| 01. | Historia de una obsesión Entrevista con un balsero cubano por Yoani Sánchez |
| 02. | Despenalizar la discrepancia Reinaldo Escobar |
| 03. | Cuba es una sola, y una sola su cultura Miriam Celaya |
| 04. | Nuevas regulaciones aduanales Ana López |
| 05. | El papel de la información en la sociedad cubana Dagoberto Valdés |
| 06. | Polémica Un juguete viejo y otros nuevos Juan Lázaro Besada |
| 07. | Polémica La juventud cubana y la crisis de valores Lucía Morera |
| 08. | Vitral: La Misión de la Iglesia
Dimas Castellanos |
| 09. | De la espectral mediocridad a la excelencia
Eugenio Leal |
| 10. | Textos imborrables El caballo de Naipe Manuel Márquez Sterling |
| 11. | Figuras y hechos cardinales: Arango y Parreño Gerardo Martí |
| 12. | Inéditos de "Conversaciones con Dios" Rafael Alcides |
| 13. | Humor Carlitos |
| Ilustración de portada Orlando Herández |
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Francisco de Arango y Parreño,1 nuestro primer estadista criollo, fue Apoderado del Ayuntamiento de La Habana ante el gobierno de Madrid en 1789; destacado promotor de la Sociedad Económica de Amigos del País y del Real Consulado de La Habana; representante de Cuba en las Cortes de Cádiz de 1812; miembro del Consejo de Indias y de la Junta Real para la pacificación de las Américas; Consejero de Estado en 1820 y Superintendente de Hacienda en 1824. Como político, abogado y economista se destacó en disímiles ámbitos, dos de los cuales, la producción de azúcar y la trata de esclavos, constituyen el contenido del presente análisis.

La dignidad de la persona, característica primaria y natural que iguala a todos los seres humanos en lo que es propio y exclusivo de su especie, es el fundamento de la identidad, que en cualquier época o lugar impide que una persona sea más ni menos que otra. Una identidad en la esencia que no niega la diferencia en la forma, pues cada individuo, por sus rasgos físicos, cultura, capacidad e inteligencia, difiere de otro: una clave para la convivencia entre los iguales-diferentes. Esta tesis fundamenta el derecho para que las personas sean tenidas en cuenta como sujetos, principio y fin de cualquier proyecto social, necesidad muy pocas veces presente a lo largo de la historia universal, y por supuesto de la nuestra, explica los magros resultados obtenidos y el estado actual de estancamiento en que estamos inmersos.
El nacimiento de Arango se produjo casi dos años después de culminar la ocupación británica de La Habana, un acontecimiento que, al poner en contacto a los criollos con lo más avanzado del pensamiento mundial, tuvo una fuerte y decisiva influencia en nuestro devenir. Uno de los primeros efectos de la ocupación, después de la retirada inglesa, fue la decisión de Carlos III de suprimir el monopolio del comercio, habilitar progresivamente los puertos españoles para el tráfico mercantil con Cuba y contratar la introducción de esclavos con algunas casas negreras. Un paquete de medidas que marcan el fin de la factoría y el inicio de una nueva época con un proyecto económico exitoso y el mejor estructurado de nuestra historia, en la cual el ilustre habanero devino principal ideólogo de los hacendados azucareros criollo-cubanos. En ese contexto se enmarca el valor de su obra: grande por el florecimiento económico alcanzado y triste por las consecuencias éticas, políticas y sociales.
La producción de azúcar
Las ideas de Arango sobre el fomento de la economía en Cuba están contenidas en innumerables trabajos; dos de ellos son significativas para el presente análisis. El primero, “Discurso sobre la agricultura de La Habana y medios de fomentarla” (1792), gracias al cual su nombre perduró como estadista colonial en nuestra historia política; es un informe que analiza de forma global las características de una empresa fabril desde el flujo de producción, pasando por la fuerza de trabajo, hasta la financiación, la distribución y los mercados. Informe que Domingo Ponte, en su laureada obra Francisco J. Arango y Parreño, estadista colonial cubano, califica de “Manual económico para el progreso de Cuba”, mientras Manuel Moreno Fraginals lo denomina “lección de economía seca, franca, sin más preocupaciones éticas que el dinero ni más objetivos que la producción de azúcar a bajo costo”. El segundo, es el informe titulado “Resultan grandes perjuicios de que en Europa se haga la fabricación del refino” (1794), donde Arango analiza los mecanismos empleados por las metrópolis europeas para la dominación colonial. Esta fue la primera crítica al mercantilismo realizada en una colonia española; por ello constituye una obra pionera del pensamiento económico. Uno de los resultados de este informe fue que el mismo determinó la emisión de la Real Orden de 23 de febrero de 1796 autorizando el establecimiento de refinerías en Cuba y la fabricación del aguardiente rum. Ambos informes se concentran en un mismo objetivo: convertir a Cuba en la colonia más rica del mundo.
Si la ocupación de La Habana por los ingleses creó las premisas para ese objetivo –en los primeros cinco meses se importaron 10 700 bozales– la ruina de Haití, provocada por la revolución, brindó la oportunidad para su realización. En el Memorial de 20 de noviembre de 1791, Arango reveló su talento político y su capacidad económica, al plantear la ocasión excepcional que se presentaba a Cuba de enriquecerse si desarrollaba con rapidez su agricultura, con el fin de sustituir a Haití antes de que lograra rehabilitarse. Había que mirar a la vecina isla, decía Arango: “no sólo con compasión, sino con ojos políticos”2. El vertiginoso aumento de los precios del azúcar y el café, resultados de la tragedia haitiana, generaron el boom azucarero y cafetalero que hizo envejecer repentinamente las formas institucionales, administrativas y jurídicas de la colonia. Sin embargo, ante esa oportunidad se alzaba como obstáculo el complejo problema de la fuerza de trabajo. (continúa...) >>
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