| 01. | Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera Eugenio Leal |
| 02. | A la caza de un espacio Yoani Sánchez |
| 03. | ¿Revolucionario, contrarrevolucionario? Reinaldo Escobar |
| 04. | Jesús: ¿humanista o revolucionario? Dimas Castellanos |
| 05. | Petróleo, etanol o biomasa Ana López |
| 06. | Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político Irene Hernández |
| 07. | Cuba: catástrofe agraria
Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | ¿Una nueva oportunidad para la unidad?
Antonio Martínez |
| 09. | Textos imborrables Poemas de Heberto Padilla |
| 10. | Humor Carlitos |
Un nuevo paso en el camino a la unidad, modesto pero significativo, ha dado un grupo de personas y de organizaciones opositoras cubanas. El documento Unidad por la libertad dado a conocer a mediados de abril del 2007 expone una mayor madurez, en la conducta política de los líderes y personalidades independientes que lo suscriben.
Aunque el tema de la unidad se ha venido abordando como una necesidad impostergable por todo aquel que se identifica como opositor e incluso por todos los que se acercan a ellos como consejeros, comentaristas, colaboradores solidarios o compañeros de ruta, hasta el momento no se había concretado nada mostrable. Tal vez lo más avanzado se alcanzó en 1994 cuando se convocó a Concilio Cubano, un evento que pretendió unir a toda la oposición cubana, pero que fue frustrado por las autoridades. “¿Por qué no se acaban de unir de una vez por todas?” Ha sido la pregunta que con más frecuencia le han hecho desde hace años a cada uno de los líderes de la oposición interna cubana.
Han quedado registrados además diversos llamados a la unidad para apoyar o suscribir determinados proyectos elaborados sin previo consenso. “La unidad en torno a mí” parecía gritar individualmente dentro de su círculo cada opositor.
El principal defecto de casi todos los intentos anteriores ha sido la pretensión de lograr la unidad alrededor de documentos o proyectos demasiado amplios y demasiado llenos de detalles, con los que resulta difícil coincidir ciento por ciento, sobre todo desde las diferentes corrientes ideológicas que conforman la ilegalizada oposición; pero la dificultad más ardua de saltar, que ha ocasionado esta forma de reclamar la unidad, es la suspicacia de que cualquier invitación de esta naturaleza, anularía el protagonismo de quienes se coloquen bajo la “sombrilla” de aquella organización o personalidad que tuvo la feliz ocurrencia de convocarla.
El nuevo documento que ahora circula tiene el mérito de ser breve y de haber encontrado el reducido conjunto de puntos comunes que todos pudieran suscribir, pero sin dejar fuera nada básico: respeto a todos los derechos humanos, justicia social, libertad, reconciliación y soberanía, sin olvidar el reclamo de liberar a quienes guardan prisión por defender todo lo anterior de forma pacífica y respetando la diversidad de iniciativas, posiciones y estilos dentro de la más amplia pluralidad.
Ninguna alusión religiosa; ninguna mención directa a tópicos conflictivos como el bloqueo-embargo, la devolución de propiedades, la idea de dialogar con el gobierno, nombres de proyectos, organizaciones ni de otros países o personas. En fin que no se alude a nada que hubiera podido estropear el consenso. Eso sí, es un texto claramente opositor y no una de esas declaraciones que, “hubiera podido firmar hasta la Caperucita Roja”, como dijo una vez el poeta Raúl Rivero refiriéndose a otro documento.
En el tercer párrafo del mensaje, luego de aclarar que no se trata necesariamente de formar una alianza estructurada, se sugiere la promesa más esperanzadora del documento, al proponerse trabajar “en la formación de un bloque unitario, si las circunstancias aconsejan que ese paso es necesario y el más conveniente para lograr los cambios hacia la democracia en Cuba” que es -según se afirma en el propio párrafo- “la razón de ser de la oposición cubana”.
Para los que están al tanto de las interioridades del mundillo opositor resulta sorprendente ver, juntos en la lista de firmantes, los nombres de personas que en otro momento se han lanzado entre sí terribles acusaciones, que tanto recuerdan las enconadas disputas electorales del peor estilo, pero más sorprendente aún es conocer que se siguen gestionando “al más alto nivel” las firmas de los pocos que faltan. Da la impresión de que esta vez los que decidan no suscribirse estarán conspirando contra la unidad, pero lo mejor de todo es que este detalle no aparece explícito en el texto y que han llegado a la conclusión de que la reconciliación, propuesta a toda la sociedad, empieza por la propia familia opositora.
No obstante el nuevo propósito tiene por delante importantes escollos. Una de las expresiones que más se ha escuchado cada vez que alguien ha pretendido convocar la unidad en torno a uno o a otro documento, proclama, demanda o programa, por justo, coherente, desatinado o parcial que sea es “Si fulano firma eso yo no participo”. Se trata de una especie de caudillismo al revés, pues al igual que el caudillismo clásico que consiste en seguir a un hombre en lugar de una idea, este caudillismo invertido desestima una idea simplemente porque detrás o alrededor de ella está el nombre de una persona determinada. Sucede con frecuencia que quienes así reaccionan aceptarían gustosos la firma de esos “indeseables” en un proyecto que ellos hayan impulsado.
La lectura serena y desprejuiciada de este mensaje que se lanza “al pueblo de Cuba y a los pueblos del mundo” debería hacerse tal vez, sin conocer los nombres de sus firmantes, o mejor aún, sin tener en cuenta lo que sus originales promotores han hecho y dicho antes, pero lamentablemente eso resulta casi imposible para quienes ejercen el oficio de políticos y por otra parte la importancia del hecho radica justamente en que ha sido suscrito por todas esas personas y organizaciones.
Algunos podrán desestimar este llamamiento a la unidad por la libertad; porque crean que no resulta necesario llevar a la práctica ningún tipo de cambio en Cuba, como no sean los que el gobierno de forma legal y ordenada decida hacer algún día. Una razón que podrían esgrimir aquellos que sí son partidarios de llevar adelante profundas transformaciones es que “la oposición pacífica cubana”, tal y cual se conoce hoy, no debe ser legitimada de forma alguna como protagonista y argumentarán tal vez que los cambios deberán imponerse a la fuerza por una potencia extranjera; o brotarán en virtud de un milagro gracias a la intervención divina; o serán aplicados dentro de una determinada cantidad de años cuando una generación de cubanos, que no ha nacido aún, tenga las condiciones propicias para hacerlo. Seguramente habrá muchos respetables motivos para ignorar esta nueva oportunidad para la unidad, como el instinto de conservación, que algunos llaman miedo, el justificadísimo pesimismo que se cuestiona si vale la pena hacer algo, o algún razonamiento indiscutible que otros alcanzarán a vislumbrar.
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