Revista Digital Consenso
Número 3 de 2007


Morúa y la matanza de 1912
Dimas Castellanos


Al tiempo que la naciente República cubana arribaba al cumpleaños número diez, en mayo de 1912, un trágico acontecimiento llenó de luto los hogares de miles de cubanos. En varios municipios pertenecientes a las actuales provincias de Guantánamo y Santiago de Cuba, un grupo de cubanos negros agrupados en el Partido Independiente de Color (PIC) se alzaron en “armas”, con el propósito de lograr la derogación de la Enmienda Constitucional –aprobada en la trigésima sesión del Senado de la República el 11 de febrero de 1910– que los proscribía como partido político.

Ese hecho histórico, que tuvo tan fuerte impacto en los destinos de la nación cubana, ha sido insuficientemente dilucidado y es poco conocido por los cubanos de hoy, especialmente por los jóvenes. Desde esa óptica adelanto en las páginas de Consenso algunas reflexiones para incitar el debate.

Los acontecimientos

Durante siglos un infernal comercio de esclavos africanos trajo a Cuba cientos de miles de hombres y mujeres que sufrieron los horrores de la “la más grande infamia de la humanidad”1 : la esclavitud. Desde 1533, año en que fueron descuartizados los primeros negros cimarrones en Cuba hasta la abolición de esa institución en 1886, los africanos y sus descendientes, carentes de los más elementales derechos fueron sometidos al desarraigo cultural, a jornadas intensas de trabajo forzado, a penas brutales y a la muerte. A pesar de esas condiciones desde la producción agrícola hasta las artes, pasando por las luchas independentistas los negros realizaron importantes aportes a la conformación nacional de Cuba, aportes que sirvieron de fundamento a una ideología nacionalista que proclamaba la inclusión racial.

El derecho al sufragio introducido en Cuba después de concluida la Guerra de los Diez Años, dependía del pago de impuestos por las propiedades y del nivel de instrucción, mientras el Código Penal consideraba como agravante ser de la raza negra. Esa situación explica el por qué –animados por el liderazgo de Antonio Maceo y la prédica de la igualdad racial de José Martí– se incorporaron nuevamente de forma masiva al ejército libertador en 1895.

Una vez concluidos los 30 años de lucha por la libertad y la independencia e instaurada la República, la igualdad entre todos los cubanos recogida formalmente en la Constitución de 1901 no se acompañó de las medidas necesarias para su implementación práctica. Como resultado los negros arribaron a la República siendo lo que eran antes de las contiendas independentistas: sencillamente negros.

En el nuevo escenario el avance dependía precisamente de lo que ellos carecían: tenencia de propiedades e instrucción; a lo que se unía la desventaja que representaba en aquel contexto la pigmentación oscura de la piel. La mayoría de los cargos públicos, con excepción del ferrocarril, eran ocupaciones de blancos; los soldados y policías eran minorías en un país donde el 60% de los combatientes habían sido negros; mientras los empleos en empresas norteamericanas y otros muchos establecimientos estaban vedados para ellos. En cuanto a los derechos electorales sólo podían votar los hombres mayores de 21 años de edad, que supieran leer y escribir y que contaran con propiedades por valor de 250 pesos como mínimo. El resultado: sólo una minoría tenía derecho al voto.

Si a lo anterior se agrega que la región oriental había sido refugio de una gran masa de población negra ya que en ella era relativamente fácil adquirir tierras para la labranza, resultado de la ocupación norteamericana y de la entrada al país de casi medio millón de inmigrantes de España, dejó de serlo drásticamente; mientras la inmigración del Caribe disminuía las posibilidades de empleo. A ello hay que agregar que en esos territorios el porciento de población negra era mayoritario y una gran parte de los hombres habían sido combatientes en las guerras de independencia.

En ese contexto surgió el Partido Independiente de Color bajo la dirección del veterano de la Guerra de Independencia Evaristo Estenoz. En el primer número de su órgano oficial, La Igualdad, el PIC argumentaba las razones de su fundación: “Nada puede esperar la raza de color cubana de los procedimientos usados hasta aquí por los partidos políticos porque nada han hecho que pueda ser para nosotros apreciable”.

El PIC no propugnaba el dominio de un grupo racial sobre otro ni la creación de una nación negra. El objetivo declarado del alzamiento era la derogación de la Enmienda Morúa; sin embargo, la denominación del Partido y el desconocimiento de los métodos propios de la política los llevó a hacer declaraciones inoportunas en un país dominado por la discriminación y los prejuicios raciales. La política es una fuerza material para las transformaciones sociales de máxima importancia. El problema radicaba en dilucidar la forma peculiar en que se hace política. En ese sentido es muy ilustrativa la relación que Clausewitz2 , en su obra De la Guerra establece entre guerra y política: “...La guerra es, en consecuencia, un acto de violencia para imponer nuestra voluntad al adversario”3. Y agregaba Clausewitz que la guerra no es simplemente un acto político, sino la continuación de la misma por otros medios”. Precisamente por los medios violentos, agregó el líder bolchevique Vladimir Ilich Uliánov (Lenin). Es decir, la guerra se emplea cuando se han agotado las soluciones pacíficas. Lo ideal sería no emplearla nunca y en su lugar comenzar y terminar siempre en la mesa de negociaciones.

Trasladados esos presupuestos teóricos a Cuba encontramos que, la cadena de violencias escenificadas en nuestra historia convirtió a la guerra no en la continuación, sino en la política misma, en la forma primera de hacer política. Las innumerables expresiones llamando a imponer nuestra voluntad al adversario con el filo del machete impidieron valorar con profundidad por ideas de contenido humanista y espiritual como la que el propio Martín Morúa Delgado propugnara en 1880: “La libertad no se da, se adquiere por medio de la honradez y la instrucción”4 . Esa crónica carencia de cultura civilista está entre las causas de la tragedia nacional que estremeció a Cuba en aquella fecha de 1912.

Lo anterior permite comprender por qué, al proscribirse el PIC con la aprobación de la Enmienda Morúa, el escenario quedó listo para la salida violenta, en la que se mezclaron dos hechos interrelacionados: la protesta de los Independientes de Color dirigida por el PIC, que fue la chispa y el desespero económico de los campesinos negros de la región oriental, que fue el combustible del incendio social.

En mayo de 1912, una vez fracasado el último intento de “solución” consistente en el compromiso de derogar la Ley Morúa si el término de “color” era eliminado de la denominación del Partido, así como las gestiones de Salvador Cisneros Betancourt para evitar una salida violenta, se irguió como obstáculo nuestra cultura política del machete como paradigma de solución. A ello se unió el discurso inoportuno de líderes del PIC amenazando con la violencia y con matices raciales que fueron aprovechados por la prensa para alimentar el miedo al negro. Lo demás fue el desenlace. Primero la reconcentración, como en tiempos de Valeriano Weyler, que afectó a decenas de miles de familias campesinas, luego la distribución de miles de rifles (9 927 en Oriente) entre ciudadanos blancos para la defensa de ciudades y pueblos, de tal forma que el control social se definió en términos raciales y se presentó como un acto de patriotismo, por último la suspensión de las garantías constitucionales, que permitió al ejército iniciar una despiadada represión sin importar la inocencia de las víctimas.

El resultado final fue, de una parte, según cifras oficiales 2 mil muertos –Otros autores refieren entre 3 y 6 mil–, una cifra mayor a los muertos durante la conspiración de “La Escalera” en el anterior siglo; de la otra parte 12 muertos y 31 heridos entre guardias y voluntarios reclutados, mientras las armas ocupadas a los alzados fueron menos de 100 revólveres, unas decenas de machetes, escopetas y fusiles, pues la mayoría de ellos estaban desarmados.

Quién era el autor de tan “controvertida” enmienda

Martín Morúa Delgado nació el 11 de noviembre de 1856 en Matanzas. Hijo de Francisco Morúa, un español de origen vasco y de Inés Delgado, una negra esclava oriunda de la tribu ganga mongová. Después de ejercer varios oficios y ser traductor con dominio del inglés, el francés, el portugués y el volapül5 , devino de forma autodidacta periodista, escritor y un político polémico convencido de la necesidad de mejorar el destino de Cuba sin el uso de la violencia. En 1878 hizo su primer acto de presencia en la vida pública como periodista, y en enero de 1879 fundó su propio periódico El Pueblo al que calificó como “órgano oficial de la raza de color”. En ese año fue a prisión por su labor conspiradora y al ser liberado embarcó hacia los Estados unidos, donde desarrolló varias funciones revolucionarias. En 1890 regresó a Cuba donde fundó el periódico El Tribuno y la revista La Nueva Era. Durante dos años militó en el Partido Autonomista. Al fracasar el plan Gómez-Maceo Morúa fijó su residencia en territorio norteamericano donde conoció e intimó con varias figuras ilustres de nuestra gesta independentista como fue la amistad contraída con el General Flor Crombet. En1988 se incorporó a las filas insurrectas. En 1901 fue delegado a la Asamblea Constituyente y en 1909 presidente del Senado.

En el período en que Cirilo Villaverde lanzó su Cecilia Valdés, Ramón Meza lo hacía con Mi tío el empleado y Nicolás Heredia con Leonela; todas con el tema de la esclavitud, Morúa concibió y escribió Sofía, novela publicada en 1891 en La Habana, que junto a La familia Unzúazu y a Las novelas del señor Villaverde, las agrupó bajo el título común de “Cosas de mi tierra”

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Los méritos y el respeto de pueblo, políticos y gobierno se puso de manifiesto en el momento de su muerte, el 28 de abril de 1910 en la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, cuando ocupaba la Secretaría de Agricultura (primer miembro negro en un gabinete cubano). En la mañana del día 29, en un tren especial arribó el féretro a la estación ferroviaria de Cristina donde una multitud cargó el ataúd en hombros hasta la calle Reina, donde se colocó en el coche fúnebre que realizó el recorrido el Senado, donde fue expuesto en capilla ardiente. Por su fallecimiento se declararon dos días de duelo nacional, se izó la bandera a media asta, se suspendieron los espectáculos públicos y cesaron las actividades en las oficinas del Estado. Se le rindieron honores de militar muerto en campaña disparándose un cañonazo cada media hora el día del entierro, desde la salida del sol hasta que el multitudinario cortejo fúnebre se puso en marcha hacia la necrópolis, donde el senador Orestes Ferrara tuvo la misión de despedir el duelo.

Por qué Morúa presentó la Enmienda Constitucional

En época tan temprana como septiembre de 1878, en el periódico capitalino El Ciudadano, Morúa expuso una tesis de la mayor profundidad: “La libertad –dijo– es la base y el progreso de los pueblos. De nada nos ha de valer la libertad del cuerpo si esclavo el espíritu se encuentra dominado por la ignorancia. De nada la palabra, si no sabemos decir más que la depravación y el vicio; de nada la de la imprenta, si no respetamos a la prensa. ¿Qué es la libertad en los pueblos cuyos ciudadanos se empeñan en permanecer esclavos?6.

En el “Ensayo político o Cuba y la raza de color”, publicado en los años 80 del siglo señalado, Morúa realizó un interesante análisis de los sangrientos acontecimientos acaecidos en la vecina isla de Santo Domingo. Para demostrar que en Cuba eso no ocurriría, Morúa explicaba que “Los hombres de color piden uno y otro día y anhelan confundirse en estrecho abrazo con los blancos, de quienes desean ser tratados como hermanos”. Y agregaba que en Cuba “No existen posibilidades de que tan horrible campaña manche las páginas de la historia cubana”7. En ese mismo ensayo aprovechaba para introducir su tesis primera: “Ábranse para la raza negra las puertas de la enseñanza y del ejercicio de sus adelantos; crea el blanco en el amor del negro; crea el negro en la sinceridad del blanco, y la unión que resulte de esta franca exposición y práctica de ambos sentimientos, nos traerá la independencia de la isla, que no se hará esperar, no obteniendo otros resultados que el renacimiento de la riqueza pública, y la efectividad del progreso general”8 .

Su negativa a la conformación de organizaciones políticas de la raza negra está claramente expresada en los siguientes párrafos:

“Los negros reunidos jamás alcanzarán de los gobiernos otra cosa que beneficios para los negros. Y eso no es lo que debe buscarse. Mientras se hagan 'concesiones a las clases de color' permanecerán éstas en la inferioridad a que las condenará el rejimen pasado y las sujetan las rutinarias prácticas presentes. Todo hay que obtenerlo como miembros de la sociedad cubana y no como individuos de tal o cual raza9.

“No, no; la raza negra, las clases de color no deben por ningún concepto constituirse aparte de la raza blanca porque así confirman su estado seccional para toda la vida, imposibilitando su noble aspiración a elevarse al goce de todas las garantías constitucionales. ¿Trabajar? Sí, trabajemos en buena hora, y trabajemos mucho; pero todos unidos. Sea como fuere, como pudiese ser, primero pocos, luego algunos, después muchos, más tarde, al fin, todos, pero siempre unidos. ¿Cuesta esto grandes esfuerzos? Perfectamente. Ahí radicará el mayor mérito de la empresa”10.

Convencido de que “la cultura es el común denominador social que hace que los hombres se consideren iguales entre sí con olvido de cualquier otra diferencia” decía: “Cuando el africano ha tenido espacio, su cerebro se ha ensanchado y ha dado el fruto que dan las demás inteligencias cuyo campo y oportunidades les ha proporcionado la condición de “privilegiados ingenios”. Y agrega: “Y una vez que ha dejado de pesar sobre su intelecto la aplanadora maza de su encadenamiento ¿Cómo se ha producido esa raza? Ha figurado en las artes y en la literatura; ha participado, aunque en modesta proporción, en la industria y el comercio; ha contribuido gloriosamente al enaltecimiento de las armas nacionales y antinacionales, y ha dado pruebas notables de no carecer de aptitudes para los ejercicios de la política y el financiamiento de la administración”11.

Debemos tener en cuenta que estas ideas que repetía y volvía una y otra vez sobre ellas, datan nada menos que de 31 años antes de presentar ante el Senado la controvertida Enmienda Constitucional.

Una valoración de los hechos

Precisamente la oposición de forma sistemática que Morúa ofreció a la formación de asociaciones políticas de origen racial constituyó el motivo principal de sus contradicciones con las ideas de aquel otro ilustre cubano que fue Juan Gualberto Gómez. Contradicción que expresaba así: “Entre las corporaciones fundadas en los últimos diez años por las clases de color en nuestra patria, ninguna tan completamente inútil ni tan ridículamente pretenciosa como la llamada Directorio Central de las Sociedades de la Raza de color de Cuba”12. Y añadía: “Lo justo, lo cuerdo, lo de sentido común, sería variar de rumbo, y, dejando a un lado toda esa cháchara y todo es procedimiento de tramoya teatral, adoptar un plan serio, científico, y sobre sólidas bases inaugurar un sistema en que no haya bastidores ni reyezuelos con corona de cartón dorado, ni dictadores sin fin práctico y sin tendencia de beneficio general... Creo sincera y firmemente que todo lo que sea agruparse en Cuba individuos de una clase cualquiera entre sí para mejorar su condición, constituye una parcialidad que ha de resultar altamente perjudicial al país en general; porque agruparse por fracciones no sería más que acentuar la barrera divisoria que nos degrada a todos y perpetuar la línea de razas que mata el progreso de la sociedad cubana”13.

No debe entonces sorprender a nadie que ante el Senado –del cual era Presidente en ese momento– el 11 de febrero de 1910 Morúa presentará la enmienda adicional al artículo 17 de la Ley Electoral. En la misma, después de los por cuantos donde argumenta que: la Constitución, al establecer como forma de gobierno la republicana inviste de la condición de cubanos a los africanos que fueron esclavos en cuba, y no reconoce ni fueros ni privilegios personales; que la forma republicana establecida por la Constitución instituye al gobierno del pueblo para el pueblo, sin distinción por motivos de raza...; y que los partidos políticos tienen la indeclinable tendencia a constituir por sus propios miembros el gobierno que desarrolle en el país sus doctrinas políticas y administrativas; considera contraria a la Constitución y a la práctica del régimen republicano la existencia de agrupaciones o partidos políticos exclusivos por motivos de raza. Luego en los debates argumentó que: “él se oponía a `cualquier` grupo político racialmente exclusivo, pues los cubanos no debían separarse según su raza” Y vaticinó que una organización política integrada por negros podría automáticamente generar su opuesto, una organización compuesta sólo por blancos, y que este precisamente era “el conflicto” que el proyecto de ley intentaba prevenir.14

No fueron entonces la Enmienda Constitucional sino la desatención de la agenda de los negros y el empleo de la violencia verbal o física para dirimir nuestras diferencias los factores que condujeron al mar de sangre de 1912. Un hecho que encierra una enseñanza de vital importancia para nuestra historia: la solución de los conflictos están y estarán condenados al fracaso si no desterramos definitivamente el uso de la violencia como método político para alcanzar los fines propuestos.

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Dimas Cecilio Castellanos
Jiguaní, 1943. Licenciado en Ciencias Políticas
Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos
Miembro del Instituto de Estudios Cubanos
Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Digital Consenso



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1.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III, p.190
2.Karl von Clausewitz (1780-1831), General, estratega y teórico militar prusiano. Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
3. V. Klausewitz. De la Guerra. P.13
4.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III. p.224
5.Idioma inventado en 1880 por el sacerdote alemán Johan Martin Schleyer con el propósito de que sirviese como lengua universal.
6.R. Pérez Landa. Vida pública de Martín Morúa Delgado. p.35
7.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III. p.61
8.M. Morúa Delgado. Obras Completas.Tomo III. p.63
9.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III. p.233
10.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III. p.228
11.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III, pp. 210-211
12.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III. p.229
12.M. Morúa Delgado. Obras Completas. Tomo III. pp.227-228
13.A. de la Fuente. Una nación para todos. p.112



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