
Heberto Padilla días antes de su arresto
(foto tomada de la web de Belkis Cuza Malé).
En tiempos difíciles
A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.
Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.
Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempo difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
con su árbol obediente.
Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.
Le explicaron después
que toda esa donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempo difíciles
nada es tan útil para atajar el odio y la mentira.
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles
ésta es, sin duda, la prueba decisiva.

Poética
Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.
No fue un poeta del porvenir
Dirán un día:
él no tuvo visiones que puedan añadirse a la posteridad.
No poseyó el talento de un profeta
No encontró esfinges que interrogar
ni hechiceras que leyeran en la mano de su muchacha
el terror con que oían
las noticias y los partes de guerra.
Definitivamente él no fue un poeta del porvenir.
Habló mucho de los tiempos difíciles
y analizó las ruinas,
pero no fue capaz de apuntalarlas.
Siempre anduvo con cenizas en los hombros.
No develó ni siquiera un misterio.
No fue la primera ni la última figura de un cuadrivio.
Octavio Paz ya nunca se ocupará de él.
No será ni un ejemplo de los ensayos de Retamar.
Ni Alomá ni Rodríguez Rivera.
Ni Wichy el pelirrojo
se ocuparán de él.
La Estilística tampoco se ocupará de él
No hubo nada extralógico en su lengua
Envejeció de claridad.
Fue más directo que un objeto.
Versión imprimible
____________________________________________________________
Heberto Padilla
Nació en Cuba en 1932. Comenzó su labor como escritor con “Las rosas audaces” (1948) que fue seguida de “El justo tiempo humano” (1962). En 1964 publica “La hora”. En 1968 se desencadenó, a raíz de la publicación de su libro “Fuera del juego”, un gran escándalo político que desembocó en su encarcelamiento en 1971. Fue obligado a retractarse públicamente, en un texto que implicaba más a quienes lo obligaron a hacerlo, que a sí mismo. Esos sucesos se conocen como “el caso Padilla” y fueron el punto de arrancada del tristemente célebre “quinquenio gris”. Heberto Padilla se dedicó durante diez años a labores de traductor, tras los cuales fue autorizado a abandonar el país. En la presentación de su libro “La mala memoria” afirmó “no tengo ira”. Murió en el año 2000 en Alabama, Estados Unidos con 68 años de edad.