
La aplicación de un sistema “novedoso” para mejorar la frágil situación económica de los cubanos no es algo nuevo. A finales de la década del 60 se implantó “la Ofensiva Revolucionaria”, que eliminó hasta el último vestigio de la propiedad privada en los centros de producción y servicio. En la segunda mitad de la década del 70 y como resultado del Primer Congreso del Partido Comunista se había implantado el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía, estrechamente vinculado a la pertenencia de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua (CAME) y a la dependencia de la economía soviética. Posteriormente a mediados de los 80, cuando se vislumbraban los cambios en la URSS, se aplicó el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas y luego de la caída del sistema socialista en Europa del Este se realizaron varias modificaciones, entre las que se citan como las más importantes: la transformación del Sistema Bancario Nacional, la reorganización funcional y estructural de los Órganos de la Administración Central del Estado (OACE), la despenalización del dólar, la tolerancia al trabajo por cuenta propia, la apertura a las inversiones extranjeras y la aplicación del Perfeccionamiento Empresarial.
Las medidas tomadas en el año 1994, a raíz de la dramática situación económica que vivía el país, comenzaron a experimentar un retraimiento a partir de 1997. Uno de los indicadores más elocuentes de este regreso a la centralización ha resultado ser la reducción del número de las empresas mixtas que, si en el año 2000 llegaba a 392, ya al concluir el 2006 no superaba las 236. El gobierno cubano prefirió en estos últimos años atraer a grandes inversores extranjeros en el sector energético y minero, mientras que apeló más a países aliados como Venezuela y China en busca de apoyo financiero.
El 2006 confirmó la disminución del trabajo cuentapropista. La entrega de nuevas licencias casi se paralizó, y los estrictos controles hicieron su parte en el retiro de un buen número de los permisos concedidos. Tanto las ciudades como los pequeños pueblos que a partir de 1994 vivieron una verdadera explosión de paladares, cafeterías, timbiriches y habitaciones para rentar; vieron llegar los tiempos del cierre de muchos de ellos, motivados por los excesivos impuestos, multas y regulaciones.
Dentro de ese contexto el tema del perfeccionamiento empresarial ha vuelto a sonar con más intensidad, sobre todo a partir de la lectura el 31 de julio pasado de la Proclama que anunciaba el traspaso “provisional” del poder en Cuba. Las tan analizadas tendencias pro chinas derivadas de la actuación del Ministro de las FAR y expresadas en su conocida frase “los frijoles cuentan más que los cañones” fueron, a partir de ese momento, fuente de nuevas especulaciones sobre los derroteros económicos del país. Entre los principales elementos que se han manejado a la hora de pronosticar el discurrir de la economía hacia formas más eficientes y competitivas están los resultados del Perfeccionamiento Empresarial. Algunos ven en él la solución a los graves problemas que afectan la productividad cubana, mientras otros le temen a los posibles recortes en materia de derechos laborales que éste pueda traer y a la recentralización que expone. Conocer sus principios, métodos y evolución pueden ayudarnos a medir su verdadera efectividad en nuestro bienestar material.
El perfeccionamiento empresarial
Después de 20 años de comenzar su aplicación experimental el Sistema de Perfeccionamiento Empresarial (SEP) intenta extenderse por la economía nacional. Comenzó en las dependencias económicas correspondientes a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en 1986, como un novedoso sistema de dirección y gestión de empresa. Por su parte el V Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) acordó en 1997 extender sus experiencias a otros sectores. Según las informaciones que pueden leerse en la prensa oficial cubana el perfeccionamiento empresarial registra resultados apreciables en las empresas que lo aplican, sin embargo la realidad habla no solo de aciertos sino de un buen número de obstáculos, insatisfacciones y reveses.
Este proceso que se experimenta en la empresa cubana, se propuso asimilar los procedimientos y técnicas más modernos de la gerencia empresarial en el mundo (en el mundo capitalista), y ajustarlos al contexto cubano, trayendo consigo un nuevo sistema de gestión, que debería ponerse en marcha en todas las empresas del país de manera gradual y paulatina, sobre bases, objetivos y principios diferentes a las experiencias anteriormente desarrolladas.
Con la aplicación de estos “nuevos procedimientos” se busca hacer más productiva la empresa socialista cubana, plagada de los vicios de la ineficiencia, el despilfarro y la burocracia. En contraparte los métodos de gestión que proclama el perfeccionamiento empresarial hablan de “competitividad”, “eficiencia” y “gestión”. De ahí que numerosos directores de empresas en perfeccionamiento, hayan tenido que pasar cursos de superación para manejar conceptos de productividad elaborados por especialistas del mundo capitalista, en incluso algunos de ellos cursaron estudios en prestigiosos centros extranjeros de enseñanza.
Fue el 18 de agosto de 1998, que mediante el Decreto-Ley 187, se pusieron en vigor las Bases Generales del Perfeccionamiento Empresarial. Allí se definieron ocho momentos claves para que una empresa sea autorizada a implementar el sistema. Aunque todas las acciones a realizar se pueden agrupar en cuatro etapas fundamentales:
Hace pocos meses, al concluir el 2006, los miembros del Grupo Ejecutivo de Perfeccionamiento Empresarial concluyeron el proyecto de las nuevas Bases Generales que regirán su aplicación, que todavía no ha terminado de ser analizado por los organismos de la administración central del Estado, y los órganos superiores centrales y la Central de Trabajadores de Cuba.
Al comenzar el año 2007 había en Cuba:
Para que una empresa sea aceptada y comience a aplicar el perfeccionamiento empresarial se supone que debe pasar por un riguroso examen y contar con la aceptación individual del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros (CECM). Constantemente se producen ajustes organizativos que desembocan en la fusión o cierre de algunas entidades e incluso la suspensión y salida del perfeccionamiento de aquellas que incumplen lo establecido hasta tanto eliminen las causas que lo motivaron.
Hasta donde sabemos son 24 las empresas suspendidas. Aunque este hecho no es definitivo produce una verdadera sacudida en estas entidades. El ministro del sector o rama afectada, junto al representante del Sindicato, debe personarse en el lugar y explicar a los trabajadores el por qué de la suspensión. Sobre los hombros de estos últimos descansa, la mayoría de las veces, la responsabilidad ante lo sucedido.
Vale la pena señalar que las empresas que están bajo las directrices del perfeccionamiento empresarial quedan exentas de las nuevas regulaciones sobre la disciplina laboral que se pretende sean aplicadas a partir del 2 de abril del presente año. Las nuevas resoluciones que respaldan estas medidas en materia laboral fueron aprobadas durante el Congreso de la CTC que tuvo lugar a finales del pasado mes de septiembre y han despertado entre la población laboralmente activa ciertos temores y suspicacias, que se intentan salvar con reuniones, círculos de estudio y la creación de las condiciones organizativas necesarias.
Por su parte los trabajadores de empresas en perfeccionamiento alegan cierta ausencia de la labor sindical una vez que comienzan a regir las exigencias de estos nuevos métodos productivos. Se pide más en materia de disciplina, puntualidad y asistencia; mientras se pone en práctica un plan de estimulación material que no es proporcional con el nivel de las nuevas responsabilidades a asumir.
Cuesta trabajo imaginar que estas células de “eficiencia” y “dinamismo” económico que proyectan ser las empresas en perfeccionamiento empresarial, puedan bregar fácilmente en medio de una economía marcada por todo lo contrario. Tampoco pueden ofrecer los resultados a corto plazo que demanda la población. El apelar excesivamente a fórmulas como “la conciencia de los trabajadores”, “el servicio a la patria y a la Revolución” y la utilización de métodos salidos del funcionamiento militar (no hay que olvidar que muchos de los actuales directivos de estas empresas provienen de las FAR) lastran su alcance y la posibilidad de liderar las tan necesarias reformas económicas.
Más productividad pero también más control político sobre la economía es la fórmula que intenta extender el perfeccionamiento empresarial, de ahí que sus similitudes con el modelo chino no sean sólo habladurías. Sin embargo se está topando con la frustración de una buena parte de la población que ha dejado de creer en fórmulas solucionadoras y que pudo comprobar, otra vez, en los años posteriores a 1994 que la pequeña empresa privada nace ya en constante perfeccionamiento.