| 01. | Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera Eugenio Leal |
| 02. | A la caza de un espacio Yoani Sánchez |
| 03. | ¿Revolucionario, contrarrevolucionario? Reinaldo Escobar |
| 04. | Jesús: ¿humanista o revolucionario? Dimas Castellanos |
| 05. | Petróleo, etanol o biomasa Ana López |
| 06. | Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político Irene Hernández |
| 07. | Cuba: catástrofe agraria
Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | ¿Una nueva oportunidad para la unidad?
Antonio Martínez |
| 09. | Textos imborrables Poemas de Heberto Padilla |
| 10. | Humor Carlitos |
Por su obra salvífica y liberadora a Jesús de Nazaret se le ha calificado, no sólo por la cristología latinoamericana, de revolucionario. Los siguientes párrafos constituyen una reflexión encaminada a demostrar lo insostenible de tal afirmación. Para ello el trabajo está estructurado en cuatro puntos: el Jesús de la historia, la visión de Jesús en la cristología latinoamericana, la relación de Jesús con la política como dimensión humana, y por último, a forma de conclusión, la respuesta a la interrogante que sirve de título a este trabajo: ¿Es Jesús un humanista o un revolucionario?
1- El Jesús de la historia
Una de las grandes complejidades con la que se enfrenta la cristología es la sui géneris doble naturaleza de Jesús; su condición simultánea de ser divino y terrenal, es decir, la unión sustancial de su naturaleza humana y de la divinidad de Jesucristo en una sola persona: el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Esa complejidad ha sido motivo de debates y contradicciones a lo largo de la historia eclesiástica y teológica, de la que ha resultado una evolución que va desde la idea puramente divina de la comprensión de Cristo hasta el Jesús de Nazaret terrenal.

En su obra Jesús en América Latina, Jon Sobrino plantea que el Concilio celebrado en la ciudad de Éfeso (431 d.C.), corrigió al Concilio de Nicea (325 d.C.), al afirmar que Cristo es “verdaderamente hombre, dotado de cuerpo y alma racional” 1. Luego, el Concilio de Constantinopla (680 d.C.) ahondó en ese aspecto al afirmar la existencia de dos voluntades en Cristo: una divina y otra humana. A pesar de esos avances, el enigma no quedó y no podía quedar resuelto. “La misma limitación humana para hablar adecuadamente sobre Jesucristo –dice Sobrino– impone sobriedad a cualquier reflexión cristológica. La realidad de Jesucristo, mayor que cualquiera de las formulaciones sobre él, exige siempre nuevas reflexiones”. 2
La obediencia de Jesús al Padre en su misión salvífica es la forma y manifestación histórica de su filiación divina esencial. Por esa razón todo enunciado sobre el ser o naturaleza de Jesús debe completarse y corregirse con otros que expresen su accionar. Si bien el vínculo entre Jesús y Dios es indisoluble e intransferible, es imposible mantener intacta la divinidad a costa de perder algo fundamental: su consustancialidad con el drama de la vida humana.
Rahner 3 –citado por Sobrino– recalca la verdadera humanidad de Cristo y la concibe, además, sacramentalmente. “Cristo fue realmente hombre, pero además su humanidad concreta es la exégesis de la trascendencia de Cristo, de modo que fuera de esa humanidad vano es buscar el lugar de comprensión de Cristo y de la realización de la fe en él 4.
Los hombres no son más que una partícula del universo, por tanto la relación de Dios con el universo es más abarcadora que su relación con los seres humanos. Jesús aparece como el vínculo entre el Creador y los hombres, de lo que se deduce que Dios conoce y actúa sobre los hombres a través del Hijo. Pero como hombre concreto, Jesús no podía existir al margen del entramado de las relaciones sociales de su época y de la región del mundo donde actuó. De lo que se infiere que la comprensión de su figura resulta incompleta si en su análisis se omite el carácter histórico.
2- La visión de Jesús en la cristología latinoamericana
Para Rahner, Cristo fue realmente hombre, de modo que fuera de esa humanidad vano es buscar el lugar de comprensión de Cristo y de la realización de la fe en él 5. La teología latinoamericana –sin desconocer la doble naturaleza de Jesucristo– ha privilegiado el aspecto histórico para de esa forma acceder a esa totalidad que es el objeto de la cristología. La persona de Jesús de Nazaret incluye su actividad, actitudes, procesualidad y destino. Esta teología “entiende por Jesús histórico la totalidad de la historia de Jesús, y la finalidad de comenzar por Jesús histórico es la de que se prosiga su historia en la actualidad” 6.
Resulta que lo más histórico de Jesús fue su práctica, es decir, su actividad sobre la realidad circundante para transformarla en la dirección del reino de Dios; pues, según Sobrino, Jesús no predicó solamente a Dios sino al reino de Dios, entendiendo por ello aquella “situación en la que los hombres tengan a una el verdadero conocimiento de Dios a implantar el derecho a los pobres” 7.
Según se relata en el Evangelio de Marcos (1.14-15), Jesús regresó a Galilea y empezó a anunciar las buenas noticias de Dios. Él decía: “Ya ha llegado el momento, el reino de Dios está cerca. Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en las buenas noticias”. Es decir, el reino de Dios, entendido éste como la búsqueda de la liberación de todas las esclavitudes y de la dignidad de los seres humanos, es un propósito de tan alta espiritualidad que demanda profundos cambios en la manera de pensar y de vivir de las personas y comunidades. Pero Jesús no se limitó a anunciar el reino, sino que emprendió acciones encaminadas a crear conciencia de solidaridad. Para él los pobres son “los que padecen necesidad, los hambrientos y sedientos, los desnudos, forasteros, enfermos y encarcelados, los que tienen hambre, los que lloran, los que están agobiados por un peso” 8. Es decir, todos aquellos que están bajo algún tipo de opresión real.>>
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