
Durante los años comprendidos entre 1960 y 1989 la producción de energía en Cuba se caracterizó por depender del suministro de combustibles fósiles y tecnologías de los países de Europa del Este, en particular de la extinta URSS. Se decía que, si bien era cierto que en una buena parte de los países socialistas europeos el sistema socialista se había impuesto tras los tanques de guerra soviéticos, en Cuba se había consolidado con el contenido de los buques petroleros de la URSS.
En este período, se llegaron a instalar capacidades para generar aproximadamente 3.083 MW con la utilización de petróleo, que aseguró el suministro de energía eléctrica, por medio del Sistema Eléctrico Nacional al 90% de la población. En esa etapa la utilización de fuentes de energía renovables era casi nula y en los casos en que se hacía era de una manera muy local, empujados más por la necesidad que por una conciencia ecológica.
Una vez caído el muro de Berlín el suministro de petróleo, que en su momento se había mantenido eficiente, estable y subvencionado, se convirtió en uno de los principales problemas a solucionar. Cuba tuvo que lidiar entonces con los altos precios del crudo en el mercado internacional, fuera ya del paternalismo comercial del CAME. Los efectos de la falta de petróleo se hicieron sentir en todas las esferas de la vida cubana, aunque con especial crudeza en la generación de electricidad para el sector poblacional y el industrial. También determinó el colapso de la transportación de pasajeros y mercancías. El llamado Período Especial se caracterizó, entre otras cosas, por un decrecimiento notable en la capacidad de generación de las plantas eléctricas.
Se apeló entonces al petróleo cubano, de baja calidad por su alta viscosidad y contenido de azufre, lo que dificulta su utilización en las centrales termoeléctricas. Además la producción de crudo nacional no supera la cifra de 1,4 millones de toneladas anuales, por lo que no puede cubrir las necesidades energéticas del país, con el agravante de dañar aceleradamente la infraestructura de las plantas generadoras.
Cuba es actualmente muy dependiente del petróleo, pues según la Comisión Económica para América Latina de la ONU (CEPAL), el crudo todavía es la principal fuente de energía del país, representando el 56,1% de su Oferta Total de Energía Primaria (OTEP), mientras que el uso de fuentes renovables constituye el 37,9 por ciento, y son mayoritariamente productos derivados de la caña (34,5 por ciento del total), que se suelen usar en "procesos de combustión poco eficientes". La dependencia de combustibles fósiles determina, otra vez, acercamientos políticos como el estrecho vínculo entre el gobierno cubano y el venezolano.
El acuerdo en materia energética vigente desde 2000 entre Cuba y Venezuela asegura la entrega de entre 93.000 y 100.000 barriles diarios de petróleo, además de apoyo tecnológico para el desarrollo de la producción de petróleo y gas en la isla. A cambio de esta ventajosa subvención energética, Cuba brinda servicios médicos y asesorías en diferentes sectores de fuerte impacto social y con su consecuente repercusión positiva, en la urna electoral, para el mandatario Hugo Chávez.
A pesar de la estabilidad en el abastecimiento de combustible que experimenta Cuba después de esta alianza estratégica con Venezuela, en el país se hace evidente la necesidad de explorar y aumentar el uso de otras fuentes renovables de energía. La alianza con Venezuela pende de factores geopolíticos un tanto frágiles y el gobierno de Cuba conoce del descalabro que representa la pérdida repentina de las subvenciones.
Energía hidráulica
Aún están subvaloradas las posibilidades de la energía hidráulica, que es una de las fuentes más significativas de las energías renovables. El impacto medioambiental de su explotación es mínimo, además de que la infraestructura usada para la generación puede ser destinada a otros fines como acueductos y riego a la agricultura.
Lamentablemente la utilización de la hidroenergía en Cuba es limitada. Su dependencia en gran medida de las precipitaciones, cuya frecuencia y cantidad ha variado notablemente en los últimos años, la hace inestable. La deforestación de las cuencas hidrográficas, los cambios en el uso del suelo, las alteraciones climáticas y otros factores diversos afectan directamente las reservas hídricas del país que nunca han sido caudalosas.
Los estudiosos del tema afirman que el potencial hídrico cubano podría generar cerca de 650 MW, aunque sólo se obtienen menos de 55 MW. Actualmente sólo 38 municipios, repartidos en 10 provincias se benefician, en diferentes niveles, de la hidroenergía.
Energía solar
En los últimos años se ha potenciado la instalación de paneles solares fotovoltaicos en las zonas montañosas y en comunidades apartadas del Sistema Electroenergético Nacional. Existe un Programa de Desarrollo de las Fuentes Nacionales de Energía. En éste desempeñan un papel relevante las acciones de ONGs extranjeras que realizan proyectos con diferentes comunidades rurales.
El alto costo del equipamiento comercial, aún no hace competitiva a esta energía en comparación con las fuentes convencionales. A la par de este se ha vinculado su uso y funcionamiento a programas dirigidos por el gobierno, con la intención de extender la capacidad de captar la señal televisiva y su consabido efecto de adoctrinamiento ideológico.
Energía eólica
El uso de la energía eólica es aún muy limitado en el país, pues se necesitan grandes cantidades de acero y plástico para su instalación. Además se han encontrado algunos efectos negativos de esta alternativa, como pueden ser generación de ruidos, deterioro del aspecto paisajístico, accidentes por rotura de las palas, interferencias electromagnéticas y destrucción de cierto tipo de fauna (fundamentalmente pájaros).
Expertos en este tema reconocen como muy ventajoso el potencial eólico cubano y pronostican que de usarse en todas sus posibilidades la isla pudiera obtener por esa vía unos 400 megawatts.
Biogás
Representa una fuente de energía con un elevado aprovechamiento en relación con su bajo coste y el impacto medioambiental del biogás es muy positivo. Sin embargo necesita para su almacenaje de la tecnología apropiada y medidas de seguridad muy bien controladas, para evitar riesgos de intoxicación, incendios y explosión de los depósitos de gas.
En Cuba no existe la tradición en la población del uso de los excrementos humanos y animales para la generación de energía. Más bien hay rechazo a los olores y falta de higiene que se le atribuyen al proceso. Es lamentable que el contenido de muchas fosas sépticas de familias campesinas se mantenga inutilizado, mientras esas mismas familias carecen de un buen suministro de gas para cocinar.
El uso del biogás podría llevar el tema de las energías renovables y su positivo impacto medioambiental a la vida doméstica cubana. Daría a numerosas comunidades cierta independencia del sistema de distribución energética centralizado y a su vez eliminaría numerosos desechos humanos y animales que se vierten diariamente en la tierra y los ríos.
Etanol
El gobierno de Cuba reestructuró en el año 2002 su industria azucarera y cerró la mitad de los 156 ingenios existentes, además de disminuir notablemente el cultivo de la caña. Sin embargo los altos precios del etanol en el mercado internacional y su cada vez más amplia utilización como sustituto de los combustibles fósiles hizo que las autoridades cubanas se replantearan a partir del 2003 reactivar y modernizar algunos centrales y por lo menos 11 de sus 17 destilerías de alcohol, para destinarlas a la producción de este combustible renovable. Se pronosticaba abrir siete nuevas plantas para la producción de etanol deshidratado, que es el usado como combustible, pues se le elimina el cuatro por ciento de agua que posee el alcohol normal.
Los gobiernos de Cuba y Venezuela acordaron desarrollar numerosos proyectos de colaboración por 1.500 millones de dólares suscritos el 28 de febrero de este año, y oficializaron un acuerdo para la instalación en Venezuela de 11 plantas de etanol y el desarrollo de la producción cañera con esos fines.
Sin embargo el posible aumento de la producción de etanol en Cuba sufrió un gran revés con las declaraciones publicadas el 29 de marzo de 2007 en el periódico Granma y firmadas por Fidel Castro donde advertía que:
"en Cuba el empleo de tal tecnología para la producción de alcohol a partir del jugo de caña, no constituye más que un sueño o un desvarío de los que se ilusionan con esa idea".
… "en nuestro país, las tierras dedicadas a la producción directa de alcohol pueden ser mucho mas útiles dedicadas a la producción de alimentos para el pueblo y en la protección del medio ambiente".
Analistas especulan que esta actitud crítica contra la producción de etanol es sólo una fachada pública y que no se corresponde con lo que realmente se está haciendo para obtenerlo.
Biomasa
Las biomasas (bagazo, paja, cascarilla de café, carapacho de coco, leña y cáscara de arroz, etcétera), son materias orgánicas originadas en un proceso biológico espontáneo o provocado y que se utilizan como fuentes de energía. Con su utilización se contribuye a evitar gastos de combustibles fósiles y su impacto sobre el medioambiente es muy pequeño. Sin embargo para lograr un buen aprovechamiento de la energía de la biomasa se necesita que el ciclo de producción y extracción de la misma sea estable y constante.
En Cuba la principal fuente de energía renovable es actualmente la biomasa. Dentro del total de 37,9% que representan las energías renovables en la producción energética nacional, la originada a partir de la caña de azúcar abarca un 34,5%.
A partir de la reestructuración de la industria azucarera realizada en el 2002, que concluyó con el cierre de la mitad de los ingenios, se planteo el imperativo de que aquellos que quedaran funcionando se autoabastecieran energéticamente. A mediados de 2004 se anunció en la prensa oficial que la energía alternativa generada por la biomasa, ya era la principal fuente energética de los centrales. Actualmente no hay estadísticas oficiales del uso de esta energía renovable, aunque se especula que con la caída en picada de la zafra azucarera el uso de la biomasa se haya visto también seriamente afectado.
La segunda fuente de biomasa en el país es la obtenida a partir de la explotación de especies forestales, consistente en leña y carbón vegetal para la cocción de alimentos. El impacto medioambiental de la utilización desmedida de especies forestales en la producción de energía es demasiado elevado y ha contribuido a la deforestación de extensas áreas de las ya menguadas zonas boscosas de Cuba. Mientras que en un último lugar se encuentran los residuos lignocelulósicos que generan la industria del procesamiento de la madera y la industria arrocera.
La dificultad principal que enfrenta el uso de las energías renovables en Cuba es que no existe una voluntad política para desarrollarlas en todas sus potencialidades. La llamada Revolución Energética se basa fundamentalmente en apelar al ahorro de petróleo a partir de la distribución de equipos electrodomésticos de bajo consumo, la instalación de grupos electrógenos y la reparación de las deterioradas líneas de distribución energética. Sin embargo, la atención y los recursos brindados para sustituir gradualmente el uso de combustibles fósiles son aún insuficientes. A la par de esto, la actual alianza estratégica entre los gobiernos de Cuba y Venezuela, ha disminuido la urgencia por encontrar soluciones energéticas alternativas. El argumento medioambiental, para desechar el uso del crudo, ha pasado a un segundo plano, escondido entre cifras triunfalistas sobre el estado real de la naturaleza cubana.
Una buena parte de los proyectos que se ejecutan actualmente para obtener energía hidráulica, biogás, energía solar, biomasa, energía eólica, etcétera, están vinculados con programas de asesoría y subvención de organizaciones no gubernamentales extranjeras. La repercusión de estos en las comunidades donde se aplican es notable, pues redunda en calidad de vida, independencia del sistema energético nacional y conservación del medioambiente. No obstante estos proyectos chocan frecuentemente con la complicada burocracia cubana, la falta de seriedad y eficiencia en el proceso constructivo y el deficiente mantenimiento una vez instalado el sistema de extracción y conservación de la energía.
En una sociedad tan centralizada como la cubana, resulta casi imposible desarrollar un proyecto energético sin contar con la autorización y el control constante de los organismos del estado. Por esa razón frecuentemente las ideas y ayudas se concentran en áreas de producción estatal y se desestiman las iniciativas privadas. Apoyar este último sector es un reto para todos aquellos que quieran colaborar con la paulatina incorporación de las energías renovables en la vida cubana.
Mientras el tema energético esté indisolublemente ligado a los derroteros políticos, y se organice y proyecte verticalmente desde la más alta dirección del gobierno, no podrá llevarse a cabo una verdadera y efectiva sustitución de los combustibles fósiles por energías renovables.
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