Consenso
Numero 6 de 2007 Numero 8 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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indice

01. Historia de una obsesión
Entrevista con un balsero cubano
por Yoani Sánchez
02. Despenalizar la discrepancia
Reinaldo Escobar
03. Cuba es una sola, y una sola su cultura
Miriam Celaya
04. Nuevas regulaciones aduanales
Ana López
05. El papel de la información en la sociedad cubana
Dagoberto Valdés
06. Polémica
Un juguete viejo y otros nuevos

Juan Lázaro Besada
07. Polémica
La juventud cubana y la crisis de valores

Lucía Morera
08. Vitral: La Misión de la Iglesia
Dimas Castellanos
09. De la espectral mediocridad a la excelencia
Eugenio Leal
10. Textos imborrables
El caballo de Naipe

Manuel Márquez Sterling
11. Figuras y hechos cardinales:
Arango y Parreño

Gerardo Martí
12. Inéditos de "Conversaciones con Dios"
Rafael Alcides
13. Humor
Carlitos
Ilustración de portada
Orlando Herández
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Revista Digital Consenso
Número 7 de 2007
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Revista Digital Consenso
Número 7 de 2007
Arango y Parreño: la importancia de su gran aporte (2)


Gerardo Martí


Ante la demanda del comercio mundial los hacendados cubanos, portadores de las ideas y dueños de la tierra, de las máquinas y de la mano de obra, tuvieron que decidir entre el pragmatismo deshumanizado o la dignidad de los seres humanos. Al decir de Moreno Fraginals, fueron esclavistas porque carecieron de asalariados; porque la esclavitud fue la única solución posible a la expansión azucarera. En consecuencia, optaron por una economía pura al margen de la ética, que obligaba al crecimiento permanente de la población negra, la cual aumentaba el peligro de una insurrección similar a la ocurrida en la vecina isla de Haití. Según datos citados por Don Fernando Ortiz, 236 599 esclavos pasaron por la aduana entre 1790 y 1820, los que -unidos a los de contrabando- eleva la cifra aproximadamente a 400 000 esclavos. El azúcar asumió la hegemonía y convirtió a la Isla en una gran plantación, que transformó el relativo carácter patriarcal que tuvo la esclavitud hasta ese momento en explotación intensiva del negro.

Desde ese momento azúcar y negros crecieron paralelos en la Isla variando radicalmente la geografía insular, la estructura económica y todos los aspectos de la sociedad colonial. Ya en la década de 1830, Cuba se había convertido, de un lado, en la primera exportadora mundial de azúcar, café, mieles (melaza), aguardiente y cobre, y estaba entre las primeras del mundo en cera, miel de abejas y tabaco; y de otro lado, la población negra había superado en número a la blanca. El miedo al negro, surgido en ese contexto, puso a la orden del día las preocupaciones por las inminentes sublevaciones masivas de esclavos. Al respecto, el sentir de los hacendados esclavistas fue expresado con claridad en la representación de la ciudad de La Habana a las Cortes Españolas, cuando Arango más o menos dijo: la libertad de su clase antes que la libertad del esclavo; los españoles antes que los africanos; los ciudadanos antes que las gentes de color; el gobierno antes que las llagas y vicios del cuerpo social. Ideas que constituyeron el fundamento de la Cuba de plantación, colonial, esclavista y burguesa; pues al decir de Maria del Carmen Barcia, la plantación no es sino un subsistema del capitalismo basado en las relaciones de producción esclavistas.

Una de las consecuencias de la posición de los hacendados fue que, como prácticamente eran gobierno y Cuba contaba con una altísima población esclava, en su agenda no estaba, ni podía estar, el ideal independentista. Por eso no se unieron al proceso de liberación que abarcó al continente en el primer cuarto del siglo XIX, pues la guerra implicaba su ruina como clase social. Estaban atrapados en el conflicto: necesitaban libertad para su clase y esclavitud para los negros. Su talón de Aquiles era el esclavo. En esa disyuntiva se debatieron hasta que la esclavitud, que durante un período de tiempo determinó su enriquecimiento, devino causa de la crisis y de la ruina que selló su suerte.

La trata de esclavos

Los resultados productivos de los hacendados dependían, como señalamos anteriormente, de la solución al problema de la mano de obra. Precisamente la vida política de Arango comenzó como Apoderado del Ayuntamiento habanero ante el gobierno metropolitano, donde sus primeras gestiones se encaminaron a lograr que la marina mercante española se ocupara del tráfico humano, que en esos momentos era controlado por la casa inglesa “Baker and Sawson”, la principal proveedora de esclavos que había en Cuba representada por su Apoderado Felipe Allwood.3 En su representación del 6 de febrero de 1789, Arango criticó la ausencia de España en el tráfico de esclavos africanos para el cultivo de las tierras de América, indicó las formas en que podría hacerlo y concluyó recomendando la libertad absoluta en el tráfico de esclavos, o en su lugar la autorización para realizarla durante tres o cuatro años a forma de ensayo.

En respuesta, la Junta Suprema de Estado presentó un informe que proponía la libre introducción de esclavos durante dos o tres años con determinadas condiciones. Esas recomendaciones quedaron plasmadas en la Real Cédula que autorizó la importación de negros exentos de todo derecho, sin licencia especial durante dos años. Cuando el plazo fijado estaba apunto de concluir, Arango presentó, el 10 de mayo de 1791 otra representación solicitando una nueva prórroga; que también fue la base de la Cédula de noviembre de 1791, concediendo dicha prórroga por seis años más. De esa forma la concesión que gozaba el puerto de Santiago de Cuba para la trata exclusivamente con los españoles, se hizo extensiva a los puertos de Nuevitas, Batabanó y Trinidad.

La importancia del tráfico negrero en el proyecto económico de la época era tal que, temiendo que la violencia resultante de la revolución haitiana pudiera interrumpir su comercio, Arango, se apresuró a tranquilizar al Gobierno en un Memorial fechado el 20 de noviembre de 1791, en el que se esforzó por demostrar las grandes diferencias entre las condiciones que provocaron la sublevación en la vecina isla y el régimen social existente en Cuba; un documento ilustrativo de su concepción acerca de los esclavos, donde expresa:

“... los amos de negros también tenían un tanto de culpa en la tragedia del Guarico, porque fueron maestros de sus siervos al proclamar los derechos del hombre y del ciudadano, motivando que los esclavos aspirasen a la libertad civil cuando se percataron de que los franceses los miraban como bestias y no como seres humanos”.4
(continúa...) >>



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3Felipe Allwood, apoderado de la firma londinense “Baker and Dawson”, principal proveedora de esclavos que había en Cuba en esa época. En 1795 se ordenó su salida de Cuba, por lo que el tráfico de negros estuvo a apunto de interrumpirse. Gracias a la gestión de Arango, Alwood pudo permanecer en la Isla.
4D. Ponte. Francisco J. Arango y Parreño estadista colonial cubano, p. 27
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