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| 11. | Humor Carlitos |
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Con su aniversario 99 celebrado el pasado 9 de mayo, la Revista Bohemia, pionera de nuestras publicaciones republicanas, se encamina hacia su primer centenario. Por su historia y significación para la cultura, la política y la sociedad en general, el onomástico de la decana de la prensa cubana nos ofrece una excelente oportunidad para la reflexión acerca de las premisas, importancia y funciones de la prensa escrita.
El surgimiento de la prensa, cuya primera condición es la existencia de los medios técnicos combinados con las necesidades de un Estado, de un grupo social o de determinadas instituciones, cuajó en Cuba en la segunda mitad del siglo XVIII. En relación con otros adelantos técnicos, la imprenta llegó tarde a Cuba. La máquina de vapor, patentada en 1769; el telégrafo, que envió su primer mensaje en 1844; el teléfono, que inauguró su primer servicio a fines de 1877; el alumbrado eléctrico, que en 1879 era disfrutado con exclusividad por algunas ciudades importantes del mundo; el cine, patentado en 1895; la radio, en 1920 y la televisión en los años 50 del propio siglo. Todos fueron introducidos en Cuba entre 2 y 11 años después de las fechas señaladas, mientras la imprenta, redescubierta en Europa a fines del siglo XV, no tuvo su primer taller en Cuba hasta el año 1723.
Hasta que no se manifestaron las necesidades de la oligarquía azucarera-cafetalera, y de las instituciones docentes e investigativas fundadas a lo largo del siglo XVIII -Seminario San Basilio el Magno (1722), la Universidad de La Habana (1728), el Seminario San Carlos (1773), la Real Sociedad Económica de Amigos del País (1793) y el Real Consulado de Agricultura, Industria y Comercio (1795)- no fue posible la aparición de la prensa escrita en Cuba.
Todavía el 20 de enero de 1764, una Real cédula ordenaba: Que ni ahora ni más adelante hubiera más imprenta que la de la Capitanía General. Es así que, a fines del siglo XVIII, durante la primera etapa del reformismo, surge la prensa cubana con periódicos rudimentarios.
Las experiencias y avances de esos primeros periódicos, sirvieron de cimientos a la prensa republicana. La Gazeta (1764); El Pensador y La Gazeta de La Habana (1782) constituyen los antecedentes del Papel Periódico de La Habana, pionero de las publicaciones periódicas de Cuba, cuyo primer número vio la luz el 24 de octubre de 1790. La importancia del mismo para la oligarquía criolla y para sus instituciones se evidencia en que, desde 1793, la Sociedad Económica de Amigos del país asumió su dirección. Posteriormente, en la primera mitad del siglo XIX, El Habanero (1824) publicado por Félix Varela; el Diario de La Marina (1844); La Verdad (1848) publicado en New York; La Voz del Pueblo Cubano (1852); El Siglo (1863); El Cubano Libre (1868), fundado por Carlos Manuel de Céspedes; Patria (1892) editado por José Martí en la emigración; El Triunfo (1878); y La Fraternidad (1879), dirigido por Juan Gualberto Gómez, son una muestra representativa de la generalización de la prensa y de los diversos sectores sociales y partidos políticos de la época. Una heterogeneidad resultante de las libertades alcanzadas ya en la época de la colonia y a la vez, causa de las nuevas condiciones que permitieron el surgimiento de la prensa en la República.
Otra premisa básica consiste en la libertad, sin lugar a dudas un elemento determinante para la formación de juicios independientes y una de las condiciones ineludibles del progreso personal y social. Realidad que la líder socialista alemana, Rosa Luxemburgo, fue capaz de captar en usa sola frase La libertad no puede nunca ser otra cosa que libertad para pensar de otra manera, con la cual destacaba lo indispensable que resulta en cualquier sociedad la diversidad de pensamientos, pues, al igual que los organismos vivos no pueden sobrevivir en ausencia de oxígeno, las sociedades no pueden sobrevivir en ausencia de libertad.
Una segunda premisa, y aquí nos apoyamos en el filoso existencialista Karl Jasper, radica en que si la libertad es básica para la formación de juicios independientes, entonces la libertad de información es el nervio central. Decía Jasper: la libertad, exige toda la información, todos los datos asequibles al hombre, y los argumentos en que sustentan su opinión todas las partes. ¿Por qué?, porque la libertad de información es la matriz del resto de las libertades. Por tanto, es totalmente falso hablar de libertades en cualquier sociedad donde su matriz está ausente.
Cualquier acción –proceda de un partido, ideología, Estado o figura política– contra la libertad de información, implica una acción contra un derecho humano inalienable y contra el progreso social. Una idea que Jasper sintetizó así: el individuo debe proteger la libertad de otros como la suya propia, porque es la misma cosa, libertad social, y agregaba: la persecución de la voluntad ajena no es una ofensa particular, sino un delito contra la humanidad en tanto viola la condición decisiva del desarrollo de la sociedad humana.
Junto a la libertad, la promoción, existencia y protección de espacios y debates abiertos sin limitaciones es otra premisa para la existencia de la prensa. A la estrecha relación entre libertad de prensa y sociedad se refirió el sociólogo ruso Pavel Miliukov con la siguiente expresión: la prensa es la más fina y perfecta de las formas de interacción psicológica que expresada en formas de opiniones y crítica mutua constituye el sistema nervioso y de circulación sanguínea del organismo social.
Desde Cuba, el prócer camagüeyano Ignacio Agramonte, al defender su tesis de Licenciado en Derecho en La Universidad de La Habana expresó: A las leyes del espíritu humano de pensar, hablar y obrar le corresponden otros tantos derechos indispensables para el desarrollo completo del hombre y de la sociedad. Constituye pues, una verdad indiscutible, que las acciones contra la libertad de prensa son acciones contra los derechos humanos más elementales y contra el progreso social; pues cualquier alteración en uno de los elementos de la sociedad –sistema de máxima complejidad– es suficiente para su detenimiento o retroceso. (continúa...) >>
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