poco después corroborado por mí en una visita a la biblioteca: se trata de una periodista cultural que hizo época en los ya lejanos años 80 en el periódico Juventud Rebelde justamente por la agudeza y la audacia que el artículo en cuestión revelan. Si bien se movió sobre todo en las áreas de su especialidad (los medios, el teatro, la cultura en general), los escritos de Soledad devinieron más de una vez encendidas polémicas; cierto que se encuentran también banalidades (como una risible reyerta en torno a la cantante Rebeca Martínez, o si era legítimo o no que Amaury Pérez usara aretes) pero en sus mejores momentos, que no fueron pocos, Cruz trascendió la mera reseña para rozar ingentes problemas sociales de la cultura, y movió las aguas de la opinión pública en una sección destinada al diálogo llamada “Por el ojo de la aguja”.

Justamente esa actitud combativa y crítica (de esto sí no me enteré en la biblioteca) catapulteó a la periodista al para ella ajeno campo de la diplomacia (fue embajadora de Cuba ante la UNESCO), pero al regresar, encontró que la Cuba cómodamente socialista (pese a todos sus problemas) sobre la que ella escribía e invitaba a responder, era otra: Período Especial, base capitalista sobre estructura del otro sistema, dolarización, abismos sociales... Y claro, una “lengua viperina” como ella, si bien siempre identificada con el sistema, no hacía mucha gracia: la enviaron (para no hacer el cuento largo) a su casa a escribir un libro con el sueldo del periódico, y así, tras varios años en este oficio no dudo que riguroso y laborioso, pero ajeno a las “mareas” de la opinión y sus reflujos, Soledad Cruz se nos aparece con el artículo de marras, en un estilo aún más afilado y energético que en sus comentarios de otrora.

Yo soy de los que aplaudo la movilidad en las ideas, desearía incluso que no en un website al que (sabemos) la mayoría no puede acceder, ni a través del correo electrónico del que la mayoría carece, sino en las páginas de nuestros principales periódicos y revistas (perdonen si les sueno al Thomas Moro de Utopía) se publicaran artículos como “El revolucionario riesgo de la verdad”, de Soledad Cruz, pero justamente haciéndole honor a ese sano espíritu polémico que ella mismo ejecutó y sembró en los 80, voy a disentir de algunas de sus reflexiones.

La autora sin dudas pertenece a la clase media, y desde ese estrato reclama, exige, sugiere. Ello en sí mismo, nada tiene de objetable, como quiera que la gran mayoría de la intelectualidad cubana (al margen de sus militancias y credos políticos) integra ese grupo social, pero vamos, una mirada realmente abarcadora, objetiva de una periodista que como todos (también al margen de militancias y credos políticos) anhela los cambios que mejoren la vida del cubano (todo) debiera pensar y escribir un poco más amplio, y sobre todo, un poquito más “abajo”.

Soledad habla de quienes no pueden traspasar su carro, venderlo en buena lid a los que tengan la posibilidad de mantenerlo mejor, pero olvida a los millones que no pueden hacer tampoco nada con el auto porque simplemente no lo tienen, y por ello deben esperar horas ante una parada donde no pasan guaguas o las contadas que lo hacen están repletas y no paran, y deben entonces, o caminar cualquier cantidad de cuadras, o gastarse sus contados pesos en los almendrones que, cierto, son caros y desconsiderados, pero son, y al menos permiten llegar al trabajo o al cine a tiempo, o regresar a casa tras varias horas de infructuosa espera en las henchidas paradas.

Habla también la autora de quienes no pueden hospedar en sus casas a amigos extranjeros si no es con un difícilmente alcanzado permiso, ignorando a quienes aún cuando lograran la dichosa licencia no pueden hospedar a nadie pues no se “hospedan” siquiera a sí mismos: no tienen casa, viven agregados, hacinados o ilegales (como la lamentable realidad que denuncia el reciente documental Buscándote Havana). Se refiere Cruz al no menos triste hecho de aquellos que teniendo CUC no pueden reservar en un hotel, pero yo hubiera aludido, mejor, a los miles de miles que no a un hotel, de ninguna estrella ( en “ una pieza, una mínima pieza y no una pieza colosal”, que escribiera Guillén en su inolvidable poema “Tengo”) sino a un humilde restaurante donde ir con la novia, los amigos o la familia, porque los pocos que existen en MN protagonizan eso que llaman “chiste cruel”: si un plato fuerte vale de 30 a 60 pesos cubanos, cuál es la diferencia real entre esos y los otros, los inaccesibles de la “otra” moneda, tan nuestra y tan ajena, tan cercana y a la vez lejana.

O ver a una policía inflexible, que, claro, cuida de la delincuencia y todo eso, pero detiene y exige constantemente el carné a jóvenes bien vestidos, normales, que a la legua cualquiera puede identificar como personas decentes, entorpeciendo su tránsito normal por la capital. El otro día, por ejemplo, quedé con un amigo y su novia para, junto a la mía, vernos en casa e ir al cine, pues bien: esos dos jóvenes, estudiantes ejemplares, correctos, de apariencia personal nada “sospechosa”, llegaron una hora después pues un obstinado miembro de la PNR los detuvo durante todo ese tiempo y de nada bastó mostrarles, además del carné de identidad a tiempo y en forma, sino el otro, de la Universidad, conversar con él de la mejor forma (ajeno, claro, a todo tipo de diálogo), etc: se les dio el tratamiento de cualquier ladrón o asesino, confrontando sus datos en la planta, aislándolos del resto (sólo faltaron las esposas) . El muchacho, a propósito, es negro, pero esa no es la noticia: según me contó, el policía también. Y otra noticia mejor es que este policía terco e irrespetuoso, abusador del poder que irresponsablemente han puesto en sus manos, dista mucho de ser la excepción. Si por una casualidad, el joven paseante es del interior, los trámites para poder pasear libremente por las libres calles de un país libre, estar una temporada en casa de un familiar o amigo habaneros, o simplemente, conocer la capital, son más engorrosos y kafkianos que los que se requieren para salir del país (y mira que esos lo son). No digo que algunos vengan también con otras intenciones, pero vamos, ¿por qué meterlos a todos en el mismo saco? ¿Y los buenos jóvenes de provincias que estudian y trabajan, por qué deben recibir el trato de los que vienen a delinquir o a ejercer la prostitución?

Esas molestias cotidianas de que habla la articulista, y otras muchas que ignora, cuyos autores no son precisamente los imperialistas con su consabido bloqueo, resultan mayores, dobles, incalculables, para la gente de a pie, sin casa, sin dinero que, no hay que decirlo, no son precisamente la minoría.

A pesar de estos detalles, saludo a Soledad con sus serias y agudas reflexiones: no está sola en su carrera, en la de tantos que deseamos lo mejor para este país hermoso pero difícil que habitamos, que sufrimos y amamos día a día.

Escuché decir también que en ciertos círculos, altos por cierto, este artículo no había caído nada bien, pero que en vez de analizar lo que dice, cuestionaban el objetivo y la actitud de quien lo escribe: que si es oportunista, que si “enviado”, que si ella ahora reniega y busca “méritos” para el futuro...

No lo sé ni me interesa, no conozco personalmente a la autora, ya lo he dicho, sólo sé que su prosa transpira honestidad y buena voluntad, y esto es lo que vale, pero si así no fuera, uno de los sabios, no recuerdo si Séneca o Lezama, afirmó que lo importante no es el arquero sino la flecha, y la de Soledad Cruz, claro que sí, ha dado en el blanco.







Los ñángaras se van a las greñas. Cómo me divierto.





No estoy tan seguro, Soledad

Jorge Dalton
Patria es eso, equidad, respeto a todas las opiniones y consuelo al triste.
La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellaní¬a de nadie
José Martí

Demás está decir que concuerdo con algunas cosas que dice Soledad, incluso aplaudo que una persona como ella corra esos riesgos en el nombre de la verdad. Parte de todos esos “defectos y problemas”, un grupo de jóvenes artistas e intelectuales cubanos, ya los habí¬amos expuesto en una serie de foros en los años 80s. La mayoría de esos foros, como sabrán, fueron cerrados por la oficialidad y los que nos arriesgamos en ese entonces fuimos maltratados, acusados de “hipercrí¬ticos” y de “hacerle el juego al enemigo.

Esas “taras”, “defectos” y “problemas”, a las que se unen también las injusticias, las han venido denunciando miles de personas cubanas anónimas y reconocidas a lo largo de estos casi 50 años, dentro y fuera de Cuba. Quiero aclarar que entre estas miles de personas se encuentran también ciudadanos que no precisamente han tenido un pensamiento contrario a la Revolución, pero que de igual manera, han sido humilladas y marginadas por sus opiniones. Algunos han ido a parar a la cárcel, otros han sido expulsados de sus trabajos, convirtiéndose en parias o han sido repudiados y hasta golpeados en plena ví¬a pública en uno de los actos más hirientes y penosos que he visto en mi vida. Indudablemente, estos, han corrido la peor suerte.

Otra gran parte tuvo que marcharse de Cuba; la oficialidad no les dejó otra alternativa, que integrarse a la enorme comunidad cubana que vive, sobrevive, trabaja, sueña y se hace visible en Miami, New York, New Jersey, Madrid, Barcelona, México, Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela y en otros rincones del orbe.

No todos los cubanos que viven o mueren fuera de Cuba, han sido felices o exitosos, el exilio no es una fiesta donde todos tienen las mismas oportunidades, muchas familias cubanas han tenido que pagar un alto precio. El exilio tiene un lado sumamente amargo y José Martí¬ lo vivió en carne propia cuando fue desterrado.

Decir la verdad no necesariamente es un riesgo revolucionario, lo considero más bien, un acto honorable y valiente, un deber. La verdad no tiene color, la verdad es la verdad.

Año tras año, en Cuba se celebran multitudinarios actos de reafirmación revolucionaria. Más de un millón de personas desfilan en la Plaza cuando son convocados a dar vivas a sus lí¬deres. Es una verdad que nadie puede evadir. Incluso, soy del convencimiento que la mayorí¬a en Cuba, independientemente de todo lo negativo que se diga, sigue estando a favor de Fidel. Negar esa verdad, serí¬a una estupidez.

Pero aun así¬ no estoy tan seguro como afirma Soledad Cruz, de que en Cuba, la mayorí¬a de la población quiere salvar la Revolución a toda costa. Entre esa muchedumbre que alza banderas y viste gorras y pulóveres rojos, existe una gran incertidumbre por el futuro; hay muchos que han acumulado también años de resentimiento y hay niveles de inconformidad ante el silencio de sus gobernantes. Dentro de esa masa entusiasta que vemos en esas poderosas imágenes que le dan la vuelta al mundo, también hay miles que guardan el mismo silencio que se guardó en la antigua URSS o en Rumania. Dudo que todos, absolutamente todos los que marchen, estén conformes.

No sé que pasarí¬a en Cuba si toda esa incertidumbre acumulada se llegase a mantener por 10 años más. No sé tampoco si las nuevas generaciones están tan dispuestas a sacrificarlo todo por la Revolución al igual que sus padres y abuelos, viviendo apiñados en una misma casa, acumulando angustias y esperanzas, pero también desarrollando una cultura de la espera. Siempre he dicho que los cubanos son, hoy por hoy, los campeones mundiales de la espera. No dejo de ver esto como algo sumamente injusto.

También dudo mucho, que esa nueva generación, y la que está por venir, quieran seguir hablando de marxismo, de las glorias pasadas de un Sistema Socialista que en definitiva, se derrumbó como un castillo de naipes, producto de su ineficacia y corrupción. Seguir hablando de algo que ya no existe, de Lenin, un dirigente que si bien alertó sobre Stalin, tampoco hizo mucho por evitar la noche negra del estalinismo y que desgraciadamente en algunos sitios aún persiste. Antes que Lenin enfermara, Stalin ya tení¬a prácticamente todo consumado.

Apoyándome en la dialéctica, teniendo en cuenta la desaparición de ese Sistema Socialista hace ya unos cuantos años, la desaparición fí¬sica inminente del máximo lí¬der y la continuidad de una dirigencia que sobrepasa los 70 años; no estoy tan seguro si esta nueva generación con intereses muy distintos, decida “salvar la Revolución a toda costa”. No estoy tan seguro de eso, incluso el propio Fidel ha comenzado a dudar en algunos de sus recientes manifiestos.,/p>

No es la primera vez que oigo decir de forma categórica que aún hay tiempo para “salvar la Revolución Cubana”, “preservar sus conquistas”, “reformar para que el proyecto se mantenga a largo plazo”. Pero también podrí¬a suceder todo lo contrario. Pues eso requiere de un sacrificio mayor al de estos casi 50 años. Y digo mayor, porque muchas de estas conquistas ya se han perdido. A pesar de todas esas conquistas sociales y ese potencial, gran parte de la población cubana vive en lo que pudiéramos denominar una humillación económica. Esto que voy a decir no es nada nuevo, lo he mencionado otras veces.

En el año 2001, el último viaje que hice a Cuba, me percaté de las marcadas diferencias sociales que existen en la isla. Hoy en dí¬a todos esos problemas, lejos de ser superados, se han acrecentado.

Una de las cosas que más me sorprendió fue el imperio de una elite, dentro del propio estado, que ha venido acumulando poder económico y polí¬tico. Ellos también están entre los que marchan o están en las tribunas, estos también guardan un misterioso y frí¬o silencio. Me refiero a las personas que trabajan en las llamadas “empresas mixtas”, los únicos autorizados a realizar todo tipo de negociaciones y transacciones comerciales con empresas extranjeras. El sector de la cultura no está exento de esos mecanismos. Estas personas han adquirido experiencia de cómo funciona el capitalismo. Como olvidando que el capitalismo sigue siendo un sistema feroz y también deshumano.

Estas personas han terminado por desconocer las verdaderas necesidades de la sociedad cubana. Muchos viven en una opulencia que poco tiene que envidiarle a las oligarquí¬as latinoamericanas, su nivel de vida se diferencia bastante del resto de la población. Algunas de sus casas están amuralladas, se han aislado y enriquecido a niveles insospechables. Entre más se enriquecen éstos, los cubanos de a pie, se empobrecen más. Dentro de estos cubanos empobrecidos también hay gente talentosa, profesionales, médicos, maestros, obreros, artistas, etc.; pero sobreviven con salarios miserables, tratando de subsistir gracias al mercado negro, y en ocasiones, obligados a cometer una serie de ilegalidades.

Esta elite, muchos de los cuales son miembros del Partido, van desde funcionarios con altos cargos gubernamentales, dirigentes intermedios, militares, miembros de la inteligencia, donde también hay ingenieros y economistas, ya no los mueve tanto la ideologí¬a, sino el dinero y el ansia de poder. Son los más beneficiados en esa situación de estancamiento social y económico que vive Cuba actualmente. Son los menos interesados en que el embargo llegue a su fin. Por otro lado, son los más concientes que Fidel Castro desaparecerá fí¬sicamente de un momento a otro y una vez que esto suceda, por la acumulación de poder y riqueza, sabrán qué hacer ante una nueva e inesperada situación que se presente. Llevan años preparándose para ese momento. Su enriquecimiento ha ocurrido, justa y paradójicamente, los años duros del Perí¬odo Especial. Ellos sabrán qué hacer con todo ese poder, ante las propuestas que a sólo 90 millas, ofrecerá el imperio.

De ellos depende en gran medida, el manejo de la economí¬a en el presente. Me atrevo a decir que también dependerá en el futuro. Son los que conocen cómo funciona este mundo globalizado, donde todo es perfectamente comprable y vendible, el de la bolsa, las tarjetas de crédito, viajes, compra y venta de acciones, cuentas bancarias, tecnologí¬a y conectividad, telefoní¬a e información, todo eso que el cubano común y corriente desconoce.

Este sector elitista, se compone de personas con formación profesional, talentosas y audaces; sin embargo, no son nada democráticos. Son autoritarios ambiciosos, mezquinos y egoí¬stas. La democracia es y será uno de los mayores retos de la nación cubana en el futuro.

Noté un acentuado deterioro en la calidad de vida de los cubanos. Me dolió ver a los más viejos como ermitaños empobrecidos, los que sacrificaron todo, esperando la muerte en las esquinas, sin tener ya nada que decir.

La sordera y ceguera de la dirigencia que negada a realizar cambios de envergadura, no ha hecho más que aumentar la zozobra social, se sienten seguros y han olvidado que aún está fresco el daño causado por la irresponsabilidad histórica de los dirigentes del Socialismo en Europa del Este, responsables de las tragedias que se han venido desatando luego de la caí¬da del muro de Berlí¬n.

Hay otro aspecto que también ha cambiado la fisonomí¬a cubana y es la corrupción, un cáncer que ha hecho metástasis en todos los sectores de la sociedad, nadie parece estar fuera de ella. Salvando las distancias, en Cuba se ha creado una situación similar a la que existí¬a en la Unión Soviética antes de la caí¬da del Socialismo.

Habrí¬a que tomar en cuenta también, que muchos cubanos en este mundo ya no desean "rectificaciones". Desean cambios concretos e inmediatos, el término Cambio no lo inventó el imperialismo ni el fascismo. Durante el llamado proceso de rectificación de errores se crearon otros peores y es por eso que un amigo cubano residente en España, me dice: "Cuba podrá tolerar otros errores pero lo que no podrí¬a soportar, es otro proceso de rectificación".

El surgimiento de izquierdas en el poder en América Latina, no es una garantí¬a tampoco de la continuidad del proyecto cubano, hay que recordar que no todas esas izquierdas son iguales. Algunas tienen intereses muy distantes a las del gobierno de Cuba y Venezuela. El arribo de partidos de izquierda en paí¬ses latinoamericanos, no está dado precisamente por la ejemplar resistencia de la Revolución Cubana, ni significa que habrá revolución al estilo cubano.

En otro aspecto, es cierto que Estados Unidos hay una ley que acoge a todos los cubanos que lleguen a su territorio y brinda todas las facilidades para establecerse, lo cual no hace con el resto de los emigrantes. Pero también es cierto, que en otros paí¬ses, sobre todo en los latinoamericanos, muchos cubanos son tratados como ratas, despojados de sus derechos, son maltratados y humillados hasta no poder. He sido testigo de esto, en paí¬ses con los cuales Cuba, tiene excelentes relaciones diplomáticas. Estos cubanos han navegado en verdaderos infiernos sin recibir ningún respaldo de sus embajadas. Nunca he visto ninguna nota de protesta de parte del gobierno cubano al maltrato y vejámenes que simples ciudadanos cubanos, sufren de parte de autoridades latinoamericanas.

No se trata de un asunto de comunismo, socialismo o capitalismo. Es un asunto de humanidad, de dignidad. Muchos cubanos están lacerados producto de un atropello sin precedentes de parte del estado, ese estado que como bien dice Soledad, insiste en resolverlo todo de una manera centralizada truncando la iniciativa personal y la creatividad de cada cual. Existe un cúmulo de humillaciones que los cubanos han tenido que enfrentar por el simple hecho de salir del paí¬s, y no solamente salir, sino, también entrar.

Por ejemplo, llegar al aeropuerto de La Habana, es un momento sumamente desagradable y es uno de los sitios donde he visto aplicar de parte de las autoridades, la prepotencia, el maltrato y el abuso de poder a los cubanos que regresan a la isla, porque han salido temporalmente a visitar a sus familiares o a los cubanos que residen en el exterior de forma definitiva. El trato es pésimo tanto a unos como a otros. El trato, por supuesto, es muy diferente a funcionarios gubernamentales y personalidades reconocidas. Es denigrante y vergonzoso ver ese ensañamiento de unos cubanos con otros cubanos, por el simple hecho de ser cubanos. Un ensañamiento similar al que he visto aplicarse a los cubanos en diversos paí¬ses latinoamericanos.

Cuba es el único paí¬s que llama "traidores" a los deportistas que deciden quedarse en otros paí¬ses o firman contratos millonarios para ingresar en el profesionalismo. Son conocidas las historias oscuras que se tejen en el mundo del profesionalismo, pero no conozco ningún boxeador o beisbolista venezolano, nicaragüense, dominicano o panameño que su paí¬s lo llame "traidor" por similar decisión. Sin embargo, funcionarios cubanos han desertado llevándose incluso dinero del gobierno cubano. Pasado el tiempo, he sabido que esos funcionarios, han hecho fortuna fuera y han terminado negociando con el gobierno de Cuba. Me pregunto: ¿Porque estos no son "traidores"?

Muchos cubanos americanos en Miami se fueron de Cuba en contra del gobierno revolucionario. Actualmente no pocos están a favor del levantamiento del bloqueo y hasta negocian con Cuba. ¿Por qué aquellos sí y estos no?

Prostitutas, "jineteras" con un largo expediente inmoral, se casaron con empresarios y diplomáticos extranjeros, esa fue su fórmula para escapar de Cuba. Hoy por hoy, al estar casadas y obtener algo de fortuna fuera del paí¬s, el estatus ya no es de "jinetera", al contrario, tienen sus documentos en regla para regresar a Cuba cuando quieran, incluso gozan del Permiso de Residencia en el Exterior.

Miles de cubanos, a lo largo de estos años, por discrepancias ideológicas y que no precisamente eran "terroristas", se marcharon de Cuba sin la posibilidad del regreso, gran parte de ellos han muerto sin poder retornar a su patria, el estado cubano los catalogó de "traidores” igualmente. No solo eso, les allanó y usurpó sus casas y bienes, convirtió a sus familiares en una especie de rehenes del estado como acaba de hacer con la familia del bicampeón olí¬mpico Guillermo Rigondeaux.

No todos los que se fueron en 1950 y a partir de la década del 60 eran "burgueses", "ricachones" o "batistianos". Habí¬a también gente humilde que llegó al exilio a trabajar como peones toda su vida en factorí¬as, tiendas y almacenes. Eran gente decente antes y después de marcharse de Cuba. No pocos tuvieron que rehacer sus vidas, otros no tuvieron tiempo de hacerlo. Quiero recordar también que dentro de la primera avalancha de cubanos hacia la Florida a principios de la revolución, habí¬a también ex miembros del Movimiento 26 de Julio. Incluso, reconocidos dirigentes de las organizaciones más extremistas surgidas en Miami en esos años, eran ex miembros del 26 de Julio. Tanto unos como otros, también guardan un lógico resentimiento.

No conozco que el gobierno mexicano denigre a sus compatriotas, que emigran dí¬a tras dí¬a por diversos motivos a Estados Unidos, llegando a constituirse en la comunidad latina más importante en la Unión Americana. Tampoco lo hace el gobierno brasileño con los emigrados cariocas que tienen una importante presencia en la Florida. De hecho, muchos emigrados venezolanos en la Florida, tuvieron la libertad de votar a favor de Hugo Chávez, porque conservan ese derecho ciudadano, bajo el gobierno chavista, no se si será asi en las próximas elecciones. Conozco empresarios, artistas, productores de televisión, gente común y corriente de origen venezolano, que desde Estados Unidos, emitió su voto a favor del actual gobernante venezolano.

La comunidad de cubanos en Miami, no deja de ser una de las más influyentes, ha resultado ser en términos generales una comunidad próspera a pesar de las tristezas, frustraciones y del extremismo de importantes sectores. Su población ha aumentado al paso de los años. Hay que recordar que está comunidad está siendo renovada como las generaciones de la isla. El sector mas extremista, el cual mantiene una guerra sin cuartel al gobierno cubano, su dirigencia historica, también sobrepasa los 70 años, está en ví¬as de extinción.,/p>

Me parece ofensivo y poco inteligente, seguir llamando "mafiosos", "terroristas" y "atorrantes” a los emigrados cubanos en Miami. Muchos se marcharon por las mismas humillaciones que Soledad enumera en su artí¬culo. Las remesas familiares que enví¬an los emigrados cubanos de Miami, sostienen parte de la economí¬a cubana, es como en otros paí¬ses de América Latina, uno de los rubros económicos fundamentales. Los mercados y establecimientos en dólares controlados por el gobierno de la isla, se sostienen en parte, gracias a ese flujo económico.

He conocido miles de personas en Miami, pues viví¬ entre ellas y sé que sienten un profundo amor por su patria, que a pesar de que están concientes que nunca regresarán a su paí¬s natal, trabajan de sol a sol para mantener a sus familiares en la isla, sin importar si estos estén a favor de Fidel Castro y el socialismo.

No considero justificable tampoco, como dice Soledad, haber denigrado, humillado, maltratado y vejado a personas por ser catalogadas de "burgueses". Entre los burgueses cubanos habí¬a también gente honorable que incluso gracias a ellos, Batista fue derrocado en 1959. ¿Cuántos burgueses actualmente apoyan la Revolución Cubana y el socialismo, son amigos de Cuba, sin ser molestados? ¿Quién es acaso Gabriel Garcí¬a Márquez, independiente de ser uno de los monumentos literarios mundiales, que tiene una de sus tantas mansiones en la isla, obsequiada personalmente por Fidel, una propiedad que anteriormente pertenecí¬a a otro "burgués" pero cubano? ¿Quién es acaso, Danny Glover, actor de Hollywood que gana millones por cada pelí¬cula gracias a la maquinaria monopolista hollywodense? ¿Quién fue Alejo Carpentier o el pintor ecuatoriano Guayasamí¬n, independientemente de su talento e ideologí¬a?

Vuelvo y repito, no estoy tan seguro, que la Revolución pueda salvarse en los próximos 10 años, un proceso donde también se han creado muchas desigualdades, muchos abismos separa a unos y otros, pero tal vez me equivoque. Me parece que hay muchas cosas por revisar y que no merecen seguir en el silencio, creo también que hay demasiadas injusticias más que "errores".

Esa nación cubana próspera del futuro, dependerá en gran medida, de la participación de los propios ciudadanos cubanos. Algo que el estado se niega a conceder. Está demostrado que a pesar de los obstáculos, los cubanos fuera de Cuba, han logrado una prosperidad que no se puede negar, negarlo serí¬a también una gran estupidez. Una de las mayores riquezas de esa Cuba futura, está concentrada precisamente en el aporte de sus ciudadanos vivan adentro o afuera, independientemente de su religión o afiliación ideológica.

La reconciliación de la nación cubana, será también uno de los mayores retos de ese futuro, se requerirá de enormes sacrificios, parece muy fácil decirlo pero muchos sabemos que no será una tarea fácil. Los cubanos tendrán que recurrir a una serie de fórmulas y sobre todo, dar paso a un verdadero cambio de mentalidad. Tendrán que dejar a un lado rencores y vanidades, desaparecer los discursos de odios y separación que han caracterizado a los dos bandos enfrentados antagónicamente, discurso caduco, guerrerista y frí¬o que tanto daño ha hecho a la nación. Propiciar el cambio no puede significar tampoco, esperar 50 años más, a que el gobierno de Estados Unidos, decida sentarse a platicar con el gobierno de la isla. Si los cubanos de todo el planeta llegasen a entenderse, eso serí¬a más que suficiente.

De lo que si estoy totalmente seguro Soledad, es que gran parte de los millones de cubanos que viven en la isla, más otros millones que viven fuera, a pesar de su diversidad de pensamiento, desearí¬an con todas las fuerzas del alma, salvar la nación cubana, que es en definitiva, lo que está en riesgo.

ERNESTO A LAS 12:43 AM





Un gato chino para Cuba

Wenceslao Cruz Blanco
El trotskismo a la cubana se desvela como la “cara amable” de la dictadura

Sólo bastaría leer un reciente artículo de la escritora y periodista cubana Soledad Cruz “El revolucionario riesgo de la verdad” para entender la nueva estrategia de la dictadura cubana encabezada por Raúl Castro, una estrategia con el claro objetivo de dar una imagen diferente partiendo de una autocrítica poco común de quienes llevan reprimiendo a un pueblo por cinco décadas.

Soledad Cruz, conocida periodista de Juventud Rebelde, antes que nada y para poder ejercer su crítica a la “revolución cubana” sin ser tachada de traidora, hace sus referencias al necesario “enemigo imperialista” y a los que ella llama “atorrantes” de Miami. Una crítica que con origen pseudo-oficialista puede que sea oída por quienes empezaban a dudar del paraíso comunista debido al sufrimiento de millones de cubanos, y este tipo de "autocríticas revolucionarias” les proporciona nuevo “material de apoyo” para seguir justificando su adhesión directa o camuflada a la dictadura.

El riesgo que ha asumido la periodista al describir muchos aspectos de las dificultades del ciudadano cubano para subsistir, para viajar, para intercambiar bienes, en fin, para disfrutar de alguna libertad en un sistema que las elimina todas, es evidente. Pero el riesgo que asume no es con los herederos que pretenden sobrevivir al tirano, pues seguramente cuenta con su aprobación, sino el de caer en contradicciones que permitan confirmar el fracaso de un sistema político y socio-económico. Un sistema, por otra parte, ideal para ejercer un control autoritario con efectividad.

Soledad, llega a hacer del peloteo (la guataquería) a los hermanos Castro el escudo perfecto para que sus críticas no sean tomadas como similares a las que siempre han hecho la oposición y la disidencia cubanas, dentro y fuera de la isla.

Con los Castro no han habido elecciones democráticas y nunca se han permitido partidos políticos diferentes al partido comunista, ni tan siquiera se han arriesgado a hacer un referéndum o plebiscito que pueda cuestionarlos, pese a ello, la frase de la periodista de que “en Cuba la mayoría de la población quiere salvar la Revolución a toda costa” me hizo recordar un chiste de un “chino” cubano en su bote que iba en el mar remando en dirección norte y cada vez que se acercaba una embarcación de las tropas guardafronteras el “chinito” disimulaba y tiraba flores al agua diciendo en voz alta: flol blanca pala Camilo, floles lojas pala el Ché, hasta que ya adentrado en el mar empezó a remar más rápido pero ya diciendo para sí: Flol lila pal chinito. Es a esa costa a la que quieren llegar millones de cubanos sin importar tiburones ni condiciones climatológicas adversas.

Salir del infierno comunista, ese a la que Soledad le debe lo mejor de ella, es lo que quiere la mayoría del pueblo cubano. La frase sería más realista si fuera “la mayoría de la población quiere salvar su vida alcanzando la costa”.

La periodista aboga por la libertad de viajar de los cubanos, pero no de cualquier cubano, sólo de «las nuevas generaciones de cubanos, nacidos y criados en el proceso revolucionario que reconocen y- el estado también- que se trata de emigrantes por causas económicas y no políticas, que quieren buscar algún dinero y venir a gastarlo con su familia en Cuba, o emplearlo en mejorar su casa» y es donde el “reformismo trotskista” de Soledad se confunde y une sus pretensiones a la de los ahora llamados raulistas - antiguos miembros y simpatizantes de la dictadura que salieron, como ratas, del barco socialista que hacía aguas, a principios de los 90, cuando empezaron a ver mermados sus privilegios- como pretendiendo recuperarlos para ayudar a promover la visión de un único exilio, el económico, que se identifique con la tiranía y ayude nuevamente, esta vez desde el exterior, a justificar el oprobio del pueblo cubano.

El modelo chino, algo que se percibe como deseable por los ahora raulistas, los nuevos trotskistas y demás versiones del castrismo que pululan por España, Suecia y demás países europeos con fuerte presencia exiliada cubana, verán en el escrito de Soledad Cruz una nueva forma o estrategia para apoyar sus orígenes y justificar su antiguo compromiso con la ignominia. Ejercerán la autocrítica hasta cierto límite, pues continuarán responsabilizando a un ente externo y poderoso, a embargos, y a políticas de firmeza con relación a la dictadura, como la causa de los principales males que padecen los cubanos. Nos quieren dar gato chino por liebre rusa, estemos alerta.







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