| 01. | Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera Eugenio Leal |
| 02. | A la caza de un espacio Yoani Sánchez |
| 03. | ¿Revolucionario, contrarrevolucionario? Reinaldo Escobar |
| 04. | Jesús: ¿humanista o revolucionario? Dimas Castellanos |
| 05. | Petróleo, etanol o biomasa Ana López |
| 06. | Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político Irene Hernández |
| 07. | Cuba: catástrofe agraria
Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | ¿Una nueva oportunidad para la unidad?
Antonio Martínez |
| 09. | Textos imborrables Poemas de Heberto Padilla |
| 10. | Humor Carlitos |
Durante los años comprendidos entre 1960 y 1989 la producción de energía en Cuba se caracterizó por depender del suministro de combustibles fósiles y tecnologías de los países de Europa del Este, en particular de la extinta URSS. Se decía que, si bien era cierto que en una buena parte de los países socialistas europeos el sistema socialista se había impuesto tras los tanques de guerra soviéticos, en Cuba se había consolidado con el contenido de los buques petroleros de la URSS.
En este período, se llegaron a instalar capacidades para generar aproximadamente 3.083 MW con la utilización de petróleo, que aseguró el suministro de energía eléctrica, por medio del Sistema Eléctrico Nacional al 90% de la población. En esa etapa la utilización de fuentes de energía renovables era casi nula y en los casos en que se hacía era de una manera muy local, empujados más por la necesidad que por una conciencia ecológica.
Una vez caído el muro de Berlín el suministro de petróleo, que en su momento se había mantenido eficiente, estable y subvencionado, se convirtió en uno de los principales problemas a solucionar. Cuba tuvo que lidiar entonces con los altos precios del crudo en el mercado internacional, fuera ya del paternalismo comercial del CAME. Los efectos de la falta de petróleo se hicieron sentir en todas las esferas de la vida cubana, aunque con especial crudeza en la generación de electricidad para el sector poblacional y el industrial. También determinó el colapso de la transportación de pasajeros y mercancías. El llamado Período Especial se caracterizó, entre otras cosas, por un decrecimiento notable en la capacidad de generación de las plantas eléctricas.
Se apeló entonces al petróleo cubano, de baja calidad por su alta viscosidad y contenido de azufre, lo que dificulta su utilización en las centrales termoeléctricas. Además la producción de crudo nacional no supera la cifra de 1,4 millones de toneladas anuales, por lo que no puede cubrir las necesidades energéticas del país, con el agravante de dañar aceleradamente la infraestructura de las plantas generadoras.
Cuba es actualmente muy dependiente del petróleo, pues según la Comisión Económica para América Latina de la ONU (CEPAL), el crudo todavía es la principal fuente de energía del país, representando el 56,1% de su Oferta Total de Energía Primaria (OTEP), mientras que el uso de fuentes renovables constituye el 37,9 por ciento, y son mayoritariamente productos derivados de la caña (34,5 por ciento del total), que se suelen usar en "procesos de combustión poco eficientes". La dependencia de combustibles fósiles determina, otra vez, acercamientos políticos como el estrecho vínculo entre el gobierno cubano y el venezolano.
El acuerdo en materia energética vigente desde 2000 entre Cuba y Venezuela asegura la entrega de entre 93.000 y 100.000 barriles diarios de petróleo, además de apoyo tecnológico para el desarrollo de la producción de petróleo y gas en la isla. A cambio de esta ventajosa subvención energética, Cuba brinda servicios médicos y asesorías en diferentes sectores de fuerte impacto social y con su consecuente repercusión positiva, en la urna electoral, para el mandatario Hugo Chávez.
A pesar de la estabilidad en el abastecimiento de combustible que experimenta Cuba después de esta alianza estratégica con Venezuela, en el país se hace evidente la necesidad de explorar y aumentar el uso de otras fuentes renovables de energía. La alianza con Venezuela pende de factores geopolíticos un tanto frágiles y el gobierno de Cuba conoce del descalabro que representa la pérdida repentina de las subvenciones.
Energía hidráulica
Aún están subvaloradas las posibilidades de la energía hidráulica, que es una de las fuentes más significativas de las energías renovables. El impacto medioambiental de su explotación es mínimo, además de que la infraestructura usada para la generación puede ser destinada a otros fines como acueductos y riego a la agricultura.
Lamentablemente la utilización de la hidroenergía en Cuba es limitada. Su dependencia en gran medida de las precipitaciones, cuya frecuencia y cantidad ha variado notablemente en los últimos años, la hace inestable. La deforestación de las cuencas hidrográficas, los cambios en el uso del suelo, las alteraciones climáticas y otros factores diversos afectan directamente las reservas hídricas del país que nunca han sido caudalosas.
Los estudiosos del tema afirman que el potencial hídrico cubano podría generar cerca de 650 MW, aunque sólo se obtienen menos de 55 MW. Actualmente sólo 38 municipios, repartidos en 10 provincias se benefician, en diferentes niveles, de la hidroenergía.
Energía solar
En los últimos años se ha potenciado la instalación de paneles solares fotovoltaicos en las zonas montañosas y en comunidades apartadas del Sistema Electroenergético Nacional. Existe un Programa de Desarrollo de las Fuentes Nacionales de Energía. En éste desempeñan un papel relevante las acciones de ONGs extranjeras que realizan proyectos con diferentes comunidades rurales.
El alto costo del equipamiento comercial, aún no hace competitiva a esta energía en comparación con las fuentes convencionales. A la par de este se ha vinculado su uso y funcionamiento a programas dirigidos por el gobierno, con la intención de extender la capacidad de captar la señal televisiva y su consabido efecto de adoctrinamiento ideológico.>>