| 01. | Entrevista a Rafael Alcides Reinaldo Escobar |
| 02. | Morúa y la matanza de 1912 Dimas Castellanos |
| 03. | Perfeccionarse o quedar en el intento Ana López |
| 04. | Lo dice una mariposa Miriam Celaya |
| 05. | Celebrar la vida Yoani Sánchez |
| 06. | Breve análisis sobre la historia del espiritismo Kardeciano en Cuba
Diasmel Gil Rimada |
| 07. | Refugiados 2007
José Prats Sariol |
| 08. | Textos imborrables Ignacio Agramonte |
| 09. | Reflexiones y comentarios sobre la licencia extrapenal Revaza |
| 10. | Mi calle Reinier Valdés |
| 11. | Humor Carlitos |
Reseña del libro “El vuelo de una mariposa: vivencias y testimonio” de María Cristina Herrera. Colección Puentes, Ediciones Vitral 2007
En su acento puramente autobiográfico, El vuelo de una mariposa… es un libro que, sobre todas las cosas, transmite esperanza. Con un lenguaje lleno de honestidad, pasión y modestia,
sus páginas nos revelan un espíritu vigoroso y poco común, al que los duros vaivenes de un exilio forzoso -lejos de doblegarlo- le han insuflado valor y optimismo. En solo once breves capítulos, María Cristina Herrera (Santiago de Cuba, 1934) nos regala experiencias valiosas de su accidentada vida y su visión personal de los acontecimientos de los cuales formó parte, animándonos a una reflexión profunda acerca de los destinos de Cuba y de nuestro controvertido proceso histórico de los últimos 50 años.
Forjada en la fortaleza de su fe, esta peculiar mariposa no se nos presenta frágil ni efímera. Lo demuestra su sólida y permanente actividad intelectual, imposible de reseñar en esta cuartilla, y cuyo máximo aporte ha sido, sin dudas, la fundación del Instituto de Estudios Cubanos en 1969, nacido de su empeño junto a otros reconocidos intelectuales cubanos de la Diáspora animados por “un compromiso con la búsqueda de la verdad”, aceptando y respetando las diferencias entre los cubanos como una nueva actitud que la autora reconoce no es habitual en la herencia cultural cubana. El IEC, en sus más de 35 años de quehacer intelectual, se ha nucleado de lo mejor del pensamiento cubano de la emigración y ha tendido puentes entre los intelectuales progresistas de nuestra nación, físicamente fragmentada pero espiritualmente unida. Muchos nombres de buenos cubanos de la Diáspora aparecen entre las páginas de este testimonio.
“El vuelo de una mariposa…” es, además, una obra necesaria.
Aquí se presentan acontecimientos nunca refrendados en la prensa y en la literatura oficiales de la Isla y que han tenido una particular relevancia en el devenir de las anómalas relaciones entre los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos, por una parte; y de los cubanos de acá y del exilio, por la otra. El reencuentro de familiares y amigos larga y absurdamente condenados a la separación; la contribución de los emigrados cubanos a la fisonomía económica, política, social y cultural actual de La Florida –particularmente de Miami-; el análisis personal y objetivo que realiza la autora de los hechos que han ido jalonando los distintos momentos de la Diáspora y de su relación con la Isla, son algunos de los temas que, con un lenguaje directo y sencillo, nos ofrece este testimonio.
Este libro tiene el mérito adicional de quebrar el muy socorrido mito de la demonización de los cubanos del exilio. María Cristina da fe de la existencia de un sector significativo de esos cubanos que apuestan por el diálogo y la reconciliación entre los que vivimos en ambas orillas y de la voluntad de muchos para trabajar juntos por el completamiento de la que llama nuestra Casa Común, la Isla Grande; a despecho de los rabiosos de aquí y de allá que se empeñan en alimentar el odio, la división y la desconfianza entre los hijos de una nación cuya historia ha estado signada por la glorificación de la violencia.
En su tono coloquial, en su carisma y hasta en su suspicaz picardía, María Cristina, más que narrar, entabla un diálogo con el lector, quien descubre así la cercanía de esta compatriota, incansable en su pertinaz arraigo a Cuba y a los cubanos y en su eterna defensa de la cultura de esta nación nuestra, inconclusa y doliente, a la que augura –sin embargo- un futuro mejor. Al decir de la autora, cuatro fuerzas abrazan e impulsan su existencia: el amor, la fe, el conocimiento y la libertad. Por mi parte, hay dos sentimientos que me dominaron después de leer su (nuestro) libro: respeto y gratitud.
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