Revista Digital Consenso
Número 5 de 2007


Esperar, a mi que me desespera...
Entrevista con el cantautor Erick Sánchez
Reinaldo Escobar


Erick Sánchez es uno de esos trovadores cubanos que compone, arregla e interpreta sus propias canciones. Guitarra en mano y en ocasiones acompañado de otros músicos puede llenar la sala de un teatro donde su público conoce de memoria las letras y le pide a gritos los títulos de las más gustadas. Eso ocurre a pesar de no haber grabado nunca un disco y de tener una relativamente baja presencia en la radio o la televisión.

¿Cómo empezó tu vínculo con la música, especialmente con la trova?

Nací en junio de 1969, año que se llamó “del esfuerzo decisivo” y ya en ese momento Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú empezaban a ser conocidos. Recuerdo que a mi madre le encantaba escuchar a estos músicos, y así fue que empecé a oírlos. Quizás con la ilusión de que un día yo fuera tan famoso como ellos, mi madre me regaló mi primera guitarra, aunque a mi padre no le gustaba tanto la idea. Mi padre, debo aclarar, es una persona muy importante en mi vida. Él quería que yo fuera militar, pues era un oficial totalmente entregado a ese trabajo. El día que nací, él estaba movilizado y le hicieron creer que mi madre había tenido una niña. Cuando me conoció le dio una inmensa alegría saber que yo era varón, porque así podría ser como él. Hoy me parezco mucho a mi padre, especialmente en lo físico, en otras cosas somos diferentes, por ejemplo no me gusta en lo más mínimo la vida militar. De hecho la detesto, pero cuando yo estaba en el círculo infantil y me preguntaban lo que quería ser cuando fuera grande siempre respondía que yo quería ser piloto militar para matar a Pinochet.

En cuanto me hice un adolescente y aprendí los primeros acordes de la guitarra comprendí que eso de ser “el tipo que canta” me traía muchas ventajas. Podía socializarme mejor y siempre me invitaban a las fiestas; no a esas donde sólo se baila y la grabadora es la protagonista de la noche, sino a las otras que me gustaban más, donde la gente conversa, hace chistes, escucha atentamente una canción y, por qué no, también bailan. Mantener ese status me hizo estudiar música y empecé a componer. Luego en el servicio militar llevé conmigo la guitarra. Allí aprendí muchas cosas, porque no me gusta, como ya te dije, pero le debo mucho a esa experiencia. Fui secretario del Presidente de un Tribunal Militar y pude aprender algo sobre los derechos y las leyes. Cosas que me han servido de mucho y que me acompañarán siempre. Pero la primera canción la hice antes, se llamaba María y la hice pensando en una vecina

¿Empezaste con una canción de amor?

No exactamente, María era una vecina que se dedicaba a la prostitución y yo quise hacer una canción sobre ese asunto que tiene tantas aristas y que más recientemente volví a tocar en Anita la pinareña. Muchas canciones mías llevan el nombre de una mujer y casi todas se refieren a una vivencia personal. También le canto a lo que busco y no he encontrado y muchas veces a lo que me he perdido. Creo que fue Balzac el que dijo aquello de “Cada mujer con la que me acuesto es una novela que no escribo”. Parafraseándolo yo podría decir que “cada mujer con la que no me acuesto es una canción que podría hacer”.

Pero también habrás compuesto algo con el deliberado propósito de conquistar. ¿Lo has logrado?

Algunas veces, pero nunca he mentido, ni prometido nada falso con ese propósito. Me gusta que me acepten como soy y lo que más me molesta es ser rechazado por lo que no soy. A veces en alguna canción dejo un mensaje sin una dirección determinada, sólo con el propósito de lanzar esa señal, como cuando un náufrago arroja una botella al mar. Como es sabido la proporción de botellas de ese tipo encontradas resulta mínimo y el número de náufragos rescatados por ese sistema es realmente insignificante.

¿Cómo fue tu formación musical?

Aprendí con los amigos, recuerdo especialmente a Javier Martínez, Ernesto García y Carlos Santos, pero lo académico vino cuando matriculé en el Instituto Pedagógico, en la especialidad de Enseñanza Artística. Allí tuve un magnífico profesor, Ignacio Díaz, autor de un libro imprescindible sobre la armonía en la música popular. Aprendí solfeo, melodía, historia de la música, literatura y tuve contacto con otros que tenían las mismas inquietudes. Cada vez que podía hacía mis incursiones a la Escuela Nacional de Arte donde había gente que sabía tocar guitarra de verdad, y así poco a poco pude dominar la técnica, pero todavía estoy aprendiendo. Eso nunca termina.

¿Ejerciste como profesor de música?

Sólo como alumno ayudante, porque cuando después de graduado obtuve la plaza de profesor en el propio Instituto Pedagógico, encontré obstáculos muy fuertes de parte de la dirección de la Facultad de Humanidades que recientemente se había creado para unificar varias facultades. El decano me advirtió que no me daría un chance para llevar mi vida artística paralelamente a mi actividad como profesor. Ese señor tenía un carácter difícil, recuerdo que una vez mató a tubazos a un perro que se ponía a ladrar cuando los estudiantes formaban en el patio para el matutino. Fue por esa época que tomé una decisión de la que nunca me he arrepentido. Renuncié a mi plaza de maestro y obtuve un espacio en el Centro Musical Adolfo Guzmán.

Entonces eres un artista profesional que vive de su talento.

Esa sería una definición demasiado optimista. Gano honradamente el dinero que necesito para vivir cantando en restaurantes y centros nocturnos que prestan sus servicios en pesos convertibles. Eso significa que ese grupo de personas que caben en la definición de “mi público” no asiste a esos lugares, al menos regularmente. Muchos turistas que visitan la Isla (que no es lo mismo que el país) quieren escuchar un repertorio que pudiéramos denominar tradicional. Una buena parte de ellos ni siquiera entienden el español, mucho menos tienen el deseo de ponerse a descifrar la letra de una canción que pretenda alguna complejidad. A ellos les canto lo que quieren oír. Para eso me pagan, para complacerlos.

¿Y a quién tratas de complacer cuando interpretas tus propias canciones en esos teatros a donde sí puede asistir tu público?

A mí.

¿Eso significa que no haces concesiones?

Sólo las más elementales que impone la cordura.

Yo he estado en un concierto tuyo y he sabido que alguna gente se preocupa al estar presente en una sala donde se cantan canciones tan atrevidas. ¿Te sientes un ente peligroso? ¿Te han reprimido? ¿Te han llamado la atención?

Cuando canto una de esas canciones que pudieran calificar de atrevidas y al terminarlas la gente la aplaude y la apoya de diferentes formas, yo siento una enorme satisfacción al comprobar que pienso igual que muchas personas inteligentes, que me doy cuenta de lo mismo que ellos y que logro expresarlo de forma artística en una canción. Yo soy un hombre libre y como tal me comporto. Nadie nunca ha venido a advertirme que no soy libre de expresar lo que pienso. Nadie nunca me ha regañado, ni me han llamado la atención, ni siquiera por alguna que otra palabrota que a veces se me sale. Cuando canto No quiero que toquen en mi puerta, o Cuando aparezca el petróleo, o aquella que habla de los huevos que te tiramos cuando te fuiste con la escoria, estoy hablando de cosas que ocurren en este país pero de las que no se habla nada en la prensa ni en los cuadernos de historia que se estudian en la escuela.

De manera que pudiera decirse que hay un Erick Sánchez que se gana el dinero cantándole a los turistas y otro que se realiza interpretando lo que compone y que este último es un “ambidiestro” que lo mismo canta enamorado que protesta por lo que no le gusta.

En verdad soy uno solo, porque si no pudiera mantenerme cantando el repertorio tradicional, no podría financiar mi libertad. Quizás entonces me pagarían para otra cosa y eso no me complace. Al igual que ocurre con las canciones que tienen un tono más privado, éstas de carácter social también son fruto de alguna experiencia vivida por mí, de mis preocupaciones más íntimas y personales.

Ya me explicaste que no te han reprimido, ahora te pregunto si tampoco te han provocado? ¿Te han intentado manipular de alguna forma?

Aparte de estas provocaciones que me haces ahora, que no me molestan porque ejerces tu trabajo de periodista, debo decir que a veces tengo la sensación de que algunas personas quisieran que yo fuera mucho más atrevido. Más incluso de lo que ellos mismos se aventurarían ser. Eso me molesta porque me niego a ser la marioneta de nadie. Soy cubano y no quiero ser cómplice con mi silencio de todas las cosas malas que deben ser criticadas, pero tampoco quiero ser cómplice de algo tan siniestro como el Plan Bush, ni de nada parecido. Nuestros problemas tenemos que resolverlos entre nosotros los cubanos, sin interferencias de nadie.

Háblame de tus giras, nacionales o internacionales.

Nunca he salido del territorio nacional y aunque reconozco la importancia de conocer otra parte del mundo, en este momento no estoy interesado en viajar a ninguna parte. He visitado otras provincias, pero nunca como parte de una gira. Recientemente un importante grupo de jóvenes trovadores hicieron un recorrido por varias provincias: Silvio Alejandro, Diego Cano, Inti, Samuel Águila, Ihosvany Bernal y Fernando Bécquer. Me hubiera encantado estar con ellos, pero lamentablemente eso fue organizado por otra empresa diferente a la que pertenezco.

¿Nunca has participado en una de esas Tribunas Abiertas en las que algunos artistas se presentan como parte del acto político?

Nunca me han invitado, pero déjame aclararte que los artistas que se han presentado en esos actos, lo hacen de forma completamente voluntaria. Que yo sepa nadie ha estado obligado nunca a cantar en una Tribuna Abierta, ni para mantener a su familia ni porque le vaya a pasar algo por no asistir, y eso es bueno que se sepa.

¿Cuándo vas a grabar un disco?

Las disqueras cubanas pasan ahora por una crisis y no pueden darse el lujo de editar un disco que no produzca dinero inmediatamente. Ahora yo preparo una grabación por mi cuenta en el estudio de un amigo que no me cobra nada por hacerla. Cuando estén listas las 12 canciones que pienso incluir, entregaré el producto terminado a alguna disquera, quizás a Colibrí, que es la que tiene que ver más conmigo, si no estuvieran interesados, intentaré ofrecerlo a alguien fuera de Cuba…vamos a ver.

¿Piensas que la nueva trova se ha quedado huérfana?

No tanto como eso, lo que pasa es que ahora el mercado impone otros intereses. Antes La Casa de las Américas era la institución que más promovía a los trovadores. Ese lugar ahora es el Centro Pablo en la Habana Vieja. Allí está la programación de Puntal Alto, de la que se puede decir que no ha dejado a nadie fuera. Allí se hacen grabaciones, que aunque no cuentan con todos los recursos de las grandes casas disqueras, obtienen una calidad aceptable y ya son muchos los que se han dado a conocer por este camino.

Este año una canción tuya ganó el Premio de la Popularidad en el concurso Adolfo Guzmán ¿Qué importancia le das a eso?

El Guzmán es el concurso de canciones más importante que se realiza en Cuba desde hace muchos años. En esta edición se presentaron más de 600 obras y había un jurado respetable. Para serte sincero, creo que Talismán, que fue la obra que yo envié no tiene nada que envidiarle a ninguna otra de las que ganaron los otros premios. En la opinión del jurado mi canción mereció una mención, pero el premio de la popularidad lo da el público, con quien resulta casi imposible hacer arreglos o crear compromisos y eso me produce mucha satisfacción, aunque tampoco creo aquello de que el público siempre tiene la razón, ejemplo de eso es que Alfredito Rodríguez llena el teatro Karl Mark, que es el más grande de Cuba y otro tanto hacen los reguetoneros. Respeto a cada artista que hace lo suyo, pero como no me gusta Alfredito ni el Reguetón, me sorprende un poco que puedan tener tanto público. El gusto es así.

En un par de años cumples los 40, ¿te asusta eso?

Me asustaría más si me dijeran que no los voy a cumplir. Tengo planes a largo plazo y proyectos concretos para ahora mismo, como este disco del que te hablé. Me falta encontrar un par de cosas que he estado buscando, pero prefiero no hablar de eso.

¿Qué esperas del futuro?

El futuro es muy complicado, sobre todo en este país a comienzos del milenio, pero el problema con eso de lo que espero del futuro es que, como digo en una canción, a mí esperar me desespera.




____________________________________________________________
Reinaldo Escobar Casas
Camagüey, 1947
Periodista y miembro del Consejo de redacción de la Revista Digital Consenso


____________________________________________________________
Revista Digital Consenso
http://www.desdecuba.com
consenso@desdecuba.com