| 01. | Entrevista a Rafael Alcides Reinaldo Escobar |
| 02. | Morúa y la matanza de 1912 Dimas Castellanos |
| 03. | Perfeccionarse o quedar en el intento Ana López |
| 04. | Lo dice una mariposa Miriam Celaya |
| 05. | Celebrar la vida Yoani Sánchez |
| 06. | Breve análisis sobre la historia del espiritismo Kardeciano en Cuba
Diasmel Gil Rimada |
| 07. | Refugiados 2007
José Prats Sariol |
| 08. | Textos imborrables Ignacio Agramonte |
| 09. | Reflexiones y comentarios sobre la licencia extrapenal Revaza |
| 10. | Mi calle Reinier Valdés |
| 11. | Humor Carlitos |
E
l primer libro que todos conocimos de Rafael Alcides fue su poemario La pata de palo realizado entre 1962 y 1965 y publicado en 1967. Lo que pocos sabían entonces es que mientras escribía aquel memorable cuaderno terminaba también dos novelas: Habana feroz en 1963 y Contracastro en 1964. Entre 1966 y 1970 acabó otra novela El tesoro de los muertos y casi al mismo tiempo, otro libro de poesía titulado Nadie, que no se publicaría hasta 1993. En 1975 escribió la novela La descuartizadita y en 1982 su última novela El anillo de Ciro Capote.
En 1984 se publicaron bajo el título Agradecido como un perro, poemas suyos hechos entre 1962 y 1980. En el propio 1984 escribió otro poemario, Noche en el recuerdo, que se publicó en 1988, el mismo año en que vio la luz otra antología que recogía su poesía entre 1962 y 1984 titulada Y se mueren y vuelven y se mueren. concluido en 1992 y que aun no ha salido a la luz, es Conversaciones con Dios. Ninguna de sus novelas se ha publicado nunca.
Rafael Alcides, usted es poeta, narrador, escritor de programas radiales y televisivos, y periodista. Como poeta se le coloca en la generación de los años 50, al narrador casi no se le menciona, aunque ha escrito varias novelas. Su trabajo en la radio se perdió en el éter y como periodista resulta bastante incómodo según ciertos patrones. Sus amigos, que son muchos, lo clasifican como una excelente persona. ¿Le parecen a usted injustas o desmedidas las anteriores palabras?
Desmedidas. Mis amigos, por ser los mejores del mundo, también son muy generosos. En cuanto a lo de “poeta”, esa es otra de las exageraciones de mis amigos. Gastón Baquero, que era Gastón Baquero, me decía en Valencia una mañana de 1994 caminando por la avenida Blasco Ibáñez hacia una facultad universitaria donde lo esperaban para una lectura, que él era un modesto escritor de versos, decía que ser “poeta” era un don que muy pocos habían recibido desde que el mundo era mundo. Y él era, ya les digo, Gastón Baquero. El narrador por su lado, se ha mantenido inédito. Más porque ese ha sido su fatum que por su voluntad. Pero ésa es una historia muy larga.
En sus 74 años de vida han ocurrido una montaña de hechos,¿ cuáles son los que más lo han marcado en el orden personal, literario y político o en otra esfera?.
Verme sólo en un planeta tan grande días después de cumplir trece años. Guardando una distancia de siete meses entre uno y otro adiós, habíamos visto partir mi hermano Rubén y yo, a mi abuela, mi abuelo y mi madre. A Rubén, que no había cumplido once años, el viento se lo llevó por un lado y a mí por otro.
Después, ya cumplido los sesenta, ver partir hacia el exilio (esa otra forma de la muerte para los que se van y para los que se quedan) a mi hijo Rubén, que acababa de cumplir dieciséis años y no he visto hace trece. Por fortuna me nacía por entonces un nuevo hijo, Rafael, que es en lo físico un duplicado de su hermano distante.
También tengo, de mi primer matrimonio, dos hijas, Josefina y Gitana, de cuarenta y siete y cuarenta y cinco años, respectivamente, que son una bendición. No hay en mi vida otros hechos de importancia. La literatura, y sobre todo la política han sido cosas en las que me metí por entretenerme y porque además era muy joven y soñaba con imposibles, pero de cuyo hábito quisiera liberarme.
Entre 1969 y 1984 usted prácticamente desapareció de la escena pública. ¿Podría contar los detalles de lo que motivó aquella ausencia?
Esa fue una época difícil. En el ´68, confirmándonos lo que ya sabíamos, entraron en Praga los tanques soviéticos, y a fines de año, con la premiación en el premio UNEAC los títulos Fuera de Juego y Los siete contra Tebas, empezó a gestarse el caso Padilla, que explotaría en 1971 y en el que no estuve implicado pero cuyos ramalazos me alcanzaron. Hasta el ´84 no volví a ser publicado. Desde el 67. Aunque entre ambas fechas Gustavo Egúren tuvo la cortesía de presentar por mí en la editora de la UNEAC un libro de poesía (Nadie) y una novela que me desaparecieron (El Tesoro de los muertos), además de poemas en La Gaceta y en la revista Unión. Tampoco volví a ser invitado como jurado en ningún evento. Dejé de existir.
En ese sentido, les ayudé. Puesto que sólo el orgullo me habían dejado, me dije vanidoso como un argentino: “¡Que se lo pierdan!”. Nadie volvió a saber de mí. Cuando en el ´84 apareció Agradecido como un perro, algunos contemporáneos me creían muerto o en el exilio tramando invasiones a Cuba (como por lo general suele el funcionario cubano imaginarse al exiliado) y los más jóvenes no me conocían.
Pero argentinamente, todavía en ese año ´84 decidí seguir estando muerto. Excepto un inusitado viaje a Cienfuegos organizado por el Ministerio de Cultura para un grupo de intelectuales en compañía de su pareja e hijos en el cual fui incluido, nadie me vería ni en el cine. Creyéndome un resucitado, algunos jóvenes adoradores de lo insólito (que por entonces estaban descubriendo también a Carilda Oliver Labra, que llevaba una o dos eternidades olvidada en un baúl de cosas viejas) vinieron a buscarme para presentarme en TV, pero ni la juventud los salvó.>>