| 01. | Historia de una obsesión Entrevista con un balsero cubano por Yoani Sánchez |
| 02. | Despenalizar la discrepancia Reinaldo Escobar |
| 03. | Cuba es una sola, y una sola su cultura Miriam Celaya |
| 04. | Nuevas regulaciones aduanales Ana López |
| 05. | El papel de la información en la sociedad cubana Dagoberto Valdés |
| 06. | Polémica Un juguete viejo y otros nuevos Juan Lázaro Besada |
| 07. | Polémica La juventud cubana y la crisis de valores Lucía Morera |
| 08. | Vitral: La Misión de la Iglesia
Dimas Castellanos |
| 09. | De la espectral mediocridad a la excelencia
Eugenio Leal |
| 10. | Textos imborrables El caballo de Naipe Manuel Márquez Sterling |
| 11. | Figuras y hechos cardinales: Arango y Parreño Gerardo Martí |
| 12. | Inéditos de "Conversaciones con Dios" Rafael Alcides |
| 13. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Orlando Herández |
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Reproducimos aquí el texto que dió origen a esta polémica, tomado del periódico Granma del 8 de junio de 2007, p. 3
Versión masculina: pantalones al estilo “pescador”, libreta enrollada y estrujada en el bolsillo trasero; camisa ajustada, quizás dos tallas menor; cuello pa’rriba; tenis “retro”. La versión femenina: sayas corticas ajustadas al cuerpo para alardear buena figura; blusitas entreabiertas; pequeñas carteras multicolores colgadas de un brazo: nada de libros ni libretas. La pasarela carmelita corresponde a estudiantes de algunos politécnicos.
Es el habitual y constante ocio color carmelita. Pareciera que estos adolescentes no tienen contenido de estudio. En tiempo de clases, a las 10 a.m., comienzan a merodear por las calles: tiendas en divisas, parques, y hasta playa “Malecón”; se dice que unos han conseguido “justificar” las prácticas ante la escuela mediante dudosas formas para tener este “tiempo libre”.
Fácil de deducir. Si acuden a sus escuelas sin libros ni libretas, si tienen tanto tiempo libre dedicado a no hacer nada, se debería revisar sus planes de estudio. Con tal situación uno pudiera pensar ¿qué calidad puede tener esa enseñanza?
En todas las épocas los jóvenes han acomodado los uniformes para lucir mejor: faldas recortadas, pantalones con pinzas y filos.
Esta, sin embargo, puede ser la era de la pasarela uniformada. Desuniformada más bien. La deformación del vestuario llega a ser de mal gusto. La ropa reglamentada es, en muchos casos, símbolo de la tendencia musical o Modus vivendi de quien lo usa. A la vista, en algunos casos, parece que los estudiantes van vestidos como para una fiesta. Una fiesta de disfraces, porque los uniformes adaptados al extremo lucen risibles, ridículos y hasta retocados por la marginalidad.
¿Dónde está la responsabilidad de la familia?
¿Y dónde está la exigencia de la escuela? ¿Cómo se les permite entrar a las aulas vestidos de esa manera? No son todos, pero sí un grupo considerable de ellos.
Lo peor es encontrárselos fuera de las aulas a cualquier hora. Están perdiendo el valioso tiempo de estudio, y algunos desgastando el bolsillo del país y entreteniendo la mente en aplicarle al uniforme modas banales que no conducen a otro sitio que no sea a la pobreza intelectual. “Disfrute su momento de esbeltez, y métale cabeza al interior”, como sugiere el dúo Buena Fe.
Está por concluir el curso y valdría la pena preguntarnos cuán efectivo ha sido el aprendizaje de esos estudiantes de politécnicos que deambulan por las calles; qué nivel de exigencia docente y extra curricular hay con ellos.
El propósito no es hacer catarsis. De un análisis serio, profundo y crítico pudieran salir soluciones para evitar esta deformación. A fin de cuentas son nuestros hijos, hermanos, amigos o vecinos.