Consenso
Numero 4 de 2007 Numero 6 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Esperar, a mí que me desespera...
Entrevista al cantautor Erick Sánchez por Reinaldo Escobar
02. Riesgo por cuenta propia
Ana López
03. Por qué ha dejado de entusiasmarme el “arte contemporáneo”
Orlando Hernández
04. A casi cien años de Bohemia
Dimas Castellanos
05. Enmendando un error histórico
Maybell Padilla Pérez
06. Retrato de una involución permanente
Miriam Celaya
07. La unidad de la oposición: una asignatura pendiente
Lucía Morera
08. La Nación, el Campamento
Yoani Sánchez
09. Figuras y hechos cardinales.
Arrate: entre lo peninsular y lo criollo

Gerardo Martí
10. Textos imborrables
Carta de José Martí a Máximo Gómez
11. Humor
Carlitos
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Revista Digital Consenso
Número 5 de 2007
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Revista Digital Consenso
Número 5 de 2007
La Nación, el Campamento
Yoani Sánchez


Para muchos especialistas del tema martiano resulta un lugar común cualquier alusión al diferendo Martí-Gómez. Esto se debe a que, en un buen número de ocasiones, este tema ha sido tratado con un marcado carácter sensacionalista e irrespetuoso, que ha llegado incluso a rozar los límites del chismorreo y la calumnia. Lo cierto es que el diferendo existió y fue lo suficientemente decisivo en la preparación de la guerra del 95 como para dedicarle extensos estudios. Negarlo o sobredimensionarlo sería distorsionar nuestra historia.

Al hurgar en la correspondencia y discursos martianos, posteriores a 1882, se puede percibir un temor que los recorre, alimentado por la posibilidad de que se instaurase en Cuba un gobierno tiránico una vez alcanzada la independencia. Junto a su infinita preocupación por liberar a Cuba del yugo español, aparece –con una marcada intensidad- el miedo a la sustitución de un régimen autoritario por otro, o sea, a la implantación, posterior a la independencia, de una dictadura personal y retrógrada que sumiera al país en el caos. Sus esfuerzos irán dirigidos a evitar esta derrota del civilismo y su actividad se redoblará para evitar el caudillismo, tan común en los pueblos americanos.

Ya en 1882, en carta fechada el 20 de julio en New York, y dirigida al General Máximo Gómez, Martí demostraba sus temores:

“(...) Por mi parte, General, he rechazado toda excitación a renovar aquellas perniciosas camarillas de grupo de las guerras pasadas, ni aquellas jefaturas espontáneas, tan ocasionadas a rivalidades y rencores: sólo aspiro a que formado un cuerpo visible y apretado aparezcan unidas por un mismo deseo grave y juicioso de dar a Cuba libertad verdadera y durable, todos aquellos hombres abnegados y fuertes, capaces de reprimir su impaciencia en tanto que no tengan modo de remediar en Cuba con una victoria probable los males de una guerra rápida, unánime y grandiosa, y de cambiar en la hora precisa la palabra por la espada (...) “

Ese mismo año, el 26 de octubre, en carta al director del periódico El Pueblo en New York, se hacen más evidentes sus inquietudes:

“(...) Profunda es la pena que me causa ver que los esfuerzos encaminados, en largos años de modesta labor, a hacer imposible en Cuba el establecimiento de un gobierno en que no quepan, con la salud de la verdadera libertad, todos sus elementos y clases, sean juzgados, un momento siquiera, como favorables a la creación de una República de grupo, culpable y estéril (...)”

Las ideas civilistas de Martí, en relación con un gobierno al servicio del pueblo y no de una casta militar, están planteadas a lo largo de toda su obra. Numerosos son los ejemplos de sus sentimientos en contra de las tiranías y de su afinidad con los pensamientos demócratas. Su formación como hombre de leyes le otorgó una veneración elevadísima por el respeto a las libertades civiles, que lo colocaba en una posición antagónica con cualquier interés personal por el poder. Unido a eso, la experiencia aportada por la Guerra de los Diez Años y su fracaso, motivado en gran medida por las desavenencias entre caudillos y sus disputas por el poder; potenciaron en José Martí una clara alarma de lo que no debía volver a ocurrir.

El punto culminante de estos temores puede encontrarse en una carta dirigida, desde New York, al General Máximo Gómez. En ella se enuncia abiertamente la postura de Martí ante cualquier intento de hacer de la revolución una empresa personal. La misiva estuvo motivada por un encuentro entre Martí, Gómez y Maceo, ocurrido en la ciudad de New York unos días antes. En la misma se hace referencia a ciertas alusiones por parte de Maceo a considerar la guerra de Cuba como “una propiedad exclusiva” del General Gómez.

Después de este encuentro, exactamente el 20 de octubre de 1884, Martí envía a Gómez esta conocida carta, en la que se opone por completo a las ideas sugeridas por Maceo. La frase que más ha trascendido “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento...”, resume la oposición enérgica de Martí ante el personalismo que atisba en la actitud de Gómez. Entre sus fragmentos más reveladores apunta:

"(...) Pero hay algo que está por encima de toda simpatía personal que Ud. pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente: y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo (...)"

Ya este 20 de octubre de 1884, la ruptura está planteada abiertamente. Gómez no responde de forma directa, pero sí escribe unas anotaciones que hablan claramente de cuán herido se siente por la carta de Martí. Están fechadas el 22 de octubre de 1884 y expresan:

"(...) A los tres días recibo esta carta, que no contesté, pues no se da contestación a los insultos (...)" "(...) Como se verá, este hombre me insulta de un modo inconsiderado (...)"(continúa...) >>

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