| 01. | Tengo muchas pruebas, muchas comprobaciones Entrevista al Director del Centro de Estudios Espiritistas “Más Luz” por Dimas Castellanos |
| 02. | Las víctimas (habaneras) del Arte Orlando Hernández |
| 03. | Cuando tenga la tierra Ana López |
| 04. | Inversiones españolas en Cuba: la explotación encubierta Miriam Celaya |
| 05. | Despertar de ese sueño llamado “Habana” Yoani Sánchez |
| 06. | Primavera de Praga, 1968 Raúl Capote |
| 07. | Negocios sí, pero con ética
Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | Figuras y hechos cardinales: La toma de La Habana por los ingleses Gerardo Martí |
| 9. | Poemas Ernesto Santana |
| 10. | Humor Carlitos |
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La ciudad con los ojos cerrados
Sueña, Habana, suéñate Ciudad del Sol,
casa lunar de trovadores, perla en tu mar
de lentejuelas, puerta entre tantos mundos
posibles e imposibles, paraíso infernal,
alba del sol poniente, Babilonia del trópico,
cruce de todos los caminos entre Roma y la nada,
Jerusalén del carnaval mesiánico.
Nadie vela ya tu sueño ni se alivia en tus ensueños.
Pero quizás mañana tu diosa vague por tus calles
tornando azul tus grises y develando espejos,
coloreando los ojos que fluyen desde las casas.
Cuando cierro los párpados puedo ver con nitidez
cómo caes sin pausa sobre tu propio estruendo mudo.
Y a pesar del tumulto de profetas que llaman a tus muros
y sacuden tus huesos y empozoñan los dones de tu diosa,
aún sabes escuchar los susurros y los gritos
y sentir el beso del mar sobre tu cara
prodigándote horizontes, huracanes, crepúsculos,
sin precisar siquiera que despiertes y veas.
Habana, aún tienen voz tus calles y tus barrios,
tus poetas, tus secretos alquimistas, tus borrachos,
tus amantes, tus vagabundos y tus advertidos,
tus orfebres y tus locos insaciables.
Y aún eres más abeja que escorpión en el mapa,
mucho más memorable que perdida. Sobre ti
la luna y las estrellas son orificios móviles
que dejan ver la paz inalcanzable, y justo en tu seno
vamos nosotros, orificios vivientes, remedando
la opresiva inmensidad de la máquina y la ferocidad
de los hombres escorpión que guardan tu sol naciente
y tu sol poniente y rozan con sus cabezas el cielo
mientras hunden el vientre en los abismos,
sin angustia y sin éxtasis, nunca a salvo del tiempo
tras la niebla de su tortuosa majestad.
Sueña, Habana, que tu último cantor espera
a que despierte tu primera piedra.
Sigilosa república
No importa si al abrir tus ojos y tu corazón
alguien marca a escondidas la puerta de tu casa
para que ya no seas uno más sino uno menos.
Sabes que a veces estar alerta es estar en peligro,
que hoy es arriesgado mostrar el pecho desnudo,
que se tornan lunáticas las danzas solares,
y que, en fin, día tras día cae Jerusalén.
La salvación parece un fuego oscuro,
parece ceniza, tentación. Parece muerte.
Nínive
Tengo que alcanzar el arrabal de la ciudad que me habita.
No debo aguardar que esa invasión de moradores,
muertos en los sótanos o gastados de anhelar otro día,
logre conquistar mi corazón con su melancolía.
Tengo que asaltar el muro que circunda mi ciudad.
Ya sé que hay ciudades que devoran a sus soñadores
y caen sólo cuando acaban con el último ensueño.
No elegirás sino entre volar hacia el sol o caer
sobre la tierra, sobre el mar o sobre el viento.
Es como elegir entre perecer y perecer.
Han marcado la puerta del que aún osa velar,
del que confiesa su silencio y del que vive su palabra,
de quien sueña fuera de la ley y más allá del muro.
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