Revista Digital Consenso
Número 4 de 2007


Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera
Eugenio Leal


Presentación:

Nerva Cot Aguilera es la primera mujer del tercer mundo nombrada obispo por la Iglesia Episcopal - fundada en Estados Unidos en 1789- que pertenece a la Comunión anglicana. Ella nació el 9 de octubre de 1937, en Fomento, provincia de Villa Clara. Realizó estudios primarios y de enseñanza media en la localidad. A los doce años se relaciona con la Iglesia Metodista San Pablo y de forma progresiva se compromete con las tareas que le asignan. De esta actividad surge la vocación e interés en capacitarse. Con 19 años comienza a estudiar en el Seminario Evangélico Teológico, en la ciudad de Matanzas donde conoció a su esposo miembro de la Iglesia Episcopal que no ordenaba a las mujeres, en 1960 se caso y de está unión ha tenido tres hijos. Como laica asumió diferentes responsabilidades a nivel nacional tales como directora del Departamento de Educación Cristiana y programadora del trabajo con las mujeres. Así mismo directora del Departamento de Educación Cristiana en el Consejo de Iglesias de Cuba. Desempeñó desde 1974 hasta 1982 la Secretaría Regional de Educación en la Comisión Latinoamericana de Educación Cristiana. (CELADEC). Se vinculó laboralmente a la docencia secular, entre 1970 y 1989 impartió clases en la enseñanza primaria y posteriormente secundaria. Está entre las tres primeras mujeres ordenadas en Cuba. En 1986 recibe el diaconado y en 1989 presbítero. El 4 de febrero le fue conferida la dignidad episcopal, cuya investidura está programada para el 10 de junio del 2007 en la Catedral de la Santísima Trinidad, en la Ciudad de La Habana.

En entrevista exclusiva para Consenso nos habla de sus vivencias en su trina consagración: la familia, la Iglesia y la docencia.

En su larga trayectoria consagrada a la Iglesia ¿Cómo ha a conjugado la atención a la familia y el desempeño misionero?

Me casé con el reverendo Juan Ramón de la Paz en 1960. Cuando tuvimos nuestros tres hijos, en los primeros años de la revolución, recién comenzaba la polarización ideológica. Una de las tareas que yo asumí como madre y como miembro de una Iglesia como la nuestra, fue adentrarme en eso que se llamó Madre Combatiente por la Educación. ¿Para qué? Para acompañar a mis hijos a la escuela. Yo iba con ellos a la escuela. Yo decía: el Estado les enseña hasta aquí pero yo me encargo de enseñarles de aquí para acá. Entonces, cuando un maestro faltaba, por ejemplo en el aula de Marianela cuando estaba en tercer grado, yo hablaba con la Directora. Le pedía que me permitiera tenerlos ahí hasta las once de la mañana. Le decía: yo les puedo repasar matemáticas y contar la vida de mi patria. Cogía los libritos y les leía historia. Les hacía practicar la escritura. Les daba tareas. Los tenía hasta las once de la mañana allí. Al terminar buscaba a la mayorcita Madelaine. Después al niño más pequeño en el pre escolar y me los llevaba para la casa. Yo te puedo decir que a mi hija mayor Madelaine le debo una tremenda enseñanza cuando ella estaba en tercer grado. Cuando llegaba a la casa siempre tenía por costumbre preguntarle que le dieron en la escuela, pero era para sopesar. Ella llegó un día muy interesada en la historia de Ernesto Che Guevara que le habían hecho en la escuela. Entonces yo vi que su carita estaba preocupada. Yo le pregunté: ¿mi niña por qué te has quedado así? ¿Qué es lo que pasa? Me dice: mami yo estaba pensando que Ernesto Che Guevara es igual que Jesús. ¡Imagínate! decirme que Ernesto Che Guevara era igual que Jesús. Para mí, que no tenía la preparación teológica adecuada para responder a la nueva realidad me quedé de pronto pensando y no le contesté. Después lo comenté con mi esposo Juan Ramón y le dije: ¿Qué le vamos a decir?, si la ponemos entre el Che Guevara y Jesús, ella va a encontrar algo que no funciona. ¿Cómo podemos conjugar estas dos cosas? Entonces Juan Ramón me dijo: hay que enseñarle que el amor es lo principal. El amor es Dios, aunque no tenga confesión de fe. Entonces yo le dije: mira Made sin duda alguna él amó y dio su vida por los pobres como Jesucristo, amó hasta dar su vida por una fe y eso creo que es lo más importante.

De esa forma los fuimos educando a ellos, que no vieran contradicción entre los valores que la sociedad les enseñaba: el amor al trabajo, a la honestidad, a la verdad, a la convivencia, la fraternidad, todas esas cosas. Y los valores del cristianismo, que había una relación entre ellos. Ese nuevo hombre, que la sociedad estaba formando no tenía ninguna contradicción con la nueva humanidad que Jesús proponía en Efesios 4. Así comenzamos a enseñar a nuestros hijos. Ellos crecieron en esta fe, de tal manera que fueron pasando por su enseñanza y lidiando con toda esa realidad. Tú sabes, por ejemplo, que a cada joven cristiano le ponían un militante de la Unión de Jóvenes Comunista al lado para tratar de convencerlo del error de su creencia religiosa. El hijo nuestro, Aurelio que es sacerdote ahora, lidió con él y le explicó al joven militante comunista porqué él creía en Cristo y por qué Cristo había resucitado. Porque el joven militante le había dicho: ven acá chico: cómo tú crees eso, que un hombre después de muerto pueda resucitar y volver a estar vivo. Él le contestó: tú me puedes decir si José Martí está muerto. Él le dijo: No, no, Martí no está muerto porque tenemos su legado, su historia, su pensamiento. Igual pasa con Jesús. Está vivo, tenemos su historia, su legado, su pensamiento. Ahí fue en esa confrontación sana, positiva que nosotros fuimos introduciendo el diálogo, la conjugación. Porque nosotros consideramos que la formación cristiana no es más que eso: la conjugación de los valores cristianos con la vida. Con la vida misma, con lo que te va dando cada día. En la cotidianeidad de cada día. Esa fue la forma en que los fuimos enseñando.

Cuando mi hija Marianela aspiraba a la carrera de Ciencias Medicas una profesora le dijo que ella no era militante de la Juventud Comunista, si seguía en la iglesia no se la iban a dar. Ella se lo dijo al padre y Juan Ramón le dijo: debemos de hacer lo que pensamos, si tú piensas que lo que te hemos enseñado no es verdad déjalo, deja la iglesia y entra en la Unión de Jóvenes Comunista. Mi hija le dijo: no papá, yo creo en lo que me han enseñado en la casa.

Nuestros tres hijos están vinculados a la iglesia. Aurelio de la Paz Cot es sacerdote, él atiende la iglesia de Céspedes y Florida, muy entusiasta y muy apasionado por su trabajo. Madelaine de la Paz Cot, nuestra hija mayor, es secretaria ejecutiva y presidenta de las mujeres aquí en la Catedral. Marianela de la Paz Cot es doctora en Ciencias Médicas, cursó el Seminario Teológico, ha sido ordenada presbítero y actualmente está haciendo el Doctorado en Teología en Brasil.

Ha ejercido el magisterio dentro de la iglesia y en la educación secular. ¿Cómo fue esa etapa de su vida?

La Iglesia Episcopal en Cuba pasa a la autonomía en 1967 y al no tener experiencia de mayordomía, no pudo pagar el salario a los pastores después de ser autónoma. Es entonces cuando las esposas de los pastores comienzan a realizar trabajo secular. Era necesario sostener económicamente a la familia. Así mismo servía para dar testimonio ante la congregación de que podíamos trabajar y cumplir nuestros compromisos con la Iglesia.

En esas circunstancias es que me incorporo a impartir clases de primaria. Para mí fue muy grata la aceptación que recibí en el seno de la sociedad al incorporarme a trabajar. En ningún momento, en mi caso, me cuestionaron que fuera cristiana, que no podía trabajar. Sencillamente me dieron una plaza de maestra primaria, consideraron que yo estaba capacitada para ella y así comencé. Luego progresivamente me fueron promoviendo para otras funciones. Pasé a impartir clases como profesora de inglés en Secundaria Básica y me dieron posibilidades de adquirir los títulos que se otorgaban en aquellos tiempos como fue el de Maestra Popular y también el de Licenciada en Lenguas Extranjeras. Eso me permitió, incluso, participar en jornadas pedagógicas y en todo momento desempeñé el liderazgo dentro de la sociedad sin problemas, a pesar de la polarización de aquella etapa. Yo considero que en toda época ha habido personas con amplitud mental y por suerte yo tuve los jefes inmediatos que fueron personas con mucha amplitud mental para aceptar y comprender mi opción como cristiana al mismo tiempo que revolucionaria. Eso creo fue un hito en mi vida particular, en sentirme insertada dentro de la realidad social y desempeñar tareas disímiles y participar de cada una de las demandas de la sociedad.

¿Es en 1967 que comienza su trabajo secular en Educación?

No, en 1967 pasa a la autonomía la Iglesia Episcopal. Yo me incorporo a trabajar en 1970, pero antes de eso comencé a trabajar con el Comité de Defensa de la Revolución a través de la Secretaría de Educación, yo daba repasos voluntarios y gratuitos a niños en mi casa. Es en 1970 cuando paso a vincularme formalmente en educación hasta 1989.

En ese proceso es donde me desempeño como laica dentro de la Iglesia con responsabilidades a nivel diocesano de las que te he hablado. En 1982 se efectúa un análisis coyuntural sobre la trayectoria histórica de la mujer dentro de la Iglesia y el desempeño de la mujer desde el inicio del cristianismo; además el análisis de la admisión de la mujer al sacerdocio. Comienzan esas discusiones a nivel regional y nacional. En 1984 se aprueba en el Sínodo de la Iglesia la admisión de la mujer al sacerdocio. Es ahí que yo recibo la invitación de parte del obispo Emilio Hernández a actualizar mis estudios bíblicos y teológicos para someterme a un examen canónico con la posibilidad de ser ordenada. Y yo que toda la vida había estado esperando por esa meta y ese sueño, vi los cielos abiertos. Me sometí al examen, fui aprobada y en 1986 ordenada diácono junto con otras dos mujeres. La reverenda Griselda Delgado del Carpio y yo asumimos la posibilidad de ser examinadas para una segunda etapa y ser ordenadas presbíteros que era la plenitud del sacerdocio en el año 1989. En ese año nos examinan, aprobamos y somos ordenadas presbíteros.

¿Todo eso ocurre cuando trabaja como profesora?

Así es, siendo profesora. Cuando fui ordenada diácono yo trabajaba voluntaria en la iglesia sin percibir salario desde 1986. En 1987 nos trasladan para Guantánamo y el obispo me pide que asuma a tiempo completo el ministerio en la iglesia. Paso a hacerme cargo de la iglesia de Santa María y San Lucas en la ciudad de Santiago de Cuba. Tres días a la semana yo trabajaba en esas iglesias y luego regresaba a Guantánamo para apoyar a mi esposo en su trabajo en la iglesia de Guantánamo. Hasta el año 1988 trabajé el diaconado de forma voluntaria sin percibir remuneración y continuaba en esos momentos como profesora en la Secundaria Básica 26 de Julio, anteriormente como maestra en la escuela primaria Héroes del Moncada, ambas en la ciudad de Camagüey. Realmente fue muy interesante porque cuando me ordenaron mis compañeras de educación se enteraron y quisieron que les contara la experiencia. Luego se presentaban en mi cátedra de inglés, cuando estaba planificando mis clases, algunas compañeras a preguntarme sobre religión y otros aspectos de la iglesia. De manera que estar insertado dentro de las estructuras sociales nos da la oportunidad de hacer un sacerdocio obrero, de testificar y de dar razones de nuestra fe a nuestros compañeros, eso es una experiencia muy linda que también marcó mi vida en muchos sentidos.

El año pasado cumplió usted veinte años de haber sido una de las tres primeras mujeres ordenadas en Cuba. Ahora este año se le ha otorgado la dignidad episcopal. ¿Cómo se ha comportado la ordenación de la mujer en Cuba?

Hace 20 años nos ordenaron a las primeras tres mujeres aquí en Cuba, en otros lugares no, aquí en Cuba. Después de veinte años yo he sentido la emoción tremenda de ver que mi hija Marianela fue ordenada presbítero. Al fin se había salido del la inercia esa que llevó a que ninguna otra mujer le fuera conferido el sacerdocio.

Creo que ha sido un camino que, aunque no es muy largo y ha tenido sus irregularidades, podemos decir que en Cuba se ha cubierto por mujeres, en un proceso relativamente corto, las tres órdenes: diaconado, presbiterado y el episcopado. Algo que quizás en otras diócesis que llevan más tiempo en el ministerio ordenado de la mujer no han logrado. Por ejemplo: Brasil, en América Latina.

¿Cuántas mujeres están ordenadas?

Tenemos una diácono que recientemente fue ordenada y está ejerciendo su misión en la iglesia de San Pablo en la localidad de Bolondrón. La reverenda Griselda Delgado del Carpio que está a cargo de la iglesia de Coliseo en Itabo, ambas en la provincia de Matanzas. Y la reverenda Marianela de la Paz Cot que en estos momentos está haciendo su doctorado en Brasil con vistas a su profesorado en el seminario de Matanzas. Cuando regrese se le asignará un trabajo pastoral.

Varias mujeres se quieren preparar como diáconos perpetuas, serían diáconos para toda la vida. Están participando dentro de lo que se llama el programa de superación de los nuevos ministerios. Tenemos un grupo de mujeres en cada región: la occidental, central y oriental. Esperamos que el ministerio se siga enriqueciendo con la presencia femenina. Además, creo que esto les va a servir de motivación. Una de las cosas que las mujeres ponían como quejas era, que a pesar de que se habían aceptado en el ministerio ordenado, las instancias de poder y decisión estaban en manos de los hombres, de varones. Ahora yo creo que ya tenemos que cambiar algunas cosas.

¿El diácono es un profesional de la iglesia o mantiene su vínculo laboral secular?

El diácono perpetuo es un trabajador voluntario, es diácono pero no recibe salario de la Iglesia, esa es una de las características, la otra es que puede quedarse en el lugar donde reside con su relación laboral. El diácono que va a procesarse para presbítero es un profesional de la Iglesia y va donde la Iglesia lo necesite. Después en una segunda etapa se ordena presbítero. La primera etapa mía fue así un diácono voluntario, voluntariamente yo atendía la iglesia los fines de semana y de lunes a viernes realizaba el trabajaba secular.

¿Tienen establecido una edad límite para las personas que van a entrar en el proceso?

No tenemos límite de edad. Nosotros teníamos a una señora en el seminario con cincuenta y cinco años, ahora salió por un problema familiar. Ordenamos diácono a un descendiente de los antillanos emigrados de Jamaica con sesenta años, ya él falleció. Tenemos otro en Baraguá que se ordenó muy mayor y tiene setenta y dos años. La iglesia local lo contrata cada año mientras mantenga sus capacidades. El retiro obispal es obligatorio a los setenta y dos años.

En Cuba las personas se han alejado de las doctrinas materialistas y ha ocurrido un renacer espiritual. ¿Cómo lo ha visto aquí en la Catedral Episcopal?

Sin duda alguna hay mucho renacer. Yo creo que el Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT) es una respuesta a ese deseo de saber la religión, de conocer qué cosa es la teología, las enseñanzas bíblicas y cómo es el pueblo que fundó la fe en Dios. Considero que todas las iglesias a lo largo y ancho de la isla se han nutrido. Cada vez que el obispo visita una iglesia siempre hay grandes grupos que se confirman, que es ya la admisión a la membresía de la iglesia, lo cual quiere decir que hay un crecimiento.

También estamos viendo que a las iglesias se incorporan personas con muy elevado nivel académico, porque claro, al estar en una sociedad que se preocupa por promover a los seres humanos y darles preparación, también el nivel académico dentro de la iglesia ha aumentado. Las personas demandan conocimiento y quieren saber. Vemos también que hay jóvenes, en todas las iglesias hay jóvenes que entran. Así mismo llegan personas que en un tiempo se apartaron de la fe y regresan interesados en retomar los valores que abandonaron. Hemos tenido manifestaciones de emoción en el reencuentro, hay personas que han llorado de emoción porque lo que aquello les hacía sentir era que tenían un vacío existencial, que les faltaba algo. Creo que la revolución ganó cuando dejó esa línea marxista-soviética de extremo ateismo. Porque hay valores espirituales que son necesarios. Muchas de las cosas que hoy se consideran pérdidas de valores se deben a esa etapa. Porque sin duda alguna, no haber podido la familia libremente practicar su fe y transmitirla a sus hijos, más bien guardarlas para ellos, porque por miedo no querían darles a los muchachos esa preparación, esa experiencia espiritual. A eso debemos que muchos jóvenes hoy estén como perdidos, sin orientación. Los valores éticos, morales y espirituales son necesarios a los seres humanos para ser mejores, nos hacen mejor persona.

Es necesario encaminar la labor pastoral hacia esa generación formada dentro de unos compromisos cognoscitivos materialistas. ¿Cómo actúa la Iglesia Episcopal en este sentido?

Nosotros estamos capacitando a nuestros líderes dándole conocimiento en parte teológico y bíblico para que ellos puedan ser capaces de dirigir sus comunidades y también desempeñarse con los jóvenes. Es que sin duda alguna para poder dar respuesta a esa juventud que está en búsqueda hay que tener una capacitación que responda a los momentos actuales. Eso nosotros lo estamos haciendo pero conocemos que realmente la crisis de la juventud incide aun en la iglesia también. En la juventud nuestra dentro de la Iglesia actualmente se ha suscitado una crisis de liderazgo. No tenemos una persona joven que asuma el liderazgo de los jóvenes. Eso hace que las cosas no funcionen como debían de ser. Considero que una de las cosas que tenemos que hacer es volver a retomar los valores históricos Esa juventud llena de ideales, de convicciones que hicieron tanto por nuestra nación, por Cuba y por la Iglesia. Tratar de conjugar eso con los principios de la fe. Esos ideales que están enunciados en la nueva humanidad que Cristo quiere que seamos: laboriosas personas, portadoras de paz, que integren lo más hermoso y bello de la vida para ayudar y contribuir a que en el mundo se viva bien.

La acción de las iglesias ha estado confinada en el interior del templo. Para poder realizar cabalmente su misión necesitan ganar un espacio que le permita trabajar más con las personas. ¿No se facilitaría la labor si contaran con acceso a los medios masivos de difusión, imprenta, radio y televisión?

Lamentablemente ha sido así, estamos limitados al templo. Considero que sí, que hace falta, por lo menos las facilidades. Por lo menos acudir a una imprenta sin tener que valerse de otros medios que son cuestionables. Acceso por derecho propio de la Iglesia a los medios. Pero al mismo tiempo tengo temor, por ejemplo, la programación radial. Las emisoras afuera de Cuba lo que transmiten es opio religioso, no una fe que responda de verdad a las necesidades del mundo actual. Tengo miedo porque muchas veces un medio de difusión puesto en manos de personas que no saben qué es lo que quieren ni hacia dónde quieren llevar a la feligresía puede ser contradictorio. Para eso tendríamos que tener una teología de la liberación contextualizada a nuestra realidad como pueblo cubano. Que ya no está en un proceso de liberación en la forma que en América Latina se concibe. Pero sí en un proceso de liberación de ciertos atavíos. Ciertas ideas hacen sentir como que estamos programando ideas para un mundo extraterrestre, no para vivir aquí en este espacio que Dios nos ha dado y que tiene sus dificultades pero que tiene también sus cosas buenas. Entonces, cómo adentrarnos en esa realidad, asumiendo ese compromiso consciente de quiénes somos y hasta dónde vamos y qué queremos.

La Iglesia cuando hace su misión tiene que ser sal y luz. La sal encerrada se convierte en una salación. Muchas veces veo Iglesias que están muy encerradas en sí mismas, muy preocupadas por su crecimiento masivo, por la grandeza de la institución. Creo que la Iglesia no tiene que preocuparse por la grandeza institucional sino por la forma que de verdad pueda darle sabor a la vida. Involucrarse en la vida, involucrarse en la vida social y llenarse de todas las experiencias que en el mundo se dan, pero desde nuestra perspectiva de nuestra fe. Igual que la luz encerrada no ilumina a nadie, la Iglesia encerrada no ilumina, como la luz tiene que salir afuera.

En muchas Iglesias no permiten que las persona comprendan el bien que se produce en la historia por la acción de Dios, no reconocen el bien. Siempre están hablando del Diablo, de Satanás, del pecado, de las cosas condenables pero no hablan de las grandezas que también se descubren en la historia, que son la acción de Dios en la historia. Dios no sólo actúa entre las cuatro paredes de la iglesia, Dios actúa en toda la historia. Redime a toda la historia y al ser humano, independientemente de ese lugar específico que se llama iglesia. Pobrecito Dios si dependiera sólo de la Iglesia.

¿Usted tiene la responsabilidad administrativa y sacramental en toda Cuba?

No. La diócesis está estructurada en la forma siguiente: el obispo Miguel Tamayo, es un obispo interino porque no reside plenamente en Cuba, está parte del tiempo en Uruguay y parte del tiempo en Cuba. Después estamos los obispos sufráganos que lo auxiliamos, nuestra labor es apoyar el trabajo del interino, asumir las tareas que nos designe. En este caso, como nuestra isla es tan larga, él ha decidido que un obispo sufráganos resida en la parte oriental de Cuba y administre pastoral y sacramentalmente desde Santiago de Cuba hasta Ciego de Ávila. A mí me han dado la tarea de asistir a las iglesias pastoral y sacramentalmente desde Sancti Spíritus hasta La Habana. O sea, que se ha dividido el trabajo. Pienso que es con visión del futuro, llegado el momento cuando se fortalezcan ambas regiones la iglesia tendrá la posibilidad de organizar dos diócesis. Entonces Cuba alcanzará una plenitud episcopal más significativa de la que ahora tiene.

¿Y la provincia occidental de Pinar del Río quién la atiende?

Bueno, eso es parte de mi responsabilidad también, pero no tenemos actualmente en ella trabajo. Lamentablemente en el siglo XIX había pero se perdió y en la Isla de la Juventud también. Toda esa región cae dentro de mi territorio. Hemos sabido que algunas personas de Pinar del Río tienen interés en conocer nuestra iglesia, de acuerdo a la forma en que nuestra iglesia se proyecta, desean tener allí atención pastoral. No hemos tenido la posibilidad de preparar un misionero. Está en perspectivas incorporar esos territorios a la labor de la Iglesia.

La Iglesia Episcopal, que es heredera de la Iglesia Anglicana, se ha caracterizado por una gran apertura ecuménica. En esta Catedral de la Santísima Trinidad se han abierto las puertas para eventos religiosos a denominaciones africanas, árabes y ortodoxas. Hábleme de ese espíritu ecuménico y macro ecuménico que mora en la Iglesia Episcopal.

Nosotros tenemos un principio que marca la religiosidad como tal: la unidad en la diversidad. Consideramos que todas las expresiones religiosas tienen una parte de la verdad que es Jesucristo. A veces le llaman a Dios de diferentes formas, pero es el único Dios que se revela en todas las culturas y en todas las manifestaciones religiosas. Por lo tanto, consideramos que este mundo es como tal la casa de Dios. Esta casa está habitada por todas las diferentes culturas y manifestaciones religiosas y tienen un principio vital que nos une al Dios creador. En este sentido, el diálogo y la apertura son dignos de todo discípulo de Jesucristo. Esa es la voluntad del Padre y la voluntad de nuestro Señor que todos seamos uno en una sola familia. Ninguna denominación o secta puede arrogarse el derecho de considerarse superior ni la mejor o tener el monopolio de Dios, porque Dios está en cada uno de nosotros y en todas las cosas. Resulta bueno escuchar, conocernos, aprender de las distintas prácticas y tomar aquello como dice la máxima paulina: “examinarlo todo y retener lo bueno”. Tomar lo que es bueno para enriquecernos más, para prosperar más en nuestros conocimientos del otro ¿Cómo podemos hacerlo si no nos acercamos? Si mantenemos una actitud de atrincheramiento no podemos ser enriquecidos. La única manera en que podemos enriquecernos es a través del diálogo interreligioso para aprender de los demás también.

¿Cuáles son sus prioridades como Obispo y qué mensaje tiene para Cuba, el mundo y en particular para las mujeres?

En primer lugar, contribuir al proceso de sanación y restauración porque somos una diócesis que se ha enfermado. Restaurar las relaciones humanas en nuestro clero. Buscar armonía hacia el interior de nuestra iglesia que lleva años sin poder hacerse una elección por luchas internas.

Segundo, perdonarnos mutuamente, renunciar al rencor, al egoísmo individual y bendecirnos mutuamente. Vivir una vida plena en la alegría de trabajar como una familia grande donde todos y todas tenemos dones y talentos que son necesarios a la misión para llevarla adelante.

La única posibilidad de crecer esta en la unidad. Cómo vamos a expresar lo que decimos creer si no somos una familia bien llevada, bien unida. Realmente cómo vamos a ser transmisores de valores y la fe si entre nosotros hay discordia, rencillas, rechazo, condenas y enjuiciamiento. Si cerramos los espacios, si no les damos posibilidades de realización a las personas no podemos avanzar. Porque si yo sé que tú tienes una diferencia y que tienes un don, tienes un talento, tengo que propiciarte el espacio para que tú le des expresión a ese talento y habilidades. En la medida que tú desarrolles ese talento y le des expresión se engrandecen todos los demás, porque todos los demás disfrutamos de esa realidad que tienes como don tuyo. En la grandeza del otro todos nos beneficiamos, en tu grandeza está nuestra grandeza.

El modelo para ejercer la autoridad nos lo dio Cristo: yo he venido para servir y no para ser servido. Esa es la mejor manera de gobernar y no de imponer. No un poder para limitar. Yo tengo que utilizar el poder para empoderar. Para que se sientan felices, realizados como personas. Por ejemplo: en la familia considero que nuestro mayor logro ha sido darles a nuestras hijas e hijo la seguridad, la confianza, empoderarlos para que ellos crezcan y se realicen. No para tenerlos con un cordón umbilical amarraditos a mí, que digan y piensen lo que yo pienso y siento, no, ellos no pueden ser iguales. Ninguno de mis tres hijos piensa igual y ninguno piensa igual a nosotros tampoco. Cada uno tiene su personalidad. Pero dentro de esa personalidad hay algo que nos une en común y eso es lo principal.

Estoy conciente de que ser la primera mujer obispo para todo el tercer mundo entraña un privilegio y un desafío. Este momento tal vez sea el catalizador para que nuevos espacios de liderazgo se abran para la mujer. Allí donde sea posible con su capacidad, entrega y pasión la mujer debe llevar adelante la misión de la Iglesia. Esto pondrá de relieve de manera indiscutible los dones maravillosos que Dios nos ha dado como mujer. Esta capacidad que tiene la mujer de ser mediadora, solucionadora de conflictos, mensajera de paz, de comprensión. Ser afectiva y tierna para continuar anunciando y alentando la vida.

En medio de un mundo globalizado, que pugna por autodestruirse a través de los egoísmos de las grandes transnacionales y con sus divisiones tan antagónicas entre los seres humanos, las mujeres tenemos que ser todo lo contrario en cuanto a autoridad y liderazgo. Tratar de ser las proclamadoras de las buenas nuevas de paz, entendimiento y comprensión entre los seres humanos. Para que este mundo venga a ser, en verdad, una gran familia donde todos podamos contribuir con nuestros dones y capacidades a prolongar la vida que Dios nos ha dado.

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Eugenio Leal
Cienfuegos, 1952. Ingeniero Mecánico
Bachiller en Estudios Bíblicos y Teológicos
Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Digital Consenso



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