Revista Digital Consenso
Número 3 de 2007


Entrevista a Rafael Alcides
Reinaldo Escobar


El primer libro que todos conocimos de Rafael Alcides fue su poemario La pata de palo realizado entre 1962 y 1965 y publicado en 1967. Lo que pocos sabían entonces es que mientras escribía aquel memorable cuaderno terminaba también dos novelas: Habana feroz en 1963 y Contracastro en 1964. Entre 1966 y 1970 acabó otra novela El tesoro de los muertos y casi al mismo tiempo, otro libro de poesía titulado Nadie, que no se publicaría hasta 1993. En 1975 escribió la novela La descuartizadita y en 1982 su última novela El anillo de Ciro Capote.

En 1984 se publicaron bajo el título Agradecido como un perro, poemas suyos hechos entre 1962 y 1980. En el propio 1984 escribió otro poemario, Noche en el recuerdo, que se publicó en 1988, el mismo año en que vio la luz otra antología que recogía su poesía entre 1962 y 1984 titulada Y se mueren y vuelven y se mueren. concluido en 1992 y que aun no ha salido a la luz, es Conversaciones con Dios. Ninguna de sus novelas se ha publicado nunca.

Rafael Alcides, usted es poeta, narrador, escritor de programas radiales y televisivos, y periodista. Como poeta se le coloca en la generación de los años 50, al narrador casi no se le menciona, aunque ha escrito varias novelas. Su trabajo en la radio se perdió en el éter y como periodista resulta bastante incómodo según ciertos patrones. Sus amigos, que son muchos, lo clasifican como una excelente persona. ¿Le parecen a usted injustas o desmedidas las anteriores palabras?

Desmedidas. Mis amigos, por ser los mejores del mundo, también son muy generosos. En cuanto a lo de “poeta”, esa es otra de las exageraciones de mis amigos. Gastón Baquero, que era Gastón Baquero, me decía en Valencia una mañana de 1994 caminando por la avenida Blasco Ibáñez hacia una facultad universitaria donde lo esperaban para una lectura, que él era un modesto escritor de versos, decía que ser “poeta” era un don que muy pocos habían recibido desde que el mundo era mundo. Y él era, ya les digo, Gastón Baquero. El narrador por su lado, se ha mantenido inédito. Más porque ese ha sido su fatum que por su voluntad. Pero ésa es una historia muy larga.

En sus 74 años de vida han ocurrido una montaña de hechos,¿ cuáles son los que más lo han marcado en el orden personal, literario y político o en otra esfera?.

Verme sólo en un planeta tan grande días después de cumplir trece años. Guardando una distancia de siete meses entre uno y otro adiós, habíamos visto partir mi hermano Rubén y yo, a mi abuela, mi abuelo y mi madre. A Rubén, que no había cumplido once años, el viento se lo llevó por un lado y a mí por otro.

Después, ya cumplido los sesenta, ver partir hacia el exilio (esa otra forma de la muerte para los que se van y para los que se quedan) a mi hijo Rubén, que acababa de cumplir dieciséis años y no he visto hace trece. Por fortuna me nacía por entonces un nuevo hijo, Rafael, que es en lo físico un duplicado de su hermano distante.

También tengo, de mi primer matrimonio, dos hijas, Josefina y Gitana, de cuarenta y siete y cuarenta y cinco años, respectivamente, que son una bendición. No hay en mi vida otros hechos de importancia. La literatura, y sobre todo la política han sido cosas en las que me metí por entretenerme y porque además era muy joven y soñaba con imposibles, pero de cuyo hábito quisiera liberarme.

Entre 1969 y 1984 usted prácticamente desapareció de la escena pública. ¿Podría contar los detalles de lo que motivó aquella ausencia?

Esa fue una época difícil. En el ´68, confirmándonos lo que ya sabíamos, entraron en Praga los tanques soviéticos, y a fines de año, con la premiación en el premio UNEAC los títulos Fuera de Juego y Los siete contra Tebas, empezó a gestarse el caso Padilla, que explotaría en 1971 y en el que no estuve implicado pero cuyos ramalazos me alcanzaron. Hasta el ´84 no volví a ser publicado. Desde el 67. Aunque entre ambas fechas Gustavo Egúren tuvo la cortesía de presentar por mí en la editora de la UNEAC un libro de poesía (Nadie) y una novela que me desaparecieron (El Tesoro de los muertos), además de poemas en La Gaceta y en la revista Unión. Tampoco volví a ser invitado como jurado en ningún evento. Dejé de existir.

En ese sentido, les ayudé. Puesto que sólo el orgullo me habían dejado, me dije vanidoso como un argentino: “¡Que se lo pierdan!”. Nadie volvió a saber de mí. Cuando en el ´84 apareció Agradecido como un perro, algunos contemporáneos me creían muerto o en el exilio tramando invasiones a Cuba (como por lo general suele el funcionario cubano imaginarse al exiliado) y los más jóvenes no me conocían.

Pero argentinamente, todavía en ese año ´84 decidí seguir estando muerto. Excepto un inusitado viaje a Cienfuegos organizado por el Ministerio de Cultura para un grupo de intelectuales en compañía de su pareja e hijos en el cual fui incluido, nadie me vería ni en el cine. Creyéndome un resucitado, algunos jóvenes adoradores de lo insólito (que por entonces estaban descubriendo también a Carilda Oliver Labra, que llevaba una o dos eternidades olvidada en un baúl de cosas viejas) vinieron a buscarme para presentarme en TV, pero ni la juventud los salvó.

Hasta fines del ´87, cuando engañándome los aires de la Glasnot me devolvieron la esperanza, no dije de nuevo aquí estoy. Es la abstención que he mantenido desde fines del ´91 cuando dejé de participar en las sesiones del Consejo Nacional de UNEAC del cual era miembro. Ahora ejerciendo una abstención más rigurosa que la anterior puesto que la otra me fue impuesta en gran medida y ésta es voluntaria. En la otra no podía publicar, y ahora podría hacerlo si quisiera. En la otra tenía que rendir un trabajo en el ICRT, y ahora estoy jubilado desde hace ya trece años.

Como todo hombre de bien usted ha tenido sueños que se han cumplido e ilusiones que se han frustrado, ¿quisiera mencionar las más notables?

Eso de “como todo hombre de bien” me gusta. Siempre soñé con que alguien me dijera algo así. No es que me lo crea, pero me gusta. Así que muchas gracias. Esta noche cuando me acueste voy a pensar que ustedes me lo han dicho en serio.

Sobre la pregunta en sí: una vez tuve un gran sueño que se cumplió. Eso fue en la otra vida cuando de repente, como quien llegara de un largo viaje, al levantarme una mañana me hallé en el Primero de Enero de 1959. Para quien como yo nació en Barrancas en un bohío y durmió en La Habana en los parques y vendió su sangre en los hospitales para alimentarse mientras huía de la policía, esa llegada y lo que siguió más que el cumplimiento de un sueño parecía ser el invento de un soñador desquiciado por el hambre, el miedo y la soledad. Pero no era una fantasía. Era algo muy real, lo juro. Ese fue el sueño que se me cumplió.

Que aquel sueño durara tan poco fue mi desilusión. Todavía me parece estar oyendo la más grande frase pronunciada en ese tiempo de oro que ahora parece la leyenda. Entre el resonar de los himnos y el mar de banderas ondeando más por el estremecimiento del pulso que por el aire, la seguiré oyendo hasta que me muera. Dice esa histórica frase: “¡Pan con libertad, pan sin terror!”

De todos modos, sin aquel Primero de Enero yo no sería el que soy. Dios lo salve.

¿Nunca ha cultivado el humorismo?

Colaboré en Palante al principio de la revolución. César Escalante, a quien recuerdo con mucho afecto, tenía andando allí un equipo de francotiradores al que me sumó. Recuerdo a Carballido Rey, a Nuez, a Evora Tamayo, a Wilson, Ñico, Blanquito y muchos más. Un buen equipo. Pero aquello desde el comienzo estaba herido de muerte. El humor y la política no están reñidos, pero el humor y la propaganda sí. Es como la mosca en el vaso de leche.

Volví a escribir humor, entonces para el circuito CMQ, entre los años ´66 y comienzos del ´68 cuando CMQ pasó a ser Radio Liberación. Tenía allí un programa humorístico diario de veintisiete minutos. “Estampas Cubanas”. De los seis libretos semanales tres recreaban anécdotas de época del país, como lo haría después, entre otros, el “Hablando de Cuba” de Radio Taíno, y los otros tres eran temas de actualidad pero libres, imaginativos. Eran los “Suponga usted”.

Supongamos, digamos, que han tocado a la puerta y al salir usted a abrir se encuentra con usted mismo del otro lado de la puerta diciéndole que tiene algo que hablar con usted, que si le permite pasar. Era un programa divertido que me daba gusto hacer. Pero al morir en el mar su narrador, el amigo para el cual lo había concebido, me aparté del humor. Es decir, del humor como medio de vida. En la vida real no siempre lo puedo evitar, y escribiendo se me sale todavía un poquito.

A principios de 2007 se desató una intensa polémica entre varios intelectuales cubanos vía emails. ¿Qué valoración hace usted de este hecho?

Hoy dos meses después, eso parece un capítulo cerrado. Y olvidado para siempre. Era lo que en 1969 le parecían al Kremlin los sucesos que el año anterior le llevaron a meter sus tanques en Praga. Siempre sucede así. Está por inventar la fecha sin vísperas.

Si de forma arbitraria alguien pretendiera separar a los cubanos en dos bandos: los pesimistas y los optimistas ¿en qué grupo caería usted?

¿Ah, pero existen cubanos pesimistas?

¿Qué piensa de los jóvenes?

Gracias a ellos existe el mundo aún. Porque si se lo dejaran a los viejos se lo llevarían a la tumba. Los viejos todo lo envejecen. Revisen la historia. Miren en Cuba misma donde vi a Fidel una mañana de 1959 entrar en La Habana y empezar a hacer el mundo otra vez, según iluso escribí en un poema cuando ya no creía en esto que todavía llamábamos revolución pero me negaba a creer que había dejado de creer.

¿Cuáles son sus proyectos inmediatos?

Nunca he tenido proyectos inmediatos aunque provisionalmente siempre tengo cosas en camino. La vida me ha enseñado que de repente el oleaje de los días te cambia el programa. Me limito a estar listo para lo que pueda venir.

Si en una roca usted pudiera grabar una frase para la posteridad, ¿qué escribiría?

Puesto que esa frase ha sido escrita ya, no me pondría a inventar. Raudo copiaría con mi mejor letra: “Amaos los unos a los otros.” Aunque sin cambiar el sentido de esta enorme frase que contiene toda la sabiduría alcanzada por el hombre, podría igualmente utilizar la traducción de los jóvenes actuales quienes saben más por jóvenes que por sabios. Es decir, copiaría “Amaos los unos encima de los otros”.

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Reinaldo Escobar Casas
Camagüey, 1947
Periodista y miembro del Consejo de redacción de la Revista Digital Consenso
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