Consenso
Numero 3 de 2007 Numero 5 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera
Eugenio Leal
02. A la caza de un espacio
Yoani Sánchez
03. ¿Revolucionario, contrarrevolucionario?
Reinaldo Escobar
04. Jesús: ¿humanista o revolucionario?
Dimas Castellanos
05. Petróleo, etanol o biomasa
Ana López
06. Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político
Irene Hernández
07. Cuba: catástrofe agraria
Oscar Espinosa Chepe
08. ¿Una nueva oportunidad para la unidad?
Antonio Martínez
09. Textos imborrables
Poemas de Heberto Padilla
10. Humor
Carlitos
Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político


Irene Hernández


El método más socorrido por el gobierno cubano en los últimos 48 años para intentar solucionar algún problema especialmente crítico ha sido el de convocar de forma masiva y temporal grupos humanos organizados en forma semi-militarizada. El primer ejemplo apareció en 1961, cuando para realizar la campaña de alfabetización se convocó a más de 100 mil jóvenes a las Brigadas Conrado Benítez; luego en 1962 los estudiantes secundarios fueron movilizados para recoger el café en las montañas de la región oriental de la isla. A partir de aquí comenzaron las permanentes movilizaciones a las “zafras del pueblo” en las que miles de personas de todo el país se trasladaban a otras provincias para cortar caña.

Para resolver el problema de la vivienda se creó el Movimiento de Microbrigadas y para otros objetivos, como la construcción de Escuelas en el Campo, la atención a cultivos y otras tareas priorizadas, se formaron en diferentes fechas y con distinta duración grupos como “los Seguidores de Camilo y Che”, las Brigadas Agropecuarias, la Columna Juvenil del Centenario, el Contingente Pedagógico Manuel Ascunce, Los Makarencos, etcétera. Cada una de estas movilizaciones masivas ha estado acompañada de todo un enorme aparato propagandístico que hace ver en “la tarea encargada” aquello que dará solución al más importante problema y a los participantes de la tarea como los indiscutibles héroes de una epopeya.

La nueva escalada ideológica que trajo la Batalla de Ideas comenzada en 1999, con el caso del niño Elián González, intentó rescatar por vía del adoctrinamiento intenso la adhesión que se había perdido a consecuencia de los problemas traídos por la caída del Muro de Berlín. Se necesitaba entonces de una fuerza al estilo de los “contingentes”, semi-militar, sin estructuras sindicales ni subordinación al reglamento laboral existente, que llevara a la práctica muchos de los programas que se anunciaban. Otra vez los jóvenes fueron el grupo social seleccionado y espacialmente aquellos que no tenían un vínculo laboral o docente.

En julio del año 2000 Fidel Castro mencionó en un discurso, la idea de convocar a jóvenes sin vínculos laborales ni escolares para formar parte de un grupo de Trabajo Social. En septiembre de ese mismo año se reabrió, después de cinco meses y medios de un intenso maratón para remodelarla, la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar que albergó en su primer curso a más de 500 jóvenes, egresados de los Preuniversitarios y captados por los Cuadros de la UJC para formarlos como Trabajadores Sociales.

Entre los dos objetivos fundamentales para la creación de los llamados Trabajadores Sociales están:

Las Escuelas Formadoras de Trabajadores Sociales (EFTS) se autodenominan como “la materialización más fiel de la Batalla de Ideas”. La más grande de estas escuelas es la de Cojímar y acoge a jóvenes de la región occidental del país (Pinar del Río, La Habana, Ciudad de La Habana, Matanzas y el Municipio Especial de la Isla de la Juventud). Al abrir su matrícula en septiembre del año 2000 los cursos contaban con una duración de sólo seis meses, lo que hacía que al pasar a la vida laboral, la celeridad de la formación, dejara mucho que desear de su actuación social.

A partir del 2003 comenzó a exigirse para entrar a las diferentes escuelas de Trabajadores Sociales, contar al menos con 11no grado, lo cual no había sido un requisito en los cursos anteriores. Esto último había traído como consecuencia que jóvenes con deficiente nivel escolar entraran a formar parte de un grupo que se considera “la vanguardia de la sociedad”.

También se hicieron reajustes en la cantidad de años que debían prestar sus servicios una vez graduados de estos cursos. En los dos primeros años de puesta en práctica la formación de los Trabajadores Sociales, ellos debían cumplir con un servicio social de cinco años lo cual resultaba ya comparativamente mayor a los dos años reglamentados para los graduados en cursos regulares de la Universidad. Sin embargo, esto cambió notablemente en el 2003, cuando se instauró como compromiso extender el servicio social a 10 años.

Si tenemos en cuenta que la mayoría de estos jóvenes entran a formarse como trabajadores sociales con edades que comprenden entre 17 y 21 años, tenemos que, con la nueva duración del servicio social, ellos funcionarán como “fuerza disponible” hasta haber cumplido alrededor de 30 años de edad.

En octubre del 2003 Fidel Castro expuso la necesidad de modificar el modelo de formación de estas escuelas de modo tal que los alumnos pudieran, paralelamente, estudiar y participar de forma activa en la atención a las necesidades emergentes del Trabajo Social durante su etapa de preparación.>>

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