| 01. | Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera Eugenio Leal |
| 02. | A la caza de un espacio Yoani Sánchez |
| 03. | ¿Revolucionario, contrarrevolucionario? Reinaldo Escobar |
| 04. | Jesús: ¿humanista o revolucionario? Dimas Castellanos |
| 05. | Petróleo, etanol o biomasa Ana López |
| 06. | Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político Irene Hernández |
| 07. | Cuba: catástrofe agraria
Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | ¿Una nueva oportunidad para la unidad?
Antonio Martínez |
| 09. | Textos imborrables Poemas de Heberto Padilla |
| 10. | Humor Carlitos |
En ese mismo año, urgidos por dotar a los trabajadores sociales de un respaldo ético y moral que evacuara las críticas que ya habían comenzado a recibir por parte de amplios sectores de la sociedad, se publicó el Código de Ética de los Trabajadores Sociales. Desde su primer párrafo se evidencia el carácter eminentemente ideológico de este grupo, ya que se le exige:
“Compromiso con la Revolución, con el Partido y con Fidel: Actuar siempre con fidelidad a la Patria en correspondencia con sus raíces históricas, enalteciendo sus mejores tradiciones revolucionarias. Cuidar y defender la obra de la Revolución y las conquistas del Socialismo.”
Y también su subordinación a la causa política, cuando se estipula que:
“Contribuya de modo consciente, mediante su actitud moral, política, ideológica y profesional al logro de los altos objetivos a él encomendados”
A principios del 2007 la cifra de graduados en la especialidad de Trabajo Social era de 34 562 con lo cual se superaba incluso el estimado inicial de graduar más de 7 mil estudiantes cada año, sin contar, el curso inicial del año 2000 donde sólo se graduaron 500 trabajadores sociales en la escuela de Cojímar.
Resulta significativo que de este total de graduados 25 139 son miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas (esto representa más del 73 %), condición que la mayoría ha alcanzado con posterioridad a su entrada a la escuela de formadores de trabajadores sociales.
Una vez concluido el año de formación como trabajadores sociales, los jóvenes pueden optar por una carrera universitaria, siempre dentro del marco de las especialidades de letras. Por ejemplo carreras como Comunicación Social, Historia del Arte, Sociología y Psicología, son las más comunes en su selección. Estas especialidades las hacen bajo el concepto de municipalización de la enseñanza, que consiste en sedes universitarias alternativas que sesionan en los propios municipios de los estudiantes. Este sistema de estudio permite que los trabajadores sociales puedan dedicar una buena parte de su tiempo a las tareas de la Batalla de Ideas, ya que sólo deben asistir a la docencia algunas veces por semana.
Muchos jóvenes que han concluido la formación como trabajadores sociales y están estudiando en la universidad bajo este régimen mixto de estudio trabajo, se quejan de que el tiempo que pueden dedicar al estudio es demasiado poco. La improvisación marca a un buen número de las tareas extracurriculares que se les asignan y las continuas interrupciones, que incluyen viajes a otras provincias del país, complican el tiempo para estudiar. Así que para muchos se dilata su estadía en la universidad al sólo poder cursar las asignaturas de un curso en el tiempo correspondiente a tres.
A su vez los profesores que imparten clases a los trabajadores sociales en la municipalización de la enseñanza se quejan de no poder aplicar todo el rigor evaluativo necesario. Suspender a uno de estos jóvenes en un examen puede considerarse un ataque al concepto mismo de la Batalla de Ideas.
Entre las tareas que realizan, de forma paralela a las actividades docentes, se pueden reconocer cuatro grandes grupos: organización y control social; participación en la Revolución energética; prevención social y lucha contra las tendencias corruptas.
Para participar en estas actividades muchos de los trabajadores sociales han tenido que viajar desde sus provincias de origen hacia otras. Por ejemplo durante la puesta en práctica de la “Operación Gasolina” (en los puntos de distribución de combustible) jóvenes del Oriente del país se hospedaron en hoteles habaneros dedicados al turismo internacional. Para muchos fue la oportunidad de salirse del control familiar, vivir nuevas experiencias y conocer la capital. Sin embargo otros lo vivieron con las incomodidades de la lejanía y la separación de sus seres queridos.
La labor de prevención y asistencia social que hacen los trabajadores sociales ha quedado en un segundo plano en los últimos cuatro años, cuando las tareas de la Batalla de Ideas han desplazado su atención. Muchos discapacitados, ancianos solitarios y demás personas con necesidad de atención social han visto frustrarse sus expectativas de encontrar en estos jóvenes apoyo material y atención especializada.
Muchos ven en los trabajadores sociales una fuerza de control y vigilancia con poderes que están por encima de las instituciones legales. Al principio de su labor se extendió entre la población la idea de su “intocabilidad”, pues aparecieron numerosos ejemplos de personas que recibieron multas, llamados a contar y advertencias policiales por comentar contra su labor. La frase “los niños del Comandante” viene a la mente de muchos cuando piensan en los trabajadores sociales.
Las quejas por la atención preferencial que reciben en los centros de estudio y trabajo donde realizan su labor, son muy intensas. Por ejemplo, alumnos y profesores de diferentes centros escolares cuentan que los trabajadores sociales reciben meriendas y comidas diferenciadas y un apoyo especial en su transportación, que contrasta con la poca calidad de la comida y los deteriorados vehículos con los que cuentan los estudiantes y trabajadores de estos centros. El hecho de que reciban un salario, módulo de ropas y preferencias para comprar boletos en el transporte interprovincial, ha levantado la ira de muchas personas que se quejan abiertamente (o en voz baja) sobre ese tratamiento diferenciado. >>