Revista Digital Consenso
Número 7 de 2007


Vitral: La Misión de la Iglesia
Dimas Castellanos


Después de casi tres décadas de confrontación con el Estado, la Iglesia católica cubana entró en una etapa de recuperación a partir del Encuentro Nacional Eclesial Cubano celebrado en 1986. En ese contexto, con el apoyo entusiasta del Obispo Mons. José Siro González Bacallao1 se fundó en 1993, en la Diócesis de Pinar del Río, el Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR). Desde allí se inició un proceso sistemático de educación dirigido al fomento del civismo ciudadano y a la creación de pequeños espacios de participación. En el CFCR, bajo la dirección de Dagoberto Valdés Hernández 2 se fundó la revista Vitral, una publicación de perfil socio-cultural de la Iglesia, mediante la cual, al decir de su Director, lograron “sembrar el Evangelio en medio de las más increíbles dificultades y creer en la fuerza de lo pequeño, en la eficacia de la semilla, en la potencia de la levadura en la masa”.

Trece años después de su fundación, los rumores acerca de una supuesta crisis en la revista no lograron atenuar la sorpresa. Una nota insertada en el número 78 de esa publicación, el pasado día 8 de abril, dejó desconcertados a los lectores de dentro y fuera de la isla, y a muchos seguidores de nuestras problemáticas en otras partes del mundo. En la misma se anunciaba que por falta de recursos no se podría garantizar más su salida. Unos días más tarde, el 17 de abril, una comunicación firmada por el Obispo de Pinar del Río, Mons. Jorge Enrique Serpa, aseguraba que nunca se habló de “cerrar” o “terminar” la revista Vitral y que nunca se habló de “cerrar” o “terminar” el CFCR. Sin embargo, según la propia comunicación de Mons. Serpa, “En la reunión del CFCR y del equipo de redacción de la revista... se acordó que en caso de que se agotaran otras posibilidades alternativas, se pusiera la nota en el momento de salir la revista al final de abril...”, lo que evidencia, contrario a lo que se afirma, la existencia de una crisis que podía desembocar en el cierre de la publicación. A ello se suma el cierre del CFCR y la Hermandad de Ayuda al Preso y sus familiares en Pinar del Río, una institución fundada y dirigida hasta su muerte por el laico Ricardo Urrutia.

Recientemente acaba de ser publicado el número 79 de Vitral. Es decir, Vitral continúa, lo que es una buena noticia. Queda pendiente ahora saber si La Misión –referida a la libertad del hombre que Vitral venía realizando– continuará. En mi condición de cristiano, suscriptor y colaborador de esa extraordinaria publicación, adelanto algunos criterios.

Una ligera comparación, entre los números 1 al 78 de un lado y el número 79 de otro lado, evidencia transformaciones significativas. Respecto a este último número notamos, entre otros, cambios en el diseño y en el logotipo; ausencia de fichas de autores; menor cantidad de páginas, de artículos, de noticias y de colaboradores; pocas referencias a Cuba y a la actualidad; reducción de la tirada de 10 000 a 2 000 ejemplares;3 la mayoría de los títulos aparecen a la izquierda; empleo de una fotografía de violencia en la página 16; cambios que unidos a la tenue luz que emite la vela insertada en la portada, sugiere un retroceso del Vitral a la cerilla. Sin embargo, sólo me detendré en lo que considero esencial.

En la mencionada nota de Mons. Serpa del 17 de abril, se plantea que: el más importante programa de acción que debe tener la Iglesia es: La Misión ya que el anuncio de Jesucristo es la única verdad para que el hombre que se encuentra con ÉL sea libre...”.

- En primer lugar, La Misión consiste en el proyecto divino de edificación del Reino que, como liberación total, incluye las liberaciones intrahistóricas en el ámbito económico, político y cultural. Seguir a Cristo, significa participar en una empresa de liberación que conduce a un Reino que no es de este mundo, pero que comienza aquí, una liberación que involucra la difusión y asimilación de los valores cívicos y morales.

- En segundo lugar, para cumplir La Misión se requiere de la comunicación. Para ello Jesucristo empleó la palabra viva –el medio de comunicación de la época– y por ello pagó con su vida. Esos medios han evolucionado hasta las autopistas de la información y constituyen un requerimiento imprescindible para la difusión del mensaje cristiano en la época actual.

- En tercer lugar, el mensaje cristiano hace un especial énfasis en los más pobres, pero una pobreza que no se reduce al aspecto económico y a la acción caritativa, sino que incluye todas las formas de opresión que marginan a las personas e impiden su libertad como premisa de la plena participación cívica. Precisamente la acción de Jesucristo se encaminaba a convertir a los objetos de su accionar en sujetos activos: el reino de Dios está cerca, cambien su manera de pensar y de vivir. Para ello, les indujo a la acción renovadora: Ve y haz tú lo mismo.

- En cuarto lugar, si en la primera mitad del siglo pasado ya la Iglesia cubana contaba con decenas de colegios y miles de alumnos, con la Universidad de Villanueva, con publicaciones periódicas impresas y variados programas radiales para el cumplimiento de La Misión, ¿cómo es posible que pueda cambiarse el rumbo de uno de los limitados espacios con que actualmente cuenta la Iglesia, como es el caso de Vitral?

- En quinto lugar, si el Padre José Agustín Caballero, redactor del Papel Periódico de La Habana, inició la divulgación de las ideas de la ilustración en un estrecho círculo de cubanos; si el obispo Juan José Díaz de Espada y Landa, considerado guía de la ilustración, fundó aquella Cátedra de Constitución desde la cual el Padre Félix Varela insistió en la idea vital de ejercitar la virtud como medio de reafirmar los ideales morales, ¿cómo es posible limitar a Vitral en la continuidad de esa labor?

- En sexto y último lugar, si el propio Mons. Serpa, hace sólo tres años nos recordaba el inestimable papel desempeñado por el Seminario San Carlos para que la sociedad cubana del siglo XVIII tuviera bases fuertes y un pensamiento libre; si Mons. Carlos Manuel de Céspedes expresó que “La nación está junto al reto de radicales transformaciones en las cuales debe imperar la ética y donde la Iglesia tiene algo que decir y debe decirlo”; y si el Cardenal Jaime Ortega ha dicho que “Cuba reclama una nueva iluminación”, ¿cómo es posible cambiar la luminosidad del vitral por la vela? ¿O es que la sociedad cubana no necesita ya de bases fuertes y de pensamiento libre?

Una ojeada a los temas tratados es suficiente para formarse un juicio acerca de la consecuencia entre editoriales y Misión de la Iglesia Católica, Iglesia de Cristo. En La libertad de la luz, publicado en el primer número, en junio de 1994, se declara que: “Vitral es palabra y cauce, resonancia y espejo, que ofrece el Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río, a cuantos tengan sed de comunicación, reflexión y diálogo, sin distinción de colores ni empobrecedores filtros para la luz. Tan policroma y plural quiere ser nuestra revista como escasos son; en nuestras ventanas actuales, la diversidad de diseños y matices”. En el número 78, trece años después, en Cuba: hora de oportunidades, a manera de conclusión del trecho recorrido y de los temas analizados, se define el concepto de oportunidad como el tiempo que se presenta para hacer lo pertinente, como puerta para la posibilidad, como la hora de dejar atrás los anacronismos, como momento de la madurez ciudadana que sabe que la autopista para llegar a la democracia es la participación efectiva, eficaz, plural, transparente, tolerante y cotidiana, como la hora de libertad y responsabilidad compartidas.

Entre esos dos editoriales se inserta una cadena de otros 76 eslabones. En ellos, además del análisis de acontecimientos y relaciones nacionales e internacionales, se destaca que esas relaciones deben establecerse con toda la nación y no sólo con sus gobiernos; se abordan aspectos de la vida de la Iglesia que deben acompañar su encarnación en la historia con una actitud de fidelidad a su vocación y a su misión de anunciar un mundo nuevo, una Iglesia que no confunde su misión con la de los poderes de este mundo, pero que no abandona la vida del mundo que la rodea pretextando que su misión es de orden “religioso”. Se abordan además, las relaciones entre Iglesia y Estado, la importancia y reivindicación de las fiestas religiosas; lo irreducible de la religión al culto y de la libertad religiosa a la libertad de culto; el análisis de fechas históricas; y todo lo relacionado con el Papa Juan Pablo II, desde la preparación de su visita a Cuba hasta su deceso.

También se tratan las carencias materiales y espirituales, el tema del trabajo, cuya mística se necesita recuperar desde lo profundo de la persona; de las dificultades del transporte, una necesidad del cubano que demanda solución como derecho inherente a la dignidad de la persona; las necesarias libertades para las iniciativas de los particulares; el derecho a viajar libremente; los problemas de la salud pública; los del agua y del servicio eléctrico, dos problemas que aquejan a la población; el descanso, la recreación y el tiempo libre; la ausencia de derechos y libertades como la de expresión para llenar de luz de verdad nuestro vacío interior; la falta de ética, la disminución de la autoestima, la corrupción y la desesperanza; el miedo, una vivencia humana cuya causa más profunda es la inseguridad y la desconfianza y cuya consecuencia más penosa es la parálisis de la vida real y la simulación de una vida de puertas afuera; la falsa solución del escape hacia el individualismo y hacia otros países y el llamado a permanecer en Cuba y a participar en la solución de las dificultades que generan el éxodo, como son las necesidades insatisfechas de espacios para la participación ciudadana en la economía y en la cultura, donde cada elemento integrante pueda conservar su identidad y donde cada cubano pueda acceder según sus propias concepciones de la vida y talentos personales; el concepto de cultura de la vida, entendida como respeto por todo ser viviente, lo que significa que su integridad física, su personalidad moral y su participación cívica no pueden ser violadas, ni disminuidas por nadie ni por nada; la elección de la educación para los hijos, pues a cambio de la masividad se ha abandonado la responsabilidad personal de educar; el problema del ruido, ese “sonido inarticulado, por lo general desagradable”, que inunda nuestros espacios, una contaminación ambiental responsabilidad de todos y cada uno de los ciudadanos de cualquier país civilizado.

Se destacan los grandes desafíos de la época: la importancia vital de los derechos humanos universales e indivisibles; el valor de la comunicación, del diálogo, de la reconciliación, del respeto al diferente, de la verdad, del consenso, de la apertura política y económica, de la moderación, y de la gobernabilidad –la capacidad para gobernarse y ser gobernado–, para la cual no existen en nuestro país las instituciones, los espacios y las posibilidades de formación para la autogestión libre y responsable.

Si abarcadores son los contenidos, importantes es la forma en que esos temas fueron tratados. No son quejas estériles ni acusaciones; se trata de verdades que la Iglesia, comprometida con La Misión, no debe callar. El valor está en que, tratándose de temas conflictivos, su enfoque –enaltecedor de la dignidad humana– se basa en el respeto a las instituciones, a los ciudadanos, al Estado y a los puntos de vista diferentes. No se trata de un inventario de quejas, es más bien un llamado a la comunicación y al intercambio para la búsqueda de soluciones, un método para encontrar salidas a ese inventario; por supuesto, salidas en la que tienen que participar todos sin exclusiones.

La forma en que Vitral asumió La Misión apunta contra el inmovilismo, contra la cultura del individualismo, contra la mentira, contra el silencio cómplice, contra la pena de muerte y contra toda forma de violencia que, como recurso de la desesperación “quiere obtener carta de ciudadanía”.Apunta, pues, a favor de la verdad, esa que “duele, pero sana”; a favor de la tolerancia, la pluralidad, los pequeños proyectos, las virtudes, la soberanía y responsabilidad ciudadanas, sin las cuales no hay país; a favor de las soluciones pacíficas de los conflictos, pues la alternativa de diversidad conflictiva o uniformidad sin conflictos es falsa y como tal se requiere aprender la cultura de la solución pacífica de los conflictos, del consenso como opuesto a la confrontación; de la fraternidad, una necesidad que se impone después de doscientos años de revoluciones, odio de clases, revanchas partidistas, muerte y espirales de violencia que van de la controvertida Revolución Francesa a la desaparición del socialismo totalitario en Europa. Se va generalizando en el mundo la conciencia de que la violencia es éticamente inaceptable, que nada se salva matando. En fin, a favor de la esperanza, la identidad y dignidad de los cubanos, para revertir el daño antropológico, el más grave problema de nuestra sociedad de hoy, desde la reconciliación y el amor; para “cultivar la virtud, reconstruir la Patria y reconciliar a la Nación más allá de ideologías, mares y fronteras”.

Respecto a las ingerencias extrañas Vitral declara sin ambages: “No queremos ni el carril uno, ni el carril dos de una ley extranjera, lo que queremos es encarrilar nuestras propias esperanzas por los caminos de la soberanía nacional, el respeto mutuo, las soluciones internas y la democracia”.

Por lo que abordan y por la forma en que lo hacen, los editoriales proponen ideas y conceptos para la búsqueda de posibles soluciones. Se trata pues, de un material de obligada consulta para las ciencias sociales, para la elaboración de futuros proyectos, para religiosos y para todos los cubanos que sueñan con una Cuba mejor.

Por todo ello, un reconocimiento a Monseñor José Siro Gonzáles Bacallao, a Dagoberto Valdés, al equipo que les acompañó en el Centro de Formación Cívica y Religiosa y en la revista Vitral, a los colaboradores y a todos los que de una u otra forma pusieron un grano de arena en el cumplimiento de La Misión desde la luz que proyectaba Vitral. La Iglesia, dentro de su encomiable Misión, no puede renunciar a la labor cívica que venía desplegando Vitral, para que su luz continúe alumbrando nuestra oscurecida sociedad; Misión para la cual la luz de una vela se torna insuficiente. Cuba está junto al reto de radicales transformaciones donde la Iglesia tiene algo que decir, si no lo dirán otros.



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1Mons. Siro nació el 9 de diciembre de 1930. Comenzó sus estudios eclesiásticos en el Seminario San Carlos y los terminó en el nuevo Seminario del Buen Pastor en Arroyo Arenas. Fue ordenado sacerdote en 1954. Estuvo como Párroco en San Juan y Martínez durante 22 años. En 1982 el Papa Juan Pablo lo eligió Obispo de la Diócesis de Pinar del Río
2Dagoberto Valdés Hernández, ingeniero agrónomo de 52 años de edad. Fundador del Centro de Formación Cívica y Religiosa y Director de la revista Vitral. Uno de los estudiosos más destacados de la problemática sociopolítica cubana, cuyos conceptos e ideas están contenidos en los 78 editoriales de la revista desde su fundación hasta junio de 2007
3 Del número 78 se ordenó tirar sólo cuatro mil ejemplares, por lo que más de la mitad de los suscriptores no la pudimos recibir


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Dimas Cecilio Castellanos
Jiguaní, 1943. Licenciado en Ciencias Políticas
Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos
Miembro del Instituto de Estudios Cubanos
Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Digital Consenso
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