Consenso
Numero 4 de 2007 Numero 6 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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Polémica
Intelectual
2007

 

Los niños de Carmen y Rey
Un programa de ayuda a enfermos de cáncer



Generación Y
por Yoani Sánchez


Desde aquí
por el periodista
Reinaldo Escobar



Osvaldo Castillo
Pintor
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01. Esperar, a mí que me desespera...
Entrevista al cantautor Erick Sánchez por Reinaldo Escobar
02. Riesgo por cuenta propia
Ana López
03. Por qué ha dejado de entusiasmarme el “arte contemporáneo”
Orlando Hernández
04. A casi cien años de Bohemia
Dimas Castellanos
05. Enmendando un error histórico
Maybell Padilla Pérez
06. Retrato de una involución permanente
Miriam Celaya
07. La unidad de la oposición: una asignatura pendiente
Lucía Morera
08. La Nación, el Campamento
Yoani Sánchez
09. Figuras y hechos cardinales.
Arrate: entre lo peninsular y lo criollo

Gerardo Martí
10. Textos imborrables
Carta de José Martí a Máximo Gómez
11. Humor
Carlitos
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Revista Digital Consenso
Número 5 de 2007
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Revista Digital Consenso
Número 5 de 2007


En una reciente reunión al más alto nivel gubernamental se les pidió a los participantes que expusieran todos los problemas, sin ocultar ninguna dificultad y sin edulcorar ninguna verdad. Sin detenernos en el hecho de que fuera preciso hacer estas peticiones, allí donde se supone que no sería necesario, lo que más llama la atención es la existencia al más alto nivel de una clara conciencia de que el flujo de informaciones y opiniones no ha estado emergiendo desde la base, sino derramándose desde la cúpula.

El encuentro de ambos afluentes sólo es productivo si se realiza bajo las reglas del diálogo en el que sus participantes tuvieran la oportunidad y la obligación de expresarse y de escuchar. No basta con llamar a un debate para después sepultar los criterios que no gusten o premiar a los oportunistas que sólo dicen lo que creen que será bien recibido. Es imprescindible que los ciudadanos sientan que al decir con honestidad y veracidad sus criterios, no se exponen al castigo o a las represalias, sino que con ello están ejerciendo su derecho a ser escuchados por las instituciones y el gobierno.

La nación en su conjunto, está urgida de un diálogo que incluya a todos los sectores. Que no sea exclusivamente el que se propone entre dirigentes, en un sentido jerárquico vertical, sino que abarque en su horizontalidad a todas las tendencias políticas, en su profundidad a todos los estratos económicos y sociales, en la dimensión temporal a las diferentes generaciones y que se extienda más allá de las fronteras geográficas de la isla, para incluir a todos los cubanos que, incluso fuera de Cuba, tienen el derecho y el deber de participar con sus ideas y opiniones.

Escuchamos con optimismo la frase “nosotros debemos dialogar”, pero hasta el momento sólo se hacen públicas las proposiciones de diálogo entre aquellos que se denominan revolucionarios. La primera persona del plural determina su amplitud según la palabra que tenga a continuación y no es lo mismo “nosotros los revolucionarios” que “nosotros los cubanos”, sobre todo porque la certificación de revolucionario suele legitimarse de forma tan estrecha o sectaria -y contaminada de tanta disciplina partidista, fundamentada en la lealtad incondicional- que una discusión convocada dentro de ese marco sólo haría posibles el monólogo o el coro.

Debemos cuidarnos también del peligro de que sólo una elite, culta e informada, debata en un entorno de rigor académico nuestros problemas más acuciantes. Ya vimos cómo a principios de 2007 una polémica intelectual, realizada a través de correos electrónicos, quedó reducida a una discusión entre entendidos. A pesar de su innegable repercusión y de que hubo voces que proclamaron la necesidad de extender el debate, los que tuvieron en sus manos la posibilidad de darle una dimensión más amplia, vacilaron en el instante decisivo agitando el fantasma de lo poco oportuno del momento.

El diálogo es una “criatura frágil” que puede ser fácilmente acallada por la intolerancia, la violencia, la sordera del que no quiere escuchar al otro, los gritos, el repudio y la apatía. Alimentar la discusión crítica y el franco ejercicio del criterio es una tarea que nos llevará tiempo, pero que urge comenzar cuanto antes. Varias generaciones de cubanos muestran señales de pasiva aceptación de todo lo que le orientan o le ordenan y eso conforma un cuadro muy negativo para el crecimiento saludable de nuestra sociedad.

Demasiados años sin dialogar nos obligan a un aprendizaje previo y tendremos que cultivar la serenidad y la tolerancia que nos permitan discrepar sin ofender y recibir la discrepancia sin sentirnos ofendidos, pero no será necesario convertirnos en Platón y Aristóteles para que el debate se lleve a buen término. Basta que comprendamos que en ello nos estamos jugando el futuro de la nación.

No estamos en 1898, cuando españoles y norteamericanos conferenciaban sin contar con nosotros los cubanos y determinaban nuestros destinos, ni tampoco en los años 80 cuando desde el Kremlin y el CAMECOM se orientaban y se aplicaban, sin consultarlos con el pueblo, los lineamientos quinquenales de nuestra política y nuestra economía. La convocatoria al gran diálogo que todos esperamos, para que sea posible, tendría que ser aceptada desde arriba; pero para que sea auténtica, tendrá que ser reclamada desde abajo.

Consejo de Redacción
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