Consenso
Numero 3 de 2007 Numero 5 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera
Eugenio Leal
02. A la caza de un espacio
Yoani Sánchez
03. ¿Revolucionario, contrarrevolucionario?
Reinaldo Escobar
04. Jesús: ¿humanista o revolucionario?
Dimas Castellanos
05. Petróleo, etanol o biomasa
Ana López
06. Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político
Irene Hernández
07. Cuba: catástrofe agraria
Oscar Espinosa Chepe
08. ¿Una nueva oportunidad para la unidad?
Antonio Martínez
09. Textos imborrables
Poemas de Heberto Padilla
10. Humor
Carlitos
Jesús: ¿humanista o revolucionario? (2)
Dimas Castellanos


3- La política, una dimensión humana

En la Cristología latinoamericana prima el elemento antropológico sobre el eclesiológico, el elemento utópico sobre el fáctico (esperanza en función de un mejor futuro), el elemento crítico sobre el dogmático, lo social sobre lo personal y la ortopraxis sobre la ortodoxia. Lo típico en esta Cristología es mostrar la verdad de Cristo desde su capacidad de convertir el mundo de pecado en que vivimos, en reino de Dios. En ese sentido, la misma expresa una "ruptura epistemológica" orientada hacia los pobres. Una teología que no puede ser nunca legiti¬madora de las injusticias, ni sometida a ningún status quo injus¬to. Por tanto, todos los teólogos de la liberación van a privilegiar al "Jesús histórico" sobre el "Cristo de la fe". Esa orientación de la cristología latinoamericana permite comprender por qué entre los Teólogos de la Liberación existen algunas controversias sobre si en efecto Jesucristo, en su praxis transformadora, actuó como un revolucionario.

Jesús no fue ajeno -y no podía serlo- a ninguna de las dimensiones humanas, y sin dudas la política está entre ellas. Su actitud frente al poder, ante las injusticias y ante la pobreza ofrece una idea de esa dimensión. Recordemos la interrogante de Poncio Pilatos durante el proceso judicial en su contra: ¿Eres tú el rey de los judíos? La condena y la muerte por crucifixión son hechos suficientes para demostrar la imposibilidad de sustraerse, en cualquier proyecto de mejoramiento humano, de la dimensión política.

¿Qué es la política? Es el área de las relaciones entre grupos sociales en dependencia de sus vínculos con la producción y la apropiación. El reflejo de esa realidad se manifiesta como conciencia política, la cual constituye una fuerza material para las transformaciones sociales. La política se expresa en las relaciones entre dominantes y dominados, entre Estado y sociedad, o entre Estados. La misma se entiende además como la forma de hacer posible lo necesario o de realizar proyectos sociales. Una dimensión humana de tal tipo, con impactos en la vida y destino de las personas y de los pueblos, no podía ser ajena a Cristo, a la instauración del reino y por tanto a Dios.

Si una de las manifestaciones de la política es la realización de lo necesario, o como a algunos les gusta expresar, el arte de hacer posible lo necesario, y aceptamos sus acciones para la realización del reino de Dios, sin dudas Jesús hizo política. La discusión entonces se desplaza a dilucidar la forma peculiar en que la realizó, si por métodos revolucionarios o por otros métodos.

4- ¿Fue Jesús un revolucionario?

Ser revolucionario es optar por una forma específica de generar cambios sociales, y la revolución es una forma de cambiar la realidad que se pone a la orden del día cuando supuestamente se han agotado otras soluciones posibles. Es una manifestación particular de la definición que brinda de la guerra el estratega y teórico militar prusiano Clausewitz: “El propósito inmediato [de la guerra] es derribar al adversario y privarlo de toda resistencia... La guerra es, en consecuencia, un acto de violencia para imponer nuestra voluntad al adversario” 9. Y continúa Clausewitz “Vemos, por tanto, que la guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de la misma por otros medios” 10. Precisamente por los medios violentos, agregó Lenin.

Con independencia de la forma en que surja, la revolución siempre es un intento de solución política extrema que adopta un grupo de disensión cuando fallan los intentos legales y/o moderados de lograr el reconocimiento o las reformas, o cuando la ideología del grupo revolucionario aboga directamente por la modificación radical y traumática de la situación existente. El empleo de la violencia durante la lucha por el poder político no sólo depende de los revolucionarios, sino de la decisión de los desplazados del poder de aceptar o no el nuevo orden, pero siempre implica un contexto de violencia donde se impone el más capaz en su empleo, como lo demuestra fehacientemente la historia de las revoluciones.

La violencia revolucionaria se fundamenta en el propósito de alcanzar la justicia social mediante la redistribución de las riquezas creadas y anteriormente distribuidas. Eso implica desposeer a los poseedores y éstos, como también lo demuestra la historia, no entregan sus bienes y propiedades sin ofrecer resistencia. La revolución se dirige, entonces, contra determinadas personas, que con independencia de su esencia egoísta también son seres humanos, con la agravante de que muchas veces los supuestos liberadores, atados por las limitaciones humanas, terminan aferrándose al poder con mayor fuerza que los desplazados y sustituyendo un mal por otro.

Esa forma de luchar por la justicia es exactamente diferente a las enseñanzas de Jesús. Según el evangelio de Mateo (18: 21-23) un día el apóstol Pedro le preguntó a Jesús cuántas veces debía perdonar a su hermano si éste no dejaba de hacerle mal, ¿debo perdonarlo hasta siete veces? A lo que Jesús respondió: No sólo siete veces, sino que debes perdonarlo hasta setenta y siete veces. El perdón es una piedra angular en las enseñanzas cristianas, y es todo lo contrario al empleo de la violencia contra las personas en nombre de la justicia. Entre la forma revolucionaria de pretender el “mundo luminoso” con las formas empleadas por Jesucristo para alcanzar el reino de Dios, sólo queda en pie el objetivo declarado a favor de la justicia y la felicidad de los seres humanos. De ahí en adelante se distancian en los métodos y en los resultados, pues la esencia del cristianismo radica, partiendo del cambio de las personas, en el perdón, el amor, la paz y el convencimiento.

Si partimos de la dualidad divina-terrenal de Jesucristo, habría que suponer que el Padre, todo amor, no podía encaminar al Hijo a optar por métodos contrapuestos al fin deseado, al reino de Dios. Esa lógica explica la forma peculiar de Jesús de participar en la dimensión humana de la política mediante el mensaje de amor, de paz y de reconciliación, que anunciaba a los hombres como el reino de Dios. En ese sentido el único paralelo aceptable entre Jesús y las revoluciones está en los objetivos que éstas se proponen y no en los resultados que obtienen. >>

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9.V. Clausewitz. De la Guerra. p.13
10.Idem, p.27
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