| 01. | Historia de una obsesión Entrevista con un balsero cubano por Yoani Sánchez |
| 02. | Despenalizar la discrepancia Reinaldo Escobar |
| 03. | Cuba es una sola, y una sola su cultura Miriam Celaya |
| 04. | Nuevas regulaciones aduanales Ana López |
| 05. | El papel de la información en la sociedad cubana Dagoberto Valdés |
| 06. | Polémica Un juguete viejo y otros nuevos Juan Lázaro Besada |
| 07. | Polémica La juventud cubana y la crisis de valores Lucía Morera |
| 08. | Vitral: La Misión de la Iglesia
Dimas Castellanos |
| 09. | De la espectral mediocridad a la excelencia
Eugenio Leal |
| 10. | Textos imborrables El caballo de Naipe Manuel Márquez Sterling |
| 11. | Figuras y hechos cardinales: Arango y Parreño Gerardo Martí |
| 12. | Inéditos de "Conversaciones con Dios" Rafael Alcides |
| 13. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Orlando Herández |
|
| Descargar Versión sólo texto Revista Digital Consenso Número 7 de 2007 |
|
| Descargar Versión PDF con imágenes Revista Digital Consenso Número 7 de 2007 |
En días pasados fue dado a conocer a través de Internet un documento titulado Palabras a los intelectuales: 46 años después, suscrito por Eliades Acosta, Jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del PCC, en el cual se hace llamamiento a un diálogo entre los intelectuales revolucionarios a fin de actualizar y establecer la política cultural para Cuba en los momentos actuales.

En el marco de la conmemoración con motivo del aniversario 46 del documento conocido como Palabras a los intelectuales, el alto funcionario hizo referencia a un Consejo Asesor de Políticas Culturales del Partido, constituido el pasado 25 de mayo, al parecer con carácter oculto toda vez que los medios de difusión no dieron cuenta de la creación de tan encumbrada instancia, en cuya primera reunión Alfredo Guevara retomó el viejo discurso que plantea que el diseño de la política cultural del país está trazado desde el Moncada y es la Revolución misma. Una afirmación que determina que el principio dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada, se refuerza oficialmente como una maldición dentro del panorama cultural cubano. El mecanismo de control y parametración, así santificado, condena a un renovado ciclo de censura y mordaza a un gran número de intelectuales y artistas, en particular, y a la sociedad cubana en general.
La justificación para reprimir el libre pensamiento pretende erigirse como fundamento apelando al machacado (y machacante) discurso de los enemigos de la Revolución que han intensificado hasta niveles nunca antes conocidos, usando todos los logros de la tecnología moderna, su particular guerra cultural y las acciones de desestabilización y subversión, e insiste mantenernos divididos al sacudir el espectro de “las dos Cuba”: una revolucionaria, trabajadora e independiente; otra mercenaria, anexionista y corrupta.
Es así que el texto de Eliades Acosta, que tampoco ha sido divulgado por los medios de prensa nacionales, llama dramáticamente a un diálogo entre intelectuales revolucionarios, sin mencionar en lo absoluto la Polémica Intelectual que, de manera espontánea, con la participación de decenas de intelectuales cubanos de todas las orillas -muchos de ellos reconocidos como consagrados del pensamiento cubano contemporáneo de la literatura y del arte- y con una amplia variedad de criterios en torno a la política cultural de Cuba, se desarrolló durante el primer trimestre de este año. Ante esto, cabe preguntarse: ¿es que no hubo participación de intelectuales revolucionarios en la Polémica? ¿Acaso las opiniones allí expuestas, que superan ampliamente el centenar, no cuentan para los comisarios políticos de la cultura oficialista? No resulta serio obviar un acontecimiento cultural tan relevante, inédito por demás, que constituyó un hito en medio del silencio y del temor establecidos como eficiente mecanismo de control por la política cultural de casi cinco décadas.
El llamamiento que ahora se presenta, pasados tantos años de la célebre sentencia al ostracismo, demuestra que se están aceitando los viejos aparatos del medioevo con nuevos lubricantes. Esta vez el rótulo del envase reza: “ideal para combatir la hegemonía coyuntural de las ideas y la práctica del capitalismo posmoderno”. Pero en esencia se trata de lo mismo; no hay nada nuevo, salvo que en este caso el discurso oficial también se encamina a anunciar un reforzamiento de la censura nada menos que restringiendo el ya famélico acceso a Internet. Es así que se habla de avanzar hacia el establecimiento de un diálogo cultural impostergable entre las ideas de vanguardia y la tecnología más avanzada de nuestra época, de lo que dependerá su socialización y uso cultural. Ya se sabe lo que esto significa: en la Era de la Informática y las Comunicaciones las autoridades cubanas se reservan el derecho de otorgar el crédito a sus fieles para el uso exclusivo de la red de redes; y para más burla, dan a esta medida el nombre de “socialización y uso cultural”. No es casual que recientemente un artículo publicado por la prensa oficial aludiera al uso y abuso de la libertad de expresión que se produce por Internet como un fenómeno al que es preciso “poner límites”.
El actual llamamiento al diálogo que se lanza desde el Departamento de Cultura del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, se propone también establecer los límites culturales de nuestra sociedad. Tal pretensión, excluyente desde su propia raíz, pone de manifiesto así que a los efectos de la cúpula política, la cultura no es un asunto que interese a toda la sociedad en su conjunto sino a una clase o grupo social (los intelectuales) y solo a una tendencia política (los revolucionarios). Ellos estarán a cargo de marcar “los límites”; pero –en cambio- las decisiones que desde ese “diálogo” se tomen, deberán ser acatadas por todos los cubanos. Esta élite está llamada, además, a establecer nuestras jerarquías culturales y espirituales y a diferenciar por nosotros lo importante de lo secundario, lo auténtico de lo banal y lo político de lo impolítico. (continúa...) >>
Versión imprimible