Consenso
Numero 1 de 2007 Numero 2 de 2007
ESPACIO DE REFLEXIÓN Y DEBATE DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA CUBANO
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01. Entrevista a Rafael Alcides
Reinaldo Escobar
02. Morúa y la matanza de 1912
Dimas Castellanos
03. Perfeccionarse o quedar en el intento
Ana López
04. Lo dice una mariposa
Miriam Celaya
05. Celebrar la vida
Yoani Sánchez
06. Breve análisis sobre la historia del espiritismo Kardeciano en Cuba
Diasmel Gil Rimada
07. Refugiados 2007
José Prats Sariol
08. Textos imborrables
Ignacio Agramonte
09. Reflexiones y comentarios sobre la licencia extrapenal
Revaza
10. Mi calle
Reinier Valdés
11. Humor
Carlitos
Morúa y la matanza de 1912 (2)
Dimas Castellanos


Trasladados esos presupuestos teóricos a Cuba encontramos que, la cadena de violencias escenificadas en nuestra historia convirtió a la guerra no en la continuación, sino en la política misma, en la forma primera de hacer política. Las innumerables expresiones llamando a imponer nuestra voluntad al adversario con el filo del machete impidieron valorar con profundidad por ideas de contenido humanista y espiritual como la que el propio Martín Morúa Delgado propugnara en 1880: “La libertad no se da, se adquiere por medio de la honradez y la instrucción”4 . Esa crónica carencia de cultura civilista está entre las causas de la tragedia nacional que estremeció a Cuba en aquella fecha de 1912.

Lo anterior permite comprender por qué, al proscribirse el PIC con la aprobación de la Enmienda Morúa, el escenario quedó listo para la salida violenta, en la que se mezclaron dos hechos interrelacionados: la protesta de los Independientes de Color dirigida por el PIC, que fue la chispa y el desespero económico de los campesinos negros de la región oriental, que fue el combustible del incendio social.

En mayo de 1912, una vez fracasado el último intento de “solución” consistente en el compromiso de derogar la Ley Morúa si el término de “color” era eliminado de la denominación del Partido, así como las gestiones de Salvador Cisneros Betancourt para evitar una salida violenta, se irguió como obstáculo nuestra cultura política del machete como paradigma de solución. A ello se unió el discurso inoportuno de líderes del PIC amenazando con la violencia y con matices raciales que fueron aprovechados por la prensa para alimentar el miedo al negro. Lo demás fue el desenlace. Primero la reconcentración, como en tiempos de Valeriano Weyler, que afectó a decenas de miles de familias campesinas, luego la distribución de miles de rifles (9 927 en Oriente) entre ciudadanos blancos para la defensa de ciudades y pueblos, de tal forma que el control social se definió en términos raciales y se presentó como un acto de patriotismo, por último la suspensión de las garantías constitucionales, que permitió al ejército iniciar una despiadada represión sin importar la inocencia de las víctimas.

El resultado final fue, de una parte, según cifras oficiales 2 mil muertos –Otros autores refieren entre 3 y 6 mil–, una cifra mayor a los muertos durante la conspiración de “La Escalera” en el anterior siglo; de la otra parte 12 muertos y 31 heridos entre guardias y voluntarios reclutados, mientras las armas ocupadas a los alzados fueron menos de 100 revólveres, unas decenas de machetes, escopetas y fusiles, pues la mayoría de ellos estaban desarmados.

Quién era el autor de tan “controvertida” enmienda

Martín Morúa Delgado nació el 11 de noviembre de 1856 en Matanzas. Hijo de Francisco Morúa, un español de origen vasco y de Inés Delgado, una negra esclava oriunda de la tribu ganga mongová.

Después de ejercer varios oficios y ser traductor con dominio del inglés, el francés, el portugués y el volapül5 , devino de forma autodidacta periodista, escritor y un político polémico convencido de la necesidad de mejorar el destino de Cuba sin el uso de la violencia. En 1878 hizo su primer acto de presencia en la vida pública como periodista, y en enero de 1879 fundó su propio periódico El Pueblo al que calificó como “órgano oficial de la raza de color”. En ese año fue a prisión por su labor conspiradora y al ser liberado embarcó hacia los Estados unidos, donde desarrolló varias funciones revolucionarias. En 1890 regresó a Cuba donde fundó el periódico El Tribuno y la revista La Nueva Era. Durante dos años militó en el Partido Autonomista. Al fracasar el plan Gómez-Maceo Morúa fijó su residencia en territorio norteamericano donde conoció e intimó con varias figuras ilustres de nuestra gesta independentista como fue la amistad contraída con el General Flor Crombet. En 1898 se incorporó a las filas insurrectas. En 1901 fue delegado a la Asamblea Constituyente y en 1909 presidente del Senado.

En el período en que Cirilo Villaverde lanzó su Cecilia Valdés, Ramón Meza lo hacía con Mi tío el empleado y Nicolás Heredia con Leonela; todas con el tema de la esclavitud, Morúa concibió y escribió Sofía, novela publicada en 1891 en La Habana, que junto a La familia Unzúazu y a Las novelas del señor Villaverde, las agrupó bajo el título común de “Cosas de mi tierra”.

Los méritos y el respeto de pueblo, políticos y gobierno se puso de manifiesto en el momento de su muerte, el 28 de abril de 1910 en la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, cuando ocupaba la Secretaría de Agricultura (primer miembro negro en un gabinete cubano). En la mañana del día 29, en un tren especial arribó el féretro a la estación ferroviaria de Cristina donde una multitud cargó el ataúd en hombros hasta la calle Reina, donde se colocó en el coche fúnebre que realizó el recorrido el Senado, donde fue expuesto en capilla ardiente. Por su fallecimiento se declararon dos días de duelo nacional, se izó la bandera a media asta, se suspendieron los espectáculos públicos y cesaron las actividades en las oficinas del Estado. Se le rindieron honores de militar muerto en campaña disparándose un cañonazo cada media hora el día del entierro, desde la salida del sol hasta que el multitudinario cortejo fúnebre se puso en marcha hacia la necrópolis, donde el senador Orestes Ferrara tuvo la misión de despedir el duelo.>>

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4.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III. p.224
5.Idioma inventado en 1880 por el sacerdote alemán Johan Martin Schleyer con el propósito de que sirviese como lengua universal.
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