| 01. | Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera Eugenio Leal |
| 02. | A la caza de un espacio Yoani Sánchez |
| 03. | ¿Revolucionario, contrarrevolucionario? Reinaldo Escobar |
| 04. | Jesús: ¿humanista o revolucionario? Dimas Castellanos |
| 05. | Petróleo, etanol o biomasa Ana López |
| 06. | Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político Irene Hernández |
| 07. | Cuba: catástrofe agraria
Oscar Espinosa Chepe |
| 08. | ¿Una nueva oportunidad para la unidad?
Antonio Martínez |
| 09. | Textos imborrables Poemas de Heberto Padilla |
| 10. | Humor Carlitos |
Definitivamente, para entender y usar en propiedad el término CR es indispensable pensar como los revolucionarios, porque desde su ideología excluyente la única alternativa que ven es la traición. Los reformistas no tienen ese problema y modifican sus ideas programáticas de cambio social por aquellas que les van pareciendo más adecuadas según las circunstancias y los nuevos conocimientos que adquieren. Pero ser revolucionario no es una patología incurable de la que solo se escapa por la vía del suicidio. De ser así no alcanzarían los cementerios para tantas personas decepcionadas, las que al abandonar la ideología revolucionaria comprueban que había otras alternativas a la traición y entonces se dedican a encontrar algún buen mecanismo de defensa para su frustración. Tampoco es una peculiaridad obligatoria o exclusiva de la etapa juvenil de la vida, como prueba de eso están los jóvenes que no son revolucionarios y los ancianos que lo siguen siendo.
Paradójicamente, los más tenaces parecen ser los denominados CR. He visto a muchos revolucionarios convertirse en reformistas, en indiferentes políticos o en aquello que ellos habían llamado contrarrevolucionarios, pero lo que me falta por ver es a uno que clasifique como CR auténtico (excluyo a los infiltrados) convertirse a las filas de los revolucionarios. A este espécimen le corresponde además la convicción de que a través de reformas no podrán revertir las conquistas de una revolución. Por otra parte existen personas que simulan ser revolucionarias, ya sea por miedo o por oportunismo y mantienen esta máscara por largos períodos de tiempo, pero (a menos que sea un infiltrado) nadie tiene necesidad de representar que es contrarrevolucionario, como no sea durante los breves minutos que dure la entrevista para recibir una visa que le permita emigrar al “país enemigo”.
Para cotejar estos conceptos generales aquí esbozados con alguna experiencia histórica concreta, faltaría por responder al menos estas tres preguntas: