Consenso
Numero 3 de 2007 Numero 5 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera
Eugenio Leal
02. A la caza de un espacio
Yoani Sánchez
03. ¿Revolucionario, contrarrevolucionario?
Reinaldo Escobar
04. Jesús: ¿humanista o revolucionario?
Dimas Castellanos
05. Petróleo, etanol o biomasa
Ana López
06. Trabajadores sociales: entre la prevención social y el control político
Irene Hernández
07. Cuba: catástrofe agraria
Oscar Espinosa Chepe
08. ¿Una nueva oportunidad para la unidad?
Antonio Martínez
09. Textos imborrables
Poemas de Heberto Padilla
10. Humor
Carlitos
Entrevista a su Ilustrísima Obispo de la Iglesia Episcopal Nerva Cot Aguilera


Eugenio Leal


Presentación:

Nerva Cot Aguilera es la primera mujer del tercer mundo nombrada obispo por la Iglesia Episcopal - fundada en Estados Unidos en 1789- que pertenece a la Comunión anglicana. Ella nació el 9 de octubre de 1937, en Fomento, provincia de Villa Clara. Realizó estudios primarios y de enseñanza media en la localidad. A los doce años se relaciona con la Iglesia Metodista San Pablo y de forma progresiva se compromete con las tareas que le asignan. De esta actividad surge la vocación e interés en capacitarse. Con 19 años comienza a estudiar en el Seminario Evangélico Teológico, en la ciudad de Matanzas donde conoció a su esposo miembro de la Iglesia Episcopal que no ordenaba a las mujeres, en 1960 se caso y de está unión ha tenido tres hijos. Como laica asumió diferentes responsabilidades a nivel nacional tales como directora del Departamento de Educación Cristiana y programadora del trabajo con las mujeres. Así mismo directora del Departamento de Educación Cristiana en el Consejo de Iglesias de Cuba. Desempeñó desde 1974 hasta 1982 la Secretaría Regional de Educación en la Comisión Latinoamericana de Educación Cristiana. (CELADEC). Se vinculó laboralmente a la docencia secular, entre 1970 y 1989 impartió clases en la enseñanza primaria y posteriormente secundaria. Está entre las tres primeras mujeres ordenadas en Cuba. En 1986 recibe el diaconado y en 1989 presbítero. El 4 de febrero le fue conferida la dignidad episcopal, cuya investidura está programada para el 10 de junio del 2007 en la Catedral de la Santísima Trinidad, en la Ciudad de La Habana.

En entrevista exclusiva para Consenso nos habla de sus vivencias en su trina consagración: la familia, la Iglesia y la docencia.

En su larga trayectoria consagrada a la Iglesia ¿Cómo ha a conjugado la atención a la familia y el desempeño misionero?

Me casé con el reverendo Juan Ramón de la Paz en 1960. Cuando tuvimos nuestros tres hijos, en los primeros años de la revolución, recién comenzaba la polarización ideológica. Una de las tareas que yo asumí como madre y como miembro de una Iglesia como la nuestra, fue adentrarme en eso que se llamó Madre Combatiente por la Educación. ¿Para qué? Para acompañar a mis hijos a la escuela. Yo iba con ellos a la escuela. Yo decía: el Estado les enseña hasta aquí pero yo me encargo de enseñarles de aquí para acá. Entonces, cuando un maestro faltaba, por ejemplo en el aula de Marianela cuando estaba en tercer grado, yo hablaba con la Directora. Le pedía que me permitiera tenerlos ahí hasta las once de la mañana. Le decía: yo les puedo repasar matemáticas y contar la vida de mi patria. Cogía los libritos y les leía historia. Les hacía practicar la escritura. Les daba tareas. Los tenía hasta las once de la mañana allí. Al terminar buscaba a la mayorcita Madelaine. Después al niño más pequeño en el pre escolar y me los llevaba para la casa. Yo te puedo decir que a mi hija mayor Madelaine le debo una tremenda enseñanza cuando ella estaba en tercer grado. Cuando llegaba a la casa siempre tenía por costumbre preguntarle que le dieron en la escuela, pero era para sopesar. Ella llegó un día muy interesada en la historia de Ernesto Che Guevara que le habían hecho en la escuela. Entonces yo vi que su carita estaba preocupada. Yo le pregunté: ¿mi niña por qué te has quedado así? ¿Qué es lo que pasa? Me dice: mami yo estaba pensando que Ernesto Che Guevara es igual que Jesús. ¡Imagínate! decirme que Ernesto Che Guevara era igual que Jesús. Para mí, que no tenía la preparación teológica adecuada para responder a la nueva realidad me quedé de pronto pensando y no le contesté. Después lo comenté con mi esposo Juan Ramón y le dije: ¿Qué le vamos a decir?, si la ponemos entre el Che Guevara y Jesús, ella va a encontrar algo que no funciona. ¿Cómo podemos conjugar estas dos cosas? Entonces Juan Ramón me dijo: hay que enseñarle que el amor es lo principal. El amor es Dios, aunque no tenga confesión de fe. Entonces yo le dije: mira Made sin duda alguna él amó y dio su vida por los pobres como Jesucristo, amó hasta dar su vida por una fe y eso creo que es lo más importante.

De esa forma los fuimos educando a ellos, que no vieran contradicción entre los valores que la sociedad les enseñaba: el amor al trabajo, a la honestidad, a la verdad, a la convivencia, la fraternidad, todas esas cosas. Y los valores del cristianismo, que había una relación entre ellos. Ese nuevo hombre, que la sociedad estaba formando no tenía ninguna contradicción con la nueva humanidad que Jesús proponía en Efesios 4. Así comenzamos a enseñar a nuestros hijos. Ellos crecieron en esta fe, de tal manera que fueron pasando por su enseñanza y lidiando con toda esa realidad. Tú sabes, por ejemplo, que a cada joven cristiano le ponían un militante de la Unión de Jóvenes Comunista al lado para tratar de convencerlo del error de su creencia religiosa. El hijo nuestro, Aurelio que es sacerdote ahora, lidió con él y le explicó al joven militante comunista porqué él creía en Cristo y por qué Cristo había resucitado. Porque el joven militante le había dicho: ven acá chico: cómo tú crees eso, que un hombre después de muerto pueda resucitar y volver a estar vivo. Él le contestó: tú me puedes decir si José Martí está muerto. Él le dijo: No, no, Martí no está muerto porque tenemos su legado, su historia, su pensamiento. Igual pasa con Jesús. Está vivo, tenemos su historia, su legado, su pensamiento. Ahí fue en esa confrontación sana, positiva que nosotros fuimos introduciendo el diálogo, la conjugación. Porque nosotros consideramos que la formación cristiana no es más que eso: la conjugación de los valores cristianos con la vida. Con la vida misma, con lo que te va dando cada día. En la cotidianeidad de cada día. Esa fue la forma en que los fuimos enseñando.

Cuando mi hija Marianela aspiraba a la carrera de Ciencias Medicas una profesora le dijo que ella no era militante de la Juventud Comunista, si seguía en la iglesia no se la iban a dar. Ella se lo dijo al padre y Juan Ramón le dijo: debemos de hacer lo que pensamos, si tú piensas que lo que te hemos enseñado no es verdad déjalo, deja la iglesia y entra en la Unión de Jóvenes Comunista. Mi hija le dijo: no papá, yo creo en lo que me han enseñado en la casa.>>

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