
Saludos a todos:
Honestamente, por casualidad conocí de la existencia de vuestro sitio. lo “cacharrié” un poquito, pero quedé atrapado en el artículo sobre los jóvenes y la crisis moral de la sociedad cubana.Es un tema muy interesante y apasionante. Por ahí hay millones de lugares donde la gente no se cansa de criticar lo que hay y de suponer que puede ser mejor.
Desgraciadamente, los seres humanos somos así, inconformes por excelencia, y es precisamente esa condición las que nos ha llevado, como especie, a ser lo que somos ahora: una amalgama contradictoria, en expansión permanente, y en permanente búsqueda de “lo diferente”.
Pero lo diferente no es sinónimo de “lo mejor”. Son dos conceptos totalmente diferentes, y valga la redundancia. Lo diferente lo es por sí mismo, desde el momento en que puede reconocerse como distinto de otra cosa. Pero esa “otra cosa” tiene que ser conocida. Lo “mejor”; o “peor”, son conceptos relativos que dependen de variables fundamentalmente subjetivas. Un campesino está mejor cuando llueve más y su cosecha fructifica, pero su “mejor” no tiene nada que ver con aquel citadino que por esa misma lluvia no puede ir a un bailable público en un lugar destechado.
Lo que quiero decir es que nos aferramos a conceptos subjetivos, y esa es una parte importante de nuestra esencia humana; pero ella misma nos ciega a la hora de analizar las diferencias que puedan existir entre una sociedad y otras.
Además de estar cansados de discursos y de promesas, los cubanos están bastante desorientados respecto a cómo son las cosas “en el más allá”. Hay muchos, muchísimos, que cuando descubren ese más allá reflexionan de manera, precisamente diferente, a como lo hacían antes de salir de lo que llamo “la cárcel natural”.
En eso, el gobierno de cuba y sus dirigentes tienen bastante responsabilidad porque durante décadas han estimulado un chovinismo obtuso y embrutecedor que pretende vender la imagen del “socialismo cubano” como la mejor aspiración de cualquier nacional. Bueno, eso, como ven, también entra en la subjetividad y la relatividad de los conceptos. Sin embargo, la diferencia se impone por si misma en cuanto que pertenece a la realidad material, aquella que existe, muy a pesar de nuestros conceptos y nuestras creencias.
La crisis de valores en Cuba parte, precisamente de ese fenómeno, de la no correspondencia entre el concepto y la realidad. Esa verdadera dicotomía pertenece, no al socialismo ni a ningún “ismo”, es parte de la propia realidad humana. Somos humanos porque tenemos, o creemos tener una conciencia de la realidad material. En la medida en que nuestras percepciones de esa realidad sean más cercanas a la realidad misma, mejor preparados estamos para desenvolvernos en ella, o si lo prefieren, para interactuar con ella.
Los cubanos, en general, perciben una realidad que no tiene nada que ver con predefinidos conceptos subjetivos de lo bueno y lo malo, de lo mejor y lo peor. Parte de esa dislocación, a mi modesto entender, viene condicionada por el aislamiento en que se sumió esta isla después de los 60. Toda una generación ha “dado la vuelta al reloj” sin haber asimilado los cambios sucedidos en “el otro lado” y por lo tanto, lo creen percibir como lo mejor porque están sumidos en una devastadora y atrofiante avalancha de información prediseñada para que odies lo tuyo y adores “lo mejor” que no es tuyo.
Los cubanos, además de los discursos repetidos y las promesas incumplidas y aparentemente incumplibles, carecen de información y de pragmatismo. Nuestros “protectores” creyeron una vez que ese era el camino: el Estado benefactor y proteccionista. y no han tenido el decoro de autocriticarse y mucho menos de abandonar la obstinada pretensión de que el “estado soy yo, y todos somos el estado”. Esa sumatoria simplista de lo que es una sociedad humana no la inventó Fidel Castro, aunque sí se la creyó desde que era joven. Muchos de sus seguidores apenas si se detuvieron a reflexionar sobre el asunto.
La producción y el consumo de medios de vida es la razón básica de existencia de cualquier grupo humano. La filosofía de los dirigentes cubanos está impregnada de una creencia ciega (al menos oficialmente expuesta) en la supercapacidad del Estado para asumir todos los riesgos que conlleva vivir. De ahí que exige de sus miembros-súbditos absoluta obediencia que se transcribe en palabras más suaves como “confianza”, etc.
Los cubanos, sencillamente, no tienen más confianza. No creen más en la omnipotencia del Estado, y se debaten en una contradicción, hasta ahora insalvable: socialismo con mercado. Eso, señores, ya se ensayó y fracasó.
El dilema de los cubanos no es ajeno al dilema humano. Desgraciadamente, la mayoría de los nacionales todavía se sienten más cómodos pensando que “su” problema es el peor de los problemas.
Desgraciadamente, la falta de intercambio con el mundo exterior a provocado esa auto visión de “qué mal estamos, qué mal vivimos”, etc., etc.
Sí es reconocible una gran diferencia: en el mundo exterior, el ciudadano tiene una independencia del gobierno en tanto no es el gobierno quien le proporciona los medios de subsistencia. Esa es la esencia, a mi modo de ver, de la frustración de los cubanos, aun cuando muchos, o no están concientes de ello, o simplemente, no lo quieren reconocer, por conveniencia o por moralidades de otro tipo.
En cuba, dependemos del gobierno y sin embargo, ese mismo gobierno no nos proporciona los medios de subsistencia. El propio Estado ha perdido el control de sí mismo. Y como la gente no es estúpida, se da cuenta de que está atrapado, sin embargo, tampoco quiere perder ese poquito que le queda, y lo peor, ha aprendido a vivir sin trabajar. El propio sistema le brinda esa posibilidad. Es el colmo de la desviación de cualquier esencia humana.
¿Cómo lograr que el trabajo proporcione los medios personales de subsistencia?
Mmmm, hay poca gente se quiere meter porque habría que empezar un poco antes que Carlos Marx. Esa visión de la sociedad “buena” por contraposición de la sociedad “mala” hasta ahora conocida, ha acompañado a los humanos desde siempre.
Redistribuir el producto del trabajo de manera proporcional al aporte individual suena muy bonito y loable, pero se complica cuando, de ese mismo producto del trabajo hay que sacar una parte para mantener a los burócratas, a los políticos, a los militares, y a todos aquellos que no producen.
Ese dilema no es cubano, es humano. Algunos países han logrado una mejor distribución que otros. Habría que lograr de nuestros “expertos dirigentes” la posibilidad de que estudien otros modelos menos totalitarios y menos represivos y que funcionan mejor que el nuestro. Pero insisto, el paraíso sólo existe en nuestras mentes. El mundo real ese con el cual interactuamos y que, repetido sea de paso, está colapsando como resultado directo de esa interacción hombre-naturaleza.
Desarrollo implica consumo, consumo implica producción, y aquí se establece un ciclo infinito que, por ahora, no está conduciendo a los humanos a otra cosa que a una catástrofe ecológica global.
Si en cuba se permite que cada cual haga su trabajo y recoja el fruto de su trabajo, ¿qué va a hacer con eso?
El fruto del trabajo por sí mismo no significa nada mientras no se realice en consumo de medios de vida. ¿cómo se van a consumir, dónde, en el mercado de 70 y 3ra.?
Bueno, eso daría un respiro, pero no deja de ser un respiro. Es una aparente solución.
Para abandonar algunas formas de distribución existentes que laceran con creces el “producto del trabajo” percibido individualmente, tendríamos primero que abandonar la creencia de que esa es la forma mejor, única y última y de organización social. Nuestros actuales gobernadores no están dispuestos a ello, primero porque para algunos significaría reconocer la derrota de un modelo prefabricado, importado, y hasta cierto punto impuesto. Para otros, ya menos comprometidos con “el espíritu del Moncada, del Granma y de la Sierra”, sencillamente porque el sistema actual les proporciona los medios para vivir mucho mejor de lo que vivieran si tuvieran que trabajar de verdad.
En fin, creo en la función del debate y aprecio mucho la valentía de ustedes. Yo, ni loco, pondría mi nombre al pie de esta palabrería. De todas formas, sí creo que, para que el debate arroje luz, debe haber cierta aproximación a herramientas hoy algo olvidadas que se llaman: filosofía y economía política.
Perdonen la muela y gracias por su tiempo.
saludos,
Un cubano igualmente preocupado
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