Consenso
Numero 1 de 2007 Numero 2 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Entrevista a Rafael Alcides
Reinaldo Escobar
02. Morúa y la matanza de 1912
Dimas Castellanos
03. Perfeccionarse o quedar en el intento
Ana López
04. Lo dice una mariposa
Miriam Celaya
05. Celebrar la vida
Yoani Sánchez
06. Breve análisis sobre la historia del espiritismo Kardeciano en Cuba
Diasmel Gil Rimada
07. Refugiados 2007
José Prats Sariol
08. Textos imborrables
Ignacio Agramonte
09. Reflexiones y comentarios sobre la licencia extrapenal
Revaza
10. Mi calle
Reinier Valdés
11. Humor
Carlitos
Celebrar la vida
Yoani Sánchez


Yaquelín murió a finales de marzo antes de cumplir los 17 años; Jan Marcos sufre ahora una nueva recaída; mientras que Yaneisi camina sobre su nueva prótesis y se mantiene en remisión . Todos ellos son víctimas del cáncer. Los une el dolor, los estragos de la quimioterapia, las limitaciones físicas, y también, porque no, la alegría de poder vivir un día más.

En medio de esos momentos, quizás los últimos, hay dos personas que se han propuesto aliviarlos y apoyarlos. Para ello no disponen de moderna tecnología, ni de elevados conocimientos médicos, ni siquiera de medicamentos sofisticados, sino de sentimientos invaluables que ningún laboratorio puede elaborar. Ellos poseen una enorme dosis de solidaridad que ambos perciben les ha sido concedida por Dios a través de la Madre Teresa de Calcuta.

Carmen Vallejo Witowska y su esposo Rey Febles no han engendrado hijos, pero desde hace casi 20 años numerosos niños cubanos víctimas del cáncer han encontrado en ellos esa dosis de amor que solo se espera de los padres. Y no sólo ese amor que mueve emociones sino el otro que genera entrega, paciencia, trabajo, acciones concretas para solucionar problemas.

Esa entrega se hace efectiva de muchas maneras, pero tiene su expresión más constante en los encuentros que cada sábado tienen Carmen y Rey con los niños en la Biblioteca de la Iglesia del Sagrado Corazón, en el capitalino barrio del Vedado. Allí coinciden católicos y santeros, testigos de Jehová y agnósticos; todos conviviendo con una enfermedad, que muchos de sus padres todavía no se atreven a llamar por su nombre.

Al principio fue…

En las dos últimas visitas que la Madre Teresa de Calcuta hizo a Cuba, en 1988 y 1989, Carmen le sirvió como traductora y compartió con ella en la Capilla de Jesús Obrero. Llegaba a ese encuentro después de padecer siete años de rechazo y marginación. Todo había comenzado en 1981, al frustrarse un intento de Carmen de acogerse al asilo político en Suecia. A su regreso de la Unión Soviética donde iba a ser operada de la vista, hizo escala en territorio sueco, donde su solicitud no sólo fue negada sino que la pusieron en manos de la parte cubana, que la trasladó de regreso a la isla.

Después de este suceso Carmen y Rey perdieron su trabajo como profesores de francés. También, María Witowska la madre de Carmen de origen polaco-ucraniano, se vio obligada a abandonar su puesto como traductora en el Consejo de Estado y murió en el año 1990 todavía afectada por esa marginación.

La sombra protectora del padre de Carmen, René Vallejo –médico y ayudante personal de Fidel Castro, hasta su temprana muerte en 1969- no ayudó esta vez a la familia, que se vio atacada por una especie de “lepra social”. Durante quince años le fue negada a Carmen la posibilidad de salir fuera de Cuba para tratarse de una dolencia de la vista. Junto a su esposo Rey tuvo que padecer el ostracismo y la privación de no poder ejercer su profesión. Ambos encontraron en la fe católica una puerta abierta que contrastaba con el aislamiento que los rodeaba. A decir de la propia Carmen, sus ruegos durante aquellos años iban encaminados en una dirección: “encontrar algo que le diera sentido y utilidad a sus vidas”.

La llegada de la Madre Teresa de Calcuta fue para Carmen y Rey el comienzo de una obra hermosa y útil. Gracias a la ascendencia de la religiosa se logró abrir en el Hospital Oncológico un espacio para que las misioneras de La Caridad pudieran prestar su apoyo y ayuda a los niños enfermos. La Madre Teresa encomendó personalmente a Carmen y Rey seguir con un proyecto para auxiliar y apoyar a niños con cáncer y a sus familiares. La religiosa les obsequió una máxima que les ha acompañado en todos estos años: “la vida, a menos que se viva para otros, no vale la pena vivirla”.

La primera vez que Carmen entró a la Sala de Oncopediatría la impresión fue muy fuerte, sin embargo, logró superar este shock inicial y desde ese entonces las salas de numerosas instituciones hospitalarias son parte constante de su vida. Convertir la compasión inicial en una labor palpable de ayuda ha sido una verdadera lección para todos aquellos, que imbuidos de la labor de Carmen y Rey, han decidido apoyarlos.

Las anécdotas de estos casi veinte años son muchas. Pero ellos prefieren contar las más sencillas, por aquello de la “fuerza de lo pequeño” en lo que tanto insiste su amigo y apasionado promotor Dagoberto Valdés. Así que uno puede acercarse a la historia de Alexis que murió hace ya dieciséis años y que en la Noche Vieja de 1990 se sentía solo en la sala infantil del Hospital Oncológico de La Habana. La llegada de Carmen y Rey lo reanimó, entre otras cosas porque ellos lo ayudaron a leer los subtítulos del filme que esa noche ponían en la televisión nacional. El adolescente no sabía leer fluidamente, pues los largos períodos de tratamiento que le exigía la enfermedad, no le habían permitido asistir con frecuencia a la escuela.>>

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